Promover la cultura del encuentro

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El pasado miércoles 1° de mayo, el gobernador Passalacqua abrió el Período Legislativo N.º 52 de la Cámara de Representantes de la Provincia. El primer mandatario ponderó la búsqueda de consensos y destacó que la Renovación Neo es un espacio político responsable e inclusivo en opiniones.

En el año 2013 el Papa Francisco escribió Evangeliigaudium, una exhortación apostólica que en uno de sus capítulos da un lugar muy importante a la paz social.

En tiempos donde nuevas grietas parecieran querer colarse en la sociedad, adquiere gran valor el objetivo de unir a los argentinos. Delinear estrategias para lograrlo es difícil, pero no imposible. Podemos pensar diferentes acciones para fomentar el respeto mutuo, la capacidad de escuchar al otro, la integración de todos, la consolidación de la paz social. A esto el Papa Francisco lo resume diciendo que “tenemos que crear la cultura del encuentro”.

Víctor Manuel Fernández, ex rector de la Universidad Católica Argentina y uno de los cardenales más cercanos al Sumo Pontífice, analiza esta propuesta sobre “la cultura del encuentro” y sostiene que el Papa siempre rechazó las dialécticas que enfrentan, y su ideal es el poliedro, que tiene muchas facetas, muchos lados, pero todos formando una unidad cargada de matices. El poliedro es una sociedad donde las diferencias puedan convivir complementándose, enriqueciéndose e iluminándose unas a otras. De todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible.

Destaca el cardenal Fernández que en esta línea de “unidad en la diversidad”están los gestos de acercamiento del Papa hacia otras religiones y hacia otras iglesias. En esa misma línea, él permite que dentro de la Iglesia algunos lo critiquen duramente, sin condenarlos. Con esta lógica, el otro, el diferente, tiene su lugar. ¿Qué se agrega cuando utilizamos la expresión “cultura del encuentro”? ¿No es lo mismo decir “paz social”? El prelado sostiene que no, porque la palabra “cultura” significa que ha penetrado en las entrañas del pueblo. Si hablamos de una determinada “cultura” en el pueblo, entonces eso es más que una idea o que algo hecho por conveniencia. Cuando se vuelve cultura, se ha convertido en una “pasión” compartida, en un entusiasmo y finalmente en un estilo de vida. Significa que, como pueblo, nos apasiona el objetivo de encontrarnos, de buscar puntos de contacto, de tender puentes, de proyectar algo que nos incluya a todos. El pueblo es el sujeto de esta cultura, no una élite que busca una pacificación aparente con recursos mediáticos. Aquí está la gran diferencia entre populista y popular.

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Fernández aclara que esta paz es trabajosa, cuesta, porque lo más fácil sería contener o tapar libertadas y las diferencias con un poco de astucia. Esa paz sería superficial y frágil. Integrar es mucho más difícil y lento, pero es la garantía de una paz real y sólida. ¿Esto se logra sólo con los “puros” y los que piensan igual? Claramente no. Dice el papa Francisco: “aún las personas que pueden ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse”. En esta línea, pretender aniquilar a algunos es intentar negar parte de la realidad, y en el fondo es un idealismo ingenuo y parcial.

Tampoco sirve una paz que se logre silenciando las reivindicaciones sociales o evitando que tengan voz pública. Francisco sostiene que no se trata de “un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz”. Se trata entonces de generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo enriquecido por las diferencias.

Atento a ello, el Papa afirma que la búsqueda de consensos y acuerdos tiene que estar unida a “una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones”. Si no, sería un proyecto pacificador “de unos pocos para unos pocos”.

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Desafíos de un nuevo tiempo político

El discurso brindado por el gobernador Passalacqua en el marco de la apertura del período de sesiones ordinarias en el Parlamento Misionero tuvo una primera parte cargada de contenido político que describe el escenario y los desafíos de un nuevo tiempo político que comenzó con el mensaje que dejó el pueblo argentino en las urnas en las elecciones presidenciales de 2023. La gente buscaba más que un cambio, quería resetear el sistema político, de allí que emerge Javier Milei como Presidente de la Nación. Un outsider que supo capitalizar el hartazgo de una sociedad cansada de una clase política que hacía oídos sordos a sus problemas y que tenía una agenda que defendía intereses propios disociados de la ciudadanía y en donde primaban la puja por espacios de poder y la conservación de sus privilegios.

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Milei llegó al poder con un estilo disruptivo que por momentos alienta una nueva grieta: casta/anti casta. En este sentido, todo aquel que disienta en algún aspecto con el Presidente o vea la realidad desde otra perspectiva es arrastrado por esta nueva concepción maniquea, peligrosa por cierto.

En su discurso del 1° de mayo, Passalacqua expresó que “reconocemos la legitimidad del Gobierno Nacional pero también pedimos que la Nación respete la voluntad de los misioneros” y subrayó con contundencia: “hoy gobernar es buscar consensos, y si no los hay, hay que crearlos”.

El primer mandatario provincial dejó en claro que la Renovación Neo tiene el encargo de gobernar la provincia y no puede hacerse a un lado en nada. “Nos salga bien o mal, siempre afrontamos, muchas veces en silencio, cada uno de los complejos problemas que hay que resolver”, aseveró el gobernador electo con más del 65% y con más de 40 puntos de diferencia sobre su adversario.

En otro tramo de su discurso destacó que “la cobardía política es inadmisible en estos tiempos, así como las mezquindades, los proyectos personales o el más feroz de nuestros enemigos: la soberbia”.

El gobernador remarcó que la Renovación Neo es un espacio político responsable, inclusivo de opiniones, así como fue su génesis cuando el conductor Carlos Rovira invitó a las más diversas corrientes “a encontrarnos en un punto en común: mirar sólo hacia adelante por el bienestar de nuestro terruño”. Por otra parte, consideró que el día de los comicios, las personas votan a quien estiman, las hará más felices. Pero si su candidato pierde no significa que deba oponerse a todo. “No hay una urna para vencedores y otra para opositores. No es dicotómico. Los candidatos que no ganen elegirán luego su camino: si oponerse sistemáticamente, hacer seguidismo ciego al que ganó o vascular con inteligencia entre lo que le conviene a la familia misionera y lo que no. Primero Misiones, a no desviarse de ese paradigma jamás”.

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