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El PACN lanza herramientas para medir huella de carbono

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El Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN) presentó un nuevo paquete de herramientas para medir la huella de carbono en cultivos de crucíferas, en un contexto donde la certificación ambiental dejó de ser un diferencial para convertirse en un requisito de acceso a mercados internacionales. La iniciativa, desarrollada con participación de las principales Bolsas del país, apunta a dotar al sector agroindustrial de instrumentos propios para competir bajo estándares globales, con criterios adaptados a la realidad productiva local.

El lanzamiento se produce en un escenario de creciente regulación ambiental en el comercio global, donde normativas como la Directiva de Energías Renovables de la Unión Europea (EU RED) o el esquema CORSIA exigen mediciones precisas y verificables para habilitar el ingreso de bioproductos. En ese marco, la capacidad de medir con parámetros propios aparece como un factor de poder económico.

Argentina gana soberanía técnica con el lanzamiento de herramientas para medir la huella de carbono de crucíferas en el entorno del PACN. Clave para acceder a mercados premium y competir sin barreras injustas al utilizar factores de emisión locales.

Soberanía técnica para competir en mercados de alta exigencia

En un escenario de comercio agroindustrial global crecientemente dinámico, la medición precisa del impacto ambiental ha dejado de ser una métrica voluntaria para convertirse en una condición de acceso a los mercados más exigentes. En este contexto, la certificación de baja huella ambiental ya no es solo un diferencial competitivo, sino un requisito técnico. Sin embargo, la forma en que se mide esa huella es tan relevante como el resultado en sí mismo.

En notas anteriores la Bolsa de Comercio de Rosario ha identificado la importancia estratégica de la certificación de baja huella ambiental como un diferencial competitivo. Hoy, bajo el paraguas del Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), se da un paso fundamental con el lanzamiento del set de herramientas para la Mesa de Crucíferas.

Esta iniciativa, impulsada por las principales Bolsas de Cereales y de Comercio del país, busca no solo transparentar el desempeño ambiental de productos agroindustriales como en esta oportunidad de la colza, la camelina, la carinata y el cártamo, sino también proporcionar a los actores de la cadena la autonomía necesaria para gestionar y posteriormente poder certificar su balance de carbono bajo estándares internacionales. La importancia de este desarrollo radica en que los mercados premium, especialmente la Unión Europea con su Directiva de Energías Renovables (EU RED) o bien el régimen de CORSIA para la aviación sostenible, requieren evidencia robusta y cuantificada para permitir el ingreso de bioproductos y bioenergías. Este hito no solo mejora la capacidad de medición, sino que introduce un elemento crítico para la competitividad internacional: la capacidad de Argentina de medir su desempeño ambiental con criterios adaptados a su propia realidad productiva.

La Importancia de la Medición de Huella de CO2 en las Crucíferas

Las crucíferas oleaginosas están experimentando un crecimiento franco en el escenario productivo nacional, impulsadas principalmente por la demanda de biocombustibles sostenibles y aceites vegetales de exportación. No obstante, esta expansión enfrenta desafíos críticos en materia de gobernanza ambiental. Depender de calculadoras desarrolladas en los mercados de destino o bases de datos internacionales suele resultar en la penalización de la producción argentina, ya que estas herramientas utilizan factores por defecto que no capturan la realidad agronómica, climática y productiva de nuestros suelos. El uso de datos genéricos a menudo implica asumir prácticas (como la enmienda caliza, rutinaria en suelos ácidos europeos) que no reflejan la gestión local, castigando injustamente el desempeño de los productos nacionales. Por ello, el desarrollo de herramientas propias otorga soberanía metodológica, permitiendo que la huella de carbono sea el resultado de una contabilidad real y no de promedios foráneos. Esto es esencial para evitar barreras no arancelarias y para posicionar a la Argentina como un proveedor confiable de biomasa de bajo carbono, especialmente ante normativas como la UE RED III o el esquema CORSIA para la aviación internacional.

Un sistema integral desarrollado localmente

Este paquete no solo permite cuantificar emisiones, sino también gestionar activamente la reducción de la huella, cerrando la brecha entre medición y acción.

