Argentina

Mala noticia para el Gobierno: la Justicia reactiva la causa ANDIS y vuelve a indagar a Spagnuolo

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El juez federal Ariel Lijo dispuso nuevas indagatorias en la causa que investiga presuntas maniobras de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), en un expediente que suma un nuevo capítulo y que ya había registrado avances en los últimos meses. La medida alcanza al exdirector del organismo, Diego Spagnuolo, junto a otros funcionarios, empresarios y supuestos intermediarios.

La decisión se apoya en un nuevo tramo de la investigación impulsado por los fiscales Franco Picardi y Sergio Rodríguez, quienes detectaron un entramado adicional de irregularidades en el manejo de fondos públicos. Según la acusación, se habrían direccionado contrataciones por más de 75.000 millones de pesos vinculadas a la compra de insumos de alto costo del programa Incluir Salud, a través del sistema PACBI, en beneficio de un grupo reducido de empresas.

De acuerdo con los investigadores, dentro del expediente se incorporaron proveídos y actuaciones internas que darían cuenta de un esquema de simulación de competencia entre oferentes, con adjudicaciones previamente direccionadas. También se analiza la participación de actores externos al organismo que habrían intervenido en la toma de decisiones y en la ejecución de pagos.

Las indagatorias comenzarán a fines de abril y se extenderán durante mayo, en un proceso que vuelve a poner bajo la lupa el funcionamiento del organismo durante la gestión anterior. Spagnuolo fue convocado nuevamente junto a otros implicados en la causa, en una nómina que incluye funcionarios, empresarios y presuntos intermediarios señalados en el expediente.

Mientras tanto, la Justicia continúa reuniendo pruebas y evaluando documentación incorporada recientemente, mientras avanzan medidas como la inhibición general de bienes sobre los involucrados. El expediente sigue avanzando mientras las defensas de los imputados ya trabajan en las apelaciones contra los procesamientos dictados en etapas previas.

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El Gobierno delega en provincias la concesión de rutas nacionales y redefine el esquema de poder vial

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El Gobierno avanzó con una reconfiguración concreta del mapa de poder sobre la infraestructura vial: a través del Decreto 253/2026, delegó en las provincias de Corrientes, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza, Río Negro, Neuquén, San Juan y Santa Cruz la facultad de otorgar concesiones de obra pública por peaje sobre tramos de rutas nacionales.

La decisión, formalizada el 16 de abril, introduce un cambio operativo relevante. Las provincias podrán licitar, adjudicar y firmar contratos con privados o entes públicos para la administración, reparación, ampliación y mantenimiento de rutas, aunque sin perder de vista un límite clave: el dominio y la jurisdicción siguen en manos del Estado nacional.

El movimiento se inscribe en una lógica más amplia de reorganización estatal y plantea una tensión de fondo: ¿se trata de un avance hacia un federalismo más dinámico o de una transferencia de responsabilidades sin cesión real de poder estructural?

Delegación sin pérdida de control

El decreto se apoya en la Ley 17.520 de concesiones de obra pública, el Decreto-Ley 505/58 sobre el sistema troncal y la Ley 27.742, que promueve la reorganización del Estado. Sobre ese entramado, el Ejecutivo construye una figura específica: delegación funcional, limitada, temporal y revocable.

No hay transferencia de activos ni de jurisdicción. Sí hay traslado de facultades clave: las provincias podrán diseñar pliegos, convocar licitaciones, seleccionar concesionarios y firmar contratos. En términos prácticos, pasan a ser concedentes.

Pero ese poder está condicionado. Cada proceso deberá pasar por convenios con la Dirección Nacional de Vialidad, que evaluará la viabilidad técnica y económica, y por la aprobación de la Secretaría de Transporte. Además, el sistema mantiene auditoría y supervisión nacional.

El esquema fija plazos concretos. Las provincias tendrán un año para convocar licitaciones desde la aprobación del convenio y hasta 90 días hábiles para adjudicar y firmar contratos. Si no lo hacen, la delegación cae. Y aun cuando se concreten, los contratos no podrán superar los 30 años.

En paralelo, el decreto establece restricciones operativas: los ingresos por peaje no podrán financiar otras obras y los tramos no podrán integrarse en corredores que involucren distintas jurisdicciones. La lógica es segmentada, no sistémica.

