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Implementación del acuerdo UE-MERCOSUR: Implicancias y oportunidades para Argentina

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Desde el 1ro de mayo pasado, se encuentra plenamente vigente el Acuerdo Interino de Comercio MERCOSUR-UE. Como bien destacó la Cancillería Argentina en la presentación del acuerdo, estamos ante un nuevo impulso con un socio estratégico de la Argentina. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, para el bloque sudamericano representa un hito de madurez comercial: estamos ante el acuerdo de mayor envergadura que el Mercosur logra cerrar en toda su historia, revitalizando y dándole un nuevo impulso al bloque.

La Unión Europea es el segundo destino de exportación y el principal inversor extranjero en la República Argentina. De acuerdo con el INDEC, en 2025 las exportaciones totalizaron US$ 8.486 millones, mientras las importaciones fueron de US$ 10.478 millones, concentrando el 9,7% de las exportaciones y el 13,8% de las importaciones. En el primer trimestre del 2026 la participación de la UE en las exportaciones fue del 9,3%, un mínimo en décadas de participación europea que podría empezar a revertirse de la mano de este acuerdo. 

Los productos exportados al bloque europeo van desde harina de soja y biodiesel hasta minerales de plata, pasando por carne bovina y maní, entre otros productos. Los principales destinos de las exportaciones son los Países Bajos, Alemania, España, Italia e Irlanda. Sin embargo, el hecho de que Países Bajos se encuentre primero tiene que ver con el peso del Puerto de Rotterdam como puerta de entrada al bloque europeo, luego transitando a otros países.

El acuerdo Mercosur – UE beneficia a un gran número de empresas, en tanto una de cada cuatro empresas que exportan en Argentina lo hacen al mercado europeo. Esto lo convierte a la vez en la segunda región a la que más empresas argentinas exportan, sólo detrás de América Latina. 

Por su parte, desde la UE se importa otro amplio abanico de productos, que abarca desde combustibles hasta medicamentos, pasando por bienes de capital hasta fertilizantes. Los principales orígenes de la UE son Alemania, Italia, España, Francia y Países Bajos, en ese orden. Alemania es por sí sola el quinto abastecedor de importaciones de Argentina, con especial protagonismo de bienes de capital. 

En qué consiste

Este acuerdo crea reglas de juego claras para el comercio entre los cuatro países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y los veintisiete de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, República Checa, Rumania y Suecia). 

La firma de este tratado constituye el área de libre comercio más grande del mundo, eliminando la discrecionalidad potencial en política comercial. En este sentido, se liberan el 100% de los bienes industriales y el 82% de los bienes agrícolas para ingresar a la Unión Europea. Asimismo, para los bienes agrícolas que no tienen liberalización total, se establecen cuotas de acceso. Estas incluyen productos como carnes, huevos, quesos, leche en polvo, etanol, azúcar, arroz, maíz, entre otros productos. No obstante, la baja de aranceles es sin cuota para otros productos agro como hortalizas, frutas, vino, entre otros.

El 99% de las exportaciones del Mercosur ingresan al acuerdo con beneficios. Un 74% ya está libre de aranceles desde el 1ro de mayo pasado y un 18% progresivamente en diez años. Por su parte, el 7,8% entran con preferencias fijas o bajo cuotas, mientras que sólo el 0,3% del total de las exportaciones quedan fuera del acuerdo. Este acuerdo tiene a la agroindustria como protagonista: el 85% de las exportaciones argentinas a la Unión Europea consiste en productos del agro. Asimismo, como bien destacó Cancillería, el 15% de las exportaciones de alimentos al bloque europeo consiste en productos altamente diferenciados, proporción menor al 1% en otros socios como India e Indonesia y de 9% de promedio general.

