Tras el fuerte repunte registrado en marzo, la actividad económica argentina habría vuelto a mostrar señales de enfriamiento durante abril. Mediciones privadas de las consultoras Analytica y Orlando J. Ferreres coinciden en que la economía registró una nueva contracción mensual, reflejando una recuperación todavía irregular y dependiente de pocos sectores dinámicos. Mientras el agro, la minería y algunos segmentos industriales vinculados a las exportaciones sostienen el nivel de actividad, el mercado interno, la industria manufacturera, el comercio y el sector automotor continúan mostrando debilidad.
Las estimaciones llegan en momentos en que el Gobierno nacional apuesta a una aceleración de la recuperación económica durante el segundo semestre. Sin embargo, los indicadores privados sugieren que la economía sigue transitando un recorrido errático, con avances y retrocesos mensuales que dificultan consolidar una tendencia de crecimiento sostenido.
Según el Índice Líder de Actividad (ILA) elaborado por Analytica, la actividad económica cayó 0,8% en abril respecto de marzo. La consultora atribuyó el retroceso a una contracción generalizada en la mayoría de los indicadores relevados, especialmente por la debilidad de la demanda interna, la industria pesada y el sector automotor.
En la misma línea, el Índice General de Actividad (IGA) de Orlando J. Ferreres registró una baja desestacionalizada de 0,7% respecto del mes anterior. Para la consultora, el comportamiento de la economía continúa mostrando una dinámica de “serrucho”, con fuertes oscilaciones que impiden consolidar una recuperación homogénea.
Industria y consumo, los sectores más rezagados
La industria manufacturera volvió a ser uno de los principales focos de preocupación. Analytica señaló que solo algunos segmentos de la siderurgia mostraron números positivos, mientras que gran parte de la actividad industrial permaneció en terreno negativo. Los grandes usuarios industriales también redujeron su demanda eléctrica, una señal consistente con la desaceleración productiva.
Ferreres fue incluso más contundente: estimó una caída interanual del 2% para la industria manufacturera durante abril y un retroceso acumulado de 2,5% en el primer cuatrimestre del año. Entre los datos más relevantes aparece una baja del 17,5% en la producción automotriz respecto de igual mes del año pasado, acompañada por menores despachos de cemento y una reducción en la faena bovina.
El sector automotor también mostró números negativos. La producción de vehículos cayó 4,3% respecto del mes previo, mientras que los patentamientos retrocedieron 3%. A su vez, las ventas a concesionarios bajaron 5,6%, reflejando la persistente cautela del consumo.
Agro y minería sostienen la actividad
El agro continúa siendo uno de los pilares de la economía argentina, aunque en abril también mostró algunas señales de desaceleración. El índice IACA-BCR registró una baja mensual de 2,6% debido a las abundantes lluvias que retrasaron las tareas de cosecha y complicaron la logística. Sin embargo, en la comparación interanual el sector mantuvo una expansión del 16,5%, impulsada por las exportaciones de maíz y girasol y por la recuperación de algunos complejos productivos.
La minería y la actividad petrolera continuaron exhibiendo uno de los mejores desempeños de la economía. Ferreres destacó que el sector de minas y canteras creció 7,3% en abril, impulsado principalmente por el desarrollo de Vaca Muerta y los elevados niveles de producción de hidrocarburos.
Construcción: señales mixtas
La construcción mostró comportamientos divergentes según el segmento analizado. Por un lado, el Índice Construya avanzó 5% respecto de marzo, reflejando una recuperación de la obra privada. Por otro, el consumo de cemento cayó 7,7%, evidenciando que la obra pública y los proyectos de mayor escala continúan afectados por el ajuste fiscal y la menor inversión estatal.
Caputo apuesta al segundo semestre
Las mediciones privadas contrastan con el optimismo expresado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien aseguró que a partir de junio comenzarán “los mejores 18 meses de las últimas décadas”. El funcionario confía en que la consolidación del equilibrio fiscal, la desaceleración inflacionaria y las reformas impulsadas por el Gobierno generen un entorno más favorable para la inversión y el empleo.
