AMAZONAS

Fuerte defensa del Papa a los pueblos originarios de la Amazonía

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El papa Francisco mantuvo hoy, jueves 19 de enero, un encuentro con comunidades indígenas en el Coliseo Madre de Dios, de Puerto Maldonado, donde exhortó a defender la Amazonía “de los nuevos colonialismos” y advirtió que los pueblos originarios de esta región nunca han estado tan amenazados ¨como lo están ahora¨.
El papa Francisco mantuvo hoy, jueves 19 de enero, un encuentro con comunidades indígenas en el Coliseo Madre de Dios, de Puerto Maldonado, donde exhortó a defender la Amazonía “de los nuevos colonialismos” y advirtió que los pueblos originarios de esta región nunca han estado tan amenazados “como lo están ahora”.
“Probablemente los pueblos amazónicos originarios nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora”, aseveró ante unos 4.000 indígenas peruanos, brasileños y bolivianos.
El pontífice alertó que “la Amazonía es tierra disputada desde varios frentes: por una parte, el neo-extractivismo y la fuerte presión por grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales”.
“La amenaza contra sus territorios también viene por la perversión de ciertas políticas que promueven la ‘conservación’ de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano”, expresó.
Asimismo, sostuvo que hay “movimientos que, en nombre de la conservación de la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios”.
“Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonia como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes”, añadió, y afirmó que la situación actual “provoca asfixia a sus pueblos” y estimula la migración de los jóvenes por “falta de alternativas locales”.
“Ustedes son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común. La defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida. Sabemos del sufrimiento que algunos de ustedes padecen por los derrames de hidrocarburos que amenazan seriamente la vida de sus familias y contaminan su medio natural”, manifestó el Santo Padre.
Francisco se refirió además a la otra “devastación”: el flagelo de la trata de personas, la mano de obra esclava o el abuso sexual. También mencionó a “los más vulnerables entre los vulnerables”, y recordó que “el reconocimiento de estos pueblos —que nunca pueden ser considerados una minoría, sino auténticos interlocutores— así como de todos los pueblos originarios nos recuerda que no somos los poseedores absolutos de la creación”.
El Papa alertó además sobre no dejarse atrapar por “colonialismos ideológicos disfrazados de progreso que poco a poco ingresan dilapidando identidades culturales y estableciendo un pensamiento uniforme, único… y débil”. Ante esa situación, llamó a escuchar a los ancianos y aprender de su sabiduría, porque “la desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal”, afirmó.
Dirigiéndose a los obispos, hizo un llamado a que se sigan impulsando espacios de educación intercultural y bilingüe en las escuelas y en los institutos pedagógicos y universidades, considerando que “la escuela y la educación de los pueblos originarios debe ser una prioridad y compromiso del Estado”.
Los indígenas pidieron al Papa que defienda su territorio
Representantes de comunidades indígenas de la Amazonía pidieron al Papa que defienda ese territorio de las “muchas crueldades e injusticias” que sufren de parte de grupos económicos foráneos.
“Los pueblos de la Amazonía queremos decir a la humanidad, que nosotros también estamos preocupados porque la tierra se esté malogrando; los animales se están reduciendo, los árboles desapareciendo, el agua dulce se va agotando”, alertó
“Nuestros hermanos indígenas de varias regiones de la Amazonía sufren por las explotaciones de nuestros recursos naturales. En la actualidad muchos foráneos invaden nuestros territorios: los cortadores de árboles, los buscadores de oro, las compañías petroleras”, alertó un representante del pueblo Harakbut.
“Entran a nuestros territorios sin consultarnos y nosotros sufriremos mucho y moriremos cuando los foráneos perforen la tierra para sacar el agua negra metalizada, sufriremos cuando envenenen y malogren nuestros ríos convertidos en aguas negras de la muerte”, agregó.
Tras insistir en pedirle al Papa que los defienda, expresó su miedo porque los que son de otros lugares y nunca han vivido aquí quieren “hacerles desaparecer”.
“Los pueblos de la Amazonia queremos decir a la humanidad, que nosotros también estamos preocupados porque la tierra se esté malogrando; los animales se están reduciendo, los árboles desapareciendo, el agua dulce se va agotando”, sostuvo, y añadió: “Por todo esto, el cielo está muy molesto y llora porque estamos destruyendo nuestro planeta. Si no tenemos alimento, moriremos de hambre”.
En tanto, otra representante comunidades aborígenes leyendo párrafo de la encíclica Laudato si’, del pontífice, en español y en la lengua originaria, y se escuchó el testimonio de una indígena awajún.
“Que las autoridades ayuden a conservar los bosques, para mantener nuestro ambiente limpio y respirar aire puro, como cuando yo era pequeña”, reclamó María Luzmila Bermeo, de 64 años.
Francisco llevó a Puerto Maldonado y se dirigió al Coliseo Madre de Dios, donde fue recibido con un abrazo por el obispo local, el dominico español David Martínez, y un grupo de niños.
En el interior del Coliseo, cerca de 4.000 indígenas, con sus ropas típicas, se ubicaron para encontrarse con Francisco, quien reconoció que quiso empezar allí su visita a Perú.

