actividad económica Argentina

La economía argentina y nuevas señales para los mercados

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La economía argentina volvió a mostrar señales de recuperación durante junio, en un escenario en el que la actividad productiva, las exportaciones y el crédito privado registraron avances. Al mismo tiempo, el comportamiento de la inflación estadounidense mantiene abierta la discusión sobre el rumbo de las tasas de interés de la Reserva Federal y agrega una variable externa relevante para los mercados emergentes.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario la actividad económica argentina mostró una mejora en junio, mientras que en Estados Unidos los nuevos datos de inflación y crecimiento mantuvieron la atención sobre la política monetaria

La inflación en Estados Unidos se ubicó levemente por encima de lo esperado

El índice de precios de los gastos de consumo personal (PCE, llamado IPC en Argentina por índice de Precios al Consumidor) de Estados Unidos registró en julio una variación de 0,2% mensual y 3,7% interanual. El registro interanual se ubicó levemente por encima del 3,6% esperado por el mercado, mientras que la variación mensual se ubicó una décima por encima de lo previsto

Por su parte, el IPC núcleo, que excluye los componentes más volátiles de alimentos y energía y constituye una de las principales referencias de la Reserva Federal para evaluar la dinámica inflacionaria, aumentó 0,2% mensual y se ubicó en 3,3% interanual. De esta manera, las medidas de inflación persisten por encima del objetivo del 2% de la autoridad monetaria estadounidense.

La combinación de una economía que continúa expandiéndose y una inflación que permanece por encima del objetivo mantiene la atención de los mercados sobre las próximas decisiones de política monetaria de la Reserva Federal.

La actividad económica en Argentina volvió a registrar una variación mensual positiva

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de Argentina registró en junio un crecimiento de 0,8% respecto de mayo en términos desestacionalizados, mientras que en la comparación interanual la actividad se ubicó 2,7% por encima de junio de 2025. De esta manera, el indicador retomó la variación mensual positiva luego de los retrocesos registrados en abril y mayo.

El EMAE, elaborado mensualmente por el INDEC, permite realizar un seguimiento de la evolución de la actividad económica con mayor frecuencia que las cuentas nacionales trimestrales. El indicador reúne información de los distintos sectores productivos y constituye una referencia anticipada de la trayectoria del Producto Interno Bruto (PIB), aunque no reemplaza su estimación trimestral.

En la comparación interanual, 12 de los 15 sectores que integran el indicador registraron variaciones positivas en junio. Entre los principales incrementos se destacó Explotación de minas y canteras, con un crecimiento de 15,6% interanual, seguido por Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con una expansión de 4,6%. El desempeño de estos sectores contribuyó positivamente a la variación del nivel general de actividad.

La evolución mensual desestacionalizada mostró cierta volatilidad durante los primeros meses de 2026. Luego de crecer 2,8% en marzo, el EMAE cayó 1,5% en abril y 0,4% en mayo, para volver a terreno positivo con el 0,8% de junio. El último dato, junto con la variación interanual positiva y el crecimiento de la mayoría de los sectores, aporta una señal favorable sobre el desempeño de la actividad durante el mes.

Las exportaciones crecieron 24,6% en el primer semestre

Las exportaciones argentinas de bienes alcanzaron US$ 49.511 millones durante el primer semestre de 2026, lo que representó un crecimiento de 24,6% respecto del mismo período del año anterior. La expansión estuvo explicada tanto por los precios, que aumentaron 9,0% interanual, como por las cantidades exportadas, que registraron un incremento de 14,2%.

De acuerdo con el INDEC, los complejos exportadores, que agrupan productos pertenecientes a una misma cadena productiva, representaron 93,6% de las exportaciones de bienes del período. Los diez principales concentraron 78,4% del total, encabezados por el complejo soja, con exportaciones por US$ 9.082 millones, seguido por el petrolero-petroquímico, con US$ 8.116 millones. En tercer y cuarto lugar se ubicaron el maicero y el automotriz, con US$ 4.241 millones y US$ 4.167 millones, respectivamente.

Entre los principales complejos, el mayor crecimiento interanual correspondió al litio, cuyas exportaciones aumentaron 186,3%, seguido por el girasol, con una expansión de 128,7%. También se destacaron oro y plata, con un incremento de 56,8%, y el complejo petrolero-petroquímico, cuyas ventas externas crecieron 43,7% respecto del primer semestre de 2025.

