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Educación en crisis: ¿cómo recuperar el aprendizaje perdido?

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El aprendizaje está en crisis: Dar prioridad a la educación y las políticas eficaces para recuperar el aprendizaje perdido

América Latina y el Caribe se vio afectada de manera desproporcionada en términos sanitarios, económicos y educativos durante la pandemia, y ha sufrido uno de los períodos más largos de cierres de escuelas. Alrededor de 170 millones de estudiantes se vieron privados de recibir educación presencial. Explora esta historia inmersiva sobre el impacto de la pandemia y las estrategias para reducir la pobreza de aprendizajes

Margarita, una activa estudiante de 13 años que vive en Imbabura, Ecuador, tiene la esperanza de regresar a clases presenciales después de más de un año de no ir a la escuela y de aprendizaje virtual como resultado de la pandemia de COVID-19. Su familia tuvo incluso dificultades para conseguir las herramientas necesarias para conectarse a internet desde casa de modo que ella participara en las actividades pedagógicas en línea. “Con la pandemia las clases fueron virtuales, pero nosotros no teníamos señal [a internet] para que yo pudiera estudiar”. Margarita no es la única. La COVID-19 ha causado interrupciones sin precedentes en la educación en todo el mundo. 

El impacto de la pandemia de COVID-19 en el aprendizaje 

Los niños en todo el mundo han perdido una cantidad enorme de tiempo de claseEn el pico de la pandemia en abril de 2020, se estima que los cierres de escuelas relacionados con la COVID-19 interrumpieron la educación de más de 1600 millones de niños en 188 países. A nivel mundial, desde febrero de 2020 hasta febrero de 2022, los sistemas educativos no impartieron enseñanza presencial durante 141 días de instrucción en promedio, y esta situación afectó de manera desproporcionada a los niños más pobres. 

Si bien algunos países reabrieron las escuelas de manera rápida, muchos las mantuvieron cerradas durante períodos excepcionalmente prolongados. Otros las reabrieron solo de forma parcial. Numerosos países que tenían resultados de aprendizaje deficientes antes de la pandemia tendieron también a mantener las escuelas cerradas por más tiempo, y las interrupciones prolongadas en la enseñanza agravaron estas desigualdades. 

El mundo enfrenta una crisis dentro de una crisis. Las estimaciones de la pobreza de aprendizajes muestran que incluso antes de la COVID-19, la crisis del aprendizaje ya se estaba profundizando. Nuevos datos publicados en “The State of Global Learning Poverty: 2022 Update” (i) (La situación mundial de la pobreza de aprendizajes: Actualización de 2022) indican que en 2019 la pobreza de aprendizajes —la proporción de niños que no pueden leer y comprender un texto simple a los 10 años— era un 57 % más alta de lo que se pensaba anteriormente. Tras los cierres de escuelas prolongados y debido al acceso desigual a la enseñanza remota y presencial, la pobreza de aprendizajes ha aumentado un tercio en los países de ingreso bajo y mediano, y se estima que el 70 % de los estudiantes de 10 años no pueden entender un relato sencillo. 

Además, las tasas de deserción escolar se incrementan en algunos países, junto con el matrimonio a temprana edad, el embarazo precoz, el trabajo infantil y los problemas de salud mental.

La desigualdad en el aprendizaje va en aumento. Los cierres de escuelas han profundizado las disparidades existentes en la educación, y las pérdidas de aprendizaje son peores para los niños más vulnerables. En todo el mundo, los estudiantes de familias de condición socioeconómica más baja se vieron afectados de manera desproporcionada por las interrupciones en la educación relacionadas con la COVID-19. A nivel global, al menos 463 millones de niños no pudieron acceder a programas de aprendizaje a distancia de radiodifusión y digitales en medio de los cierres de las escuelas, y 3 de cada 4 estudiantes que no pudieron participar en esas actividades pertenecían a familias pobres o vivían en zonas rurales. 

Cierres de escuelas en América Latina y el Caribe 

América Latina y el Caribe se vio afectada de manera desproporcionada en términos sanitarios, económicos y educativos durante la pandemia, y ha sufrido uno de los períodos más largos de cierres de escuelas. Alrededor de 170 millones de estudiantes se vieron privados de recibir educación presencial durante aproximadamente 1 de cada 2 días de clases desde el inicio de la pandemia (Reseña del Grupo Banco Mundial: Mi Educación, Nuestro Futuro). Millones de niños y adolescentes corren el riesgo de abandonar los estudios debido a que están retrasados en el ámbito académico. 

Las pérdidas de aprendizaje previstas y reales son muy altas, y más graves en los primeros grados y entre los niños más pequeños y los niños de entornos socioeconómicos más bajos. Se espera que los puntajes promedio de la educación primaria en lectura y matemáticas disminuyan a niveles registrados hace más de 10 años, cuando las mejoras ya eran muy lentas. Es posible que alrededor de 4 de cada 5 alumnos de sexto grado no puedan comprender e interpretar adecuadamente un texto de longitud moderada. 

Se proyecta que estas pérdidas de aprendizaje se traduzcan en una disminución del 12 % en los ingresos a lo largo de la vida de los estudiantes actuales. La salud psicosocial y el bienestar también se han visto muy afectados. 

