América Latina y el Caribe

La energía del mar: el proyecto argentino que busca generar electricidad a partir de las olas

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Por Lara Guerrero / IPS Noticias – Aunque Argentina continúa impulsando su industria fósil, su amplia zona costera abre una oportunidad poco explorada: la energía undimotriz, una fuente renovable que aprovecha el movimiento de las olas para generar energía.

Con esa idea en mente, el ingeniero Alejandro Haim comenzó en 2007 un proyecto de energía undimotriz en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Buenos Aires.

A mediados de marzo, el proyecto de energía undimotriz tuvo un avance contundente. En la metalúrgica Duroll de Pilar, se realizó la prueba estructural de la boya de tres metros de diámetro y 2,5 toneladas y el brazo.

“Probamos todas las partes del equipo, su funcionamiento, que no fallen, que no se rompan, que funcione correctamente fuera del agua, en el lugar donde estamos construyendo”, sostuvo Haim. “Una vez que pase todas las pruebas, que demostremos que es seguro para la gente y que no va a pasar nada extraño que pueda poner en peligro ni la flora, ni la fauna marina, recién ahí se trasladaría a la escollera norte de Mar del Plata y se instalaría», añadió.

Explicado de manera esquemática, el proyecto del generador comienza con una boya que flota en el agua. Un brazo metálico unido, en un extremo, a la boya que oscila cuando esta sube y baja, y al otro extremo del brazo, la conexión con una plataforma que puede ser una escollera o muelle. El movimiento lento y de vaivén del brazo entra en una cadena cinemática, es decir, un sistema de engranajes y mecanismos que hace girar un generador eléctrico y, finalmente, produce la energía.La simplicidad del mecanismo tiene detrás años de planificación estratégica. Así lo explica Haim: “El hecho de que sea simple hace que el costo sea bajo y la confiabilidad del equipo, elevada, porque mientras más simple, menos probabilidades hay de que algo falle”.

A diferencia de otros proyectos de energía undimotriz que hay en el mundo, “la ventaja del nuestro es que lo único que está en contacto con el agua es la boya. El resto, va fuera del agua. Hay equipos que van sumergidos total o parcialmente, por ejemplo”, aporta el ingeniero respecto a las probabilidades de corrosión de los materiales.

La escollera norte de Mar del Plata no es el destino final del proyecto. “Nosotros pensamos el equipo en la escollera como una plataforma de investigación científica”, sostiene Haim.

El objetivo final es llegar a instalaciones offshore (costa fuera), pero para eso primero hay que demostrar en condiciones reales el coeficiente de conversión de energía undimotriz a energía eléctrica. “Uno puede hacer un montón de simulaciones, cálculos, pero en definitiva la demostración práctica es lo que termina de ponerle el sello a todo esto”, afirma.

En ese sentido, Roberto Salvarezza, exministro de Ciencia y Tecnología de la Nación (2019-2021) y actual presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) –dependiente del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires– precisa que «se llega a un piloto, se hace una evaluación y a partir de ahí uno busca la posibilidad de escalar si la tecnología ha sido exitosa, a fin de pasar ya a una fase productiva».

El potencial undimotriz

Imagen descriptiva del convertidor diseñado – Imagen: Proyecto de Energía Undimotriz UTN.BA – Pacheco

Hoy, el proyecto de energía undimotriz de la UTN que dirige Haim está patentado y tiene más de 20 profesionales e investigadores trabajando en su concreción. El equipo estima que un parque pequeño de 200 boyas tendría una potencia de 6 megavatios y abastecería a unas 20 000 personas o 5000 hogares, ocupando una superficie equivalente a tres manzanas.

Según un estudio publicado por el equipo de investigación en la revista Energías Renovables y Medio Ambiente, una sola boya de 30 kilovatios (kW) instalada en la costa de Necochea sería capaz de producir 131 megavatios hora (MWh) al año.

En 2025, Argentina consumió 141 249 gigavatios hora (GWh) según el informe anual de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista de Eléctrico (Cammesa), lo que pone en perspectiva la escala: el aporte de un prototipo individual es mínimo, pero según Haim, «la cantidad (de generadores) que se puede instalar no tiene techo».

Una de las ventajas técnicas que destaca el equipo es la densidad energética del recurso. Según un estudio publicado por los investigadores de la UTN, la energía undimotriz tiene una potencia por unidad de superficie de entre 2000 y 3000 W/m², frente a los 400-600 W/m² de la eólica y los 200 W/m² de la solar.

La razón es que la densidad del agua es 850 veces mayor que la del aire, lo que permite que la masa oceánica acumule y transporte más energía. Salvarezza suma otra ventaja: “Esta transferencia de energía (de las olas) es más permanente con respecto a la intermitencia que puede tener la energía solar o la energía eólica, donde la intensidad del viento es más fluctuante”.

A nivel global, las estimaciones sobre el potencial de este recurso son significativas. Un estudio de 2010 calculó que el recurso undimotriz a nivel mundial podría llegar a cubrir alrededor de 3,7 teravatios (TW), lo que representaba 20 % de la demanda mundial de energía de aquel momento.

Ana Julia Liftschitz es oceanógrafa y fue parte del proyecto de energía undimotriz durante varios años. En la actualidad, trabaja en la UTN de Puerto Madryn, Chubut, en un proyecto de turbinas hidrocinéticas para generar energía a partir de las mareas.

Coincide con Haim en que el potencial energético del mar argentino es sumamente vasto. Liftschitz destaca que «desde el punto de vista del recurso no hay ninguna limitación», y resalta que, aunque la aplicabilidad tecnológica sea un desafío, «tenemos el mar acá, que tiene un recurso ilimitado de energía y no lo estamos aprovechando».

Sobre esa dificultad de aplicación, Salvarezza precisa qué tipo de obstáculos enfrenta la tecnología: «El gran problema que tiene es que está expuesta a condiciones muy extremas. Se somete a los dispositivos a un permanente estrés mecánico que es el movimiento de las olas y, por el otro lado, está expuesto a un ambiente marino que degrada los materiales», detalla.

Actualmente, existen diversos proyectos en fase de prototipo desarrollados en distintos países como Reino Unido, España, Portugal, Estados Unidos, Japón, Noruega, Dinamarca, Brasil e Israel. A pesar de estos avances, Haim explica que en el sector todavía no hay ninguna tecnología que haya llegado a un grado de madurez que posicione a un proyecto por sobre otro para desarrollarlo a escala comercial.

