Bolivia

Cambios políticos en Argentina y la región

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Desde la consultora Analytica realizaron el siguiente informe político especial:

Argentina está a las puertas de un cambio político significativo: vuelve el peronismo. Pero vuelve con restricciones políticas no previstas. Ese cambio, a su vez, se da en un entorno internacional particular: en el mes de octubre, la región sudamericana se vio afectada por una ola de turbulencia e inestabilidad. Todas estas condiciones políticas pueden tener impacto sobre el perfil del gobierno electo.

  1. Las elecciones del 27 de octubre en Argentina

El domingo hubo elecciones presidenciales, legislativas (50% de Diputados, 33% del Senado) y provinciales en algunos distritos, incluidas la provincia de Buenos Aires y la Ciudad homónima. La mayoría de las provincias ya habían adelantado sus elecciones de gobernador, con un saldo favorable a los candidatos del justicialismo. Tras las PASO del 11 de agosto que habían arrojado un resultado muy favorable para la fórmula Fernández – Fernández -47,8% a 31,8%- se esperaba una diferencia mayor. No fue tan así: de acuerdo con el escrutinio provisional Fernández obtuvo casi la misma cantidad de votos que en agosto -12,5 millones, 48,1%- mientras que Macri sumó más de 2 millones de votos -10,5 millones, 40,4%. Este aumento en el caudal electoral de Macri no hace al triunfo de Fernández menos contundente.

El Frente de Todos gana con casi la mitad de los votos y en 18 de 24 provincias; y va a tener dentro de su color político a la gran mayoría de los gobernadores (incluyendo las provincias de Buenos Aires y Santa Fe), mayoría absoluta en la Cámara de Senadores y la primera minoría (con capacidad de alianzas con las fuerzas provinciales) en la Cámara de Diputados. La meritoria remontada electoral de Macri no cambia el hecho de que Alberto Fernández tendrá en sus manos los resortes de la gobernabilidad. Su desafío no será la posibilidad de una obstrucción opositora -probabilidad baja- sino mantener unidad y liderazgo dentro de su propia coalición. Hay dos sectores internos que pueden tener disensos programáticos o intereses distintos a los del presidente electo: los gobernadores provinciales y el kirchnerismo liderado por la Vicepresidenta electa, Cristina Fernández. En una primera etapa luce poco probable que haya cortocircuitos, ya que todos están en el mismo barco y enfrentando juntos una situación financiera crítica. El futuro puede ser otra cosa.

Fuente: en base a www.resultados.gob.ar, escrutinio provisorio, 97,1% de mesas computadas

Lo que sí cambia el 40,4% logrado por Macri es el formato del acuerdo político y social que se propone el presidente electo, y las expectativas sobre la duración del gobierno de Fernández. Las PASO dejaron la sensación de un Cambiemos destruido y un emergente peronista hegemónico como en 2007; ahora, el mercado y el electorado creen que si Alberto Fernández no satisface las expectativas, Cambiemos podría volver en 2023. El no-peronismo demostró su fuerza electoral y Macri puede aspirar a ser el jefe de la nueva oposición. De hecho, si bien hay segundas líneas en gobiernos locales (Rodríguez Larreta, Vidal, los radicales mendocinos) el que logró la adhesión de los votantes fue Macri.

En lo inmediato, ahora el presidente electo deberá repensar el pacto político. La sucesión de un gobierno a otro será coordinada, y la convocatoria a un gran acuerdo dirigencial será una de las herramientas iniciales de Alberto Fernández para enfrentar a partir del 10 de diciembre un duro primer año de gobierno. Con el resultado de las PASO, la convocatoria a la “unidad nacional” lucía más sencilla: sentándose en una mesa con Lavagna, los gobernadores de todos los colores partidarios y algunos radicales ya había una foto del conjunto de la política. Con un Macri políticamente vivo, en cambio, la foto sin él no está completa. Pero Fernández pensaba en culpar a Macri de la crisis económica (de la “pesada herencia” a la “tierra arrasada”) y no en sumarlo a la mesa del consenso nacional. Probablemente Fernández ahora intente conformar un gabinete nacional más diverso y plural, y crear un consejo económico y social inspirado en la idea de Lavagna. No va a renunciar al método de la concertación política, aunque sus alcances tal vez terminen siendo un poco más módicos.

