La Bolsa de Comercio de Rosario estimó que en pocos días terminaría la cosecha de la oleaginosa.
La tregua de lluvias y las bajas térmicas de la semana próxima impulsarían la finalización de la cosecha de soja sin mayores problemas. Así lo estimó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) que detalló que el avance de la cosecha en soja de primera es del 88% y en maíz temprano del 90%, cuando ya deberían haberse terminado; en soja de segunda, aún falta cosechar el 45%.
En las ultimas cinco campañas, para esta misma fecha, la cosecha de soja de primera ya había finalizado, la de segunda llevaba un progreso del 80%, según la entidad empresaria.
La Bolsa rosarina indicó además que la interrupción de lluvias en los próximos días permitirá completar la cosecha de la de primera antes de que se termine la primer quincena de mayo.
El centro sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba son las zonas más adelantadas, con el 87% levantado; el sur de Santa Fe y el noreste de Buenos Aires cosecharon el 83%, mientras que la zona más demorada es el noroeste bonaerense, que cosechó el 60% de la soja de primera.
Respecto a la de segunda, el centro sur y el sur de Santa Fe recolectaron el 70% del cultivo, al tiempo que en el norte de Buenos Aires se cosechó entre el 20 al 50%.
Para los días que vienen, se esperan condiciones meteorológicas estables, salvo durante el domingo 12, día en el que no se descartan algunos chaparrones aislados e intermitentes; también se aguardan temperaturas que provocarán heladas en la región, anticipó el informe.
Por su parte, el avance de cosecha de maíz temprano ganó 10 puntos, cierra su ciclo, pero ha sido una de las más más lentas de las últimos cinco campañas, reconoció BCR. Y puntualizó que el mayor retraso se observa en el noroeste bonaerense, donde, a pesar de haberse sembrado poco maíz temprano y más tardío, las labores avanzan con lentitud, alcanzando solo un 80% de avance.
José Amuchástegui decidió en el año 2013 incursionar en otras formas de producción a lo convencional y años después empezó a hacer realidad su proyecto. Fue así que dejó la actividad que realizaba y comenzó a elaborar harinas “agroecológicas” de diversos orígenes, como el trigo o la algarroba, y al mismo tiempo le encontró el gusto a contactarse con diversos productores en busca de materias primas certificadas que le permitan crecer en el segmento.
Las harinas que produce José se comercializan bajo la marca Bapan, y el inicio del emprendimiento hay que buscarlo en el establecimiento “Paititi”, de Esteban Zugasti, que integra “La Alianza del Pastizal”, donde además de producir conservan el ecosistema nativo de los pastizales pampeanos, en la zona de Sierra de los Padres, muy cerca de la ciudad de Mar del Plata.
Allí nació la idea de agregar valor a los granos de trigo y otros cultivos que se cosechaban, para hacer la primera harina 000 de trigo orgánica de Argentina, es decir un producto de consumo masivo pero con un diferencial amigable con el ambiente.
Los comienzos del actual CEO de Bapan fue el corretaje de granos, habiendo pasado también como miembro de la Comisión Directiva del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO) más unos años de trabajo en la cadena de panes gourmet y orgánicos Hausbrot. En ese camino fue invitado a comercializar harina de trigo orgánico producida en “Paititi” hasta que, en el 2019, Zugasti decidió abocarse a la ganadería y la conservación, y Amuchástegui lanzar su propia marca.
Desde esta empresa ahora ofrece a panaderías, pizzerías o elaboradores de pastas o pastelería harina de trigo 000 (tres ceros), 0000 (cuatro ceros) e integral orgánicas certificadas; más harinas de otros cultivos como centeno y trigo sarraceno de campos cultivados sin el uso de agroquímicos ni fertilizantes de síntesis química.
Una harina particular es la elaborada a partir de una leguminosa, Algarrobo Blanco (conocida como Prosopis alba) y cuyas plantaciones buscan regenerar el monte Santiagueño, tumbado en su momento para cultivos extensivos y actualmente con altos indicios de salinidad ante la suba de las napas por el desmonte.