Esta situación de paridad tecnológica habilita una oportunidad para el desarrollo local, a la vez que posiciona a la Argentina dentro del contexto global. Como se destaca en un estudio de 2019 realizado por Haim y otros miembros del proyecto, el hecho de ser una «tecnología en estado de desarrollo experimental permite competir con otros desarrollos a nivel mundial sobre el desarrollo de equipos confiables, seguros y de costos competitivos».

Salvarezza precisa que, a nivel mundial, «la energía del mar está en una etapa aún exploratoria, en el caso de la undimotriz, precomercial, con algunos prototipos desarrollándose, algunos en Estados Unidos, otros en Europa». Y agrega: «Hoy en día el precio que podría tener el megawatt-hora de estas energías están por encima de lo que son las energías fósiles o el caso de las renovables como la energía solar y energía eólica. Sin embargo, a medida que se vayan desarrollando y alcancen escala, seguramente estos precios van a bajar».

Energía renovable en la matriz energética argentina

En 2006, mediante la Ley 26.190, se creó el Régimen de Fomento Nacional para el Uso de Fuentes Renovables de Energía Destinada a la Producción de Energía Eléctrica, que establecía como meta alcanzar una contribución de las fuentes de energía renovables de 8 % del consumo de energía eléctrica nacional para el 31 de diciembre de 2017.

El incentivo que planteaba la ley era a través de incentivos fiscales, beneficios impositivos y la remuneración de la energía generada que se volcara al mercado mayorista o servicios públicos. En aquella ley, la energía undimotriz ya se posicionaba dentro de la lista de energías renovables que se buscaba fomentar.

Boya y brazo metálico – prueba _en seco_ en metalúrgica Duroll de Pilar. Imagen: Proyecto de Energía Undimotriz UTN.BA -Pacheco

Luego, en 2015 con la Ley 27.191 se modificó el régimen y elevó esta meta para lograr que las fuentes renovables alcancen el 20% del consumo de energía eléctrica nacional para diciembre de 2025. Según el informe anual de Cammesa de 2025, el país cerró ese año con un aporte de 18,9 %.

Desde el proyecto de energía undimotriz de la UTN plantean que el desarrollo de esta tecnología contribuiría a diversificar la matriz energética y a un abastecimiento más seguro y constante.

“La diversificación de las energías hace que, si te falla una de las fuentes, tenés de la otra. Si dependés de una sola y esa falla, es muy complicado”, advierte Haim, quien retoma como ejemplo el apagón masivo que afectó a España y Portugal en abril de 2025, cuando una desconexión abrupta de plantas generadoras provocó la caída de la red eléctrica peninsular.

Soberanía energética: el peso del desarrollo local

Gabriel Blanco es ingeniero, investigador y coordinador del Centro de Tecnologías Ambientales y Energía (CTAE) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), donde se estudia el nexo entre energía, ambiente y sociedad.

Blanco sostiene que la transición energética es necesaria por múltiples motivos, entre ellos, el cambio climático y cuestiones vinculadas al modelo energético actual, que describe como «muy concentrado en términos de capitales y tecnología».

El investigador plantea la necesidad de avanzar hacia un modelo más diversificado y participativo. En ese sentido, considera que el desarrollo de energías renovables a nivel nacional, como el proyecto de energía undimotriz, «es parte de una diversificación en términos de recursos, en términos tecnológicos y fundamentalmente que se está haciendo desde lo local con actores locales».

Autonomía tecnológica frente a los cambios de gobierno

El proyecto undimotriz de la UTN fue diseñado para realizarse de punta a punta en el país. «Todos los mecanismos que tiene nuestro equipo se pueden fabricar en la Argentina. Es más, nosotros ya lo estamos fabricando, lo podemos hacer con la industria nacional, no dependemos de importaciones», cuenta Haim.

Y esto tiene una razón. «Queríamos algo que pudiéramos hacer acá en Argentina, que no dependiéramos de inversiones extranjeras. Yo empecé con esto en el 2007, casi 20 años atrás y fijate cuántos presidentes pasaron por el medio y todavía seguimos con el tema. Entonces, tenemos que ser resistentes a los cambios de política de la Argentina. Si un día te abren las importaciones, después te las cierran, después te las abren, no podemos depender de lo que decida el gobierno de turno. Mientras menos dependamos del entorno exterior, mejor», explicó el ingeniero.

La preocupación de Haim por la autonomía tecnológica se vincula con un debate más amplio sobre la transición energética en Argentina. El estudio «Impactos en la Balanza Comercial Argentina de la Transición Energética», realizado por Blanco y otros autores, advierte que la transición puede reproducir formas de dependencia si no se acompaña con una política industrial propia.

«Si la transición se implementa sin una estrategia de desarrollo tecnológico e industrial, puede generar una nueva dependencia: la importación masiva de equipos, tecnologías y componentes estratégicos, sustituyendo la vulnerabilidad asociada a los combustibles fósiles por otra vinculada a la tecnología extranjera», concluye el documento.

Fotomontaje del equipo pontado sobre la escollera norte del puerto de Mar del Plata. Imagen: Proyecto de Energía Undimotriz UTN.BA -Pachec

Blanco desarrolla esa idea: «Pueden haber cuestiones ligadas a la dependencia tecnológica porque, por ejemplo, la energía solar y los paneles solares pueden ser muy buenos, pero nosotros no los hacemos, se traen de China o del país que sea».

Salvarezza aporta una mirada similar desde su rol institucional: «En el caso de la energía eólica y solar, hay pocas posibilidades de que Argentina pueda participar de la cadena de valor, salvo algunos nichos reducidos. La mayoría de la tecnología que se dispone, está en manos de empresas extranjeras».

Por eso, destaca el caso del proyecto de energía undimotriz: «Es particularmente interesante porque el dispositivo que ha desarrollado la universidad tiene estas características de integrar, casi en su totalidad, industria nacional».

Del desfinanciamiento nacional al apoyo provincial

En 2022 el proyecto fue seleccionado por el Fondo Argentino Sectorial (Fonarsec) para, en 2023 recibir un financiamiento de 50 millones de dólares para el desarrollo gracias a un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo.

Sin embargo, desde 2024 el gobierno de Javier Milei dejó al financiamiento al sistema científico y el desarrollo nacional prácticamente congelado debido a la retención de fondos provenientes de préstamos internacionales.

El dinero que debían recibir nunca llegó.

“Peor todavía, porque nosotros hicimos trabajos durante un año, les presentamos las facturas, y nunca lo pagaron. O sea que nosotros tuvimos el gasto”, relata Haim.

Antes “el Fonarsec te daba la plata y vos la administrabas. Con el cambio de gobierno cambiaron las reglas”, relata y agrega que la instrucción fue que, cuando compraran los insumos o finalizaran los trabajos, enviaran la factura y les iban a remunerar los gastos.

