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Argentina en loop: el mito del eterno retorno

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Si alguien quisiera explicar la economía argentina sin tecnicismos, podría hacerlo con una sola imagen: estamos atrapados en “El Día de la Marmota”. Como en la famosa película de Hollywood, nos despertamos, una y otra vez, en el mismo día. Cambian los nombres, cambian los discursos, pero el resultado es idéntico: deuda, ajuste e inflación.

El libreto no es nuevo. Lo escribió José Alfredo Martínez de Hoz, durante la dictadura cívico-militar, cuando la deuda externa pasó de 7.000 millones de dólares en 1976 a más de 45.000 millones en 1983. No fue un desvío: fue un programa. Como reconocería años después el propio Banco Central, gran parte de ese endeudamiento terminó financiando la fuga de capitales.

Ese modelo no murió. Lo perfeccionó Domingo Cavallo en los 90. Entre 1991 y 2001, la deuda pasó de 65.000 millones a más de 145.000 millones de dólares, en paralelo a privatizaciones masivas. El Fondo Monetario Internacional sostuvo el esquema hasta el colapso y después habló de “fallas”.

Otra vez: primero legitiman el modelo, después reconocen el desastre.

Y sin embargo, acá estamos de nuevo.

Con Luis Caputo, el ciclo no solo vuelve: acelera. El préstamo récord del FMI en 2018 —57.000 millones de dólares— terminó, según el propio organismo, financiando en gran medida la salida de capitales. Entre 2016 y 2019, se fugaron más de 80.000 millones de dólares.

Pero hay algo más constante que la deuda.

El discurso.

Porque en cada ciclo hay una promesa que vuelve como un mantra. Antes fue la “estabilidad para siempre”. Después, la “confianza de los mercados”. Hoy, se repite la misma escena, la famosa “luz al final del túnel”.

O, en versión más aggiornada, lo que dijo Luis Caputo ante empresarios en la reunión de AmCham (American Chamber of Commerce) Argentina: que se vienen “los mejores meses de la historia”.

Siempre es lo mismo: el sacrificio es ahora, el bienestar viene después.

El problema es que ese “después” nunca llega para la mayoría.

Porque mientras se promete futuro, los datos del presente son contundentes:

2018: 47,6% de inflación tras la devaluación.

2019: 53,8%.

2023: más de 200% anual.

La CEPAL lo viene señalando: en economías como la argentina, la inflación está atada a la restricción externa y al tipo de cambio. Es decir, al mismo esquema de deuda y dependencia.

Primero entra la deuda.

Después la presión sobre el dólar.

Después la devaluación.

Y finalmente, la inflación.

Mientras tanto, el salario pierde. Más de 20% de caída real entre 2016 y 2019 y, en la etapa reciente el deterioro se profundiza: desde la asunción de Javier Milei, el salario real registrado acumuló una caída, en promedio, cercana al 25%, tras un derrumbe inicial mucho más brusco luego de la devaluación de diciembre.

En paralelo, las jubilaciones fueron directamente el “ancla” del ajuste: según el CEPA (Centro de Economía Política Argentina), los haberes acumulan una pérdida del 27,4% en términos reales desde el cambio de fórmula aplicado a fines de 2023, convirtiéndose en uno de los principales mecanismos para alcanzar el superávit fiscal.

Como explicaba Aldo Ferrer, el problema histórico es la falta de dólares. Pero este modelo no la resuelve: la profundiza.

Ahí es donde el eterno retorno deja de ser metáfora. Como planteaba Friedrich Nietzsche, la pregunta no es si todo vuelve, sino por qué aceptamos que vuelva.

Porque en cada ciclo hay ganadores:

Los que hacen negocios con la deuda.

Los que fugan a tiempo.

Los que compran barato después de la crisis.

Y perdedores:

Trabajadores y jubilados que pagan la inflación.

El Estado que hereda la deuda.

La sociedad que soporta el ajuste.

No es mala suerte. Es un modelo.

Y también es un relato que se repite.

Siempre hay un túnel.

Siempre hay una luz.

Siempre hay “los mejores meses por venir”.

Pero del otro lado, una y otra vez, aparece lo mismo:

Más deuda.

Más inflación.

Más desigualdad.

Romper ese ciclo no es técnico. Es político.

Implica dejar de discutir promesas y empezar a discutir intereses.

Implica preguntarse quién gana con este esquema y quién pierde.

Implica, en definitiva, dejar de creer que esta vez es distinto.

Porque si no, lo que viene no es sorpresa.

Es rutina.

Despertarse otra vez.