Según nuevas estimaciones, los objetivos de pobreza de aprendizajes anteriores a la pandemia están ahora fuera de alcance. La comunidad internacional se comprometió en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4) a eliminar la pobreza de aprendizajes para 2030. Sin embargo, en 2019, quedó claro que el mundo estaba muy lejos de lograrlo. Ante esta evidencia, el Banco Mundial estableció también un objetivo provisional complementario de reducir a la mitad la pobreza de aprendizajes. Después de la COVID-19, esas ambiciosas metas parecen completamente inalcanzables. A esta crisis en la educación se debería responder con ambición, no con aceptación, y se necesita un compromiso político, respaldado por medidas, para acelerar la recuperación del aprendizaje. 

La recuperación del aprendizaje: mitigar los efectos de la pandemia y revertir las pérdidas 

El aprendizaje en el futuro y décadas de beneficios económicos y sociales están en juego. Se necesitan medidas urgentes para garantizar que la actual generación de estudiantes reciba una educación que sea al menos tan buena como la de las generaciones pasadas y futuras. 

La buena noticia es que se conocen las maneras de recuperar el aprendizaje perdido debido a la pandemia. Un programa de recuperación pedagógica adaptado al contexto, que consiste en estrategias basadas en evidencias, puede ayudar a los estudiantes a volver a las trayectorias de aprendizaje que tenían antes de la pandemia. 

El nuevo Marco para la Recuperación y Aceleración del Aprendizaje (el marco RAPID) (PDF, en inglés) introduce cinco medidas de política para establecer un programa de este tipo. Si bien las dos primeras medidas de política (esto es, acercarse a los estudiantes y mantenerlos en la escuela, y evaluar los niveles de aprendizaje periódicamente) apoyan una recuperación equitativa, e incluyen el seguimiento y la planificación, las tres medidas restantes constituyen estrategias para mejorar la enseñanza, el aprendizaje y el bienestar. La composición del programa debería ser flexible para que los países puedan tener acceso a una gama de opciones de políticas y seleccionarlas, combinarlas y adaptarlas a su propio contexto.

El desafío central de la recuperación del aprendizaje es que los objetivos deben alcanzarse en menos tiempo que en el caso de las cohortes anteriores a la pandemia. Para ello es necesario un marco acelerado que promueva el retorno urgente de los niños a la escuela, evalúe los niveles de aprendizaje, y apoye una enseñanza y un aprendizaje más eficaces. El marco RAPID ayuda a los países a: 

Realizar evaluaciones regulares. Las mediciones de referencia del aprendizaje ayudan a tomar decisiones informadas sobre dónde y cómo movilizar recursos a nivel de los sistemas para prevenir la pérdida de aprendizaje y la deserción escolar entre los estudiantes más vulnerables. Será fundamental disponer de mejores datos e indicadores. Los actuales esfuerzos para recopilar y utilizar datos tienden a ser fragmentados y poco frecuentes, especialmente en los países de ingreso bajo y mediano, donde los efectos de la crisis del aprendizaje se dejan sentir con mayor intensidad.

Acercarse a todos los niños y mantenerlos en la escuela. La medida normativa más inmediata es mantener las escuelas abiertas y lograr que los niños vuelvan a la escuela. A medida que las escuelas reabran, es fundamental hacer un seguimiento de la reinscripción de los niños y entender por qué algunos estudiantes no han regresado a la escuela. 

Priorizar la enseñanza de los conocimientos básicos. Dada la asombrosa pérdida de tiempo lectivo, los esfuerzos de recuperación del aprendizaje deben centrarse en el contenido elemental perdido y dar prioridad a las habilidades y los conocimientos más fundamentales que son necesarios para avanzar. Esto requerirá ajustes en los métodos de enseñanza, como la instrucción focalizada para alcanzar los niveles de aprendizaje de los estudiantes, así como asegurar que el plan de estudios se centre en las habilidades y los conocimientos básicos que los niños necesitarán en sus respectivos grados. 

Incrementar la eficiencia de la instrucción, por ejemplo, mediante programas de recuperación del aprendizaje. Para recuperar el aprendizaje perdido, los sistemas escolares deberán apoyar iniciativas que aumenten la cantidad de aprendizaje dentro de las aulas, como maestros mejor formados y el uso de estrategias de recuperación centradas en el estudiante (a saber, programas de autoaprendizaje individualizados, tutoría y orientación, programas de aprendizaje acelerado y programas de recuperación para los estudiantes que han abandonado la escuela). 

La tecnología y la innovación desempeñan también una función en el logro de estos objetivos. La educación a distancia e híbrida ha llegado para quedarse. Al proporcionar a los maestros acceso a la tecnología y las habilidades necesarias para utilizarla eficazmente con el fin de mejorar la prestación de servicios educativos, se puede ayudar a preparar los sistemas de enseñanza para futuras crisis y ayudar a los maestros a subsanar las brechas de aprendizaje. 

Desarrollar la salud y el bienestar psicosociales. La pandemia ha agravado los riesgos para los niños y los jóvenes que ya son vulnerables, entre ellos las mujeres y las niñas, los niños con discapacidad y los niños que viven en situaciones prolongadas de conflicto o desplazamiento. Abordar la salud mental y las necesidades psicosociales de los niños y los jóvenes y apoyar su bienestar es una medida importante en sí misma, pero también es fundamental para garantizar que ellos puedan aprender.

