Alemania

El Presidente se reunió con el canciller alemán: “La Argentina es un socio fiable”, dijo Scholz

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(Por Silvina Oranges, enviada especial) El presidente Alberto Fernández y el canciller alemán Olaf Scholz, quien definió a la Argentina como “un socio confiable”, coincidieron hoy en condenar “la agresión” militar de Rusia a Ucrania, y consideraron que las consecuencias de esa guerra que se desarrolla en el este de Europa impactan en una suba de los precios internacionales de los alimentos y la energía que repercuten en todo el mundo, durante una conferencia de prensa que ambos mandatarios ofrecieron en la sede del gobierno federal germano en Berlín.

“Es bueno saber que la Argentina es un socio fiable para Alemania. Ambos coincidimos en condenar la invasión de Rusia a Ucrania. Saludo la decisión del Presidente de ponerse del lado de las víctimas”, remarcó el canciller germano, quien destacó el reciente acuerdo alcanzado por el Gobierno argentino con el FMI.

Así lo expresó en el marco de una declaración conjunta a la prensa que ambos ofrecieron tras la reunión que mantuvieron en la sede del Gobierno alemán en la ciudad de Berlín.

“Los coletazos de la guerra repercuten en todo el mundo y particularmente en América latina y otros países en vías de desarrollo. Los precios de los alimentos han aumentado al igual que los de la energía. Esto no solo es un problema de Rusia y la OTAN, si no que afecta a todo el mundo. Es necesario un cese al fuego que debe lograrse en un ámbito de discusión”, señaló Fernández.

Por su parte, el canciller alemán afirmó que la guerra “dejará consecuencias por años” para Ucrania y reclamó que Rusia, “una potencia nuclear”, retire sus tropas del país que invadió y afirmó que los esfuerzos de la comunidad internacional “deben estar centrados en ese sentido”.

“Lo importante es avanzar en los acuerdos entre Europa y el Mercosur. Tenemos que empezar por lograr acuerdos en los cultural y en lo científico para no quedarnos en el tema del proteccionismo. Tenemos que profundizar nuestros vínculos”, apuntó Fernández.

En cuanto a la sanciones impuestas a Rusia, Scholz consideró que se busca con ellas encontrar un camino para convencer a Rusia de que debe cesar su agresión, y reconoció que “el mundo está cambiando y no será bipolar”, ya que en un futuro, muchos países podrán ejercer su influencia”.

“Lo peor que le pasaría sería volver a un esquema bilpolar. Hay que poenr en funciones a los organismos internacionales para llegar a un entendimiento. En ese sentido, el G-20 puede servir para explicarle a Rusia que esta guerra no le conviene al mundo”, indicó el jefe de Estado argentino al ser consultado sobre si apoyaría sanciones contra el gobierno de Vladimir Putin para que deje ese espacio internacional.

Por último, el presidente ratificó que Argentina quiere sumarse al grupo de los Brics (que integran Brasil, Rusia, China Sudáfrica e India) y remarcó que “América latina es un continente de paz”, y abogó por una solución pacífica al conflicto entre Ucrania y Rusia.

“Esta guerra es una inmoralidad, sobre todo después de una pandemia. Tenemos que encontrar una solución pacífica”, puntualizó Fernández.

El presidente Alberto Fernández arribó hoy a las 13.27 hora de Alemania (8.27 de la Argentina) a la ciudad de Berlín y luego se reunió con el canciller Olaf Scholz, en el marco de la segunda jornada de su gira por Europa.

En un vuelo especial de Aerolíneas Argentinas, Fernández y su comitiva llegaron al aeropuerto de Berlín-Brandeburgo Willy Brandt luego de su paso por España, donde se reunió con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y con el rey Felipe VI de Borbón.

A su arribo al Aeropuerto Internacional de Berlín, el mandatario fue recibido por la directora de protocolo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, Daniela Vogl, y por el embajador de Argentina ante Alemania, Pedro Villagra Delgado.

El jefe de Estado viajó acompañado por el canciller, Santiago Cafiero; la portavoz Presidencial, Gabriela Cerruti; los secretarios General de la Presidencia, Julio Vitobello; y de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; y la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca Bocco.

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Tres partidos anuncian una inédita coalición de Gobierno en Alemania que pone fin a la era Merkel

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El líder socialdemócrata alemán Olaf Scholz anunció hoy un acuerdo para gobernar a Alemania en coalición con los ecologistas Verdes y los liberales del FDP, que pone fin a la era del mandato de la conservadora jefa de Gobierno, la canciller Angela Merkel.