Del lado del acceso europeo al Mercosur, cerca del 60% de las importaciones se desgravarán en 10 años o más, y además un 9% no estará sometido a desgravaciones o preferencias. Asimismo, de ser necesario se podrán aplicar salvaguardias bilaterales hasta los 18 años de entrada en vigor del acuerdo. Al mismo tiempo, como bien ponderó Cancillería, se aplicarán reglas de origen para asegurar la integración birregional y se podrán suspender preferencias en caso de fraude aduanero. Sólo el 14% de las importaciones de la UE se desgravaron totalmente desde la aplicación del acuerdo, y el 9% de los bienes están excluidos del acuerdo. 

El acuerdo nivela las condiciones de acceso a un mercado en el que muchos competidores ya tienen un acuerdo de libre comercio, como Chile, Ecuador, Perú, Colombia, México, Canadá, Sudáfrica y Nueva Zelanda. Asimismo, garantiza estabilidad en las reglas de acceso y mejora el acceso a insumos industriales, esenciales en las importaciones desde la UE. Además, y como fue bien destacado por la Cancillería Argentina, el Estado conserva herramientas de política productiva, al mantener el poder de compra para desarrollo productivo en gran parte de sus adquisiciones.

Como bien fue comentado extendidamente desde BCR, este acuerdo contiene regulaciones tanto para bienes como para disciplinas. No conforme con ello, reafirma compromisos internacionales, como los de la Organización Mundial del Comercio (OMC) relativos a defensa comercial, comercio electrónico, facilitación el comercio, entre otras modernizaciones regulatorias. En este sentido, el Mercosur logró un trato preferencial en la clasificación de riesgo y la validación de sus propios sistemas de control y datos locales ante las autoridades europeas frente a la Normativa 1115/2023 de deforestación y potenciales normativas que quieran imponerse a las exportaciones.

Más allá de la apertura comercial

La apertura de mercados con baja de aranceles y cuotas de ingreso espera impulsar el comercio entre bloques. Sin embargo, el alcance de este tratado no se queda ahí. A partir del tercer año de aplicación del acuerdo, es decir, desde el 1ro de mayo del 2029, Argentina no podrá establecer derechos de exportación a exportaciones hacia la UE, salvo algunas excepciones. Por su relevancia exportadora, una de las cuestiones más relevantes para el agro consiste en los DEX relativos al Complejo Soja.

En este sentido, con el acuerdo Argentina se compromete a un techo de derechos de exportación para el Complejo Soja del 18% al quinto año (1 de mayo de 2031), bajando al 14% para el décimo año (1 de mayo de 2036). Nada impide a las autoridades fijar derechos de exportación por debajo de esos umbrales. Además, se consolidan cronogramas de bajas de aranceles para todos los productos del complejo. De generalizarse, se estima un ingreso adicional de divisas por exportaciones agroindustriales de US$ 10.529 millones en 10 años. 

Más allá de ello, por sus disposiciones generales el acuerdo llevaría a cero en tres años a los derechos de exportación de los complejos maíz, trigo, sorgo, girasol, carnes, entre otros destacados productos que se envían al bloque europeo. Las excepciones a la baja de derechos de exportación incluyen 191 posiciones incluidas en un anexo específico y la posibilidad de reimplantarlos “ante desequilibrios fiscales graves o una depreciación brusca y repentina de la moneda local, que requiera acción inmediata”, lo cual no puede ser permanente. 

Por su parte, el acuerdo Mercosur – UE espera ser también un catalizador de inversión extranjera directa. El millonario anuncio de la Embajada de Alemania en esta semana de un acuerdo para abastecer dos millones de toneladas de gas natural licuado (GNL) al país europeo a partir de 2027 es un hito en esta línea.

Además, en términos de inversiones sólo provenientes de la UE (es decir, sin incluir las inversiones del sector privado), el bloque europeo comprometió 1.800 millones de euros para el Mercosur con fondos de su actual presupuesto. La asignación de fondos dependerá del interés, proactividad y capacidad de cada país, y consiste en 400 millones de euros en subvenciones directas y para reforzar programas existentes y 1.400 millones de euros para canalizar a través de intermediarios financieros y el Banco Europeo de Inversiones (BEI). 