Escuchar la misma promesa.

Y volver a vivir el mismo final.

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El Gobierno llevó a la Corte Suprema la reforma laboral con un “per saltum” para frenar su suspensión

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El Gobierno nacional presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema para que intervenga de manera directa en el conflicto judicial por la reforma laboral y deje sin efecto la suspensión de varios artículos clave de la norma.

La presentación se realizó mediante un “per saltum”, un mecanismo que permite saltear instancias judiciales intermedias y llevar el caso directamente al máximo tribunal, en busca de una resolución urgente.

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el pedido fue impulsado por la Procuración del Tesoro en representación de la Secretaría de Trabajo, con el objetivo de revertir el fallo que frenó más de 80 artículos de la ley tras una demanda presentada por la CGT.

El recurso apunta a que la Corte declare la validez de la reforma y suspenda los efectos de la medida cautelar dictada por un juzgado laboral, que había cuestionado la aplicación de la norma en todo el país.

Desde el Ejecutivo sostienen que ese tribunal no tenía competencia para intervenir en una ley de alcance nacional y remarcaron la necesidad de que el máximo tribunal unifique criterios en un conflicto que ya atraviesa distintas instancias judiciales.

La decisión se da en el marco de una fuerte disputa judicial en torno a la reforma laboral, que fue parcialmente suspendida a fines de marzo y cuyo futuro quedó sujeto a la definición de la Corte Suprema.

Con esta estrategia, el Gobierno busca acelerar los tiempos judiciales y recuperar la vigencia de una de sus principales reformas económicas, en medio de la presión sindical y los cuestionamientos legales sobre su constitucionalidad.

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Caputo ratifica el rumbo económico y descarta cambios mientras busca respaldo financiero internacional

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El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró desde Washington que el Gobierno nacional no se desviará “ni un centímetro” del rumbo económico, en un mensaje dirigido tanto a los mercados como al frente político interno. La definición se dio durante su participación en un panel del Atlantic Council, donde compartió escenario con el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

En ese contexto, el funcionario ratificó la continuidad de las reformas estructurales basadas en reducción de impuestos, desregulación y mejoras en la logística, al tiempo que destacó avances legislativos y el respaldo de organismos internacionales en materia de financiamiento.

Reformas, Congreso y respaldo externo

El planteo del ministro se apoya en dos pilares. Por un lado, un Congreso que, según afirmó, quedó “más alineado” con el oficialismo tras las elecciones de medio término, lo que habilitaría el envío de nuevas leyes para profundizar el proceso de reformas.

Por otro lado, el Gobierno busca sostener el programa económico con respaldo internacional. En ese marco, el Grupo Banco Mundial evalúa una garantía de hasta US$2.000 millones destinada a refinanciar deuda argentina, reducir costos financieros y mejorar las condiciones para la inversión privada.

Este esquema combina ajuste interno con financiamiento externo, en una estrategia orientada a consolidar el orden macroeconómico.

Continuidad del programa y foco en competitividad

Caputo reafirmó que el eje del modelo seguirá centrado en la baja de impuestos, la reducción de regulaciones y la mejora de infraestructura como herramientas para ganar competitividad.

En su exposición, el ministro rechazó explícitamente la utilización de devaluaciones como mecanismo de ajuste, planteando que la competitividad debe construirse por otras vías.

También mencionó reformas ya impulsadas, como la laboral y la denominada Ley de Inocencia Fiscal, con el objetivo de avanzar en mayor formalización y atraer inversión real.

Señal a mercados y disputa política interna

El mensaje de “no desviarse” funciona como una señal de previsibilidad hacia los inversores, en un contexto donde el Gobierno intenta consolidar credibilidad tras meses de ajuste económico.

Al mismo tiempo, el discurso incluye una confrontación con la oposición, al descartar la posibilidad de volver a esquemas económicos anteriores. En ese sentido, la estrategia oficial busca fijar un marco de irreversibilidad del programa.

La combinación de respaldo internacional, mayoría legislativa relativa y narrativa de resultados configura un intento de fortalecer la posición política del Gobierno en la segunda etapa de gestión.

Inversión, financiamiento y expectativas

El eventual respaldo del Banco Mundial, de concretarse, podría aliviar el frente financiero en el corto plazo, facilitando la refinanciación de deuda y reduciendo el costo del crédito.

A su vez, el énfasis en la estabilidad macroeconómica y la competitividad apunta a mejorar las condiciones para la inversión privada, tanto local como extranjera.