“El orgánico es una necesidad, más que un fin en sí mismo”, nos dice el elaborador, añadiendo que para producir estas harinas buscamos campos que practiquen la conservación y producción. Los campos que encontramos por ahora no son muchos, y estamos trabajando junto a “Aves Argentinas” para promover la conservación en campos agrícolas con lagunas pampeanas en la localidad de Arias. En esta población del centro-sur cordobés, es donde se encuentra la Empresa Fideicomiso Benevento donde Amuchástegui realiza la molienda de la harina 000 y 0000 orgánica certificada.
Refiriéndose a la problemática de conseguir productores que trabajen los campos con estos procesos, Amuchástegui explica “Creo que principalmente viene por una inercia de hacer las cosas de forma convencional. Recién ahora se está empezando a valorar el tema de la biodiversidad y del cuidado del ambiente”.
El empresario harinero también acotó que “a veces la biodiversidad queda sólo definida por el proceso de rotar cultivos y cuidar los micoorganismos en la tierra, pero en realidad es todo eso con la interacción con la macrofauna como ser aves, mamíferos e insectos entre otros. Es un concepto holístico que le estamos prestando atención desde hace pocos años. Hay poca cultura conservacionista y no sé si sabemos transmitir su valor a largo plazo”.
Refiriéndose si es redituable agregar valor a través de diferenciar estas harinas desde el cultivo, Amuchástegui enfatiza “Hay un sobreprecio y cuando los precios de los commodities se caen, ese sobreprecio es mayor. Cuando sube mucho el convencional tienden a acercarse. Pero ahora que estamos en un período de baja, se está pagando un diferencial importante por el orgánico. Tampoco hay tanta tecnología que ayude a los orgánicos a defenderse en la Argentina; no tienen las herramientas que tiene un convencional, y ahí hay un trabajo enorme para hacer”.
Consultado si se vende bien esta harina diferencial y si hay mercados, nos dice “Es un nicho y un nicho que está más valorado en el exterior. No exportamos todavía. Creo que, de a poco acá se está valorando y, con las variaciones macroeconómicas que tenemos en Argentina, complica que el público que se suma sostenga su consumo. Pero el interés del consumidor está”.
Para certificar su harina como “orgánica” Bapan debió cumplir pautas muy estrictas, limpiando todas las instalaciones previas a cada molienda. A la vez como la harina no se aditiva, para estandarizar su calidad panadera entre diferentes moliendas, hay un gran trabajo previo de selección de granos a moler. “Buscamos que sea una harina que no tenga ningún tipo de agregado a lo que necesitamos para hacer un buen pan”, indicó Amuchástegui.
Respecto a cómo ve el futuro a este segmento responde “Creo que va a crecer y va a ayudar mucho que la Argentina se estabilice económicamente para que el orgánico se desarrolle, porque en un campo orgánico se hacen planes, como mínimo, a tres o cuatro años, con rotaciones y descansos del lote para que te certifiquen”.
Otro obstáculo para el desarrollo de este sector es que “a nivel impositivo se trata a los cultivos orgánicos del mismo modo que a uno convencional. Yo creo que los tratamientos tributarios debieran ser distintos dadas las externalidades positivas que brindan”, y sigue comentando “Si la Argentina plantea estratégicamente ciertos corredores o áreas de interés para la producción orgánica, va no solo a dinamizar el sector sino que a nivel país tendrá una marca invalorable que atravesaría no solo lo productivo, también la calidad de vida local como el turismo receptivo. La oportunidad está, y pareciera que no hay margen para esperar cien años más”, completó Amuchástegui.
Las claves de la campaña fina serán analizadas en el encuentro “A todo trigo”, en la segunda semana de mayo.
El sector triguero tiene la oportunidad de lograr rendimientos récord, aseguró Daniel Miralles, el coordinador técnico del congreso A Todo Trigo.