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Reportan el asesinato de miembros de una tribu aislada en la Amazonía brasileña

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SÃO PAULO, New York Times — Eran miembros de una tribu aislada que recolectaba huevos a lo largo del río en una parte remota del Amazonas. Pero, al parecer, tuvieron la mala suerte de encontrarse con mineros de oro.

Ahora los procuradores federales de Brasil han iniciado una investigación sobre la supuesta masacre de alrededor de 10 miembros de la tribu, la más reciente evidencia de que las amenazas contra grupos indígenas en peligro se están incrementando en el país.

La Fundación Nacional del Indio de Brasil, Funai, dijo que había presentado una denuncia en la oficina del procurador en el estado de Amazonas después de que los mineros fueron a un bar cerca de la frontera con Colombia y presumieron acerca de la matanza. Ellos portaban un remo tallado a mano que aseguraban que era de la tribu, indicó la Funai.

“Fueron comentarios vulgares de bares”, dijo Leila Silvia Burger Sotto-Maior, coordinadora de Funai para las tribus aisladas y recientemente contactadas. “Incluso presumieron sobre haber desmembrado los cuerpos y arrojarlos al río”.

Según Burger, los mineros afirmaron que “tenían que asesinarlos o ser asesinados” y dijo que se reporta que los asesinatos ocurrieron el mes pasado. La Funai realizó algunas entrevistas en el poblado y posteriormente, presentó el caso ante la policía.

“Hay mucha evidencia pero necesita ser probada”, dijo.

El procurador a cargo del caso, Pablo Luz de Beltrand, confirmó que se había iniciado una investigación pero dijo que no podía comentar los detalles del caso mientras se encuentre en proceso. Dijo que el hecho presuntamente ocurrió en el valle del Javari, la segunda reserva de indígenas más grande de Brasil.

“Le estamos dando seguimiento pero los territorios son grandes y el acceso es limitado”, dijo Beltrand. “Estas tribus están aisladas, incluso Funai tiene poca información sobre ellos. Así que es una labor extenuante que requiere que todos los departamentos del gobierno trabajen en conjunto”.

Beltrand señala que es el segundo hecho similar que investiga este año. El primer reporte de una matanza de indígenas en la región ocurrió en febrero, y ese caso sigue abierto. “Fue la primera vez que tuvimos este tipo de casos en la región”, dijo en una entrevista telefónica. “No es algo que sucedía antes”.

Survival International, un grupo global a favor de los derechos indígenas, advirtió que debido a la reducida población de las tribus aisladas en el Amazonas, este hecho podría significar que fue exterminado un porcentaje relevante de un grupo étnico.

“Si la investigación confirma los reportes será otro genocidio ocasionado por las fallas del gobierno brasileño para proteger a las tribus aisladas, algo que está garantizado en la constitución”, dijo Sarah Shenker, una activista del grupo.

Bajo el actual gobierno de Brasil, liderado por el presidente Michel Temer, los recursos para los asuntos indígenas han sido recortados. En abril, la Funai cerró cinco de las 19 bases que usa para monitorear y proteger a las tribus aisladas y redujo su personal en otras. Las bases son usadas para prevenir invasiones por leñadores y mineros y para comunicarse con tribus recientemente contactadas.