El Gobierno también sostiene que el contexto internacional —incluyendo tensiones como la guerra en Medio Oriente— abre oportunidades para países con recursos estratégicos, como energía y alimentos.

El planteo oficial sobre competitividad e inversión tiene implicancias indirectas para regiones como el NEA. La mejora en infraestructura y logística, mencionada como eje del programa, aparece como un factor clave para economías alejadas de los grandes centros productivos.

Sin embargo, el impacto concreto dependerá de cómo se traduzcan esas políticas en inversiones reales y en reducción de costos para las economías regionales.

Reformas, financiamiento y clima político

El rumbo económico queda condicionado a múltiples variables: la capacidad del Gobierno para sostener el apoyo legislativo, la concreción del financiamiento internacional y la evolución del contexto global.

También será clave observar si las reformas logran traducirse en crecimiento y empleo, objetivo central del discurso oficial.

En ese marco, la definición de Caputo busca cerrar la puerta a cambios de estrategia, pero deja abierto el interrogante sobre la velocidad y profundidad de los resultados.

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El renacer del girasol argentino

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El presidente de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), Juan Martín Salas Oyarzun, destacó el crecimiento de la producción en Argentina.

Juan Martín Salas Oyarzun, presidente de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), destacó el fuerte crecimiento de la producción, el mayor ingreso de divisas y el potencial de expansión del cultivo. Reclamó menos presión impositiva y mejoras en infraestructura para sostener el desarrollo.

“Estamos transitando un momento histórico del girasol argentino”, afirmó Salas Oyarzun, al inaugurar el VIII Congreso Argentino de Girasol. Según detalló, “la producción de grano de la cadena va a terminar creciendo este año un 94% respecto de la campaña 21/22”.

Los motivos del crecimiento de la producción de Girasol en Argentina

El dirigente explicó que este salto responde a una reacción coordinada del sector frente a la demanda internacional: “Nuestra cadena de valor ha respondido al incremento de demanda internacional reflejado en los precios, con aumentos de producción de grano, procesamiento y exportaciones”.

En ese marco, subrayó un dato clave de eficiencia: “La presente campaña vamos a generar un volumen de grano cercano a la máxima producción argentina de los años 1998 y 1999, que fue de siete millones de toneladas, pero dedicando 1,3 millones de hectáreas menos que en aquellos años”. Y agregó: “Ese es el primer agregado de valor en origen y una muestra clara de aumento de sostenibilidad de nuestro sistema productivo”.

Más divisas y expansión del mercado externo

El impacto económico también fue destacado por el titular de ASAGIR. “La exportación de aceites y otros productos de la cadena ha ingresado al país casi un 50% más de divisas en 2025 respecto del año anterior”, señaló. En ese sentido, interpretó que “esto significa que consumidores del resto del mundo retribuyen nuestro trabajo, inversión e innovación”.

Además, remarcó el crecimiento industrial: “La producción de aceite en 2025 fue la más alta desde el año 2000 y en los primeros meses de 2026 la tendencia continúa en aumento respecto del año anterior, con mayor nivel de inversión y nuevos actores”.

El futuro de la producción de Girasol en Argentina

Sobre el futuro, planteó un escenario ambicioso: “Si la demanda internacional sobre el girasol se mantiene firme y recuperásemos la superficie que tuvo el cultivo en Argentina a fines del siglo XX, podemos llegar a producir 9.5 millones de toneladas”. Y sintetizó: “Podemos transformarnos cada vez más en un mar de girasol”.

Salas Oyarzun remarcó que el mercado interno está cubierto, por lo que el foco debe estar en el exterior: “La demanda local está perfectamente abastecida en cantidad, así que cobran cada vez más importancia los mercados externos”.

El destino clave de la producción de Girasol en Argentina

En ese contexto, destacó un destino clave: “En primer lugar, debemos atender la demanda de India, principal importador mundial y actor cada vez más protagónico de la economía mundial”. También llamó a diversificar: “Tenemos que identificar más y mejor los nichos de mercado específicos en todo el mundo y abastecerlos”.

A nivel interno, advirtió sobre desafíos técnicos: “Debemos trabajar dentro de nuestra cadena adecuando las prácticas de conservación de grano para mantener la calidad de origen”, y sostuvo que la capacitación será central: “Seguir coordinando esfuerzos, difundiendo buenas prácticas y capacitación es una de las tareas importantes de ASAGIR en el presente”.

Innovación, rendimientos y brechas productivas

El dirigente destacó avances en productividad: “Los rendimientos de las últimas dos campañas, medidos en kilos y en contenido de materia grasa por hectárea, nos muestran que los potenciales han crecido”.

