“La única salida para la crisis y para pacificar Bolivia es celebrar una reunión nacional con todos los actores políticos”, afirmó el ex presidente.
El ex presidente boliviano Evo Morales afirmó que la única salida para la crisis y para pacificar Bolivia es celebrar una reunión nacional con todos los actores políticos, ya sea con o sin mediación internacional.
“La mejor forma de pacificar en este momento es una reunión en la que esté (el opositor Luis Fernando) Camacho, (Carlos) Mesa, Evo, los movimientos sociales, el gobierno de facto”, señaló Morales en entrevista con la cadena CNN en español en la Ciudad de México, en donde está asilado.
En la entrevista, Morales sostuvo que desde su llegada a México, el pasado martes, ha planteado esta reunión convencido de que “con tanta masacre no creo que el pueblo pare”.
Morales aseguró que el movimiento de protesta observado estos días en su país “es hasta sacar a la dictadura y acabar con el golpe de Estado”.
Confirmó que no tiene problema en que haya o no mediación internacional porque desde que llegó a México ha hecho el llamado a un diálogo de alto nivel y “es mejor con mediación, con participación”, informó la agencia de noticias EFE.
El ex presidente de Bolivia, Evo Morales, se comprometió a volver a su patria si el parlamento no confirma su pedido de renuncia, enviado el domingo 10/11. Así lo afirmo en una entrevista a “El Universal”, de México.
“Mi declaración de renuncia se encuentra en la Asamblea (Legislativa) –dijo Morales- y si la Asamblea no la acepta, yo regreso. Ahora siento que soy capaz de pacificar Bolivia”.
Según sus palabras, “no es posible traer la paz con las armas, como tratan de hacerlo ahora. La paz a Bolivia la traerá el diálogo, el diálogo con la participación de la ONU, la iglesia católica y los países mediadores”.
Egor Lidovskoi, director general del Centro Cultural Latinoamericano “Hugo Chávez”, en Moscú, consideró que “Morales tiene la legítima posibilidad de volver como presidente en funciones. Es evidente que la declaración de renuncia que presentó, fue hecha bajo la presión de los militares. No puede tener vigencia sin la aprobación del parlamento y allí la mayoría pertenece al ‘Movimiento al Socialismo’, el partido de Morales. Ahora algo es evidente: comenzó la guerra civil luego de que el nuevo poder, que llegó como resultado de un golpe de estado, comenzara operaciones represivas contra la población indígena. Esto provocó la seria unión y la reacción de respuesta en esa población, que en Bolivia conforma la mayoría. Por eso, pienso que Morales comprende que su retorno puede tranquilizar la situación. En primer lugar a él le preocupa la suerte de los indígenas”.
Por su parte Mijaíl Sheinkman, observador de Radio Sputnik, afirmó que Bolivia, luego de la partida de Evo Morales “ya no se la reconoce. Comenzó su destrucción”.
Sheinkman apuntó que Morales “pudo ser recibido con gusto tanto en Caracas como en La Habana. E incluso en una Argentina que será encabezada por un presidente cuya ideología no le es extraña”.
El analista subrayó que el asilo concedido por México “le permitió, ¿por qué no? Recibir a uno de los críticos más declarados de los Estados Unidos”.
Al parecer, dice Sheinkman, “los golpes de estado en América Latina de vuelta se incorporan al orden de las cosas. Los EE.UU. no ocultan que en relación con esta geografía, ella es su ‘patio trasero’. Así que si alguno no se ha adaptado a esto, debe aguardar a que vengan por él”.
“Morales –continúa- conocía la primera regla, como él la califica, de los imperialistas. Allí donde hay algo valioso pero no hay “su propio hijo de perra”, siempre hay lugar para una revolución de color. Y allí hay petróleo y gas. Todo lo que Evo nacionalizó. Lo que ocurrió es un clásico del género”.
