bioeconomía

El acuerdo UE-Mercosur instala un nuevo escenario para la industria de la madera

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La firma del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, se concretó el pasado 17 de enero, en Asunción, Paraguay. Establece una zona de libre comercio de más de 700 millones de consumidores, al mismo tiempo que introduce un inédito marco normativo en materia de sostenibilidad y cooperación técnica. Para el bloque Mercosur, el acuerdo implica el acceso preferencial al 92% de sus exportaciones hacia el mercado europeo. La UE logrará la eliminación progresiva de aranceles para el 91% de sus bienes industriales, señala un documento de la Asociación de Empresarios Metalúrgicos de la República Argentina.

Desgravación arancelaria: el horizonte de la forestoindustria

El sector de la madera y el mueble se posiciona como uno de los protagonistas de este acuerdo. Actualmente, los productos madereros del Mercosur enfrentan estructuras arancelarias que limitan su competitividad en Europa frente a proveedores de Europa del Este o el Sudeste Asiático.

Con la entrada en vigor del tratado, se prevé una eliminación gradual de los derechos de importación, que en ciertos productos de valor agregado (como muebles de diseño o paneles compensados) actualmente oscilan entre el 2% y el 10%. Esta ventana de oportunidad permite a las PyMEs regionales proyectar exportaciones de productos acabados, superando la histórica dependencia de la exportación de materia prima bruta.

El desafío de la trazabilidad y el Reglamento EUDR

La apertura de mercados viene acompañada de una exigencia técnica rigurosa: el cumplimiento del Reglamento de la UE sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR).

Para la industria maderera del Mercosur, esto implica que cada metro cúbico exportado deberá contar con certificados de geolocalización que garanticen que su origen no proviene de tierras deforestadas después de diciembre de 2020. Si bien esto representa una barrera de entrada técnica para los productores informales, se convierte en un sello de calidad competitiva para las empresas que ya han invertido en certificaciones internacionales (como FSC o PEFC), posicionando a la región como un proveedor estratégico de biomasa y madera sostenible bajo estándares globales.

Modernización tecnológica y el efecto “catch-up”

El impacto para la industria del mueble será ambivalente. Por un lado, la reducción de aranceles para la importación de maquinaria de última generación y bienes de capital de origen europeo (especialmente de Alemania e Italia) facilitará la reconversión tecnológica de las plantas locales. Esto es crítico para mejorar la productividad y el acabado de los muebles regionales.

Sin embargo, la industria local deberá enfrentar la competencia de productos terminados europeos de alta gama que ingresarán con aranceles decrecientes. El éxito del sector dependerá de la capacidad de respuesta de las cámaras empresariales para aprovechar los programas de cooperación técnica y financiamiento que el acuerdo prevé para la transición productiva.

La perspectiva europea: entre la oportunidad de mercado y el blindaje ambiental

Mientras en el Mercosur el debate se centra en la competitividad, en los principales centros industriales de la UE (Alemania, Italia, Francia), las entidades representativas del sector ‒como CEI-Bois (Confederación Europea de Industrias de la Madera) y EFIC (Confederación Europea de Industrias del Mueble)‒ mantienen una postura de “optimismo vigilante”.

  1. Seguridad de suministros y materias primas críticas: Para la industria europea, el acuerdo es una pieza clave para diversificar sus fuentes de suministro. En un contexto de tensiones geopolíticas, la UE busca reducir su dependencia de mercados asiáticos. Las cámaras europeas ven al Mercosur como un proveedor de biomasa y madera certificada de escala industrial, esencial para cumplir con los objetivos del Green Deal europeo que exige sustituir materiales fósiles por renovables en la construcción y el mobiliario.
  2. Exportación de tecnología, el renovado rol de EUMABOISLa industria de la maquinaria para la industria de la madera (representada por Eumabois) es una de las más entusiasmadas con la firma del acuerdo. La eliminación de aranceles en el Mercosur para bienes de capital permite a los fabricantes europeos (especialmente italianos y alemanes) volver a consolidar su liderazgo tecnológico en la región. Para ellos, el acuerdo significa la posibilidad de recuperar la iniciativa en el mercado sudamericano donde hoy enfrentan una fuertísima competencia china. No se trata solo de vender máquinas, sino de establecer sus estándares técnicos y digitales como la norma a seguir en las fábricas del Mercosur.
  3. El “Level Playing Field” y la propiedad intelectual, estandartes de la sostenibilidad como “barrera” competitiva: Una de las mayores preocupaciones europeas ha sido históricamente la protección de diseños y la lucha contra la falsificación. El acuerdo firmado el 17 de enero incluye capítulos robustos sobre propiedad intelectual. Las cámaras europeas de diseño de muebles ven esto como una victoria, ya que les permite exportar productos de alto valor añadido con la garantía de que sus diseños industriales estarán protegidos legalmente en los cuatro países del bloque sudamericano.