Tres de esas bases estaban ubicadas en el valle de Javari y se cree que alberga más tribus aisladas que cualquier otro lugar del planeta. Aproximadamente 20 de las 103 tribus aisladas registradas en Brasil están en ese valle.

“Hemos tenido problemas con gobiernos previos, pero no como estos”, dijo Sotto-Maior, la coordinadora de Funai.

El presupuesto anual de la agencia para el departamento de Tribus Aisladas fue de solo dos millones de reales (alrededor de 650.000 dólares), una disminución de los 7,5 millones de reales otorgados en 2014. “¿Qué puedo hacer con dos millones de reales”, dijo la coordinadora.

Temer, quien es ampliamente impopular, ha buscado el apoyo de los poderosos cabilderos agrícolas, ganaderos y mineros para impulsar cambios económicos a través del congreso y protegerlo de una investigación por corrupción. El mes pasado, la cámara baja del congreso votó para evitar que enfrentara un juicio por corrupción ante el Supremo Tribunal Federal de Brasil, pero eso sucedió después de que el mandatario repartió empleos y aceptó una serie de concesiones, muchas de las cuales favorecen la deforestación y las regulaciones de derechos de la tierra.

Un decreto de Temer que le daba acceso a los mineros para que trabajaran en una gran reserva del Amazonas causó la indignación internacional. Después de que un juez bloqueó el decreto, el gobierno anunció que revisaría su decisión pero los críticos se mantienen alerta.

Con el incremento de las disputas por las tierras en muchas áreas remotas de Brasil, los grupos indígenas, trabajadores rurales y activistas han sido blanco de la violencia. Más de 50 personas fueron asesinadas hasta fines de julio, en comparación con las 61 que fallecieron en 2016, según la Comisión Pastoral de la Tierra.

En algunos casos, agentes de policía o funcionarios del gobierno han sido culpados por la violencia. Las autoridades están investigando una redada en la región del Amazonas que finalizó con 10 activistas muertos. Ningún policía resultó herido.

Los activistas se preocupan porque los grupos indigenas del país —y especialmente las tribus aisladas— son los más vulnerables cuando se trata de las disputas por las tierras.

“Cuando su tierra está protegida, ellos prosperan”, dijo Shenker, la activista. “Cuando su territorio es invadido pueden ser exterminados”.

 

 

 
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Temer decreta el fin de la reserva amazónica para permitir la inversión de la minería

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El decreto que pone fin a la reserva forestal del tamaño de Suiza fue una desición rechazada por las entidades ambientalistas, que la calificaron como una “catástrofe”.

El presidente de Brasil, Michel Temer, decretó la extinción de una reserva forestal en la Amazonia del tamaño de Suiza para permitir la actividad minera en una región rica en oro, una decisión con la que busca incrementar la inversión y la recaudación ante una crisis fiscal y que fue rechazada por entidades ambientalistas, que la calificaron como una “catástrofe”.

La medida abre para las empresas mineras una nueva frontera en la extracción del oro en una región que había sido clausurada para estos emprendimientos en el contexto de la preservación de los recursos naturales del mayor bosque tropical del mundo. Temer liberó para la extracción minera la Reserva Nacional del Cobre y Asociados (RENCA), en el límite entre los estados de Pará y Amapá, que había sido cerrada para la actividad económica en 1984 por el dictador Joao Baptista Figueiredo, quien consideró a la región estratégica en recursos naturales.

En el decreto, el Gobierno dijo que la liberación para la actividad minera “no se aparta de la aplicación de la legislación específica sobre vegetación, tierras indígenas y franjas fronterizas”.

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La Amazonía está de remate

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Por RÍO DE JANEIRO, New York Times – Los grupos de presión ruralista de Brasil ya no necesitan presionar tanto al gobierno. En buena medida, han conseguido lo que tanto han buscado: ocupar importantes cargos de poder en Brasilia. En 2014, los brasileños eligieron no solo el congreso más conservador del país desde el fin de la dictadura, sino también el más dominado por el frente parlamentario agropecuario –suma 230 de los 513 diputados–, la más eficiente de las agremiaciones legislativas.