  1. Cambio político en un entorno de cambios

El cambio político en Argentina es parte de un entorno regional de cambios. En Uruguay y allí los partidos conservadores se encuentran más cerca de volver al poder, tras 15 años de gobiernos del Frente Amplio. Argentina tiene por primera vez desde los años 70 un panorama incierto sobre sus relaciones bilaterales con Brasil, su socio estratégico principal. Y la mayoría de los países sudamericanos -Chile, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela- atraviesa turbulencias internas de diferente tipo.

-En Uruguay hubo elecciones el mismo día que en Argentina, el 27 de octubre, y todo indica que el Frente Amplio está a las puertas de perder el poder tras tres períodos consecutivos (Vázquez – Mujica – Vázquez). Daniel Martínez, el candidato del Frente, obtuvo 37,2% contra el 32,2% de Luis Lacalle Pou (Partido Nacional, centroderecha). Solo 5 puntos de ventaja y van al ballotage en noviembre. El problema de Martínez es que las otras dos fuerzas relevantes de la elección del 27 ya declararon su apoyo a Lacalle y tienen un acuerdo para formar un gobierno de coalición. Ernesto Talvi, del Partido Colorado (centroderecha) logró 13,9% y el general Guido Manini Rios (Cabildo Abierto, derecha nacionalista) obtuvo el 11,8%. Martínez deberá enfrentar un difícil ballotage ya que las otras tres fuerzas sumadas superan el 50%, y el acuerdo anunciado seguramente tendrá impacto.

-En Brasil se plantea el interrogante acerca de cómo coexistirán Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. Al comienzo de la campaña el presidente brasileño apoyó abiertamente a Macri y declaró que en caso de una victoria del Frente de Todos podría revisar la relación con Argentina y el MERCOSUR. Luego se moderó y dijo que ningún resultado afectaría las relaciones. Pero recientemente volvió a la carga, con declaraciones muy duras en contra del presidente electo. Los Fernández, Alberto y Cristina, apoyan a Lula y piden su liberación de la cárcel; Lula es el principal adversario de Bolsonaro. El presidente brasileño habló de la posibilidad de excluir a Argentina del MERCOSUR, algo que no tiene sentido jurídico. Sin embargo, no hay que subestimar la gravedad de la situación potencial, ya que Brasil es el principal aliado comercial de la Argentina y un presidente brasileño podría producir daños. El otrora país coordinador del ciclo político regional renunció a ocupar ese rol.

Asimismo, la región se está viendo sacudida, al igual que otras partes del mundo, por manifestaciones y protestas sociales violentas. No pareciera haber un hilo conductor ideológico: los insatisfechos con el aumento del transporte en Chile, los indigenistas en Ecuador, el antichavismo venezolano y la derecha boliviana no tienen ni coordinación ni elementos en común. El único elemento transversal pareciera ser la disminución del ingreso y la frustración de las expectativas económicas. Los aumentos en el transporte o las tarifas han sido detonantes clásicos de las protestas sociales en la historia de América Latina; sobre todo, de las manifestaciones callejeras desorganizadas. La hipótesis de que esto podía tener algún tipo de origen coordinado en el exterior (Venezuela, por ejemplo) no muestra evidencia ni demasiada lógica.

-En Chile, modelo de estabilidad política, económica y social, con amplias alianzas internacionales, las manifestaciones sociales y protestas -tanto de carácter violento como pacífico- se originaron con el alza del precio del pasaje de subterráneo (Metrovías) en Santiago. Luego se extendieron a otros puntos del vecino país, abriéndose a otro tipo de demandas. Piñera, a modo de respuesta, habló de “guerra” y declaró el “estado de emergencia” primero en Santiago y a partir del domingo 20 de octubre en la mayor parte del país, habilitando la intervención de las Fuerzas Armadas para mantener el orden público, designando a un jefe militar -el general Javier Iturriaga- el frente del operativo. Fue la primera vez que sucede algo de estas características desde la democratización de 1990. El “estado de emergencia” es una herramienta de la “Ley Orgánica Constitucional de Estados de Excepción” (Nº 18.415), introducida por la Constitución de 1980 y nunca derogada (ni utilizada). La izquierda política se opuso y denunció atropellos y represión; Bachelet terminó convocando a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a las Naciones Unidas, ya que se produjeron alrededor de 18 muertes durante los incidentes. Piñera terminó retrocediendo en la medida del aumento del metro y el estado de emergencia, y anunció medidas sociales compensatorias. Las protestas no son algo nuevo en Chile: las protestas estudiantiles y en contra del sistema privado de pensiones AFP ya habían sido sufridas tanto por Bachelet como por Piñera en su primer gobierno. Lo nuevo aquí fue la intensidad.