Es importante destacar que, a diferencia de otros sectores, las entidades madereras europeas no temen a la competencia del Mercosur, siempre y cuando se aplique estrictamente el Reglamento EUDR. Su visión es clara: solo entrará al mercado común aquello que demuestre trazabilidad total. Esto “nivela el campo de juego” (el famoso level playing field), asegurando que las empresas europeas ‒que ya operan bajo costos ambientales altos‒ no se vean desplazadas por madera de origen incierto.

Implicancias para la industria de la madera del Acuerdo UE-Mercosur

Para la industria de la madera y el mueble, este acuerdo no solo reduce aranceles, sino que redefine las reglas de sostenibilidad y modernización tecnológica para los próximos veinte años.

  • La madera como vector de sostenibilidad y el reto de la trazabilidad. El acuerdo establece un marco de “cero arancel” para una vasta gama de productos de madera, pero la apertura no es un cheque en blanco. La UE ha dejado claro que el acceso al mercado común está intrínsecamente ligado al cumplimiento del Reglamento EUDR. Para los productores del Mercosur, la industria ya no se mide solo en metros cúbicos o calidad de fibra, sino en datos de geolocalización. Las cámaras empresarias europeas, como CEI-Bois, ven en este acuerdo una oportunidad para asegurar un flujo constante de madera de rápido crecimiento proveniente de Sudamérica, esencial para la bioeconomía europea, siempre que se garantice la ausencia de deforestación mediante sistemas de certificación robustos.
  • Transformación del sector del mueble: diseño y protección intelectual. El impacto en el sector del mueble presenta una dualidad técnica. Mientras que el Mercosur se beneficia de la eliminación de gravámenes para exportar mobiliario de madera maciza, la industria europea ‒liderada por la EFIC‒ celebra la armonización de estándares de Propiedad Intelectual. Esto protege los derechos de diseño industrial europeo en suelo sudamericano, fomentando una competencia basada en el valor añadido y no solo en el costo de materiales. Por otro lado, la reducción de aranceles para componentes y herrajes europeos permitirá a los fabricantes locales del Mercosur elevar el estándar de calidad de sus terminaciones, cerrando la brecha de calidad percibida en mercados internacionales.
  •  Bienes de capital, la carrera por la eficiencia productiva. Un componente crítico del acuerdo es la facilitación del comercio de maquinaria. Entidades como Eumabois han señalado que la eliminación de barreras técnicas y arancelarias para bienes de capital permitirá a las plantas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay acceder a tecnologías de Industria 4.0, centros de mecanizado CNC y sistemas de secado inteligente de origen europeo. Esta transferencia tecnológica es vista como el motor de un efecto “catch-up” (convergencia), donde la industria del Mercosur podrá procesar sus recursos forestales con la misma eficiencia técnica que sus pares nórdicos, aumentando la productividad por empleado y reduciendo el desperdicio de material.

El impacto país por país

 – Argentina: El sector de madera sólida en la región mesopotámica ve una puerta abierta para divisas. Sin embargo, el gran reto es la infraestructura logística. El impacto será positivo si se logra acoplar la oferta con los estándares de sostenibilidad europeos, pero negativo si la burocracia interna frena la agilidad de los certificados de exportación.

– Brasil: Posee la mayor escala del bloque. El impacto es netamente positivo en términos de volumen de exportación de tableros y celulosa. El desafío negativo reside en la fiscalización extrema que recibirá por parte de las ONGs y cámaras europeas sobre la cadena de custodia, lo que elevará los costos de auditoría interna.

