BICICLETA FINANCIERA

“Nación ocupa los recursos misioneros para su bicicleta financiera”, advirtió Carlos Sartori

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El ministro de Coordinación de Gabinete de Misiones, Carlos Sartori, cuestionó el régimen fiscal del Gobierno nacional y apuntó a la retención de fondos que pertenecen a Misiones. Lo hizo en el marco de una agenda atravesada por la preocupación ante la caída de la actividad productiva y el deterioro de las economías regionales.

En ese contexto, el funcionario destacó el reciente planteo del gobernador Passalacqua para reducir el IVA a la harina de mandioca, una medida que busca aliviar la carga impositiva sobre una de las producciones más representativas de Misiones. Según explicó, la iniciativa apunta a mejorar la competitividad y sostener a los productores en un escenario complejo.

Sartori remarcó que la provincia tiene una fuerte base productiva vinculada a este cultivo y que incluso se abren oportunidades de exportación, como el interés de compradores brasileños. Sin embargo, advirtió que la actividad viene en retroceso, en línea con otras economías regionales.

Al referirse a la presión tributaria de Nación, señaló que “todos los productos tienen una alta cantidad de impuestos”, estimando que cerca del 50% del valor final corresponde a cargas impositivas. En ese sentido, consideró clave avanzar en medidas que fortalezcan el entramado productivo local.

El funcionario también hizo foco en el trabajo conjunto con los municipios, al señalar que los intendentes acompañan los reclamos ante un contexto económico adverso. “Nuestra producción es el motor fundamental del desarrollo provincial”, sostuvo, al tiempo que insistió en la necesidad de mejorar las condiciones para el sector.

En el plano fiscal, Sartori fue también crítico al referirse a las deudas que Nación mantiene con Misiones. Indicó que existen fondos pendientes vinculados al consenso fiscal, correspondientes a 2025 y 2026, de los cuales solo se abonó una parte.

Si bien detalló que se acordó una devolución en cuotas mensuales, advirtió que los montos son menores con relación a lo adeudado. En esa línea, planteó que la provincia evalúa exigir intereses por la demora en los pagos.

“Me parece que también tendríamos que percibir estos recursos que nos deben, pero con intereses, para que sí beneficien a los misioneros”, expresó. Y reforzó su postura afirmando que “no puede ser que ocupen los recursos de los misioneros para su bicicleta financiera”.

El ministro fue aún más contundente al describir la situación: “Ocupan nuestros recursos, se los quedan, no los devuelven en tiempo y forma, y esto impacta directamente en el bolsillo de la gente”. Además, vinculó esta situación con el impacto inflacionario, mencionando subas recientes en combustibles.

Finalmente, Sartori cuestionó la falta de respuestas por parte del Gobierno nacional ante los reclamos provinciales y advirtió sobre otros compromisos incumplidos, como pagos de regalías de Yacyretá. “El gobernador Passalacqua no para de insistir para lograr que estos recursos vengan”, afirmó, al tiempo que anticipó que continuarán las gestiones para recuperar fondos que “son de los misioneros y nos corresponden”.

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Arriazu: “El dólar no superará el techo de la banda y es momento de hacer carry trade”

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El economista Ricardo Arriazu, uno de los referentes más influyentes para el presidente Javier Milei y el círculo financiero, aseguró que el Banco Central cuenta con reservas suficientes para sostener el tipo de cambio dentro de la banda acordada con el FMI. Pese a la desconfianza de los inversores, recomendó aprovechar las altas tasas en pesos y anticipó un alivio cambiario para 2026 gracias a una mejora en la cosecha.

En un panel organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa, donde compartió escenario con el politólogo Sergio Berensztein, Ricardo Arriazu cuestionó varias de las medidas implementadas tras la liberación del cepo cambiario, en particular el esquema de bandas de flotación acordado con el Fondo Monetario Internacional.