El PACN, a través de un trabajo de 8 meses con empresas líderes del sector que actuaron como casos testigo, ha generado tres herramientas claves, complementarias y articuladas:

•    Calculadora de Huella de Carbono (v1.0): Una herramienta desarrollada en formato de planilla de cálculo, modular y de sencilla aplicación, que abarca desde la producción primaria hasta la salida de la planta industrial.
•    Manual de Metodología de Cálculo de Balance de Carbono: Un documento técnico que estandariza los criterios de uso, asegurando que los cálculos se realicen bajo las normas ISO 14067, 14040 y 14044.
•    Manual de Buenas Prácticas Ambientales (BPA): Una guía de gestión enfocada en la mitigación, que vincula las acciones operativas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los estándares Global Reporting Initiative (GRI).

Este paquete no solo permite cuantificar emisiones, sino también gestionar activamente la reducción de la huella, cerrando la brecha entre medición y acción. Frente al escenario global, el desarrollo de herramientas nacionales no es solo una mejora técnica: es una estrategia de posicionamiento internacional.

Diferenciales técnicos clave: donde el desarrollo local marca la diferencia

La calculadora se destaca por su arquitectura modular, permitiendo a productores, acopiadores e industriales calcular cuánto CO2eq genera cada unidad funcional (UF) producida. Las UF definidas en el sistema son:

•    1 tonelada de grano cosechado hasta la tranquera del campo,
•    1 tonelada de grano en acopio intermedio,
•    1 tonelada de aceite, y 
•    1 tonelada de pellet a la salida de la industria aceitera.


Arquitectura de Datos y Diferenciales Técnicos 

La herramienta cuenta con más de 250 perfiles ambientales unitarios incorporados y analiza 211 compuestos químicos con factores de emisión actualizados al último reporte del IPCC (AR6). A diferencia de otras herramientas internacionales, la calculadora del PACN ofrece:

•    Rigor en suelos: Utiliza mapas de existencias de carbono orgánico en suelo actualizados para Argentina (datos de Gaitán et al., 2025) y permite elegir entre métodos Tier 1 y Tier 2 (modelo AMG) del IPCC.
•    Representatividad energética: Incorpora matrices de energía eléctrica regionalizadas para la Argentina, evitando la distorsión de usar mix eléctricos europeos que sobrestiman las emisiones industriales locales.
•    Especificidad agronómica: Identifica correctamente a la Camelina con sus parámetros reales de grano oleaginoso, evitando tratarla como un forraje genérico, lo que previene la sobreestimación de emisiones de N2O por residuos de cultivo.


Visualización y Resultados 

El módulo de resultados permite al usuario identificar rápidamente “hotspots” o puntos críticos de emisión. Incluye gráficas de Data Overview que desglosan las emisiones por sustancias (CO2, CH4, N2O) y por origen (fósil, biogénico y transformación del suelo). Un componente fundamental es la visual de Performance Review – Benchmarking, donde los resultados propios se comparan automáticamente con los valores por defecto de la Directiva Europea RED II. Si el valor calculado es menor al default europeo, el productor puede demostrar robustamente que su producto tiene acceso al mercado europeo.

En conclusión la calculadora del PACN permite:

•    Reflejar condiciones agronómicas, climáticas y productivas reales 
•    Incorporar datos primarios locales, evitando promedios globales 
•    Alinear la medición con estándares internacionales (ISO, IPCC), pero desde una base propia 
•    Reducir el riesgo de barreras no arancelarias encubiertas 

En este sentido, el concepto central es claro: no se trata solo de medir la huella, sino de medirla correctamente desde Argentina.

El Manual de Buenas Prácticas Ambientales: De la Medición a la Acción

El Manual de Buenas Prácticas Ambientales completa el enfoque al transformar el diagnóstico en acción concreta. Propone en consecuencia, diez prácticas estratégicas y prospectivas presentadas mediante fichas técnicas diseñadas para ser funcionales y claras.