– Uruguay: Con una industria forestal ya muy alineada a estándares internacionales, el impacto es de consolidación. El país se posiciona como el “puerto verde” de entrada de inversiones para CLT (madera laminada cruzada). El riesgo es la alta competitividad del mercado europeo que exigirá una especialización aún mayor en productos de ingeniería.

– Paraguay: El acuerdo actúa como un catalizador para la formalización. El impacto positivo será la llegada de capitales para reforestación comercial. El lado negativo es la vulnerabilidad de la pequeña industria del mueble artesanal, que podría verse desplazada por productos industriales importados si no se inicia un plan de reconversión técnica inmediato.

Un acuerdo que reconfigura el mapa del mercado global

El Acuerdo de Asociación UE-Mercosur, firmado tras años de negociación, busca crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Potenciará el intercambio comercial, eliminando aranceles en más del 90% del comercio bilateral.

Aspectos clave del acuerdo (actualizado a 2026):

  • Alcance comercial: Liberaliza el 91% de las importaciones del Mercosur desde la UE (especialmente autos, químicos, maquinaria) y el 92% de la UE desde el Mercosur (agroalimentos).
  • Desgravación: La UE eliminará aranceles al 82% de las exportaciones del Mercosur, con un 70% de desgravación inmediata.
  • Beneficios para el Mercosur: Mayor acceso de productos agrícolas (soja, carne, maíz) al mercado europeo.
  • Sostenibilidad y medio ambiente: Incluye el cumplimiento del Acuerdo de París y compromisos contra la deforestación.
  • Situación actual: El Consejo de la UE autorizó la firma a principios de 2026, iniciando la fase de ratificación, aunque persiste el debate político y técnico, con el- Parlamento Europeo solicitando un dictamen al Tribunal de Justicia de la UE sobre su validez jurídica

Más de un cuarto de siglo de negociaciones

El acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Mercosur es el resultado de más de 25 años de negociaciones. Tras un principio de acuerdo alcanzado en 2019 y revisado posteriormente, los textos finales quedaron cerrados en diciembre de 2024. A comienzos de este año, el Consejo de la UE autorizó formalmente su firma, lo que marca el inicio de la fase de ratificación.

“El tratado es un acuerdo mixto, con dos pilares: el comercial regula el comercio de bienes y servicios, el acceso a los mercados y a la propiedad intelectual. Y el político y de cooperación, que abarca el diálogo institucional, la sostenibilidad y la cooperación. Esta estructura es clave porque determina cómo y cuándo puede aplicarse”, explica un análisis realizado por el reconocido estudio legal Marval, O’Farrell & Mairal.

El acuerdo prevé una liberalización progresiva:

  • La UE eliminaría aranceles para aproximadamente el 92 % de las importaciones provenientes del Mercosur;
  • El Mercosur haría lo propio con cerca del 91 % de las importaciones desde la UE.

“El sistema incluye plazos de transición, cuotas y mecanismos de protección para productos sensibles. Se verían directamente alcanzados los sectores agroindustriales, alimentos, bebidas, manufacturas e industria”, señala el estudio.

Por otra parte, el capítulo de propiedad intelectual es uno de los componentes técnicos más relevantes. Establece, por primera vez, un marco bilateral estructurado que cubre derechos de autor y derechos conexos, marcas, diseños industriales, patentes, variedades vegetales, indicaciones geográficas, secretos comerciales y medidas de observancia civil, administrativa y en frontera. El acuerdo prevé la protección recíproca de indicaciones geográficas (IG), contempla reglas de coexistencia con marcas y derechos preexistentes, evitando afectaciones automáticas.

El análisis de Marval, O’Farrell & Mairal recuerda que para que el acuerdo tenga efectos reales, aún deben cumplirse varias etapas:

  • Firma formal del tratado;
  • Aprobación del Parlamento Europeo;
  • Decisión de conclusión del Consejo de la UE;
  • Ratificación por los parlamentos de todos los Estados miembros de la UE;
  • Ratificación individual por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay;
  • Aprobación del tratado por el Congreso Nacional de cada Estado Parte del Mercosur;
  • Depósito del instrumento de ratificación ante la Secretaría del Mercosur;
  • Entrada en vigencia individual del tratado para cada Estado Parte del Mercosur, a medida que se completen las ratificaciones y se efectúe el depósito correspondiente.

