Semana Santa en las Misiones

Escribe monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el Domingo de Ramos [2 de abril de 2023]

Durante la Semana Santa que iniciamos actualizaremos en nuestras celebraciones litúrgicas lo que aconteció hace casi dos mil años en Jerusalén. Muchas veces creemos que nuestro momento es el peor, pero en la historia cada situación vivida ha tenido sus graves problemas. No era fácil el contexto en donde se vivió la Pascua del Señor. Tanto por la dominación del Imperio Romano, como por la complejidad de la religiosidad de los judíos y los paganos. En Jerusalén transcurrieron los días y hechos cruciales de nuestra fe. Jerusalén nos evoca el pasado histórico y el futuro escatológico. Aunque lamentablemente siempre abundan los conflictos, Jerusalén nunca dejó de ser una tierra cargada de historia, misterio y sobre todo fe. Es ahí, en Jerusalén, donde Jesucristo va a vivir la Pascua. Esta va a ser su Pascua, nuestra Pascua y la Pascua de la humanidad.

En este domingo celebramos la entrada mesiánica a Jerusalén (Mt 21,1-11). Jesús montado sobre un pobre burro, es el rey humilde que contradice el poder romano y religioso de los judíos que no entendían la presencia de Dios. Leeremos también la Pasión del Señor y su muerte en la Cruz. Con la lectura de estos textos nos prepararemos para las diversas celebraciones de la Semana Santa. El jueves 6 nos reuniremos a las 9 h. en la Parroquia Inmaculado Corazón de María, en Villa Cabello, Posadas, con todos los sacerdotes de la Diócesis y nuestra gente que irá hasta allí para acompañarnos, y celebrar la Misa Crismal. Esta Misa lleva este nombre porque realizaremos la bendición del óleo de los enfermos y el de los catecúmenos, y la consagración del Santo Crisma, aceites sagrados que usamos en la distribución de los Sacramentos durante el año. También en esta Eucaristía los sacerdotes renovaremos nuestras promesas sacerdotales. Por la noche participaremos en las comunidades de la Misa de la Cena del Señor en la que los cristianos nos reunimos para celebrar la institución de la Eucaristía, del sacerdocio y del servicio, con el gesto del lavatorio de los pies. En las antiguas reducciones de San Ignacio, a las 19,30 h. realizaremos este mismo gesto, acompañados de músicos populares que cantarán la Misa Criolla. Después, siguiendo los textos de la Palabra de Dios, nos encaminamos a participar en el Vía Crucis, en el juicio y la muerte del que fue crucificado, el Viernes Santo. Ese día a las 8,30 h, celebraremos el Vía Crucis en un lugar emblemático e histórico para nuestra región, en la Vía procesional de Loreto. Allí se reunían para celebrar el Vía Crucis los indígenas de todas las reducciones vecinas a Loreto. A las 13 h. celebraremos la Pasión de Jesús en el Parque Temático de la Cruz, en Santa Ana, llevando a ese lugar los dolores y sufrimientos de nuestra memoria como región, los dolores de ayer, de hoy y los de cada uno, para transformarlos en esperanza Pascual.

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El sábado por la noche la Misa empezará en la oscuridad y el cirio encendido será la luz de Cristo, la esperanza y la vida que ilumina las tinieblas. Los aleluyas expresarán el triunfo de la vida, sobre la muerte, porque Cristo, el que murió, ¡Resucitó! La liturgia Pascual nos invita a que nosotros también subamos a Jerusalén para vivir nuestra Pascua.

Muchos al escuchar: Semana Santa o Pascua, lo asocian solamente a vacaciones o a diversión. Como muchos contemporáneos de Jesús, no captan ni entienden el sentido profundo y la posibilidad que Dios
quiere regalarnos de vivir la conversión y la Pascua. Hoy corremos el riesgo de que el secularismo nos lleve a vaciar de contenido aquello que celebramos. El secularismo es una forma de ateísmo práctico.

No discute la existencia de Dios, la omite y vacía de valores que son fundamentales a la dignidad humana. No está mal que algunos quieran tomarse un descanso de la rutina diaria, pero esto debe convivir con nuestro compromiso cristiano de participar y vivir la Pascua, para renovar la fe.

Este tiempo fuerte de Semana Santa y Pascua, es una oportunidad para que todos, pero especialmente los cristianos y en particular aquellos que tenemos distintas responsabilidades dirigenciales y sociales, realicemos un profundo examen de conciencia, sobre cómo vivimos el llamado a la santidad, en el ejercicio de nuestra condición de ciudadanos. Acompañar a Jesucristo el Señor en estos días implica internalizar el camino, la verdad y la vida que el Señor quiere darnos.

Quiero subrayar la necesidad de participar en todas las celebraciones de Semana Santa. Esto llenará de sentido nuestras vidas y nos animará a renovarnos como hombres y mujeres pascuales, para que en la fe podamos ser fermento de transformación social y globalizar la solidaridad.

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¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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