En conjunto, los datos del primer semestre muestran una expansión de las exportaciones explicada tanto por mayores cantidades comercializadas como por el incremento de los precios, con avances relevantes en complejos agroindustriales, energéticos y mineros.

Crece el crédito

De acuerdo con el último Informe sobre Bancos del BCRA, la intermediación del sistema financiero con el sector privado se incrementó durante junio, tanto en moneda nacional como extranjera. Considerando el conjunto de monedas, el saldo real de crédito al sector privado aumentó 3,1% respecto de mayo y 10,1% en términos interanuales. En pesos, el financiamiento registró un crecimiento real mensual de 1,7%, mientras que el crédito en moneda extranjera aumentó 4,6% mensual, medido en moneda de origen.

En particular, el financiamiento en moneda extranjera mostró una expansión significativa durante los últimos años. El stock de préstamos al sector privado en dólares pasó de US$ 3.482 millones en diciembre de 2023 a alrededor de US$ 10.000 millones hacia fines de 2024 y continuó incrementándose durante 2025 y la primera mitad de 2026, hasta superar los US$ 24.000 millones en julio.

La confianza en el Gobierno argentino aumentó en agosto

El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, registró en agosto de 2026 un incremento mensual de 6,4%. El indicador mide la evolución de la percepción de la opinión pública respecto de la gestión del Gobierno Nacional a partir de distintas dimensiones vinculadas con su desempeño.

El relevamiento contempla cinco componentes: la evaluación general del Gobierno, la percepción sobre la orientación de sus políticas hacia el interés general, la eficiencia en la administración del gasto público, la honestidad de sus integrantes y la capacidad para resolver los problemas del país. El avance registrado en agosto señala una mejora mensual en el nivel de confianza relevado por el indicador.

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La economía creció 2,7% en junio y la minería volvió a marcar el rumbo

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La actividad económica argentina creció 2,7% interanual en junio de 2026 y avanzó 0,8% respecto de mayo, según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el INDEC. El dato confirma la continuidad de la recuperación y ubica a junio como el segundo mayor crecimiento interanual del año.

El resultado adquiere mayor relevancia al observar qué sectores explicaron la expansión. La explotación de minas y canteras registró un salto del 15,6% interanual y, junto con el sector agropecuario, aportó 1,1 puntos porcentuales al crecimiento general de la economía.

La minería se consolida así como uno de los motores más dinámicos de la actividad, en un escenario en el que el desarrollo de recursos naturales gana peso dentro de la estructura productiva argentina. El desempeño del sector muestra el impacto que pueden tener las inversiones asociadas a la explotación de recursos sobre la actividad económica, especialmente cuando se traducen en mayor producción y capacidad exportadora.

El dato mensual también ofrece una señal positiva. Luego de distintos movimientos durante el primer semestre, la economía logró crecer 0,8% en junio frente a mayo. A su vez, el indicador de tendencia-ciclo, que permite observar la evolución de la actividad descontando los factores estacionales, registró una mejora de 0,2%.

En términos acumulados, la economía presenta una expansión de 1,9% durante los primeros seis meses del año. El registro muestra que, pese a la contracción observada en febrero, el balance del primer semestre permanece en terreno positivo.

El desafío ahora es determinar cuánto de este crecimiento puede transformarse en una recuperación más amplia y sostenida. El fuerte desempeño de la minería y el aporte del agro muestran sectores con capacidad para impulsar la actividad, pero el impacto sobre el conjunto de la economía dependerá de que esa expansión pueda irradiarse hacia la industria, la construcción, el comercio y los servicios.

La composición del crecimiento resulta, por eso, tan importante como el número general. Una economía que crece impulsada por sectores con capacidad de generar inversiones, exportaciones y divisas cuenta con una oportunidad para ampliar su frontera productiva. El desafío consiste en convertir esa ventaja en más encadenamientos locales, empleo privado y actividad en las regiones donde se desarrollan los proyectos.

La evolución de la minería aparece como una de las claves para ese proceso. Su crecimiento interanual del 15,6% superó ampliamente la expansión promedio de la economía y refuerza el papel que pueden asumir los recursos naturales en una estrategia orientada a aumentar la producción y las exportaciones.

El resultado de junio, de todos modos, no permite hablar todavía de una recuperación homogénea. El crecimiento agregado esconde comportamientos diferentes entre sectores, por lo que la sostenibilidad del ciclo dependerá de que la mejora alcance progresivamente a una mayor cantidad de actividades.