En ese sentido, puso en valor el rol de la investigación: “El sector de desarrollo genético e investigación viene mostrando resultados concretos con cada vez más programas de desarrollo locales”. Y aseguró que “nuestra asociación va a continuar apoyando la divulgación científica como parte de nuestra esencia”.

La necesidad de mejorar resultados

Sin embargo, advirtió sobre la necesidad de mejorar resultados en campo: “Debemos ir reduciendo las brechas entre los rindes potenciales y los obtenidos”. Para eso, señaló que “productores, asesores y extensionistas siguen teniendo el rol protagónico”.

El crecimiento del sector también expone limitaciones estructurales. “Al expandir el área productiva se hace más evidente el desafío de infraestructura general y logística tanto por tierra como fluvial y marítima”, afirmó, y reclamó una respuesta conjunta del sector público y privado.

El contexto económico de la producción de Girasol

En materia económica, fue contundente: “Ha quedado demostrado que cuando la amenaza de más impuestos, cuotas al comercio y regulaciones se van desvaneciendo, se desatan las fuerzas productivas”.

En la misma línea, pidió avanzar en reformas: “La disminución de la presión impositiva en los impuestos más distorsivos es parte de las condiciones necesarias para lograr una normalización económica definitiva y un mayor grado de competitividad e inversiones”.

Los próximos desafíos

Finalmente, Salas Oyarzun vinculó estos desafíos con el encuentro sectorial: “Todo lo enumerado anteriormente es el motivo de existencia de nuestra asociación y de este Congreso”.

Sobre el evento, explicó: “En este VIII Congreso Argentino vamos a observar al girasol desde la investigación básica, la genética, el potrero, el cultivo en distintos ambientes y regiones, la logística y el comercio”.

Por último, Salas Oyarzun señaló que la misión de ASAGIR es “impulsar el desarrollo sostenible del girasol generando acciones conjuntas con la red agroindustrial”.

La Asociación Argentina de Girasol es una organización integrada por todos los sectores de la cadena de valor del girasol, cuyo objetivo es promover la competitividad y el crecimiento sostenible del cultivo en el país.

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Un país que se había prohibido crecer

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El proceso de transformación económica en el que el Gobierno está empeñado requiere del acompañamiento legislativo. El Congreso necesita dar pasos decisivos en la eliminación de las trabas a la inversión productiva.

A fines de los años 60, los argentinos éramos más ricos que los españoles. Pero desde entonces nuestro desempeño fue calamitoso: pasamos de ser un país próspero y con índices de pobreza bajísimos a uno donde, cuando asumió Javier Milei, el 70% de los niños vivía en la pobreza.

Se esgrimieron las más variadas hipótesis para explicar ese fracaso: algunas lo atribuían a una suerte de anomia social, otras a la inestabilidad macroeconómica, otros a una puja distributiva sin fin; hubo quienes inventaron el fantasma de la restricción externa, y otros señalaron un complot del resto del mundo por los que debíamos vivir con lo nuestro.

No vale la pena repasarlas todas -su cantidad lo haría imposible-, pero sobre todo porque la explicación resultó ser algo mucho más sencillo: simplemente habíamos prohibido el crecimiento. Lo hicimos prohibiendo toda actividad económica en la que teníamos potencial.

La ley de glaciares prohibió la minería; las provincias salmoneras prohibían la acuicultura; la actividad petrolera tuvo sus detractores mientras los ambientalistas bloqueaban el acceso a los pozos; el litio iba a arruinar las salinas; el ganado en pie no se podía exportar por sarasa; tampoco los cueros; propiedad intelectual para nuestras industrias y científicos, no; para las semillas tampoco, por eso la productividad en algodón, trigo y soja se rezagó respecto del mundo; navegar los ríos, no; importar bienes de capital usados, no; plantas de celulosa, no; turismo en el glaciar Perito Moreno, no; producir más yerba, no; conectar los pueblos por avión, no; internet satelital, no; cosechar sin autorización del INTA, no; vender productos industriales sin una autorización del INTI, que nunca llegaba o requería una coima, tampoco. Hasta les prohibimos a nuestros empresarios pymes exportar por correo postal.

Entonces, ¿por qué sorprende que no hayamos crecido? Lo verdaderamente insólito hubiera sido crecer con semejante cantidad de trabas. Por suerte, en 2023 la gente eligió el cambio, y ese cambio tiene como componente central justamente eliminar esas prohibiciones. Es un proceso en el que el gobierno está embarcado desde el comienzo de la gestión, pero que este año, de la mano del Congreso más reformista de la historia, necesita dar un paso decisivo.