Las 10 BPA priorizadas para las Crucíferas:

•    Optimización en el uso de nitrógeno aplicado en campo: Dado que la fertilización nitrogenada y sus emisiones de N2O son el rubro de mayor peso en la huella, esta práctica es central para la mitigación.
•    Restauración del suelo y secuestro de carbono: Promueve prácticas de conservación que aumenten el stock de carbono en el suelo.
•    Biodiversidad y polinización: Mejora de servicios ecosistémicos para estabilizar rendimientos productivos.
•    Descarbonización de la energía: Transición hacia fuentes renovables en campo e industria.
•    Potenciación de la economía circular: Valorización de subproductos y reducción de residuos.
•    Programa responsable de fitosanitarios: Manejo eficiente de herbicidas, insecticidas y fungicidas.
•    Mecanización: Eficiencia operativa de la maquinaria.
•    Fitomejoramiento: Selección de variedades adaptadas y eficientes.
•    Gestión de logística: Optimización del transporte entre eslabones.
•    Agua: Gestión responsable del recurso hídrico.

El manual integra estas prácticas con indicadores GRI (como el estándar 13.1 para emisiones de GEI) y los ODS (especialmente el 12 de Producción y Consumo Responsable y el 13 de Acción por el Clima), facilitando la construcción de reportes de sostenibilidad corporativa y el diálogo con el sector financiero para la aplicación a líneas de créditos verdes.

Conclusión: Hacia una Cadena de Valor como Unidad de Descarbonización

La implementación efectiva de estas herramientas requiere un marco de gobernanza ambiental que promueva la integración vertical de la cadena. Al utilizar datos primarios capturados sistemáticamente a través del calculador, la cadena de crucíferas argentina puede presentarse como una unidad de descarbonización sólida, donde la trazabilidad ambiental garantiza la identidad técnica y de sustentabilidad de cada tonelada de aceite o pellet exportado.

Este pack de herramientas representa mucho más que una innovación técnica, es un instrumento de defensa comercial, una base para la diferenciación internacional, y un paso clave hacia la soberanía en la medición ambiental 

En un mundo donde los mercados se regulan cada vez más por métricas ambientales, quien define cómo se mide, define en gran parte quién puede competir. Argentina, a través de este desarrollo del PACN, avanza en esa dirección.


(*) Coordinadoras del Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN).

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Oleaginosas de invierno ganan lugar en la rotación agrícola

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La expansión de carinata, camelina y colza empieza a mover algo más que la agronomía. En la Argentina de 2025, estas oleaginosas invernales dejaron de ser un cultivo marginal para convertirse en una pieza cada vez más visible de una discusión más amplia: cómo intensificar los sistemas agrícolas, capturar parte del negocio global de la bioenergía y traducir ventajas ambientales en renta concreta para el productor. El dato más elocuente es el salto de superficie: según estimaciones citadas en el informe, el área total implantada con oleaginosas invernales rondó las 170.000 hectáreas en 2025, muy por encima de las 30.000 hectáreas estimadas apenas tres años atrás. La pregunta de fondo ya no es si estos cultivos pueden crecer, sino bajo qué condiciones logran consolidarse como una alternativa estable dentro del esquema agrícola y energético.

Un cambio de escala que empieza en el barbecho, pero no termina ahí

El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario ubica a estas oleaginosas en un punto de cruce entre productividad, sustentabilidad y demanda industrial. La colza, la camelina y la carinata ganan terreno como parte de rotaciones agrícolas que buscan aprovechar el barbecho invernal, sumar una etapa productiva adicional y generar ingresos en períodos que antes quedaban ociosos.

Ese movimiento tiene una implicancia concreta: el sistema agrícola deja de mirar el invierno como un paréntesis y empieza a tratarlo como una ventana económica. En regiones con amplias superficies en barbecho, especialmente alejadas de la influencia marítima, estos cultivos encuentran su nicho. La colza y la carinata se adaptan mejor a barbechos más largos, mientras que la camelina, por su ciclo más corto, encaja en ventanas más ajustadas.

No es un detalle técnico. En un contexto donde la rentabilidad del agro se define cada vez más por eficiencia, diversificación y manejo de riesgos, incorporar cultivos que agregan valor sin desplazar necesariamente a los esquemas principales modifica la lógica de uso del suelo. También reordena decisiones empresariales y tecnológicas.

Bioenergía, certificaciones y una demanda que ya no viene solo del mercado alimentario

El crecimiento de estas oleaginosas no responde solo a una mejora agronómica. Está asociado, sobre todo, a la expansión de mercados energéticos que demandan aceites certificados con baja huella ambiental. Ahí aparece uno de los motores más relevantes del fenómeno: el avance del biodiésel convencional, el Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) y, especialmente, el Combustible Sostenible de Aviación (SAF).

