El mito de la dolarización y la experiencia Ecuador
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En las últimas semanas se puso sobre la mesa de debate político el intento de cambiar la utilización de pesos argentinos a dólares. Sin embargo, la experiencia ecuatoriana no marca que sea el milagro económico que Argentina necesita.
A fines de los 90, la economía en Ecuador estaba en una situación asfixiante. La inflación galopante asomaba el 67% anual en el año 2000, cuando el entonces presidente Jamil Mahuad anunció la tan polémica dolarización. Si bien es cierto, la desaceleración inflacionaria es un hecho, ya que en 2001 la inflación fue del 20% anual y en 2002 bajó al 9%. Sin embargo, la economía no solamente se mide por números.
Las consecuencias de la dolarización en Ecuador fueron catastróficas desde el punto de vista social. Las manifestaciones sociales coparon las calles ecuatorianas, exigiendo algún tipo de respuesta inmediata al declive económico latente. El sueldo de un trabajador se redujo, post-dolarización, a tan solo 50 dólares, una cifra que caía por debajo de la mitad del equivalente al año 1998, en moneda nacional. A causa de la grave situación económica y social, el presidente ecuatoriano que impulsó la dolarización terminó renunciando a los 12 días.
Otra de las situaciones que devinieron en Ecuador luego del traspaso al dólar norteamericano, es que la pobreza se disparó, provocando un éxodo enorme e inclusive con cifras que, lastimosamente, según distintas estimaciones, se siguen manteniendo hasta hoy. Nada más y nada menos que una pobreza que abraza a cerca del 70% de la población. Si no fuera por la exportación de petróleo, la dolarización sería la cara más visible de la pobreza en Ecuador.
Inclusive, el aumento de la delincuencia es un nexo que se puede establecer ante la aguda situación de precariedad económica. De hecho, el país que hoy en día dirige Guillermo Lasso, padece de una brutal crisis de inseguridad provocada por la narco- delincuencia y una endeble situación de control carcelario, entendiendo el fuerte avance de las bandas criminales, como respuesta a la desidia económica.
Por otro lado, ¿es momento de girar hacia el dólar? Las tendencias mundiales y el rearmado del orden global parecen indicar otra cosa. La creciente estrategia de no utilizar la moneda estadounidense para comercio o gestiones entre países que no utilicen esa moneda regularmente dentro de su economía interna, es una realidad. China y Brasil abrieron camino a eso, incluyendo a otras zonas de influencia como Sudamérica y Asia. Esta noción, que parte del BRICS es una necesidad contrahegemónica que saca del eje a Estados Unidos.
La multipolaridad es el nuevo orden mundial. Esa totalidad de Estados Unidos en el mundo se terminó ya desde la década pasada, pasando a una desglobalización paulatina. Se agrega la desidia estadounidense de la suba constante de intereses en la Reserva Federal, que termina golpeando sensiblemente a la economía mundial, sobre todo con un mundo en guerra a partir de los acontecimientos que tienen lugar en Ucrania.
Sabiendo esto, el mundo está yendo hacia una dirección totalmente contraria a la dolarización.
Es justamente la diversificación de reservas lo que está fortificando a países del BRICS y otros con serios intereses de ingresar, como Arabia Saudita e Irán. Sin embargo, la terquedad de cierto sector rancio de la política nacional piensa y opera para que el común denominador de la población empuje y considere a la dolarización como una salida posible.
Argentina, además, siempre fue vanguardista en cuanto a las ideas. La Revolución de Mayo absorbió la noción anti monárquica de la Toma de la Bastilla, la creación de la Constitución Nacional tuvo base en la de Estados Unidos, y luego, las reivindicaciones sociales llegaron a finales del siglo XIX y explayadas durante el siglo XX de la mano de anarquistas y socialistas. Lastimosamente, parte de la clase política con asiento en Buenos Aires se olvidó del vanguardismo nacional y de la inteligencia geopolítica para demarcar el rumbo del país.
Claro está que hay una tendencia obvia hacia los intereses del capital concentrado y los sectores pro-yankees para ello, quienes con una máquina de generación de relatos buscan imponer una realidad que no es. Ecuador es la respuesta más evidente. Cuando se habla de dolarizar la economía no hay que mirar a Washington y al sueño americano, hay que mirar a Quito y la desigualdad social, y del otro lado del charco, hay potencias que crecieron abruptamente de otra forma.