Tras apoyar el proceso de destitución de Dilma Rousseff y con Michel Temer como presidente, ese sector conservador dominó por completo el gobierno. Desde entonces, hemos asistido a una ofensiva contra las conquistas sociales –y ahora ambientales– de la última década.  El ministro de Agricultura, Blairo Maggi, ganador en 2005 del premio Motosierra de Oro –entregado por Greenpeace en protesta contra la destrucción medioambiental–, es considerado el mayor productor individual de soja del mundo. Y el de Medioambiente, Sarney Filho, quien debería ser su contrapeso en el gobierno, ha dicho recientemente, sin el menor pudor, que “solo Dios” –no las políticas públicas– puede frenar la deforestación de la Amazonía.

Temer, quien ha sido evaluado como malo o pésimo por el 69 por ciento de los brasileños en encuestas recientes, ya enfrentaba dificultades para negociar apoyo parlamentario para sus reformas laboral y de pensiones, demasiado impopulares para ser aprobadas a solo un año del inicio de la campaña presidencial de 2018. Ahora, a causa del agravamiento de la crisis política y arrinconado por denuncias de corrupción, el presidente paga cada vez más caro el apoyo para sustentarse. Y parte del precio ha sido rematar la selva amazónica a los parlamentarios ruralistas que dominan el congreso.

En diciembre, el gobierno de Temer firmó una medida provisoria (una suerte de decreto presidencial que debe ser ratificado por el congreso) transformando 305.000 hectáreas de la Floresta Nacional de Jamanxim, en Pará, en un Área de Protección Ambiental, o APA. Aunque el nombre suene promisorio, la medida esconde un retroceso. La calificación de floresta nacional es una de las más altas categorías de preservación en Brasil y la ocupación de tierras de la floresta está prohibida. El Área de Protección Ambiental tiene, en cambio, un nivel de protección mucho menor, porque permite la explotación comercial de las tierras. En otras palabras, la medida podría permitir legalizar sus actividades a quienes hoy ocupan y explotan ilegalmente esa región amazónica.

El proyecto, que ya era malo, pasó por el análisis de diputados y senadores y terminó por ser tan distorsionado y perjudicial como lo es el actual congreso. Además de aumentar el área que pasaría de floresta nacional a área de preservación de 305.000 a 600.000 hectáreas, los legisladores aprovecharon para incluir una enmienda completamente ajena al proyecto original, reduciendo también 10.000 hectáreas del Parque Nacional de São Joaquim, en Santa Catarina; está tan lejos del Jamanxim como España de Bielorrusia. O sea: para avanzar con su desarrollo a cualquier costo, los diputados muestran que quieren hacer en otras regiones lo que están haciendo con Jamanxim.

Recientemente, en respuesta a un pedido de Gisele Bündchen, la  modelo más famosa de Brasil, Temer anunció por Twitter que había anulado las medidas. En ese mismo mensaje, arrobó a la cuenta de WWF, como si diera buenas noticias para el medioambiente. El presidente parece haberse olvidado que el proyecto original lo envió él. Mejor sería no haberlo hecho nunca. Porque con el proyecto envió también el mensaje de que está dispuesto a ceder ante los grupos de presión y a absolver a quienes invaden y deforestan la selva. Además, Temer ya había negociado con la bancada ruralista que el contenido vetado será presentado otra vez. El único cambio es que la paternidad de este retroceso en el campo de la protección ambiental pasó del poder ejecutivo al legislativo.

El 68 por ciento de toda la actividad ilegal en las áreas protegidas de la Amazonía ya se concentra en el Jamanxim. Un reportaje de Folha de S. Paulo denunció que el mayor beneficiado con la medida de Temer sería Ubiraci Soares da Silva, alcalde de Novo Progresso, quien ha sido sancionado con 571.000 dólares en multas por crímenes ambientales.

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Una chimenea echa humo de madera usada como carbón en una sección de la Amazonía brasileña recientemente deforestada, en Arquímedes, en el estado de Rodonia, el 26 de junio CreditMario Tama/Getty Images

Con la disminución del grado de protección en Jamanxin, el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM, por su sigla en portugués) prevé una deforestación de 280.000 hectáreas, que causarían la emisión de 140 millones de toneladas de carbono hasta 2030. De acuerdo con Ciro Campos, vocero del instituto Socioambiental (ISA), hay que tomar en cuenta que la deforestación del medioambiente funciona como una bolsa de valores: los criminales invaden las tierras si ven en el futuro una oportunidad de legalizarlas. Con este congreso, las oportunidades son más reales que nunca.