Sin embargo, tanto Analytica como Ferreres coinciden en que la recuperación sigue siendo desigual. Mientras algunos sectores vinculados a las exportaciones muestran dinamismo, el mercado interno todavía no logra despegar y el consumo continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.
La relación entre el Gobierno nacional y el campo volvió a exhibir señales de tensión. Esta vez, el protagonista fue Sergio Iraeta, secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, quien durante su exposición en el congreso Maizar dejó una frase que rápidamente se viralizó: “Si no le ponemos un poco de flow a la República Argentina, no vamos a salir nunca del pantano”.
El episodio ocurrió en medio de un clima de frialdad por parte de productores y empresarios agropecuarios frente a los recientes anuncios oficiales sobre baja de retenciones. Desde el escenario, y ante una reacción apagada del auditorio, Iraeta lanzó incluso un pedido explícito de aplausos: “Empezá a aplaudir, así aplaude alguien”, dijo, intentando romper la incomodidad del momento.
El funcionario, hombre de confianza de Javier Milei para el área agropecuaria, dejó en claro su malestar por la escasa reacción positiva del sector luego de las medidas anunciadas por el Gobierno. “Bajaste la retención hace tres días y es como si no hubieras hecho nada”, sostuvo durante su discurso.
La intervención expuso un dato político relevante: pese a que la administración libertaria eliminó restricciones a exportaciones, redujo aranceles y comenzó a delinear un cronograma de baja de retenciones, todavía persiste un nivel importante de desconfianza dentro del agro, uno de los sectores históricamente más enfrentados con los gobiernos kirchneristas y, al mismo tiempo, uno de los principales aliados electorales de Milei.
En ese contexto, Iraeta buscó transmitir un mensaje de respaldo político al rumbo económico del oficialismo. “Cambiemos el ánimo”, reclamó ante productores y empresarios, insistiendo en que el sector debe acompañar el proceso para evitar un eventual regreso de políticas intervencionistas.
El funcionario también apeló a una narrativa histórica sobre el vínculo entre el Estado y el agro. Sostuvo que durante años el campo fue tratado como “el villano de una historia mal contada” y acusó a gobiernos anteriores de utilizar al sector como fuente permanente de recursos fiscales.
Uno de los momentos más comentados llegó cuando reconoció el desgaste que implica ocupar un cargo público en medio de las críticas permanentes. “Leés un tuit de un productor que está del mismo lado y te dan ganas de agarrar el sulky a patadas”, expresó.
La escena reflejó la complejidad del momento político y económico que atraviesa el vínculo entre el Gobierno y el agro. Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, avanza con un cronograma de reducción de retenciones y el oficialismo busca consolidar apoyo en sectores productivos, persisten reclamos por competitividad, presión fiscal y falta de rentabilidad en distintas cadenas agroindustriales.
Iraeta reconoció además que existen “limitantes presupuestarias” y admitió que todavía quedan desafíos pendientes para mejorar la situación del sector. Sin embargo, insistió en que el Gobierno está haciendo “lo imposible” para devolverle competitividad al campo.
Más allá de la anécdota de los aplausos, el episodio dejó al descubierto un dato de fondo: el Gobierno necesita que el campo no solo acompañe las medidas económicas, sino también que valide políticamente el rumbo libertario en un contexto donde las tensiones productivas, fiscales y cambiarias siguen atravesando al interior profundo de la Argentina.
El anuncio de menores DEX para trigo y cebada ofrece alivio a los márgenes agrícolas, apuntalando decisiones de siembra e inversión de cara a la nueva campaña. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario el impacto fiscal de la medida para el ciclo en curso se estima en US$ 29 M.
