BLINDAJE

Blindaje: según un banco internacional, FMI le prestará a la Argentina hasta u$s20.000 millones

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) podría prestarle hasta u$s20.000 millones a Argentina, según indicó un importante banco internacional. El monto cubriría, como mínimo, todos los pagos de capital que se le deben abonar al organismo durante el mandato de Javier Milei como presidente, que termina en diciembre de 2027.

De acuerdo con un informe del Banco Suizo difundido en las últimas horas, el financiamiento superaría los u$s12.000 millones, que es la cifra correspondiente a la amortización de la deuda con el FMI en los próximos años. Sin embargo, la entidad estima que podrían sumarse hasta unos u$s8.000 millones adicionales, un número similar a las obligaciones en concepto de intereses de la deuda.

El informe, escrito por Alejo Czerwonko y Pedro Quintanilla-Dieck, señaló que al menos el 30% de los fondos estarían disponibles en 2025. Por lo tanto, ese monto podría oscilar entre los u$s4.000 millones y los u$s6.500 millones, aproximadamente.

Según pudo averiguar este medio, el Gobierno le pedirá de manera “inminente” al Congreso la autorización para firmar el nuevo acuerdo con el FMI. Sin embargo, el oficialismo no mandará los detalles técnicos.

En el discurso de apertura de las sesiones legislativas ordinarias, Milei anticipó que en los próximos días le iba a pedir al Congreso que apoye al Gobierno en este nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

En paralelo, el Gobierno busca pulir un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos que, según palabras del vocero Manuel Adorni, “permitirá fortalecer la presencia de vinos, carnes, biodiesel y aceites esenciales en el mercado norteamericano, entre otros productos nacionales”Para ello, la expectativa de Milei y su equipo económico es que Donald Trump respalde dicho trato.

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Pituquitos de Recoleta

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Si la frase la hubiera dicho el gobernador de Misiones o Gildo Insfrán en Formosa, habría pasado por un nuevo lamento de los “caciques” del interior, siempre desdeñados, pero que desde el Norte Grande hace un tiempo vienen levantando la voz. Pero fue el electo gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, el que se quejó de los “pituquitos de Recoleta”. Aunque la diatriba apuntó directamente a los dirigentes de Cambiemos que habían aterrizado en la capital cordobesa para celebrar un triunfo que nuevamente les fue esquivo, bien vale para todos los colores políticos. “Basta de que nos maltraten de afuera, basta de que nos digan qué hacer los pituquitos de Recoleta. Que este ejemplo sea tomado por el interior de nuestra Patria, este es el grito de Córdoba”, disparó Llaryora, como un empoderado Andrés Guacurarí o un Güemes rebelde.

En la misma ciudad pero en escenarios distintos, los rostros de la derrota, pintados en Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta parecían recibir de lleno el mensaje. Ambos habían llegado a Córdoba con la ilusión de repetir el escenario santafesino y anotarse una victoria previa a las PASO. Pero Córdoba nuevamente les dio la espalda, como antes en las elecciones provinciales.

Con Rodrigo De Loredo, Cambiemos repite un patrón: una campaña calcada, consignas que se copian y pegan y que sirven en cualquier destino y, sobre todo, experiencia en ajustar. El radical cordobés fue presidente de Arsat, durante la gestión de Macri y se lo recuerda por la ola de despidos y la cancelación de los programas y la fabricación del satélite Arsat 3. Después de hacer los deberes, tuvo que renunciar ya que su suegro Óscar Aguad, era el ministro de Comunicaciones. 

Lo de consignas calcadas no es un eufemismo. Durante la campaña De Loredo reclamó el traspaso de diez mil policías de Córdoba a la capital, obviamente con presupuesto e infraestructura a cargo de la provincia, como hizo Macri con Larreta. Como Macri, también repartió culpas por su derrota que atribuyó a “una brutal y peligrosa campaña negativa orquestada por los candidatos del Gobierno” y dejó entrever que eso lo hizo rever sus intenciones de continuar en la política. 