El acuerdo Mercosur-UE no es solo un acuerdo comercial. Representa la consolidación de un marco institucional que Argentina no tenía. En un contexto global donde las reglas de acceso a mercados están marcadas por la incertidumbre, contar con certeza jurídica frente al segundo destino exportador del país es un activo de largo plazo. Aprovechar la previsibilidad que el acuerdo ofrece será esencial para atraer inversiones, generar empleo y escalar exportaciones.

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Acuerdo UE-Mercosur: la oportunidad exportadora que pone a Misiones frente a un nuevo mapa comercial

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El ingreso en vigencia del Acuerdo Interino de Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea desde el 1° de mayo abre un escenario de reconfiguración para la economía argentina, pero el impacto no será uniforme. En Misiones, donde la matriz productiva depende de economías regionales con fuerte exposición externa —yerba mate, madera, té, tabaco, forestoindustria y turismo— el tratado puede convertirse en una plataforma de expansión exportadora, aunque también expone tensiones vinculadas a competitividad, costos logísticos y presión tributaria.

La Unión Europea representa actualmente el 9,3% de las exportaciones argentinas y es el principal inversor extranjero en el país. El acuerdo elimina o reduce aranceles para el 99% de las exportaciones del Mercosur, con una liberalización inmediata para el 74% de los productos y desgravaciones progresivas durante la próxima década.

Por qué Misiones puede ganar más que el promedio argentino

A diferencia del modelo exportador pampeano —centrado en soja, maíz y carnes— Misiones tiene una canasta exportadora basada en productos con mayor valor agregado relativo y diferenciación ambiental. Ese punto es clave frente al mercado europeo, donde crece la demanda por trazabilidad, certificaciones sostenibles y productos premium.

El acuerdo contempla acceso preferencial para: Productos forestales y derivados industriales. Frutas, hortalizas y alimentos regionales. Vinos y productos agroindustriales diferenciados. Y bienes con estándares ambientales certificados

La provincia ya posee experiencia en mercados exigentes gracias a la exportación de madera elaborada, pasta celulósica, té y yerba mate. El dato estratégico es que Europa paga mejores precios por productos diferenciados que otros destinos asiáticos o regionales.

En paralelo, la validación de sistemas locales frente a la normativa europea de deforestación (Reglamento 1115/2023) reduce uno de los principales riesgos para la forestoindustria del NEA. El acuerdo reconoce mecanismos propios de control y trazabilidad del Mercosur, algo que evita costos adicionales inmediatos para exportadores argentinos.

El sector forestal aparece como uno de los grandes candidatos

La industria maderera misionera puede encontrar una ventana relevante por tres factores simultáneos: Reducción progresiva de barreras arancelarias. Mayor previsibilidad jurídica para inversiones. Y demanda europea de materiales sostenibles para construcción

    Europa atraviesa una transición hacia materiales de baja huella de carbono y la madera gana terreno frente al hormigón y el acero. Para Misiones, que concentra el núcleo forestal más importante del país, eso puede traducirse en más oportunidades para: Madera aserrada, Tableros MDF y multilaminados, Viviendas industrializadas, Biomasa y energía renovable, Manufacturas forestales

    El desafío no estará únicamente en vender más, sino en lograr escala competitiva. La carga logística desde Misiones sigue siendo uno de los principales cuellos de botella estructurales frente a competidores brasileños o chilenos.

    Yerba mate y alimentos premium: una oportunidad silenciosa

    Aunque la yerba mate no aparece entre los grandes complejos tradicionales del acuerdo, Europa ya viene consolidándose como un consumidor creciente de bebidas funcionales y productos naturales.

    La eliminación gradual de barreras comerciales y la mayor estabilidad regulatoria pueden favorecer: Yerba mate orgánica. Productos gourmet. Infusiones premium. Alimentos regionales certificados. Y producción agroecológica

    El diferencial misionero aparece en la posibilidad de posicionar origen y sustentabilidad, dos atributos cada vez más valorizados por consumidores europeos.

    Para el sector tealero también se abre un escenario favorable, especialmente en nichos de alto valor agregado vinculados a certificaciones ambientales y comercio justo.