También: “Evo dejó un país al que sacó de la miseria y lo convirtió en un soberano y bastante atractivo sujeto de derecho internacional. Ahora es el caos. Barricadas, merodeadores, fuego. No lo controlan ni el ejército ni la policía, que también exigieron su renuncia en aras a la tranquilidad, traicionándolo en esencia. No hay poder. El parlamento fue evacuado. Los líderes de la protesta tomaron una pausa. Porque por ahora los Estados Unidos no han definido a cuál de ellos poner. Por lo visto, inclusive para ellos todo ocurrió mucho más rápido de lo ensayado.”
Y: “Pero Trump sabe a quién le conviene esto. Dice que al pueblo y a la democracia pero entrega La Paz a los extremistas, junto con Venezuela y Nicaragua. Ustedes serán los siguientes. Comiencen que nosotros los seguiremos. Sueña con conclusiones a largo plazo. Aunque en Bolivia todavía nada está dicho. Morales partió pero prometió volver. El primer indígena pero no el último de los mohicanos. No le encontraron en su casa el hacha de la guerra. Puede que logró ocultarlo. Y puede que se lo haya llevado consigo”.
Hace un par de años me encontré con un texto de Waldo Ansaldi titulado “Matriuskas* de terror”, elementos para analizar la dictadura argentina dentro de las dictaduras del cono sur. Ansaldi utilizaba la metáfora de la matriuska para analizar las dictaduras de las décadas del 60, 70 y en algunos casos 80.
Recordemos que la matriuska es una muñeca popular rusa caracterizada por el hecho de ser, no una sino varias: dentro de cada una de las muñecas se encuentra otra de menor tamaño y al desplegarlas sobre una mesa, todas las muñecas se encuentran similares en diseño y colores, pero varían sus dimensiones físicas.
Ansaldi agregaba que al igual que las matriuskas, las dictaduras en Latinoamérica pueden verse como unidades independientes (en tamaño y violencia) pero solo se explican como un conjunto y uno de los denominadores comunes es que fueron establecidas bajo el argumento de ser correctivos de lo que consideraban “vicios de las democracias”: el populismo y el socialismo. El otro denominador común era el factor ideológico para argumentar el terror interno: “la doctrina de seguridad nacional”, que se sustentaba a su vez en el contexto de la Guerra Fría.
En la década anterior, cuando florecían gobiernos populares en América Latina y se sostenían en base a buenos resultados económicos y la no menos importante ausencia de presión externa (recordemos que Estados Unidos se encontraba empantanado en su cruzada contra el Islam en Medio Oriente), los gobiernos latinoamericanos teniendo en cuenta ese pasado nefasto de injerencias externas y golpes, decidieron crear un Organismo regional, la UNASUR, capaz de brindar seguridad a nuestros países y a través de la cláusula democrática evitar los golpes de Estado.
La Unasur, por ejemplo, fue muy importante su rol para evitar el golpe de Estado en Ecuador en el año 2010. También este Organismo regional serviría para contrarrestar el peso de otras organizaciones internacionales como la OEA, siempre jugando a favor de los intereses de los Estados Unidos.
Todos acabamos de ser testigos de la vergonzosa participación e intervención de este organismo y de su Secretario General, Luis Almagro, en el proceso electoral boliviano, participación que justificaría el cambio de nombre del Organismo por el siguiente: “Organización para defender los intereses de los Estados del Norte”.
En base a lo analizado podemos arribar a una primera conclusión: la inestabilidad política que comenzó el 20 de Octubre en Bolivia y que derivó en el golpe de Estado del pasado domingo, es directamente proporcional al debilitamiento de la UNASUR y de otros Organismos regionales de cooperación, debilitamiento realizado con este propósito por parte de los gobiernos de “la restauración conservadora” que gobiernan en la región.
Si bien Latinoamérica es hoy escenario de mucha tensión social y el fantasma de la “matriuska” aparece en el inconsciente de muchos de nosotros, es necesario diferenciar los sucesos de Chile con el golpe de Estado en Bolivia. Lo sucesos de Chile se asemejan más a una “primavera”, entendiendo esta palabra como un “despertar” de la sociedad ante el descontento, la extrema desigualdad de un modelo social y económico que fue establecido en el país trasandino por la fuerza y el terror de la dictadura de Pinochet, modelo que convirtió a los chilenos en clientes antes que ciudadanos. Tengamos en cuenta que Chile fue un laboratorio donde se aplicó la extrema teoría liberal de Milton Friedman por parte de los Chicago Boys (recomiendo ver el documental Chicago Boys de los periodistas Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano).
