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De Misiones al país: Biofábrica exporta biotecnología y transforma el conocimiento en un negocio

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Cuando abrió sus puertas, en octubre de 2006, hubo quienes cuestionaron la necesidad de contar con una fábrica de este tipo en una provincia chica como Misiones. Veinte años después, la Biofábrica es referencia en biotecnología y se transforma en un socio corporativo de provincias como Buenos Aires y Salta. En la provincia norteña, la experiencia con bananos está transformando la industria. 

La visita de Axel Kicillof a Misiones dejó una fotografía política, pero detrás de esa imagen había una historia económica bastante más profunda. Cuando el gobernador bonaerense recorrió Biofábrica Misiones junto al gobernador Hugo Passalacqua y el ministro de Desarrollo Agrario, de Buenos Aires, Javier Rodríguez, no estaba conociendo simplemente una experiencia tecnológica del Nordeste argentino. Buenos Aires ya es cliente de la empresa misionera y se prepara para recibir un nuevo laboratorio desarrollado en Misiones que será instalado en Miramar para multiplicar plantas de kiwi. No será el primero.

La relación comenzó hace años y ya incluye un Phytolab instalado en Mercedes, inaugurado por Kicillof en 2021. El de Miramar será el cuarto desarrollado en total por la empresa misionera y el tercero destinado a territorio bonaerense, aunque el segundo específicamente orientado a producción.

La diferencia parece técnica. En realidad, muestra algo bastante más importante: Misiones está empezando a vender fuera de sus fronteras un conocimiento que tardó dos décadas en construir.

Somos socios biotecnológicos”, sintetiza Federico Miravet, presidente de Biofábrica Misiones. No utiliza la palabra por casualidad.

Lo que vende Misiones no es solamente un laboratorio dentro de un contenedor. Vende el equipamiento, los protocolos, el conocimiento acumulado, la instalación, la capacitación de los profesionales que deberán operarlo y la asistencia posterior. Es decir, vende tecnología.

El Phytolab que será instalado en Miramar tiene actualmente un valor cercano a los $530 millones, alrededor de US$300 mil según la referencia utilizada por la empresa.

La estructura puede trasladarse en dos camiones y requiere básicamente conexiones de agua y energía para comenzar a funcionar. Pero detrás de esa aparente sencillez existe un sistema de producción de alta complejidad.

La capacidad prevista está entre 300 mil y 500 mil plantas in vitro de kiwi por año.

La entrega está proyectada para febrero. Antes, en noviembre, Biofábrica deberá acreditar un avance del 70% del proyecto, instancia que habilitará otro desembolso de la provincia de Buenos Aires. El contrato se paga contra avances de obra.

Pero Miravet insiste en que mirar solamente el precio del laboratorio sería quedarse con la mitad de la historia.

Antes de la instalación viajan técnicos misioneros. Permanecen durante el montaje y continúan después. El proceso puede demandar un mes o más de acompañamiento para capacitar a los científicos bonaerenses en los procedimientos específicos desarrollados por Biofábrica.

Ahí aparece una de las claves del modelo. Un laboratorio puede comprarse. Los equipos pueden conseguirse. Los protocolos, la experiencia acumulada y el conocimiento sobre cómo hacer funcionar correctamente el proceso productivo son otra cosa. Por eso Miravet evita hablar de una simple relación proveedor-cliente. “Somos socios, no proveedores”.

La frase adquirió otra dimensión durante la visita de Kicillof. Según recuerda Miravet, el gobernador bonaerense llegó a Misiones con conocimiento previo del proyecto y mencionó expresamente los desarrollos de Mercedes y Miramar.

Para el presidente de Biofábrica, ese reconocimiento tiene un peso que trasciende la relación comercial: significa que una tecnología desarrollada por una empresa pública misionera empieza a incorporarse a la estrategia productiva de la provincia más grande del país.

Si Buenos Aires representa la venta de infraestructura y conocimiento, Salta muestra la otra cara del negocio: la producción biotecnológica a escala industrial.

Biofábrica se convirtió en el principal proveedor de plantines de banana de Salvita, una compañía salteña con aproximadamente 2.300 trabajadores y distintas unidades productivas. 