El SAF ocupa un lugar estratégico en ese esquema. Según el informe, puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80% respecto de los combustibles fósiles tradicionales. Además, ya existen más de 300 proyectos de desarrollo de SAF en 40 países, con Estados Unidos concentrando aproximadamente el 35% de la capacidad proyectada. Ese dato ordena la escena global: la demanda no es especulativa ni marginal, sino parte de una transformación regulatoria e industrial en marcha.

En esa línea, el acuerdo firmado en agosto de 2025 entre YPF y Essential Energy para crear Santa Fe Bio, una biorrefinería destinada a producir HVO y SAF en Argentina, agrega una señal doméstica relevante. No implica por sí solo una consolidación del negocio, pero sí muestra que la discusión dejó de estar solo en el lote y empezó a bajar a la infraestructura industrial.

El valor político del nuevo agro no está solo en la producción, sino en la cadena

La novedad no es únicamente que estos cultivos crezcan, sino que obligan a pensar al agro como parte de una cadena más sofisticada, donde la trazabilidad, la certificación y la articulación con la industria energética pasan a ser condiciones de acceso. Ahí se juega una parte sustancial del poder económico del proceso.

El desafío local, según el informe, consiste en convertir los beneficios ambientales de estos cultivos en valor económico concreto para el productor. Esa frase resume una tensión central: sin esquemas de certificación y sin una conexión efectiva entre producción primaria, industria aceitera y biocombustibles, el atractivo agronómico puede quedar limitado.

Eso supone algo más que sembrar. Exige materiales genéticos mejor adaptados, acompañamiento técnico, continuidad de oferta e infraestructura industrial y logística. Dicho de otro modo, el crecimiento de carinata, camelina y colza depende menos del entusiasmo coyuntural y más de la capacidad de ordenar una cadena que todavía está en etapa de construcción.

Dónde crecen y qué muestran los números del nuevo mapa productivo

En términos territoriales, el informe identifica una distribución con focos definidos. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la colza se concentra en Tucumán, Chaco y Santiago del Estero, con presencia adicional en Santa Fe y Córdoba. En la provincia de Buenos Aires conviven la colza y la camelina en zonas centro, norte y sudeste, mientras que en el sudoeste bonaerense la camelina gana relevancia.

Entre Ríos aparece como la provincia con mayor superficie implantada con oleaginosas invernales del país. De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, en la campaña 2025/26 alcanzó 31.200 hectáreas y una producción total de 48.620 toneladas.

Para la campaña 2024/25, la colza registró una superficie sembrada de 35.147 hectáreas y una producción de 58.379 toneladas. Sus rindes promedio rondan las 2 toneladas por hectárea, aunque con diferencias regionales marcadas: desde 1,6 t/ha en Córdoba hasta valores cercanos a 3,5 t/ha en el sudeste bonaerense.

En camelina y carinata todavía no hay estadísticas oficiales consolidadas, pero las estimaciones basadas en empresas y acopios ubican superficies superiores a las 35.000 hectáreas en cada cultivo para la campaña 2025/26. Los rindes actuales se ubican entre 0,6 y 1,2 t/ha en camelina y en torno a 1,4 t/ha en carinata.

Intensificación con renta: la promesa que seduce al productor

Uno de los conceptos más fuertes del informe es el de “cultivos de servicio con renta” o “puentes verdes”. La idea sintetiza bien la apuesta de estas oleaginosas: no solo mejoran el funcionamiento del sistema agrícola, sino que además ofrecen la posibilidad de capturar ingresos donde antes solo había barbecho.

Las ventajas productivas y ambientales aparecen bastante definidas. Investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) destacan que sus raíces profundas y pivotantes favorecen la descompactación biológica, mejoran la aireación del suelo y aumentan la infiltración de agua. También generan biomasa, aportan al balance de carbono y, en el caso de la camelina, ofrecen un efecto alelopático que ayuda al control de malezas.

En zonas con malezas resistentes, donde los barbechos largos resultan costosos, esa contribución deja de ser solo ambiental y pasa a tener impacto económico directo. La diversificación de rotaciones, además, se alinea con los enfoques de manejo promovidos por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid.