“Los investigadores dedicaron mucho tiempo y horas de trabajo, presentaron las facturas, el trabajo que hicieron, y nunca se les pagó. Es peor a que te saquen el financiamiento, porque trabajaste con la esperanza de cobrar y no cobraste un mango”, relata Haim y agrega que también perdieron a la empresa con la que se habían asociado para construir el equipo.

El investigador agrega que perdieron “todo el trabajo que hicimos de conseguir una empresa, firmar compromiso de confidencialidad, armar el proyecto, fue mucho tiempo que no te lo paga nadie después. Cuando uno hace un proyecto con la idea que salga, sabe que puede salir mal, pero no te imaginás que va a pasar algo así”.

Fue entonces cuando, en 2024, la Provincia de Buenos Aires intervino para que el proyecto continuara a través del Foro Regional Eléctrico de la Provincia de Buenos Aires (FREBA).

Este organismo funcionó como el nexo que vinculó al equipo de la UTN con el Programa de Incentivos a la Generación de Energía Distribuida (Proinged) y con el Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), permitiendo que el proyecto recupere su impulso.

Salvarezza, presidente de la CIC, describe ese momento: «A comienzos del 2024 este proyecto se encontraba en una situación muy compleja porque se había desarrollado con lo que eran los fondos que aportaba el Estado Nacional, los Fonarsec. Hubo un cambio en el gobierno y estos fondos no siguieron fluyendo».

Y agrega: «Hoy en día es la provincia (de Buenos Aires) la que está sosteniendo este proyecto”.

El recurso marino en Argentina

Como oceanógrafa, Liftschitz hace una caracterización de los potenciales de energía que podrían obtenerse de los casi 5000 km de costa argentina.

«Si uno piensa en la costa argentina puede hacer una división muy clara. En la costa bonaerense la energía del mar más rentable sería la undimotriz, la energía de las olas, que allí no son excesivamente grandes, pero son persistentes. Para que se forme la ola necesitás un viento sostenido y una cierta distancia donde el viento le transfiere energía al agua, que se llama fetch. En la costa bonaerense el viento viene del este, tiene buena distancia y vientos sostenibles como para formar oleaje”, explica.

Mar del Plata. Imagen: Lara Guerrero

En cambio, las características cambian en el sur del país, habilitando otro tipo de aprovechamiento energético. Liftschitz sostiene que “en la costa patagónica, como tenemos una amplitud de marea muy importante y velocidades de corrientes de mareas muy fuertes, lo que conviene es obtener la energía de las mareas. Allí, los vientos son del oeste, entonces no se genera oleaje, pero existe una amplitud de marea excepcional”.

Un estudio de impacto ambiental publicado en 2017 en la revista Proyecciones, realizado por integrantes del proyecto en el marco de una tesis de maestría en Ingeniería Ambiental de la UTN, evaluó los efectos potenciales de la instalación del dispositivo en la escollera sur del Puerto Quequén.

La conclusión fue que “los potenciales impactos ambientales negativos no resultan significativos y resulta viable su ubicación”.

Según el estudio, los impactos negativos que identificaron son de carácter moderado y podrían focalizarse en la etapa de construcción, como por ejemplo, la contaminación sonora, la modificación del entorno visual y alteraciones temporales en la accesibilidad.

Liftschitz, codirectora del estudio, ratifica la evaluación: “Son instrumentos muy chicos. Hay que estudiar el impacto, obviamente, porque todo lo que uno pone tiene su impacto. Pero en la zona de Quequén el resultado fue positivo, el impacto ambiental era bajo”.

Una Argentina que mire al mar con perspectiva energética

Luego de casi 20 años de desarrollo, el prototipo argentino de energía undimotriz se acerca a una prueba decisiva: el mar. El paso siguiente, la escala comercial y el aporte real a la matriz energética, va a depender de los resultados que se obtengan y las decisiones políticas y económicas que se tomen.

La transición energética es una oportunidad para pensar sobre los patrones de consumo, la soberanía, y la participación ciudadana en el uso de los recursos naturales, sin olvidar la importancia de acompañar este proceso con políticas industriales, tecnológicas y territoriales que eviten reproducir nuevas dependencias y conflictos.

Este artículo se elaboró con el apoyo de Climate Tracker América Latina.

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Convivir con la naturaleza, la lección climática de la caatinga en Brasil

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Escribe Mario Osava / Inter Press Service –  “El trabajo de recoger semillas me salvó de la depresión”, que le produjo el suicidio de su hija a los 29 años, confesó Maria do Desterro Soares, de 64 años, quien vive en la comunidad rural y pobre de Jatobá, en el noreste de Brasil.

Atrajo para la actividad a su hermana menor, Maria de Jesus Soares, de 45 años, que perdió el marido en un accidente de automóvil y también lucha para no caer en la depresión. Las dos caminan juntas cerca de dos horas, para arribar a los bosques donde abundan las semillas.

Ganan poco, cerca de 1000 reales (185 dólares) en un “año bueno”, pero “es mi trabajo, mi placer, es lo que quiero y me gusta hacerlo”, sostuvo María do Desterro, que también hace helados y medicamentos para gripe y otras enfermedades con jugos, tés, cáscaras y miel de extracción local.

Ella es una de las 121 personas capacitadas por la Asociación Caatinga (AC) hasta 2023 para la recolección y manejo de semillas de plantas nativas de ese bioma exclusivo de Brasil, como forma de generar ingresos y restaurar los bosques.

“La reserva es un gran depósito de agua. Hicimos una investigación sobre el escurrimiento evitado, es decir el agua que esa área de 6285 hectáreas puede contener, y la cantidad es sorprendente. Son 4780 millones de litros al año”: Gilson Miranda.

La asociación, fundada en 1998 para proteger la caatinga, el bioma característico de la región semiárida en el noreste del país, gestiona la Reserva Natural Serra das Almas (RNSA) y disemina las tecnologías sociales de convivencia con la ecorregión del Semiárido en las comunidades aledañas.

La caatinga ocupa 10 % del extenso territorio brasileño y en ella viven 27 millones de personas. Su vegetación es en general baja, de ramas y troncos retorcidos, que parece muerta en la estación seca y se vuelve verde pocos días después de una lluvia. Pero cuenta también con grandes árboles que alcanzan decenas de metros de altura.

Maria do Desterro Soares y su hermana menor, Maria de Jesus Soares, extraen las semillas del coco de buriti, una palmera también conocida como moriche, presente en varias partes de Brasil, incluido su bioma exclusivo de la caatinga. Las dos comenzaron a cosechar semillas para alejar la depresión y ahora lo hacen por placer y para contribuir al ambiente. Imagen: Mario Osava / IPS

Convivencia, no combate a la naturaleza

Convivir, en lugar de combatir las sequías, es un principio orientador de las acciones que están mejorando la vida en la región más pobre de Brasil, el Nordeste, en una lección climática para el país y el mundo.