La decimosegunda edición del congreso que desde hace 20 años reúne a toda la cadena de los cereales de invierno se realizará el 9 y 10 de mayo en el Hotel Sheraton de Mar del Plata.
Noticias Argentinas será media partner en este encuentro clave para el sector productivo.
Miralles, docente e investigador de la FAUBA y el CONICET, dijo que la campaña que se avecina renueva expectativas y el congreso busca brindar las herramientas necesarias para aprovechar todas las oportunidades.
“Hoy tenemos una ventaja: en la mayor parte de las zonas trigueras del país partimos de una situación hídrica muy distinta a la del año pasado. El agua en la siembra explica entre el 50% y el 80% del éxito del cultivo. Si seguimos de la manera en que arrancamos, tenemos la oportunidad de lograr rendimientos récord y una alta rentabilidad debido a esto”, destacó.
La nutrición del cultivo es el siguiente punto de atención. “Recibimos una noticia muy buena sobre la baja del precio de los fertilizantes y de algunos insumos. Hace dos semanas, la tonelada de urea estaba a casi 900 dólares y ahora está en 560 dólares. En el último mes, ha mejorado notoriamente la relación insumo/producto”, explica el especialista e insiste con la idea de que la campaña de trigo tiene todas las fichas para ser exitosa.
En este contexto, A TODO TRIGO no sólo pone la lupa en el escenario actual, también despliega todas las tendencias y novedades que abren las puertas al futuro.
“Cada año aparecen escenarios completamente diferentes; ya sean económicos, ambientales, productivos, políticos y sociales”, cita Miralles y propone un recorrido por alguno de los temas que formarán parte del congreso y que fueron diagramados junto a Betina Kruk (la otra coordinadora técnica del congreso).
Entre el 9 y el 10 de mayo, más de 60 especialistas abordarán en tres salas simultáneas todos los temas significativos para la cadena.
Entre ellos, los nuevos horizontes de la producción del trigo y el entendimiento de las demandas. “Lo ambiental tiene un peso cada vez mayor en los sistemas de producción”, enfatiza Miralles y destaca que, por su sistema de producción en siembra directa, Argentina cuenta con algunas ventajas en lo que hace a huella de carbono. El tema “descarbonización” tendrá un espacio protagónico en la agenda, como así también la intensificación: cómo introducir mayor cantidad de cultivos en menos tiempo sin degradar los suelos.
La inversión en investigación para el mejoramiento del cultivo es un aspecto que abordará Gustavo Slafer (ICREA, España). Y especialistas locales abordarán todo lo inherente al manejo del cultivo en función de cada ambiente.
Otro capítulo será el creciente debate entre fertilizantes químicos versus biológicos. Cada vez más, los fertilizantes biológicos están teniendo un rol muy importante, pero los químicos son muy difíciles de sustituir en el corto plazo.
“Los biológicos no tienen aún el mismo impacto en el rendimiento y en la calidad de cultivo que podrían tener los químicos. Pero cada vez hay más investigación y desarrollo para generar mayores combinaciones de fertilizantes biológicos con otros químicos en dosis muy pequeñas, como son los micronutrientes. Estos exacerban los fertilizantes biológicos y, a su vez, mejoran la solubilización de fertilizantes químicos en el suelo. Todo ese combo hace que tengamos mejores respuestas”, remarca.
En el bloque de malezas, plagas y enfermedades, los especialistas darán un pantallazo pormenorizado sobre los nuevos productos que aparecieron en el mercado; los momentos óptimos de control; las malezas y enfermedades resistentes; las plagas más relevantes y cómo manejarlos con tolerancia genética. Este segmento se cierra con la disertación de Diego Ferraro (FAUBA – CONICET), quien expondrá sobre los modelos de riesgo para el uso de agroquímicos orientados a cuantificar cuál es la toxicidad que tiene cada esquema de rotación.