En marzo de 2022, un informe conjunto de Unicef, la Unesco y el Banco Mundial (i) proporcionó información actualizada sobre lo que están haciendo los países en términos de políticas e iniciativas para la recuperación de la educación. Alrededor de 90 países respondieron que están implementando programas específicos para mitigar las pérdidas de aprendizaje. 

Estrategia de África occidental y central para reducir la pobreza de aprendizajes 

A pesar de los avances recientes, la educación en la región está en crisis. El 80 % de los niños de 10 años en África occidental y central no saben leer ni comprenden un texto sencillo, y más de 32 millones de niños no van a la escuela, lo que representa el mayor porcentaje de todas las regiones del mundo. 

Imagine que las niñas y los niños llegan a la escuela preparados para aprender, reciben una educación de calidad e ingresan al mercado laboral con las habilidades necesarias para convertirse en ciudadanos productivos y realizados. Los líderes de África occidental y central respaldaron esta visión en el Llamamiento a la Acción de Accra en Materia de Educación (i) durante una reunión ministerial conjunta organizada por el vicepresidente de Ghana, Dr. Mahamadu Bawumia y en la que participaron más de 40 ministros de Finanzas y Educación de África occidental y central. En el evento, se dio a conocer la nueva estrategia regional de educación del Banco Mundial From School to Jobs: A Journey for the Young People of Western and Central Africa (i) (De la escuela al mundo laboral: Una travesía para los jóvenes de África occidental y central), en que se establecen objetivos ambiciosos para lograr resultados a gran escala para 2030. El Banco Mundial pondrá en marcha la estrategia a nivel de los países y pondrá en práctica y hará un seguimiento de los compromisos de Accra, especialmente para aumentar el financiamiento del sector de educación y focalizarse en los objetivos de la estrategia, que incluyen reducir la pobreza de aprendizajes. 

Si se implementan bien y se mantienen en el tiempo, muchas de las políticas delineadas en el documento pueden revertir las pérdidas de aprendizaje, fortalecer la lucha contra la pobreza de aprendizajes en el largo plazo, y servir de motores para que los sistemas de todo el mundo obtengan mejores resultados.

Un compromiso para revertir los efectos de la pandemia 

Un fuerte compromiso político —tanto a nivel nacional como mundial— de dar prioridad al aprendizaje de todos los niños es un primer paso crucial para revertir el déficit de aprendizaje derivado de la pandemia. Un compromiso real significa metas claras, priorización de las políticas y los recursos, y financiamiento. 

La recuperación debe comenzar con un compromiso político a nivel nacional. Para lograr una aceleración del aprendizaje amplia y sostenida, estas intervenciones a corto plazo deben implementarse a gran escala, y esta implementación tiene que formar parte de una estrategia nacional de reformas estructurales a largo plazo. Se necesitan coaliciones nacionales en favor de la educación para respaldar un compromiso de alto nivel. Para recuperar las pérdidas de aprendizaje de los niños y los jóvenes se necesita el esfuerzo de los educadores, las familias y los administradores de todo el sistema educativo. 

También se requiere un compromiso mundial. Una coalición de organizaciones está creando conciencia sobre estas cuestiones, promoviendo metas ambiciosas pero realistas, proporcionando conocimientos y evidencias de lo que funciona, y brindando apoyo financiero. Entre estas organizaciones se encuentran el Grupo Banco Mundial; la Unesco; Unicef; el Ministerio de Relaciones Exteriores, del Commonwealth y de Desarrollo del Gobierno del Reino Unido (FCDO); USAID, y la Fundación Bill y Melinda Gates. 

El Banco Mundial apoya a los países mientras trabajan para acelerar la recuperación del aprendizaje. Como la principal fuente de financiamiento externo para la educación en los países en desarrollo, la cartera del Banco, dotada de más de USD 23 000 millones, tiene como objetivo mejorar el aprendizaje y proporcionar a todos el acceso a la educación que necesitan para tener éxito. En los últimos tres años, el financiamiento del Banco para educación se ha duplicado en comparación con la década pasada. Los proyectos benefician al menos a 432 millones de estudiantes y a 18 millones de maestros, es decir, un tercio de los alumnos y casi una cuarta parte de los docentes de los países clientes. 

Se invita a los países de todo el mundo a respaldar el Compromiso para la Acción sobre el Aprendizaje Básico que reconoce que el aprendizaje básico proporciona los elementos esenciales que sustentan otros tipos de aprendizaje, conocimientos y competencias a un nivel superior. Al hacerlo, se sumarán a miembros de la comunidad mundial de la educación y otros asociados, entre ellos la sociedad civil y organizaciones juveniles, que se comprometen a adoptar medidas urgentes y decisivas para reducir a la mitad la proporción mundial de niños que no pueden leer y comprender un texto simple a los 10 años de aquí a 2030. 

Con la implementación urgente de estas políticas, es posible recuperar y acelerar el aprendizaje y crear sistemas educativos más eficaces, equitativos y resilientes. Esto es lo que se necesita para aumentar el aprendizaje tanto como sea posible para 2030, y continuar esa labor posteriormente, y garantizar que todos los niños y jóvenes tengan la posibilidad de forjar el futuro brillante que se merecen. 