Entre 600 y 800 empleados de la firma están vinculados, según la época del año, a la producción bananera.

Para Miravet, conocer esa estructura cambió incluso la manera de interpretar el contrato. “Asombra la perfección de esas plantaciones. Ahí caí y dije: no somos proveedores, somos socios”.

La afirmación tiene una explicación económica.

Este año Biofábrica envió aproximadamente 200 mil plantines de banana desde Misiones hacia Salta. Fueron necesarios seis viajes en camión entre abril y agosto.

El próximo paso ya está proyectado: 300 mil plantas en 2027. Y después viene el salto mayor.

La empresa salteña pretende llegar a 500 mil plantines, producción que Biofábrica debe comenzar a preparar con mucha anticipación porque el proceso comienza con los hijuelos -las plantas madre- que llegan desde Salta y son introducidos al laboratorio misionero para iniciar su propagación.

Desde enero, la logística cambiará. En lugar de recibir grandes partidas esporádicas, llegarán plantas madre aproximadamente cada quince días para alimentar de manera continua el proceso de multiplicación destinado a las plantaciones de 2028.

La genética vegetal sale de las fincas salteñas, viaja hasta Misiones, ingresa al laboratorio, se multiplica mediante biotecnología, pasa al vivero y finalmente vuelve al Noroeste convertida en cientos de miles de nuevas plantas.

Después, las bananas terminan en los grandes mercados consumidores del país, especialmente Buenos Aires.

Misiones ocupa en esa cadena un lugar invisible para el consumidor, pero decisivo: es la fábrica tecnológica de las plantas que hacen posible la producción.

La escala económica tampoco es menor. Los plantines de banana se comercializan en valores cercanos a US$1 a US$1,20 por unidad. Si el contrato alcanza las 500 mil plantas pretendidas por la compañía salteña, la operación puede ubicarse en un rango de aproximadamente US$500 mil a US$600 mil, dependiendo del precio final acordado.

El éxito comercial empieza a chocar contra la capacidad instalada.

“Si nosotros en vez de medio millón hacemos dos millones, ellos compran”, explica Miravet.

El problema es que Biofábrica llegó prácticamente al límite de lo que puede producir con su estructura actual.

Duplicar o multiplicar fuertemente la producción mediante el sistema tradicional exigiría construir otro laboratorio, además de incorporar personal y equipamiento.

La alternativa es tecnológica. La empresa analiza proveedores de Argentina, Brasil y Bélgica para incorporar sistemas de inmersión temporal, una generación de biorreactores que permitiría multiplicar considerablemente la capacidad de propagación vegetal sin necesidad de replicar toda la infraestructura existente.

También comenzaron a mirar hacia China.

Miravet introduce allí una autocrítica poco frecuente dentro de una empresa pública tecnológica: buena parte del sistema productivo utilizado actualmente deriva de la tecnología con la que nació Biofábrica hace veinte años.

El mundo está en otro proceso”, admite.

La discusión dejó de ser solamente cómo vender más. Ahora es cómo aumentar productividad para poder atender un mercado que ya existe.

Del laboratorio misionero a Croacia

La internacionalización aparece además por caminos menos evidentes. Durante este año Biofábrica produjo alrededor de 200 mil plantines de menta piperita. Parte de esa producción fue destinada a establecimientos de Campo Grande y El Soberbio, donde continuó el proceso de enraizamiento. El producto final tuvo como destino Croacia, con Klimiuk Infusiones como exportador. 

Es una exportación indirecta, pero revela nuevamente el lugar que pretende ocupar la empresa: generar la base biotecnológica para que empresas privadas puedan desarrollar después el negocio comercial.

Algo parecido ocurre con MisioFlor. Biofábrica abastece de ornamentales a la cooperativa misionera y esa producción llega posteriormente al mercado de La Plata.

La empresa pública queda así en el comienzo de cadenas que después continúan por manos privadas.

“Biofábrica es una empresa pública, con pensamiento de empresa privada”.