    El impacto sobre el comercio fronterizo y las asimetrías

    El acuerdo llega en un contexto particularmente sensible para Misiones: la provincia compite diariamente con Paraguay y Brasil por precios, consumo y presión tributaria.

    Las llamadas asimetrías fronterizas —diferencias cambiarias, impositivas y de costos laborales entre países vecinos— seguirán siendo determinantes para el comercio local. Un exportador misionero puede ganar acceso preferencial a Europa y aun así perder competitividad frente a un productor brasileño si persisten: altos costos logísticos internos. Presión fiscal nacional y provincial. Tasas financieras elevadas. E infraestructura insuficiente

    Por eso, el tratado no resuelve automáticamente el problema de competitividad regional. Lo que sí hace es mejorar el acceso a mercado y dar previsibilidad comercial de largo plazo.

    El punto más relevante para el NEA

    El aspecto menos discutido del acuerdo puede terminar siendo el más importante para el norte argentino: la inversión extranjera.

    La Unión Europea comprometió 1.800 millones de euros para proyectos vinculados al Mercosur, combinando subvenciones y financiamiento canalizado mediante organismos europeos y el Banco Europeo de Inversiones.

    Para Misiones, eso podría abrir oportunidades en: infraestructura logística. Energías renovables. Bioeconomía. Economía circular. Industrialización forestal. Tecnología aplicada al agro. Y turismo sustentable.

    La provincia ya viene trabajando en una narrativa vinculada a economía verde y sustentabilidad. El acuerdo puede transformarse en un puente financiero para profundizar esa estrategia.

    Derechos de exportación: una señal de previsibilidad

    Uno de los puntos más sensibles para el sector privado argentino es el compromiso de reducción de derechos de exportación.

    El acuerdo establece límites futuros para retenciones y elimina gradualmente los DEX para varios complejos agroindustriales orientados a Europa. En el caso del complejo soja, se fija un techo del 18% en 2031 y del 14% en 2036.

    Aunque Misiones no depende de la soja, el dato importa porque introduce un concepto clave para cualquier inversor: previsibilidad tributaria.

    Ese marco puede favorecer decisiones de largo plazo en sectores exportadores regionales que históricamente enfrentaron cambios permanentes en reglas de juego.

    Lo que el empresariado misionero deberá seguir de cerca

    El acuerdo UE-Mercosur crea una ventaja comercial relevante, pero no garantiza competitividad automática. La provincia necesitará resolver problemas estructurales para transformar apertura comercial en crecimiento real.

    Los próximos años estarán atravesados por cuatro variables críticas: Costo logístico del NEA. Adaptación a estándares ambientales europeos. Acceso a financiamiento productivo. Y capacidad de industrializar exportaciones

    Europa ofrece un mercado de alto valor, pero también de alta exigencia. Para Misiones, el desafío no será únicamente vender más, sino exportar con mayor sofisticación, trazabilidad y escala.

    El tratado abre una ventana estratégica. La diferencia entre aprovecharla o quedar relegado dependerá menos del acuerdo y más de la capacidad regional para construir competitividad sistémica.

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    CAME advierte por la crisis de las economías regionales y exige respuestas urgentes al Gobierno nacional

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    La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) encendió una fuerte señal de alarma sobre la situación que atraviesan las economías regionales y reclamó al Gobierno nacional la implementación de políticas públicas diferenciales para evitar un mayor deterioro productivo, laboral y social en el interior del país.

    A través de un memo institucional, la entidad sostuvo que las economías regionales representan un componente crítico del entramado productivo argentino, pero enfrentan una combinación de factores que están erosionando su rentabilidad, competitividad y capacidad de sostener empleo genuino en las provincias.

    Según CAME, estas actividades abarcan el 63 por ciento de las explotaciones agropecuarias nacionales, generan alrededor del 70 por ciento de la mano de obra rural y exportan unos 8.700 millones de dólares anuales, consolidado 2024. La entidad remarcó que, a diferencia de los grandes complejos agroexportadores de la Pampa Húmeda, las economías regionales tienen una fuerte base MiPyME, alto uso de mano de obra intensiva y un fuerte impacto territorial en arraigo, empleo y valor agregado.