Mejoramiento genético, actores privados y un mercado que todavía se está armando

El desarrollo de estas cadenas también abre una lectura institucional. La expansión territorial de estos cultivos necesita acompañamiento genético, y ahí ya se observa una aceleración. Según el informe, de acuerdo con datos de INASE, más del 50% de los cultivares disponibles de estos tres cultivos se inscribió en los últimos dos años. En colza, además, más de un tercio de los registros de la última década corresponde a 2025.

El mapa de actores revela un predominio empresarial, aunque con participación pública y privada. En camelina, la mayoría de los registros desde 2016 fue solicitada por firmas extranjeras con representación local. En carinata, el 75% de los cultivares fue inscripto por una empresa nacional radicada en Santa Fe, con un programa de investigación en Venado Tuerto y ensayos a campo en todo el territorio agrícola. En colza, de 54 cultivares registrados, 46 corresponden a empresas extranjeras, 6 a una firma nacional y 2 fueron solicitados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Ese dato introduce otra dimensión de poder: el negocio no se ordenará solo por superficie sembrada, sino por quién domina genética, tecnología, certificación y acceso a mercados. La competencia por capturar valor en estas cadenas ya empezó, aunque todavía se exprese en una escala moderada.

Repercusiones: quién gana con este movimiento y qué queda en disputa

En términos de correlación sectorial, el avance de estas oleaginosas fortalece a los actores que puedan integrarse más rápido a cadenas de valor diferenciadas: productores con capacidad técnica, empresas semilleras, nodos industriales ligados a bioenergía y esquemas de investigación capaces de acelerar adopción y adaptación territorial.

También pone presión sobre la política sectorial. Si el crecimiento depende de certificaciones, infraestructura y continuidad de oferta, el margen para que el proceso quede librado sólo al mercado parece acotado. No porque se necesite una política declarativa, sino porque hay una cadena emergente que exige coordinación. La investigación de FAUBA, las inscripciones en INASE, la participación del INTA y la inversión privada muestran que ya existe una base, aunque fragmentada.

En términos económicos, la oportunidad es clara: Argentina cuenta, según el informe, con una ventaja comparativa real por la disponibilidad de superficie libre en invierno y por las buenas prácticas de labranza. Esa combinación podría darle al país un rol más relevante en la producción de materias primas sostenibles para biocombustibles. Pero el salto depende de que esa ventaja agronómica se convierta en una ventaja comercial e industrial.

Un cambio silencioso que puede volverse estructural

La expansión de carinata, camelina y colza todavía no reconfigura por sí sola el núcleo duro del agro argentino. Pero sí anticipa un cambio de lógica. El invierno deja de ser solo descanso; la sustentabilidad deja de ser solo discurso; la bioenergía deja de ser una promesa lejana. Todo eso empieza a converger en cultivos que, hasta hace poco, ocupaban un lugar lateral.

Lo que viene no parece ser un reemplazo del complejo oleaginoso tradicional, sino una ampliación del menú productivo y de negocios. Habrá que seguir de cerca la evolución de la comercialización, la formación de precios, la respuesta de la industria y la capacidad del sistema para sostener escala con trazabilidad. Porque el potencial ya está descripto. Lo que todavía está en disputa es quién logra capturar el valor de esa transformación y con qué velocidad logra convertirla en un negocio duradero.

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TOLL Maderas certificó FSC y se posiciona para exportar a los mercados más exigentes

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En un contexto crítico para buena parte de la forestoindustria argentina, marcado por caída de actividad y amenazas de cierre de aserraderos, TOLL Maderas SRL se posiciona a contramano del ciclo recesivo. La empresa familiar con base en Eldorado, Misiones, confirmó la obtención de la certificación internacional FSC (Forest Stewardship Council) en los estándares de Cadena de Custodia (CdC) y Madera Controlada (MC), un sello clave para acceder a los mercados más exigentes del mundo y consolidar su perfil exportador.

El logro se conoció casi en simultáneo con la firma del acuerdo Unión Europea–Mercosur, que podría abrir oportunidades comerciales relevantes para sectores como el forestal. En ese marco, la certificación FSC adquiere un valor estratégico: garantiza trazabilidad, manejo responsable y cumplimiento de estándares ambientales y sociales, requisitos hoy ineludibles para competir en el comercio internacional.