Pero A TODO TRIGO es mucho más que trigo. También hay un destacadísimo lugar para la cebada y los cultivos de invierno alternativos como el trigo candeal, la colza y la carinata. Estas dos últimas oleaginosas han demostrado mucho potencial: la colza, de la cual se extrae un aceite de altísima calidad empleado en el mundo gourmet, y la carinata, que permite producir biocombustibles para aviones (biojet).
“Cada vez más, los sistemas han pasado de regirse por decisiones cualitativas a decisiones cuantitativas. ¿Cuántos kilos necesito sembrar? ¿Cuánto fertilizante necesito aplicar? ¿Cuánto es mi nitrógeno en suelo?”, remarca Miralles.
La agricultura está evolucionando y este cambio de paradigma se relaciona mucho con la tecnología de datos. Por eso, ATT tendrá un espacio relevante para las nuevas tendencias en materia digital, las Ag-tech y las novedades en maquinaria de siembra y cosecha.
A 20 años del primer ATT, Miralles reflexiona sobre los cambios en el cultivo del trigo y cree que la principal evolución tiene que ver con el conocimiento. ¿Ahora, cuánto camino falta recorrer? Para este reconocido investigador, uno de los mayores desafíos pasa por el autoabastecimiento de fertilizantes, principalmente los nitrogenados. “En la actualidad, el 50% del fertilizante que se usa en trigo es importado. Necesitamos desarrollar Vaca Muerta para duplicar la producción de urea en la Argentina y lograr el autoabastecimiento”, enfatiza.
La otra materia pendiente pasa por un marco jurídico que otorgue previsibilidad para desarrollarse y abrir nuevos mercados. “Los países demandan trigo, no hay duda, el tema es buscar quién nos puede comprar el cereal y ser competitivos en los mercados del mundo. Para eso debemos avanzar en la reducción o la eliminación de las retenciones que son un impuesto a la exportación que no tiene ningún sentido”, explicó.
Por Mario Osava / Inter Press Service – Brasil logró reducir el hambre en 2023, pero aún quedan 8,7 millones de ciudadanos en inseguridad alimentaria grave en el país que se destaca como uno de los mayores exportadores agrícolas.
El gubernamental Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) constató una mejora en relación a su estudio anterior, de 2017-2018, cuando se estimó en 10,3 millones de personas en situación de hambre.
La cantidad de brasileños en inseguridad alimentaria grave aún suman 20 % más que en 2013, según los datos de IBGE. Eso se debe básicamente a tres traumas que afectaron el país en los últimos diez años.
Una fuerte recesión económica en 2015-2016 provocó una caída de 6,8 % del producto bruto interno, con el consecuente desempleo y daños sociales.
En su gobierno de 2019 a 2022 el expresidente Jair Bolsonaro, de extrema derecha, eliminó o rebajó varias políticas económicas y sociales que promovían la seguridad alimentaria.
Para colmo, del inicio de 2020 a mayo de 2023 tuvo lugar la pandemia de covid-19 que mató más de 700 000 brasileños, llenó hospitales y descompuso la actividad económica, todo agravado por el negacionismo de Bolsonaro, que condenaba medidas preventivas como el aislamiento y recomendaba como medicación la antimalárica cloroquina.
Pero además de esos factores coyunturales, dificulta la meta del “hambre cero” un desarrollo agrícola que prioriza la producción de materias primas, o commodities en el inglés dominante, para exportación, en lugar de alimentos. Eso conduce a la contradicción del hambre en una potencia agrícola como Brasil.
El país exportó 165 050 millones de dólares en productos agropecuarios en 2023, diez veces más que los 16 470 millones de dólares de importaciones. La soja aportó 40 % de todas de esas ventas externas.
Agricultura familiar conta el hambre
“El combate al hambre depende de la agricultura familiar, que esa si produce alimentos para la población local”, destacó Rodrigo Afonso, director ejecutivo de la no gubernamental Acción de la Ciudadanía, que nació en 1993 con el nombre largo complementado por “contra el hambre, la miseria y por la vida”.