En un contexto internacional de fuerte encarecimiento de los insumos para la siembra de granos, el anuncio de la baja de la baja de derechos de exportación para trigo y cebada del actual 7,5% al 5,5% a partir de junio colabora en dar aire a los márgenes esperados del productor, en el tramo final de decisiones de cara a la campaña 2026/27.
En efecto, según reportó SAGyP, al 21 de mayo la siembra de trigo y cebada avanzó sobre el 3% y 6%, respectivamente, del área de intención. En cebada, casi el 92% de la producción se concentra en Provincia de Buenos Aires, en tanto en trigo, más disperso geográficamente, el Norte argentino y la provincia de Entre Ríos destacan en los avances de labores, con una cobertura promedio del 30% de la superficie a implantar.
Mientras tanto, la fuerte suba que registraron los combustibles y fertilizantes a partir del conflicto armado en Medio Oriente y que llevó la relación urea/trigo al valor más alto de la historia -nunca hubo que entregar tantos kilos de trigo para recibir uno de urea- habían puesto en jaque la intención de siembra y las previsiones de inversión en paquetes tecnológicos.
Como referencia, a los precios actuales, fertilizantes y fletes (impactado por la suba del gasoil), explicaban en conjunto el 54% de los costos de producción del trigo, incluso para un campo modelo que se encuentra a 150 km del puerto de Rosario. El costo del flete, por supuesto, aumenta proporcionalmente a medida que la producción se aleja de los núcleos de consumo. De este modo, el margen neto en campo propio quedaba en 94 US$/ha según estimaciones de GEA-BCR, hundiéndose a US$ 103 de pérdida en caso del campo alquilado.
Respecto al impacto preliminar de la baja de retenciones sobre el mercado, y habida cuenta que la medida aún no ha sido oficializada en el Boletín Oficial y recién comenzaría a regir a partir de junio, en el presente análisis se estima el efecto sobre el FAS teórico tomando como referencia las cotizaciones actuales.
Enfocándonos en el caso del trigo, de implementarse la medida, ésta se traduce en una mejora directa en la capacidad de pago compradora tanto para las posiciones con descarga próxima como para la nueva cosecha. Tal como se puede ver en el cuadro adjunto, en base a los precios actuales, la capacidad teórica de pago mejoraría en torno a 2,2 y 2,3% en el conjunto de posiciones. En términos absolutos, el FAS teórico mejora entre 4,8 y 4,9 dólares por tonelada con el nuevo esquema de DEX para el producto. Por el lado de los tramos de la nueva cosecha, se remarca que aún no hay ofertas abiertas de mercado para el trigo, por lo que se utiliza únicamente la referencia del FOB oficial para el cálculo en su conjunto.
En tanto, con relación al impacto fiscal de la baja de alícuotas de derechos de exportación de 2 p.p. para trigo y cebada en la campaña actual, éste es relativamente acotado. Una buena proporción del total de exportaciones estimadas para la campaña en ambos cultivos ya ha sido vendida al exterior. En el caso del trigo, resta vender 5,3 Mt de las 19 Mt de exportaciones estimadas para todo el ciclo, mientras que, en cebada, el remanente asciende a 500.000 t para la cervecera y 200.000 t para la forrajera.
Si se tiene en consideración ese saldo remanente a los precios FOB promedio para el período junio-noviembre del corriente año, el costo fiscal para el trigo asciende a US$ 26,2 millones, mientras que para cebada totaliza US$ 3,3 millones. Este costo podría incluso verse reducido si se asume que la rebaja de retenciones incentiva las ventas externas, y lleva a las exportaciones totales para el ciclo triguero 2025/26 a 20 Mt. En ese caso, el costo fiscal sería de apenas US$ 12,7 millones para el cereal de invierno.