“El dólar no puede flotar en Argentina porque es unidad de cuenta. Ir al esquema de bandas nos costó más inflación que la que hubiéramos tenido en otro escenario y, además, la economía tocó un techo en febrero y ahora empezó a caer”, afirmó.

Aun así, recomendó aprovechar el marco vigente: “El Gobierno está comprometido a que el dólar no supere el techo de la banda y tiene de sobra para evitarlo. Todo el mundo tendría que estar haciendo carry trade”, señaló Arriazu.

Actualmente, el techo de la banda cambiaria ronda los $1.460. El Banco Central, según detalló el economista, dispone de USD 25.000 millones líquidos para defender ese límite, frente a vencimientos de apenas USD 1.800 millones hasta fin de año.

Tasas en alza y desconfianza del mercado

El “apretón monetario” del Banco Central se tradujo en un aumento de las tasas de interés, incentivando el rendimiento en pesos frente a la devaluación. Ayer, los bancos ofrecieron una Tasa TAMAR del 64% anual para depósitos de grandes inversores, mientras que el Tesoro colocó LECAP al 75,6% anual efectiva con vencimiento en septiembre.

Pese a estas condiciones favorables para el carry trade, Arriazu reconoció que la confianza de los inversores sigue siendo muy baja: “Este techo está aprobado por el FMI y tienen los dólares para defenderlo. ¿Por qué la gente duda? Por la política”.

Advirtió que persiste lo que definió como “riesgo Argentina”, más allá de las tensiones ideológicas: “Más que riesgo K, yo diría que es directamente riesgo argentino. Mucho más cuando vemos cómo el Congreso aprueba leyes que sólo buscan empujar a un nuevo default”.

Perspectivas para 2026 y riesgos latentes

De cara al próximo año, Arriazu se mostró moderadamente optimista. Pese a las pérdidas por las inundaciones, estimó que la recomposición de la humedad de los suelos permitirá un incremento de USD 6.000 millones en la cosecha 2026, generando un alivio en el frente externo.

En paralelo, sostuvo que sigue en pie la expectativa de una baja del riesgo país, lo que habilitaría al Gobierno a recuperar el acceso al financiamiento internacional.

Sin embargo, advirtió sobre riesgos de corto plazo:

  • El traspaso del dólar a los precios no está cerrado: “Lo que ocurrió fue que bajaron los precios internacionales de muchas materias primas y eso se trasladó al mercado local”.
  • Muchas empresas aún cargan con sobrestock, lo que obliga a reducir precios para sostener ventas.
  • El propio Gobierno, según su visión, preferiría un tipo de cambio más bajo, en torno a los $1.320.

Arriazu cerró con un mensaje doble: confianza en la capacidad del Banco Central para sostener el esquema cambiario, pero escepticismo frente al comportamiento político del país: “El problema central es que los inversores no creen que Argentina pueda sostener un verdadero cambio”.

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¿Qué estamos haciendo mal? Lecciones del pasado (primera parte)

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La inflación del 2019 cerró en un 53,8 %; la del 2020 según las estimaciones más optimistas andaría por encima del 40%. Si a esto le sumamos que la economía se derrumbó en el 2018, 2019 y está prevista una caída del PBI del 1,7 % en el 2020: ya tenemos el combo completo. 

Pero todo esto no es nuevo en la Argentina, los ciclos de crisis de stop and go (término con el que se denomina a las crisis económicas de estas características), vienen de los años 50 y todavía no podemos salir de ellos, a pesar de haber sido una de las principales (incluso la mayor en términos per cápita) economía del mundo. Como existía el problema, se buscaron soluciones y, a juzgar por el presente, ninguna nos llevó a un crecimiento sostenido con baja inflación como si lo lograron países muchos más atrasados que nosotros.

 La idea de los siguientes artículos es repasar los planes de estabilización económica que se implementaron en la Argentina en los últimos 50 años y entender por qué fracasaron. Empecemos con el último plan de la dictadura, que nos llevó de poder ir de compras a Miami en la patria del “deme dos” a una crisis terrible que si para algo sirvió es para terminar también con el gobierno de facto. Lo que vamos a describir es una breve síntesis de en qué consistía el plan y sus consecuencias.