Certificación FSC: trazabilidad total y acceso a mercados exigentes

La certificación obtenida por TOLL Maderas valida el manejo responsable de 6.000 hectáreas de plantaciones propias y asegura la transparencia absoluta del origen de la materia prima, desde el bosque hasta el cliente final. La empresa logró certificar tanto su Cadena de Custodia como el esquema de Madera Controlada, garantizando que la madera procesada cumple con estándares internacionales de sostenibilidad.

En un escenario global donde los compradores de productos forestales priorizan criterios ambientales y sociales, esta certificación se convierte en un factor determinante de competitividad. Así lo expresó el ingeniero forestal Daniel Muñoz, responsable del área, en diálogo con ArgentinaForestal.com: «Logramos garantizar la trazabilidad y dar certeza del origen de nuestra madera, adecuándonos a estándares que hoy son una exigencia innegociable en los mercados más competitivos del mundo».

El cumplimiento de estos estándares implica no solo un manejo forestal responsable, sino también la protección de la biodiversidad, el respeto de los derechos laborales y el bienestar de las comunidades locales, elementos cada vez más observados por los mercados de destino.

Inversión, bioenergía y tecnología para sostener competitividad

Lejos de frenar su expansión, TOLL Maderas mantiene desde 2022 un agresivo plan de inversiones, incluso en medio de la inestabilidad macroeconómica. La estrategia se apoya en la integración total de la cadena productiva, con foco en eficiencia energética y valor agregado.

Uno de los pilares es CT Toll Bioenergía, una central térmica de 3 MW de potencia que permite a la planta autoabastecerse de energía a partir de biomasa generada con subproductos del aserradero. El excedente se vuelca al Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), transformando residuos en una unidad de negocio rentable y reduciendo costos estructurales.

A esto se suma la incorporación de una laminadora de última generación marca Benecke, que introdujo procesos automatizados, monitoreo remoto y una reducción significativa del consumo energético, con impacto directo en los costos operativos.

Además, mediante una alianza estratégica con una firma líder de Brasil, la empresa instaló una planta de tableros fenólicos destinada íntegramente a la exportación, con un flujo asegurado hacia el mercado de Estados Unidos, reforzando su perfil exportador en un contexto de creciente competencia internacional.

Un modelo de integración productiva con sello misionero

Fundada en Eldorado en 1987, TOLL Maderas SRL cuenta con más de tres décadas de trayectoria y se consolidó como un modelo de integración productiva en el NEA. La empresa familiar, dirigida y gerenciada por sus dueños, opera dos plantas industriales: una en Santa Rosa, Corrientes, y otra en Eldorado, Misiones, y emplea a más de 300 trabajadores.

La planta de 8 hectáreas, ubicada sobre Avenida Fundador Schwelm y Ruta Nacional 12, cuenta actualmente con un equipo de 320 empleados y abarca toda la cadena de valor: desde forestaciones propias con distintos estratos, hasta procesos de aserrado, debobinado y remanufactura, cerrando el ciclo con generación de energía a partir de biomasa.

Bajo la dirección de los hermanos Marcelo, Ángel y Fabián Toller, y con el impulso de la nueva generación liderada por “Piltra” Toller, la firma logró combinar tradición forestal y modernidad tecnológica, con la sostenibilidad como eje central del negocio.

«Seguimos apostando a optimizar el uso de los recursos. La excelencia, desde la silvicultura hasta el producto final, es el único camino», concluyó Muñoz.

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Misiones recibió a inversores brasileños interesados en azúcar y bioenergía

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El gobernador Hugo Passalacqua se reunió con un grupo de empresarios brasileños con el objetivo de analizar y activar inversiones para la producción primaria en la provincia. 

Durante el encuentro, el primer mandatario resaltó el papel de la producción primaria en Misiones, que no tributa impuestos provinciales con el objetivo de beneficiar su desarrollo. Además, dio cuenta de las posibilidades de inversión en áreas como la piscicultura y el cultivo de arándanos para la exportación. Ante las expectativas de inversión señaló que “nuestro interés es grande” y recomendó avanzar en las negociaciones entre el empresariado brasileño y la Provincia.