La compañía es una SAPEM -una sociedad anónima con participación estatal mayoritaria- y el Estado provincial sostiene parte de su estructura, particularmente salarios y gastos corrientes. Pero Miravet pretende que esa condición pública no signifique renunciar a buscar clientes, competir por precios, generar ingresos y conquistar mercados.

Una empresa privada necesita que cada investigación termine generando rentabilidad. Biofábrica puede sostener investigación y desarrollo incluso cuando el retorno no es inmediato porque parte de ese conocimiento termina después convertido en bienes públicos: bioinsumos para productores, nuevas variedades, forestales nativos, aromáticas, medicinales o tecnologías aplicadas a las chacras misioneras.

“Sin ese I+D nosotros no tendríamos el bioinsumo que después va a tu chacra”, resume Miravet.

Entre la sede central y el centro de San Vicente trabajan en Biofábrica alrededor de medio centenar de personas, con una producción que, por las características biológicas del proceso, requiere guardias y atención permanente. Miravet asegura que una parte del cambio fue organizacional.

Cuando asumió encontró áreas prácticamente separadas entre sí. Laboratorio y vivero funcionaban como mundos distintos. El primer movimiento fue elemental: hacer que las personas se encontraran y comenzaran a conversar.

Después vino otro desafío todavía más complejo: integrar la dinámica de Biofábrica y Biofarma.

Hoy comparten espacios, reuniones de responsables de áreas y procesos productivos. La transformación interna acompaña otra mucho más ambiciosa hacia afuera.

Biofábrica acumulaba alrededor de 50 protocolos vegetales, pero cuando la actual conducción comenzó a explorar seriamente la posibilidad de internacionalizar la empresa descubrió que faltaban cuestiones tan elementales como nomencladores y procedimientos aduaneros para sacar determinados productos del país.

Había conocimiento científico, pero faltaba arquitectura comercial. La empresa comenzó entonces a trabajar con Cancillería y representaciones diplomáticas para construir los procedimientos necesarios para exportar.

Ese cambio probablemente explique mejor que cualquier discurso lo que está ocurriendo.

Durante años, Biofábrica fue pensada fundamentalmente como una herramienta de política productiva misionera. Sigue siéndolo. Pero ahora pretende sumar otra identidad: una empresa tecnológica capaz de vender conocimiento argentino dentro y fuera del país.

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Avanza la validación de variedades de gerberas con biotecnología para abastecer al sector florícola

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En un nuevo paso hacia la consolidación de la producción florícola provincial, Biofábrica Misiones avanza en la etapa de validación en condiciones reales de producción de tres nuevas variedades de gerberas. Desarrolladas mediante biotecnología vegetal y propagación in vitro, estas plantas buscan evaluar su adaptación, comportamiento agronómico y calidad floral en la región.

Las variedades seleccionadas para este proceso son: sassefras (Caracterizada por sus delicadas flores en tonos rosado y blanco); princenton (dematices en naranja y amarillo); y aligator (de flores color fucsia). Cabe destacar que todas las variedades fueron producidas íntegramente en el laboratorio de Cultivo de Tejidos de Biofábrica Misiones, garantizando plantines con sanidad, uniformidad y vigor genético.

En este sentido, para evaluar el desempeño real de los ejemplares, los ensayos técnicos se llevan a cabo en tres puntos de la provincia: el invernadero de la productora Karen Heck, en Puerto Rico; el invernadero del productor Julio Yamada, en Colonia Luján; y el Centro de Investigaciones y Transferencia Tecnológica (CITECH), en Eldorado. También, hay ensayos en el Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente.  

Por otra parte, vale destacar que tanto Heck como Yamada integran la Cooperativa Florícola Misioflor, reflejando un modelo de trabajo colaborativo que vincula directamente la investigación científica con las necesidades reales de las y los productores locales.

Sobre este trabajo, la subgerenta Verónica Rodríguez destacó el proceso de validación tanto de gerberas, crisantemos y gipsófilas como un hito porque permite que Biofábrica disponga de un producto de calidad, de genética uniforme y saneados. Un producto que estará disponible para las y los productores tanto de Misiones como de afuera de la provincia para abastecer un mercado que venía demandando este tipo de producto. 