La tablita 

La inflación en 1978 fue del 170 por ciento, la de Estados Unidos era el 9 %, y algo había que hacer:

La famosa Tablita fue un plan de carácter gradualista se podría decir, porque buscaba reducir la inflación a través del tiempo hasta que convergiera con la internacional (o la de Estados unidos en ese momento). Sus medidas principales fueron las siguientes :

  • Hacer devaluaciones preanunciadas: en principio las devaluaciones serían cada ocho meses y después se aceleraron ¿De qué serviría esto? Se parte de que el problema de la inflación era las variaciones del dólar, entonces lo que se buscaba era que la tasa inflación se alineara a una tasa de devaluación decreciente en el tiempo hasta terminar convergiendo con la inflación internacional.
  • Para que se cumpla lo anterior, los precios no debían superar a la devaluación más la inflación internacional; por eso se bajaron los aranceles y restricciones a las importaciones para que ingresen productos del exterior, y la competencia haga que los productos locales no puedan subir por encima de los precios internacionales (sino serían más caros y no se venderían).
  • Los servicios públicos aumentarían sus tarifas junto con la devaluación  para que no queden atrasados y no provoquen déficit.
  • Se liberó el mercado de capitales para que ingresen o salgan de acuerdo con la tasa de interés (acá se conoció por primera vez el término bicicleta financiera).
  • Se hicieron otras cosas, como los seguros de cambio para que las empresas saquen sin riesgo créditos en el exterior y el país les cubría la diferencia de cotización.

¿Que debía pasar?

  • La tasa de inflación, que según el diagnóstico dependía de la devaluación, debería alinearse con esta y juntos ir descendiendo hasta igualar a la tasa internacional. Esto pasaría porque las importaciones de productos no permitirían que los precios de los productos locales aumenten por encima de la devaluación y habiendo actualizado los servicios públicos en la misma sintonía. Entonces el nivel de precios internos debería converger al nivel de precios internacional.

¿Qué pasó?

  • Pasaron cosas… resumidamente, la inflación fue más alta que la devaluación preanunciada, pero como había dólares producto de aportes del Fondo Monetario Internacional y la entrada de capitales golondrinas, estos quedaban cada vez más baratos (porque el aumento de precios internos, incluidos los sueldos, era mayor al aumento del dólar programado), y por ende los bienes importados eran más baratos. Esta situación provocó un brutal déficit de cuenta corriente a la par de que la industria nacional iba desapareciendo (las importaciones se triplicaron entre el 78 y el 80). 
  • Capítulo aparte merece el negocio del siglo: como la tasa interna era mayor que la internacional y se sabía cuándo y cuánto se iba a devaluar, entraban dólares al por mayor: se compraban pesos, se ponían a interés y un día antes de la devaluación, que se conocía de antemano, se volvían a convertir a dólares, repitiéndose estas maniobras especulativas una y otra vez. 
  • Obviamente que el ritmo de endeudamiento de la Argentina para alimentar esta bicicleta era insostenible. Entonces pasó lo que iba a pasar: un día se terminaron los dólares de reserva y la posibilidad de endeudamiento y las corridas de febrero de 1981 dieron muerte a la tablita; con ella a la industria nacional y se dio inicio al largo historial de dramas de la deuda externa.
  • ¿Y la inflación? Subió del 87% en 1980 al 131% en 1981 y al 209.7% en 1982; acompañando las sucesivas devaluaciones y desastres monetarios.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC y de Inflación Verdadera.

¿Que se hizo mal?Entre muchas cosas que la Dictadura hizo mal, en materia económica, si al ver que las devaluaciones programadas eran menores a la inflación real, el error fue no corregir la tasa de devaluación hacia arriba, así como liberar el mercado de capitales para que las inversiones especulativas se llevaran todos nuestros dólares. Esto demuestra una vez más que el dólar barato en la Argentina siempre salió caro. Cualquier semejanza con 2018, no se trata de una mera coincidencia.