La consigna, puesta en marcha por las organizaciones de la sociedad civil, impulsó varias tecnologías sociales como solución para la escasez de agua. La más conocida es la cisterna de acopio del agua de lluvia para uso doméstico, cuya construcción desde 2003 superó 1,2 millones de unidades.

La cisterna, la bioagua (un equipo que limpia el agua de uso doméstico para su reúso en las siembras), la fosa séptica verde (tanque de hormigón con tierra, filtros y un pie de banano), el horno solar y el fogón ecoeficiente son los cinco equipos en diseminación.

El sitio web de la AC informa que se implantaron 1481 de esas “tecnologías”.

La AC cuenta con la RNSA para la educación ambiental y fuente de ingresos con el turismo ecológico. En sus alrededores, actúa en 40 comunidades donde viven cerca de 4000 familias, implantando las tecnologías sociales y buscando apoyo a la conservación de la reserva y toda la caatinga.

Con sede en Fortaleza, capital del nordestino estado de Ceará, y Crateús, en el oeste de ese mismo estado y cerca de la RNSA, la asociación se distingue de otras organizaciones no gubernamentales al disponer de esa unidad de conservación de 6285 hectáreas de bosques tupidos y cuatro nacientes de riachuelos.

La fosa séptica verde, también llamada cantero bioséptico, trata el agua servida de los sanitarios con microorganismos que procesan los excrementos, dejando el agua lista para regar los cultivos en la región semiárida del Nordeste de Brasil. Imagen: Mario Osava / IPS

La caatinga mitiga el cambio climático

“La reserva es un laboratorio a cielo abierto, donde tienen lugar varias investigaciones sobre la fauna, la flora, el carbono, el agua, para que tengamos conocimiento de la importancia de esa área, y también de toda la caatinga”, definió Gilson Miranda, biólogo y gestor del RNSA por la Asociación Caatinga.

De 2015 a 2022, la caatinga removió casi mitad del carbono removido de la atmosfera en todo el Brasil, realzó, basado en un estudio de la Universidad Estatal de São Paulo que apuntó la participación de cerca de 40 % en la captura de gases invernadero.

Es que el rápido reverdecer de la vegetación, indicador de la intensa actividad fotosintética, cuando llueve, hace de la caatinga un importante sumidero de gases invernadero, distinto de la Amazonia, un inmenso reservorio de carbono.

“Por eso preservar y conservar la caatinga es estratégico en un escenario de adaptación climática”, sostuvo Miranda en diálogo con IPS.

Ese bioma, exclusivo de Brasil, ocupa un área de 844 453 kilómetros cuadrados.

El agua es otra riqueza de la Serra das Almas, convertida en una Reserva Particular del Patrimonio Natural (RPPN) en el año 2000.

“La reserva es un gran depósito de agua. Hicimos una investigación sobre el escurrimiento evitado, es decir el agua que esa área de 6285 hectáreas puede contener, y la cantidad es sorprendente. Son 4780 millones de litros al año”, destacó Miranda.

Alrededor de las nacientes hay árboles muy altas y verdes que discrepan de la visión usual del bioma. La gameleira (Ficus gomelleira), uno de esos árboles, alcanza hasta 40 o 50 metros, según Jair Martins, el guía de los turistas en las caminatas por los seis senderos de la Sierra das Almas

Esa agua, retenida en el suelo por los bosques, en realidad escurre lentamente. Las cuatro nacientes preservadas en la reserva no secan, pero no logran perennizar los riachuelos que alimentan el rio Poti, cuyo cauce pasa a este y al norte de la Serra das Almas.

Tampoco esa humedad es suficiente para mantener verde la vegetación de la caatinga, tupida en el local, pero muy seco en diciembre, con el verde de algunos arbustos o árboles más resistentes al estrés hídrico.

Maria Clemente da Silva solo pudo cultivar su huerto cuando tuvo acceso al bioagua, porque el suministro de agua de la red pública se limita a tres horas diarias en Jatobá, una comunidad pobre ubicada en la caatinga brasileña. Imagen: Mario Osava / IPS

La sequía atenuada

En los alrededores de la RNSA, la sequía se siente aún más.

Maria Clemente da Silva, de 59 años, cuenta con el bioagua para completar el agua con que irriga su pequeño huerto. La red pública solo suministra agua durante dos a tres horas por día, insuficiente para el cultivo de hortalizas, como lechuga y cebolletas, o frutales como papaya, banano, acerola, naranja y cajú, también llamado anacardo o merey.

A unos cien metros detrás de su casa, un bosque de árboles altos y muy verdes revelan que, con agua, la vegetación de la caatinga gana exuberancia. Es la humedad que quedó en un bajón de un río que prácticamente secó a causa de la deforestación y los incendios provocados para “limpiar” la tierra, explicó Elisabete de Souza Soares.

El agua es la carencia más sentida, según Souza y las otras mujeres que hablaron a IPS y a un grupo de estudiantes de periodismo que visitaron la comunidad Jatobá, en el municipio de Buriti dos Montes, del estado de Piauí, vecino a Ceará, donde las acciones socioambientales de la AC benefician la población y la protección de la RNSA.

Todas obtuvieron las cisternas, el pequeño fogón ecológico de tres quemadores y otras “tecnologías” que rebajaron las dificultades en sus vidas. “Antes de la cisterna, buscábamos agua de un chafariz (fuente con caños) a un kilómetro de distancia, en latas sobre la cabeza”, recordó Souza.

Cuando estaba embarazada de su hija Maria, hace 11 años, ella pensó en mudarse de la comunidad donde siempre vivió en busca de agua. “Ahora no salgo de acá, donde nací”, asegura.

La vegetación seca en diciembre, cuando se produce el climax del estiaje anual, presenta algunos arbustos o árboles resistentes que mantienen manchas verdes en los bosques de la caatinga, en la región del Nordeste de Brasil. Imagen: Mario Osava / IPS

La Asociación Caatinga adoptó el modelo integral de conservación con amplia participación de la población local, incluso en los beneficios económicos del trabajo dentro de la RNSA, como guiar ecoturistas y otros servicios.

El enfoque de la AC es siempre socioambiental, un componente principal en la protección de la reserva y la caatinga en general, sostuvo Miranda.

Dentro de la reserva hay un modesto hotel para alojar hasta 36 personas. El turismo local tiende a expandirse por el fomento de los gobiernos de los estados de Ceará y Piauí, que comparten la Reserva Natural Serra das Almas.