Para la próxima campaña 2026/27, en tanto, las proyecciones de producción y exportaciones son aún muy preliminares, y el cambio en la política comercial aún está a tiempo de apuntalar las siembras y la inversión. Sin embargo, tomando como base la intención de siembra proyectada en mayo, el costo fiscal total de la medida asciende a apenas US$ 78 millones entre trigo y cebada, que podría ser compensado por el aumento en la producción y el comercio externo de cara a la campaña fina. Como referencia, si las exportaciones trigueras 2026/27 suben a 13,5 Mt, el costo fiscal de la medida se reduce a US$ 47 M para ese cereal; en tanto que, si suben a 14,5 Mt, el costo ajusta a US$ 34 M.
Para cerrar el capítulo de siembras 2026/27, y en relación con las proyecciones climáticas, la evolución del Pacífico ecuatorial vuelve a ubicar a El Niño en el centro del monitoreo climático para el agro argentino. Según la actualización del IRI del 19 de mayo de 2026, el sistema climático no solo estaría dejando atrás la neutralidad y avanzando rápidamente hacia condiciones El Niño, sino que la probabilidad de ocurrencia del fenómeno se mantiene cercana al 100% hasta el verano austral inclusive. En términos de impacto sobre la producción agropecuaria argentina, el calentamiento del Pacífico suele incidir sobre el patrón de lluvias a través de los vientos alisios, que favorecen el transporte de humedad hacia nuestra región principalmente entre octubre/noviembre y marzo. Si bien en Argentina este escenario suele asociarse con lluvias por encima de lo normal y, como sintetiza el refrán, rain makes grain —la lluvia hace al grano—, su impacto tiende a ser relativamente mayor sobre la cosecha gruesa que sobre la fina, y será positivo en tanto no ocurran excesos hídricos que pongan en jaque la producción o la logística. De todos modos, debe tenerse presente que, más allá de estos fenómenos de escala global, existen otros factores regionales que pueden neutralizar o, por el contrario, profundizar sus efectos.
La región núcleo agrícola comenzó a mostrar una redefinición silenciosa de su mapa productivo. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la soja volverá a expandirse durante la próxima campaña ante el deterioro de rentabilidad en trigo y maíz provocado por el aumento de costos operativos.
El dato más relevante del relevamiento es que, de las 300.000 hectáreas que dejarían de sembrarse con trigo, cerca del 80% pasarían a soja.
La decisión ocurre incluso bajo un escenario climático considerado favorable para el maíz, lo que revela que el problema central dejó de ser agronómico y pasó a ser financiero.
El informe sintetiza el criterio dominante entre productores: “bajar la inversión por hectárea”.
Fertilizantes y fletes alteran la ecuación agrícola
La Bolsa rosarina señaló que los costos de implantación están condicionando la toma de decisiones productivas.
Según el relevamiento técnico, implantar maíz requiere una inversión cercana a 1.300 dólares por hectárea, mientras que soja demanda alrededor de 700 dólares por hectárea.
La diferencia aparece en un contexto donde fertilizantes y transporte explican más de la mitad de los costos agrícolas de los cereales. El informe detalla que: en trigo, fertilización y flete representan el 54% de la estructura de costos; en maíz, esos componentes concentran el 52%.
El encarecimiento de la urea y del gasoil aparece como uno de los factores más mencionados por técnicos y productores de distintas subzonas relevadas.
La soja se consolida como “alternativa defensiva”
La Bolsa plantea que, aun cuando el maíz pueda ofrecer mejores márgenes brutos potenciales, la soja vuelve a posicionarse como una estrategia de menor riesgo financiero.
El informe sostiene que el cereal mantiene rentabilidad positiva, aunque con inversiones significativamente más elevadas y márgenes más ajustados en campos alquilados.
Incluso el doble cultivo trigo/soja sigue apareciendo como el esquema más rentable dentro de la rotación agrícola, aunque requiere una inversión cercana a 1.400 dólares por hectárea.
La consecuencia práctica es un repliegue de cultivos intensivos en capital y fertilización.
Productores ajustan superficie y reducen uso de urea
El relevamiento territorial de la región núcleo muestra una misma lógica repetida en distintas zonas agrícolas.
