El morbo palestino

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Ya se cumplió más de un mes del comienzo de hostilidades, nuevamente, entre Israel y Hamás, y como siempre, los rehenes son los civiles. Quienes nada tienen que ver con la guerra son los que terminan pagando los platos rotos. El mundo se horrorizó, en primera instancia, con la matanza indiscriminada de israelíes en los kibutz, perpetrado por la agrupación terrorista con sede en Gaza. Luego, el panorama bélico nos llevó al enclave palestino, donde los civiles de ese enclave culminan siendo las verdaderas víctimas de la maquinaria bélica.

Dado este contexto, es prioritario entender la respuesta del mundo ante tales hechos. Hoy, me atrevería a afirmar “como nunca”, el mundo le ofrece un tremendo respaldo a la población palestina. Es cierto, el avispero está agitado y Medio Oriente es un polvorín, donde “lo árabe y lo musulmán” se conjugan y se separan al mismo tiempo, y donde Occidente comienza a tomar una posición que podría catalogarse de inusitada.

Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica, Europa, África y Oceanía. Desde los países con mayor cercanía histórica hasta los antagonistas de la película, fueron testigos de marchas multitudinarias a favor de la paz en Gaza y de que los civiles palestinos dejen de ser el blanco de las agresiones bélicas.

Manifestaciones que fueron desde lo más pacífico hasta lo más radicalizado, formaron parte del paraíso de ciudades pilares de la cultura occidental. Las calles de Nueva York, Londres, París y Sídney, por solo nombrar a algunas, fueron marejadas de banderas palestinas y de reclamos contra el Estado de Israel. De hecho, en varias ciudades israelíes se llevaron adelante protestas contra Netanyahu por el mal manejo de la guerra. Huelgas que, si bien son distintas desde su petición, comparten el mismo génesis: un conflicto bélico que nadie quiere tener.

Ahora, lo curioso es saber la razón por la cual estas sendas manifestaciones comenzaron a tener lugar en este momento, el cual es crítico, pero no llega a los puntos históricos más profundos entre la frondosa relación Palestina – Israel. Una de las respuestas puede darse por las masivas corrientes migratorias que tuvieron lugar durante las últimas décadas. A medida que la descomposición social y económica fue teniendo espacio en Medio Oriente y África, las poblaciones fueron huyendo, de la manera que podían, hacia Europa y otras zonas de Occidente. Esa migración lleva consigo a unidades culturales que nunca renegaron de sus orígenes y sus antepasados, razón por la cual, fueron formando pequeñas comunidades que se fueron expandiendo de manera inequívoca en los nuevos territorios.

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Además de la crisis migratoria, que ya es una respuesta en sí, no llega a totalizar el 100% del dilema que estamos desentrañando. Aquí hay que sacarse la intelectualidad de lado y usar el razonamiento que uno tiene día tras día. Es obvio que las redes sociales son grandes responsables de lo que está sucediendo, para quien lo vea de manera positiva o negativa. La expansión ecuánime de la información a través de redes sociales es una realidad que afrontamos todos. Hoy en día, estamos a un solo clic de ver, prácticamente en tiempo real, los acontecimientos que suceden a miles de kilómetros.

Esto posibilitó a que las imágenes de la destrucción llevada adelante por las Fuerzas de Defensa de Israel en Gaza, con el afán de terminar de una vez por todas con las pretensiones terroristas de Hamás, hayan causado un efecto contrario al que esperaba Tel Aviv. Lejos de provocar empatía con Israel y verlo como un proceso emancipador de Medio Oriente, generó un rechazo impresionante. Esto también se explica por el reciente conocimiento masivo de lo que es Gaza: un enclave empobrecido, condicionado y rehén de una situación que no manejan. Conocer el verdadero estado de esta zona del mundo mediante la inmediatez de Tik Tok, Instagram o Twitter (X), le valió gran parte del apoyo en los civiles que se encuentran por fuera de las barreras de dicho conflicto.

Por otro lado, no sería alocado pensar que el aparato mediático podría comenzar, paulatinamente, a soltarle la mano a Israel. El hecho de la mega viralización de las imágenes del combate hace que sea cada vez más difícil solaparlo desde los medios tradicionales. Generando, inclusive, una posición que sería lo más beneficioso, en términos ideológicos, para Gaza: ni los terroristas de Hamás ni los bombardeos de Israel.

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Un párrafo aparte amerita un tópico por de más desdeñable que tiene lugar en este auge de la causa palestina. Grandes colectivos de cobardes, a nivel mundial, están aprovechando la situación para sacar a relucir un viejo concepto, el cual parecía superado. El antisemitismo está latente. Desde marcar casas de judíos hasta balear escuelas judías, son algunos de los casos más aberrante que nada tienen que ver con la vida de los civiles palestinos. Pero claro, esto se busca tapar detrás de manifestaciones que luchan, genuinamente, por la liberación de un pueblo bastardeado a nivel geopolítico y cultural. Así como se condenan los bombardeos indiscriminados hacia los civiles de Gaza, también es execrable que el antisemitismo tenga lugar, como en las épocas más oscuras de la humanidad.

Lastimosamente, la guerra es solamente guerra, no es ni buena ni mala, simplemente guerra. Será religiosa, étnica, económica, política o social, pero es lo que es. El hombre matándose los unos a los otros donde, en su mayoría, ni siquiera están de acuerdo con sus líderes. Y en ese juego de incertidumbre perene, la población ajena al conflicto comienza a tomar posición, en manifestaciones históricas, motorizadas por la virtualidad. Esta vez, las redes sociales demostraron que no son solamente likes y memes.

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