En Brasil y en otros países suele decirse que los pequeños agricultores producen 70 % de los alimentos, pero es una exageración imprecisa. El censo agropecuario de 2017, hecho por el IBGE, apunta el sector como responsable de 80 % de la producción de mandioca (yuca), 42 % de los frijoles, 64,2 % de leche pero solo 31 % del ganado vacuno.
De todos modos, son vitales para la alimentación, especialmente de alimentos frescos, saludables, de producción local.
La reducción de la inseguridad alimentaria en la primera década y media de este siglo en Brasil se debió en buena parte a programas de alimentación escolar y de compras estatales de la agricultura familiar, impulsados en los dos primeros períodos (2003-2010) de gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, nuevamente elegido para un tercer período (2023-2026).
Además se incrementó el crédito a ese subsector que corresponde a 77 % de los 5,07 millones de establecimientos agropecuarios de Brasil, según el censo sectorial de 2017. De ese total 46,6 % se ubica en la región Nordeste, hecho que explica el impacto regional de las políticas que benefician la agricultura familiar.
Un incremento de la producción alimentaria podría atenuar la persistente inflación de los alimentos básicos que afecta actualmente la seguridad alimentaria de los pobres brasileños, ejemplificó Afonso a IPS.
Por eso aumentar la productividad de la agricultura familiar es una prioridad del actual gobierno brasileño, que volvió a reponer en la agenda el combate al hambre, incluso como propuesta al Grupo de los 20 países de economías más importante (G-20), actualmente bajo la presidencia de Brasil.
Mecanización necesaria
Para eso es necesario mecanizar esa pequeña agricultura, hasta ahora “rudimentario, manual, incluso por el tamaño de los predios que no comportan máquinas grandes”, observó Maria Gomes, responsable del sector de producción, cooperación y medio ambiente del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en el Nordeste.
Solo 14,5 % de los agricultores familiares poseen tractores y estos se concentran en la región Sur de Brasil, donde el índice alcanza 39,5 %, mientras en el Nordeste, la patria de la agricultura familiar, están presentes en solo 3,2 % de los establecimientos, según el censo de 2017.
Se empezó a importar máquinas agrícolas chinas para esa actividad, pero ellas “tienen que ser probada, estudiadas y adaptadas” a la realidad campesina brasileña, comentó Gomes a IPS, por teléfono desde Natal, capital del estado nororiental de Rio Grande do Norte.
Una buena señal es el programa Nueva Industria Brasil, anunciado por el gobierno en enero de 2024, que fija como meta mecanizar 70 % de la agricultura familiar hasta 2033, pero habrá que detallar “como llegar allá, el costo, el crédito para permitir el acceso de las familias a las máquinas y la asistencia técnica”, acotó.
“La mecanización es una contribución importante a la seguridad alimentaria. Además de incrementar la productividad, reduce el trabajo penoso. Pero hay otros factores como la tierra, sin la cual no se produce comida, por lo tanto la reforma agraria aún es determinante”, sostuvo.
Por eso no se debe apartar el proceso de mecanización de otras acciones, como crédito, semillas, energías renovables y el agroindustrialización, según las condiciones de cada territorio”, concluyó.
La alimentación escolar, en que 30 % de los alimentos deben de provenir de la agricultura familiar, es uno de los programas que promueven la seguridad alimentaria, especialmente em la población infantil. Imagen: Mario Osava / IPS
Dificultades regionales y políticas
Las desigualdades regionales dificultan el combate al hambre. La inseguridad alimentaria moderada y grave, que indican escasez cuantitativa o cualitativa de alimentos, afecta 16 % de la población del Norte amazónico y 14,8 % de la del Nordeste, contra un promedio nacional de 9,4 %.
El hambre, o inseguridad grave, alcanza 4,1 % de los 203 millones de brasileños, según el estudio de 2023.
“Ese año la Amazonia sufrió una sequía muy fuerte, no un estiaje normal. Comunidades quedaron aisladas, perdieron sus semillas, no pudieron cultivar la mandioca, el pan de la Amazonia”, observó Maria Emilia Pacheco, expresidenta del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Consea) e investigadora de la organización no gubernamental Fase.