En localidades como Aldao, Bigand, Marcos Juárez y General Pinto, técnicos reportaron: menor intención de siembra de trigo, reducción en aplicaciones de urea, y mayor inclinación hacia soja de primera.
En Marcos Juárez, por ejemplo, se estima una caída de entre 30% y 40% en el área triguera respecto de la campaña pasada.
El informe también revela que muchos productores están comprando sólo insumos de corto plazo y mantienen cautela frente a la evolución de la relación insumo-producto.
Uno de los elementos más llamativos del informe es que el repliegue de maíz y trigo no responde a un problema climático.
La Bolsa describe reservas de humedad “óptimas” para el inicio de las siembras y un escenario meteorológico relativamente favorable.
Sin embargo, el factor financiero pesa más que el agronómico. El documento refleja una tensión creciente entre: potencial productivo y capacidad económica para sostener paquetes tecnológicos altos.
La preocupación central ya no es únicamente cuánto puede rendir el cultivo, sino cuánto capital exige producirlo.
Menos gramíneas implica menos demanda industrial y logística
El corrimiento hacia soja no es neutro para la economía agroindustrial. Los cultivos como trigo y maíz movilizan mayores niveles de fertilización, transporte, servicios agronómicos, maquinaria, y consumo de insumos industriales.
Una reducción de superficie puede impactar sobre distintos segmentos vinculados a la cadena cerealera.
Al mismo tiempo, el fenómeno expone una señal más amplia: la producción agrícola empieza a priorizar esquemas defensivos frente a costos crecientes y márgenes más inciertos.
La campaña 2026/27 recién comienza a definirse y la evolución de variables como fertilizantes, dólar, clima y precios internacionales todavía puede modificar estrategias de siembra.
Por ahora, la Bolsa rosarina detecta un comportamiento defensivo del productor agrícola: menor exposición financiera, menor apuesta tecnológica y mayor inclinación hacia cultivos de menor inversión inicial.
La magnitud final del corrimiento hacia soja será uno de los indicadores más observados por el mercado agrícola en las próximas semanas.
El IACA de la Bolsa de Comercio de Rosario marcó una caída mensual del 2,6% en abril, afectado por demoras en la cosecha y dificultades logísticas. No obstante, la actividad agropecuaria continúa en niveles históricamente elevados, posicionándose 16,5% por encima de abril de 2025.
1. IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL
El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, registró una tasa de variación mensual desestacionalizada del -2,6% en abril, en un mes signado por complicaciones climáticas que impactaron en las labores de cosecha y la logística de la mercadería. A pesar de ello, el nivel de actividad del sector se mantiene en máximos históricos, habiendo alcanzado valores récord en los primeros meses del año en curso.
Durante el mes de abril, ocho de las doce series que componen el índice registraron una variación mensual negativa, en tanto las cuatro restantes se posicionaron al alza. Una de las mayores caídas se evidenció en el avance mensual de labores agrícolas, que retrocedió 3% respecto a marzo ante los retrasos en la cosecha debido a las abundantes lluvias del mes. El exceso hídrico también dificultó el traslado de la mercadería hacia los puertos, lo que sumado a una menor cantidad de granos cosechados resultó en una caída mensual del 3,4% en las exportaciones de los principales complejos agropecuarios.
En líneas similares, las precipitaciones recurrentes afectaron la carga y el transporte de la hacienda, dejando como saldo caídas mensuales en la faena bovina del 1,8%. Asimismo, la faena aviar y porcina registraron retrocesos mensuales del 1% y 0,4%, respectivamente; en tanto la producción de leche retrocedió 1% respecto de marzo. Finalmente, también se evidenciaron caídas mensuales en la molienda de soja y la molienda de trigo, con tasas de cambio del -2,2% y -0,3%, respectivamente.
Por el contrario, la molienda de cebada mostró un incremento del 1,1% respecto a marzo y la molienda de girasol se posicionó al alza con una tasa de cambio mensual del 0,8%, en un contexto de abundante producción. En cuanto a los biocombustibles, se estima que la producción de biodiesel y de bioetanol se habría incrementado 0,9% y 0,2% frente al mes anterior, respectivamente.