“Estas campañas negativas son un problema gravísimo y llegaron para quedarse. Este es uno de los puntos que más me pesa y me hace replantear la energía y lo que uno está dispuesto a exponer en esta actividad”, se desentendió

Por el contrario, el gobernador electo de Córdoba, Martín Llaryora, marcó que “las elecciones se ganan hablando con la gente, no paseándose por los medios de la Capital Federal donde nos agreden, en donde nos mienten. Por eso yo no me callo, no lo tengo miedo a nada, solo le tengo miedo a quedar mal y no defender a los cordobeses”, sentenció el actual intendente de la capital cordobesa. Aunque el actual intendente de Córdoba sucederá a Schiaretti, un candidato del peronismo ortodoxo, los primeros pasos de la carrera política de Llaryora se dieron de la mano de Néstor Kirchner. 

El ministro de Economía y precandidato presidencial de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa, fue uno de los primeros en interpretar el resultado de Córdoba, pese a que el peronismo local no se identifica con el Gobierno nacional. Coincidió con Llaryora e que “la elección en Córdoba Capital la ganaron militando”, al opinar sobre el triunfo de Daniel Passerini, y planteó que el resultado “es un mensaje” al que debe prestarle atención la militancia del peronismo de todo el país.

“En Córdoba, en una elección de la que decían que (el peronismo cordobés) estaba 14 puntos atrás, la ganaron porque salieron de los escritorios, fueron a abrazar a los vecinos, fueron a buscar a la gente y asumieron los errores”, remarcó Massa.

“Nosotros tenemos que ir a abrazar a los nuestros, pedirles perdón por nuestros errores y decirles que vengan en agosto (por las primarias), no en octubre; vengan en agosto porque el partido se empieza a jugar en agosto”, subrayó, y con código futbolero agregó: “No es que este es un amistoso y después viene el de verdad”.

El grito de Córdoba no es otro que el grito de Misiones, el de Formosa o de cualquier otra provincia. El país central toma por asalto a las provincias en una batalla desigual en la que además, trasladan culpas y amenazan con castigar con las remanidas y poco creativas promesas de ajuste. Es una discusión latente. No atrasa 150 años, como intentó minimizar Larreta, sino que es un dilema nunca resuelto. “La política está plagada de boludos como este”, retrucó Nicolás Caputo, el hermano del alma de Mauricio Macri. 

En la Argentina es más fácil acusar a los “caciques” del interior, a pesar de que el poder central es el que dilapida recursos y años en una agonía eterna de la que nadie se hace del todo responsable. Pero las crisis no se inician por casualidad. 

Al Fondo Monetario Internacional, al que se le debe la vida y un par de riñones, no se volvió por una responsabilidad abstracta ni compartida. Esa decisión tiene nombre y apellido: Mauricio Macri. Que lo nieguen como Judas no invalida los hechos. Ni el legado. 

Basta escuchar a Patricia Bullrich plantear exactamente lo mismo que Macri y… que Fernando De la Rúa, el fugaz presidente de la otra alianza: la candidata del ala dura de Cambiemos insiste con “levantar el cepo lo más rápido posible” y conseguir un nuevo “blindaje” del FMI. 

“Nuestro objetivo es que, bajo un nuevo acuerdo con el FMI, podamos blindarnos. Vamos a terminar con el cepo y abrirlo lo antes posible”, prometió. 

“El blindaje” al que aludió Bullrich remite al acuerdo que suscribió el 28 de enero 2000 la administración de Fernando De la Rúa -de quien ella fue ministra de Trabajo- con el FMI para obtener un desembolso de 7.400 millones de dólares, y aún con ese préstamo, no se logró contener la fuga de capitales y la crisis que desembocó en el estallido social de diciembre de 2001.

Un programa económico que se basa únicamente en la idea de pedir más deuda. “Un sólo dólar y un colchón de dólares que nos permita manejar el peso”, promete Bullrich. 

¿Eso están negociando? ¿Quién nos va a dar dólares?, le preguntaron en el diario La Nación.

“Creemos que con un plan serio como el que estamos planteando, con horizonte de largo plazo, con ley de protección de inversiones, simplificación normativa, horizonte impositivo razonable, con reforma laboral como estamos planteando, vamos a obtener dólares del Fondo Monetario”. Del Fondo Monetario. Otra vez. Pura creatividad.  