-En Ecuador el presidente Lenin Moreno anunció a principios de octubre una serie de medidas de ajuste del gasto público en dicho país, en el contexto de las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional tras el crédito vigente. Entre las medidas que más impacto causó se cuenta la eliminación del subsidio a los combustibles, que derivó en un aumento del transporte público y los productos básicos. Las protestas escalaron cuando los movimientos indígenas nucleados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador tomó partido. La intensidad de las manifestaciones y protestas, que incluyeron violencia, vandalismo saqueos y ataques a medios de comunicación –al igual que en Chile- y la toma de la sede del parlamento en Quito, generaron como respuesta, por parte del gobierno de Moreno, la declaración el 3 de octubre del “estado de excepción” a nivel nacional aplicable por 60 días. El 8 de octubre se sumó un toque de queda en la capital, Quito (Decreto Ejecutivo Nº 888), lugares aledaños y ubicaciones estratégicas, junto al cambio de sede de los poderes públicos a la ciudad de Guayaquil. La Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador decidió decretar también el Estado de Excepción para los territorios indígenas del país “ante la brutalidad y la falta de conciencia de la fuerza pública”. El 9 de octubre se suspendió la exportación de petróleo, ya que un centenar de pozos y el transporte del crudo (68% de la producción) habían sido afectados por las protestas; recién el pasado 20 de octubre se normalizó el comercio.

-En Bolivia el pasado domingo 20 de octubre se realizaron las elecciones presidenciales, con Evo Morales buscando su tercera reelección y siendo el candidato de la oposición el ex presidente Carlos Mesa Gisbert. Los resultados preliminares dieron a Morales ganador en primera vuelta, generando expresiones de protesta por parte de una oposición que denuncia fraude. Las protestas en las calles no han cesado. La Organización de Estados Americanos, observadora de las elecciones, apoya las denuncias de la oposición. El escrutinio definitivo decretó la victoria de Morales.

  1. FODA del nuevo gobierno argentino

Los procesos políticos de América del Sur dan cuenta de una diversidad. Los análisis se han acostumbrado a dar cuentas de oleadas regionales y denominadores comunes ideológicos. Sin embargo, no hay demasiadas conclusiones que extraer al respecto. La política sufre en todas partes. Los gobiernos conservadores de Perú, Chile y Ecuador sufren crisis sociales y políticas, los presidentes socialistas de Bolivia y Venezuela enfrentan crisis institucionales, y en Argentina y Uruguay pierden los oficialismos de diferente color ideológico. El MERCOSUR, la iniciativa regionalista más estable de la región, enfrenta su mayor crisis potencial. Lo único en común en todos estas turbulencias simultáneas es que los países afectados enfrentan coyunturas socioeconómicas adversas que ponen presión sobre sus gobiernos. La variable económica sigue dominando.

En Argentina, el norte de Alberto Fernández será construir un peronismo de centro. Tal como dijo en el debate del 20 de octubre, un mix de recetas heterodoxas y ortodoxas. No va a romper con el kirchnerismo ni la propia coalición, ni buscará aliados por fuera como Menem. Su ministro de economía será la persona más moderada que encuentre dentro del conjunto de economistas que el Frente de Todos esté dispuesto a aceptar. Se propone estabilizar la macro y complementar con medidas más heterodoxas para incentivar la actividad. El kirchnerismo no va a interferir demasiado con la gestión de Alberto Fernández, ni pedirá muchos ministerios: Cristina lo puso ahí para que asuma el timonel de la crisis. Aunque ella se reserve la facultad de vetar nombres y los lugares del futuro, el presente es de Alberto Fernández.

La turbulencia política regional representa límites y oportunidades para Alberto Fernández. El límite es la alarma de la vulnerabilidad social: las violentas protestas en Chile y Ecuador como reacción a medidas de ajuste son un límite. Fernández no tiene vocación de ajustar, ya que su coalición va en sentido contrario, y además el contexto le advierte sobre ello. Cuando el FMI pida austeridad, Alberto Fernández va a utilizar a Chile y Ecuador como escudos. Hoy la política -kirchnerismo incluido- giró al centro pero las demandas sociales están ahí.

