BIOMASA

FRESA Run 2025: energía limpia por un futuro sostenible en Virasoro

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Con el lema “Corré por el futuro”, la segunda edición de la FRESA Run se realizó el 2 de noviembre en la localidad de Gobernador Virasoro, Corrientes. Organizado por Fuentes Renovables de Energía S.A. (FRESA), una de las empresas pertenecientes a Insud, junto a la Municipalidad local, el encuentro reunió a empleados, familias y vecinos de toda la región en torno a una propuesta que combinó deporte, integración y conciencia ambiental.

La jornada incluyó competencias de 5K y 10K, una caminata participativa y carreras para niños, con el objetivo de promover hábitos saludables, fortalecer los lazos comunitarios y reafirmar el compromiso de FRESA con un futuro sostenible. Cada participante colaboró además con un alimento no perecedero, reafirmando el compromiso solidario que caracteriza las iniciativas de sostenibilidad de la empresa.

El evento contó con la participación del secretario de Innovación, Infraestructura y Asuntos Estratégicos, Darío González, y por parte de FRESA, de Adriana Steckler, gerente de Gestión Integral y Sostenibilidad, y Atilio Amerio, gerente de Recursos Humanos.

“La FRESA Run refleja el espíritu de nuestra organización: generar energía limpia y también energía humana. Queremos seguir construyendo, junto a la comunidad, un futuro sostenible para Virasoro y toda la provincia”, expresó Steckler.

Los ganadores fueron Lucas Méndez (Apóstoles) y Antonela Gallardo (Gobernador Virasoro) en los 5K, y Edgardo Franco (Azara) y Romina Peña (Oberá) en los 10K.

En su segunda edición la FRESA Run 2025 se consolida como un encuentro anual de la comunidad, en el que se celebra la vitalidad, el trabajo en equipo y la convicción de que la energía más poderosa es la que se comparte.

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Pindó ingresa al mercado regulado de carbono con 43.803 certificados de la ONU

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La empresa misionera Pindó SA, con casi cinco décadas de trayectoria en el desarrollo forestal, agroindustrial y energético, alcanzó un nuevo hito que reafirma su modelo de gestión sustentable. La compañía obtuvo 43.803 Certificados de Reducción de Emisiones (CERs), conocidos también como bonos de carbono, bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Cada certificado equivale a una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera gracias a la generación de energía limpia.

Desde 2016, Pindó SA opera su planta de generación eléctrica a partir de biomasa forestal, un proyecto pionero en Misiones que reemplaza combustibles fósiles por recursos renovables provenientes de su propia actividad productiva. En nueve años, la iniciativa permitió generar más de 225.000 MWh de energía renovable y acumular más de 72.000 horas de operación, evitando la emisión de decenas de miles de toneladas de gases de efecto invernadero.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

“Los certificados ratifican que nuestras acciones concretas de sustitución de fósiles por biomasa local tienen un impacto real en la reducción de emisiones. Este logro no es solo de PINDÓ, sino también de Misiones y de la Argentina”, destacaron desde la compañía.

La filosofía empresarial que guía a PINDÓ va más allá de un proyecto energético: la sustentabilidad forma parte integral de todas sus unidades de negocio. Desde las plantaciones forestales certificadas bajo PEFC hasta la industrialización de la madera con estándares internacionales, pasando por la producción agroindustrial de yerba mate y pulpa de frutas, cada iniciativa conjuga innovación, cuidado ambiental y compromiso con la comunidad.

En palabras de la propia empresa, la obtención de los 43.803 CERs es la confirmación de un camino: “La sustentabilidad no es una meta aislada, sino parte de nuestra forma de producir y crecer. Como empresa familiar, seguiremos desarrollando proyectos que integren innovación, cuidado del ambiente y compromiso con la comunidad, porque creemos que ese es el verdadero legado para las próximas generaciones”.

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Andrés Scherer: “Con biomasa forestal abastecemos de energía a Puerto Esperanza entera”

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Fundada en 1976 por el inmigrante suizo Alfonso Scherer, cofundador de Puerto Esperanza, la empresa Pindó se convirtió en un símbolo del desarrollo productivo en el norte de Misiones. Casi medio siglo después, son sus nietos, Rafael y Andrés, quienes conducen la compañía, consolidando a la tercera generación en torno a un modelo diversificado que abarca madera, yerba mate, frutas tropicales y energía limpia.

Desde el corazón de la planta de Ecoenergía Sociedad Anónima, en Puerto Esperanza, el ingeniero industrial Andrés Scherer repasó la historia y el presente de una iniciativa que cambió el mapa energético de la región. “La planta tiene una turbina de 4 MW de potencia que funciona casi todo el año, unas 8.200 horas anuales. Generamos hasta 30.000 MWh, lo suficiente para abastecer a una ciudad de 25.000 habitantes, como Puerto Esperanza”, explicó en una entrevista con Frontera Jesuítica, que conduce Carlos Vedoya Recio en FM República.