“Solo cuando se cumplan estos pasos podrá entrar en vigencia. En el mejor escenario, podría aplicarse de forma provisional y parcial, limitada a materias de competencia exclusiva de la UE”, indica el análisis. Y puntualiza que el Parlamento Europeo remitió el acuerdo al Tribunal de Justicia para que evalúe la compatibilidad con la normativa comunitaria.

En el caso de Argentina, será necesaria, además, una adecuación normativa interna, incluida la legislación en materia de propiedad intelectual. A través del Decreto 24/2026, publicado en el Boletín Oficial el 19 de enero de 2026, el Poder Ejecutivo Nacional convocó a sesiones extraordinarias para tratar el proyecto de ley que ratifica el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, formalizando así el comienzo de su etapa de internalización legislativa. “Hoy, el acuerdo no genera derechos ni obligaciones exigibles. Su relevancia está en lo que puede producir si se ratifica: cambios estructurales en comercio, inversión y en la gestión estratégica de la propiedad intelectual entre los países de ambos bloques”, concluye el estudio.

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El Gobierno adopta la definición de bioinsumos del Mercosur y refuerza la integración agropecuaria

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El Ministerio de Economía formalizó la incorporación de la definición de bioinsumos de uso agropecuario aprobada por el Mercosur, en línea con el proceso de integración regional. La medida busca unificar criterios técnicos, facilitar el comercio intrazona y dar previsibilidad regulatoria a un segmento clave para la producción agropecuaria y la innovación biotecnológica.

El Gobierno nacional incorporó al ordenamiento jurídico argentino la Resolución N° 4/25 del Grupo Mercado Común (GMC) del Mercosur, que establece una definición común de bioinsumos de uso agropecuario para los Estados Parte. La decisión quedó formalizada a través de la Resolución 26/2026 del Ministerio de Economía, firmada el 14 de enero de 2026 y publicada en el Boletín Oficial el 16 de enero.

La norma se inscribe en el marco del Tratado de Asunción, aprobado por la Ley 23.981, y del Protocolo de Ouro Preto, aprobado por la Ley 24.560, que regulan la estructura institucional y el carácter obligatorio de las normas del Mercosur. Con esta medida, la Argentina avanza en la armonización normativa regional en un sector estratégico para la producción, el comercio y la sustentabilidad del agro.

Qué establece la resolución y por qué es clave para el sector agropecuario

La Resolución 26/2026 incorpora formalmente la Resolución GMC N° 4 del 24 de abril de 2025, que define como bioinsumo agropecuario a “todo insumo de origen biológico, que haya sido producido, derive o consista en microorganismos o macroorganismos, destinado a ser utilizado en actividades agropecuarias”.

El texto aclara que el concepto de macroorganismos incluye hongos macroscópicos, animales y vegetales, y establece que esta definición no contradice las definiciones nacionales vigentes, permitiendo interpretaciones más amplias por parte de cada Estado Parte. Además, la norma será aplicable al comercio intrazona y a las importaciones extrazona, ampliando su impacto regulatorio.

Desde el punto de vista institucional, la resolución se apoya en los artículos 2°, 9°, 15, 20, 38 y 42 del Protocolo de Ouro Preto, que establecen la obligatoriedad de las normas del Mercosur y su incorporación al derecho interno. Asimismo, se sustenta en la Decisión CMC N° 20/02, que habilita la incorporación administrativa de aquellas normas que no requieren tratamiento legislativo.

Integración regional, comercio y previsibilidad normativa

La incorporación de esta definición común responde a un objetivo estratégico: facilitar el comercio regional de bioinsumos, promover su desarrollo y fomentar el intercambio de conocimientos entre los países del Mercosur. En términos prácticos, unificar criterios reduce asimetrías regulatorias, brinda mayor previsibilidad a productores y empresas, y sienta bases comunes para futuras regulaciones técnicas y sanitarias.