Además los pueblos indígenas y tradicionales de la región son afectados por la invasión de la minería informal, el garimpo, que envenena de mercurio a los ríos afectando la pesca, la deforestación y la expansión de los monocultivo agrícolas. Las agresiones al ambiente y al clima golpean la alimentación de la población local, advirtió Pacheco.
Factores políticos también afectan la alimentación de los más pobres. El expresidente Bolsonaro desactivó el Consea, con dos tercios de representantes de la sociedad civil y un tercio de gobernantes para recomendar políticas públicas.
Su reactivación en 2023 ocurre en un momento de limitaciones en la política social, con recursos reducidos porque el presupuesto fue hecho por el gobierno anterior, de Bolsonaro. Y actualmente, un Congreso conservador frena la restauración de las políticas sociales, señaló Afonso.
Aún así, la reanudación del combate al hambre obtuvo resultados prometedores, especialmente si los datos de 2023 se comparan con los de un estudio de la Red de Investigación en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Penssan), de investigadores universitarios, hecho en 2022.
En un año del nuevo gobierno del presidente Lula se logró reducir de 33 millones a 8,7 millones los brasileños en inseguridad alimentaria grave, es decir hambre en algunos días, y a la mitad, de 125 millones a 64,1 millones, los que sufren inseguridad en general, ligera, moderada y grave.
Analistas cuestionaron la comparación, pero pese a algunas alteraciones en la metodología, es válida la confrontación, porque ambos estudios se basan en las mismas preguntas hechas a la población, aunque la Red Penssan consultó menos gente y con menos preguntas, evaluó Rodrigo Afonso.
Mario Osava es corresponsal de IPS desde 1978 y encargado de la corresponsalía en Brasil desde 1980
Argentina ha experimentado un preocupante declive en el escenario mundial de exportaciones, según un informe reciente que revela una caída de 20 puestos en el ranking de países exportadores en los últimos 40 años. El estudio, liderado por Marcelo Elizondo, presidente de la Cámara de Comercio Internacional (ICC) en Argentina, destaca que el país ha pasado de representar el 0.47% de las exportaciones globales en 1983 al 0.27% en 2023.
Los datos muestran un panorama desafiante para la nación sudamericana, que ha visto una disminución constante en su posición en el ranking exportador de bienes, alcanzando su peor ubicación en la serie histórica, en el puesto 55. Aunque se observan fluctuaciones temporales, como en 2003 cuando ocupó el puesto 52, Argentina no ha logrado mantener una tendencia ascendente sostenida.
Entre los factores identificados en el informe que han contribuido a esta caída se encuentran la irrupción de nuevos países en el escenario exportador, cambios en la oferta de otros competidores y una mejor disponibilidad de datos. Esta nueva dinámica ha permitido que naciones como Irlanda, Israel, Qatar, Chile, Turquía y otros superen a Argentina en el ranking.
Marcelo Elizondo destaca el papel fundamental del desarrollo de sectores productivos estratégicos y acuerdos internacionales de integración en el ascenso de otros países en el ranking. Además, subraya la importancia de una economía orientada al mercado y la internacionalización de las empresas como elementos clave para mejorar la competitividad exportadora.
Para recuperar su posición perdida, Argentina enfrenta el desafío de aumentar sus exportaciones en más del 55% con respecto a 2023, lo que equivale a unos u$s105.000 millones. Elizondo señala que esto requerirá mejoras significativas en áreas como la garantía de derechos de propiedad, la estabilidad jurídica y económica, así como la optimización de la infraestructura logística.
Además, se destaca la necesidad de actualizar el marco regulatorio para fomentar la innovación, crear un ambiente favorable para la planificación productiva y fortalecer la presencia internacional de los productos argentinos en los mercados exteriores.
El desafío para Argentina es claro: adaptarse a las demandas del mercado global y tomar medidas audaces para revitalizar su posición como jugador destacado en el escenario exportador mundial.