El caso de Bolivia es todo lo contrario, venía siendo gobernado por primera vez en su historia por un ciudadano perteneciente a los pueblos originarios y que había logrado resultados asombrosos en cuanto a inclusión y ampliación de derechos. En términos económicos había nacionalizado los recursos estratégicos de su país (recordemos que Bolivia posee la reserva más grande de litio, recurso químico de gran importancia para el futuro) y tenía una política de desarrollo energético que era ejemplo en el mundo. También había logrado que los indígenas por primera vez formaran parte del ser nacional, recordemos que el nombre completo de Bolivia es Estado Plurinacional desde la reforma constitucional del año 2009.
A través de estas reformas políticas los Pueblos Originarios fueron abandonando la categoría de ciudadanos de segunda e integrándose al Estado, situación que este golpe de Estado racista y religioso pretende volver a instaurar a través de la violencia, dando vía libre a grupos como la Unión juvenil Cruceñista (financiado por el supremacista Luis Camacho) grupo que nos recuerda tanto a las juventudes hitlerianas.
En la Argentina el debate sobre el golpe de Estado en Bolivia se ha llevado a cabo en “modo grieta”.
El primero en hablar por parte del gobierno fue el Canciller Jorge Faurie, quien respaldándose en los informes de la OEA, negó que haya ocurrido un golpe de Estado en el país vecino debido a que no asumieron los militares el gobierno (con ese mismo criterio se podría negar el golpe de Estado contra Arturo Frondizi).
Para concluir y volviendo a la metáfora de la matriuska, evitar que se repita la historia requiere que el debate y la consecuente calificación de lo sucedido en Bolivia no admita eufemismos como los que se escucharon estos días en dirigentes de nuestro país.
Los argentinos conocemos bien qué sucede cuando se interrumpe el orden democrático y aparece el terrorismo de Estado, también sabemos que a diferencia de los otros países de la región, aquí nos hemos enfrentado como sociedad a ese terrible pasado, lo hemos juzgado en la presidencia de Raúl Alfonsín, lo hemos debatido y enseñado en las escuelas y hemos adoptado como un símbolo nacional la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, pero siempre es necesario volver a decir Nunca Más para que la matriuska no se repita.*Si bien tiene múltiple traducciones, se utiliza matriuska como en el texto de Waldo Ansaldi.
Desnudan la manipulación de la OEA sobre el escrutinio en Bolivia. Dos investigaciones internacionales independientes refutaron el informe de la organización que preside el uruguayo Luis Almagro sobre el escrutinio electoral.
No puede comprobarse que haya habido fraude en las elecciones del 20 de octubre en Bolivia. Evo Morales triunfó por poco más del diez por ciento de los votos respecto al candidato opositor Carlos Mesa y cumplió con el requisito constitucional para evitar la segunda vuelta y ser proclamado presidente. Las irregularidades detectadas fueron marginales y no afectan ese resultado. La Organización de Estados Americanos había recomendado, antes de los comicios, el sistema de recuento rápido de votos que se utilizó y que ahora funge como excusa para respaldar el derrocamiento de Morales, aunque su resultado no tiene valor legal. El procesamiento de datos para el escrutinio definitivo no se detuvo por períodos de tiempo significativos en ningún momento.
Esas conclusiones, entre otras, surgen de dos investigaciones internacionales independientes que se basan en el estudio estadístico de datos extraídos de las actas de los comicios y en los documentos oficiales del gobierno de Bolivia y de organismos internacionales, principalmente de la OEA, que fue protagonista del proceso electoral a través de una intervención permanente y decisiva. Los informes no solamente confirman el triunfo de Morales en las elecciones sino que avivan las sospechas sobre la premeditación del golpe de Estado que lo depuso y la participación del organismo encabezado por el uruguayo Luis Almagro en los planes para sacar al Movimiento al Socialismo del poder sin importar el resultado del voto popular.
