Agricultura Familiar

Agro financia la reconstrucción de invernaderos dañados por el temporal en Gobernador Roca

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Misiones lanza una línea de microcréditos para productores hortícolas afectados por la tormenta en Gobernador Roca.

El Ministerio del Agro y la Producción financiará la reconstrucción de invernaderos dañados, con créditos a tasa 0%, período de gracia y acompañamiento técnico para garantizar la recuperación productiva del sector hortícola.

Asistencia inmediata para mitigar el impacto del temporal

El Gobierno de Misiones, a través del Ministerio del Agro y la Producción, anunció una línea de microcréditos destinada a los productores hortícolas afectados por la tormenta registrada el lunes pasado en Gobernador Roca. La medida alcanza a cerca de 20 familias productoras que sufrieron daños en sus estructuras productivas y busca asegurar una recuperación rápida y sustentable del sistema de invernaderos.

La entrega del financiamiento y materiales está prevista para el lunes 13 de octubre, en un acto que contará con la presencia del ministro Facundo López Sartori, junto a representantes de la Feria Franca, del IMAC y del equipo técnico de la Subsecretaría de Desarrollo y Producción Vegetal.

El programa incluye la provisión de plásticos de recubrimiento —un rollo de 50 metros por productor— y microcréditos a tasa 0%, con tres meses de gracia y devolución en tres cuotas de $95.000. Esta herramienta permitirá a los productores reparar los daños estructurales y retomar la producción de manera sostenida.

“Hoy el gobierno misionero está demostrando que puede actuar con reflejos, de forma ágil y atenta. Estamos cambiando el paradigma de los tiempos del Estado: cuando hay una emergencia, la respuesta debe ser inmediata. Ese es el compromiso con nuestros productores”, afirmó López Sartori, al presentar la iniciativa.

Una política de respuesta ágil ante emergencias climáticas

La acción se enmarca en una estrategia integral de respuesta territorial del Gobierno provincial, que articula con los municipios para acompañar a los sectores más sensibles ante fenómenos meteorológicos extremos.

La coordinación entre el Ministerio del Agro y la Producción y la Municipalidad de Gobernador Roca, a cargo de Rosendo Lukowski, permitió realizar un relevamiento rápido de los daños y definir medidas concretas de asistencia.

Desde la cartera agraria subrayan que la iniciativa no solo apunta a la reparación de infraestructura, sino también a fortalecer la resiliencia del sistema hortícola familiar, clave para el abastecimiento local y la seguridad alimentaria de la provincia.

El acompañamiento técnico del Ministerio incluirá la capacitación para la reconstrucción de estructuras más resistentes y el asesoramiento sobre buenas prácticas agrícolas orientadas a mitigar riesgos ante futuros eventos climáticos.

El sector hortícola, eje estratégico de la economía misionera

La horticultura es una de las actividades productivas más dinámicas dentro de la agricultura familiar misionera, con fuerte presencia en los mercados locales y ferias francas. En ese marco, la asistencia financiera y técnica que impulsa el Estado provincial busca garantizar la continuidad del trabajo rural y sostener el ingreso de las familias productoras.

“Estas acciones son parte de una visión más amplia de desarrollo rural: cada productor que puede volver a sembrar es una familia que recupera su fuente de ingreso y una comunidad que mantiene viva su economía local”, sostuvieron desde el Ministerio.

Con este programa, Misiones reafirma su modelo de intervención ágil y descentralizada, que prioriza la atención inmediata y el fortalecimiento de las economías regionales frente al cambio climático y la volatilidad meteorológica.

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Misiones y Basavilbaso sellaron un convenio para fortalecer la agricultura familiar y la agroecología

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Basavilbaso, Entre Ríos. La ciudad natal de Fabián Tomasi fue escenario de un acuerdo histórico: la Municipalidad de Basavilbaso y la Secretaría de Estado de Agricultura Familiar de Misiones firmaron un Convenio Marco de Colaboración Institucional para potenciar la agricultura familiar, la agroecología y la soberanía alimentaria mediante acciones conjuntas de cooperación, formación e intercambio de experiencias.

