La santidad en el mundo actual

Escribe monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 16° domingo durante el año [23 de julio de 2023]

En nuestra época una de las palabras poco escuchadas es «santidad». Quizás algunos medios masivos la toman cuando se presenta un acontecimiento ligado a la religiosidad popular. Otras veces a los santos a quienes se los presenta como figuras que no se asemejan a los hombres y mujeres comunes. Se hace referencia más a los aspectos extraordinarios que al haber vivido la santidad en la vida ordinaria.

Lamentablemente algunas biografías ayudan a acentuar esta imagen distante de la santidad. «El Concilio mismo explicó que este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable solo para algunos “genios” de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno» (Cfr. NMI 31).

En realidad, la Iglesia nos propone estos modelos, para que nosotros veamos que la santidad es posible. Si es raro escuchar hablar de la santidad, puede ser más difícil entender que todos los hombres y mujeres -sobre todo los bautizados- tenemos el llamado y la posibilidad de ser santos.

Es cierto que la realidad a veces nos presenta tantas situaciones donde el mal, las estructuras de pecado, la corrupción, la violencia y el odio, van ganando espacio. Sin embargo, no es cristiano someternos a aquello que tantas veces escuchamos: «¡Esto no va a cambiar más!». La desesperanza y la indiferencia son el peor enemigo cuando ganan nuestro corazón. La fe nos ayuda a comprender que es posible generar un mundo, una cultura más digna y más humana. La propuesta de la santidad implica asumir el compromiso de transformar en esperanza, con nuestros actos, las pequeñas o grandes cosas que nos tocan vivir.

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Si miramos bien la realidad nos encontramos con mucha gente que vive la santidad y no son noticia. El Papa Francisco, en la exhortación apostólica «Gaudete et exultate» sobre el llamado a la santidad en el mundo actual nos dice: «No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, […] Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo.

En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad “de la puerta de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, “la clase media de la santidad”». (GE 6-7)

La santidad va por ese camino: vivir siendo amigos de Dios y tratando de hacer el bien rechazando el mal. Aunque esto no es fácil, la gracia de Dios nos ayuda a vivir esta búsqueda de la santidad.

El texto del Evangelio de este domingo (Mt 13, 24-43), puede ayudarnos a comprender cómo en la sociedad, pero también en nuestro corazón, conviven el trigo y la cizaña. El Apóstol San Pablo señala la lucha que se da entre el hombre viejo y el hombre nuevo. La cizaña gana espacio en una sociedad o en un ambiente, cuando cada uno se permite optar por el uso de cualquier medio malo para lograr un fin determinado. Desde el texto bíblico podemos decir que es allí cuando crece la cizaña. Por el contrario, el tener ideales, el buscar la santidad, permiten que el trigo crezca y que nuestros ambientes y sociedad sean vivibles.

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Desde ya que esta búsqueda de la santidad es un llamado para todos los cristianos, para que cada uno viva a fondo su vocación y misión. Pero hay que subrayar que los laicos, que son la mayoría del pueblo de Dios, tienen una especial responsabilidad en este tiempo de discipulado y misión porque a ellos les toca en sus ambientes, transformar las realidades temporales, ser instrumentos directos en la cotidianeidad de la evangelización y humanización de la cultura. Si creemos posible una sociedad y cultura más sana, donde crezca el trigo, deberemos disponernos a quitar la cizaña de nuestro corazón que tanto perjudica a los demás y nos sumerge en la oscuridad.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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