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¿Qué culpa tiene la yerba? Cómo las consecuencias de la “bicicleta financiera” están ahogando al sector emblemático de la economía misionera

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¿Qué relación tiene un tarefero o un colono con las inversiones en Lebacs y la “bicicleta financiera” que se armó a partir de la política del BCRA? ¿Qué culpa tiene un molino yerbatero de las especulaciones de los fondos de inversión extranjeros que vinieron a hacer el famoso carry trade (traer dólares, cambiaros por pesos y ponerlos a trabajar en Lebacs o bonos)?
La respuesta es que no tienen nada que ver, porque no se beneficiaron con estos negocios fáciles. Pero al mismo tiempo, tienen todo que ver, porque hoy padecen las consecuencias de esas especulaciones ajenas y de las medidas de emergencia que el Gobierno tuvo que tomar para que la corrida no se agravara y se convirtiera en una crisis mayor.
Las tasas de interés altas están ahogando a la economía y en Misiones le pegan de lleno al sector yerbatero como no sucede en otros rubros de la actividad económica. Ni la madera, ni el té ni la pasta celulósica padecen como la yerba mate las consecuencias de tener un costo de financiamiento altísimo, como el actual.
Hay que entender que el sector yerbatero requiere de mucho capital para levantar la cosecha. Es dinero para pagarle a las cuadrillas de tareferos cada viernes, más dinero para el flete de esa hoja verde hasta el secadero. También, claro está, el dinero para el productor y luego ese capital que queda inmovilizado por 12 o 14 meses con la yerba canchada estacionándose en los galpones. El sector yerbatero necesita capital y lo necesita por un tiempo.
Y la tasa de interés alta priva al sector de ese capital de trabajo, por culpa de las especulaciones financieras de los que no producen nada y sólo invierten en Lebacs, como los fondos del exterior.
Entre 50 y 90 millones de pesos semanales para levantar la cosecha 
Según cálculos que realizó Economis consultando a varios especialistas, el sector yerbatero necesita -en promedio- 50 millones de pesos por semana para pagarle a los tareferos y pagar el gasoil y el flete hasta el secadero. Se calculan 3 pesos por kilo para cubrir estos costos. En un total de 800 millones de kilos de hoja verde que se cosechan por año, da un total de 2.400 millones de pesos al año.
Como la cosecha dura diez meses, el total mensual aproximado necesario son 240 millones de pesos. Así el cálculo arroja un número superior a los 50 millones de pesos, más cercano a los $60 millones.
Otro experto en el tema yerbatero comentó a este diario que en, en rigor, en los meses de mayor actividad esa cifra puede arañar los 100 millones de pesos a la semana. “La cosecha arranca a media máquina en marzo, luego hay cinco meses fuertes y septiembre suele cosecharse un poquito, en los meses fuertes necesitas más de 90 millones de pesos a la semana.
De bancos, financieras y “cuevas”
Esos casi 60 millones de pesos se destinan solamente para pagar la cuadrilla de tareferos y el gasoil hasta el secadero. ¿Cómo se financia? Generalmente los secaderos o las industrias adelantan pagos para la cosecha o los productores descuentan cheques propios o de terceros en los bancos, en el mejor de los casos, o en financieras o directamente en “cuevas”.
Cuando se habla de “cuevas” en el interior de la provincia se puede estar hablando de un supermercado que cambia un cheque por un poco de efectivo para el combustible y mercadería.
Obviamente, con las tasas de interés en niveles del 40 por ciento en la tasa de referencia del Banco Central, el financiamiento se hace casi imposible de afrontar. Para descontar cheques algunos bancos están cobrando tasas de 50 o 60 por ciento o aún más. Y algunas entidades como el Banco Nación suspendieron algunas de esas líneas.
En tanto, las financieras cobran más que los bancos y las “cuevas” más que las financieras.
Así es como este nivel de tasas de interés ahoga a la actividad económica en las chacaras.
Los molinos, con una pesada deuda con bancos
A todo esto hay que agregarle el dinero que necesitan los molinos para comprar la materia prima y ponerla a estacionar en períodos que pueden superar los 12 meses.
Juntar 10 millones de kilos de yerba para un molino de los “top” tiene un costo de 250 millones de pesos aproximados, comentó a Economis un importante industrial. Si una industria pusiera el dinero en Lebac tendría un rendimiento de 100 millones de pesos al año y sin hacer nada.
Hasta antes del comienzo de la crisis cambiaria, según datos del BCRA publicados por Economis, los principales molinos tenían una deuda con el sistema financiero de 2.200 millones de pesos. Un parte importante de esta deuda es a tasa variable, con lo cual, se incrementa con la suba que dispuso el Banco Central.
A mil kilómetros de la city porteña, la cadena de la yerba padece las consecuencias de las medidas de emergencia para paliar los efectos de una “bicicleta financiera” de la cual no se benefició nunca.
 