Hasta Rodríguez Larreta tomó distancia. “El blindaje fue algo que hizo De la Rúa y no lo vamos a repetir. Miremos la historia argentina, estudiemos. ¿Cómo terminó ese Gobierno después de ese préstamo? ¿Así vamos a arrancar un Gobierno?, señaló Larreta. “A Favaloro le fue peor“, le respondió con el buen gusto de siempre el halcón Fernando Iglesias, uno de los laderos de Bullrich. En 2000 René Favaloro se suicidó agobiado por la crítica situación financiera de su Fundación y la imposibilidad de cobrar las deudas de distintos organismos, entre los que se encontraba el PAMI en el que Larreta era interventor. 

Para alquilar balcones está la interna de los herederos de De la Rúa y Macri. 

Larreta estuvo unas horas en Posadas el viernes. Se sacó fotos con los candidatos y trató de evitar polémicas con su rival. Al rato, ya en Ituzaingó, en Corrientes, prometió “el manejo de Yacyretá para los correntinos”. 

Pero aunque quiere eludir las polémicas, Larreta también se alimenta de viejas recetas: en su breve y custodiada visita de campaña a Misiones, prometió “déficit cero” en el primer año y “dejar de emitir”. 

La ley de Déficit Cero fue una de las últimas medidas de Domingo Cavallo en 2001 antes de la caída de la otra alianza. Implicó un enorme ajuste en Nación y provincias, que anuló cualquier posibilidad de reactivación de la economía que se ahogaba a cada minuto. Era una de las exigencias del FMI. Bullrich estaba en ese entonces a cargo del Ministerio de Trabajo. Con esa ley se le recortó en un 13% el salario a empleados públicos (incluidos docentes y trabajadores de la salud), jubilaciones y pensiones. 

Las referencias a esos años no son casualidad. Uno de los candidatos de Larreta en Misiones, Alfredo Schiavoni, promueve un proyecto de ley para desregular la economía. Lo hizo Cavallo en 1991, lo que provocó el derrumbe de una de las economías principales de Misiones al disolver la Comisión Reguladora de la Yerba Mate. El kilo de hoja verde cayó de $0,20 en 1991 a 0,06 pesos convertibles uno a uno. El precio en góndola, en cambio, se mantuvo casi constante. Esos 14 centavos de dólar perdidos por la producción primaria por una cosecha promedio de 700 millones de kilos por 10 años, permite visualizar la enorme transferencia de ingresos de la producción hacia la  industria, comercios e impuestos: casi 1.000 u$s millones en una década. 

Hoy, con una decidida intervención del Gobierno provincial, en línea con el INYM, la yerba está en su mejor momento con el consumo interno más alto de los últimos cinco años y el mejor nivel de exportaciones desde 2020, el año récord. La materia prima se paga por encima de los precios oficiales y el objetivo es insistir en los 60 centavos de dólar. 

Massa no quiere blindaje. Promete volver a sacar al FMI del país. En Tucumán, este sábado, dijo que trabajará para “sacar” al FMI de Argentina al recordar que los dirigentes de Cambiemos fueron quienes llevaron al país “otra vez” a estar bajo la influencia del organismo de crédito global y aseguró que si llega a la jefatura del Estado se pagará “lo que se debe” para “volver a ser soberanos“.

Antes de sellar un nuevo acuerdo –flexible-con el FMI, Massa envió un guiño a las economías regionales en sintonía con lo que venía reclamando Oscar Herrera Ahuad, desde el minuto uno de su gestión: desde el 1 de septiembre se eliminarán las retenciones a las exportaciones del tabaco y la madera, lo que tendrá un enorme impacto en la economía local, que además se beneficiará con un dólar agro a 340 -estaba a 300-. En Misiones el tabaco pagaba 12 por ciento de retenciones y la madera y sus derivados entre 3 y 4,5 por ciento. “Lo que trabajé insistentemente todos estos años, se hizo realidad. Esto es política de Estado y compromiso con lo que vamos sembrando. Seriedad, sin vulgaridad y con firmeza. Mandato misionero cumplido”, celebró Herrera Ahuad. 

El cambio en este país viene por el lado de Massa. Massa es el cambio”, marcó Hugo Passalacqua. “Es el cambio a una mirada verdaderamente federal y de reconstrucción del país de forma integral”, insistió. Justamente lo contrario al enfoque Recoleta. 