Por ejemplo: a mediados de junio, el congreso aprobó nuevas normasque también debilitan las exigencias ambientales al permitir la regularización de tierras ocupadas de manera irregular –incluso en áreas protegidas de la Amazonía, donde ahora habitan voraces latifundistas–. Y medidas peores que esa se avecinan. Con la excusa de destrabar el desarrollo económico, la bancada ruralista presentó un proyecto para acabar con la obligatoriedad de obtener licencias ambientales para obras como el asfaltado de carreteras y la agricultura extensiva.

Si a Dilma Rousseff no le importaba el medioambiente, el gobierno que la remplazó menos aún. De hecho, acelera la marcha en reversa. En el último año, la deforestación de la Amazonía avanzó el 30  por ciento. El asunto había tenido poca repercusión hasta que Temer y sus ministros viajaron en visita oficial a Noruega. Allá, hicieron pasar vergüenza al país. Ante este retroceso, Noruega anunció un recorte del 50 por ciento de sus aportes al Fondo Amazonia, de quien era el mayor financiador.

Cuando fue denunciado por corrupción por la procuraduría general, Temer dijo: “Nada nos destruirá ni a mí ni a nuestros ministros”. Para sostener un gobierno que carece de solvencia y que quizá no dure mucho, ha puesto en riesgo la supervivencia de la floresta y, como resultado, la de todos nosotros. La solución inmediata sería la caída de todo ese gobierno, sin legitimidad popular ni condiciones éticas para seguir. Pero mientras siga ahí, la comunidad internacional debe poner presión directa sobre él para que no se siga debilitando la protección de la Amazonía.

Cuando Temer anunció su veto, se dirigió a Gisele Bündchen, quien vive en Estados Unidos. De modo semejante, el aumento de la deforestación solo ha recibido la debida atención de la prensa después de la sanción de Noruega. Puede ser fastidioso para un extranjero acompañar los asuntos de Brasil después de dos años de ininterrumpida crisis política, pero ahora el tema es de todos. Mientras el mundo debate cuál será el impacto ambiental del anuncio de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, en Brasil, sin mucho alboroto, el pulmón vegetal del mundo ha sido puesto en remate.

 
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Un escuadrón de ambientalistas ronda lo profundo de la selva amazónica

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Por En lo profundo de la Amazonía, hay un escuadrón de ambientalistas estudiosos.

Uno de sus miembros trabajó más de una década como activista para una organización sin fines de lucro. Otro estudió la oceanografía del Ártico en Alemania. Su comandante es un exprofesor de preparatoria que enseñaba ciencias.

Juntos han forjado una de las unidades élite de lucha más temidas de América Latina; están en la vanguardia de la lucha de Brasil para frenar la destrucción del Amazonas.

Equipos de tala entran en los bosques de manera ilegal para extraer la codiciada madera noble. El escuadrón de protección identificó un aserradero desde el aire. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Equipos de tala entran en los bosques de manera ilegal para extraer la codiciada madera noble. El escuadrón de protección identificó un aserradero desde el aire. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

El comandante del equipo, Roberto Cabral, se rió cuando le pregunté hace poco cómo se unió su unidad de operativos especiales formada por nerds.

“En el universo de actividades ilegales en la Amazonía hay deforestación, extracción de oro, caza de animales salvajes para su consumo, explotación forestal clandestina y contrabando de animales”, dijo Cabral, de 48 años, a quien le dispararon en el hombro en 2015 mientras perseguía a tiradores que arrasaban tramos de bosque. “Queríamos combatir estas actividades con la mente y el cuerpo en el terreno”.

En marzo, me sumé a una sesión de patrullaje agotadora con la unidad de nueve miembros, que tiene el nombre poco glamuroso de Grupo de Inspección Especializado.

El escuadrón, mejor conocido por su sigla en portugués, GEF, opera en algunas de las franjas más anárquicas de la cuenca del Amazonas… lugares tan remotos que toma días llegar a ellos en balsa o camioneta desde el asentamiento más cercano.