El entendimiento fue rubricado por el intendente Mario Hernán Besel y la secretaria de Agricultura Familiar de Misiones, Marta Ferreira, con la participación de Juan Carlos Furlán, en representación de la provincia de Misiones.

El convenio formaliza una cooperación que ya venía desarrollándose en la práctica. Productores agroecológicos de Basavilbaso, especializados en granos como trigo y maíz, vienen asesorando a pequeños agricultores de Misiones, aportando su experiencia en producción a escala con técnicas sustentables.

A cambio, Misiones compartirá con la ciudad entrerriana su trayectoria en legislación, organización de ferias francas, bancos de semillas y promoción de huertas urbanas, consolidando un esquema de intercambio bidireccional que beneficia a ambos territorios.

“Es un día histórico para Misiones y para Basavilbaso, porque entendemos que la agroecología es el camino. Este convenio nos permitirá avanzar en el resguardo de semillas nativas y criollas y en la difusión de prácticas que fortalecen la salud de los pueblos y de la tierra”, expresó Furlán tras la firma.

Un puente agroecológico

El documento establece una agenda compartida con objetivos concretos:

  • Producción agroecológica y certificación participativa.
  • Promoción de huertas urbanas y periurbanas para fomentar el consumo de alimentos saludables y de cercanía.
  • Intercambio y resguardo de semillas nativas y criollas, mediante ferias, bancos comunitarios y redes de guardianes.
  • Innovación tecnológica y social para la adaptación frente al cambio climático.
  • Formación e investigación en buenas prácticas y soberanía alimentaria.

La Secretaría de Agricultura Familiar de Misiones aportará asistencia técnica, capacitaciones, acceso a su Banco de Semillas y materiales de trabajo. En tanto, la Municipalidad de Basavilbaso pondrá a disposición espacios públicos para huertas demostrativas, viveros y ferias, además de generar normativas locales que impulsen la comercialización de productos agroecológicos.

El convenio marca un precedente en la cooperación interprovincial en materia de desarrollo sustentable. Representa un paso firme hacia la construcción de políticas públicas de largo plazo, orientadas a enfrentar los desafíos del cambio climático, la soberanía alimentaria y la producción responsable.

“Que Basavilbaso, ubicada en plena zona núcleo de la agricultura convencional, apueste por la agroecología, es un gesto de enorme valor. Significa abrir un camino alternativo, necesario e indispensable”, remarcaron desde la comitiva misionera.

Con esta alianza, Misiones consolida su liderazgo en políticas de agricultura familiar y Basavilbaso se incorpora a la red de territorios que avanzan hacia un modelo productivo más inclusivo y respetuoso con el ambiente.

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Toda lucha se gana asegurando la comida

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Eugenio Kasalaba y sus recuerdos a 30 años del inicio de la Feria Franca de Oberá

El próximo 26 de agosto se cumplen tres décadas del inicio de la Feria Franca en Oberá, un modelo nacido en plena crisis rural de los ’90 que transformó la vida de miles de familias agricultoras en Misiones. Hoy, la celebración es también una invitación a revisar el camino y volver a la mística que consolidó al movimiento.

Los comienzos: organización y resistencia

Uno nunca olvida el primer día”, recuerda Eugenio Kasalaba, uno de sus fundadores. “Fue un sábado 26 de agosto de 1995. Éramos menos de diez productores y, pese al frío y la sequía, nos animamos a empezar con mesas prestadas por la municipalidad. Michel Guilbard nos decía: ‘Probemos hasta fin de año a ver cómo nos va’. Treinta años después, seguimos acá”.

La Feria Franca nació como respuesta al abandono de chacras y la emigración de jóvenes. Con el apoyo del Movimiento Agrario de Misiones, INTA, Programa Social Agropecuario, Cáritas y municipios, se creó una alternativa para sostener al pequeño productor en su tierra. El lema que los guiaba era claro: “toda lucha se gana asegurando la comida”.