“El acuerdo de la coalición está en vigor. Ahora estamos solicitando la aprobación del partido para que pueda comenzar el nuevo gobierno progresista. ¡Vamos a hacerlo!”, tuiteó el futuro canciller.

En conferencia de prensa en Berlín junto a líderes de la coalición, el secretario general del Partido Social Demócrata (SPD), de 63 años, expresó que esperaba que el acuerdo reciba el visto bueno de las bases de los tres partidos en los próximos diez días.

Scholz, quien sucederá a Merkel tras 16 años en el poder, aseguró que el nuevo Gobierno “no buscará el más bajo denominador común, sino las políticas de alto impacto”, y que se centrará en el coronavirus y la crisis climática, dos temas álgidos hoy día en Alemania.

Casi dos meses después de las elecciones legislativas alemanas, marcadas por un derrumbe histórico del campo conservador, Scholz se prepara para sucederle a principios de diciembre con una alianza inédita con los Verdes y los liberales del FDP.

Estas tres formaciones afirmaron que se pusieron de acuerdo sobre un “contrato” de coalición llamado “Atreverse a más progreso. Alianza para la libertad, la justicia y la sostenibilidad”, con grandes propuestas medioambientales, como avanzar el fin del uso del carbón a 2030, en lugar de 2038.

“Me alegro de que hayamos acordado aumentar el salario mínimo a 12 euros (por hora) en un solo paso. Y que estamos introduciendo un esquema básico de protección infantil que evitará la pobreza. Al mismo tiempo, como prometimos, mantenemos estable la pensión”, tuiteó Scholz, al anunciar la noticia.

También remarcó que se acordó “impulsar la construcción de viviendas en la lucha contra los altos alquileres: 400.000 nuevos apartamentos al año, 100.000 de los cuales son de financiación pública”.

Esta es la primera vez que la combinación política de SPD, FDP y los Verdes, asume al poder en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial.

Scholz “será un canciller fuerte” afirmó, por su parte, el dirigente del FDP, Christian Lindner, informó la agencia de noticias AFP.

Lindner, defensor de la línea ortodoxa de los déficits públicos, sería el encargado del Ministerio de Finanzas, según la hoja de ruta marcada en un documento presentado hoy por las tres fuerzas que integrarán el Gobierno.

Entre las primeras medidas para hacer frente a un avance récord del coronavirus en el país, Shcolz anunció un acuerdo para hacer obligatoria la vacunación donde se cuida a personas vulnerables, con la opción de ampliar los alcances de la regla.

También dijo que se destinarán 1.000 millones de euros al personal sanitario “particularmente exigido” y se estudiará una “extensión” de la obligación de inmunizarse, ya en vigor en las Fuerzas Armadas y pronto en los establecimientos sanitarios.

Por otro lado, destacó que una Europa soberana, la amistad con Francia y la alianza con Estados Unidos serán piedras angulares de la política exterior de su Gobierno, continuando una larga tradición de posguerra.

Annalena Baerbock, de 40 años, la candidata de los ecologistas, debería ponerse al frente de la diplomacia alemana, en un gobierno de paridad entre hombres y mujeres, según la prensa.

Robert Habeck, uno de los líderes de los Verdes, y quien se haría cargo del Ministerio del Clima, dijo a su turno que las medidas sobre el área planeadas por el futuro Gobierno de centro pondrán a Alemania en camino a cumplir las metas del Acuerdo de París de 2015 de combate al calentamiento global.

El SPD, los Verdes y los liberales del Partido Democrático Libre (FPD) venían negociando una coalición de Gobierno desde que el SPD ganó por estrecho margen las elecciones del 26 de septiembre pasado.

Si los afiliados la dan su aprobación, el tripartito reemplazará a la “Gran Coalición” que gobernó a Alemania en los últimos años, integrada por el SPD y el bloque conservador del partido de Merkel, la Unión Demócrata Cristiana (CDU).

Merkel, quien no se presentó para un quinto mandato, será reemplazada por Scholz, que fue su ministro de Finanzas y vicecanciller desde 2018, y ya dio sus primeros pasos junto a ella en la escena internacional al acompañarla en la cumbre del G20 el mes pasado en Roma.

