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Si la frase la hubiera dicho el gobernador de Misiones o Gildo Insfrán en Formosa, habría pasado por un nuevo lamento de los “caciques” del interior, siempre desdeñados, pero que desde el Norte Grande hace un tiempo vienen levantando la voz. Pero fue el electo gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, el que se quejó de los “pituquitos de Recoleta”. Aunque la diatriba apuntó directamente a los dirigentes de Cambiemos que habían aterrizado en la capital cordobesa para celebrar un triunfo que nuevamente les fue esquivo, bien vale para todos los colores políticos. “Basta de que nos maltraten de afuera, basta de que nos digan qué hacer los pituquitos de Recoleta. Que este ejemplo sea tomado por el interior de nuestra Patria, este es el grito de Córdoba”, disparó Llaryora, como un empoderado Andrés Guacurarí o un Güemes rebelde.

En la misma ciudad pero en escenarios distintos, los rostros de la derrota, pintados en Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta parecían recibir de lleno el mensaje. Ambos habían llegado a Córdoba con la ilusión de repetir el escenario santafesino y anotarse una victoria previa a las PASO. Pero Córdoba nuevamente les dio la espalda, como antes en las elecciones provinciales.

Con Rodrigo De Loredo, Cambiemos repite un patrón: una campaña calcada, consignas que se copian y pegan y que sirven en cualquier destino y, sobre todo, experiencia en ajustar. El radical cordobés fue presidente de Arsat, durante la gestión de Macri y se lo recuerda por la ola de despidos y la cancelación de los programas y la fabricación del satélite Arsat 3. Después de hacer los deberes, tuvo que renunciar ya que su suegro Óscar Aguad, era el ministro de Comunicaciones. 

Lo de consignas calcadas no es un eufemismo. Durante la campaña De Loredo reclamó el traspaso de diez mil policías de Córdoba a la capital, obviamente con presupuesto e infraestructura a cargo de la provincia, como hizo Macri con Larreta. Como Macri, también repartió culpas por su derrota que atribuyó a “una brutal y peligrosa campaña negativa orquestada por los candidatos del Gobierno” y dejó entrever que eso lo hizo rever sus intenciones de continuar en la política. 

“Estas campañas negativas son un problema gravísimo y llegaron para quedarse. Este es uno de los puntos que más me pesa y me hace replantear la energía y lo que uno está dispuesto a exponer en esta actividad”, se desentendió

Por el contrario, el gobernador electo de Córdoba, Martín Llaryora, marcó que “las elecciones se ganan hablando con la gente, no paseándose por los medios de la Capital Federal donde nos agreden, en donde nos mienten. Por eso yo no me callo, no lo tengo miedo a nada, solo le tengo miedo a quedar mal y no defender a los cordobeses”, sentenció el actual intendente de la capital cordobesa. Aunque el actual intendente de Córdoba sucederá a Schiaretti, un candidato del peronismo ortodoxo, los primeros pasos de la carrera política de Llaryora se dieron de la mano de Néstor Kirchner. 

El ministro de Economía y precandidato presidencial de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa, fue uno de los primeros en interpretar el resultado de Córdoba, pese a que el peronismo local no se identifica con el Gobierno nacional. Coincidió con Llaryora e que “la elección en Córdoba Capital la ganaron militando”, al opinar sobre el triunfo de Daniel Passerini, y planteó que el resultado “es un mensaje” al que debe prestarle atención la militancia del peronismo de todo el país.

“En Córdoba, en una elección de la que decían que (el peronismo cordobés) estaba 14 puntos atrás, la ganaron porque salieron de los escritorios, fueron a abrazar a los vecinos, fueron a buscar a la gente y asumieron los errores”, remarcó Massa.

“Nosotros tenemos que ir a abrazar a los nuestros, pedirles perdón por nuestros errores y decirles que vengan en agosto (por las primarias), no en octubre; vengan en agosto porque el partido se empieza a jugar en agosto”, subrayó, y con código futbolero agregó: “No es que este es un amistoso y después viene el de verdad”.

El grito de Córdoba no es otro que el grito de Misiones, el de Formosa o de cualquier otra provincia. El país central toma por asalto a las provincias en una batalla desigual en la que además, trasladan culpas y amenazan con castigar con las remanidas y poco creativas promesas de ajuste. Es una discusión latente. No atrasa 150 años, como intentó minimizar Larreta, sino que es un dilema nunca resuelto. “La política está plagada de boludos como este”, retrucó Nicolás Caputo, el hermano del alma de Mauricio Macri. 

