La cumbre del clima más decisiva

Escribe Sergi Alcalde, redactor de National Geographic España – El próximo 12 de diciembre se cumplirán 6 años de la aprobación del Acuerdo de París, el tratado más ambicioso que existe hasta la fecha para luchar contra el cambio climático. Entonces, 196 países (entre ellos algunos de los más contaminantes del mundo, como China, Estados Unidos o la India) firmaron un acuerdo que pretendía “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C “.

Mucho ha llovido desde aquella jornada histórica. El 8 de noviembre de 2016, solo cuatro días después de la entrada en vigor del texto, el republicano Donald Trump ganó contra todo pronóstico las elecciones presidenciales de Estados Unidos, lo que en la práctica se traduciría como un acusado retroceso en las políticas medioambientales del país más contaminante del mundo en términos per cápita. El presidente electo cumplió su promesa, y el año pasado Washington retiró formalmente su firma del tratado, un movimiento que hizo temer por el futuro del acuerdo.

Pero los acontecimientos dieron otra vuelta de tuerca a principios de este año, cuando el nuevo presidente del país, Joe Biden, anunció no solo el regreso de Estados Unidos a los Acuerdos del París, sino también una nueva y ambiciosa agenda medioambiental que contemplaba una inversión de 2 billones (con b) de dólares durante los próximos 10 años.

Hasta esa fecha muchos de los países más contaminantes del mundo ya habían movido ficha y se habían posicionado a favor de un abandono progresivo de los combustibles fósiles. En septiembre de 2019 el presidente de Canadá, Justin Trudeau, anunció un plan para alcanzar la neutralidad de carbono para el año 2050. A Canadá le siguió la Unión Europea, cuyo Parlamento aprobó un proyecto similar pocos meses después, y China, cuyas autoridades anunciaron el año pasado que alcanzarían esa misma meta para el año 2060.

Para cumplir esos objetivos es necesario tener ‘ambición climática’, un término recurrente en el Acuerdo de París, según el cual se insta a las partes a redoblar sus esfuerzos para mitigar los efectos del cambio climático. Pero para demostrar esa ambición hay que poner primero las cartas sobre la mesa y mostrar los objetivos nacionales a corto y medio plazo.

La pasada cumbre climática, celebrada hace dos años en Madrid, debía fijar estas estrategias, pero la COP25 se saldó con un tímido acuerdo en el que se instaba a los países firmantes a detallar al año siguiente qué pensaban hacer para reducir las emisiones.

Sin embargo, la COP26 tuvo que ser pospuesta como consecuencia de la pandemia, una prórroga que supuso un duro golpe a las demandas de expertos y organizaciones conservacionistas de todo el mundo, que llevan tiempo alertando de que los compromisos marcados por los Estados miembros son insuficientes para combatir la emergencia climática. Los grandes temas pendientes, como las transferencias a los países en vías de desarrollo o el establecimiento de un sistema de cooperación internacional para reducir las emisiones a través de los créditos de carbono, quedaron postergados un año más.

Pero la emergencia climática no admite prórrogas, con lo que cada día que pasa sin concretar los planes de mitigación es una oportunidad de oro perdida para mantener la temperatura por debajo de los 1,5 ºC, un objetivo todavía muy lejano, según las conclusiones del informe que publicó este verano el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en el que se augura que “si no se produce una profunda reducción de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, la temperatura subirá mucho más de 2 grados a finales de siglo”.

Con el panorama actual nos vamos a un aumento de temperatura de 2,7 ºC, muy lejos de los 1,5 marcados como objetivo –confirma Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace, en una conversación telefónica sobre los preparativos de la COP26–. Necesitamos un paquete de medidas que defina el camino hacia esa reducción de las emisiones, así como un mensaje claro plasmado en un texto sobre la necesidad de abandonar los combustibles fósiles”.

El año pasado la emergencia sanitaria eclipsó la emergencia climática, pero este año la COP26, celebrada en Glasgow entre los días 31 de octubre y 12 de noviembre, se ha convertido en un acontecimiento de máxima expectación. 

Serán muchos los obstáculos que dificulten la adopción de consensos, y no pocas las presiones políticas y geoestratégicas, pero de esta cumbre debería salir algo más que un manual de buenas intenciones. Los acuerdos de Glasgow deberían traducirse en una hoja de ruta detallada que fije cómo, cuándo y cuánto vamos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, qué coste tendrá y cómo se financiará. Solo así daremos un mensaje claro y contundente de que nos tomamos en serio la lucha contra el cambio climático.

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