Según el documento sobre el acuerdo de coalición presentado por los partidos, se prevé que el futuro canciller se someta a la investidura del Parlamento hacia el 6 de diciembre.

La nueva coalición, según el acuerdo de gobierno, quiere legalizar el cannabis. “Esto permitirá controlar la calidad, impedir la circulación de sustancias contaminadas y garantizar la protección de los jóvenes”, señaló el documento.

Además, el nuevo Gobierno desea volver “en 2023” a las reglas de rigor presupuestario, entre ellas el freno al endeudamiento inscrito en la Constitución.

La coalición se anuncia en momentos en que Alemania enfrenta un avance récord del coronavirus, quizás su peor ola desde el inicio de la pandemia.

Las autoridades sanitarias informaron justamente hoy un récord de casi 67.000 casos en las últimas 24 horas. El crecimiento se atribuye a la renuncia de muchas personas a vacunarse. En algunas regiones escasean las camas de hospitales.

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Alemania supera los 60.000 casos de coronavirus en un día y advierten de una “Navidad terrible”

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La máxima autoridad de Alemania para el control de enfermedades dijo hoy que el país enfrentará una “Navidad terrible” si no se adoptan medidas para contener un brusco avance del coronavirus, luego de informar un récord de más de 65.000 casos en un día.

La advertencia llegó justo el día en que el Parlamento alemán debate medidas contra el coronavirus y en que la jefa de Gobierno saliente, la canciller Angela Merkel, se reúne con los líderes de los 16 estados que conforman el país también para abordar la crisis.

Merkel dijo ayer que Alemania afrontaba una “situación dramática”.

El Instituto Robert Koch (RKI), el organismo de control de enfermedades de Alemania, informó 65.371 casos de coronavirus en las últimas 24 horas, continuando con una tendencia al alza sobre la que expertos vienen advirtiendo hace semanas.

“Actualmente nos estamos dirigiendo hacia una seria emergencia”, dijo el director del RKI, Lothar Wieler.

“Vamos a tener una Navidad realmente terrible si no tomamos medidas ya”, agregó, informó la agencia de noticia alemana DPA.

Wieler dijo que Alemania necesita incrementar su tasa de vacunación, que desde hace semanas está estancada en torno al 67%, por encima del 75%.

Algunas regiones de Alemania tiene una tasa de vacunación de apenas el 57,6%.

El director del RKI también pidió que se cierren clubes y bares, que se prohíban eventos multitudinarios y se limite el acceso a la vida pública a aquellos vacunados o que se haya curado de la enfermedad hace poco.

Wieler advirtió que los hospitales de Alemania tienen problemas para encontrar camas para pacientes con Covid-19 y para personas con otras enfermedades.

El Parlamento alemán debate hoy sobre la crisis, con la previsión de que se voten las propuestas para frenar la pandemia presentadas por los tres partidos políticos que sustituirán a la coalición saliente tras las elecciones de septiembre.

Entre otras cosas, los partidos quieren exigir a los pasajeros de autobús y tren que presenten una prueba de vacunación, de recuperación de Covid-19 o una prueba negativa reciente, e introducir penas estrictas de hasta cinco años de cárcel para los falsificadores de documentos y certificados de coronavirus.

Más tarde, Merkel mantendrá conversaciones con los líderes de los 16 estados federados.

Los jefes de Gobierno regionales buscan un enfoque unificado de las normas y restricciones sobre el coronavirus, en medio de un mosaico de estrategias en todo el país.

Los primeros ministros y Merkel debatirán cuestiones como las normas de acceso a los servicios públicos, los umbrales de alerta de la capacidad de los hospitales y la forma de aumentar la actual cuota de vacunación de Alemania, dijo el Gobierno.

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Alemania marca nuevo récord de casi 53.000 casos de coronavirus en un día

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Alemania informó hoy un nuevo récord de 52.826 casos de coronavirus en las últimas 24 horas y otra cifra sin precedentes de uno de los indicadores que usa para decidir nuevas restricciones.

El organismo epidemiológico alemán, el Instituto Robert Koch (RKI), dijo además que 294 personas más murieron el día previo por coronavirus, lo que eleva a 98.274 el total desde el inicio de la pandemia.

Las infecciones se han disparado en Alemania en semanas recientes, sobre todo entre los no vacunados.

Ante esta situación de deterioro, el ministro de Salud, Jens Spahn, llamó hoy no ser tan estrictos sobre esperar al menos seis meses para aplicar dosis de refuerzo de la vacuna del coronavirus.

