Inicio del camino Sinodal

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 30o durante el año [24 de octubre de 2021]

El Evangelio de este domingo (Mc. 10,46-52) nos sitúa ante la humildad, una virtud indispensable para todo hombre y toda sociedad que se proponga madurar en el dialogo y crecer en la armonía de consensos y disensos, frente a tantas formas de autoritarismo e intolerancia. Los cristianos sabemos que necesitamos de la ayuda de Dios y de nuestros hermanos. El Evangelio nos presenta al hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego sentado junto al camino. Al verlo a Jesús imploró «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!». El Señor lo hizo llamar y le preguntó «¿Qué quieres que haga por ti?». Él le respondió «Maestro, que yo pueda ver».

Solo desde la virtud de la humildad podemos «ver» más profundamente la realidad. Nuestra propia realidad y la de los demás. La humildad nos libera de posturas y trajes artificiales que siempre nos esclavizan con imágenes falsas que tenemos que alimentar. Nos libera también de fantasmas que inventamos y no nos permiten ver el corazón de los demás. Muchas veces teñimos nuestra mirada sobre los demás de fantasías y prejuicios, y esto solo nos lleva al odio, a las divisiones y, muchas veces a la violencia. Podemos implorar como el ciego del Evangelio que todos, como sociedad, nos sintamos necesitados de Dios y le pidamos ver.

Como Iglesia diocesana hemos vivido momentos de gracia, después de haber recibido el don de «Aparecida» y de nuestro primer Sínodo diocesano que fue concretándose en diversas asambleas diocesanas a lo largo de estos años.

El Papa Francisco ha convocado a toda la Iglesia a participar del Sínodo que está iniciando su fase diocesana y tendrá un momento importante en la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre del 2023. En nuestra diócesis iniciaremos con un encuentro del Consejo diocesano de pastoral ampliado el sábado 30 de octubre y con la celebración de la Santa Misa el domingo 31 de octubre a las 20 h. en la Catedral San José de Posadas. El Papa nos invita a interrogarnos sobre un tema decisivo para la vida y la misión de la Iglesia: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Este itinerario, es un don y una tarea: caminando juntos, y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión. Nuestro caminar juntos, en efecto, es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como Pueblo de Dios peregrino y misionero.

Con alegría podemos señalar que aun con las dificultades que siempre encontramos en nuestros corazones, ha ido penetrando con hondura y humildad en nuestros sacerdotes, consagrados y laicos el pedido que realiza «Aparecida»: «Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que no favorezcan la transmisión de la fe.

La conversión pastoral despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de Vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias, a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta» (Aparecida 365-366)

Este planteo que con humildad y esperanza realizamos, nos impulsa a revisar nuestras estructuras y formas de organización para poder cumplir mejor con nuestra misión. Esto, que es válido para el ámbito eclesial, lo es también para toda otra estructura que pretende servir en diversas formas de organización social, cultural o política. Esta revisión nos ayudará a detectar, que, además de aquellas estructuras que van resultando ineficaces por los cambios que se producen en el contexto, hay otras que, en lugar de servir al bien común, van tornándose en estructuras que solo sirven a algunos, o bien, son generadoras de formas de corrupción. Debemos pedir a Dios la audacia de tomar la iniciativa para revisar con grandeza y magnanimidad todo esto que no sirve más.

En el texto del Evangelio de este domingo, el ciego al borde del camino, con humildad le implora a Jesús: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!» y le pide aquello que necesita: «Maestro que yo pueda ver». Nosotros también necesitamos pedir a Jesús con humildad: «¡que podamos ver!».

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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