La clave de este modelo está en la biomasa forestal. Del rollo de madera, casi un 50% se convierte en residuo: corteza, aserrín, chips. Ese material, que antes se desperdiciaba o se quemaba a cielo abierto, hoy alimenta la caldera que produce vapor y genera energía eléctrica. “La planta abastece a toda la industria y, además, gracias al programa RenovAr, podemos vender energía al sistema nacional”, señaló Scherer.

Ese salto tecnológico fue determinante para el crecimiento de la empresa. Con la seguridad de contar con energía y vapor, Pindó amplió su capacidad de secado y multiplicó sus líneas de corte. “Cuando empezamos en 2003 teníamos 26 empleados; hoy somos 270. Procesamos entre 3,6 y 3,8 millones de pies cuadrados de madera al mes, con capacidad instalada de hasta 4,5 millones”, detalló el empresario.

La integración productiva alcanza también a la yerba mate. Pindó cuenta con un secadero capaz de procesar 150.000 kilos de hoja verde por día. Y hasta los residuos de la caldera encuentran un destino en el circuito: “La ceniza que resulta de la combustión es apenas un 3,5% del volumen ingresado. La reutilizamos en los yerbales para mejorar el pH del suelo. Más que un residuo, se convierte en un bioinsumo”, destacó.

La historia de Pindó es inseparable de la figura de su fundador. Alfonso Scherer, ingeniero agrónomo suizo, había estudiado la yerba mate en Europa antes de viajar a Misiones. “Lo recuerdo como un hombre tranquilo, analítico, que vino a trabajar y a forjar un futuro desde cero. Nos dejó un legado de esfuerzo y de visión”, rememoró su nieto Andrés.

Ese legado hoy se traduce en una empresa que mira al futuro con la misma vocación innovadora. Con madera, yerba, frutas procesadas y energía renovable, Pindó sigue demostrando que desde Puerto Esperanza se puede producir con calidad, sustentabilidad y escala global.

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De residuos a energía limpia: el desafío de Misiones para escalar proyectos de biomasa y biogás

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El gerente de Desarrollo, Proyectos y Mercado de Next Energy, Claudio Spurkel, analizó el rol de Misiones y la Argentina en el cambio global hacia nuevas matrices energéticas. Destacó el potencial de la provincia en biomasa y biogás, pero advirtió que el país está al menos seis años atrasado en la normativa frente a países como Brasil.

La transición energética dejó de ser un debate académico para convertirse en una política estratégica a nivel mundial. El reemplazo progresivo del petróleo líquido por gas natural, biocombustibles y energías renovables atraviesa a gobiernos y empresas de todos los continentes.

En ese marco, el ingeniero Claudio Spurkel, directivo de la firma Next Energy, señaló en diálogo con Economis, que Misiones cuenta con un potencial diferenciado en biomasa debido a la estructura forestal y agroindustrial, además de posibilidades en biogás a partir de residuos de la producción ganadera.

“El área forestal es una fuente clave de biomasa y en el sector ganadero hay grandes oportunidades de reconversión. Los residuos porcinos o bovinos, que hoy son altamente contaminantes, pueden transformarse en energía limpia a través de biodigestores”, explicó.

Sobre este modelo de generación de energía en Misiones, varias cooperativas locales ya ensayan proyectos piloto en este sentido y que la provincia podría convertirse en referente regional si se escala la tecnología.

Tecnologías y desafíos técnicos

El modelo más extendido a nivel internacional es el de los biodigestores, capaces de transformar residuos en abono orgánico y biogás. Este último, aunque con impurezas, puede ser utilizado para la generación de energía eléctrica dentro de las chacras.

El paso siguiente es la conversión de biogás en biometano, lo que exige sistemas de filtrado y purificación que eleven el estándar al nivel del gas natural. Este combustible renovable es apto para transporte, generación eléctrica y maquinaria agroindustrial.

Spurkel mencionó ejemplos en otras provincias:

  • Córdoba avanza con plantas de biogás a partir de desechos porcinos.
  • Entre Ríos experimenta con biodigestores basados en cáscaras de naranja.

“En Misiones hay antecedentes de plantaciones forestales y fuertes polos ganaderos. Si se articula bien, la biomasa y el biogás pueden generar un triple impacto: ambiental, económico y social”, destacó el gerente de Next Energy.

El retraso argentino y el contraste con Brasil

El especialista fue categórico respecto a las demoras del país: “Argentina está al menos cinco o seis años detrás en normativa respecto de lo que ocurre en Brasil o Europa. Sin un marco regulatorio claro y una decisión política de Estado, es difícil que el productor invierta”.