La normativa entrará en vigor de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 40 del Protocolo de Ouro Preto, y los Estados Parte deberán indicar, en el ámbito del Subgrupo de Trabajo N° 8 “Agricultura”, los organismos nacionales competentes para su implementación. Según la resolución del GMC, la incorporación debía concretarse antes del 19 de abril de 2026, plazo que la Argentina cumplió con esta medida.

Para el sector agropecuario, la decisión tiene impacto directo en actividades vinculadas a la producción sustentable, la biotecnología aplicada al agro y el comercio regional, en un contexto donde los bioinsumos ganan peso como alternativa a insumos tradicionales y como herramienta para mejorar la competitividad y el perfil ambiental de la producción.

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Misiones, referente en bioeconomía y acción climática rumbo a la COP30 en Brasil

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Misiones reafirma su liderazgo ambiental en el Encuentro Federal “Camino a la COP30” en Paraná, Entre Ríos.

La provincia consolidó su rol en la Alianza Verde Argentina y compartió su experiencia en políticas de acción climática junto a gobiernos subnacionales, organismos internacionales y el sector privado.

Un espacio estratégico rumbo a la COP30 en Belém

La provincia de Misiones volvió a destacarse en la agenda climática nacional tras su participación en el Encuentro Federal “Camino a la COP30”, realizado en Paraná, Entre Ríos. El evento, organizado en el marco de la Alianza Verde Argentina (AVA), reunió a representantes de las provincias de Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, Jujuy y Santa Fe, consolidando este espacio como la principal instancia de articulación territorial frente a los desafíos del cambio climático.

El encuentro, celebrado en el MiradorTEC, fue la segunda edición de la antesala argentina a la cumbre global de Naciones Unidas sobre cambio climático (COP30), que se desarrollará en Belém, Brasil, en 2025, cuando se cumplan diez años del Acuerdo de París.
Misiones —que el año pasado había sido sede de la PreCOP29 en Posadas— participó como invitada especial, reafirmando su papel pionero en materia de bioeconomía, conservación y acción climática regional.

La jornada contó con la participación de delegaciones de la Unión Europea, GIZ Argentina, el Consejo Federal de Inversiones (CFI), el Banco Mundial, y representantes del sector privado como Grupo Petersen, Genesis y BYMA, además de referentes académicos y de organizaciones ambientales.

Misiones y la Alianza Verde Argentina: cooperación y liderazgo subnacional

Durante el encuentro, Misiones presentó los avances logrados en materia de acción climática y fortaleció vínculos con provincias que aún no integran formalmente la Alianza Verde Argentina, una red que promueve políticas territoriales sostenibles a nivel federal.
La representación misionera destacó el enfoque de la provincia en torno a la protección de la biodiversidad, la gestión sostenible de los bosques y el impulso de la bioeconomía, pilares que posicionan a Misiones como un referente nacional e internacional en la transición ecológica.

Los debates de la cumbre abordaron ejes centrales como la transición justa hacia economías bajas en carbono, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) y los mecanismos de financiamiento climático, temas considerados prioritarios en el camino hacia la COP30.
Expertos del Banco Mundial y de entidades financieras nacionales y extranjeras analizaron los desafíos del acceso al financiamiento para los territorios y la necesidad de movilizar capital verde hacia proyectos ambientales de impacto.

En paralelo, el sector privado y los mercados financieros debatieron sobre el rol de la banca, los bonos verdes y los mercados de carbono como instrumentos de apoyo a la sostenibilidad.
La participación de Pedro Friedrich, de la Fundación Banco de Bosques, aportó una mirada sobre la importancia de las áreas protegidas y la conservación de la biodiversidad, un tema clave en la previa a la COP amazónica.

Rumbo a Belém: una agenda climática con acento federal

El Encuentro Federal Camino a la COP30 no solo buscó consolidar consensos técnicos, sino también fortalecer la voz subnacional argentina de cara a la negociación internacional. En ese marco, la participación de Misiones refuerza su rol estratégico en el Corredor Verde y en la protección del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.

La Alianza Verde Argentina se consolida así como un espacio federal de cooperación climática, que articula gobiernos, organismos internacionales y el sector privado en torno a una misma meta: avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible, resiliente y con equidad territorial.
Camino a Belém, las provincias argentinas se preparan para llevar una posición común que refleje sus realidades, necesidades y aportes en materia de mitigación, adaptación y financiamiento climático.