Seguimiento técnico: una herramienta clave

La supervisión técnica y agronómica del proyecto está a cargo de los ingenieros agrónomos Doris Bischoff y Ricardo Haussecker, quienes realizarán un monitoreo sistemático sobre el crecimiento, la productividad, la calidad del botón floral y la resistencia de cada variedad frente a las condiciones agroclimáticas de Misiones. Una supervisión que muestra la articulación institucional y el compromiso con el sector florícola, ya que se trabaja en esta tarea en conjunto con el área de validación tecnológica de la Biofábrica.  

Esta instancia representa un paso fundamental para dotar al sector de alternativas comerciales competitivas, promoviendo la transferencia tecnológica y dinamizando las economías regionales.

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La biotecnología es negocio: la Biofábrica tuvo balance positivo

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Por primera vez en 18 años, Biofábrica Misiones cerró un balance con ganancias. El dato no es menor: se trata de una empresa pública de base tecnológica, nacida para acercar innovación al sistema productivo provincial, que durante años fue vista como una inversión estratégica de largo plazo. Hoy, según su presidente Federico Miravet, ese horizonte empieza a mostrar resultados concretos.

“La ganancia no es solamente un número contable. Es una señal política, productiva y tecnológica: demuestra que la biotecnología puede ser sustentable, puede generar valor y puede ser parte real de la economía de Misiones”, sostiene.

Luego de muchos años la Biofábrica dio ganancias en su balance. ¿Qué significa ese dato?

Significa muchas cosas al mismo tiempo. Primero, que hay una empresa pública de base tecnológica que puede ordenarse, producir, vender, prestar servicios y cerrar un ejercicio con resultado positivo. Eso, para una institución como la Biofábrica, es un cambio muy importante.

Pero también significa algo más profundo: que la biotecnología en Misiones no es un discurso futurista ni una promesa lejana. Es una actividad concreta, con impacto productivo, con capacidad comercial y con una enorme proyección.

Durante muchos años se pensó a la Biofábrica como una inversión estratégica. Y estaba bien que así fuera. Pero hoy podemos empezar a mostrar que esa inversión también puede traducirse en sustentabilidad económica.

¿La ganancia era un objetivo central de la gestión?

Era un objetivo, pero no el único. La Biofábrica no es una empresa común. Tiene una misión pública, tecnológica y productiva. Su rol es fortalecer al agro, acompañar a productores -esta semana estuve en El Saltito, Santa Rita, 25 de Mayo, Puerto Piray y Colonia Victoria-, desarrollar soluciones biotecnológicas y agregar valor desde Misiones.

Ahora bien, que tenga una misión pública no significa que no tenga que ser eficiente. Al contrario. Si queremos defender el rol del Estado en sectores estratégicos, tenemos que demostrar que se puede gestionar bien, ordenar recursos, abrir mercados y generar resultados. Esto es lo que nos pidió el Gobernador desde el día uno. Para mí, este balance positivo es una base. Nos permite decir: este modelo puede funcionar, puede crecer y puede escalar.

Federico Miravet asumió la presidencia de Biofábrica en 20225.

¿Cómo se llega a este resultado?

Junto a la gerencia pusimos foco en producción, ventas, en líneas de negocio y en algo que para mí es fundamental: que cada área entienda para qué produce y hacia dónde va.

La Biofábrica tiene una capacidad técnica enorme. Tiene laboratorio, vivero, conocimiento acumulado, profesionales, técnicos, protocolos desarrollados y una historia muy valiosa. Lo que hacemos todos los días es conectar mejor esa capacidad con una estrategia de gestión.

Ordenar no es solamente mirar números. Es definir prioridades. Qué producimos, para quién producimos, cómo vendemos, cómo medimos resultados y cómo transformamos conocimiento científico en valor productivo. Y en medio de todo eso, seguimos entregando plantines a quienes de verdad lo necesitan en los municipios como productores y productoras. También tenemos un programa de embellecimiento de accesos a municipios y nuestro programa “Producir con Bioinsumos” que consiste en la entrega de Mihoba pero también la capacitación concreta en establecimientos educativos para alumnos, padres, productores y cooperativas. Se trata de una acción a costo cero para las y los beneficiarios, por eso lo hacemos con mucha responsabilidad. Todo esto sin tener que pagar nada.. 