El anterior récord de casos en un día había sido registrado la semana pasada, con 50.196.

En cuanto a la incidencia, la cifra de nuevos casos por cada 100.000 habitantes en la última semana, ayer marcó otro récord de 312,4, dijo el RKI, informó la agencia de noticias alemana DPA.

En cuanto a la incidencia hospitalaria -el número de pacientes ingresados por cada 100.000 habitantes- fue ayer de 4,86.

La incidencia de casos y la incidencia hospitalaria son indicadores clave para las autoridades a la hora de decidir nuevas restricciones o medidas para contener la enfermedad.

La proporción de habitantes de Alemania plenamente vacunados contra el coronavirus se ha estancado desde hace semanas en alrededor del 67%.

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El legado de Angela Merkel

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Se acercan las elecciones en Alemania y surgen a priori dos interrogantes ¿Cuál será el legado de Merkel? ¿Qué será del futuro de la Unión Europea?

Primero, hagamos un breve repaso. A finales de junio, por ejemplo, Merkel recibió al presidente francés, Emmanuel Macron, en la cancillería; hizo lo mismo con el primer ministro italiano, Mario Draghi. Se reunió con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; se reunió con el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, y luego viajó a Bruselas para asistir a dos días a la cumbre de la Unión Europea, donde intentó fortalecer los vínculos entre la OTAN y Estados Unidos e intentó fomentar el diálogo con Vladímir Putin. Esta semana, fue recibida por Joe Biden en la Casa Blanca. 

Merkel transformó la política alemana posterior a la Guerra Fría, liberalizó su partido, presidió una expansión extraordinaria del poder económico y político alemán en Europa e hizo mucho por defender el proyecto político europeo en tiempos muy complejos. Crisis del euro, crisis migratoria, el Brexit, el ascenso de populismos y ahora la pandemia.

La popularidad de Merkel en Alemania ha fluctuado en cuatro períodos. A nivel internacional, se consolidó, año tras año, como el principal líder europea y en unos meses dejará el poder con una imagen positiva que rompe todos los récords.

Y no todo ha sido color de rosa para la Canciller.

Durante sus 16 años de gestión, los países del sur de Europa resintieron las políticas de austeridad impuestas desde Berlín durante la crisis de la eurozona y los culparon del ascenso de los populistas en Atenas y Roma; por el contrario, algunos países del norte de Europa y del Báltico exigían que Grecia fuera expulsada de la eurozona tras la crisis de la deuda. Los europeos del este estaban enojados con ella por dar la bienvenida a los refugiados y se negaron a participar en un sistema de reasentamiento en toda la UE. Los liberales de todo el continente la han acusado de no prestar especial atención ante el retroceso democrático en Polonia y el ascenso de líderes autoritarios en Hungría. Una sucesión de primeros ministros británicos, desde David Cameron hasta Boris Johnson, se han sentido consternados por la cortés negativa de Merkel a pagar cualquier precio para evitar que se divorcien de la UE. Incluso, desde el otro lado del continente, soportó que Trump ninguneara la estrecha relación que Estados Unidos y la Unión Europea supieron construir.

Para profundizar el análisis, consulté a varios colegas internacionalistas. 

Esteban Chiacchio, analizando el caso griego, me cuenta que “hay un caso específico en dónde es interesarse posicionarse para comprender un doble desafío que deberá abordar quién busque llenar los zapatos de Ángela:  mantener unida a la familia (o sea, al bloque) y comprender las subjetividades en disputa que hay “puertas adentro” de cada nación”. Y expone que “La catastrófica situación financiera de Grecia y las políticas de austeridad que recomendaba la dirigente alemana, fueron un cóctel que minaron cualquier indicio de popularidad de Merkel en tierras helénicas; ello, sumado al resultado del referéndum, animó a referentes políticos del continente a cuestionar los términos de la alemana, como fue el caso del presidente francés Francois Hollande.” 

Y agrega “el caso griego se vio sumamente eclipsado por lo ocurrido un año después: el Brexit pateó el tablero de la geopolítica global y significó un nuevo desafío para Merkel, que sin dudas paseó su memoria por la experiencia griega para regatear los traspiés de dicha experiencia: ¿a cuáles nos referimos? La investigadora de la Universidad de Macedonia, Ino Terzi, postula que la baja comunicación y comprensión de la Unión Europea respecto a las condiciones de los ciudadanos afectados, no solo desprendieron políticas ineficientes, sino que también dañaron la reputación del bloque de manera significativa.”