Las exportaciones de las economías regionales serán vitales para que ingresen los dólares que la Argentina necesita. Sin embargo, el acuerdo conseguido con el FMI permite desdramatizar el último tramo hacia las elecciones. Massa se garantizó dólares para el repago de la deuda y también poder de fuego para intervenir en el mercado cambiario si se dispara el billete verde. “Voy a ser el presidente que derrote a la inflación y que defenderá el salario”, se envalentonó el candidato presidencial. 

Lo cierto es que hay expectativas de crecimiento que se sustentan en el presente, con un inédito movimiento comercial, las exportaciones que lideran en el NEA y crecimiento del empleo en la construcción y el sector maderero, entre otros puntos. El presupuesto diseñado por Herrera Ahuad tiene un incremento de 173 por ciento, bastante por encima de la inflación estimada y con correcciones del impacto de la suba de precios acumulada entre el año pasado y éste. Es un presupuesto que recupera la senda del crecimiento después de varios “empates técnicos”. Por primera vez superará el billón de pesos -1.281.779.259.000-.

Las áreas sociales se quedarán con el 70% de los recursos y será nuevamente Educación el área con mayor inversión, con más de 328 mil millones. Salud será la segunda área con más recursos, con 285 mil millones y Desarrollo Social contará con 272 mil millones. A la salud, además se deben sumar los recursos para el Instituto de Previsión Social, con 90.513.677.000 pesos y el Parque de la Salud, con 94.843.218.000.  También se destinan 1.597.360.500 pesos al programa Hambre Cero y 40 pesos por habitante para atención primaria de la salud en municipios. 

El desarrollo de la economía, un área clave para la gestión misionera, tendrá 113 mil millones en forma directa -son muchos más a través de distintos organismos- y el apoyo directo a municipios contará con 94 mil millones. La seguridad será fortalecida con más de 98 mil millones, mientras que para Legislación, Justicia y Culto se destinarán 39.731.850,00.

En cambio, cae la proyección destinada a la deuda pública, que representará apenas al 0,30 por ciento del presupuesto, con 3.835.020,00 pesos. Otro contraste con el enfoque Recoleta. Misiones hizo del desendeudamiento una bandera. En esa línea, se prorroga la emergencia económica y financiera y los vencimientos de los bonos CEMIS hasta 2026. Sin embargo, se autoriza al Ejecutivo a tomar créditos por hasta 100 millones de dólares siempre y cuando sean destinados a obras de energía o infraestructura. 

En la proyección de gastos no se incluyen gastos reservados para el Gobernador y se pone énfasis en la promoción de actividades económicas de las empresas start up que apliquen el conocimiento y la digitalización de la información.

La confianza en el crecimiento de la economía tiene también un componente político. Las principales encuestadoras revelan que Massa sería el candidato más votado en las Primarias. El primer tiempo de una elección clave.

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Corralito, default, devaluación y pesificación, las escenas finales del modelo que colapsó en 2001

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(Por Mara Laudonia) El final gobierno de Fernando de la Rúa, aquel 20 de diciembre, marcó el fin de una era económica, signada por la Ley de Convertibilidad y las políticas del Consenso de Washington y el comienzo de una etapa caracterizada por una flotación “administrada” del tipo de cambio combinadas con medidas más heterodoxas.

Pero en la transición al nuevo modelo se desarrolló por medio de una secuencia de medidas económicas que significaron un ola de quiebras y un duro golpe al bolsillo de los cuidadanos, ahorristas, consumidores, inversores y lasa arcas del Estado.

El denominado “corralito” marcó el inicio del fin del gobierno de Fernando de la Rúa, y si bien se diseñó para intentar salvar el modelo de la Convertibilidad (basado en la paridad 1 a 1 del peso con el dólar) frenar la caída de las reservas, y evitar un default, sus efectos ocasionaron todo lo contrario.

El sábado 1 de diciembre, luego del cierre de una semana llena de versiones, corridas bancarias y un clima generalizado de desconfianza en la City porteña, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, anunciaba el congelamiento de los depósitos en dólares existentes en los bancos, que sumaban 16.000 millones de dólares en cajas de ahorro y alrededor de 42.000 millones en plazos fijos.