La oportunidad es el modelo político. En una región turbulenta y extravagante, que carece de liderazgo regional y cuyos gobiernos lucen inestables, un presidente de centroizquierda moderada al frente de una coalición sustentable y con metodología de pacto puede convertirse en un faro de razonabilidad política. Eso puede convertirse en un activo para un presidente que juega con cartas malas en el frente económico.

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¿La revuelta de Chile puede ser la chispa de América Latina?

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El 2019 está culminando con un clima de inestabilidad en América Latina. Protestas en Ecuador, Bolivia y Chile; inestabilidad política en Perú y una fuerte crisis económica en Argentina, agravada por la incertidumbre que generan las elecciones presidenciales. 

Sin dudas, hay grandes diferencias entre estos países, tanto en su economía como en las estructuras sociales, cultura, recursos naturales y territorio. Sin embargo, es posible encontrar ciertos paralelismos en cada una de las circunstancias por las que atraviesan. 

Muchos podrían pensar que estos episodios de protestas y descontento popular podrían deberse a algún tipo de conspiración o que se encuentran impulsadas a partir de grupos con diferentes ideologías políticas. 

Sin embargo, las crisis tienen su nacimiento razones más profundas; en esos problemas estructurales que se definieron a partir de la historia y que a pesar del paso de los años no se han podido solucionar

  1. La desigualdad social

La desigualdad es una característica histórica y estructural de las sociedades latinoamericanas. Aunque en los últimos años hubo muchos avances para corregir estas desigualdades a través de un gasto social que permite la redistribución de los ingresos, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo.

Tal vez usted se pregunte: si la desigualdad es un problema que existió siempre ¿por qué es un factor determinante en las crisis actuales? La respuesta tiene que ver con el panorama económico actual: desde el año 2015, debido a un enfriamiento de la economía global y la baja en los precios de los productos primarios (granos, minerales y todos aquellos productos que tengan que ver con extracción de recursos naturales) en los mercados internacionales, las economías de los países latinoamericanos están creciendo menos. Al crecer menos, comienza a subir el desempleo y la pobreza. A su vez, los países tienen déficit fiscales elevados casi inmanejables, que no les permiten incrementar el gasto para hacer frente a las demandas sociales.

En el siguiente gráfico se puede apreciar cómo comenzaron a aumentar la pobreza y la pobreza extrema en la región a partir de 2015, lo cual da cuenta del complejo panorama social.

  1. Economías basadas en la Producción Primaria

Este, tal vez, podría ser el origen de muchos otros problemas económicos de los países de Latinoamérica; y también es estructural y prácticamente determinado por la historia. Los países latinoamericanos nacen como colonias de las potencias europeas y con la función de proveer materias primas y alimentos a las grandes metrópolis. 

A pesar de la independencia política, la base de la economía latinoamericana nunca cambió: seguimos siendo lo productores de materias primas y dependemos fuertemente de las exportaciones de las mismas. Pero el mercado de estos productos tiene ciertas características que hacen a las economías muy frágiles:

  1. Los países no pueden incrementar mucho la oferta de productos porque el factor principal son los recursos naturales y son fijos;
  2. Los productores de materias primas tampoco controlan el precio de sus productos, ya que tienen poco valor agregado que los diferencie y el precio se fija en los mercados internacionales. Si los precios son altos, entra más dinero a la economía y esta crece; si bajan los precios, la economía comienza a tener problemas. La mayor dificultad es que no se puede prever cuándo los precios estarán altos y cuando caerán.

¿Cómo se soluciona este problema? Desarrollando la industria, invirtiendo en actividades productivas con mayor valor agregado

Pero… no es tan fácil como parece: para desarrollar la industria necesitamos los dólares de las exportaciones de los productos primarios (y con esto volvemos al problema inicial). 

  1. Instituciones débiles y gobiernos personalistas

Los países latinoamericanos se caracterizan por tener una situación política y económica peligrosamente inestable: democracias jóvenes (algunos países aún hoy tienen dictaduras), corrupción, desequilibrio de poderes y sistemas de gobiernos muy personalistas.

Si bien este punto no se puede clasificar como económico, es seguro que si no tenemos instituciones fuertes, la economía no va a funcionar bien. Si observamos a los países desarrollados, vamos a notar un profundo respeto por las leyes e instituciones de un país, así como también consecuencias serias para aquellos que no las respetan.