Analizando las variaciones interanuales, se evidencia un sólido desempeño del sector durante el último año, mostrando una tasa de cambio interanual del 16,5%. En abril, diez de las doce series que componen el índice se posicionaron por encima de su nivel registrado en el mismo mes del año anterior, con la única excepción de la faena de bovinos y la faena aviar.
En primer lugar, la producción primaria marcó un avance del 22,4% frente a abril de 2025. Este incremento se da en el marco de la mayor cosecha de girasol del siglo y el avance de una cosecha récord de maíz, que lograron más que compensar la caída estimada en las hectáreas cosechadas de soja. Por su parte, el subíndice IACA-Agroindustria se posicionó 0,2% por encima del año pasado, manteniéndose en niveles cercanos a máximos históricos. Entre las series que lo componen, se destaca el importante incremento en las series de molienda, así como también en la producción de leche y de biocombustibles. Respecto a la faena, el sector porcino muestra una clara tendencia alcista, que en abril lo posicionó casi 10% por encima de igual mes del año anterior. Por el contrario, la faena de bovinos y la faena aviar marcaron caídas en comparación al año previo.
Finalmente, el subíndice de exportaciones agropecuarias evidenció una suba interanual del 20,8% en abril. En este sentido, más allá de las dificultades puntuales evidenciadas en el mes reciente, el incremento interanual se enmarca en una cosecha 2025/26 récord, con un sólido desempeño de los complejos maíz y girasol, así como también del complejo lácteo.
2. SUBÍNDICES
2.1. IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos
El IACA – Cultivos refleja la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina cada mes a través de la serie de avance mensual de labores agrícolas, con el objetivo de medir mensualmente la producción de granos. En abril, esta serie marcó una caída del 3% respecto al mes anterior, hilando su segunda variación mensual negativa. No obstante, al observar el nivel de la serie, se evidencia que la misma se ubica en valores excepcionalmente elevados, luego de alcanzar en febrero su máximo registro histórico. De esta manera, más allá del retroceso mensual observado en abril, el dato del mes emerge como el tercero más elevado de toda la serie.
Durante abril se realizaron únicamente labores de cosecha de los principales cultivos extensivos del país, las cuales se vieron fuertemente condicionadas por excesos hídricos y falta de piso, provocando demoras generalizadas. En este escenario, la soja resultó el principal cultivo afectado. Hacia finales de mes, el avance de la cosecha de la oleaginosa resultó del 18%, lo que representa un progreso mensual de apenas 17 p.p., el menor registro para abril desde el inicio de la serie. Este escaso avance, combinado con un área estimada de siembra inferior al promedio de los últimos cinco años, se reflejó en un número reducido de hectáreas trabajadas.
Las lluvias recurrentes también afectaron la recolección de sorgo, que presentó un avance mensual de 15 p.p., inferior al registrado durante igual mes de años anteriores. A ello se sumó una marcada caída en el área estimada de siembra para la campaña actual, lo que derivó en una baja cantidad de hectáreas trabajadas durante abril. Por su parte, en lo que respecta a la cosecha de maíz, si bien el avance mensual de la cosecha fue acotado, el progreso acumulado hacia fines de mes se mantuvo en línea con el de años anteriores. En consecuencia, la cantidad de hectáreas trabajadas resultó elevada, en el contexto de la mayor producción estimada de la historia. Finalmente, la cosecha de girasol avanzó en línea con años anteriores, alcanzando el 98% del área estimada de siembra hacia finales de mes, y proyectándose la mayor producción del siglo.
En cuanto a la actividad del sector industrial con base agropecuaria, la misma evidenció un retroceso del 1,2% respecto a marzo, aunque en términos de nivel continúa elevada, situándose en torno a máximos históricos.