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Desde el BCRA, salen al cruce por el dólar: “No se está dilapidando”

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Luego de dos meses de intenso debate sobre las reservas del Banco Central, la intervención cambiaria y las metas de inflación, economistas que integran la máxima autoridad monetaria concluyeron: “los activos y pasivos se mueven de manera sincronizada como consecuencia de las intervenciones cambiarias. Por lo tanto, así como la compra de reservas no implica una trayectoria insostenible de los pasivos, la venta de las mismas no representa una dilapidación de los activos”
Mientras en Balcarce 50 murmuran ‘gracias a Dios es viernes’, el Banco Central salió al cruce de economistas que advierten sobre los casi 3 mil millones de dólares que se vendieron en los últimos 4 días para fijar el tipo de cambio y así contener los índices de inflación.
En este sentido, quienes integran la política de comunicación de la máxima autoridad monetaria, defendieron las últimas maniobras:
“Cuando el Banco Central vende reservas internacionales, como en los últimos dos meses, impulsa una contracción de la cantidad de dinero, que podría generar un faltante de liquidez (dependiendo de las condiciones de la demanda de dinero), y presionar a la tasa de interés a la suba. Habitualmente este faltante de liquidez se satisface con la reducción de LEBAC y de LELIQ. Si la escasez de liquidez llevase la tas a al techo de su corredor automáticamente la misma se proveería con pases activos”.
Además, volvieron a aclarar que la tasa de interés alta sólo es una cuestión cortoplacista y que es la autoridad la que, de manera sincronizada, controla esta lucha entre la tasa de interés y el tipo de cambio, que tantas discusiones generan entre políticos y economistas: “Fijar la tasa de interés implica que si se expande o contrae la cantidad de dinero sin que dicha variación responda a un cambio en la demanda de dinero, la liquidez adicional o faltante será absorbida o provista por el Banco Central, principalmente a través de operaciones de pases y colocaciones de LELIQ (aunque también se realizan operaciones de mercado abierto y licitaciones de LEBAC). Cabe aclarar que la tasa de interés no se fija en un valor puntual, sino que se establece un corredor de tasas de interés, con lo cual podrían observarse fluctuaciones dentro de este corredor sin que automáticament e se gatillen operaciones de esterilización, que sólo serían necesarias si la tasa de mercado se aproximara al piso o al techo del corredor.
En el caso de la compra de reservas internacionales por parte del Banco Central se genera una expansión en la cantidad de dinero. Si esta expansión no es demandada por algún agente económico, se produce un exceso de liquidez que presiona a la baja sobre la tasa de interés del mercado. Si esto ocurre cuando la tasa de interés está en el piso del corredor de tasas, automáticamente el Banco Central esteriliza este exceso mediante pases pasivos o colocaciones de LELIQ. Es así que junto con el aumento de las reservas internacionales debería observarse un incremento en sus pasivos no monetarios. Esta es la tendencia observada desde mediados de 2016, período en el cual se acumularon aproximadamente 31.000 millones de dólares, y el stock de letras y pases netos en términos del PIB pasó de 8,5% a 12,3% en el mismo lapso . En el gráfico 1 se puede observar el movimiento de ambos ítems del balance del Banco Central”.