Con un crecimiento interanual de 2,7%, una expansión mensual de 0,8% y un acumulado anual positivo de 1,9%, el EMAE de junio deja una señal de recuperación. La pregunta económica para los próximos meses será si el impulso de los sectores más dinámicos puede convertirse en una expansión más generalizada, capaz de sostener inversión, empleo y consumo.

actividad económica emae_08_26 indec by CristianMilciades

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La economía cayó 0,5% en mayo y creció apenas 0,2% en el último año

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La economía argentina llegó a mayo con señales cada vez más claras de desaceleración y una composición profundamente desigual. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento interanual de apenas 0,2%, mientras que en la medición desestacionalizada cayó 0,5% respecto de abril.

El dato técnicamente mantiene a la actividad en terreno positivo frente al año pasado, pero revela que la recuperación perdió velocidad. Más aún: el crecimiento general se sostuvo gracias al desempeño de un reducido grupo de sectores primarios y extractivos, mientras que la industria manufacturera y el comercio, dos actividades centrales para la generación de empleo y el movimiento del mercado interno, profundizaron su retroceso.

El componente tendencia-ciclo, utilizado para identificar la dirección de fondo de la economía más allá de las oscilaciones mensuales, mostró una mejora de 0,2%. Esa variación evita hablar todavía de una contracción consolidada, aunque confirma una trayectoria de expansión extremadamente moderada.

Dos caídas mensuales en tres meses

La evolución de los primeros cinco meses de 2026 muestra una economía volátil, sin capacidad para encadenar una secuencia sostenida de crecimiento.

En enero, el EMAE avanzó 0,2% respecto de diciembre. En febrero cayó 2,5%, en marzo rebotó 2,8%, en abril volvió a retroceder 1,5% y en mayo disminuyó otro 0,5%.

De esta manera, la actividad registró bajas mensuales en tres de los últimos cuatro meses. El fuerte crecimiento de marzo alcanzó para compensar parte de esas pérdidas, pero no logró consolidar una tendencia expansiva.

En términos interanuales, la secuencia también muestra una marcada irregularidad: la economía creció 2% en enero, cayó 1,5% en febrero, saltó 6,2% en marzo, se moderó a 1,7% en abril y prácticamente se estancó en mayo, con una suba de apenas 0,2%.

Como resultado, el crecimiento acumulado entre enero y mayo fue de 1,7%, por debajo del 2,2% que se registraba al cierre de abril. El arrastre positivo del comienzo del año continúa, pero se reduce a medida que aparecen comparaciones más exigentes y se debilitan algunos motores de la actividad.

El magro crecimiento de mayo también debe leerse contra una base relativamente elevada. En mayo de 2025, la actividad había aumentado 5,3% interanual, en pleno proceso de recuperación después de la recesión de 2024.

El índice original alcanzó en mayo de 2026 los 165,5 puntos, apenas por encima de los 165,1 puntos registrados un año antes. En cambio, el índice desestacionalizado se ubicó en 153,6 puntos, por debajo de los 154,3 de abril y también lejos de los 156,7 alcanzados en marzo.

La comparación permite distinguir dos fenómenos. Por un lado, la economía conserva un nivel superior al observado durante buena parte de 2024. Por otro, desde comienzos de 2026 no logra atravesar con firmeza ese techo: los avances mensuales son interrumpidos rápidamente por nuevas correcciones.

Incluso la tendencia-ciclo, que creció 0,2% mensual y llegó a 154,7 puntos, dibuja una curva ascendente, pero de pendiente muy reducida.

El campo y la minería sostuvieron el resultado

Ocho de los quince sectores que integran el EMAE crecieron frente a mayo de 2025, mientras que siete registraron caídas. Sin embargo, el resultado general estuvo muy concentrado.

La explotación de minas y canteras encabezó las subas, con un incremento interanual de 15,7%. El sector mantiene una expansión de dos dígitos impulsada principalmente por la producción de petróleo y gas, y se consolida como uno de los motores más dinámicos de la economía argentina.

La agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 4,6%. Aunque su porcentaje fue inferior al de la minería, resultó el sector con mayor incidencia positiva sobre el índice general debido a su peso dentro de la estructura productiva.

Entre ambos aportaron 1,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE. Dicho de otro modo: sin el empuje conjunto del agro y la actividad minera, el resultado de mayo habría sido claramente negativo.