El primero de los dos documentos lo confeccionó el cientista político de la Universidad de Michigan Walter Mebane, considerado uno de los principales expertos en fraude electoral del mundo, y al que no se le conoce una inclinación política a favor de Morales, ni mucho menos. Titulado “Evidencia en contra de que los votos fraudulentos hayan sido decisivos en la elección de Bolivia en 2019”, la investigación establece que hay irregularidades estadísticas que podrían indicar fraude en solamente 274 de las 34551 mesas de votación y que no se diferencia mucho de patrones vistos en otros comicios en Honduras, Turquía, Rusia, Austria y Wisconsin. “Incluso removiendo los votos fraudulentos, el MAS tiene una ventaja superior al diez por ciento”, concluye este trabajo.
Por otra parte, el CEPR, un think tank conformado por investigadores de distintas universidades de Europa, puso la lupa sobre la misión de observación electoral de la OEA y su rol en el proceso boliviano. Allí, destaca que “los resultados del recuento provisorio son consistentes con el resultado final”; que “ni la OEA ni nadie más pudo demostrar que haya habido irregularidades sistemáticas ni extendidas” en las elecciones; que ninguno de los dos recuentos muestra patrones extraños en comparación con la distribución del voto en elecciones anteriores; que el recuento provisorio se detuvo al llegar al 80 por ciento porque eso era lo acordado y se retomó, un día más tarde, por pedido de la OEA; y que por el contrario el recuento definitivo y legalmente válido “no tuvo interrupciones significativas”.
Pero además, destaca que fue la propia organización encabezada por Almagro la que recomendó a Bolivia la utilización del sistema TREP que se utilizó para el recuento provisorio y sobre el que recaen la totalidad de las observaciones de la OEA respecto a irregularidades en el proceso electoral, aunque no tenga validez legal. En sus conclusiones, agrega que “las dudas sin fundamento que echó” ese organismo sobre las elecciones “tuvieron una influencia significativa en la cobertura mediática y por lo tanto en la opinión pública” y que “la politización de lo que es normalmente un proceso independiente de monitoreo electoral parece inevitable cuando una organización a la que se le confía esa tarea hace declaraciones sin fundamentos que cuestionan la validez del conteo electoral”.
Mientras se espera la versión final del informe de la OEA, su titular Almagro sostuvo que el golpe lo cometió el propio Morales el día de la elección. Resulta curioso porque durante las últimas tres semanas, y hasta ayer, publicaron más de una docena de comunicados sobre la situación en Bolivia sin mencionar ese pequeño detalle.
Las últimas novedades permiten sospechar que el excanciller uruguayo (expulsado hace un año del Frente Amplio por manifestarse a favor de una intervención militar extranjera a Venezuela) no solamente no ocupó el rol ecuánime que se le había confiado para estas elecciones sino que formó parte de un plan premeditado y cuidadosamente ejecutado por la oposición, la policía, las Fuerzas Armadas y los medios de comunicación para sacar a Morales y al MAS del poder.
“Convoco al diálogo a los partidos que han obtenido asambleístas (legisladores) en las últimas elecciones, con una agenda abierta, a debatir para pacificar Bolivia, al diálogo de manera urgente inmediata”, dijo el mandatario en conferencia de prensa en el hangar presidencial.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, convocó a los partidos opositores con representación parlamentaria a un diálogo con “agenda abierta” pero también a sus seguidores a “movilizarse para defender la democracia” y, por primera vez desde que estallaron las protestas tras las elecciones del 20 de octubre, sugirió una eventual intervención de las fuerzas armadas.
“Convoco al diálogo a los partidos que han obtenido asambleístas (legisladores) en las últimas elecciones, con una agenda abierta, a debatir para pacificar Bolivia, al diálogo de manera urgente inmediata”, dijo Morales esta tarde en conferencia de prensa en el hangar presidencial, en El Alto, ciudad vecina a La Paz.