Provincias empoderadas, Nación supervisora

La medida fortalece a los gobiernos provinciales en un terreno sensible: la infraestructura vial, clave para el desarrollo económico y la logística regional. Les otorga herramientas concretas para gestionar financiamiento, especialmente a través del sistema de peaje.

Al mismo tiempo, preserva el rol estratégico del Estado nacional. Retiene la titularidad, el control técnico y la capacidad de reasumir la gestión por razones de interés público. Es un equilibrio deliberado: descentralización operativa con centralización normativa.

En términos políticos, el decreto puede reordenar relaciones entre Nación y provincias. Aquellas que ya manifestaron interés —las nueve incluidas— pasan a tener un canal directo para intervenir en rutas nacionales. Otras jurisdicciones podrán sumarse, pero deberán solicitarlo formalmente.

También hay implicancias económicas. El esquema habilita nuevas concesiones y, con ellas, posibles inversiones privadas en infraestructura. Pero introduce una variable: cada provincia definirá condiciones económicas —como tarifas y plazos— dentro de parámetros generales. La homogeneidad del sistema podría tensionarse.

Ejecución, contratos y coordinación

El decreto abre un proceso más que cerrarlo. El primer paso será la firma de convenios con Vialidad Nacional, donde se definirán tramos específicos, condiciones y responsabilidades. Luego vendrán las licitaciones, con un plazo exigente de un año.

El foco estará en la capacidad de las provincias para estructurar proyectos viables, con financiamiento claro y equilibrio económico-financiero. También en la coordinación con el Estado nacional, que mantiene la supervisión y podrá intervenir si detecta desvíos o riesgos para el sistema vial.

En paralelo, queda latente una cuestión estructural: cómo impactará este esquema en la integración del sistema troncal nacional. La fragmentación en tramos gestionados por distintas jurisdicciones puede mejorar la respuesta local, pero exige coordinación para evitar asimetrías.

El decreto no modifica la titularidad de las rutas, pero sí altera quién toma decisiones cotidianas sobre ellas. Ese desplazamiento, aunque condicionado, reconfigura el mapa de poder en la obra pública.

Habrá que observar si la implementación consolida un modelo de gestión más ágil o si emergen tensiones entre niveles de gobierno, especialmente cuando entren en juego intereses económicos, tarifas y contratos de largo plazo.

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Misiones inició el 2026 con una nueva baja en el empleo privado formal

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En enero el empleo registrado en el sector privado a nivel nacional no mostró variación relativa en la comparación mensual (0,0% respecto a diciembre), aunque en términos absolutos hubo una pérdida de 2.667 asalariados, concretando el octavo mes al hilo con descensos.  

En ese marco, Misiones volvió a exhibir un resultado negativo, de acuerdo  con datos de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. En el primer mes del año, Misiones registró 98.669 trabajadores en el sector privado formal, con un descenso del 0,1% contra el mes anterior, lo que equivale a la pérdida de unos 104 empleos durante el mes de análisis.  

De este modo, se profundiza el deterioro del mercado de trabajo privado formal misionero ya que exhibe bajas mensuales por octavo mes consecutivo, período en el cual Misiones sufrió la pérdida de 4.080 empleos privados. A su vez, también la comparación interanual muestra resultados negativos: contra enero de 2025, Misiones exhibe un retroceso del 4,8%(-4.732 empleos), el quinto más fuerte del país.

Por otra parte, desde que asumió Javier Milei, Misiones acumula una pérdida de 10.209 empleos (-9,4% vs. noviembre de 2023). En este caso, la provincia presenta la sexta caída más fuerte del país. 

Agravando la situación: el volumen actual de empleo privado formal de Misiones es el más  bajo desde diciembre de 2020; es decir, la cantidad de trabajadores privados formales de  la actualidad están en mínimos de los últimos 61 meses en la provincia

Como se indicó previamente, a nivel nacional el empleo privado formal no mostró variación en términos relativos en enero (0,0% vs. diciembre 2025) aunque en términos absolutos se perdieron 2.667 empleos asalariados privados en todo el país. 

Por sectores, los mejores  desempeños estuvieron en la Construcción (+1,1% mensual) y Otros servicios n.c.p (+1,0%); por el contrario, los peores desempeños relativos se vieron en la Industria (-0,3%)  y Hoteles y Restaurantes (-0,7%). 