Sin embargo América Latina tiene muchos problemas en este punto. Una de las características más notorias son los gobiernos fuertemente presidencialistas, donde pareciera que el poder legislativo y judicial cumplen un rol secundario. Además de ello, son sistemas muy personalistas: la mayoría de las sociedades ven la solución a los problemas políticos en la persona de algún funcionario, más que en la democracia y en el sistema de gobierno en su conjunto. Tal vez esta visión de las cosas tenga una fuerte raíz cultural, pero pensar que una persona (ya sea un presidente o candidato) tiene todas las soluciones para los problemas de un país es un poco iluso (o se sobrestima la capacidad de una persona o se subestiman los problemas).

Más allá de ello, la importancia de la división de poderes justamente radica en el equilibrio y en el control del poder que se les da a nuestros representantes. El hombre tiende a ser egoísta y ambicioso por naturaleza y el poder puede ser un arma de doble filo. Por más buenas intenciones que tenga un candidato, el poder lo puede corromper. Por lo tanto, es imperiosa la necesidad de cambiar la visión que, como pueblo, tenemos de nuestros sistemas de gobierno y exigir que se respeten las leyes e instituciones.

Tal vez, sea el último punto de análisis de este artículo, pero debería ser el primero por donde comenzar a cambiar las cosas.


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Bolivia: Morales defiende su triunfo, pero su contrincante insiste en que hubo fraude

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El presidente dijo que la victoria en primera vuelta en las elecciones del domingo pasado “es constitucional”, mientras que Carlos Mesa reclama un balotaje.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, aseguró que la victoria en primera vuelta que le concede el recuento del 99,9 % de los votos de las elecciones del domingo pasado “es constitucional”, pero su contrincante Carlos Mesa insiste en denunciar fraude y reclamar un balotaje.

Morales compareció anoche en la televisión estatal Bolivia TV después de que el órgano electoral le diera una victoria por el 47,07 % de los votos, frente al 36,51 % del opositor Mesa.

“Ganamos con más del 10 %, es constitucional”, declaró en referencia a esa diferencia del 10,56 %.

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Bolivia: El último recuento oficial de votos le da la victoria a Morales en primera vuelta

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El Tribunal Supremo Electoral difundió los resultados que dan una ventaja de 10,13 puntos porcentuales, lo que supone de hecho que no habrá balotaje.

Los últimos datos del recuento oficial de las elecciones presidenciales celebradas el domingo en Bolivia dan como ganador al actual mandatario y candidato del partido Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, con una ventaja de más de 10 puntos frente al opositor Carlos Mesa, lo que descartaría una eventual segunda vuelta.

Con el 98,42% de los votos escrutados, Morales logra 2,83 millones de sufragios, lo que representa el 46,83% frente a los 2,22 millones de apoyos que obtiene Mesa, un 36,73% del total.

Estos resultados difundidos por anoche por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), organismo muy cuestionado por Mesa, implican una ventaja de 10,13 puntos porcentuales, lo que supone de hecho que no habrá balotaje según la legislación vigente en Bolivia, consignaron medios locales y la agencia de noticias Europa Press.

Ante la polémica creada por las denuncias de fraude por parte de la oposición y por el retraso en la transmisión de resultados electorales, tanto la Organización de Estados Americanos (OEA) como la Conferencia Episcopal de Bolivia pidieron a las autoridades que se celebre una segunda vuelta como forma de superar la crisis electoral.

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Bolivia: Morales y Mesa se diputan el poder en unas reñidas elecciones

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El ex mandatario dejó el cargo acosado por las protestas impulsadas por el dirigente cocalero que hoy ocupa la presidencia. Ambos serán los protagonistas de los comicios del 20 de octubre

En junio de 2005 Carlos Mesa dejó trunco su mandato presidencial, acosado por las protestas que impulsaba un joven dirigente cocalero, Evo Morales, que a los pocos meses se convertiría en el primer presidente indígena de Bolivia, cargo que intentará renovar por tercera vez en las elecciones del próximo 20 de octubre, en las que ambos volverán a ser protagonistas centrales.

Como hace 14 años, Morales y Mesa vuelven a disputarse el poder en Bolivia, pero esta vez en elecciones presidenciales en las que se mantiene abierta la posibilidad de que la contienda tenga que dirimirse en una segunda vuelta prevista para el 15 de diciembre, en las que esta vez el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) no tiene asegurado el triunfo.

Según las últimas encuestas, Morales cuenta con un 36,2% de intención de voto, frente a un 26,9% de Mesa, según el sondeo realizado la semana pasada entre 2.414 encuestas en áreas urbanas y rurales.

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