Brasil, ejemplificó Spurkel, consolidó un modelo de reconversión energética en el sector porcino, sostenido por todos los gobiernos independientemente de su signo político. Ese “consenso de Estado” permitió atraer inversión privada y convertir al país en líder global.

En cambio, en Argentina aún no existe una legislación integral para el biometano, lo que limita su inyección en redes de gas o su uso masivo en transporte.

Proyección y repercusiones para Misiones

De consolidarse un esquema normativo nacional, Misiones podría posicionarse como polo estratégico de bioenergía, aprovechando sus ventajas en:

  • Biomasa forestal, con el 52% de la biodiversidad del país y una industria maderera en expansión.
  • Residuos agropecuarios, en especial del sector porcino y bovino.
  • Innovación cooperativa, con experiencias pioneras en biodigestores.

El impacto sería doble: energético y económico. Por un lado, se reduciría la dependencia de combustibles fósiles importados. Por otro, se abriría un nuevo mercado de inversión, empleo y tecnología vinculada a la bioeconomía.

“Es necesario un compromiso político que trascienda gobiernos y un trabajo conjunto entre Estado, productores y proveedores tecnológicos. Solo así se puede dar el salto hacia una matriz energética más limpia y sostenible”, concluyó Spurkel.

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Auto a basura: cuando el pueblo enciende el fuego del futuro

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En un país donde la desilusión con el sistema se respira como el humo de un basural en llamas, proyectos como el de Edmundo Ramos nos obligan a levantar la vista. Con una dosis de ingenio, una vieja Ford Ranchero y toneladas de voluntad, logró hacer funcionar su camioneta con residuos. No es ciencia ficción, ni una tecnología importada con sello extranjero. Es gasificación: una técnica centenaria, olvidada por la historia oficial, que convierte basura orgánica en energía útil. En tiempos de crisis profunda, esto no es solo un invento: es un gesto político.

Y no se trata de un caso aislado. En España, durante los años del franquismo y el aislamiento económico de la posguerra, decenas de miles de vehículos circularon con gasógenos caseros construidos por las propias comunidades. El combustible escaseaba, pero no la inventiva popular. Estos ejemplos no son meras anécdotas ni romanticismos: son pruebas de que el conocimiento comunitario, cuando se libera del corset del mercado, puede resolver problemas concretos.

Yo mismo logré hacer andar mi F-100 con basura. No usé equipos importados ni fondos estatales, sino los recursos que hay a mano en el campo, en los talleres, en la cabeza de quienes no se resignan. Y cuando eso sucede, no solo se pone en marcha una camioneta: se activa una esperanza.

“El decrecimiento llegará sí o sí, porque el sistema actual no podrá crecer ilimitadamente en un planeta finito. La clave es si lo hacemos de forma planificada, equitativa y justa, o si dejamos que se imponga de manera brutal.”
Carlos Taibo

Lo interesante de esta tecnología no es solo que funcione, sino que lo haga sin depender de empresas multinacionales, sin licencias, sin patentes, sin dólares. Funciona porque está en manos del pueblo. Y aunque hoy parezca una rareza o una extravagancia rural, ¿quién puede asegurar que no será la norma en un futuro donde el combustible escasee y la infraestructura colapse? Cuando los recursos se agotan, las ideas valen oro.

Mientras tanto, en el presente, siempre se corta por el lado de los que trabajan. En los últimos meses, el gobierno nacional ha desmantelado buena parte del sistema científico argentino: se congelaron ingresos al CONICET, se desfinanciaron proyectos, se despidió personal técnico y se atacó directamente a quienes sostienen, con esfuerzo cotidiano, el conocimiento público. El mensaje es claro: si no da ganancia inmediata, no sirve. Frente a eso, la respuesta popular, artesanal y ajena a toda lógica empresarial, cobra un nuevo sentido.

“La transición energética no es solo una cuestión tecnológica, sino también social y económica. No basta con cambiar los combustibles: hay que cambiar el modo de vida.”
Antonio Turiel

¿De qué sirve un sistema científico si no se conecta con las necesidades reales de la gente? ¿Cuánto conocimiento está esperando en los cuadernos de técnicos despedidos, de científicos precarizados, de mecánicos populares? El proyecto de Edmundo no solo convierte residuos en energía: convierte abandono en potencia, exclusión en solución. No necesita subsidios estatales ni promociones de influencers. Basta con la voluntad de encender la chispa.

“El colapso civilizatorio no es una posibilidad lejana: es un proceso en marcha que se acelera cada vez que naturalizamos el saqueo, el consumo desbocado y la destrucción de los vínculos comunitarios.”
Antonio Aretxabala

Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Esperar que la salvación llegue desde arriba, o volver a confiar en nuestras propias manos?

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