“Nuestro ministro de la Presidencia (Juan Ramón Quintana) está enviando notas para pacificar Bolivia, para preservar la vida”, agregó, según la agencia noticiosa estatal ABI y el diario paceño Página Siete.
Asimismo, Morales exhortó a las organizaciones sociales afines a él a movilizarse para “defender la democracia”, pues reiteró que está siendo víctima de un golpe de estado.
“Pido a los patriotas, movimientos sociales, trabajadores, servidores, pido a ese pueblo que históricamente recuperó la democracia, mineros, fabriles campesinos, pido defender, movilizarse para defender la democracia, el voto del pueblo boliviano”, señaló.
Por otra parte, el mandatario afirmó que la Policía -cientos de cuyos efectivos de amotinaron desde anoche en varias ciudades- debe retomar sus deberes y pidió a las fuerzas armadas “preservar la nueva Bolivia” de los grupos que, según él, buscan dividir al país.
“El primer deber como presidente es defender la vida; nuestra obligación es cómo preservar la vida, cómo evitar luto y sangre; hago una convocatoria a la Policía Nacional a cumplir con la Constitución, es su misión el preservar y garantizar la seguridad del pueblo boliviano”, subrayó.
En la puerta del Comando Departamental de la Policía de Bolivia, y ante una multitud, el recientemente designado comandante departamental de la Policía, Miguel Mercado, manifestó su apoyo al motín de la Policía.
“Estamos con el motín, estamos con la tropa”, dijo Mercado ante la insistencia de las personas que se encontraban en vigilia frente al Comando Departamental, que se inició la noche del viernes 08/11.
El comandante reconoció que la movilización de la Policía en el departamento Cochabamba, es general, es decir en todas las unidades. “Pensamos que esto pasa por una solución política no por una acción policial”, manifestó Mercado al ser consultado sobre el movimiento que pide la renuncia del presidente Evo Morales.
“Estamos esperando que las negociaciones ayuden a restablecer la normalidad”, agregó.
El comandante conversó con los uniformados, que se comprometieron a cumplir con la ciudadanía, garantizando los servicios de prevención y seguridad.
“Vamos a sacar las patrullas a las calles para atender los requerimientos de auxilio, las emergencias y vamos a cubrir los puestos en las entidades financieras”, aseguró.
Sobre las reivindicaciones de los policías, Mercado manifestó que luego de una conversación con los uniformados se pudo conocer que las demandas son a nivel nacional, por lo que escapa a una solución solo a nivel departamental.
Desde la consultora Analytica realizaron el siguiente informe político especial:
Argentina está a las puertas de un cambio político significativo: vuelve el peronismo. Pero vuelve con restricciones políticas no previstas. Ese cambio, a su vez, se da en un entorno internacional particular: en el mes de octubre, la región sudamericana se vio afectada por una ola de turbulencia e inestabilidad. Todas estas condiciones políticas pueden tener impacto sobre el perfil del gobierno electo.
Las elecciones del 27 de octubre en Argentina
El domingo hubo elecciones presidenciales, legislativas (50% de Diputados, 33% del Senado) y provinciales en algunos distritos, incluidas la provincia de Buenos Aires y la Ciudad homónima. La mayoría de las provincias ya habían adelantado sus elecciones de gobernador, con un saldo favorable a los candidatos del justicialismo. Tras las PASO del 11 de agosto que habían arrojado un resultado muy favorable para la fórmula Fernández – Fernández -47,8% a 31,8%- se esperaba una diferencia mayor. No fue tan así: de acuerdo con el escrutinio provisional Fernández obtuvo casi la misma cantidad de votos que en agosto -12,5 millones, 48,1%- mientras que Macri sumó más de 2 millones de votos -10,5 millones, 40,4%. Este aumento en el caudal electoral de Macri no hace al triunfo de Fernández menos contundente.