Electricidad, gas y agua también exhibió una expansión importante, del 8%, mientras que la construcción avanzó 1,9%. Este último dato permitió al sector volver al terreno positivo luego de haber caído 1,8% interanual en abril.

Los servicios sociales y de salud crecieron 0,8%; transporte y comunicaciones, 0,6%; las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, 0,4%; y la intermediación financiera, 1,5%.

La industria volvió a quedar en el centro de la caída

La contracara estuvo en la industria manufacturera, que cayó 5,6% frente a mayo de 2025. Fue la actividad con mayor incidencia negativa sobre el resultado general, una señal especialmente relevante por su capacidad para irradiar efectos sobre el empleo, la inversión, el transporte y las cadenas de proveedores.

La caída industrial de mayo fue, además, más profunda que la registrada en abril, cuando la baja había sido de 2,7%. El sector alternó un crecimiento de 5,2% en marzo con retrocesos de 2,4% en enero, 8,4% en febrero, 2,7% en abril y 5,6% en mayo.

La secuencia muestra que el repunte de marzo no alcanzó para revertir una tendencia de debilidad que atraviesa buena parte del entramado fabril.

El índice sectorial de la industria se ubicó en 114,4 puntos, por debajo de los 121,2 de mayo de 2025 y también de los 134,8 puntos que había registrado en mayo de 2023. La comparación expone que la producción manufacturera no solo perdió terreno durante el último año, sino que continúa alejada de niveles previos.

El comercio refleja la debilidad del consumo

El comercio mayorista, minorista y las reparaciones retrocedieron 4,3% interanual. El dato prolongó la caída de abril, que había sido de 3,2%, y se sumó a los descensos de enero y febrero.

El deterioro comercial representa una de las señales más directas sobre el estado del mercado interno. Aun cuando la desaceleración de la inflación permitió cierta recomposición de los ingresos reales, el consumo continúa condicionado por el debilitamiento del empleo, la pérdida de poder adquisitivo acumulada, el encarecimiento del crédito y la cautela de los hogares.

El índice del sector comercial descendió desde 160,9 puntos en mayo de 2025 hasta 153,9 en mayo de 2026. La actividad también quedó por debajo del nivel de marzo, cuando había alcanzado los 160,3 puntos.

Industria y comercio, junto con la pesca, restaron en conjunto 1,4 puntos porcentuales al resultado interanual. Ese aporte negativo fue superior a la expansión total del EMAE y debió ser compensado por las actividades primarias y extractivas.

La pesca registró el mayor derrumbe

La pesca sufrió la caída sectorial más pronunciada, con una baja interanual de 29,3%. El retroceso se produjo después de una contracción de 28,4% en abril y cortó el fuerte crecimiento registrado durante el primer trimestre.

Hoteles y restaurantes también pasaron a terreno negativo, con una disminución de 1,8%, después de haber permanecido sin variaciones en abril. Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales retrocedieron 1,3%.

La administración pública y la defensa cayeron 1,4% interanual, prolongando la reducción observada desde comienzos de 2025. Enseñanza disminuyó 0,1%, mientras que los impuestos netos de subsidios crecieron apenas 0,5%.

Una economía con motores de crecimiento poco intensivos en empleo

El informe de mayo describe una economía partida. De un lado aparecen el agro, la energía y la minería, actividades competitivas, generadoras de exportaciones y divisas, pero con una capacidad de creación directa de empleo relativamente menor que la industria, la construcción o el comercio.

Del otro lado se encuentran precisamente los sectores más vinculados con el mercado interno, el entramado de pequeñas y medianas empresas y la ocupación urbana. La caída fabril y comercial indica que la mejora de las variables macroeconómicas todavía no se traduce en una recuperación homogénea de la economía real.

La construcción ofreció una señal moderadamente favorable, aunque su crecimiento de 1,9% debe leerse con cautela: el nivel de actividad del sector se mantiene muy por debajo de sus registros de 2023. El índice de mayo fue de 124,4 puntos, contra 147 puntos en el mismo mes de aquel año.

Algo similar ocurre con hoteles y restaurantes. Pese a que el nivel sectorial es superior al de 2023 y 2024, en mayo mostró una caída interanual, lo que podría anticipar una pérdida de impulso en el consumo de servicios.

Del rebote a una meseta

Durante 2025, la economía había crecido 4,5% en el acumulado anual, impulsada en buena medida por la comparación contra la recesión de 2024. Ese efecto estadístico comenzó a diluirse.

