La Aripuca cumple 20 años como atractivo turístico ineludible en la ciudad de las Cataratas

La Aripuca es un emprendimiento Agro-Eco-Turistico familiar construido para crear conciencia sobre los recursos naturales e incentivar acciones para preservar y promover el cuidado del medio ambiente. Nació hace 20 años de la mano de Otto Waidelich, junto a su familia. Hoy el atractivo turístico es liderado por las hijas, Sonia, Ursula y Annelis, bajo la mirada de la experiencia del padre y la madre, Irma Sommerfeld.
El imponente monumento a la naturaleza y la cultura guaraní, estuvo en los medios de todo el país este año, cuando recibió la visita del presidente Mauricio Macri, quien encabezó allí, en la sala de reuniones interna, una reunión con los principales empresarios de Misiones.
Cientos de turistas visitan el lugar día a día, ya que es un atractivo que se suma a la belleza de las Cataratas del Iguazú. Su ubicación, en la entrada de la ciudad, hace que sea un paso ineludible para el turista en busca de nuevas experiencias. Se calcula que el lugar recibe el 10 por ciento de los turistas que visitan las Cataratas. 
El objetivo de la Aripuca es difundir la cultura, creencias y tradiciones de la región. Fue construido a base de árboles rescatados.
Inspirado en una típica trampa de los pueblos guaraníes, La Aripuca se impone con sus 17 metros de altura y más de 500 toneladas de peso distribuidas en 30 especies nativas de la selva misionera, muchos de ellos ejemplares centenarios.

Al ingresar al monumento se se puede observar cada uno de los troncos, aprendiendo desde el contacto directo, un poco más sobre la Selva Misionera y sus principales protagonistas.
La trampa original, muy utilizada incluso hoy día por los pueblos guaraníes, está compuesta de pequeñas ramitas unidas en forma de pirámide conectadas a un mecanismo muy sencillo pero efectivo, donde al ingresar la presa a la trampa y pisar una de las ramitas del mecanismo, la misma se cierra atrapando al animal. La característica más singular de esta trampa y medio de captura, es que la presa no sufre ningún tipo de daño al ser capturada, y lo más importante aún, permite al capturador liberarla si considera que la misma no es adecuada (es muy chica, es una presa que está preñada o no es apta para su consumo).
Si bien los troncos utilizados corresponden a especies protegidas y en algunos casos en peligro de extinción a causa del desmonte y la tala indiscriminada, ninguno de los árboles utilizados en la construcción fue cortado para este fin.
Muchos de los árboles fueron comprados en aserraderos donde estaban a punto de convertirse en tablones y desaparecer, junto con su historia, en muebles y otras aplicaciones. Otros se recuperaron de chacras donde habían sido tumbados por tormentas o estaban muertos de pie por la acción de un rayo o porque ya habían cumplido su ciclo vital.

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