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El Banco Mundial destinó 31.700 millones de dólares en financiamiento climático

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Estos fondos se destinan a ayudar a los países a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y a adaptarse a los crecientes impactos del cambio climático 

En el ejercicio de 2022, el Grupo Banco Mundial (GBM) proporcionó la cifra sin precedentes de USD 31 700 millones para ayudar a los países a abordar el cambio climático. Este monto representa un aumento del 19 % respecto del máximo histórico de USD 26 600 millones, alcanzado en el ejercicio anterior. El GBM continúa siendo la principal fuente de financiamiento multilateral para la acción climática en los países en desarrollo.

“En el ejercicio que finalizó en junio de 2022, suministramos a los países la cifra récord de USD 31 700 millones para identificar y posibilitar proyectos sumamente prioritarios relacionados con el clima como parte de sus planes de desarrollo nacionales”. dijo David Malpass, presidente del GBM. “Seguiremos aportando soluciones a fin de reunir fondos de la comunidad mundial para proyectos con impacto y ampliables que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, incrementen la resiliencia y promuevan el sector privado”.

Los fondos asignados a la acción climática en el ejercicio de 2022 —que se extendió desde el 1 de julio de 2021 hasta el 30 de junio de 2022— representaron el 36 % del financiamiento total del GBM. Este valor supera la meta del Plan de Acción sobre el Cambio Climático 2021‑25 del GBM, que establecía destinar en promedio el 35 % del financiamiento de la institución al apoyo a la acción climática.

En conjunto, en el ejercicio de 2022 el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y la Asociación Internacional de Fomento (AIF) suministraron USD 26 200 millones en financiamiento climático. Casi la mitad de esa cifra —USD12 900 millones—se utilizó para respaldar específicamente inversiones en adaptación y resiliencia. La Corporación Financiera Internacional (IFC), la institución del GBM dedicada al sector privado, aportó un monto sin precedentes de USD 4400 millones en financiamiento climático y movilizó otros USD 3300 millones de otras fuentes. Por su parte, el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), la institución del GBM que brinda seguros contra riesgos políticos e instrumentos de mejoramiento del crédito, suministró financiamiento climático por valor de USD 1100 millones.

Como parte de los esfuerzos que lleva adelante para asistir a los países en la integración de los objetivos climáticos y de desarrollo, el GBM puso en marcha recientemente una serie de informes sobre el clima y el desarrollo de los países (CCDR). Estos estudios constituyen una nueva herramienta de diagnóstico básico que tiene como objetivo ayudar a los países a priorizar las medidas de mayor impacto que permitan reducir las emisiones de GEI e impulsar la adaptación. En los próximos meses se publicará un resumen de las conclusiones preliminares de estos informes a fin de promover el debate orientado a la acción en la comunidad internacional.

Invertir en el clima durante épocas turbulentas

Si bien los países enfrentan un aumento de la inflación y niveles desiguales de recuperación tras la pandemia de COVID-19, el cambio climático no se ha desacelerado. El año 2022 ya figura entre los 10 años más cálidos de los que se tiene registro (i). Los impactos climáticos amenazan con empujar a millones de personas a la pobreza. 

El Grupo Banco Mundial (GBM) se ha comprometido a ayudar a los países en desarrollo a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la resiliencia frente a los impactos climáticos, al tiempo que satisfacen las prioridades básicas de desarrollo. Este es el enfoque central del Plan de Acción sobre el Cambio Climático 2021-25 del GBM, que ya está generando resultados.

Entre ellos se encuentran los siguientes:

  • Un impulso significativo al financiamiento climático en general: En el ejercicio de 2022, el financiamiento del GBM para inversiones relacionadas con el clima alcanzó el 36 %, lo que equivale a USD 31 700 millones, superando así la nueva meta de financiamiento climático del 35 % establecida en el Plan de Acción sobre el Cambio Climático 2021-25. Dicho monto corresponde a la proporción total del financiamiento que está directamente relacionado con la acción climática en todos los proyectos del GBM y se calcula a partir de la metodología conjunta acordada por los bancos multilaterales de desarrollo. Se trata de un aumento del 19 % respecto de los USD 26 600 millones alcanzados en el ejercicio anterior.
  • Un importante incremento del financiamiento destinado a la adaptación en particular: Además, el financiamiento del Banco Mundial (Asociación Internacional de Fomento [AIF]/Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento [BIRF]) también aumentó a un nivel récord de USD 12 900 millones, lo que representa el 49 % de su participación total en el financiamiento climático. Esta cifra se corresponde en gran medida con el compromiso del GBM de lograr la paridad entre el financiamiento para mitigación y para adaptación.
  • Innovaciones analíticas que permiten establecer prioridades en materia de desarrollo y cambio climático: El GBM anunció un nuevo informe de diagnóstico básico para todos los países donde se llevan a cabo operaciones: en los informes sobre el clima y el desarrollo de los países (CCDR) (i) se analiza la manera en que estos pueden alcanzar sus objetivos de desarrollo, al tiempo que procuran mitigar los impactos del cambio climático y adaptarse a ellos. Hasta ahora, el GBM ha publicado CCDR para Türkiye (i) y Vietnam (i), y se finalizarán otros 20 para fines de este año.