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El Gobierno convocó a la mesa técnica para coordinar esfuerzos en la lucha contra el achaparramiento del maíz

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Durante el encuentro con técnicos de diferentes entidades, el Gobierno Nacional coordina esfuerzos para apaliar los efectos de la “chicharrita”.

Encabezada por el secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella y el director Nacional de Agricultura, Nicolás Bronzovich se llevó a cabo la mesa técnica para coordinar acciones junto a diversas organizaciones de profesionales y técnicos de CREA, AAPRESID, MAIZAR, ASA, AAPCE, F.A.D.I.A., CASAFE y representantes del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Córdoba, Santa Fe, Santiago de Estero y Buenos Aires.

“Con el Comité de Crisis hacemos seguimiento del avance con diferentes actores de la cadena del maíz. Trabajamos en conjunto con el SENASA, INTA e INASE. La idea es que entre todos podamos ir analizando y definiendo la estrategia”, dijo Vilella.

Durante el encuentro llevado a cabo en la sede de la cartera, el director Nacional de Agricultura, Nicolás Bronzovich, dijo: “Evaluamos las distintas herramientas que hay disponibles, sobre todo ya no pensando en esta campaña 2024 que está terminando, sino en la próxima campaña 24-25 de maíz para prevenir y controlar la problemática del achaparramiento de maíz por spiroplasma”.

Algunas de las herramientas que se están evaluando para el manejo integrado de plaga incluyen la fecha de siembra, el control durante el invierno del hospedante del vector de la plaga: el maíz guacho; el monitoreo, el seguimiento de la evolución de la población de la chicharrita en los distintos ambientes o sitios de la manera más específica posible; la reducción de los niveles de población del vector, control con fitosanitarios químicos y/o biológicos con aplicaciones postemergentes, control con terápicos de semillas, evaluación del comportamiento de la oferta genética y sobretodo coordinación de procesos agronómicos como principalmente fecha de siembra.

Desde el INASE se está trabajando en evaluar un protocolo excepcional ante el hipotético escenario de que se presenten materiales con tolerancia y buen comportamiento al complejo de enfermedades que transmiten Dalbulus maidis. Desde el SENASA por su parte, tienen tres fitosanitarios aprobados y están a la espera de la aprobación de tres bioinsumos como herramientas de control.

Por su parte, la vicepresidente del INTA, Beatriz Giraudo, aseguró: “ahora el desafío es todos, absolutamente todos, hablando del abordaje integral y el desafío de ponernos de acuerdo para hacerlo más eficiente y efectivo posible. Quizás el primer ejercicio de una comunicación compartida, sea el mejor ejercicio para empezar a echar a andar este funcionamiento compartido entre todos”.

Cabe destacar que la semana pasada se conformó el Comité de Crisis contra el achaparramiento y la próxima reunión está convocada para el 2 mayo a las 12hs en la Secretaría.

Esta Mesa Técnica busca asesorar y trabajar en conjunto para que las decisiones que tome el Comité sean las más acertadas para poder mitigar los daños que causa esta plaga.

Durante el encuentro también se destacó la importancia de diferenciar las zonas, ya que el enfoque para combatir esta plaga puede variar según la región. Es fundamental que los productores trabajen de manera conjunta y coordinada en cada zona para lograr un control efectivo.

Estuvieron presentes el jefe de asesores de la subsecretaria, Manuel Chiappe; el director de Prensa y Comunicación, Patricio Naveyra; el director de Suelos, Tecnologías y BPA, Jorge Gambale; Martin Famulari, Asesor Técnico; por Aapresid, el presidente, Marcelo Torres, Eugenia Niccia y Andrés Madias; de CREA, el responsable de Proyecto Plagas, Lucas Cazado; por MAIZAR, Matías Cardascia, Relaciones Institucionales, Julián Martínez y Matías Ferreira; por ASA, el Director Ejecutivo, Alfredo Paseyro; por AAPCE, la presidente, Rita Robledo; por el Colegio de Ing. Agr. De Córdoba, el presidente, Walter Grunig; por el Colegio de Ing. Agr. de Santa Fe, el presidente, Armando Ferruzzi; por el Colegio de Ing. Agr. de Santiago de Estero, María Leyla Ledesma Haron; por el Colegio de Ing. Agr. de Bs. As., el presidente, Ángel Fidel Cortese y el Gerente Operativo, Ing. Agr. Rubén dos Santos; F.A.D.I.A., el presidente, Mariano Raimondo y CASAFE, Federico Elorza. Tambien estuvieron presentes Mariano Mangieri y Ana Biausde, de Inase; Alejandro Fernandez, de Senasa y Eduardo Trumper, de INTA.