En la era Milei (enero 2026 vs. noviembre de 2023, desestacionalizado) son 206.262 los empleos perdidos en el sector privado formal (-3,2%)

Entre los desempeños provinciales de enero, solo ocho distritos presentaron subas  mensuales del empleo privado formal, liderados por La Rioja (1,3%), Neuquén (1,2%) y Santa Cruz (0,9%). 

Otras dos provincias no mostraron variación (0,0%); y, por el contrario, las otras catorce registraron caídas, con Corrientes (-0,9%) y Tierra del  Fuego (-3,2%) presentando las más fuertes. 

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El FMI explicó los motivos por los que espera menos crecimiento y más inflación para la Argentina

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El Fondo Monetario Internacional revisó sus previsiones para la Argentina y proyectó un crecimiento del 3,5% para 2026 —medio punto menos que en octubre— junto con una suba significativa de la inflación esperada, que pasó del 16,4% al 30,4%. El ajuste fue presentado este martes en el último informe de perspectivas globales, en un contexto internacional atravesado por tensiones en energía, conflictos y volatilidad de precios.

Durante la presentación, Petya Koeva Brooks, vicedirectora del Departamento de Investigación, explicó que la revisión responde principalmente a una pérdida de impulso en la actividad económica local hacia la segunda mitad del año pasado, lo que condiciona el arrastre estadístico para este año.

Un escenario global que condiciona

El recorte en las proyecciones se enmarca en un contexto internacional adverso. El FMI identificó un escenario con encarecimiento de la energía, persistencia de conflictos y presión sobre los precios de insumos clave, factores que afectan especialmente a economías emergentes.

En el caso argentino, el organismo destacó una dinámica ambivalente: si bien el país se beneficia por su perfil exportador —en particular de commodities—, ese efecto positivo se ve contrarrestado por el impacto de la inflación interna y el encarecimiento de bienes básicos.

Según lo informado, la mejora en los términos de intercambio no logra compensar la pérdida de poder adquisitivo, lo que limita el dinamismo de la demanda interna.

Qué cambia en las proyecciones

El nuevo escenario plantea dos correcciones centrales: Crecimiento: baja del 4,0% estimado en octubre al 3,5% en 2026. Inflación: sube de 16,4% a 30,4% para el mismo período.

El FMI vinculó el ajuste en el crecimiento a la desaceleración de la actividad registrada en la segunda mitad del año pasado. Ese menor impulso condiciona la recuperación esperada.

En materia de precios, el organismo reconoció que el proceso de desinflación continúa, pero a un ritmo más lento del previsto. La convergencia hacia niveles de un dígito, que se proyectaba meses atrás, quedó postergada.

Expectativas bajo presión

La revisión del FMI introduce una señal relevante para la agenda económica del Gobierno nacional, en un contexto donde las expectativas de estabilización son un activo central.

El organismo no modifica la dirección del proceso —continúa proyectando crecimiento y desaceleración inflacionaria—, pero sí ajusta los tiempos. Ese corrimiento implica mayor presión sobre la credibilidad del programa económico, especialmente en lo vinculado a la velocidad de la desinflación.

Al mismo tiempo, la Argentina se mantiene por encima del promedio regional de crecimiento (2,3% para América Latina), lo que atenúa parcialmente el impacto de la corrección.

Precios persistentes y consumo condicionado

El nuevo cuadro proyectado tiene implicancias directas: Inflación más alta: erosiona ingresos reales y condiciona el consumo. Menor crecimiento: limita la recuperación de la actividad. Costos globales elevados: impactan en insumos, energía y transporte.

El FMI advirtió que el encarecimiento de commodities y factores externos genera un “shock de oferta negativo” que presiona sobre los precios internos.

Señales para economías dependientes del consumo

Aunque el informe no desagrega impactos por provincias, el nuevo escenario macroeconómico tiene efectos indirectos sobre economías regionales como Misiones.

Una inflación más persistente y menor dinamismo económico podrían traducirse en: Menor capacidad de consumo interno. Presión sobre costos productivos. Y mayor dependencia de mercados externos

En provincias con fuerte base agroindustrial, el comportamiento de los precios internacionales y los costos logísticos seguirá siendo una variable clave.

Escenario abierto

El FMI remarcó que la evolución de la economía argentina estará condicionada por factores externos, como los precios de la energía y la dinámica de los conflictos internacionales.