Un integrante del escuadrón GEF, por su sigla en portugués, vigilaba mientras el helicóptero que usan para misiones de reconocimiento recargaba combustible en Santa Luiza. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Un integrante del escuadrón GEF, por su sigla en portugués, vigilaba mientras el helicóptero que usan para misiones de reconocimiento recargaba combustible en Santa Luiza. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

Frente a estos obstáculos logísticos, el GEF, que opera como parte de Ibama, la agencia de protección ambiental de Brasil, suele patrullar en helicópteros, utilizando imágenes satelitales e inteligencia reunidas a través de las oficinas regionales de Ibama para detectar deforestación y señales de minería ilegal.

La unidad, que Ibama creó en 2014, necesita toda la ayuda que pueda obtener. La deforestación está aumentando nuevamente en la Amazonía brasileña; ascendió al 29 por ciento entre agosto de 2015 y julio de 2016. Casi 809.371 hectáreas de selva fueron destruidas durante ese periodo, según cálculos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales en Brasil.

A pesar de que el GEF trabaja con tecnología de punta, sus misiones a menudo se asemejan a un juego elusivamente frustrante del gato que acecha al ratón.

Integrantes del escuadrón destruyen un aserradero ilegal en la ciudad Centro do Guilherme. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Integrantes del escuadrón destruyen un aserradero ilegal en la ciudad Centro do Guilherme. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

El primer día que los acompañé a un operativo en el estado de Maranhão, en los límites del Amazonas, los miembros de la unidad se levantaron a las tres de la mañana.

Vestidos con ropa militar, armadura y cascos a prueba de balas, se colgaron unos fusiles de asalto Taurus en los hombros y viajaron durante horas en una camioneta de tracción de cuatro ruedas por los caminos empedernidos de São Luis, la capital del estado, hasta Santa Inês, un puesto fronterizo en el interior.

Luego esperaron a que el clima mejorara.

Las fuertes lluvias impidieron que los dos helicópteros Bell de la unidad despegaran para patrullar sobre el Maranhão y el vasto estado vecino de Pará. Después de horas de estar detenidos, los helicópteros finalmente despegaron cerca del mediodía; volaron a lo largo de tramos monótonos, por encima de terrenos despejados para la cría de ganado.

“Debes ver el Amazonas desde arriba para saber cuánto se ha devastado”, dijo Mauricio Brichta, de 44 años, un oceanógrafo que se especializaba en el estudio de las algas árticas en el Instituto Alfred Wegener para la Investigación Polar y Marina en Alemania, antes de unirse a Ibama.

“Como te lo puedes imaginar”, agregó con una sonrisa, “en Brasil no había mucha demanda de expertos en regiones del Ártico”.

Un integrante del GEF destruye hornos que se usan para hacer carbón, en un aserradero ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Un integrante del GEF destruye hornos que se usan para hacer carbón, en un aserradero ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

Al igual que casi todos los otros miembros de la unidad —que incluye a ingenieros forestales, un biólogo de vida silvestre, un especialista en pesca e incluso a alguien que trabajaba en publicidad— Brichta dijo que nunca esperó tomar las armas para proteger la Amazonía.

Antes de esta etapa de su vida, era amo de casa en Yakarta y Nueva York, ciudades donde su exesposa trabajaba como diplomática para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Después de regresar a Brasil, Brichta dijo que se sintió atraído a Ibama por el sentimiento de idealismo de la agencia y por los avances que había tenido en reducir las tasas de deforestación después de sus niveles alarmantes a principios de la década anterior.

Cuando se creó el GEF, lo eligieron porque completó un curso de supervivencia extenuante en el que los candidatos aguantan saltos desde helicópteros, trayectos prolongados por la selva, búsqueda de alimentos, tratamiento de mordeduras de serpiente, largas caminatas sin comer ni dormir y entrenamiento para combate con armas y peleas con cuchillos.

Los integrantes del escuadrón se preparan para quemar un tractor y una motosierra usados en la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Los integrantes del escuadrón se preparan para quemar un tractor y una motosierra usados en la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

“Obviamente, este tipo de trabajo no es para todo el mundo”, dijo Eduardo Rafael de Souza, de 39 años, un veterano militar de barba que fuma un cigarrillo tras otro y a menudo es piloto de los helicópteros utilizados para las misiones del GEF.