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La bioeconomía, el camino hacia el futuro de las estructuras productivas

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El término bioeconomía, consiste en la producción sustentable de bienes y servicios a través del uso o transformación de recursos biológicos. La biotecnología, rama de la bioeconomía, es una de las disciplinas científicas y tecnológicas que más ha avanzado en los últimos 20 años.

De acuerdo a la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico, la bioeconomía es un modelo donde la biotecnología contribuye significativamente a la producción económica y, a partir de ello se generan dinámicas de gestión e innovación dando origen a nuevas actividades, empresas y territorios sostenibles. Los avances biotecnológicos en mayoría son en materia genómica, edición genética y biología sintética, lo que permiten desarrollar nuevas soluciones en industrias como la agricultura y la medicina.

De acuerdo al analista Roberto Bisang, las dificultades competitivas en mercados mundiales, por parte de la Argentina, la incapacidad de generación de empleo masivo y de calidad, desigual localización territorial y rezago tecnológico son incompatibles con las demandas de la sociedad actual. Donde una y otra vez, se propone replicar acciones que fueron efectivas en el pasado, además de incorporar otras herramientas, lo más reciente son las “energías fósiles no convencionales”.

Este analista sostiene que hay dos bloques de actividades en la estructura productiva, con diferencias claras. “la agrobioindustria, los servicios especializados y otras actividades derivadas de los recursos naturales y, por otro, la industria manufacturera tradicional centrada en la metalmecánica y la electrónica”.

Bisang sostiene que la mayoría de los sistemas productivos del país están basados en los últimos, los cuáles ya no tienen la misma capacidad de generación de empleo, encadenamiento productivo y reequilibrio del balance externo. “Los saldos comerciales netos de las primeras no alcanzan para proveer divisas para solventar importaciones de las segundas alimentando -junto con otros mecanismos- los endeudamientos externos y/o desequilibrios monetarios fiscales”.

En qué se aplica la biotecnología

En la actualidad, las cadenas de producción buscan eficiencia y sustentabilidad, para esto utilizan la biotecnología como un medio para generar nuevos productos que satisfagan las necesidades de los sectores farmacéuticos, energético y computacional. Sin embargo, un sector donde la biotecnología está haciendo una verdadera revolución es en la salud, principalmente en el diagnóstico de las enfermedades causadas por factores genéticos.

Otro aspecto importante es la medicina personalizada a partir de la biotecnología, donde se busca que los pacientes reciban medicamentos adecuados de acuerdo a afecciones específicas, su composición genética y otras características innatas.

Inversiones en la industria

IBISWorld sostiene que el crecimiento promedio de la industria biotecnológica en el periodo 2015-2020 fue de 1.3%. El tamaño del mercado en ese último año ascendió a 295,000 millones de dólares, con un total de 11,343 empresas inmersas en el rubro.

Se espera que el mercado mundial de biotecnología llegue a unos 833,340 millones de dólares para 2027, creciendo una tasa anual compuesta de 7,02%, de acuerdo a la información de Fior Markets.

La biotecnología está destinada a cambiar el futuro de la humanidad de una u otra manera, y al ser una de las industrias que más han avanzado durante los últimos años, la inyección de capital en ella representa una de las mejores opciones para los inversionistas de cara al futuro.

Bisang, sostiene que el desafío de nuestro país es “concretar un cambio masivo en la estructura productiva en línea con la bioeconomía demanda una profunda reorientación de los sistemas promocionales hacia las nuevas actividades líderes, la co-creación (pública y privada) de innumerables nuevos mercados y la generación masiva de bienes públicos del nuevo paradigma. Usemos la escalera y no perdamos el tren”.

Fuente: El Economista, BBVA

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