A continuación se presenta un panorama de los cobeneficios climáticos del GBM, en el que se analiza de qué manera este tipo de financiamiento climático está generando resultados:

Ayudar a 3,4 millones de personas a adaptarse al cambio climático en Nigeria

El cambio climático está causando un grave estrés hídrico en Nigeria, lo que provoca el aumento de la frecuencia y la intensidad de las sequías. Esto afecta el crecimiento económico del país: podría costarle hasta el 30 % de su producto interno bruto para 2050, lo que menoscabaría los medios de subsistencia de millones de hogares, empeoraría la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia, y aumentaría el riesgo de conflictos violentos.

La gestión sostenible del paisaje puede ayudar a las comunidades locales a ser más resilientes y adaptarse a las cambiantes condiciones de las tierras secas. Mediante el Proyecto de Resiliencia Agroclimática en Paisajes Semiáridos (i), de USD 700 millones, se busca elaborar 20 planes de gestión de cuencas hidrográficas que abarquen todo el norte de Nigeria. Se priorizarán inversiones que puedan frenar la desertificación y, al mismo tiempo, respaldar los medios de subsistencia basados en los recursos naturales; por ejemplo, invertir en oasis y humedales sostenibles puede ser vital para la adaptación y proporcionar ingresos alternativos a las comunidades. El proyecto está diseñado para garantizar la participación a nivel comunitario, fortalecer la capacidad y coordinación locales entre los diferentes grupos, y garantizar la transparencia de los distintos organismos, de modo que las soluciones climáticas también consoliden los sistemas institucionales existentes.

El 88 % del financiamiento del proyecto se destina a respaldar actividades centradas en fortalecer la resiliencia y la adaptación climáticas.

Movilizar financiamiento privado para ayudar a ecologizar la economía de India

India es uno de los países más vulnerables al cambio climático, dado que experimenta fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, sequías y ciclones, con gran frecuencia. Si bien ha logrado importantes avances en la reducción de la pobreza en los últimos años, dichos avances están en riesgo debido a varios factores, entre ellos el cambio climático, que amenaza la estabilidad del sistema financiero del país, y podría generar pérdidas económicas considerables para las microempresas y las pymes, y un gran daño a la infraestructura.

En el marco del proyecto Promoción del Financiamiento Privado para la Recuperación y el Crecimiento Sostenibles (i) (operación para políticas de desarrollo) se respaldarán los esfuerzos de India por lanzar al mercado su primer bono verde soberano destinado a financiar inversiones en infraestructura sostenible; mejorar la difusión de información sobre gobernanza ambiental y social de las empresas que cotizan en bolsa, y desarrollar un mercado nacional de comercio de carbono. Estas reformas son fundamentales para implementar los ambiciosos anuncios realizados por India en la 26.a Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, entre ellos la meta de cero emisiones netas y su contribución determinada a nivel nacional.

Este proyecto, en cuyo marco se destina el 26 % de los fondos a respaldar acciones climáticas que abarcan toda la economía tiene como objetivo mejorar las condiciones para que el sector privado desempeñe un papel fundamental a la hora de generar financiamiento a largo plazo para la acción climática en el país.

Potenciar los resultados vinculados a la salud y al clima para más de 11 millones de marroquíes

En 2020, la crisis provocada por la pandemia de COVID-19 y las perturbaciones agrícolas relacionadas con el clima sumergió a Marruecos en una profunda recesión, con lo que su producto interno bruto real se contrajo un 6,3 %. A pesar de que la respuesta del Gobierno a la COVID-19 fue rápida y se llevaron a cabo reformas clave, el cambio climático sigue amenazando con revertir los avances en materia de desarrollo y agravar las vulnerabilidades económicas y sociales existentes. También se observan algunos impactos significativos en la salud asociados con el aumento de las temperaturas y las olas de calor, lo que incluye el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores, como la fiebre del dengue y el paludismo, o la exposición al sol o al calor de quienes trabajan al aire libre en sectores como el turismo o la agricultura. También es probable que el cambio climático aumente la frecuencia de las sequías y las inundaciones que amenazan el sustento de los pequeños agricultores y los agricultores de subsistencia vulnerables.

El Proyecto de Reforma de la Salud y la Protección Social en Marruecos (i), de USD 500 millones, es el primero de una serie destinada a respaldar los esfuerzos del Gobierno por mejorar la protección contra los riesgos para la salud y las pérdidas de capital humano (especialmente durante la infancia, y también durante la vejez en entornos de pobreza), y consolidar la gestión del riesgo climático y la resiliencia ante los fenómenos catastróficos. Respalda la ampliación de los seguros de salud a 11 millones de personas, la prestación de servicios de salud resilientes al clima, un sistema de protección social adaptativa, una mayor capacidad local para gestionar los riesgos climáticos y de desastres, y la creación de mecanismos de seguros para proteger a los agricultores vulnerables contra las inundaciones y las sequías.

El 37 % de este proyecto respalda directamente acciones relacionadas con el clima.