Dentro de las actividades que componen al sector agroindustrial, se advierte que la molienda de granos registró una caída del 1,3% en abril. En lo que respecta a las oleaginosas, el retraso en la cosecha y la menor disponibilidad de mercadería impactó en el crushing de soja, que se posicionó a la baja con una tasa de cambio mensual del -2,2%. El procesamiento de girasol, por el contrario, continuó su tendencia notoriamente alcista, y marcó un incremento mensual del 0,8% en abril, posicionándose en su nivel más elevado desde marzo del año 2000.
En cuanto a los cereales, el comportamiento también resultó dispar. La molienda de trigo retrocedió 0,3% respecto a marzo, en tanto el procesamiento de cebada avanzó por sexto mes consecutivo, incrementándose 1,1% respecto a marzo y acumulando un crecimiento de casi el 24%.
Por su parte, el subíndice de faena volvió a retroceder en abril, registrando una tasa de cambio mensual del -1,2% y posicionándose a la baja por octavo mes consecutivo. Esta contracción responde principalmente al desempeño de la faena de bovinos, que registró una tasa de cambio del -1,8% en el cuarto mes del año, hilando nueve variaciones mensuales negativas. Los informes del sector destacan que durante el mes de abril la faena se vio afectada por las lluvias persistentes y abundantes que generaron inundaciones en las principales regiones productoras del país, las cuales dificultaron severamente la carga y el transporte de la hacienda. A ello se le suma una menor actividad de los frigoríficos debido a los feriados de principios de mes.
Si bien la oferta resultó acotada, los precios continuaron transitando una fase de reacomodamiento y corrección marcada por la resistencia de la demanda interna, luego de los picos alcanzados en el primer bimestre del año. De esta manera, la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero retrocedió por segundo mes consecutivo en términos nominales, mientras que en términos reales se posicionó 6% por debajo de marzo y 10% por debajo de febrero, mes en el que alcanzó su máximo valor histórico. A pesar de ello, los precios se mantienen en niveles excepcionalmente elevados, resultando 16% superiores respecto al mismo mes del año anterior, también en términos reales.
En lo que respecta al sector porcino, se destaca que la faena exhibió su primera contracción en abril luego de nueve meses consecutivos al alza, con una tasa de cambio mensual del -0,4%. Sin embargo, esta leve caída mensual se produjo luego del valor récord alcanzado en el mes previos, de manera que la serie continúa en niveles históricamente elevados, con el dato de abril ubicándose como el tercero más alto registrado. La marcada tendencia alcista de largo plazo de la faena de porcinos encuentra sustento en el sostenido crecimiento del consumo interno, así como también en un gran dinamismo de las exportaciones.
En cuanto a la carne aviar, la faena de aves también marcó una contracción del 1% en el cuarto mes del año. No obstante, se destaca que hacia finales de abril Argentina restituyó su estatus de país libre de influenza aviar luego de los brotes detectados en los meses previos, lo que le permitirá reactivar negociaciones comerciales con países con los que sostiene acuerdos de país libre de la enfermedad.
En lo que respecta al sector lechero, se advierte que la producción exhibió una caída mensual desestacionalizada del 1% en abril, mostrándose a la baja por segundo período consecutivo. Durante el último mes, la producción se vio severamente afectada por las condiciones climáticas adversas, ya que las recurrentes precipitaciones en la cuenca lechera central dificultaron las tareas operativas.
No obstante, la contracción se registra luego de que la serie encadenara 23 meses de variaciones mensuales positivas consecutivas, acumulando un crecimiento del 19%. En este marco, la producción de leche acumulada durante el primer cuatrimestre del año asciende a un total de 3.495 millones de litros, siendo el segundo mayor volumen para este período desde el inicio de la serie en 1983, únicamente por detrás de 2012.
En materia de precios, la cotización en dólares por litro de leche se ubicó en U$S 0,35 para el mes de abril, incrementándose por cuarto mes consecutivo y posicionándose holgadamente por encima del precio promedio de los últimos cinco años, que se estima en U$S 0,25 / litro. Este desempeño difiere de lo observado a nivel internacional, siendo que el índice de precios de productos lácteos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) retrocedió 1,1% en el cuarto mes del año.