Con el “corralito” se buscó ponerle un tapón a la fuga de depósitos que había comenzado en octubre de 2000, en medio de la crisis política que generó en la administración de La Alianza con la renuncia del entonces vicepresidente, Carlos ‘Chacho’ Alvarez.

La fuga de divisas pasó por una efímera recuperación gracias al anuncio del “blindaje”, y luego volvió a incrementarse a partir de marzo de 2001, con la renuncia del ministro de Economía, José Luis Machinea.

Con el propósito de aferrarse a su promesa de mantener la convertibilidad y evitar una devaluación, De la Rúa acudió a Cavallo, “el padre de la criatura” y mentor de esa norma que, en 1991, durante la presidencia de Carlos Menem había establecido que, por cada dólar que ingresara a las reservas, se emitiría un peso.

En sus primeros meses de gestión, Cavallo logró un aparente respiro, cuando en junio del 2001 la salida de depósitos se aminoró en función de la reprogramación de la deuda pública conocida como “megacanje”, pero sus beneficios tuvieron un corto alcance.

La ultima corrida comenzó en julio de ese año, y fue tomando velocidad. En agosto, el secretario del Tesodo de EEUU John Taylor, visitó la Argentina “preocupado” por la volatilidad de los depósitos bancarios.

Una vez más, la Argentina acudió al FMI para solicitar una ampliación del acuerdo de “stand by” pero tampoco así se frenó la fuga, como tampoco lo hizo un nuevo canje de deuda en dólares “compulsivo”, por préstamos garantizados bajo ley nacional, a fines de noviembre, para las AFJP y bancos, entre otros. El ultimo manotazo de ahogado resulto entonces el “corralito”, que estableció el 2 de diciembre de 2001, un límite de 250 pesos semanales para el retiro de fondos bancarios.

Hacia fines de ese año, los gobiernos provinciales, escasos de dinero, comenzaron a instaurar las denominadas cuasimonesdas para pagar sueldos y contratos a proveedores.

Eran una especie de bonos, que se usaron como moneda corriente para intercambio de bienes.

Entre 2001 y 2003 se habían emitido cuasimonedas por el equivalente a 2.500 millones de dólares, que fue finalmente el costo del rescate que pagó el Gobierno nacional para terminar con esos instrumentos, de los cuales el más difundido fue el Patacón, emitido por la provincia de Buenos Aires.

Cuando el puntano Adolfo Rodríguez Saá fue designado presidente (cargo en el que permaneció durante ocho días), el 23 de diciembre por la Asamblea Legislativa, se declaró la cesación de pagos de la deuda externa y, de esta forma, el país ingresó al default.

Se suspendieron los pagos de una deuda que alcanzaba los U$S 144.453 millones que alcanzaba por entonces la deuda pública argentina.

La medida afectó inicialmente a U$S 61.803 millones en bonos y títulos públicos bajo legislación extranjera, y a otros U$S 8.030 millones de otras obligaciones.

En cambio, se mantuvieron los pagos con organismos multilaterales -U$S 32.400 millones- y los recientemente emitidos préstamos garantizados U$S 42.260 millones emitidos a bancos en el país y AFJP locales.

El 3 de enero de 2002, bajo el gobierno de Eduardo Duhalde, quien resultó el quinto presidente en menos de 15 días, se anunció que “la devaluación estaba descontada”, y el encargado de implementarla fue el entonces ministro de Economía, Remes Lenicov.

Duhalde confirmó la devaluación apenas un día después de haber pronunciado su memorable frase en su discurso de asunción ante la Asamblea Legislativa: “El que depositó dólares recibirá dólares”.

En todos los rubros de la economía, las estadísticas mostraban un rojo de dos dígitos: pobreza llegaba al 36 por ciento y el desempleo a un 18,3 por ciento.

En tanto, las reservas del Banco Central eran de 9 mil millones de dólares, regían 14 tipos de cuasimonedas (el 65 por ciento del dinero circulante) y los bancos se encontraban “destruidos”, según reconocía el propio Remes Lenicov.

El 6 de enero de 2002 se derogó la Ley de la Convertibilidad, que había estado en vigencia desde 27 de marzo de 1991.

En febrero de 2002, el Gobierno de Duhalde decidió convertir compulsivamente a pesos los depósitos bancarios en moneda extranjera, a una tasa de $1,4 por dólar.