Financiar océanos saludables y agua potable: primera inversión azul de IFC en Rumania y Tailandia

En el ejercicio de 2016, lFC, la institución del GBM dedicada al sector privado, otorgó un histórico préstamo de EUR 100 millones —el primero de su tipo para Europa central y oriental— a Banca Transilvania SA (i), lo que permitió a dicha entidad ayudar a ampliar el acceso al agua y mejorar el tratamiento de aguas residuales en Rumania. Además, TMBThanachart Bank Public Company Limited (i) se convirtió en el primer banco comercial en emitir un bono azul en Tailandia, gracias a un préstamo de USD 50 millones de IFC destinado a ampliar el acceso al financiamiento para soluciones climáticamente inteligentes y proyectos de economía azul. IFC ha venido promoviendo un mercado mundial de financiamiento de la economía azul (i) destinado a salvaguardar el acceso al agua potable, proteger los océanos y los cursos de agua, y seguir reduciendo las emisiones de carbono.

El porcentaje de cobeneficios climáticos de estos proyectos es del 100 %. 

El primer proyecto a gran escala de energía solar y baterías de Malawi

Malawi registra las tasas de acceso a la electricidad más bajas del mundo: apenas el 11,2 % en 2019. La mayor parte de la capacidad de generación eléctrica existente —el 75 %— depende de la energía hidroeléctrica (un porcentaje significativo proviene del lago Malawi), razón por la cual el país es vulnerable a los impactos del cambio climático y se producen apagones frecuentes y prolongados. Además, los niveles de máxima demanda actualmente se gestionan utilizando generadores diésel costosos y contaminantes. El Gobierno nacional propone elevar los niveles de electrificación al 30 % para 2030 con el fin de aumentar el suministro eléctrico de los nuevos productores independientes y conectar nuevos clientes a la red.

A principios de este año, el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) emitió garantías por valor de USD 24 millones para inversiones en una nueva planta de energía solar fotovoltaica de 20 megavatios (i) que incluye un sistema de almacenamiento de energía en baterías, el primero en Malawi. Dicha planta, la segunda productora independiente de energía eléctrica del país respaldada por MIGA, agrega una nueva fuente de suministro de energía limpia que reducirá en 45 000 toneladas métricas las emisiones de dióxido de carbono durante su ciclo de vida. El sistema de almacenamiento en baterías (de 5 megavatios/10 megavatios por hora) se instaló y se puso en marcha al mismo tiempo que la planta y tiene una vida útil de hasta 15 años.

El porcentaje de cobeneficios climáticos de este proyecto es del 100 %. El proyecto también se ajusta a lo establecido en el Acuerdo de París sobre la necesidad de reducir las emisiones de carbono y generar resiliencia climática.

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Sergio Massa en USA: otros US$900 millones del Banco Mundial

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Tras una reunión con Sergio Massa, el Banco Mundial confirmó que le prestará otros US$900 millones a la Argentina en los próximos 6 meses.

En el marco de su gira por Estados Unidos, el ministro de Economía, Sergio Massa, se reunió este miércoles (07/09) con el Director Gerente de Operaciones del Banco Mundial, Axel van Trotsenburg, quien confirmó que la entidad le prestará otros US$900 millones a la Argentina en los próximos 6 meses.

Dicho monto se adicionará a los US$1.100 millones que ya acordó para el corriente año.

“El Sr. van Trotsenburg y el Ministro Massa discutieron sobre la situación macroeconómica de Argentina y destacaron la muy buena colaboración entre el Banco y Argentina”, dice el comunicado emitido por la entidad internacional.

Del encuentro también participaron Felipe Jaramillo -vicepresidente del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe- y Jordan Schwartz, representante del banco en la Argentina.

Massa presentó el programa que está implementando el Gobierno para constr uir reservas internacionales y estabilizar las condiciones macroeconómicas en Argentina. El Sr. van Trotsenburg reconoció la importancia de tales esfuerzos. El Ministro y el Sr. van Trotsenburg reafirmaron su compromiso de continuar trabajando juntos para promover un crecimiento inclusivo y sostenible en Argentina”, destacó el Banco Mundial.

El comunicado difundido por la entidad informa que el Banco Mundial “ha sido un socio estratégico de Argentina por muchas décadas” y que en los últimos años, “esta alianza se ha fortalecido y el Banco Mundial ha aprobado nuevos préstamos por un valor de US$3.730 millones enfocados en programas que promueven la inversión y el crecimiento, incluyendo apoyo para los que más lo necesitan”.

Asimismo, se informa que este año el Banco Mundial aprobó US$1.100 millones en nuevos proyectos y confirmó otros US$900 millones para los próximos seis meses.

“El Gobierno de Argentina ha indicado que estima desembolsar unos 500 millones de dólares de proyectos financiados por el Banco Mundial durante los próximos cuatro meses. Esto incluye desembolsos de las obras de saneamiento de Matanza-Riachuelo, del apoyo al sistema universal de salud, del financiamiento a la capacitación de trabajadores y del apoyo a niños pobres que reciben la Asignación Universal por Hijo”, explicó la entidad.

La cartera del Banco es de 9.100 millones de dólares y consta de 25 proyectos por un total de US$8.600 millones, más una garantía del BIRF de $466 millones.

Estos nuevos préstamos del Banco Mundial se suman a los que acordó ayer Sergio Massa con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mauricio Claver-Carone.

El BID confirmó créditos para el país que llegarán antes de fin de año por 3.000 millones de dólares, de los cuales US$1.200 millones servirán para el fortalecimiento de las reservas del BCRA. De esa cifra, al menos US$500 millones ingresarán a las arcas de la autoridad monetaria al 30 de septiembre y el resto antes de fin de año.