En lo que respecta a las relaciones insumo-producto, se estima que en abril un litro de leche, en promedio, podría comprar 1,95 kg de maíz. Este valor exhibe un deterioro respecto al mes anterior, debido a un aumento más que proporcional del precio cámara del maíz frente al precio de la leche. Hay que tener en cuenta que la relación de referencia suele ser de 2; es decir, un litro de leche debería poder comprar 2 kg de maíz, de manera que en abril la relación de precios se ubicó por debajo del nivel de referencia. En cuanto a la soja, se estima que en abril un litro de leche podría comprar, en promedio, 1,15 kg de soja, ubicándose por encima de la relación de referencia que suele ser de 1.
Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol, se habría incrementado 0,5% en abril, luego de dos meses consecutivos a la baja. Por un lado, se estima que la elaboración de biodiesel habría crecido 0,9% respecto de marzo; en tanto que la producción de bioetanol habría avanzado levemente un 0,2% mensual.
En términos de mezcla obligatoria, en abril se mantuvo vigente el esquema de bioetanol al 12% en naftas y biodiésel al 7,5% en gasoil, aunque a fines de marzo se autorizó la posibilidad de incorporar voluntariamente a partir de abril hasta 15% de bioetanol en naftas, en tanto la especificación técnica para el gasoil ya contemplaba mezclas de hasta el 20%. Sumado a ello, la Secretaría de Energía dispuso una baja nominal del 1,85% en el precio del biodiésel destinado al corte obligatorio con gasoil para el mes de abril. Estas medidas tuvieron como objetivo contener el aumento en el precio de los combustibles en el contexto del conflicto en Medio Oriente.
2.3. IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación
Finalmente, analizando el último eslabón de la cadena a través del IACA – Agroexportación, se advierte que las exportaciones de los principales complejos agroindustriales registraron una variación mensual desestacionalizada del -3,4% en abril. En este sentido, la actividad exportadora del mes se vio afectada por el paro de transportistas de granos, que paralizó la operatoria en algunos puertos del país, impidiendo la carga de buques. Asimismo, las precipitaciones persistentes mencionadas previamente no sólo demoraron la cosecha, sino que dificultaron el transporte de la mercadería hacia los puertos.
Al comparar el desempeño de los complejos en términos históricos, se evidencia que cinco de los nueve bajo análisis exportaron un volumen menor de mercadería respecto al promedio de igual mes de los últimos cinco años. El sector de mayor impacto en el índice debido a su volumen, así como también a su valor es el complejo soja, que registró envíos por 3,1 Mt durante abril, un 5% menos de lo registrado en años anteriores. En líneas similares, se evidenció un menor volumen de envíos del complejo avícola, porcino y cebada. El complejo carne y cuero bovinos también marcó una caída en sus volúmenes respecto al promedio, aunque el gran incremento de precios resultó en exportaciones por mayor valor.
Por el contrario, en abril se destacó nuevamente el gran desempeño del complejo maíz, que registró exportaciones por 5,1 Mt, siendo el segundo mayor registro para un mes de abril desde el inicio de la serie en 2002. Este volumen resultó 37% superior a abril de 2025, y 41% mayor al promedio de los últimos cinco años, en el marco de una cosecha histórica del cereal. En líneas similares, el complejo girasol continúa mostrando un gran dinamismo, con un volumen mensual de ventas externas que totalizó 500.000 toneladas en abril, el máximo registro para dicho mes en términos históricos. El complejo lácteo también mostró un desempeño sobresaliente, registrando el segundo mayor volumen de ventas para un mes de abril. Finalmente, el complejo trigo registró exportaciones por 1,2 Mt, 30% por encima del promedio de los últimos cinco años, aunque la caída de las cotizaciones significó ventas por un menor valor.