Un modelo que se expandió

De Oberá, la experiencia se multiplicó en Posadas, Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem, Apóstoles y numerosas localidades. Nombres como Mariana Müller, Jorge Peñalba o Lucía Petri dejaron huella, demostrando que detrás de cada feria hay historias de esfuerzo, solidaridad y dignidad campesina.

Nuevos desafíos, misma mística

Hoy, la Feria Franca enfrenta el desafío de modernizarse: digitalizar la venta, incorporar medios de pago y llegar a los hogares con nuevas formas de distribución. Sin embargo, sus referentes advierten que el mayor reto es volver a las fuentes y recuperar la mística: la solidaridad, la capacitación permanente, el trabajo en equipo y el sentido comunitario que le dieron vida.

Más que un mercado

Treinta años después, la Feria Franca sigue siendo símbolo de soberanía alimentaria, organización comunitaria y resistencia campesina. Como recuerda Kasalaba, citando a Michel Guilbard: “Si uno tiene tierra, tiene que plantar. Porque en la chacra está la posibilidad de vivir y de sostener a la familia”.

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Agroecología en crecimiento: yerbateros de Guaraní y Los Helechos adoptan prácticas sostenibles

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Productores de yerba mate en Misiones dan un paso clave hacia la certificación agroecológica

En la cooperativa La Caiyal, ubicada en Colonia Yapeyú, municipio de Guaraní, 12 productores de yerba mate provenientes de Los Helechos y Guaraní firmaron su adhesión al Sistema de Certificación Participativa, marcando el inicio de su transición hacia la producción agroecológica. Durante el encuentro, también recibieron los certificados de inscripción que formalizan su incorporación al sistema, consolidando su compromiso con un modelo de agricultura sostenible y respetuoso del medioambiente.

El Sistema de Certificación Participativa se presenta como una herramienta clave en este proceso. Este enfoque incluye a productores, organizaciones y consumidores en la evaluación y validación de prácticas agroecológicas, garantizando la calidad de los alimentos mientras fomenta vínculos más estrechos entre quienes producen y quienes consumen.

Compromiso con la agroecología y la soberanía alimentaria

Con la adhesión formal, los productores se comprometen a implementar técnicas agrícolas que regeneren los suelos, preserven la biodiversidad y reduzcan el uso de insumos químicos. Esta transición no solo contribuye al cuidado del ambiente, sino que también promueve la soberanía alimentaria al priorizar métodos de producción locales y sostenibles.

“La agroecología representa una alternativa concreta para construir un futuro más equitativo, consciente y respetuoso con nuestro entorno. Este avance refuerza el compromiso del sector yerbatero con una visión que beneficia tanto al medioambiente como a las comunidades,” destacaron referentes del sistema.

Un puente hacia la sostenibilidad

La entrega de certificados y la firma de adhesión son pasos fundamentales que reflejan el interés creciente por prácticas agrícolas sostenibles dentro del sector yerbatero de Misiones. El rol de la certificación participativa resulta crucial, no solo como un mecanismo de validación, sino también como un puente para fomentar una agricultura más consciente y equilibrada.

Esta iniciativa destaca el impacto positivo de la colaboración entre diversos actores y reafirma el liderazgo de Misiones en la promoción de modelos productivos que integran la sostenibilidad con la salud de las comunidades. La transición agroecológica de estos productores de yerba mate se posiciona como un ejemplo a seguir en el camino hacia un sistema agroalimentario más justo y respetuoso con el medioambiente.

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El hambre persiste en Brasil mientras tiene récord de exportaciones agrícolas

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Por Mario Osava / Inter Press Service – Brasil logró reducir el hambre en 2023, pero aún quedan 8,7 millones de ciudadanos en inseguridad alimentaria grave en el país que se destaca como uno de los mayores exportadores agrícolas.