El Frente de Todos gana con casi la mitad de los votos y en 18 de 24 provincias; y va a tener dentro de su color político a la gran mayoría de los gobernadores (incluyendo las provincias de Buenos Aires y Santa Fe), mayoría absoluta en la Cámara de Senadores y la primera minoría (con capacidad de alianzas con las fuerzas provinciales) en la Cámara de Diputados. La meritoria remontada electoral de Macri no cambia el hecho de que Alberto Fernández tendrá en sus manos los resortes de la gobernabilidad. Su desafío no será la posibilidad de una obstrucción opositora -probabilidad baja- sino mantener unidad y liderazgo dentro de su propia coalición. Hay dos sectores internos que pueden tener disensos programáticos o intereses distintos a los del presidente electo: los gobernadores provinciales y el kirchnerismo liderado por la Vicepresidenta electa, Cristina Fernández. En una primera etapa luce poco probable que haya cortocircuitos, ya que todos están en el mismo barco y enfrentando juntos una situación financiera crítica. El futuro puede ser otra cosa.
Fuente: en base a www.resultados.gob.ar, escrutinio provisorio, 97,1% de mesas computadas
Lo que sí cambia el 40,4% logrado por Macri es el formato del acuerdo político y social que se propone el presidente electo, y las expectativas sobre la duración del gobierno de Fernández. Las PASO dejaron la sensación de un Cambiemos destruido y un emergente peronista hegemónico como en 2007; ahora, el mercado y el electorado creen que si Alberto Fernández no satisface las expectativas, Cambiemos podría volver en 2023. El no-peronismo demostró su fuerza electoral y Macri puede aspirar a ser el jefe de la nueva oposición. De hecho, si bien hay segundas líneas en gobiernos locales (Rodríguez Larreta, Vidal, los radicales mendocinos) el que logró la adhesión de los votantes fue Macri.
En lo inmediato, ahora el presidente electo deberá repensar el pacto político. La sucesión de un gobierno a otro será coordinada, y la convocatoria a un gran acuerdo dirigencial será una de las herramientas iniciales de Alberto Fernández para enfrentar a partir del 10 de diciembre un duro primer año de gobierno. Con el resultado de las PASO, la convocatoria a la “unidad nacional” lucía más sencilla: sentándose en una mesa con Lavagna, los gobernadores de todos los colores partidarios y algunos radicales ya había una foto del conjunto de la política. Con un Macri políticamente vivo, en cambio, la foto sin él no está completa. Pero Fernández pensaba en culpar a Macri de la crisis económica (de la “pesada herencia” a la “tierra arrasada”) y no en sumarlo a la mesa del consenso nacional. Probablemente Fernández ahora intente conformar un gabinete nacional más diverso y plural, y crear un consejo económico y social inspirado en la idea de Lavagna. No va a renunciar al método de la concertación política, aunque sus alcances tal vez terminen siendo un poco más módicos.
Cambio político en un entorno de cambios
El cambio político en Argentina es parte de un entorno regional de cambios. En Uruguay y allí los partidos conservadores se encuentran más cerca de volver al poder, tras 15 años de gobiernos del Frente Amplio. Argentina tiene por primera vez desde los años 70 un panorama incierto sobre sus relaciones bilaterales con Brasil, su socio estratégico principal. Y la mayoría de los países sudamericanos -Chile, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela- atraviesa turbulencias internas de diferente tipo.
-En Uruguay hubo elecciones el mismo día que en Argentina, el 27 de octubre, y todo indica que el Frente Amplio está a las puertas de perder el poder tras tres períodos consecutivos (Vázquez – Mujica – Vázquez). Daniel Martínez, el candidato del Frente, obtuvo 37,2% contra el 32,2% de Luis Lacalle Pou (Partido Nacional, centroderecha). Solo 5 puntos de ventaja y van al ballotage en noviembre. El problema de Martínez es que las otras dos fuerzas relevantes de la elección del 27 ya declararon su apoyo a Lacalle y tienen un acuerdo para formar un gobierno de coalición. Ernesto Talvi, del Partido Colorado (centroderecha) logró 13,9% y el general Guido Manini Rios (Cabildo Abierto, derecha nacionalista) obtuvo el 11,8%. Martínez deberá enfrentar un difícil ballotage ya que las otras tres fuerzas sumadas superan el 50%, y el acuerdo anunciado seguramente tendrá impacto.