El monto total para los años 2022 y 2023 será de US$4.933 millones. Según destacaron desde Economía, habrá otros US$ 1.933 millones de programas a firmar y aprobar antes de fin de año, y al menos US$1.800 nuevos que se sumarán en 2023.

En un diálogo con la prensa luego de su encuentro, Claver-Carone y Massa ratificaron el acuerdo en torno de estos créditos para el país. “Si la misión del ministro era destrabar lo que era no solamente la relación pero operativamente el programa con el BID, se puede decir que el ministro tiene una misión cumplida, porque hemos podido destrabar lo que estaba trabado y ver cómo lo aumentamos con una vía directa”, señaló el presidente del BID.

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América Latina y la “década perdida”: ¿puede la historia repetirse?

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América Latina no está en riesgo de sufrir una crisis semejante a la de los años ochenta (pero se avecina una era de oportunidades perdidas)

Escriben Carlos Felipe Jaramillo y Marcello Estevão – Filas de varias cuadras para recibir comida. Niveles de desempleo que se disparan. Inflación descontrolada. Deuda insostenible. Estos problemas, que sacudieron a muchas economías de América Latina en los años ochenta, siguen resonando hoy en día y, dadas las condiciones económicas actuales, resulta casi inevitable pensar que la historia pueda repetirse.

Sin embargo, hoy el mayor riesgo que enfrenta la región no es la posibilidad de otra “década perdida” generada por las crisis financieras, sino que sobrevenga una década de oportunidades perdidas. 

Las crisis de deuda de los años setenta y ochenta fueron experiencias dolorosas que resuenan en los problemas actuales. En aquel momento, al igual que ahora, los países de América Latina tenían grandes cargas de deuda. En aquel momento, al igual que ahora, la economía mundial experimentó perturbaciones macroeconómicas extraordinarias que llevaron a que la inflación se disparara (el embargo petrolero árabe en aquel entonces; la pandemia y la guerra de Ucrania en la actualidad). Y posteriormente, al igual que hoy en día: los bancos centrales de todo el mundo —especialmente la Reserva Federal de Estados Unidos— subieron las tasas de interés para combatir la inflación.

Sin embargo, hay una diferencia clave entre aquel entonces y ahora, hoy los países latinoamericanos están mucho mejor preparados que hace cuatro décadas para reaccionar frente a estas conmociones , debido en gran parte a las enormes mejoras que se han introducido en las políticas económicas y financieras de toda la región. Si bien la Reserva Federal de Estados Unidos ha sido acusada de “quedarse corta” (i), la mayoría de los bancos centrales latinoamericanos han actuado con rapidez para mitigar la inflación y reorientar sus economías hacia los niveles de inflación previstos.

La decisión de subir las tasas desde un primer momento ha ayudado a mantener los tipos de cambio bajo control. En el pasado, las economías de América Latina estaban inmersas en un círculo vicioso de depreciación-inflación-depreciación: las monedas perdían valor, lo que generaba inflación, que a su vez las hacía perder aún más valor a medida que se deterioraba la confianza en la gestión macroeconómica. Hoy en día, ese ciclo representa un riesgo menor en la mayoría de las economías latinoamericanas. Si bien es cierto que algunas monedas (por ejemplo, el peso en Chile y Colombia) se han depreciado considerablemente en los últimos meses, los circuitos de retroalimentación que tienen lugar durante los períodos inflacionarios están más controlados que antes.

Más allá de la reciente lucha monetaria que la región ha emprendido —con éxito relativo— hasta ahora, las economías latinoamericanas también han experimentado mejoras estructurales que las hacen más resilientes que durante la década de 1980. 

Por ejemplo, la creación de bancos centrales independientes, la adopción de tipos de cambio flotantes y regímenes de metas inflacionarias, y el fortalecimiento de las instituciones normativas han reforzado la mayoría de los sistemas financieros latinoamericanos. En un contexto de inflación más previsible y monedas estables, los mercados de deuda locales se han convertido en la principal fuente de financiamiento público y han generado mayor estabilidad reduciendo la dependencia de la deuda denominada en dólares (que es vulnerable a las perturbaciones cambiarias) y el financiamiento a corto plazo. Esto explica por qué las principales economías de la región han logrado implementar grandes programas anticíclicos para proteger a las familias y las empresas de los peores impactos de la crisis de la pandemia, una respuesta fiscal que habría sido impensable en las últimas décadas.

Asimismo, en los años ochenta, muchas empresas e instituciones públicas de América Latina carecían de acceso a los mercados financieros nacionales: el sistema bancario mundial era la principal fuente de financiamiento para los Gobiernos, lo que significa que, debido a los altibajos de los mercados financieros externos, los Gobiernos tenían más dificultad para controlar su propia política fiscal.

Esta situación ha cambiado: en las últimas décadas, los mercados de capital locales se han desarrollado y los Gobiernos han recuperado el control de la política fiscal. El mayor control fiscal se ha traducido en una mayor capacidad para enfrentar con eficacia perturbaciones como la pandemia (aunque de distintas maneras entre los países latinoamericanos). La combinación de mayor acceso a los mercados mundiales y mercados internos más desarrollados brinda a las empresas privadas muchos más mecanismos para acceder al financiamiento y protegerse de sus riesgos que hace 40 años.