Adicionalmente, se instauró el denominado “corralón”, por el cual los depósitos a plazo constituidos hasta fines de 2001, incluyendo los pesificados y los originalmente pactados en pesos, fueron transformados en depósitos de plazo extendido, con vencimientos parciales que llegaban hasta 2005, lo que desató una ola de protestas ante las Justicia.

Asomó así una nueva economía, que tardó tiempo en ordenarse, y que le costó una deuda adicional al Estado argentino de casi 30.000 millones de dólares, en entre 2002 y 2005.

Paradójicamente en este tiempo, el FMI pasó de ser prestamista de última instancia a cobrador de primera instancia.

En abril el 2002 tomaba la posta en Economía, Roberto Lavagna, quien negoció con el organismo un nuevo acuerdo bajo la presidencia de Néstor Kirchner y concretó tres años después la primera reestructuración de la deuda en default.

El nuevo modelo económico basado en la flotación administrada, comenzó a dar frutos a partir de 2003, cuando se logró, por un lado, algo inédito en la historia argentina reciente: el pago total de la deuda con el FMI, concretado a fines del 2005 por iniciativa de Kirchner.

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Blindaje 2, la venganza

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Cuando en el mundo se habla de lo particular de países como Japón o la Argentina, lamentablemente el nuestro es un caso desde la óptica negativa en relación al de nuestros amigos nipones. Es que en la conferencia de prensa de ayer para anunciar el mega acuerdo histórico con el Fondo Monetario Internacional, estuvieron presentes y como protagonistas excluyentes, las dos personas a las cuales los medios prácticamente daban por sentado que serían eyectados de sus sillas a más tardar para abril, inclusive los nombres de reemplazo eran vox populi.
En fin, el anuncio, no tardó en llegar y serán USD 56.650 millones que financia todo el programa 2018/2019, de los cuales USD 50.000 millones serán del FMI mediante un stand-by a devolver en 3 años con una tasa variable que rondará entre 1,96% y 4,96%. Veremos cuántos millones se desembolsan porque la tasa de interés es 1,96% anual si pedís menos de USD 8.500 millones, 4% si es más, 4,96% si es más que eso y por más de 3 años. El 30%, o sea los primeros USD 15.000 millones serán desembolsados el próximo
20 de junio coincidiendo con el vencimiento de lebacs de esa semana, todo esto descartando que la reunión del directorio del fondo apruebe oficialmente el préstamo ese lunes anterior donde en Argentina será feriado. Además cerró acuerdo con el BID, el BM y el CAF por USD 5.650 millones.
Del acuerdo y la conferencia de prensa, podemos rescatar varios ítems muy interesantes a analizar:
 El primero, lo político ya que sin dudas la Argentina ha recibido un tremendo apoyo internacional logrando en cuestión de días nada menos que 11 veces lo que suele ser un acuerdo normal del FMI. El interés del mundo en que la gestión de Macri continúe en 2019 es fuerte y claro, sobre todo cuando parecía que el mundo le comenzaba a dar la espalda.
 Siguiendo en lo político, pero ya en lo doméstico, y a poco más de 5 meses de ser prácticamente intervenido en su BCRA, y en lo que seguramente fue uno de los grandes detonantes de la presente crisis cambiaria, Federico Sturzenegger logra un relanzamiento de su gestión inclusive con mayor poder de decisión de aquí a futuro, algo que el fondo va a solicitar y que será parte del proyecto de ley que le otorgará al Banco Central mayor autonomía.
 Relacionado a lo anterior pero en lo monetario, es clave el hecho de que el BCRA ya no podrá asistir más al tesoro mediante adelantos transitorios, lo cual básicamente se traduce en que no se podrá monetizar más el déficit o como a muchos les gusta decir, el fin de la maquinita. Esto sin dudas es positivo en cuanto a que si se reducen los agregados monetarios (emisión), la inflación va a tender a bajar mucho más rápido que hoy donde con déficit, el único instrumento es la tasa de interés y claramente no alcanza. En resumen, el FMI exigirá apagar los tres motores de creación de dinero: 1) asistir al fisco, 2) comprar dólares, 3) los intereses de las Lebacs x contener 1 y 2. Y en base a esto último, se conoce que los USD 15.000 millones del primer desembolso irán directo al tesoro para que estos sean entregados al BCRA a fin de que el Gobierno recompre unos USD 25.000 millones de Letras Intransferibles en los próximos 3 años, que servirán para ir reduciendo el stock de Lebacs. Sin dudas, era urgente comenzar a desarmarlo.
