La economía es una mezcla de la AFA y el deporte olímpico

La reactivación ya no es tema de discusión, pero sí la capacidad del país de transformar este repunte en crecimiento sostenido. Un empalme exitoso no ocurrirá por inercia, ya que para lograrlo se requieren importantes reformas, dado el círculo vicioso del que venimos. Algunos de los problemas a resolver se pueden ilustrar haciendo una analogía con la AFA – Asociación del Fútbol Argentino- por un lado y los deportes olímpicos, por el otro. Hay actividades en el país que disponen de recursos humanos y financieros en abundancia, por lo que los malos resultados deben ser atribuidos a la falta de planificación y trabajo en equipo. Ejemplos de este tipo se encuentran en el funcionamiento del federalismo, de la educación universitaria, de la política social. En cambio, hay otros segmentos en los que el problema está en la falta de infraestructura, de incentivos para el entrenamiento, o la ausencia de roce internacional, como ocurre con los deportes olímpicos. Aquí puede ser encuadrada la problemática de las Pymes, de algunas economías regionales y del débil vínculo entre ciencia y producción, clave para la innovación.

Pese al escepticismo reinante por aquel entonces, en el arranque del segundo trimestre se analizaba en esta columna que, en política económica, el gobierno habría de “redoblar la apuesta” (artículo del 9/4/17), confiado en la tendencia ascendente del nivel de actividad, pese a que el Banco Central endurecía en ese momento la política monetaria, en un movimiento que llega hasta estos días.

Efectivamente, aún con una tasa real de interés (Lebacs menos inflación mensual anualizada) del orden del 7 % anual, el mercado interno fue afianzando su recuperación. El consolidado de la recaudación de impuestos nacionales asociados al nivel de actividad (se excluye Ganancias, Bienes Personales y Retenciones), que en el primer trimestre caía 1,4 % interanual en términos reales, pasó a terreno positivo en abril-junio (3,5 %) y aceleró a 6,6 % interanual en este tercer trimestre. Por su parte, la fabricación de papel y cartón, directamente relacionada a artículos de consumo, está creciendo en torno al 4 % interanual desde junio.

Es cierto que la política monetaria es menos contractiva de lo que parece. El elevado spread del sistema hace que la tasa de interés del plazo fijo esté por debajo de la inflación esperada. Además, el crédito al sector privado aumentó 34 % en los últimos doce meses (10 puntos más que la inflación), mientras los depósitos privados lo hacían un 26 %, por lo que el multiplicador bancario está funcionando a pleno.

Y la política fiscal también fue expansiva en la primera parte del año. Los subsidios económicos se recortaron 10,6 % interanual, con suba de tarifas como contrapartida, pero el gasto del sector público nacional en prestaciones sociales subió 40,0 % interanual, con impacto directo sobre el consumo, y el destinado a obra pública lo hizo un 35,4 %.

Sin embargo, lo que ocurrió en materia fiscal y monetaria en el último período no puede ser extrapolado. El objetivo del gobierno de reducir el déficit fiscal (de 4,2% a 3,2 % del PIB, sin contar intereses, entre 2017 y 2018), hará que el gasto pase a evolucionar por debajo de la recaudación y, respecto de las tasas de interés, el Banco Central no habrá de flexibilizar su postura hasta que la desinflación sea un hecho.

Las políticas fiscal y monetaria tendrán un nuevo rol, buscando mayor consistencia entre sí, para evitar que en el futuro se produzcan disrupciones como la de 1989 y 2001/02.

Por ende, el empalme exitoso de la reactivación al crecimiento, que tiene como condición necesaria la mejora del ambiente macroeconómico, habrá de requerir el encendido de nuevos motores, caso de las exportaciones y de la inversión privada. El mundo y la región, incluido Brasil, aportan noticias que pueden ayudar a ese cambio del centro de gravedad, pero lo principal es reconocer que crecimiento es sinónimo de productividad, algo que se olvida a menudo.

Desde el retorno de la democracia, en 1983, el PIB aumentó en la Argentina a un ritmo de 2,2 % anual acumulativo, una magra tarjeta de presentación si se compara con Chile, que lo hizo al 5,1 %.

¿Dónde están las diferencias? Para encontrarlas, conviene focalizar en debilidades y fortalezas de competitividad, relativas al vecino país. Un ejercicio doblemente útil si es que se aspira a la integración del Mercosur con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico (un objetivo que debería ser política de estado).

Utilizando el ranking del World Economic Forum, los ítems en los que Chile saca mucha ventaja corresponden a Calidad de las Instituciones, Infraestructura, Ambiente Macroeconómico, Eficiencia del Mercado de Bienes y de Trabajo, Desarrollo del Mercado Financiero, entre otros. La distancia es menos marcada en rubros tales como Innovación, Acceso a la Tecnología, Salud y Educación Primaria.

En Instituciones, sobre 138 países, la Argentina se ubica 130, mientras el lugar de Chile es el 35. En Infraestructura, las posiciones son 85 y 44, respectivamente; en Ambiente Macroeconómico, 130 y 32; en el Mercado de Bienes el grado de eficiencia define el puesto 135 para nuestro país, y el 44 para el vecino; en el de Trabajo, esos casilleros son 130 y 52, respectivamente. En cuanto al Desarrollo del Mercado Financiero, el ranking es 127 y 23. Los datos del WEF permiten también apreciar los aspectos en los que la Argentina está más cerca de la frontera, dónde se justifica focalizar políticas que potencien ventajas competitivas (ver gráfico al respecto).

La agenda para el día después de las legislativas de octubre necesita incorporar estas referencias, ya que sin competitividad no podrá asegurarse el crecimiento. En un país federal, esta es una responsabilidad compartida entre las distintas jurisdicciones. En algunos casos, se trata de usar de modo más eficiente y cooperativo recursos existentes. En otros, se trata de subsanar deficiencias de base, reasignando fondos y responsabilidades, junto con reformas que permitan que el Estado planifique mejor y el mercado funcione con mayor competencia. El desafío es de una magnitud incomparable con el hecho de estar o no en Rusia 2018… 

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