¿Dónde está hoy el mayor potencial económico de la Biofábrica?

Está en varias líneas. La primera es la producción vegetal de alta calidad genética y sanitaria. Ahí Biofábrica tiene una trayectoria muy importante: plantines, especies ornamentales, frutales, forestales, cultivos regionales, material vegetal con trazabilidad y sanidad.

La segunda línea son los bioinsumos. Ahí hay un mundo enorme. Misiones tiene una oportunidad histórica para discutir una transición productiva más saludable, menos dependiente de agroquímicos y más conectada con la demanda global de alimentos y producción sustentable.

Y la tercera línea son los servicios biotecnológicos: diagnóstico molecular, certificación de identidad genética, investigación aplicada, desarrollo de protocolos y transferencia de conocimiento. Eso es clave, porque no vendemos solamente plantas. Vendemos tecnología, conocimiento y soluciones.

Vos decís que la biotecnología es una de las industrias del futuro. ¿Por qué?

Es LA industria del futuro. Porque es una industria que puede cambiar la matriz productiva sin necesidad de destruir lo que ya existe. La biotecnología no viene a reemplazar al agro, viene a potenciarlo. No viene a negar nuestras economías regionales, viene a hacerlas más competitivas. Misiones tiene una ventaja enorme: biodiversidad, producción agrícola, conocimiento técnico, universidades, talento joven y una tradición de políticas públicas vinculadas a la innovación. Todo eso puede convertirse en un ecosistema. Nosotros estamos trabajando para ello. 

Cuando hablamos de biotecnología hablamos de producir más y mejor, con menos impacto ambiental, con más sanidad, con más trazabilidad y con más valor agregado. Eso es futuro, pero también es presente.

¿Este resultado demuestra que la biotecnología puede ser negocio?

Sí, pero hay que entender bien qué significa negocio. No hablo de negocio como una mirada puramente financiera. Hablo de una actividad que genera valor, que se sostiene, que vende, que abre mercados, que permite reinvertir y que mejora la vida de productores y consumidores.

La biotecnología puede ser negocio, puede ser política pública y puede ser desarrollo regional. Esa es la potencia que tiene. No hay que elegir entre rentabilidad e impacto. El desafío es construir modelos donde ambas cosas convivan.

Este balance positivo demuestra que se puede empezar a transitar ese camino.

¿Cuál fue el rol del equipo humano en este proceso?

Central. Absolutamente central. La Biofábrica no se explica solamente por sus laboratorios, sus biorreactores o su infraestructura. Se explica por su gente. En cada una de las áreas y así como los laboratorios y el vivero son importantes, la parte administrativa también.  

Hay trabajadores y trabajadoras que conocen los procesos desde hace años, que sostuvieron la empresa, que desarrollaron protocolos, que cuidaron material vegetal, que hicieron investigación, producción, administración y ventas. La tecnología sin recurso humano no sirve de nada. Y el recurso humano de la Biofábrica además es altamente calificado, con alta capacidad para resolver situaciones in situ que son las que sostienen la empresa.

A veces se habla de innovación como si fuera solamente comprar equipamiento. Y no. La innovación real ocurre cuando hay conocimiento, compromiso y capacidad de resolver problemas. Eso en la Biofábrica existe, y es uno de sus mayores activos.

¿Cómo se combina una empresa pública con una lógica de mercado?

Con equilibrio. La Biofábrica tiene que tener sensibilidad pública y disciplina empresarial. Nosotros acompañamos a pequeños productores, pero también competimos. Investigamos, pero también vendemos. Pensamos en el desarrollo provincial, pero también en la sustentabilidad de las cuentas. Ese equilibrio es el desafío. No podemos administrar una empresa de base tecnológica solamente como una oficina pública, pero tampoco podemos perder de vista su función estratégica.

La clave está en profesionalizar la gestión sin perder identidad pública. Y eso estamos demostrando que se puede. 

¿Qué lugar puede ocupar Biofábrica dentro de la economía misionera?