 En materia inflacionaria, se decretó oficialmente la muerte de la meta del 15% para 2018 al tiempo que directamente esperan una inflación de hoy a un año del 21% y para este año solo se espera que sea como 2017. Mientras que los objetivos para los próximos 3 años son 17%, 13% y 9%.
 En lo fiscal, el déficit primario (antes de intereses) correrá a una velocidad muy superior esperando que cierre el 2018 en -2,7% del PBI, pero para 2019 se reducirá a -1,3% (frente al -2,2% inicial), para llegar a la convergencia fiscal en 2020 (-1,2% que era el objetivo inicial) y la idea es llegar al superávit en 2021. Ese -1,3% del PBI para 2019 es factible gracias el esquema de las PPP que permite cambiar obra que hacía el gobierno, ahora la realizarán los privados, además del programa de reducción de subsidios original. El acuerdo ya incluye en qué se va a gastar menos, por grandes conceptos: obra pública, subsidios, salarios públicos y transferencias a Provincias, y también que no baje el gasto en jubilaciones y planes sociales, sino que aumente en caso de que la  situación socioeconómica empeore más de lo previsto.
Lo mencionado más arriba es lo que ya se conoce. La tijera fiscal, recortará un poco menos de $500.000 millones. Sin embargo, también surgen las incertidumbres que no han sido tan aclaradas:
 Quizás la más importante ¿Cómo impactarán los efectos de este acuerdo sobre la economía real? Y sobre todo, como afectará a las provincias. Si bien es cierto que las mismas se encuentran hoy en una posición mucho mejor (al menos varias de ellas) a otras épocas, el recorte levanta preocupaciones lógicas. Es que el escenario para 2018 es negro para hogares, pymes y negocios de barrio en general: salarios que crecen mucho menos que la inflación, contracción/recesión económica, deterioro de situación laboral. El Gobierno apuesta a retomar el sendero para 2019 y ya da 2018 por perdido. Eso también implica que en 2018 van a hacer todos los ajustes que necesiten: por ejemplo, más aumentos de tarifas que los previstos hasta acá. ¿Por qué? Para que la meta de inflación 2019 no sea tan difícil de cumplir, y para llegar a elecciones con alguna mejora.
 Ahora bien, si el fondo pedirá mayor libertad en el tipo de cambio, ¿Qué pasará hoy cuando en la mesa de cambios se retire la oferta actual de USD 5.000 millones a $25? ¿Es de esperarse un dólar más tranquilo en lo sucesivo o lo dejarán flotar a niveles que dicte el mercado? Sobre todo teniendo en cuenta que 2018 en materia de inflación ya está perdido. Y ahí todo parece indicar que el muro puesto hasta hoy será en principio vulnerado pero de ser necesario habrá intervención.
 Por último no queda claro, como sucede con la inflación 2018, cual es el objetivo de crecimiento para este año el cual se esperaba en 3% pero ciertamente con la contracción que se viene más la sequía que dilapido el segundo trimestre, es de esperarse en el corto plazo un escenario de estanflación o sea bajo crecimiento o recesión con alta inflación.
La vuelta al fondo es un hecho, también lo es que hemos perdido tiempo en hacer lo mismo que hoy nos pide el fondo. Sin embargo, hoy un ajuste será recesivo mientras que en diciembre de 2015, haberlo hecho hubiera sido expansivo. ¿Por qué? Porque en ese entonces la caída de la actividad realmente se hubiera más que compensado con un shock real de inversiones. Hoy eso no va a suceder, tenemos caída de la demanda de dinero, déficit, inflación, devaluación, deuda y presión impositiva record. En conclusión, el ajuste será doloroso y probablemente nos lleve a una estanflación. De todas formas, el ajuste lo tenías que hacer solo que hoy tenemos a quien culpar. Pero el fondo no tiene la culpa, nosotros lo llamamos y menos mal que atendieron el teléfono…

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