    “Al campo no le está yendo bien”

    Desde la entidad empresaria rechazaron la idea generalizada de que “al campo le está yendo bien” y remarcaron que no todas las actividades agropecuarias atraviesan la misma realidad.

    “Las economías regionales tenemos más en común con la agricultura familiar que con las grandes agroexportadoras y los grandes acopiadores”, señala el documento, que reclama un marco legal propio y políticas específicas para revertir restricciones estructurales que vienen deteriorando la actividad.

    En ese sentido, CAME impulsa el Proyecto de Ley “Régimen de Promoción MiPyME de las Economías Regionales”, que plantea una vigencia de 15 años, presupuesto propio y la creación de un Fondo de Fomento específico para el sector.

    Los principales problemas: rentabilidad, impuestos y dólar

    El diagnóstico presentado por la entidad enumera una serie de factores que están asfixiando al sector.

    Falta de rentabilidad

    Muchos productores no logran cubrir los costos de producción porque los precios de venta permanecen estancados o crecen por debajo de la inflación, mientras aumentan otros costos estructurales.

    Presión tributaria

    CAME calificó al sistema impositivo argentino como “distorsivo” en sus tres niveles -nacional, provincial y municipal- y sostuvo que se transformó en un obstáculo directo para la competitividad.

    Aunque reconocen algunos avances en la Ley de Modernización Laboral, consideran que siguen siendo insuficientes.

    Tipo de cambio y competitividad

    La entidad advirtió que un tipo de cambio bajo o atrasado desalienta exportaciones, abarata importaciones y encarece los productos argentinos frente a competidores internacionales.

    “El costo argentino dificulta competir con productos importados que ingresan a menor costo”, ejemplificaron, mencionando casos como el tomate.

    Otro de los ejes centrales del planteo es el alto costo laboral. CAME propone reducir cargas patronales mediante la actualización del Mínimo No Imponible y revisar los Convenios de Corresponsabilidad Gremial para que reflejen mejor la realidad de cada sector productivo.

    También pidió extender beneficios energéticos. Si bien valoraron la reducción del IVA para regantes agroindustriales, reclamaron que el mismo tratamiento alcance al gas de uso productivo, clave en numerosas agroindustrias.

    En paralelo, advirtieron sobre la dificultad de acceso al financiamiento por altas tasas, falta de períodos de gracia y exigencias bancarias restrictivas.

    “Sin rentabilidad no existe capacidad de pago”, resume el documento.

    La entidad también apuntó contra el deterioro de rutas, los altos costos logísticos y la necesidad de avanzar en obras estratégicas como la hidrovía, la mejora ferroviaria y la creación de terminales intermodales o puertos secos.

    Además, sumó una advertencia sobre riesgos externos vinculados al conflicto en Medio Oriente, que ya impacta en el precio del gasoil, el transporte y los fertilizantes.

    El aumento del precio internacional del gas impulsó una fuerte suba de la urea -que llegó hasta el 50 por ciento-, agravando aún más los costos de producción agropecuaria

    Para CAME, la salida no pasa por medidas generales sino por una estrategia específica para las economías regionales, que permita sostener producción, empleo y arraigo en el interior del país.

    El mensaje al Gobierno nacional es claro: sin rentabilidad, sin competitividad y sin financiamiento, el motor productivo de muchas provincias comienza a apagarse.

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    Cómo la mandioca está impulsando la innovación y el empleo en Misiones

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    La mandioca, una raíz profundamente arraigada en la historia alimentaria del nordeste argentino, atraviesa un proceso de transformación que empieza a redefinir su papel en la economía regional. De alimento básico de subsistencia, pasa a posicionarse como un insumo estratégico con potencial industrial, capaz de generar valor agregado y abrir nuevos mercados.