AFIANZAR LA PRODUCCIÓN EN MISIONES CON INVERSIONES INTERNACIONALES

Con respecto a la reunión, el diputado provincial Enio Lemes expresó su satisfacción “por la atención y el entusiasmo de nuestro gobernador ante este grupo inversor de UPP Corporation, radicado en la hermana República del Brasil, que tiene la sana intención de invertir en nuestra provincia, específicamente en la industria y el ingenio azucarero en San Javier”.

“Es un día trascendental para nosotros porque el ingenio hace un tiempo que está con las puertas cerradas y todo lo que significa esa industria, que es la industria madre de aquella región que reactiva toda la economía de los pueblos vecinos, de la zona de San Javier”, valoró.

“Vemos una sana expectativa en este momento tan difícil que atraviesa el país, que haya gente de otros países interesadas en invertir para recuperar el ingenio”, declaró. En especial, para reactivar la producción de la caña de azúcar y la diversificación de cultivos. “Nuestro gobernador fue muy claro en dar cuenta de la producción de arándanos, buscar todo lo que sea agricultura, buscar otros derivados también de la producción de la caña de azúcar. Sobre todo, es un momento importante para las gestiones que nosotros podamos hacer desde la legislatura”, agregó.

Por último, indicó que esto es un trabajo conjunto con sus pares legisladores “iniciamos hace unos meses estas gestiones y ojalá lleguen a buen puerto para el bien del pueblo misionero”. 

En tanto, el CEO de UPP Corporate, Rafael Riveiro, agradeció la buena recepción y predisposición del Gobierno de Misiones en avanzar en las posibilidades de inversión. “Identificamos que no solo la tierra es muy fértil aquí, también hemos visto que Misiones tiene una gran potencialidad para evolucionar en el mercado agro. Sabemos que hay productores aquí que están realmente ansiosos por desarrollarse en sus labores”, comentó.

“UPP, como ya realiza este trabajo en Brasil a gran escala, tomando contacto directo con el productor, gestionando junto a él y suministrando los productos en el mercado internacional, consideró necesario traer esta experiencia a Argentina, comenzando obviamente por Misiones, una provincia muy linda y próspera en el ámbito agroindustrial”, aseguró. 

Puntualmente, indicó que “queremos trabajar en colaboración con el gobierno para apoyar a los productores y fortalecer el agronegocio en Misiones. El tema del azúcar podría ser uno de los focos. Existe un déficit muy grande de azúcar a nivel mundial y creemos que podemos contribuir desde aquí. Misiones tiene una usina tradicional que podemos optimizar para producir no sólo azúcar orgánica, sino también derivados como melaza, energía y etanol. Tenemos grandes perspectivas de realizar un buen trabajo con los productores y el gobierno de Misiones”,

Hacia el final, el CEO observó que considerando el mercado global y el potencial del suelo misionero, su empresa está segura de que puede desarrollar proyectos que fortalezcan la economía de la provincia. 

En la reunión participaron también los diputados provinciales, Mario Vialey y Rolando Roa; el asesor de la Cámara de Representantes, Jorge Villalba y los empresarios Esteban Rojas y Sara Sommier, entre otros potenciales inversores de Brasil. 

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¿Por qué Latam es vital para la transición energética global?

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Un informe de la AIE, explica que la región puede cubrir su demanda de energía con fuentes renovables, para 2030.

América Latina y el Caribe (ALC) cuenta con una riqueza de recursos energéticos, desde la energía hidroeléctrica hasta el gas no convencional, y una amplia riqueza de minerales críticos. Esto la ubica como un jugador estratégico para la transición global a fuentes de generación renovables.

A esta conclusión llegó la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), al señalar que también existe el potencial para un mayor desarrollo de la bioenergía y de los recursos solares y eólicos de alta calidad en la región, con la posibilidad de cubrir la demanda energética total con fuentes renovables hacia 2030.

“Los recursos de América Latina y el Caribe y la experiencia en su desarrollo (desde energías renovables de alta calidad hasta petróleo y gas y minerales críticos) podrían hacer contribuciones importantes a la seguridad energética global y las transiciones a energías limpias con los paquetes de políticas adecuados, además de impulsar la propia transición de la región y generar importantes beneficios para las economías locales después de una década de lento crecimiento”, indicó el organismo en su primer análisis detallado de la región, Latin America Energy Outlook.

