El sector forestal como herramienta del desarrollo regional

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En la definición de las prioridades de un programa de desarrollo existen cuestiones que son cardinales. Podemos mencionar a la energía y la infraestructura en general, el impulso a la ciencia aplicada y la innovación tecnológica y las comunicaciones como parte de las mismas. 

Además se debe tener en cuenta las urgencias de la balanza comercial, la necesidad de generar fuentes de trabajo, propender a integrar geográficamente al país y contemplar los activos existentes y sus posibles eslabonamientos a fin de aprovechar la capacidad instalada. 

El sector forestal cumple con prácticamente todos los elementos para ser elegible dentro de las prioridades. 

Cuando analizamos la evolución de la balanza comercial del sector foresto industrial advertimos que arrastra un déficit crónico del orden de los 765 millones de dólares promedio en la última década, principalmente en el rubro celulosa y papel. 

En 1960 la Argentina era el segundo productor de celulosa en la región detrás de Brasil, mientras que Chile y Uruguay tenían una mínima capacidad instalada. 

En 2016 Brasil se había convertido en el segundo exportador mundial de celulosa, Chile en el quinto y Uruguay en el décimo. En este último caso existió una política de Estado que se mantuvo inalterada pese a la alternancia de gobiernos de signos políticos disímiles y que combinó, además de estímulos muy concretos, un entorno de estabilidad macroeconómica y seguridad jurídica. 

De acuerdo a un estudio de la Regional NEA de la Fundación Mediterránea, las exportaciones argentinas del rubro crecieron en la última década un 15%, las de Brasil la hicieron en un 135%, Chile un

45% y Uruguay un 122%, evidenciando nuestro rezago relativo en la región. 

La demanda internacional de productos forestales (celulosa, papel y manufacturas de madera) ha crecido entre el 2010 y el 2018 un 39%, alcanzando los 160.000 millones de dólares, es decir que existe con claridad un mercado actual y potencial muy importante de la mano de la sustitución de materiales biodegradables por papel y nuevos usos en la industria de la construcción. 

En cuanto a los activos existentes, el más importante es el recurso forestal. La Argentina cuenta con aproximadamente 1,5 millones de hectáreas de plantaciones, pero además la velocidad de crecimiento es mucho mayor que la de los países que son grandes productores forestales como los nórdicos, donde los turnos de corta rondan en promedio 30-45 años, mientras que en nuestro país son de 9 a 15 años. 

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Tomando como ejemplo la región NEA, que concentra más del 60% de la oferta implantada, el incremento anual de las plantaciones es de más de 25 millones de metros cúbicos y el consumo no supera los 15 millones. 

Esto es debido a la insuficiencia de la demanda interna de rollos por la obsolescencia de la industria. La última inversión relevante en la industria celulósica se produjo en 1982. 

Ello implica un uso subóptimo del recurso forestal, tal como lo consigna el mencionado estudio, ya que en nuestro país el porcentaje destinado a la industrialización química y mecánica alcanza al 64% cuando debería ser del 92%. En tanto lo destinado a energía, con menor valor agregado, es del 32% y según los estándares internacionales debería ser del 8%. 

Respecto a la industria del aserrío y la remanufactura de maderas, salvo excepciones, también existe un alto grado de obsolescencia y primarización. 

En este rubro existe un gran potencial de mano de la fabricación de muebles, viviendas industrializadas de madera, tableros de madera y contrachapados, entre otros. Pero ello requerirá fuertes estímulos para

que las empresas, en su mayoría pymes, incorporen tecnología y mejoren los procesos en general. 

También es necesaria la capacitación del recurso humano, ya que se trata de equipamiento moderno con un alto componente tecnológico. Pero lo sustancial en este aspecto es que existen importantes activos, que si bien es necesario fortalecer e integrar -sobre todo en lo que hace a las industrias de transformación-, constituyen una base importante sobre la que asentar su desenvolvimiento. 

Con respecto al impacto en la creación de fuentes de trabajo, las estimaciones alcanzan a 130.000 puestos directos e indirectos en el sector industrial y de generación de energía. Y superarían los 200.000 si se contempla al sector primario. 

El aprovechamiento con valor agregado del recurso forestal va a generar importantes polos de desarrollo en distintas regiones del país que coadyuvarán a una mayor integración geográfica. Serán necesarias nuevas rutas, líneas eléctricas, viviendas, establecimientos educativos y servicios conexos. 

Por otra parte, diversos estudios tanto del INTA como del Conicet1 destacan la contribución que las plantaciones forestales hacen al medioambiente. 

En efecto, las plantaciones forestales almacenan 70 millones de toneladas de carbono orgánico además de secuestrar gases de efecto invernadero. 

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A la par de fijar el carbono y participar en la producción de oxígeno también contribuyen a la regulación hídrica, protegiendo las cuencas, evitando inundaciones y resguardando el suelo. 

1 www. argentina.gob.ar/noticias/las 

plantaciones-forestales-almacenan-70-millones-de-toneladas-de-carbono-orgánico-www.conicet.gov. ar

Asimismo, los productos forestales sustituyen a otros no biodegradables tanto en la industria de la construcción como en los embalajes y fibras textiles de menor impacto ambiental que las fibras sintéticas. La dicotomía entre la producción y la conservación ha sido superada ampliamente, ya que de la mano de la tecnología las posibilidades de realizar explotaciones sustentables se han multiplicado. 

Además de los aspectos mencionados es necesario un entorno macroeconómico previsible, estabilidad impositiva y remover las trabas que impiden mayores inversiones. Una de ellas es la prohibición de compra de tierras a extranjeros ya que limita la realización de inversiones de gran cuantía. Esta es una rémora ideológica respecto del carácter del capital extranjero. Si este viene a producir, sobre todo en aquellos sectores que el país necesita inversiones está claramente contribuyendo al desarrollo. 

En el mundo de hoy los países compiten por obtener inversiones extranjeras directas mientras que en la Argentina le ponemos trabas. 

El capital extranjero, o más específicamente, la inversión extranjera directa, cuenta con volúmenes y escalas que no pueden atender los emprendimientos locales de manera exclusiva, por lo cual es necesario que en este sector existan políticas inteligentes para atraerla y para que se renueven las decisiones de radicación en el mercado local. 

Como ocurre con muchos sectores productivos se registra en este rubro un gran potencial tanto desde la oferta como de la demanda, pero es necesario un plan integral que aborde los múltiples aspectos que aquí han sido enunciados. 

Un tema no menor es el involucramiento y compromiso de todos los actores privados. Es atinado recordar que durante la gestión del Presidente Macri se constituyó la Mesa de Competitividad del sector, en la que participaron representantes de todos sus rubros. Se alumbró así el Plan Estratégico y que con sus necesarias actualizaciones constituye una excelente hoja de ruta hacia el futuro.

Solo falta la decisión y el compromiso del sector público para avanzar en este sector estratégico.

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