$ilvio, el magnate político

Escribe Lucas Doroñuk

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Conocida es la noticia del deceso de Berlusconi, una de las personalidades que cambió para siempre a la historia italiana. Más allá de los escándalos, fue el pionero en abrir camino en la política a los anti–política.

Soberbio, altanero, machista, escandaloso, sin pelos en la lengua y con una clara tendencia derechista, irrumpió en la vida política de Italia en la controversial década de los 90’s. En su cuantiosa carrera supo ser primer ministro italiano en dos ocasiones, eurodiputado y legislador de su país. Asimismo, su cuna laboral fue el empresariado. Berlusconi fue un monopolizador de los medios de comunicación en Italia, llegando a poseer el 40% del dominio total. También se involucró fuertemente con el fútbol. Más allá de esto, Il Cavaliere fue uno de los personajes primarios en ser un “outsider” de la política.

Berlusconi ingresó en el ámbito político europeo sin el derrotero que, tradicionalmente, contaban los líderes del momento. La gran tendencia de empresarios involucrados en la política respondía a las tecnocracias neoliberales que ganaron terreno en el mundo, una vez que se consolidó la globalización como un estadio del capitalismo. Esto sembró las bases de la llegada de Silvio al poder y a la consecuente manera de hacer política desde la incorrección muchas veces explicitadas en escándalos reprochables desde todo punto de vista, como el abuso de menores, la prostitución y la evasión al fisco.

Paralelamente a esto, Berlusconi vino a confirmar una teoría tan vieja como el propio poder y las riquezas: el que tiene plata, hace lo que quiere. Esta vez, en términos políticos. Su irrupción como líder popular solo rubrica la idea de que, con dinero, cualquier puede lanzarse a la vida política, inclusive llegando a cargos de decisión, trasvasando sus intereses personales o empresariales en las operaciones estatales. Si bien, esto no es nuevo, si fue innovadora la imagen de Berlusconi como fenómeno social de un hombre que, más allá de todas sus causas execrables, generó influencia y fue el predecesor de los Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonaro e inclusive Nayib Bukele. Siempre, comparando la estructura del armado de su comunicación política, su imagen y el shock social que causaron.

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Haciendo un impasse en la sola imagen o vida política de Il Cavaliere, un juego interesante es poder compararlo con algún líder argentino. Indudablemente, el primero que viene a la cabeza es Carlos Saúl Menem. ¿Cuánto tienen en común? Derechistas, serviles al capital, construcción de una imagen de acuerdo a las “tendencias” del momento, polémicos, con un perfil social elevado y sumamente llamativos. Desde el viaje a la estratósfera de Menem, hasta la amistad de “fierro” de Berlusconi con Putin, pareciera ser que tienen mucho en común. Sin embargo, el “turco” si tuvo una carrera política previa con una formación de base, más allá que en el manejo del Estado pudo haber sido suficientemente cuestionable, sobre todo por las consecuencias económicas de sus presidencias.

Si de juegos hablamos, hay otro dato que nos lleva a comparar a Silvio con otro ex presidente argentino. Berlusconi fue dueño del Milan en su época más gloriosa (1986 – 2017) y también en sus últimos tiempos del Monza. El fútbol era una de las pasiones del italiano y su muñeca empresarial marcó un antes y un después en el fútbol de su país. Claramente esto lleva a la figura de Mauricio Macri, quien fue presidente de Boca en los años dorados de la institución xeneize, entre 1995 y 2007. Este último, utilizó en gran medida al club de la rivera como una plataforma política para llegar a la jefatura de Estado de la Ciudad de Buenos Aires y posteriormente a la presidencia de la Nación. Macri y Berlusconi vienen de la misma vertiente, un empresariado futbolero manchado de evasión y fraude fiscal y de utilización del Estado para sacarse de encima problemas legales. Aparentemente, Il Cavaliere tuvo mucho más de argentino de lo que creemos.

Previamente se nombró al verdadero emporio que creó Berlusconi en los medios, con la adquisición de prensa y televisión. Lo cierto de esto, es que supo derribar el monopolio de los medios comunicación públicos en Italia, sobre todo de la TV. El formato puesto por las directivas de Silvio fue claro: entretener y priorizar la belleza femenina. Ese estilo televisivo que dominó durante años en el mundo y que aún continúa medianamente vigente en algunos lugares, fue obra de Berlusconi. La famosa “televisión popular” o la “televisión comercial” fue un invento del magnate italiano.

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Los escándalos sexuales fueron una constante en la vida del ex premier de Italia. Desde dichos sexistas, incluyendo a Ángela Merkel, hasta la selección de sus representantes por la belleza y no por la cualidad intelectual, fueron parte de este apartado. La prostitución fue otra de las aristas que explica la vida no tan privada de Berlusconi. Finalmente, el caso Ruby fue el más emblemático de todos. Una marroquí de 17 años quien, tras un confuso episodio delictivo y una llamada del mandatario italiano, terminó decantando en la red de prostitución y las fiestas “bunga – bunga”. Si bien, sobre su persona cayó una pena de hasta 7 años por corrupción de menores, buscó todos los artilugios posibles para pasarse por alto esto. En 2022, quedó libre de toda acusación, incluyendo la evasión fiscal, razón por la cual volvió al escenario político para cometer su último acto. Berlusconi volvió con Forza Italia para darle un espaldarazo importante a Georgia Meloni, la ultraderechista que hoy en día maneja los destinos políticos italianos.

Si hay un grupo de personas que lloran la partida de Berlusconi son los derechistas contemporáneos, quienes deben sus campañas políticas y su mediatización absurda de su privacidad como eje de la construcción de una imagen de poder, al ex mandatario italiano. Solo se necesito la figura de un hombre, millones de dólares y el momento histórico indicado para abrir camino a la “pizza con champagne” en la política. En este caso, Il Cavaliere lo hizo.

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