El gubernamental Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) constató una mejora en relación a su estudio anterior, de 2017-2018, cuando se estimó en 10,3 millones de personas en situación de hambre.

Pero la recuperación no alcanzó los niveles de 2013, cuando Brasil alcanzó índices de seguridad alimentaria que lo sacaron el año siguiente del Mapa del hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), adonde volvió en 2022.

La cantidad de brasileños en inseguridad alimentaria grave aún suman 20 % más que en 2013, según los datos de IBGE. Eso se debe básicamente a tres traumas que afectaron el país en los últimos diez años.

Una fuerte recesión económica en 2015-2016 provocó una caída de 6,8 % del producto bruto interno, con el consecuente desempleo y daños sociales.

En su gobierno de 2019 a 2022 el expresidente Jair Bolsonaro, de extrema derecha, eliminó o rebajó varias políticas económicas y sociales que promovían la seguridad alimentaria.

Para colmo, del inicio de 2020 a mayo de 2023 tuvo lugar la pandemia de covid-19 que mató más de 700 000 brasileños, llenó hospitales y descompuso la actividad económica, todo agravado por el negacionismo de Bolsonaro, que condenaba medidas preventivas como el aislamiento y recomendaba como medicación la antimalárica cloroquina.

Pero además de esos factores coyunturales, dificulta la meta del “hambre cero” un desarrollo agrícola que prioriza la producción de materias primas, o commodities en el inglés dominante, para exportación, en lugar de alimentos. Eso conduce a la contradicción del hambre en una potencia agrícola como Brasil.

El país exportó 165 050 millones de dólares en productos agropecuarios en 2023, diez veces más que los 16 470 millones de dólares de importaciones. La soja aportó 40 % de todas de esas ventas externas.

Agricultura familiar conta el hambre

“El combate al hambre depende de la agricultura familiar, que esa si produce alimentos para la población local”, destacó Rodrigo Afonso, director ejecutivo de la no gubernamental Acción de la Ciudadanía, que nació en 1993 con el nombre largo complementado por “contra el hambre, la miseria y por la vida”.

En Brasil y en otros países suele decirse que los pequeños agricultores producen 70 % de los alimentos, pero es una exageración imprecisa. El censo agropecuario de 2017, hecho por el IBGE, apunta el sector como responsable de 80 % de la producción de mandioca (yuca), 42 % de los frijoles, 64,2 % de leche pero solo 31 % del ganado vacuno.

De todos modos, son vitales para la alimentación, especialmente de alimentos frescos, saludables, de producción local.

La reducción de la inseguridad alimentaria en la primera década y media de este siglo en Brasil se debió en buena parte a programas de alimentación escolar y de compras estatales de la agricultura familiar, impulsados en los dos primeros períodos (2003-2010) de gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, nuevamente elegido para un tercer período (2023-2026).

Además se incrementó el crédito a ese subsector que corresponde a 77 % de los 5,07 millones de establecimientos agropecuarios de Brasil, según el censo sectorial de 2017. De ese total 46,6 % se ubica en la región Nordeste, hecho que explica el impacto regional de las políticas que benefician la agricultura familiar.

Un incremento de la producción alimentaria podría atenuar la persistente inflación de los alimentos básicos que afecta actualmente la seguridad alimentaria de los pobres brasileños, ejemplificó Afonso a IPS.

Por eso aumentar la productividad de la agricultura familiar es una prioridad del actual gobierno brasileño, que volvió a reponer en la agenda el combate al hambre, incluso como propuesta al Grupo de los 20 países de economías más importante (G-20), actualmente bajo la presidencia de Brasil.

Mecanización necesaria

Para eso es necesario mecanizar esa pequeña agricultura, hasta ahora “rudimentario, manual, incluso por el tamaño de los predios que no comportan máquinas grandes”, observó Maria Gomes, responsable del sector de producción, cooperación y medio ambiente del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en el Nordeste.