El cercano rio Poti discurre entre un cañón de 140 kilómetros de largo y se ha transformado en una gran atracción turística.

La reserva es un legado de la familia estadounidense Johnson, dueña de la empresa SC Johnson, que por tener la cera vegetal entre los insumos de sus productos para la limpieza y conservación de muebles, importaba la cera de carnaúba, una palmera abundante en Ceará y Piauí, además de otro estado del Nordeste, Rio Grande do Norte.

En 1998 el líder de la cuarta generación de la familia, Samuel Johnson, repitió una expedición a Ceará que el padre había hecho en 1935 y decidió constituir un Fondo para la Conservación de la Caatinga, con parte de su fortuna. Esa decisión dio pie a la RNSA y la Asociación Caatinga, compuesta por especialistas ambientales en el bioma.

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Cuba busca revivir su industria cinematográfica pese a la crisis

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Escribe Dariel Pradas / Inter Press Service – En medio de la crisis eléctrica de Cuba, con apagones diarios, anticipados o no, transcurre en la capital la edición 46 del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, donde han confluido miles de espectadores, decenas de debates culturales y una vieja aspiración de resucitar la industria cinematográfica de esta nación caribeña.

El 4 de diciembre, una vez restablecido el suministro de energía tras un apagón masivo en la víspera que dejó sin luz el occidente de Cuba, quedó inaugurado el certamen cinematográfico, aunque la generación de electricidad todavía era inestable e insuficiente, en un país con un déficit que sobrepasa la mitad de la demanda.

La dirección del festival, que concluye el domingo 14, destinó generadores eléctricos de respaldo para las principales salas de cine utilizadas en el certamen, pero aun así no ha podido evitar que varios cortes impidieran la proyección de algunas películas, provocando reajustes en la cartelera.

“Si pusieron plantas (generadores), deberían ser más confiables. Al menos, si se quiere ofrecer una buena experiencia, pero ya me he perdido más de dos películas entre los apagones y la rotura del proyector en el cine Acapulco (ocurrió el lunes 8)”, dijo a IPS Mario García, un informático habanero.

No obstante, según Lilian Morales, directora del sector Industria del festival, el mayor desafío económico para concretar en Cuba un festival de cine con adecuados estándares de calidad, no recae tanto en los gastos para soluciones ante la crisis eléctrica o para logística, publicidad u otros –que siguen siendo altos–, sino en mantener operativas las salas de cine.

“Si el festival no tiene una red de (salas de) cines, no sirve de nada. La que tenemos cuesta cara, porque, además, son salas que ya en ninguna parte del mundo existen: demasiado grandes, con una tipología de los años 40 o 50 (y hasta más de 1000 butacas), por lo que los proyectores necesarios son de alta potencia”, dijo a IPS.

En las redes sociales, muchos cubanos critican la ejecución de un evento tan demandante en medio de las finanzas paupérrimas del país, mientras que otros la celebran por el poder de convocatoria, el fomento de la cultura o, simplemente, porque “mata” el aburrimiento.

Otros pocos, en cambio, ven en este festival, fundado en 1979, una oportunidad de conseguir apoyo o financiamiento para completar sus propios filmes inacabados, o encaminar guiones que, de no existir el certamen, quizás quedarían engavetados para siempre.

Realizadores audiovisuales presentan sus proyectos en el Mercado Latinoamericano de Cine (Mecla) Isla, abierta durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana. La reinauguración de Mecla ofrece oportunidades a realizadores cubanos y latinoamericanos de financiar sus películas. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Oportunidades de hacer cine

“Industria del cine en Cuba, no hay. El problema del cine es que es un pensamiento que se codifica a partir de la visualidad y el sonido, y donde intervienen muchas personas y especialidades. Eso lleva su tiempo”, dijo a IPS Yasmany Castro, realizador cubano de 33 años.

Castro fue de quienes presentaron su proyecto –de un documental, en su caso– en el Mercado de Cine Latinoamericano (Mecla) Isla Abierta, entre el 7 y el 11 de diciembre, espacio que el festival retomó en la presente edición tras décadas inactivo, con el objetivo de incentivar el intercambio entre creadores y productoras audiovisuales, algunas de estas, procedentes de Rusia, China, Indonesia, Namibia y otros países.

“La idea es poder tener un espacio propio para poder desde aquí irradiar hacia otros lugares y también atraer otros mercados audiovisuales, no solamente con la intención de comercializar cine, sino de atraer coproducciones a Cuba, y que Cuba vuelva a ser un destino fílmico en la región como ya lo fuimos”, dijo Morales,

La función de Mecla es “totalmente comercial”; y ofrece la posibilidad de realizar negocios entre empresas audiovisuales o incluso que los realizadores atraigan financiamientos para sus proyectos, los cuales podrían ser distribuidos, al concluirse, en mercados extranjeros, agregó la directora de Industria, cuyo departamento gestiona esta iniciativa.

“Queremos recuperar esa alianza entre Cuba y México que existió en la época de oro del cine mexicano. Unir la creatividad entre los países de Latinoamérica, hacer coproducciones, nos beneficia porque nuestras historias serían mejores”, dijo Rigoberto Veloz, director del mexicano Festival Internacional de Cine Tequila, de Jalisco.

Desde finales de la década de 1980 hasta la caída del campo socialista en 1991, Mecla existió con ese mismo nombre y el propósito de “hacer llegar el cine cubano hacia todo el circuito de países” del campo socialista.

En ese contexto, la crisis económica que brotó en Cuba en la década de 1990 deprimió la producción cinematográfica, entonces en manos del Estado.

Después, con el apoyo de estudios y mercados extranjeros, empezaron a proliferar filmes fuera de esa industria estatal, una alternativa que ha ido creciendo y volviéndose inevitable ante el declive de los presupuestos dedicados al cine.

En 2019, cineastas, técnicos y realizadores del séptimo arte en Cuba pudieron alcanzar un estatus legal y obtener licencias de rodaje, poseer cuentas bancarias, aplicar a fondos de financiamientos del exterior, entre otros derechos y responsabilidades, con la publicación del Decreto-Ley 373 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente.

A esa norma se acogieron miles de creadores y se crearon decenas de productoras audiovisuales privadas, que luchan hoy por subsistir pese a la casi inexistencia en Cuba de fondos públicos de promoción de cine nacional y que las salas de cine, todas de propiedad estatal y con precios bajos topados, no sirven para recaudar en taquilla el coste de un filme.

Según Castro, el centralismo histórico del cine cubano, subvencionado siempre por el Estado –y en ocasiones, censurado–, ha creado un estado de dependencia que, al desplomarse el sistema económico en la isla, también colapsó la industria.