De forma contraria, cuando el Banco Central vende reservas internacionales, como en los últimos dos meses, impulsa una contracción de la cantidad de dinero, que podría generar un faltante de liquidez (dependiendo de las condiciones de la demanda de dinero), y presionar a la tasa de interés a la suba. Habitualmente este faltante de liquidez se satisface con la reducción de LEBAC y de LELIQ. Si la escasez de liquidez llevase la tasa al techo de su corredor automáticamente la misma se proveería con pases activos.  
¿Se observa este movimiento simultáneo de reservas internacionales y pasivos no monetarios en el balance del Banco Central? Efectivamente, el gráfico 1 muestra el movimiento simultáneo de ambas variables. Otra manera de ver este fenómeno es analizar el ratio de letras (LEBAC y LELIQ) más pas es netos sobre reservas internacionales. En el gráfico 2 se puede apreciar que este ratio se encuentra practicamente estable desde 2015.  

En conclusión, los activos y pasivos de la autoridad monetaria se mueven de manera sincronizada como consecuencia de las intervenciones cambiarias. Por lo tanto, así como la compra de reservas no implica una trayectoria insostenible de los pasivos, la venta de las mismas no representa una dilapidación de los activos”, firmaron Mauro Alessandro y Andrés Neumeyer.
Según la agencia Bloomberg, la tasa de interés llegó a 28% a junio. Joaquín González Galé, head trader de INTLFCstone Argentina, sostuvo que “se vieron posturas fuertes del Banco Central en la venta de Lebac para los plazos de junio y julio desde temprano”.
En diálogo para el diario Clarín remarcó que “es un movimiento lógico: está entre la opción de vender US$ 1.000 millones diarios o de subir las tasas y aspirar pesos”.
En tanto, Luciano Calvi, head trader de Neix, advirtió que “el Banco Central busca subir la tasa de Lebac pero no le alcanza para frenar al dólar en el mercado cambiario. Hoy colocó ofertas de letras en los plazos más largos, hasta septiembre”.


A su vez, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne salió a calmar los ánimos por el cimbronazo que se sintió esta semana: “este repunte del precio del dólar no modifica en absoluto nuestro escenario, ya que estamos convencidos de que la inflación va a bajar en forma significativa a partir del mes de mayo”.
“Nosotros vemos que estamos en el medio de un fenómeno global, no es que la presión cambiaria esté operando solo sobre el peso argentino. Después de la cumbre del Fondo Monetario y el Banco Mundial de la semana pasada, los ministros y banqueros centrales nos fu imos con la percepción de que la política fiscal de Estados Unidos será muy expansiva y por ello es probable que veamos alguna presión inflacionaria.Es lo que hizo subir la tasa a 10 años al 3% en estos días. Y eso también apreció al dólar frente al resto de las monedas del mundo”, agregó a Clarín.
En este sentido, enfatizó: “El Banco Central está mirando la inflación, que hoy es su prioridad, y se tomó un día para ver si los movimientos globales del dólar eran transitorios o no. Por eso el miércoles usó las dos herramientas a su alcance, como vender reservas y subir tasas, pero manteniendo el dólar quieto, y hoy (por ayer), cuando vio que era algo global dejó subir el tipo de cambio. Creo que está claro, y ya se ha dicho más de una vez, que el Central interviene con todas sus herramientas para suavizar una tendencia, no para enfrentarse a ella“.
Este viernes 27 de abril, el minorista abrirá en $2 0,84 para la venta y $20,44 para la compra.

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