Puede ocupar un lugar mucho más importante del que históricamente tuvo. Misiones tiene economías regionales muy fuertes: yerba mate, té, forestal, tabaco, horticultura, frutales. Todas esas actividades pueden beneficiarse con biotecnología.

Hoy estamos encaminados en  que la Biofábrica sea una plataforma de soluciones para esas cadenas, el impacto puede ser enorme. No solo por lo que vende la empresa, sino por lo que mejora en el sistema productivo.

La pregunta no es solamente cuánto factura Biofábrica. La pregunta es cuánto valor puede ayudar a generar en toda la provincia.

¿La Biofábrica puede exportar?

Sí. Y ese tiene que ser uno de los próximos pasos. Hay productos, servicios y conocimiento que pueden proyectarse hacia otros mercados. Tenemos una ubicación estratégica: Misiones está en el corazón de una región transfronteriza, con Brasil y Paraguay muy cerca, y con demandas productivas similares.

Pero exportar no es solamente mandar un producto afuera. Exportar también puede ser transferir conocimiento, desarrollar convenios, prestar servicios, validar protocolos, construir alianzas tecnológicas.

La Biofábrica tiene que pensar en Misiones, pero también desde Misiones hacia la región.

¿Qué lectura política hace de este primer balance positivo?

Que cuando hay decisión, orden y visión estratégica, las empresas públicas pueden dar resultados. En un contexto donde muchas veces se discute al Estado desde lugares muy simplificados, la Biofábrica muestra otro camino.

No se trata de Estado grande o Estado chico. Se trata de un Estado inteligente. Un Estado que invierte en sectores estratégicos, que genera capacidades, que acompaña al sector privado y que también exige eficiencia.

Este resultado ayuda a discutir con más argumentos. Porque no estamos hablando de una idea abstracta. Estamos hablando de una empresa pública misionera de biotecnología que, por primera vez en 18 años, cerró con ganancias.

¿Qué viene ahora para la Biofábrica?

Viene una etapa de consolidación y crecimiento. Queremos fortalecer las líneas de negocio, ampliar mercados, profundizar el desarrollo de bioinsumos, mejorar la capacidad productiva, seguir trabajando con municipios y productores, y posicionar a la Biofábrica como un actor central del ecosistema biotecnológico regional.

También queremos instalar una idea: Misiones puede ser una provincia líder en biotecnología aplicada. No desde el discurso, sino desde la producción, la investigación, el empleo calificado y la innovación concreta. Biofábrica empezó a demostrar en números lo que durante años se sostuvo como visión: que la biotecnología es una herramienta real de desarrollo para Misiones. Y agregaría algo más: el futuro no siempre llega con grandes anuncios. A veces llega cuando una empresa pública, después de varios años, ordena sus cuentas, produce mejor, vende más y demuestra que la innovación también puede dar ganancias. Los estados contables reflejan una recuperación sustancial de los resultados del ejercicio, revirtiendo las pérdidas registradas en 2024 y alcanzando ganancias tanto en términos históricos como ajustados por inflación.

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Misiones presentó su modelo de biotecnología aplicada en la Fenasoja 2026

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Biofábrica Misiones marcó una presencia estratégica en la Fenasoja 2026, participando en el panel internacional “Cooperativismo, Innovación y Agronegocio”. En este espacio, la provincia reafirmó su liderazgo en biotecnología aplicada y su capacidad para proveer soluciones de alto valor agregado al mercado brasileño.

La participación de Biofábrica no solo se centró en la exposición técnica, sino en la consolidación de un puente comercial y de desarrollo con el sur de Brasil. Se destacó la historia de Misiones como una provincia de fuerte ADN cooperativista, donde la institución cumple un rol fundamental como aliada estratégica de las cooperativas, ya sea como proveedora de insumos o como soporte técnico para la innovación en el campo.

Identidad compartida y potencial exportador

Durante las jornadas de trabajo, se puso de relieve que, a pesar de las fronteras nacionales, la cercanía entre Misiones y el estado de Rio Grande do Sul ofrece una ventaja logística y cultural inigualable. Esta proximidad facilita no solo la transferencia de bienes y servicios, sino también la construcción conjunta de proyectos de Investigación y Desarrollo (I+D).

