Hay partidos que valen mucho más que un resultado
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Hay quienes sostienen que la cuestión Malvinas se resolverá algún día en los organismos internacionales. Ojalá fuera tan sencillo. En lo personal, pienso que es de ilusos pensar eso. Porque la realidad demuestra otra cosa. Hace décadas que la Argentina reclama pacíficamente, presenta argumentos, obtiene resoluciones que llaman al diálogo y mantiene vivo el reclamo diplomático. Sin embargo, el Reino Unido continúa ocupando las islas y sosteniendo que son suyas. Esa es la realidad. Lo hizo ayer, indiganada, luego del partido y cuando un grupo de jugadores puso lo que hay que poner y también desplegó una bandera.
Frente a esa realidad, algunos creen que recordar Malvinas incomoda, que es un tema del pasado o que debe quedar limitado a los discursos oficiales. Se equivocan.
Malvinas no pertenece a un gobierno. Pertenece al pueblo argentino.
Por eso la imagen de nuestros jugadores desplegando la bandera de las Islas Malvinas después de eliminar a Inglaterra en una semifinal trasciende el fútbol. No fue un gesto contra un pueblo o para incomodar al rival. Fue un gesto a favor de nuestra identidad. Fue decirle al mundo que hay causas que siguen vivas en el corazón de una Nación.
En estos días hubo quienes entendieron que exhibir una bandera o una remera de Malvinas en un partido frente a Inglaterra podía generar incomodidad en el rival o debía evitarse. Sin embargo, cuando llegó el momento, los jugadores eligieron representar el sentimiento de millones de argentinos. No hablaron con un micrófono; hablaron con un símbolo. Y los símbolos, muchas veces, llegan más lejos que cualquier discurso.
Sí, fue un partido de fútbol. Pero para la Argentina nunca es solamente un partido cuando enfrente está Inglaterra. No fue ganar una semifinal, fue ganarle a Inglaterra. Porque la historia existe. Porque la memoria existe. Porque la soberanía que reclamamos forma parte de nuestra identidad nacional.
No se trata de confundir deporte con diplomacia ni de alimentar enfrentamientos. Se trata de entender que un pueblo también expresa lo que siente a través de sus símbolos, de sus banderas y de sus gestos. Lo que hicieron esos jugadores fue recordarle al mundo que la causa Malvinas sigue intacta en el sentimiento de los argentinos.
Los gobiernos pasan. Las modas pasan. Las conveniencias políticas también. Pero hay causas que sobreviven a todos ellos.
Y mientras haya un argentino dispuesto a levantar esa bandera con orgullo, poner una calco en su auto, usar una gorra o una remera con las Malvinas, el reclamo seguirá vivo. Porque hay victorias que duran noventa minutos. Y hay causas que duran generaciones. El domingo España enfrenta, en la final del mundial, a una selección de hombres que demostró con un trapo que tienen mas patria que sus políticos.