En los primeros cinco meses de 2026, el avance acumulado se redujo al 1,7%. Mayo representa la expresión más clara de ese cambio: la actividad ya no compara contra los meses más profundos de la recesión, sino contra una economía que un año antes se encontraba en recuperación.

El desafío dejó de ser simplemente rebotar desde niveles bajos. Ahora consiste en transformar la estabilización en crecimiento sostenido, ampliar la recuperación hacia la industria y el comercio y generar una expansión capaz de mejorar el empleo y los ingresos.

Por el momento, el EMAE muestra una economía que evita la recesión, pero que tampoco consigue acelerar. El agro, la minería y la energía mantienen encendido el motor externo; la industria y el consumo interno, en cambio, continúan funcionando a media marcha.

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La Fundación Mediterránea advierte que la estabilidad macro aún no se traduce en una mejora real del empleo y los ingresos

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La desaceleración de la inflación, el equilibrio fiscal y la recuperación de algunos indicadores macroeconómicos aparecen como los principales logros exhibidos por el Gobierno nacional. Sin embargo, un informe de la Fundación Mediterránea plantea una advertencia de fondo: la estabilidad macroeconómica, por sí sola, no garantiza una mejora en las condiciones de vida de la población si no viene acompañada por una recuperación sostenida del mercado laboral formal y de los ingresos.

El trabajo, elaborado por las especialistas Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, sostiene que la economía argentina enfrenta un desafío estructural que excede el ordenamiento de las variables macroeconómicas. Según el análisis, el mercado de trabajo continúa mostrando elevados niveles de precarización, informalidad y presión laboral, factores que limitan el impacto social de la estabilización económica.

Los datos correspondientes al primer trimestre de 2026 reflejan esa contradicción. La tasa de desempleo se ubicó en 7,8%, equivalente a aproximadamente 1,8 millones de personas sin trabajo, un nivel prácticamente idéntico al registrado en igual período del año anterior. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad se observa un deterioro en otros indicadores clave.

La subocupación aumentó de 10% a 11,1%, alcanzando a unas 2,5 millones de personas que trabajan menos horas de las que necesitan para sostener sus ingresos. A su vez, al incorporar a quienes tienen empleo pero buscan otra ocupación o mayores horas laborales, la denominada presión laboral total trepa hasta el 23,6% de la población económicamente activa, involucrando a más de 5,3 millones de argentinos.

Para la Fundación Mediterránea, este indicador resulta especialmente relevante porque revela una situación de fragilidad económica que no aparece reflejada únicamente en la tasa de desempleo. La necesidad de complementar ingresos o conseguir más trabajo evidencia que una porción significativa de la población no logra cubrir sus necesidades básicas con su actividad actual.

El informe también pone el foco sobre la calidad del empleo. Durante el último año se perdieron alrededor de 100.000 puestos asalariados privados y otros 21.000 empleos públicos, mientras que el número de monotributistas aumentó en 90.000 personas. La dinámica refleja una sustitución parcial del empleo asalariado por formas de ocupación más flexibles, aunque generalmente con menores niveles de protección social.

A este fenómeno se suma la persistencia de una elevada informalidad laboral. Según el estudio, el 44,2% de los ocupados trabaja sin aportes jubilatorios ni cobertura de seguridad social, lo que equivale a unos 9,2 millones de personas. Se trata de uno de los principales obstáculos para que el crecimiento económico pueda traducirse en una mejora sostenible del bienestar.

“La heterogeneidad que exhibe el mercado laboral argentino pone de manifiesto que la estabilización macroeconómica, aun siendo un paso indispensable, no garantiza por sí misma una mejora en las condiciones de vida”, señala el documento. El diagnóstico apunta a que el país enfrenta problemas estructurales que requieren políticas específicas orientadas a la generación de empleo formal y productivo.

El análisis también muestra fuertes diferencias territoriales. En ocho provincias la presión laboral supera el promedio nacional. En los partidos del Gran Buenos Aires, por ejemplo, la problemática se expresa a través de mayores niveles de desempleo y competencia por los puestos de trabajo disponibles. En otras jurisdicciones como Río Negro, Santiago del Estero, Formosa o Chubut, la menor presión laboral convive con altas tasas de inactividad, un fenómeno que refleja la salida de personas del mercado laboral más que una mejora efectiva de las condiciones económicas.