La reforma a la Ley de Glaciares, aprobada en el Congreso la semana pasada, es un buen ejemplo del proceso de derrumbe de esas trabas, ya que permitirá el desarrollo de las minas de cobre, plata y oro más grandes del mundo, que insólitamente habíamos elegido ignorar.

Al tiempo que se votaba en el Congreso, el ministro Luis Caputo estimaba exportaciones mineras por 165.000 millones para los próximos 10 años. Un impacto similar, aunque en este caso sobre la producción agropecuaria y las economías regionales, tendría la derogación parcial de la Ley de Tierras 26.737 del kirchnerismo, que prohibió la compra y, por ende, limitó significativamente la inversión extranjera en el sector. El efecto más relevante no se daría tanto en la zona pampeana, hoy bien y eficientemente explotada, sino en tierras que requieren inversiones que el capital local no puede proveer.

Las trabas impuestas por la ley impiden asociaciones entre propietarios locales e inversores externos que podrían transformar la fisonomía del país. Repasemos las posibilidades que, según la Secretaría de Agricultura, se abrirían con la modificación propuesta a la Ley 26.737.

En el NEA, la derogación de la Ley de Tierras habilitaría el desarrollo foresto-industrial de manera radical. Como los procesadores de madera necesitan el control de la calidad del stock forestal, la inversión industrial viene de la mano de la adquisición de plantaciones de bosques implantados en una de las regiones más aptas del mundo.

Así se destrabaría el potencial para la construcción de dos plantas de celulosa Fluff/BSKP/DP, insumo para productos de higiene personal, con una inversión de 2.200 millones de dólares cada una; dos plantas de celulosa Kraftliner, para embalaje, cajas y bolsas de papel, de 1.500 millones cada una; inversiones por 300 millones en aserraderos para tabla, glulam, molduras, CLT y vigas estructurales; una biorrefinería para productos de alto valor agregado (lyocel, viscosa, biocomposites) de 2.500 millones; e infraestructura portuaria por 300 millones.

En total, el NEA, esto es, las provincias de Misiones, Entre Ríos y Corrientes, desbloquearían inversiones por 10.500 millones de dólares. En el Chaco las inversiones en algodón y un puerto en Barranqueras cambiará el potencial de la provincia y la podrían convertir en el nuevo centro logístico del norte del país.

El NOA, en particular las provincias de Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy, no sería ajeno al cambio. Allí se sumarían inversiones por un total de 320 millones de dólares en riego e industrialización en unas 100.000 hectáreas en productos tan diversos como arándanos, limones, ganadería o legumbres.

En la región pampeana, las inversiones podrían alcanzar casi 1.000 millones de dólares, distribuidos entre el desarrollo de la industria láctea, inversión en riego e infraestructura portuaria. De la provincia de Buenos Aires al norte de Santa Fé, la producción agrícola, y la ganadera podrán capitalizarse como nunca antes.

Cuyo sería uno de los grandes beneficiados, con una inyección de capital en actividades intensivas como el pistacho, los frutos secos y la industria olivícola. Se estima que esos recursos se destinarían al desarrollo de riego por goteo, reservorios de agua y plantas de procesamiento de agroproductos en más de 100.000 hectáreas, a las que se sumaría el desarrollo para la producción de forraje con riego para la ganadería.

La suma estimada de inversiones supera los 2.000 millones de dólares. Finalmente, la Patagonia: La Pampa, Río Negro, Chubut y Santa Cruz verían una transformación radical en su fisonomía (Neuquén con la energía tiene de sobra). En un futuro no muy lejano, al viajar a la Patagonia no veremos la estepa a la que estamos acostumbrados, sino praderas verdes con rindes excepcionales producto de su larga exposición a la luz solar.

Las inversiones en desarrollo de tierras agrícolas con riego y en actividad ganadera involucrarían más de 150.000 hectáreas, a las que se añadirían inversiones en fruta fina y cultivos intensivos en valles fértiles por unas 20.000 hectáreas más, superando en conjunto los 1.000 millones de dólares.

En total, podríamos esperar inversiones por casi 15.000 millones que modificarían radicalmente el potencial productivo del país. Solo debemos dejar atrás los miedos y los intereses que nos habían condenado al pobrismo y la decadencia al que nos había llevado el kirchnerismo. Hoy es tiempo de reafirmar el desafío del progreso que este gobierno de Javier Milei desde el primer día. Argentina será próspera. ¡VLLC!

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