Hoy esa industria desea y debe renovarse y atemperarse a los tiempos actuales, así como a nuevos paradigmas del mercado cinematográfico.

“El cine actualmente no puede resolverse con la cuestión de la taquilla”, se refirió Castro al debate sobre si subir o no el precio de la entrada a las salas de cine para solventar mejor los gastos en la producción.

“Ni aquí, ni afuera”, añadió.

Cartel promocional del Mercado Latinoamericano de Cine, (Mecla) Isla abierta durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana. La conformación de una industria cinematográfica nacional depende también de cómo se inserten los filmes cubanos en mercados internacionales. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

El desafío de una industria cinematográfica nacional

“El problema de la taquilla es que tú tienes que tener un distribuidor primero que mueva por todos los cines la película, que la venda”, dijo a IPS el cubano Luis Tejera, director de Aracne Digital Cinema, empresa española dedicada a posproducción digital y restauración cinematográfica.

Pero llegar a la taquilla en ese país ibérico es bastante complicado, y muchas veces las películas mueren y no se recupera el dinero nunca, además de que las distribuidoras cobran muchísimo por insertarlas en el mercado, agregó Tejera.

En Argentina, por ejemplo, sucede algo muy parecido: es complicado estrenar en las salas de cine, competir con una industria hollywoodense que se traga la taquilla y no hay certeza de que el público asista, dijo a IPS Miranda Ciriano, productora en Boogieman Media, empresa argentina de diseño y comunicación centrada en la industria del entretenimiento.

El éxito en taquilla tampoco es tan determinante como antes. La “ganancia” yace también en vender la película a televisoras o plataformas de streaming (en directo), pero no es tan sencillo. Normalmente, películas de cines nacionales no tan internacionalizados, deben ganarse antes el reconocimiento en festivales del mundillo.

“Lo que produce las películas al estar en festivales, es el famoso prestigio. Eso forma parte inclusive del mundo de la distribución”, dijo a IPS Sofía Riso, coordinadora de La Burbuja Sonido, empresa de posproducción argentina, especializada en arreglos de sonido.

Por su parte, Federico Feuring, agente de ventas de Tauro Digital, otra empresa argentina de posproducción de sonido, planteó a IPS que, para evitar que queden desamparados proyectos cinematográficos nacionales por culpa de las lógicas comerciales, siempre es positivo cierto apoyo del Estado, pero tampoco una intervención total.

Es una lógica que ha desaparecido en Argentina con el gobierno del ultraderechista Javier Milei, quien eliminó muchos subsidios para el fomento del cine, y que ha limitado la diversidad de autores y visiones en el cine de esa nación suramericana, según coincidieron los entrevistados de ese país.

Ellos, junto a Tejera, son cuatro de los seis miembros del jurado de los premios de posproducción del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, cuyas empresas, sumando a la mexicana Estudios Churubusco, patrocinan con un total de más de 60 000 dólares, capitalizados mediante la edición de imagen, sonido, marketing y otros servicios de posproducción.

La experiencia de países como Argentina y España, con industrias cinematográficas mucho más consolidadas, todavía parece lejana de la realidad cubana, que tiene redes de distribución irrentables en el territorio nacional, y sin casi acceso a plataformas internacionales.

Sin embargo, según Tejera, el mayor problema de la producción de cine en Cuba es, meramente, la financiación.

“El cine pasa a un segundo plano. Si no hay luz u otras cosas básicas, ¿crees que con un país así se va a invertir en cine? ¿Si tiene otros problemas gigantescos que tiene que solucionar?”, opinó.

Pero que no se incentive la producción y el consumo de cine cubano no solo es un golpe a la cultura del país, sino también es renunciar a una industria que puede ofrecer entretenimiento, empleos y, por qué no, grandes ingresos.

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Moderada recuperación del empleo en América Latina

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Inter Press Service – América Latina y el Caribe experimenta una recuperación moderada del empleo, según el más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que a la vez advierte sobre la persistencia de la informalidad y la desigualdad.

Según el “Panorama Laboral 2025 de América Latina y el Caribe”, en la primera mitad del año la tasa de participación laboral promedio en la región fue de 63 %, la de ocupación alcanzó casi 60 %, y la de desocupación sigue descendiendo y se ubicó en seis por ciento, una de las más bajas de los últimos 15 años.

Esto significa que la cantidad de personas que están activamente trabajando o buscando empleo se mantiene estable, en relación con el año anterior, y que una mayor proporción ha logrado insertarse en el mercado laboral.

La fuerza laboral de la región se cifra en aproximadamente 350 millones de personas, según la Comisión Económica de para América Latina y el Caribe (Cepal).

En ella, la tasa de participación expresa el porcentaje de la población en edad de trabajar que está activa en el mercado laboral, es decir, que está empleada o buscando activamente empleo, mostrando la oferta de mano de obra disponible.

La tasa de ocupación laboral es el porcentaje de personas en edad de trabajar que tienen un empleo, y la de desocupación el de las personas que no tienen empleo, pero están disponibles y buscando activamente uno.

La OIT señala, en paralelo, que la informalidad, aunque se redujo ligeramente en el primer semestre de 2025 (46,7 %), sigue siendo uno de los rasgos más persistentes en la región, alcanzando a casi una de cada dos personas ocupadas.

Pero “la región no puede conformarse con cifras que parecen positivas en promedio”, advirtió la directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Ana Virginia Moreira Gomes.

“Necesitamos políticas activas que promuevan el trabajo decente, con igualdad y protección”, dijo Moreira Gomes, y apuntó que “la OIT sigue comprometida con acompañar a los países en este camino, en un mundo laboral que cambia rápidamente”.

Los desafíos para mujeres y jóvenes también persisten en la región. Pese a que el desempeño de las mujeres en el mercado laboral ha sido más positivo que el de los hombres en los últimos años, este avance sigue siendo insuficiente.

Los hombres, con 75 %, tienen una tasa de participación 22 puntos porcentuales mayor a la de las mujeres (53 %), al igual que en la tasa de ocupación (71 y 49 %, respectivamente). La desocupación en las mujeres supera en dos puntos porcentuales la de los hombres.

Las personas jóvenes (15 a 24 años) registran una tasa de desocupación casi tres veces la de los adultos. La incidencia de la informalidad entre jóvenes (56 %) es mayor que entre adultos (43 %).

Recuerda el informe de la OIT que “detrás de estos porcentajes hay millones de historias reales. Cada punto en los indicadores laborales representa a personas que trabajan, buscan empleo o quedan al margen del mercado laboral”.