Además, habla sobre la posible desintegración de la UE: “Pensar que el evitar la desintegración de la UE debe estar a la cabeza de la agenda de quién tome las riendas tras Merkel es algo exagerado. Si se pueden tomar algunos aspectos del caso griego para el mundo post-pandémico y sus nuevas particularidades: en un mundo -un continente- en dónde la comunicación constantemente se está reinventando, la reputación de la Unión Europea no puede solo sostenerse en base a la experiencia de sus instituciones y su confianza en los acuerdos y beneficios mutuos. El inmenso desafío es que el transnacionalismo no se devore a la necesidad de comprender las motivaciones subjetivas domésticas. Escribirlo es fácil, desarrollarlo es un largo camino de concesiones y reservas.”

Por otra parte, Gonzalo Fiore Viani analiza la actual situación de la derecha alemana y el futuro de la política alemana. “El balance del gobierno de Merkel, sin dudas, es positivo, y será recordada en el futuro como una de las grandes dirigentes políticas mundiales. Sin embargo,  los desafíos que enfrenta tanto su país como la Unión Europea tras su retirada, son muchos.

La extrema derecha, encabezada por Alternative Für Deutschland (AfD), aprovechó la bandera de las “libertades” frente a las restricciones impuestas por el gobierno para combatir la pandemia, para consolidar y ampliar su base electoral. Merkel, siempre centrada en sus posiciones y poco afectada por los grandes gestos o las frases rimbombantes, suele referirse en términos muy duros a AfD, el partido ultraderechista con mayor inserción electoral desde los años de la posguerra. Un signo claro de esto es lo sucedido en la región de Turingia en las elecciones regionales de 2019. Allí, el vencedor había sido el partido de izquierda Die Linke, pero quedó lejos de poder formar un gobierno, mientras AfD se posicionó en el segundo lugar, con un sorprendente 24% y 22 diputados”.

Además, sostiene que “El líder de la formación extremista en Turingia es uno de los elementos más radicales del partido, Björn Höcke. Con un discurso explícitamente xenófobo, racista y contrario a cualquier tipo de inmigración, Höcke ya es uno de los políticos de derecha más conocidos en el país. Luego de meses de negociaciones, en febrero de 2020, Thomas Kemmermich, del Partido Liberal, fue finalmente electo jefe regional de Turingia, gracias a los votos de la CDU y de AfD. Esto provocó un cisma político en Alemania, ya que rompió con el “pacto tácito” que existe en el sistema de partidos tradicionales: jamás pactar con la ultraderecha. Merkel criticó de manera muy dura esta decisión de un hombre de su propio partido. A causa del escándalo político desatado, Kemmermich debió renunciar, y la región se sumió nuevamente en la inestabilidad.”

Analizando la futura situación de la Unión Europea en su conjunto y el posible vacío que dejará la Canciller, Martín Schapiro me cuenta que “Merkel deja un orden económico europeo comunitario que se relaciona con una forma de actuación colectiva, con una cantidad de reglas y valores en esa actuación que van a sobrevivir durante mucho tiempo, donde la Unión Europea tiene compromisos colectivos a nivel presupuestario, en particular me refiero al manejo del presupuesto de los países miembro donde la UE también interviene colectivamente, si bien no lo hace como un supra- estado con recaudación común, sí interviene colectivamente ante las dificultades de los estados individuales ”.

Además agrega que “queda un liderazgo político y moral que ha marcado límites claros respecto de la ultraderecha europea, tanto de la derecha que es parte o socia minoritaria en los gobiernos en Occidente, como la de su propio país y como los que gobiernan en Hungría y Polonia, donde el conflicto de valores se ha escenificado desde la Comisión hacia los gobiernos de esos países seleccionados, respecto a la legislación LGBTIQ. Esos han sido valores que se han proyectado hacia el resto del mundo como valores europeos muy ligado al liderazgo de Merkel. Ese liderazgo inflexible ya su vez dotado de muchísima legitimidad interna y externa, teniendo en cuenta el peso de Alemania dentro de la Unión, hoy va a estar en cuestión ya que no hay una figura clara que pueda tomar ese liderazgo de manera tan indiscutible como lo tiene hoy el gobierno alemán”.

