La lampara de la Fe

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Falta poco para la celebración de los Mártires de las Misiones. Sin embargo, por las próximas elecciones hemos trasladado la tradicional peregrinación diocesana al Santuario de Loreto para el sábado 25 y domingo 26 de noviembre. Celebraremos a nuestros mártires de las Misiones y junto a ellos, a tantos que pusieron su corazón para inculturar el Evangelio manteniendo encendida la lámpara de la fe.

En nuestra Provincia podemos decir que tenemos una rica historia, iniciada hace tantos siglos y necesitamos recuperar la memoria. En nuestras tierras transitaron misioneros ejemplares y santos. Uno de ellos fue Antonio Ruiz de Montoya. Sus restos están en Loreto porque allí vivió y trabajó muchos años. Él mismo dijo: «No permitan que mis huesos queden entre españoles, aunque muera entre ellos, procuren que vayan donde están los indios, mis queridos hijos, que allí donde trabajaron y se molieron han de descansar».

Realmente podemos afirmar que sus huesos, pero toda su persona tuvo que sufrir y sobrellevar momentos muy duros. Luego de trabajar mucho en la zona del Guayrá formando comunidades, recrudecieron los ataques bandeirantes. Hacia el 1631 estos grupos llegaron a causar la ruina total de los pueblos que Ruiz de Montoya y sus compañeros habían fundado. Muchos de sus pobladores fueron llevados como esclavos al Brasil. Este tiempo fue una dura prueba para el Padre Montoya, pues vio sufrir y perecer a muchos de sus hijos espirituales y además tuvo que soportar la censura de otros misioneros que lo responsabilizaban de las calamidades que siguieron a la emigración.

La providencia los trajo a nuestras tierras, en donde refundaron comunidades como nuestras actuales Loreto y San Ignacio Miní. En 1637 Ruiz de Montoya fue enviado a España junto a los procuradores de la Provincia Jesuítica del Paraguay para defender los derechos de los indígenas de las reducciones. Se manifestó entonces como un gran diplomático y político. Allí publicó sus obras de lingüística y su famosa «Conquista Espiritual». Creo importante tener presente aquella increíble llegada a Loreto de los indígenas y misioneros con Ruiz de Montoya. Al celebrar a los Mártires de las Misiones y a tantos hombres y mujeres que se donaron por la evangelización, queremos que su testimonio nos fortalezca para hacer frente a los nuevos desafíos que tenemos que encarar en nuestra época. El mismo Espíritu Santo que los animó a ellos es el que hoy nos anima también a nosotros a dar nuestras vidas para que esta historia sea historia de Salvación.

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En este domingo, el Evangelio (Mt 25, 1-13) nos presenta la parábola de las diez vírgenes. Algunas de ellas estaban preparadas con aceite en sus lámparas. Otras, sin embargo, se olvidaron de proveerse. Este descuido las privará de celebrar el banquete porque mientras van a buscarlo la fiesta comienza y las puertas se cierran.

Se trata de un mensaje profundo sobre la necesidad de preparar nuestro corazón para el encuentro con Dios. «La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar listos para el encuentro con el Señor no es solo la fe, sino una vida cristiana rica en amor y caridad hacia el prójimo. Si nos dejamos guiar por aquello que nos parece más cómodo, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril, incapaz de dar vida a los otros y no acumulamos ninguna reserva de aceite para la lámpara de nuestra fe […]. Si en cambio estamos vigilantes y buscamos hacer el bien, con gestos de amor, de compartir, de servicio al prójimo en dificultades, podemos estar tranquilos mientras esperamos la llegada del novio: el Señor podrá venir en cualquier momento […] La fe inspira a la caridad y la caridad custodia a la fe». (Papa Francisco, Angelus 12.11.2017)

Que el testimonio de los hombres y mujeres que trabajaron en la evangelización en nuestras tierras nos anime a mantener siempre encendida la lámpara de la fe mediante el aceite de la caridad.

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Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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