“El acceso a un empleo decente no solo determina ingresos: impacta en la salud, la educación, el bienestar y las posibilidades de desarrollo de toda la población”, subraya el documento.

El informe también destaca marcadas disparidades entre países. Por ejemplo, la tasa de desocupación supera el promedio regional en Colombia (aunque descendió de 11,1 a 9,7 % entre 2024 y 2025), al igual que en Argentina, Costa Rica, Chile y Uruguay, dentro de una decena de países seleccionados para el estudio.

Las mujeres y las personas jóvenes siguen siendo las más afectadas por la informalidad, el desempleo y el trabajo precario.

El informe también analiza cómo está cambiando el mundo del trabajo, con especial atención al trabajo en plataformas digitales. Uno de los hallazgos muestra que, entre quienes trabajan en estas plataformas, a mayor nivel educativo corresponden mayores ingresos.

“El empleo se está transformando: aunque hay avances en los indicadores generales, hay que mirar debajo de la superficie. Los datos muestran grandes disparidades entre países y grupos”, apuntó el economista Gerson Martínez, autor principal del informe.

El Panorama se produce poco después de la 20.ª Reunión Regional Americana de la OIT, celebrada en octubre de 2025, en la cual las autoridades de la región reafirmaron -a través de la Declaración de Punta Cana- su compromiso con el trabajo decente, la formalización y la reducción de desigualdades estructurales.

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Venezuela y EEUU: suspenso, con el dedo en el gatillo

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Escribe Humberto Márquez / Inter Press Service – Un clima de suspenso vive el Caribe, atento a un posible ataque sobre Venezuela de la poderosa fuerza aeronaval que Estados Unidos ha desplegado en ese mar, y cuyo objetivo más preciado es la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro.

“Los días de Maduro como presidente están contados”, dijo el mandatario estadounidense Donald Trump en el programa “60 minutos” de la televisora CBS el 2 de noviembre. Exactamente un mes después, a la pregunta de un periodista sobre si su par venezolano se iría del poder, respondió: “Lo hará”.

A finales de noviembre, mientras Washington acumulaba fuerzas y cañones apuntando a Caracas, hubo una llamada entre ambos gobernantes, en la que se juntaron amenazas y propuestas, según medios estadounidenses. Trump ha sido evasivo. Maduro dijo que fue una conversación “respetuosa, y hasta cordial”.

Así, permanece abierto y al mismo tiempo envuelto en el misterio el abanico de opciones, en cuyos extremos aparecen o una invasión en toda regla a Venezuela, o el retiro de la flota estadounidense, como inicio o conclusión de una negociación.

“No creo en la invasión, aunque puede haber bombardeos. Lo más probable -no digo que sea inmediato, puede que tarde un poquito más- es que esto termine en una negociación entre Estados Unidos y Venezuela”, dijo a IPS Phil Gunson, analista sénior para la región andina de la organización International Crisis Group.

Basado en Caracas desde hace dos décadas, Gunson observa que “la fuerza desplegada por Washington no es solamente para Venezuela; es parte de una reorientación de la política exterior de Estados Unidos, con mayor énfasis en el hemisferio occidental y principalmente en la cuenca del Caribe”.

El 5 de diciembre la Casa Blanca publicó su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, en la que desempolva y le da un toque Trump a la Doctrina Monroe, que se formuló hace dos siglos bajo la consigna “América para los americanos», y con la cual reivindica el papel de hegemón hemisférico que se atribuye.

“Lo que busca Trump es que Estados Unidos vuelva a ser el país que determine lo que sucede en su patio trasero cercano”, comentó Gunson, cuya organización tiene su sede central en Bruselas y se enfoca en el análisis y diseño de políticas para prevención de conflictos.

El portaviones Gerald Ford, considerado el más moderno y poderoso del mundo, se desplaza por el Caribe como parte de la flota estadounidense que podría atacar objetivos en Venezuela, Colombia y México. Para expertos militares, su presencia es la demostración de que Washington persigue objetivos geopolíticos mucho más allá de simplemente frenar el tráfico de drogas a través de ese mar. Imagen: US Navy

Portaviones contra lanchas

La fuerza en el Caribe es la mayor desplegada en el área en seis décadas: el poderoso portaviones Gerald Ford, 20 navíos de guerra, decenas de aeronaves de última generación, 15 000 efectivos, reapertura de una base militar en Puerto Rico e instalación de radares en Trinidad y Tobago, vecino hostil de Caracas.

Desde el 2 de septiembre esa fuerza ha liquidado, en el Caribe y el Pacífico oriental, a 23 embarcaciones sindicadas de transportar drogas, y dado muerte a un total de 87 ocupantes, exhibiendo capacidad de alcanzar cualquier blanco en los países que ha puesto en su diana: Venezuela, Colombia y México.

Entre sus argumentos, Trump ha dicho que con cada lancha abatida se eliminó la droga que pudo matar a 25 000 estadounidenses.

Por sobredosis de drogas murieron el año pasado en Estados Unidos 80 391 personas, según sus autoridades de salud. El fentanilo, la droga más mortífera, se asegura que no llega a suelo estadounidense desde el Caribe o Venezuela, sino a través de la frontera con México, donde mafias la elaboran con insumos provenientes de China.

El presidente Nicolás Maduro en una marcha con militares, con su esposa Cilia Flores a su derecha y los ministros de Interior y Defensa, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, a su izquierda. Estados Unidos ofrece millonarias recompensas por la captura de Maduro, Cabello y Padrino, y demanda que el gobernante venezolano debe abandonar el poder para dar paso a una transición. Imagen: Presidencia de Venezuela

Maduro: Se busca

La salida del poder de Maduro aparece como un gran objetivo. Washington lo acusa de ilegítimo por robar la elección presidencial de julio de 2024, que ganó su contendor Edmundo González según la oposición, y de dirigir un narcotraficante “Cartel de los Soles”, ofreciendo una recompensa de 50 millones de dólares por su captura.

Pero, dentro de su política de “paz a través de la fuerza”, Trump envía señales contradictorias acerca de si se dispone a atacar o solo exhibe los cañones para lograr los objetivos con presión y sin desatar el infierno de bombas y misiles.

“Todavía hay mucha incertidumbre y no veo claridad por parte del gobierno de Trump sobre cómo proceder”, dijo a IPS Mariano de Alba, investigador asociado del británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, dedicado al estudio de la política internacional y de defensa.

Las alternativas más probables, señaló De Alba a IPS desde Londres, “son ataques quirúrgicos, bien sea contra instalaciones vinculadas al narcotráfico o a las fuerzas armadas, o un acuerdo puntual”.