“Misiones tiene una larga trayectoria como provincia cooperativista, y desde Biofábrica hemos construido una experiencia sólida de articulación con ellas, actuando como proveedores comerciales y socios en el desarrollo territorial. Venimos a Fenasoja con una premisa clara: cooperar para innovar”, destacó Federico Miravet, presidente de Biofábrica. 

En este sentido, agregó: “Lo que podemos ofrecer al entramado productivo del sur de Brasil va más allá de la proveeduría de bienes; ponemos a disposición nuestro capital en I+D y la capacidad de construir soluciones a medida. Tenemos una cercanía geográfica y cultural que nos une; para nosotros, Santa Rosa está mucho más cerca que nuestras propias capitales federales, y esa realidad debe traducirse en sinergia productiva”.

Asimismo, Miravet señaló: “Si bien reconocemos que ellos cuentan con un acceso al crédito que a nosotros nos falta, ambos somos ejemplos de un Estado presente que impulsa al agro. En ese marco de coincidencias, Misiones sale a buscar lo que le falta, pero también ofrece muchísimo: recurso humano de excelencia y una calidad vegetal y tecnológica superior en todos los servicios que provee la Biofábrica”.

Ejes de la oferta tecnológica misionera:

Alianza con el Sector Cooperativo: Biofábrica como motor tecnológico para las organizaciones de productores, facilitando el acceso a bioinsumos y plantas de alta calidad sanitaria.

Desarrollo e I+D Regional: Cooperación técnica para el desarrollo de soluciones biotecnológicas específicas para los cultivos de la región transfronteriza.

Calidad de Exportación: Provisión de plantines y servicios de laboratorio con estándares internacionales, apalancados en el conocimiento de profesionales misioneros.

Biofábrica Misiones reafirma así su compromiso de transformar la frontera en una oportunidad de crecimiento mutuo, demostrando que la innovación crece cuando se conecta con las instituciones y las personas que transforman el agro regional. 

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Biofábrica Misiones completó la entrega de 100 mil plantines de menta piperita para producción industrial

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Biofábrica Misiones concretó la quinta y última etapa de una importante entrega de menta piperita, alcanzando un total de 100.000 plantines destinados a un productor privado de Campo Grande. El despacho final, compuesto por 10.800 unidades, marca un nuevo avance en el desarrollo de cultivos aromáticos con destino industrial y perfil exportador.

La iniciativa refuerza la estrategia de diversificación productiva de la provincia, incorporando especies de alto valor agregado que pueden integrarse a cadenas ya consolidadas como la yerba mate y el té.

Agustina Franco, responsable de Vivero de Biofábrica Misiones, explicó que esta variedad específica de menta tiene un destino definido dentro del mercado internacional.

“La menta piperita es altamente demandada para realizar mezclclas con productos regionales como la yerba mate y el té, dándoles un valor agregado con estándares internacionales”, señaló.

La producción está pensada especialmente para la elaboración de blends destinados a exportación, una tendencia que gana terreno en la industria alimentaria y en el segmento de infusiones premium.

Tecnología aplicada desde el origen

Todo el ciclo de desarrollo del plantín se realiza íntegramente en las instalaciones de Biofábrica Misiones, bajo estrictos controles de calidad y trazabilidad.

El proceso comienza con la técnica de macropropagación mediante el estaqueo de plantas madres previamente seleccionadas. Luego, los plantines atraviesan un período de aclimatación de aproximadamente un mes y, posteriormente, ingresan a la etapa de rustificación, donde adquieren mayor fortaleza antes de ser retirados por el productor.

Este esquema permite garantizar uniformidad genética, sanidad vegetal y mejores condiciones de adaptación al campo, factores clave para cultivos destinados a mercados exigentes.

Además de la menta piperita, Biofábrica Misiones cuenta con stock disponible de especies medicinales y aromáticas para productores particulares y empresas interesadas en ampliar su matriz productiva.

La apuesta por este tipo de cultivos se inscribe en una política más amplia de innovación agroindustrial, donde la biotecnología aplicada busca mejorar la competitividad de las economías regionales y abrir nuevas oportunidades comerciales para Misiones.

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