Solo 14,5 % de los agricultores familiares poseen tractores y estos se concentran en la región Sur de Brasil, donde el índice alcanza 39,5 %, mientras en el Nordeste, la patria de la agricultura familiar, están presentes en solo 3,2 % de los establecimientos, según el censo de 2017.

Se empezó a importar máquinas agrícolas chinas para esa actividad, pero ellas “tienen que ser probada, estudiadas y adaptadas” a la realidad campesina brasileña, comentó Gomes a IPS, por teléfono desde Natal, capital del estado nororiental de Rio Grande do Norte.

Una buena señal es el programa Nueva Industria Brasil, anunciado por el gobierno en enero de 2024, que fija como meta mecanizar 70 % de la agricultura familiar hasta 2033, pero habrá que detallar “como llegar allá, el costo, el crédito para permitir el acceso de las familias a las máquinas y la asistencia técnica”, acotó.

“La mecanización es una contribución importante a la seguridad alimentaria. Además de incrementar la productividad, reduce el trabajo penoso. Pero hay otros factores como la tierra, sin la cual no se produce comida, por lo tanto la reforma agraria aún es determinante”, sostuvo.

Por eso no se debe apartar el proceso de mecanización de otras acciones, como crédito, semillas, energías renovables y el agroindustrialización, según las condiciones de cada territorio”, concluyó.

La alimentación escolar, en que 30 % de los alimentos deben de provenir de la agricultura familiar, es uno de los programas que promueven la seguridad alimentaria, especialmente em la población infantil. Imagen: Mario Osava / IPS

Dificultades regionales y políticas

Las desigualdades regionales dificultan el combate al hambre. La inseguridad alimentaria moderada y grave, que indican escasez cuantitativa o cualitativa de alimentos, afecta 16 % de la población del Norte amazónico y 14,8 % de la del Nordeste, contra un promedio nacional de 9,4 %.

El hambre, o inseguridad grave, alcanza 4,1 % de los 203 millones de brasileños, según el estudio de 2023.

“Ese año la Amazonia sufrió una sequía muy fuerte, no un estiaje normal. Comunidades quedaron aisladas, perdieron sus semillas, no pudieron cultivar la mandioca, el pan de la Amazonia”, observó Maria Emilia Pacheco, expresidenta del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Consea) e investigadora de la organización no gubernamental Fase.

Además los pueblos indígenas y tradicionales de la región son afectados por la invasión de la minería informal, el garimpo, que envenena de mercurio a los ríos afectando la pesca, la deforestación y la expansión de los monocultivo agrícolas. Las agresiones al ambiente y al clima golpean la alimentación de la población local, advirtió Pacheco.

Factores políticos también afectan la alimentación de los más pobres. El expresidente Bolsonaro desactivó el Consea, con dos tercios de representantes de la sociedad civil y un tercio de gobernantes para recomendar políticas públicas.

Su reactivación en 2023 ocurre en un momento de limitaciones en la política social, con recursos reducidos porque el presupuesto fue hecho por el gobierno anterior, de Bolsonaro. Y actualmente, un Congreso conservador frena la restauración de las políticas sociales, señaló Afonso.

Aún así, la reanudación del combate al hambre obtuvo resultados prometedores, especialmente si los datos de 2023 se comparan con los de un estudio de la Red de Investigación en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Penssan), de investigadores universitarios, hecho en 2022.

En un año del nuevo gobierno del presidente Lula se logró reducir de 33 millones a 8,7 millones los brasileños en inseguridad alimentaria grave, es decir hambre en algunos días, y a la mitad, de 125 millones a 64,1 millones, los que sufren inseguridad en general, ligera, moderada y grave.

Analistas cuestionaron la comparación, pero pese a algunas alteraciones en la metodología, es válida la confrontación, porque ambos estudios se basan en las mismas preguntas hechas a la población, aunque la Red Penssan consultó menos gente y con menos preguntas, evaluó Rodrigo Afonso.

Mario Osava es corresponsal de IPS desde 1978 y encargado de la corresponsalía en Brasil desde 1980
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