Desde una perspectiva económica, el informe plantea que la verdadera prueba para la actual etapa de estabilización será su capacidad para generar empleo de calidad. “El desafío ya no pasa solamente por crear puestos de trabajo, sino por mejorar su calidad”, remarcan las autoras.

La conclusión del trabajo utiliza una analogía futbolística para resumir el escenario actual. Si la estabilidad macroeconómica representa una defensa ordenada, el empleo formal y los ingresos constituyen la capacidad ofensiva de una economía. En otras palabras, mantener el equilibrio fiscal y controlar la inflación son condiciones necesarias, pero insuficientes, para mejorar el bienestar social si no se generan oportunidades laborales capaces de sostener el crecimiento del consumo y la movilidad económica de los hogares.

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El superávit comercial del primer trimestre cierra cinco veces arriba del balance positivo de 2025

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El comercio exterior argentino consolidó en marzo una de sus mejores performances de los últimos años. Con un superávit de USD 2.523 millones -el mayor para ese mes desde 2010- el país acumula ya 28 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza comercial.

El dato no es menor: el resultado supera en USD 1.899 millones al de marzo de 2025 y se apoya en una dinámica clara -exportaciones en fuerte expansión y una demanda de importaciones todavía contenida- que refleja tanto oportunidades como limitaciones estructurales de la economía argentina.

En el acumulado del primer trimestre, el superávit alcanzó USD 5.508 millones, quintuplicando el registro del mismo período del año pasado, detalla un estudio de la consultora ABECEB.

El motor: exportaciones en máximos históricos

El principal driver del resultado fue el salto exportador. Las ventas externas totalizaron USD 8.645 millones en marzo, un récord histórico mensual, con un crecimiento interanual del 30,1% y un fuerte avance también respecto a febrero.

La expansión estuvo explicada principalmente por mayores cantidades exportadas (+25,3% interanual), mientras que los precios mostraron una suba más moderada.

El impulso vino, en gran medida, del sector primario, que creció 56,2% interanual, traccionado por cereales, pesca y oleaginosas. El maíz se consolidó como el principal producto exportado del mes, con USD 992 millones y una suba del 51,3%.

A esto se sumó un fuerte desempeño del complejo minero —con subas en oro, litio y plata— y del sector energético, que aportó un superávit de USD 945 millones gracias a mayores exportaciones y una fuerte caída de importaciones.

También las manufacturas de origen agropecuario mostraron una mejora relevante, impulsadas por carnes y aceites, en un contexto donde los precios internacionales acompañaron.

Importaciones: el límite de la actividad

Del otro lado de la balanza, las importaciones mostraron un crecimiento muy moderado del 1,7% interanual, totalizando USD 6.122 millones.

Sin embargo, detrás de ese leve aumento hay una señal clara: las cantidades importadas cayeron 3,7%, lo que refleja una economía con bajo nivel de actividad, especialmente en sectores como la industria.

El incremento en valores respondió, en realidad, a un aumento de precios (+5,8%), lo que sugiere que la recuperación de la demanda interna sigue siendo débil.

Los datos sectoriales refuerzan esta lectura. Mientras crecieron los bienes intermedios y de consumo, cayeron rubros clave como combustibles y piezas para bienes de capital, vinculados a la inversión y la producción.

Una mejora que es también síntoma de debilidad

El superávit comercial elevado es, en parte, una buena noticia: fortalece las cuentas externas y aporta dólares en un contexto de restricciones financieras.

Pero también expone una fragilidad: el resultado se explica más por la debilidad de las importaciones que por una expansión equilibrada del comercio.

La caída en las cantidades importadas, especialmente en bienes de capital, sugiere un freno en la inversión y en la capacidad de crecimiento futuro de la economía.

Perspectivas: más superávit, pero con interrogantes

Para el resto de 2026, el escenario mantiene un sesgo positivo en términos de saldo comercial. Las proyecciones apuntan a un superávit en torno a los USD 13.000 millones, con posibilidad de acercarse a los niveles de 2024.

El impulso vendría, nuevamente, por el lado exportador: cosecha agrícola, minería y energía aparecen como los principales motores.

Sin embargo, hay factores de riesgo. El menor dinamismo global, los costos logísticos elevados y la evolución del conflicto en Medio Oriente pueden alterar tanto precios como volúmenes de comercio.

En paralelo, el desempeño de las importaciones seguirá atado a la evolución de la actividad económica local: sin recuperación del consumo y la industria, el superávit podría seguir creciendo, pero más por restricción que por expansión.

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