Alemania entre potencias

Trazar las cambiantes relaciones de Alemania con las grandes potencias ha sido el desafío más fastidioso de Merkel. Como potencia media europea que comparte continente con Rusia e importa energía de Rusia, depende para las exportaciones de China (el mayor socio comercial de Alemania fuera de la UE) y depende de Estados Unidos para su paraguas de seguridad, Alemania tiene opciones estratégicas limitadas. Históricamente, esto se ha reflejado en un instinto profundamente arraigado de equilibrar aliados y adversarios por igual, y Merkel no ha sido una excepción a esta tradición.

En una línea similar, gran parte de las conversaciones sobre el emergente mundo “multipolar” no impresionaron a Merkel durante mucho tiempo. Mientras Washington seguía siendo el principal proveedor de seguridad de Europa, ella y sus gobiernos se sintieron libres para abrir camino a las relaciones económicas especiales con Rusia –deterioradas después de la anexión de Crimea en 2014, a pesar de lo cual el controvertido y desacertado proyecto del gasoducto Nord Stream 2 se mantuvo– y, en particular, con China, de nuevo a expensas de la unidad europea. Pensar en los polos, en las dinámicas geoestratégicas y el peligro de crear dependencias peligrosas, se dejó para más adelante.

Sin embargo, tras cuatro años de presidencia de Donald Trump y los crecientes temores de la élite alemana sobre si EEUU logrará resolver lo que algunos describen como “inmensos problemas” internos, Merkel parece haber tomado finalmente la decisión de que es necesario un cambio. 

Como mínimo, Europa y Alemania necesitan tener un “plan B” en caso de que los estadounidenses vuelvan a elegir a Trump o una figura trumpista en las próximas elecciones, lo que podría acabar definitivamente con siete décadas de política exterior estadounidense. Esto significa un Occidente que en el futuro se basará más en los intereses compartidos, más que en los valores, y una Europa que cooperará estrechamente o incluso se alineará con Washington siempre que tenga sentido hacerlo, al tiempo que amplía el margen de lo que la UE puede hacer por su cuenta si es necesario.

Merkel parece apuntar ahora con firmeza a la creación de la autonomía estratégica europea: otra victoria silenciosa para Macron, quien, al final del largo mandato de la canciller, puede sentirse satisfecho de que la gran líder de Europa, después de bloquear durante años, se mueva ahora con firmeza en su dirección, a toda velocidad.

A pesar de haber tenido grandes relaciones económicas con Rusia, los modelos políticos siguen chocando. La anexión de Crimea por parte de Rusia, su guerra de poder en curso en Ucrania, sus operaciones de desinformación y propaganda en las redes sociales alemanas, el hackeo de los servidores del Bundestag en 2015, el asesinato en 2019 de un refugiado político checheno en Berlín, el intento de asesinato en 2020 del político del opositor ruso Alexei Navalny y el apoyo de Moscú a la brutal represión de las manifestaciones masivas en Bielorrusia: todos estos acontecimientos han llevado a la clase política alemana a una reconsideración sobre la relación con Moscú.

Como canciller, se convirtió en una transatlántica dedicada, incluso defendiendo la guerra del presidente George W. Bush en Irak. Tuvo una muy buena relación con Barack Obama, quien la instó a postularse para un cuarto mandato debido al riesgo para Europa de Trump. Y en mayo de 2017, después de esa primera aparición de Trump en una cumbre del G-7, Merkel dio la bienvenida a la elección de Biden con calidez (y un alivio palpable). Su ministra de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, quien comparte sus puntos de vista sobre la importancia de la alianza con Estados Unidos, sigue presionando por un mayor gasto en defensa y una postura militar alemana más progresista. Pero también es cierto que las capacidades de seguridad de Alemania han estado lamentablemente infra financiadas durante demasiado tiempo.

De cara al futuro, todo es incertidumbre. Algunos plantean que Emmanuel Macron encontraron el gran próximo líder de la Unión, pero la legitimidad interna en Francia le pondrá las cosas muy complicadas.

Para Merkel, está empezando nada menos que un nuevo orden mundial, y quiere que la UE le dé forma. En lugar de evitar vincular a su sucesor, como algunos han especulado en relación con su tibia respuesta transatlántica, el objetivo de Merkel en sus últimas semanas parece ser casi el contrario: crear la plantilla para un Occidente futuro y para una política exterior europea que resista incluso cambios de gran alcance, especialmente en Estados Unidos.

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