Los miembros de la unidad regresaron en silencio a Santa Inês después del primer día de patrullajes sin haber logrado mucho después de volar durante horas por encima de remotas vías forestales en busca de grupos de deforestación. Algunos se preguntaban si podría haber soplones en las filas de Ibama que pudieran haber avisado a los madereros sobre el patrullaje que harían.

Al igual que otras partes del gobierno federal de Brasil, Ibama ha luchado con sus propios escándalos de corrupción, los cuales a veces involucraron a inspectores que sirven de dobles agentes para proteger los intereses de los ganaderos o equipos de exploración forestal.

No obstante, los activistas ambientales argumentan que una de las razones principales para la deforestación renaciente en Brasil tiene que ver con esfuerzos para reducir el poder de Ibama; se trata de un paralelo con los planes del gobierno de Trump de reformar la Agencia de Protección Ambiental. Desde 2013, el presupuesto de Ibama se ha reducido en cerca del 46 por ciento.

El escuadrón incendió un tractor usado para la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
El escuadrón incendió un tractor usado para la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

 

De cualquier manera, la suerte del GEF cambió en el segundo día de patrullaje.

Al acercarse a tierras indígenas donde las tripulaciones de tala hacen incursiones para extraer ilegalmente maderas codiciadas, el escuadrón vio desde el aire un aserradero improvisado cerca del límite de la Tierra Indígena Alto Turiaçu, hogar del pueblo ka’apor.

“Vi que su helicóptero aterrizaba en un terreno despejado, como una escena salida de una película de Hollywood”, dijo Francinaldo Martins Araújo, de 43 años, quien estaba llegando en su camioneta para comprar retazos de madera desechada del aserradero mientras la unidad avanzaba para hacer su redada.

Los miembros del escuadrón (algunos ocultaban sus rostros con pasamontañas por temor a represalias si sus identidades se hacen públicas) rápidamente pusieron manos a la obra. Incendiaron el aserradero y destruyeron dos hornos con domo utilizados para hacer carbón, antes de despegar otra vez en los helicópteros para dirigirse a su próximo objetivo.

Unos minutos después, volvieron a descubrir un blanco cuando uno de los pilotos vio un camión en una vía forestal. La unidad bajó del helicóptero en un terreno cercano mientras un miembro perforaba el tanque de combustible del camión e incendiaba el vehículo.

En general, el equipo patrulla desde helicópteros, usando imágenes satelitales e información de las oficinas regionales de Ibama, para detectar la deforestación y señales de minería ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
En general, el equipo patrulla desde helicópteros, usando imágenes satelitales e información de las oficinas regionales de Ibama, para detectar la deforestación y señales de minería ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

Entonces se oyeron gritos en la selva. Durante la búsqueda de la tripulación de tala, dos miembros del GEF tropezaron con un tractor utilizado para transportar árboles talados. Una motosierra, todavía caliente por haber sido utilizada minutos antes, quedó atrapada en un árbol, evidencia de un escape apresurado.

La unidad incendió el tractor y la motosierra antes de reanudar la búsqueda de los leñadores. Todos estaban nerviosos. En un operativo similar a este en una jungla cercana, Cabral, el comandante del GEF, fue sorprendido por los disparos de un leñador que huía.

Esta vez no hubo disparos, pero los leñadores lograron escapar del escuadrón y huyeron a la selva. Un piloto transmitió por radio las coordenadas del punto de exfiltración, y la unidad comenzó el largo trayecto de regreso a los helicópteros en medio de una humedad tan espesa que podría cortarse con un cuchillo.

Empapados de sudor mientras abordaban los helicópteros, los miembros del escuadrón pudieron ver el humo que salía de los vehículos destruidos, una pequeña victoria en la batalla contra la deforestación.

“Nunca soñé que tendría un rifle en mis manos para defender la Amazonía”, dijo un miembro de 44 años del GEF, un exactivista ambiental que se negó a revelar su nombre debido a cuestiones de seguridad. “Pero esto es una guerra y las guerras pueden abrirte los ojos para que veas lo que se debe hacer”.

 

 

 

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