La región ya tiene uno de los sectores eléctricos más limpios del mundo, con energías renovables, encabezadas por la energía hidroeléctrica, que generan el 60% de la electricidad de la región, el doble del promedio mundial.

Para cumplir con las metas de reducción de emisiones de carbono que se han propuesto los países de la región, e influir en la transición global, se calcula que la inversión debe crecer de manera sustancial, logrando una financiación de proyectos de energía limpia que debe duplicarse hacia 2030 y llegar a los US$150.000 millones y quintuplicarse de aquí a 2050.

Datos del Foro Económico Mundial mostraron que, no obstante, los países de la región son los que más lento han progresado en transición energética en la última década. Alrededor del 3% de la población (17 millones de personas en la región) carecen de acceso a la electricidad y el 11% (74 millones) no tienen acceso a opciones limpias para cocinar.

Para aprovechar al máximo su potencial energético, la región necesita:

  • Fortalecer las políticas públicas para apoyar la transición a energías renovables.
  • Invertir en tecnologías de energía limpia para el transporte y la industria.
  • Garantizar que los hogares tengan acceso a energía limpia con precios asequibles.

El petróleo sigue como protagonista

Según un informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), América Latina y el Caribe tienen el potencial de convertirse en un importante jugador en la transición global a energías renovables. Sin embargo, la región seguirá utilizando combustibles fósiles para satisfacer una gran parte de sus necesidades energéticas, especialmente para el transporte por carretera.

El informe señala que, si se cumplen las promesas de los países de la región de alcanzar emisiones netas cero para mediados de siglo, las energías renovables cubrirán toda la nueva demanda de energía en esta década. Esto permitiría que las exportaciones de petróleo aumentaran en casi 2 millones de barriles por día para 2030.

El informe también destaca el potencial de la región para producir hidrógeno de bajo costo y bajas emisiones, lo que podría ayudar a descarbonizar la industria pesada y el transporte de carga. Además, la producción de biocombustibles aumentará y los ingresos a largo plazo provenientes de minerales críticos se duplicarán a casi US$200.000 millones.

Los recursos clave para apoyar la transición global

Brasil, México, Argentina y otros países como Colombia son importantes productores de petróleo y gas. Algunos productores enfrentan una disminución de la producción, como Venezuela, mientras que otros están viendo un aumento de nueva oferta, como Guyana. Así mismo, Colombia es el principal proveedor de carbón de la región, y Chile, Perú, Argentina y Brasil producen grandes volúmenes de minerales críticos como litio, cobre y grafito.

Estos últimos minerales son claves en la transición energética. En cuanto al litio, un mineral clave para la movilidad de los autos eléctricos, América Latina posee el triángulo de reservas conformado por Argentina, Bolivia y Chile. Datos consolidados por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) a 2021, mostraron que cuatro países a nivel mundial abarcaron el 96% de la producción de litio del mundo. Entre ellos, Chile con 28.300 toneladas y Argentina con 5.970 toneladas.

En energías renovables, inversionistas y desarrolladores buscan la alineación de tres aspectos antes de avanzar en proyectos: un historial macroeconómico responsable, un marco legal integral y necesidades apremiantes de generación de energía

“La región es muy importante para la producción de minerales que son componentes esenciales de muchas de las tecnologías de energía limpia de rápido crecimiento actuales: cuenta con alrededor de la mitad de las reservas mundiales de litio y más de un tercio de las reservas de cobre y plata. El suministro de electricidad limpia de la región sienta las bases para la extracción y el procesamiento sostenibles de estos materiales”, precisó la AIE.

Los excelentes recursos de energía renovable en la región significan que ALC tiene el potencial de convertirse en un importante productor y exportador de hidrógeno de bajas emisiones “y combustibles a base de hidrógeno para 2050″.

Por último, se hizo énfasis en que la inversión en tecnologías de energía limpia debe trasladarse también a la agricultura y el cambio de uso de la tierra, que representan respectivamente el 25% y el 20% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en Latinoamérica.

ALC tiene el potencial de convertirse en un importante jugador en la transición global a energías renovables. Para ello, es necesario que los países de la región trabajen juntos para impulsar las inversiones necesarias para lograr este cometido.

Fuente: Bloomberg

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