-En Brasil se plantea el interrogante acerca de cómo coexistirán Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. Al comienzo de la campaña el presidente brasileño apoyó abiertamente a Macri y declaró que en caso de una victoria del Frente de Todos podría revisar la relación con Argentina y el MERCOSUR. Luego se moderó y dijo que ningún resultado afectaría las relaciones. Pero recientemente volvió a la carga, con declaraciones muy duras en contra del presidente electo. Los Fernández, Alberto y Cristina, apoyan a Lula y piden su liberación de la cárcel; Lula es el principal adversario de Bolsonaro. El presidente brasileño habló de la posibilidad de excluir a Argentina del MERCOSUR, algo que no tiene sentido jurídico. Sin embargo, no hay que subestimar la gravedad de la situación potencial, ya que Brasil es el principal aliado comercial de la Argentina y un presidente brasileño podría producir daños. El otrora país coordinador del ciclo político regional renunció a ocupar ese rol.
Asimismo, la región se está viendo sacudida, al igual que otras partes del mundo, por manifestaciones y protestas sociales violentas. No pareciera haber un hilo conductor ideológico: los insatisfechos con el aumento del transporte en Chile, los indigenistas en Ecuador, el antichavismo venezolano y la derecha boliviana no tienen ni coordinación ni elementos en común. El único elemento transversal pareciera ser la disminución del ingreso y la frustración de las expectativas económicas. Los aumentos en el transporte o las tarifas han sido detonantes clásicos de las protestas sociales en la historia de América Latina; sobre todo, de las manifestaciones callejeras desorganizadas. La hipótesis de que esto podía tener algún tipo de origen coordinado en el exterior (Venezuela, por ejemplo) no muestra evidencia ni demasiada lógica.
-En Chile, modelo de estabilidad política, económica y social, con amplias alianzas internacionales, las manifestaciones sociales y protestas -tanto de carácter violento como pacífico- se originaron con el alza del precio del pasaje de subterráneo (Metrovías) en Santiago. Luego se extendieron a otros puntos del vecino país, abriéndose a otro tipo de demandas. Piñera, a modo de respuesta, habló de “guerra” y declaró el “estado de emergencia” primero en Santiago y a partir del domingo 20 de octubre en la mayor parte del país, habilitando la intervención de las Fuerzas Armadas para mantener el orden público, designando a un jefe militar -el general Javier Iturriaga- el frente del operativo. Fue la primera vez que sucede algo de estas características desde la democratización de 1990. El “estado de emergencia” es una herramienta de la “Ley Orgánica Constitucional de Estados de Excepción” (Nº 18.415), introducida por la Constitución de 1980 y nunca derogada (ni utilizada). La izquierda política se opuso y denunció atropellos y represión; Bachelet terminó convocando a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a las Naciones Unidas, ya que se produjeron alrededor de 18 muertes durante los incidentes. Piñera terminó retrocediendo en la medida del aumento del metro y el estado de emergencia, y anunció medidas sociales compensatorias. Las protestas no son algo nuevo en Chile: las protestas estudiantiles y en contra del sistema privado de pensiones AFP ya habían sido sufridas tanto por Bachelet como por Piñera en su primer gobierno. Lo nuevo aquí fue la intensidad.