    Durante siglos, este cultivo acompañó la vida cotidiana de comunidades originarias y colonos, consolidándose como uno de los pilares de la identidad agrícola misionera. Hoy, Misiones concentra la mayor producción del país y busca dar un salto cualitativo: avanzar en la industrialización para sofisticar la cadena de valor y mejorar los ingresos de los productores.

    En ese marco, la provincia puso en marcha un Laboratorio de Análisis y Desarrollo de Alimentos en Puerto Rico, una herramienta clave para impulsar innovación, generar nuevos productos y ampliar las oportunidades comerciales. La apuesta es clara: pasar de vender materia prima a desarrollar una industria con mayor contenido tecnológico.

    Actualmente, cerca de la mitad de la producción de mandioca en Misiones se destina al consumo fresco, mientras que el resto —alrededor de 15 millones de kilos— se industrializa en forma de almidón, utilizado tanto en la industria alimentaria como en el sector farmacéutico. Este esquema muestra una base ya consolidada sobre la cual se proyecta el crecimiento.

    Tradición productiva con base tecnológica

    La mandioca (manihot esculenta) mantiene prácticas de cultivo tradicionales, como la reproducción por gajos en lugar de semillas, lo que permite preservar variedades adaptadas a los suelos y condiciones locales. Esta combinación entre conocimiento ancestral y desarrollo técnico aparece como una de las fortalezas del sistema productivo.

    Los registros históricos muestran que su uso en la región se remonta al siglo XVI, cuando cronistas europeos documentaron su importancia en la dieta de los pueblos originarios. Desde entonces, ha sido un cultivo central para miles de pequeños productores.

    Hoy, esa base productiva se organiza en torno a un clúster integrado por 14 empresas y entre 2.000 y 3.000 productores, con el objetivo de coordinar esfuerzos, mejorar la competitividad y acelerar la innovación en toda la cadena.

    “Esta iniciativa cuenta con financiamiento provincial, municipal y del sector privado. El objetivo principal es el desarrollo de nuevos productos a base de mandioca”, explicó el ministro de Industria, Federico Fachinello.

    Más allá de su consumo tradicional, la mandioca gana terreno en nuevos segmentos. Además de su uso en alimentos como la chipa, su fécula es utilizada como excipiente en medicamentos y comienza a explorarse en aplicaciones industriales, como adhesivos, en reemplazo de insumos importados.

    El desarrollo de nuevos productos ya muestra resultados concretos. Empresas del clúster, como Raiza, avanzan con snacks de mandioca que lograron buena recepción en el mercado, abriendo una nueva línea de consumo con mayor valor agregado.

    “Necesitamos innovar para crear nuevos alimentos y llegar a cada vez más lugares”, señaló Fachinello, quien subrayó que este proceso impacta tanto en la industria como en los pequeños productores.

    Sin embargo, persisten desafíos estructurales. Uno de los principales es la carga impositiva: la fécula de mandioca tributa un 21% de IVA, mientras que otras féculas similares tienen una alícuota del 10,5%. Este diferencial limita la competitividad y es uno de los puntos en agenda para potenciar la expansión hacia mercados como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

    Un cultivo con potencial de escala

    El nuevo laboratorio busca convertirse en un puente entre el conocimiento científico, la producción primaria y la industria, generando innovación aplicada y promoviendo el desarrollo tecnológico local.

    En este esquema, la mandioca aparece como un cultivo con capacidad de escalar más allá del mercado regional. La articulación entre Estado, empresas y productores permite proyectarla como un motor de desarrollo para el centro de Misiones, con impacto en la generación de empleo, la diversificación productiva y la sustitución de importaciones.

    La transformación en marcha no es menor: implica pasar de una economía basada en el volumen a otra centrada en el valor. En ese camino, la mandioca deja de ser solo parte del paisaje rural para convertirse en una pieza clave de la nueva matriz productiva misionera.