En resumen, somos optimistas acerca de la mayor parte de la capacidad de la región para evitar las crisis.

Esto no equivale a decir que el camino está allanado. Si bien es muy poco probable que América Latina experimente una gran contracción económica o un aumento desenfrenado del desempleo, corre el riesgo de que se prolongue el estancamiento económico de la última década. 

Desde el auge de los productos básicos impulsado por la rápida expansión económica de China en la primera década del siglo xxi, los países de América Latina y el Caribe no han encontrado un motor de crecimiento comparable. En la última década, el crecimiento del producto interno bruto per cápita de la región ha sido, en promedio, casi nulo, lo que representa el nivel más bajo registrado desde fines de los años ochenta. El crecimiento modesto no debería ser la norma.

Los países de América Latina y el Caribe comercian poco con otras economías (especialmente en el caso de Brasil y de Argentina), lo que significa que los líderes del mercado nacional no se sienten presionados por la competencia internacional para innovar. Las condiciones comerciales no son tan propicias para la actividad empresarial como podrían ser. La regulación de los consumidores sigue siendo innecesariamente engorrosa. Los sistemas escolares siguen generando resultados educativos decepcionantes, sobre todo entre los niños de familias de bajos ingresos, lo que refuerza los patrones históricos de gran desigualdad. La ausencia de un mercado regional que permita la libre circulación de la mano de obra obstruye la asignación eficiente de recursos e impide lograr mayores economías de escala.

Hay mucho en juego. La falta de capital humano y de incentivos para innovar está poniendo freno al ingenio e impidiendo que la región se convierta en el hogar de la próxima gran invención disruptiva. La consiguiente disminución de la productividad también limita la reducción de la pobreza, obstaculiza la inclusión y aumenta la necesidad de bienestar.

Estos avances logrados con tanto esfuerzo en la gestión macroeconómica también son vulnerables a los retrocesos, ya que el lento desarrollo económico es terreno fértil para el malestar social y las ideas populistas. El aumento de los niveles de deuda —atribuibles en parte a la respuesta a la pandemia— ahora deberá controlarse gradualmente, en un momento en el que la polarización y el malestar social dificultan el ajuste fiscal.

Estos resultados son completamente evitables. Los encargados de formular políticas deben actuar ahora mismo para que no se hagan realidad.

Carlos Felipe Jaramillo Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe

Marcello Estevão Director global, Práctica Global de Macroeconomía, Comercio e Inversión, Banco Mundial

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El Directorio del Banco Mundial aprobó un financiamiento de US$200 millones para la Argentina

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El Directorio del Banco Mundial aprobó hoy un financiamiento de US$200 millones para promover un crecimiento sostenible en Argentina, impulsado por la innovación y con foco en la creación de empresas productivas de base tecnológica, el apoyo a los emprendedores y el acceso al capital privado.

La decisión fue anunciada esta tarde por el director gerente de Operaciones del organismo multilateral, Axel Von Trotsenburg, a la ministra de Economía, Silvina Batakis, durante la reunión que mantuvieron en la sede de la entidad, en Washington.

La entidad multilateral, en un comunicado de prensa, señaló que en la reunión Batakis y Van Tritsenburg “hablaron sobre los impactos globales de la inflación y de la guerra en Ucrania y el papel de Argentina para ayudar a aliviar la crisis alimentaria mundial como un importante productor agrícola”.

“También hablaron sobre la situación macroeconómica de Argentina. Confirmaron su compromiso de trabajar juntos para proteger a los pobres del impacto de la inflación y otros desafíos macroeconómicos, para mejorar los servicios básicos y la infraestructura, y para avanzar en la agenda del cambio climático como una forma de promover el crecimiento sostenible en Argentina”, agregó el Banco Mundial.

En el encuentro, que comenzó a las 17 hora local (18 en la Argentina) el directivo del organismo estuvo acompañado por Jordan Schwartz, director del Banco Mundial para Argentina, Paraguay y Uruguay.

En ese marco, anunciaron la aprobación por parte del Directorio de un nuevo proyecto por $200 millones para brindar financiamiento a pequeñas y medianas empresas que trabajan en las áreas de innovación y desarrollo tecnológico.

“Argentina valora su alianza de largo plazo con el Banco Mundial por su apoyo financiero y técnico para llevar adelante proyectos de desarrollo con un enfoque innovador y federal, que benefician a los más vulnerables y mejoran la eficiencia de los servicios públicos en el país”, dijo Batakis.

Van Trotsenburg, por su parte, señaló que “el proyecto recién aprobado es un ejemplo valioso de cómo el gobierno nacional promueve la cooperación público-privada para la innovación tecnológica y la generación de empleo en Argentina”.

“El Banco Mundial está dedicado a una recuperación sostenible y equitativa en Argentina. El Banco ha intensificado su apoyo al país a lo largo de estos años desafiantes, con niveles récord de financiamiento: U$2.100 millones en 2021 y niveles similares esperados en 2022 y 2023. Este apoyo ha sido clave para ampliar la provisión de servicios básicos para los pobres, ayudando a financiar capacitación en habilidades y programas laborales y proporcionando inversiones muy necesarias en saneamiento, vivienda, servicios de salud, gobierno electrónico y expansión digital, y sistemas de transporte urbano para ayudar a reactivar la economía”, completó el funcionario.

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