-En Ecuador el presidente Lenin Moreno anunció a principios de octubre una serie de medidas de ajuste del gasto público en dicho país, en el contexto de las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional tras el crédito vigente. Entre las medidas que más impacto causó se cuenta la eliminación del subsidio a los combustibles, que derivó en un aumento del transporte público y los productos básicos. Las protestas escalaron cuando los movimientos indígenas nucleados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador tomó partido. La intensidad de las manifestaciones y protestas, que incluyeron violencia, vandalismo saqueos y ataques a medios de comunicación –al igual que en Chile- y la toma de la sede del parlamento en Quito, generaron como respuesta, por parte del gobierno de Moreno, la declaración el 3 de octubre del “estado de excepción” a nivel nacional aplicable por 60 días. El 8 de octubre se sumó un toque de queda en la capital, Quito (Decreto Ejecutivo Nº 888), lugares aledaños y ubicaciones estratégicas, junto al cambio de sede de los poderes públicos a la ciudad de Guayaquil. La Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador decidió decretar también el Estado de Excepción para los territorios indígenas del país “ante la brutalidad y la falta de conciencia de la fuerza pública”. El 9 de octubre se suspendió la exportación de petróleo, ya que un centenar de pozos y el transporte del crudo (68% de la producción) habían sido afectados por las protestas; recién el pasado 20 de octubre se normalizó el comercio.
-En Bolivia el pasado domingo 20 de octubre se realizaron las elecciones presidenciales, con Evo Morales buscando su tercera reelección y siendo el candidato de la oposición el ex presidente Carlos Mesa Gisbert. Los resultados preliminares dieron a Morales ganador en primera vuelta, generando expresiones de protesta por parte de una oposición que denuncia fraude. Las protestas en las calles no han cesado. La Organización de Estados Americanos, observadora de las elecciones, apoya las denuncias de la oposición. El escrutinio definitivo decretó la victoria de Morales.
FODA del nuevo gobierno argentino
Los procesos políticos de América del Sur dan cuenta de una diversidad. Los análisis se han acostumbrado a dar cuentas de oleadas regionales y denominadores comunes ideológicos. Sin embargo, no hay demasiadas conclusiones que extraer al respecto. La política sufre en todas partes. Los gobiernos conservadores de Perú, Chile y Ecuador sufren crisis sociales y políticas, los presidentes socialistas de Bolivia y Venezuela enfrentan crisis institucionales, y en Argentina y Uruguay pierden los oficialismos de diferente color ideológico. El MERCOSUR, la iniciativa regionalista más estable de la región, enfrenta su mayor crisis potencial. Lo único en común en todos estas turbulencias simultáneas es que los países afectados enfrentan coyunturas socioeconómicas adversas que ponen presión sobre sus gobiernos. La variable económica sigue dominando.
En Argentina, el norte de Alberto Fernández será construir un peronismo de centro. Tal como dijo en el debate del 20 de octubre, un mix de recetas heterodoxas y ortodoxas. No va a romper con el kirchnerismo ni la propia coalición, ni buscará aliados por fuera como Menem. Su ministro de economía será la persona más moderada que encuentre dentro del conjunto de economistas que el Frente de Todos esté dispuesto a aceptar. Se propone estabilizar la macro y complementar con medidas más heterodoxas para incentivar la actividad. El kirchnerismo no va a interferir demasiado con la gestión de Alberto Fernández, ni pedirá muchos ministerios: Cristina lo puso ahí para que asuma el timonel de la crisis. Aunque ella se reserve la facultad de vetar nombres y los lugares del futuro, el presente es de Alberto Fernández.
La turbulencia política regional representa límites y oportunidades para Alberto Fernández. El límite es la alarma de la vulnerabilidad social: las violentas protestas en Chile y Ecuador como reacción a medidas de ajuste son un límite. Fernández no tiene vocación de ajustar, ya que su coalición va en sentido contrario, y además el contexto le advierte sobre ello. Cuando el FMI pida austeridad, Alberto Fernández va a utilizar a Chile y Ecuador como escudos. Hoy la política -kirchnerismo incluido- giró al centro pero las demandas sociales están ahí.
La oportunidad es el modelo político. En una región turbulenta y extravagante, que carece de liderazgo regional y cuyos gobiernos lucen inestables, un presidente de centroizquierda moderada al frente de una coalición sustentable y con metodología de pacto puede convertirse en un faro de razonabilidad política. Eso puede convertirse en un activo para un presidente que juega con cartas malas en el frente económico.