En la Argentina es más fácil acusar a los “caciques” del interior, a pesar de que el poder central es el que dilapida recursos y años en una agonía eterna de la que nadie se hace del todo responsable. Pero las crisis no se inician por casualidad. 

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Al Fondo Monetario Internacional, al que se le debe la vida y un par de riñones, no se volvió por una responsabilidad abstracta ni compartida. Esa decisión tiene nombre y apellido: Mauricio Macri. Que lo nieguen como Judas no invalida los hechos. Ni el legado. 

Basta escuchar a Patricia Bullrich plantear exactamente lo mismo que Macri y… que Fernando De la Rúa, el fugaz presidente de la otra alianza: la candidata del ala dura de Cambiemos insiste con “levantar el cepo lo más rápido posible” y conseguir un nuevo “blindaje” del FMI. 

“Nuestro objetivo es que, bajo un nuevo acuerdo con el FMI, podamos blindarnos. Vamos a terminar con el cepo y abrirlo lo antes posible”, prometió. 

“El blindaje” al que aludió Bullrich remite al acuerdo que suscribió el 28 de enero 2000 la administración de Fernando De la Rúa -de quien ella fue ministra de Trabajo- con el FMI para obtener un desembolso de 7.400 millones de dólares, y aún con ese préstamo, no se logró contener la fuga de capitales y la crisis que desembocó en el estallido social de diciembre de 2001.

Un programa económico que se basa únicamente en la idea de pedir más deuda. “Un sólo dólar y un colchón de dólares que nos permita manejar el peso”, promete Bullrich. 

¿Eso están negociando? ¿Quién nos va a dar dólares?, le preguntaron en el diario La Nación.

“Creemos que con un plan serio como el que estamos planteando, con horizonte de largo plazo, con ley de protección de inversiones, simplificación normativa, horizonte impositivo razonable, con reforma laboral como estamos planteando, vamos a obtener dólares del Fondo Monetario”. Del Fondo Monetario. Otra vez. Pura creatividad.  

Hasta Rodríguez Larreta tomó distancia. “El blindaje fue algo que hizo De la Rúa y no lo vamos a repetir. Miremos la historia argentina, estudiemos. ¿Cómo terminó ese Gobierno después de ese préstamo? ¿Así vamos a arrancar un Gobierno?, señaló Larreta. “A Favaloro le fue peor“, le respondió con el buen gusto de siempre el halcón Fernando Iglesias, uno de los laderos de Bullrich. En 2000 René Favaloro se suicidó agobiado por la crítica situación financiera de su Fundación y la imposibilidad de cobrar las deudas de distintos organismos, entre los que se encontraba el PAMI en el que Larreta era interventor. 

Para alquilar balcones está la interna de los herederos de De la Rúa y Macri. 

Larreta estuvo unas horas en Posadas el viernes. Se sacó fotos con los candidatos y trató de evitar polémicas con su rival. Al rato, ya en Ituzaingó, en Corrientes, prometió “el manejo de Yacyretá para los correntinos”. 

Pero aunque quiere eludir las polémicas, Larreta también se alimenta de viejas recetas: en su breve y custodiada visita de campaña a Misiones, prometió “déficit cero” en el primer año y “dejar de emitir”. 

La ley de Déficit Cero fue una de las últimas medidas de Domingo Cavallo en 2001 antes de la caída de la otra alianza. Implicó un enorme ajuste en Nación y provincias, que anuló cualquier posibilidad de reactivación de la economía que se ahogaba a cada minuto. Era una de las exigencias del FMI. Bullrich estaba en ese entonces a cargo del Ministerio de Trabajo. Con esa ley se le recortó en un 13% el salario a empleados públicos (incluidos docentes y trabajadores de la salud), jubilaciones y pensiones. 

Las referencias a esos años no son casualidad. Uno de los candidatos de Larreta en Misiones, Alfredo Schiavoni, promueve un proyecto de ley para desregular la economía. Lo hizo Cavallo en 1991, lo que provocó el derrumbe de una de las economías principales de Misiones al disolver la Comisión Reguladora de la Yerba Mate. El kilo de hoja verde cayó de $0,20 en 1991 a 0,06 pesos convertibles uno a uno. El precio en góndola, en cambio, se mantuvo casi constante. Esos 14 centavos de dólar perdidos por la producción primaria por una cosecha promedio de 700 millones de kilos por 10 años, permite visualizar la enorme transferencia de ingresos de la producción hacia la  industria, comercios e impuestos: casi 1.000 u$s millones en una década. 