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    El complejo maicero argentino: entre la primarización y la oportunidad industrial

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    El maíz es uno de los cultivos más estratégicos de la agricultura mundial por su enorme versatilidad productiva. Puede utilizarse como alimento humano, insumo forrajero para la producción de carnes, materia prima para biocombustibles o base de industrias químicas y bioplásticas. Sin embargo, en el caso argentino, el potencial industrial del cereal permanece en gran medida subexplotado.

    Según el informe sectorial “El complejo maicero argentino: entre la primarización y la oportunidad industrial”, elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el país se ubica como el cuarto productor mundial de maíz, con una producción estimada en 53 millones de toneladas en la campaña 2025/2026, por detrás de Estados Unidos, China y Brasil.

    No obstante, el principal problema del complejo maicero argentino no radica en su escala productiva, sino en el bajo nivel de industrialización del grano, lo que reduce el desarrollo de cadenas de valor, limita la generación de empleo y disminuye el ingreso de divisas asociadas a productos de mayor elaboración.

    Un perfil exportador de materia prima

    El rasgo distintivo del maíz argentino es su fuerte orientación hacia la exportación directa. En promedio, alrededor del 68% de la producción se destina al mercado externo sin procesamiento, lo que ubica al país entre las economías con mayor perfil primario dentro de los principales productores mundiales.

    De hecho, entre los grandes productores globales, solo Ucrania supera a Argentina en proporción de maíz exportado sin industrializar, una situación que resulta llamativa si se considera que el país europeo atraviesa desde hace años un conflicto bélico que afecta su capacidad industrial.

    Mientras tanto, en economías como Estados Unidos, China o Brasil, una mayor proporción del cereal se incorpora a procesos productivos internos vinculados a la producción de alimentos, carnes y energía.

    El maíz como base de la industria cárnica

    En muchos países, el maíz funciona como el principal insumo para la alimentación animal, lo que permite potenciar el desarrollo de la industria cárnica.

    En Argentina, sin embargo, el crecimiento del sector ganadero y avícola ha mostrado un desempeño más moderado en comparación con competidores internacionales como Brasil o Estados Unidos. Este fenómeno limita el uso interno del maíz como insumo productivo y reduce las posibilidades de generar mayor valor agregado dentro del país.

    El caso brasileño resulta particularmente ilustrativo: mientras en la década de 1970 Argentina y Brasil tenían niveles de producción de carne similares, hacia 2025 el país vecino supera ampliamente a la Argentina en volumen y exportaciones, apoyado en un fuerte desarrollo de cadenas agroindustriales integradas.

    Biocombustibles y energía: una oportunidad desaprovechada

    Otro de los principales destinos industriales del maíz a nivel global es la producción de etanol, un biocombustible renovable que permite generar energía con menor impacto ambiental.

    En Argentina, sin embargo, la industrialización del maíz con fines energéticos es limitada. En las últimas campañas, solo alrededor del 9% de la producción se destinó a la categoría de alimentos, semillas e industria, donde el principal componente es justamente el etanol.

    Este porcentaje se ubica muy por debajo de países como Estados Unidos o China, que destinan volúmenes muy superiores a la transformación industrial del cereal.

    En el caso argentino, los polos de producción de etanol se concentran principalmente en Tucumán, Salta, Jujuy, Córdoba, Santa Fe y San Luis, aunque el volumen procesado continúa siendo relativamente bajo en comparación con el potencial productivo del país.

    Entre la primarización y la oportunidad industrial

    El diagnóstico que surge del análisis es claro: Argentina cuenta con una producción maicera competitiva a escala global, pero no logra traducir ese liderazgo agrícola en desarrollo industrial.

    La mayor parte del cereal se exporta como materia prima, lo que deja al país en los eslabones iniciales de la cadena global de valor. En contraste, otras economías utilizan el maíz como plataforma para impulsar industrias de alimentos, energía y biomateriales.

    En ese contexto, especialistas coinciden en que el desafío estratégico del complejo maicero argentino consiste en profundizar su industrialización, ampliar los encadenamientos productivos y fortalecer el mercado interno, con el objetivo de generar más empleo, más innovación tecnológica y una mayor captura de valor dentro del país.

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