A nivel local, las variables a observar pasan por: La recuperación de la actividad en los próximos meses. La evolución de la inflación y su velocidad de desaceleración. Y el impacto de los precios internacionales sobre la economía doméstica

El nuevo cuadro no altera la dirección general del proceso, pero sí introduce mayor incertidumbre sobre los plazos de estabilización.

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Organismos internacionales alertan por impacto energético de la guerra y anticipan presión prolongada sobre precios y empleo

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Los directores de la Agencia Internacional de Energía, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial emitieron este 13 de abril una declaración conjunta desde Washington D.C. en la que advirtieron que la guerra en Oriente Medio ya genera un impacto “sustancial, global y altamente asimétrico” sobre la economía mundial, con efectos directos en precios, empleo y seguridad alimentaria.

El diagnóstico se apoya en un dato central: el aumento de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, en un contexto donde las interrupciones logísticas y energéticas aún no se normalizan, especialmente en el estratégico Estrecho de Ormuz.

Coordinación internacional ante una crisis en expansión

La reunión forma parte de un esquema de coordinación creado a comienzos de abril entre los tres organismos, con el objetivo de articular respuestas frente a las consecuencias económicas y energéticas del conflicto.

Según lo informado, el impacto no es homogéneo. Los países importadores de energía —en particular los de bajos ingresos— enfrentan mayores presiones, mientras que incluso algunos productores de hidrocarburos de la región registran caídas en sus ingresos por exportaciones.

La incertidumbre se mantiene como variable dominante. El transporte marítimo en zonas críticas aún no recupera su funcionamiento pleno, lo que condiciona la oferta global de insumos estratégicos.

Precios altos y cadenas de suministro tensionadas

El escenario que describen los organismos combina varios factores: Aumento de precios energéticos y de fertilizantes. Interrupciones en el suministro global. Daños en infraestructura clave. Recuperación lenta de los flujos comerciales

Incluso si se restablece la navegación regular, la normalización de los mercados no será inmediata. Los precios podrían mantenerse elevados durante un período prolongado, según la evaluación oficial.

Además, la escasez de insumos impacta en sectores clave como la energía y la producción de alimentos, generando un efecto en cadena sobre la economía global.

Organismos multilaterales alinean respuesta

La declaración conjunta marca una señal de coordinación entre tres actores centrales del sistema económico internacional. La articulación entre la AIE, el FMI y el Banco Mundial apunta a reforzar la capacidad de respuesta ante un shock externo que combina variables geopolíticas y económicas.

El enfoque incluye asistencia técnica y, en el caso de los organismos financieros, apoyo económico a los países más afectados. La estrategia busca contener efectos sistémicos y evitar desbalances mayores en economías vulnerables.

La referencia a “asesoramiento político personalizado” sugiere que las recomendaciones podrían adaptarse a cada país, en función de su exposición a la crisis energética.

Presión sobre alimentos, empleo y crecimiento

El aumento en los precios de la energía y los fertilizantes tiene efectos directos sobre: Costos de producción agrícola. Precios de alimentos. Nivel de empleo. Actividad económica general

A esto se suma la reducción de viajes y turismo, y el desplazamiento de población en zonas afectadas, factores que amplifican el impacto económico.

El cuadro general describe una economía global con menor dinamismo y mayor volatilidad, atravesada por restricciones en la oferta de insumos clave.

Implicancias para Argentina y el NEA

Aunque la declaración no menciona países específicos de América Latina, el diagnóstico permite inferir impactos potenciales. En economías importadoras de energía y con alta dependencia de insumos externos, el encarecimiento de combustibles y fertilizantes puede trasladarse a precios internos.

En regiones como el NEA, donde la actividad productiva tiene fuerte vínculo con el agro, el aumento de costos en insumos clave podría incidir en la estructura de precios y márgenes de producción.

Informes clave y evolución del conflicto

Los organismos anticiparon la publicación de nuevos informes —el Reporte del Mercado Petrolero de la AIE y las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI— que ofrecerán mayor precisión sobre el impacto de la crisis.

La evolución del conflicto en Oriente Medio, la normalización del transporte marítimo y la capacidad de respuesta de los países serán variables determinantes en las próximas semanas.

El escenario sigue abierto y condicionado por factores geopolíticos que exceden el control de los actores económicos, lo que mantiene elevada la incertidumbre sobre la trayectoria de los precios y el crecimiento global.

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