En la hipótesis de un acuerdo “el régimen de Maduro hace algunas concesiones importantes sobre las prioridades de Trump -inmigrantes ilegales, narcotráfico y recursos naturales- y eso le permite permanecer en el poder, y a Trump vender internamente el despliegue como un éxito”, observó el analista.

“Veo muy claro que sigue habiendo escepticismo en la Casa Blanca sobre una gran operación militar en Venezuela, por los riesgos que supone y, adicionalmente, internamente se le está complicando el despliegue al presidente con acusaciones incluso de congresistas republicanos de posibles crímenes de guerra”, agregó.

El legislativo Congreso estadounidense examina si sus mandos militares incurrieron en esos crímenes al rematar a sobrevivientes en las “narcolanchas” abatidas, y el tema ya se inscribió en la aguda confrontación entre Trump y el partido Republicano, que lo apoya, y el opositor Demócrata, abiertamente reticente a una nueva aventura bélica.

Según analistas militares, la fuerza desplegada es insuficiente para invadir a un país como Venezuela, de 916 000 kilómetros cuadrados y 29 millones de habitantes.

Pero, por otra parte, es demasiada fuerza para hundir un puñado de pequeñas embarcaciones, la operación con la que se justificó el inicio del despliegue, en agosto, lo que convence a muchos de que el objetivo final es la cabeza de Maduro.

Algunos vendedores ambulantes ofrecen algunas mercancías a los peatones en un céntrico bulevar de Caracas. La economía informal va de la mano con la pobreza en Venezuela, en la que está sumida más de 70 por ciento de su población, asediada por imparables inflación y depreciación de su moneda, preocupaciones cotidianas mientras avanza la amenaza de un ataque estadounidense. Imagen: Tairy Gamboa / Caleidoscopio Humano

Venezuela, absorta en su pobreza

En Venezuela, entretanto, al cabo de una polarización política que va con el siglo, décadas de devastación económica, crisis humanitaria y migración de la cuarta parte de su población, la vida continúa entre la incertidumbre, la expectación o el desdén por una posible confrontación con la mayor potencia del planeta.

El gobierno ha hecho toda suerte de aprestos de defensa, desde activar sistemas antiaéreos Pantsir F-1, misiles Buk-M2E y los más ligeros Igla-S, todos rusos, hasta entregar fusiles a civiles sexagenarios que así se estrenan como milicianos.

Con discursos, marchas y declaraciones, el gobierno y su Partido Socialista Unido (Psuv), aseguran que la población está en alerta y dispuesta a combatir si se produce un ataque o una invasión y, para este último caso, se ha desempolvado la vieja tesis guerrillera de activar una “guerra popular prolongada”.

Pero muchos ciudadanos de a pie, en Caracas y en los estados, se muestran inmersos en otras preocupaciones, como la inflación más alta del mundo -535 % este año según Steve Hanke, docente de Economía en la estadounidense Universidad John Hopkins- y la imparable devaluación de su moneda, el bolívar, frente al dólar.

“No puedo hacer compras nerviosas por si vienen los marines”, dice a IPS Josefina, repostera, 39 años, dos hijos, y quien vive en el sector obrero Alta Vista, en el oeste de Caracas. “Puede que tenga nervios, pero en nuestro barrio no abunda la plata para hacer compras”, añade entre risas.

El Estudio de las Condiciones de Vida de los venezolanos, que realiza la caraqueña Universidad Católica Andrés Bello, muestra que ya en 2024, antes de la confiscatoria devaluación de este año, 73 % de los hogares estaba en la pobreza por ingresos insuficientes para satisfacer sus necesidades elementales.

Civiles en una práctica de tiro, entrenando como nuevos integrantes de la Milicia Bolivariana que se suma a las fuerzas regulares en tareas de defensa en Venezuela. El país sudamericano ha puesto en alerta a sus fuerzas armadas, entregó armas a civiles y el gobierno anunció que en caso de invasión pasará a la lucha armada y desarrollará una guerra popular prolongada. Imagen: VTV

Visiones del desenlace

La política de Trump es apoyada por la principal líder opositora y Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, y por sus seguidores, mientras que otros grupos de oposición rechazan que haya posibles ataques, y más aún una abierta invasión.

Gabriel, mecánico de 45 años, habitante de Petare, populosa barriada al este de la capital, dijo a IPS que “hay gente opositora que desea una invasión, pero muchos no la queremos, aunque no estemos de acuerdo con Maduro y como tiene al país. Hasta habría que pelear, la patria es la patria”.

Mientras, siguen apretándose tuercas: días antes de comenzar la temporada navideña y de vacaciones colectivas, Trump declaró que “el espacio aéreo venezolano puede considerarse cerrado”, y media docena de aerolíneas de la región y de Europa han suspendido sus vuelos al país, ya considerablemente aislado en materia de comunicaciones, transporte y actividad financiera.

“Se le está amargando la vida a los venezolanos, no veo a corto plazo nada bueno para su población, se la aísla más del resto del mundo”, comentó Gunson. “Eso tiene un impacto en la economía, que empezaba a mostrar algunos signos de recuperación y ahora retrocede, incluso puede volver a la hiperinflación”, agregó.

En la hipótesis de una invasión “existe la posibilidad de un caos y un vacío de poder, una situación aún peor, incluso con elementos de las fuerzas armadas peleando entre ellos. Veo muy difícil que una intervención directa militar de Estados Unidos termine en un cambio pacífico, rápido y relativamente indoloro”, remarcó Gunson.

En cuanto a la confrontación entre gobernantes, para Gunson “si Trump se retira sin mayor trámite el resultado inmediato es que Maduro se fortalece, por lo menos dentro de la coalición gobernante: mostraría que enfrentó al imperio y venció”.

De Alba añadió el componente de la política interna de Estados Unidos, cuando está por empezar un año marcado por la elección de medio término al Congreso.

En Washington, “al menos de momento, la opinión pública está posicionándose en contra de la escalada, y con señalamientos muy fuertes, como posibles crímenes de guerra. No hay ánimo para una operación que ponga en riesgo a soldados estadounidenses”, apuntó De Alba.

Dado ese juego, en que Venezuela es ahora es una pieza en la lucha política estadounidense, De Alba cree que “se está inclinando la balanza para que Trump se mantenga en la opción de la presión militar y mediática, viendo si logra un eventual acuerdo que satisfaga sus intereses, y que podría incluir la salida del poder de Maduro, o no”.

Mientras se aguarda la decisión, en la horquilla de posibles acciones cabe insertar la frase acuñada en el siglo XIX por el mariscal prusiano Helmut von Moltke: “Ningún plan, por bueno que sea, sobrevive al contacto con el enemigo”.

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