Hoy, con una decidida intervención del Gobierno provincial, en línea con el INYM, la yerba está en su mejor momento con el consumo interno más alto de los últimos cinco años y el mejor nivel de exportaciones desde 2020, el año récord. La materia prima se paga por encima de los precios oficiales y el objetivo es insistir en los 60 centavos de dólar. 

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Massa no quiere blindaje. Promete volver a sacar al FMI del país. En Tucumán, este sábado, dijo que trabajará para “sacar” al FMI de Argentina al recordar que los dirigentes de Cambiemos fueron quienes llevaron al país “otra vez” a estar bajo la influencia del organismo de crédito global y aseguró que si llega a la jefatura del Estado se pagará “lo que se debe” para “volver a ser soberanos“.

Antes de sellar un nuevo acuerdo –flexible-con el FMI, Massa envió un guiño a las economías regionales en sintonía con lo que venía reclamando Oscar Herrera Ahuad, desde el minuto uno de su gestión: desde el 1 de septiembre se eliminarán las retenciones a las exportaciones del tabaco y la madera, lo que tendrá un enorme impacto en la economía local, que además se beneficiará con un dólar agro a 340 -estaba a 300-. En Misiones el tabaco pagaba 12 por ciento de retenciones y la madera y sus derivados entre 3 y 4,5 por ciento. “Lo que trabajé insistentemente todos estos años, se hizo realidad. Esto es política de Estado y compromiso con lo que vamos sembrando. Seriedad, sin vulgaridad y con firmeza. Mandato misionero cumplido”, celebró Herrera Ahuad. 

El cambio en este país viene por el lado de Massa. Massa es el cambio”, marcó Hugo Passalacqua. “Es el cambio a una mirada verdaderamente federal y de reconstrucción del país de forma integral”, insistió. Justamente lo contrario al enfoque Recoleta. 

Las exportaciones de las economías regionales serán vitales para que ingresen los dólares que la Argentina necesita. Sin embargo, el acuerdo conseguido con el FMI permite desdramatizar el último tramo hacia las elecciones. Massa se garantizó dólares para el repago de la deuda y también poder de fuego para intervenir en el mercado cambiario si se dispara el billete verde. “Voy a ser el presidente que derrote a la inflación y que defenderá el salario”, se envalentonó el candidato presidencial. 

Lo cierto es que hay expectativas de crecimiento que se sustentan en el presente, con un inédito movimiento comercial, las exportaciones que lideran en el NEA y crecimiento del empleo en la construcción y el sector maderero, entre otros puntos. El presupuesto diseñado por Herrera Ahuad tiene un incremento de 173 por ciento, bastante por encima de la inflación estimada y con correcciones del impacto de la suba de precios acumulada entre el año pasado y éste. Es un presupuesto que recupera la senda del crecimiento después de varios “empates técnicos”. Por primera vez superará el billón de pesos -1.281.779.259.000-.

Las áreas sociales se quedarán con el 70% de los recursos y será nuevamente Educación el área con mayor inversión, con más de 328 mil millones. Salud será la segunda área con más recursos, con 285 mil millones y Desarrollo Social contará con 272 mil millones. A la salud, además se deben sumar los recursos para el Instituto de Previsión Social, con 90.513.677.000 pesos y el Parque de la Salud, con 94.843.218.000.  También se destinan 1.597.360.500 pesos al programa Hambre Cero y 40 pesos por habitante para atención primaria de la salud en municipios. 

El desarrollo de la economía, un área clave para la gestión misionera, tendrá 113 mil millones en forma directa -son muchos más a través de distintos organismos- y el apoyo directo a municipios contará con 94 mil millones. La seguridad será fortalecida con más de 98 mil millones, mientras que para Legislación, Justicia y Culto se destinarán 39.731.850,00.

En cambio, cae la proyección destinada a la deuda pública, que representará apenas al 0,30 por ciento del presupuesto, con 3.835.020,00 pesos. Otro contraste con el enfoque Recoleta. Misiones hizo del desendeudamiento una bandera. En esa línea, se prorroga la emergencia económica y financiera y los vencimientos de los bonos CEMIS hasta 2026. Sin embargo, se autoriza al Ejecutivo a tomar créditos por hasta 100 millones de dólares siempre y cuando sean destinados a obras de energía o infraestructura. 

En la proyección de gastos no se incluyen gastos reservados para el Gobernador y se pone énfasis en la promoción de actividades económicas de las empresas start up que apliquen el conocimiento y la digitalización de la información.

La confianza en el crecimiento de la economía tiene también un componente político. Las principales encuestadoras revelan que Massa sería el candidato más votado en las Primarias. El primer tiempo de una elección clave.

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