Siempre fue sobre nosotras: catorce relatos de la violencia política de género en Brasil

No son casos aislados, sino muestra de lo que les sucede a las mujeres en los distintos espacios que ocupan. Trata la participación colectiva, el discurso público, la discriminación estructural, la violencia política, la criminalización de las luchas, la relación de lo público y lo privado, la sororidad, entre otros. Los testimonios pertenecen a políticas, diputadas, senadoras, concejalas, integrantes de organizaciones sociales y ambientalistas y también, la de la primera mujer presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

En esta compilación, Manuela D’Ávila reúne los testimonios de catorce mujeres, figuras políticas de relevancia, luchadoras y militantes de organizaciones sociales en Brasil, que alzan la voz para denunciar, sancionar y deconstruir la violencia política de género de la que son víctimas, señalando que esa violencia no da cuenta de casos aislados, sino que puede ser leída como una señal para toda la sociedad. 

En todos los testimonios se afirma la importancia de visibilizar la violencia para dar un mensaje claro a la sociedad: no se acepta ni tolera más violencia contra las mujeres. 

Algunas de las autoras de los capítulos son: 

La docente, escritora y directora del Instituto Marielle Franco (su hermana asesinada) Anielle Franco; la primera concejala negra en Río de Janeiro, Benedita da Silva; la primera mujer presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; la primera legisladora transexual electa en Belo Horizonte, Duda Salabert; la primera presidenta de la Unión Brasileña de Mujeres, Jô Moraes; la ambientalista Marina Silva; la primera indígena en postularse a la candidatura presidencial, Sônia Guajajara; la activista por la educación y considerada una de las mujeres más influyentes del mundo por distintos medios de comunicación, Tabata Amaral;  entre otras. 

El libro se encuentra en las principales librerías del país y también se puede descargar en forma libre y gratuita en la Librería Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales de Clacso.

Sobre Manuela D’Ávila:

Es periodista y tiene una maestría en Políticas Públicas. Fue la concejala más joven de Porto Alegre, Brasil; la diputada federal más votada de su país y la diputada estadual más votada en 2014. Presidió la comisión de Derechos Humanos y Minorías de la Cámara de Diputados en 2011 y 2012. Fue candidata a vicepresidenta de Brasil en 2018. 

Fundó el instituto E se fosse voce? destinado a combatir las fake news y las redes de odio. Publicó tres libros: Revolucao Laura, ¿Por qué luchamos? Un libro sobre amor y libertad y E se fosse voce? Sobrevivendo as redes de odio e fake news. 

Fragmentos de la obra

“Siempre supe que era difícil pero no es justo que sea tan difícil”, repetía una y otra vez, mientras lloraba en casa, después del último debate de la primera vuelta de las elecciones de 2020. Mi cansancio se mezcló en una combinación de indignación y perplejidad: ¿hasta dónde podría llegar la violencia política de género? Apenas reconocí en mí a la mujer fuerte que había disputado siete elecciones, obtenido votaciones extraordinarias y enfrentado el machismo desde el comienzo, especialmente en los últimos años tras el ascenso de la extrema derecha en el país. Esta vez habían logrado que pensara en rendirme, me hicieron sentir vergüenza, miedo, ira. 

Una vez que pasaron esos sentimientos que las mujeres sabemos que sentimos aun cuando somos conscientes de que el error no es nuestro, comencé a pensar en la vida de todas las mujeres y en cómo nuestra dignidad, para estas personas, no vale nada. Después de todo, yo era la mujer que encabezaba las encuestas de opinión para la municipalidad de la capital del Estado y había sido atacada en toda la primera vuelta, en público, frente a sonrisas irónicas de complicidad y al silencio total de los candidatos hombres.

Solo podía pensar en que, si los hombres públicos guardan silencio ante los ataques transmitidos por radio o televisión, imaginen cómo ignoran la violencia contra las mujeres en su vida cotidiana y sus decisiones políticas. De este modo, asimilé en profundidad lo que significa denunciar, sancionar y deconstruir la violencia política de género. No, no somos mujeres especiales, no merecemos más que ninguna otra. Pero cuando la violencia contra nosotras sucede en el ámbito público, como es el caso desde el proceso de juicio político contra Dilma Rousseff, la forma en que respondemos a esta violencia comienza a entenderse como una señal para la sociedad. 

Si callamos, la señal es que todo está bien, que está permitido agredir a las mujeres. Si enfrentamos y castigamos a los agresores, el mensaje es que la sociedad no está de acuerdo, que la violencia contra las mujeres no es parte de lo aceptable. Con esto en mente, aquella horrible noche del último debate de la primera vuelta, decidí escribir un libro sobre violencia política de género. Para mí, todo tiene que transformarse de forma permanente. El dolor que sentía debía convertirse en un debate para que más mujeres no vivieran, en el futuro, lo que yo estaba viviendo. Entonces, la primera semana después de la segunda vuelta, lo pensé mejor y decidí que no escribiría sola, sino que escribiríamos, en plural. Escribiríamos varias de las que vivimos experiencias similares”. 

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