BOLSONARO

Bolsonaro quiere que la policía imponga disciplina en las escuelas y un código de conducta

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BRASILIA (AP) — Cuando los estudiantes de la escuela estatal número 7 de Ceilandia, en la capital de Brasil, regresaron del receso estival en febrero, fueron recibidos por dos docenas de policías uniformados en un lugar que apenas reconocían.
Con las armas enfundadas, los agentes les ordenaron formar en filas en el patio. Los alumnos recibieron camisetas blancas a la espera de que llegasen sus nuevos uniformes. De ahora en adelante, los chicos deben tener el pelo corto y las chicas atado hacia atrás. No podrán llevar pantalones cortos, gorras, esmalte de uñas de colores brillantes, pendientes ni ninguna otra pieza de ropa distintiva. Y quienes lleguen tarde no podrán entrar.

 “Algunas veces nos sentimos intimidados”, señaló Michael Pereira da Silva, de 17 años, que estaba en contra de la decisión de contratar a policías para inculcar disciplina casi militar en el centro. “Al salir al pasillo estamos obligados a inclinar la cabeza y a saludar a los agentes de policía”.
Aunque las pruebas con este tipo de colegios comenzaron en años anteriores, este enfoque cuasi militar es uno de los esfuerzos educativos más visibles del nuevo presidente, Jair Bolsonaro, un ultraderechista excapitán del ejército que durante la campaña prometió mejorar las escuelas, generalmente consideradas un problema. Un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en 2015 situó a Brasil en el puesto 63 de 72 por desempeño educativo.
Las escuelas que ahora están codirigidas por la policía siguen el modelo de las exclusivas instituciones militares, que suelen tener mejores resultados que la mayoría de los centros públicos, lo que hace que muchos padres estén deseosos por ver la misma rígida disciplina.
Con este modelo, la enseñanza sigue en manos del Ministerio de Educación y la policía supervisa la disciplina y el cumplimiento de un nuevo código de conducta. La implementación del programa piloto en una escuela debe ser aprobada por la mayoría de los padres, maestros y personal en un referéndum.
La escuela de Ceilandia es una de las cuatro de Brasilia que votó para sumarse al programa. Las autoridades de la capital brasileña esperan incorporar 36 centros más para final de año y alcanzar un total de 200 en 2022. El gobierno de Bolsonaro está impulsando una expansión similar en todo el país, aunque no reveló la cifra que espera alcanzar.
Algunos estados han estado explorando este modelo desde principios de la década de los 2000, pero una adaptación masiva preocupa a muchos expertos en educación y sindicatos de profesores, que dicen que podrían ser excluyentes e ir en contra del concepto de un sistema educativo público gratuito y abierto.

 

Sostienen que este tipo de centros han logrado mejorar sus resultados porque los alumnos problemáticos están siendo discretamente reemplazados por otros con un mejor rendimiento académico, a menudo procedentes de familias adineradas. Otro riesgo para los críticos es la introducción de armas en las escuelas, especialmente en una nación que tiene la tasa anual de homicidios más alta del mundo, en su mayoría cometidos con armas de fuego.
“Aumentar el acceso y la posesión de armas no está asociado con la protección contra la violencia”, apuntó Robert Muggah, director de investigación del centro de estudios brasileño Igarape.
La expansión es una de las medidas estrella del ejecutivo de Bolsonaro, aunque el Ministerio de Educación dice que no tiene datos sobre cuántas escuelas de este tipo existían ni de estudios acerca de los beneficios del sistema en el largo plazo.
Además de colocar policías en más escuelas, el gobierno ha estado presionado para realizar otros cambios en la educación pública, a la que acusan de estar dominada por una “ideología marxista”. El Ministerio de Educación apuntó a una revisión de los libros de texto de historia para referirse a la dictadura que rigió el país entre 1964 y 1985 como un “régimen democrático de fuerza”, así como para eliminar las referencias al feminismo, la homosexualidad y la violencia contra las mujeres. Hace poco, Bolsonaro dijo que el financiamiento público para sociología y filosofía podría acabar.
En los últimos años, algunas escuelas controladas por la policía saltaron a los titulares por la intervención de la fiscalía luego de los agentes comenzaron a cobrar cuotas mensuales a los padres, a imponer costosos uniformes o a reservar la mitad de las matrículas de los centros para hijos de policías.
En 2016, el director de educación de la policía en el estado de Goias revisó el reglamento interno del sistema escolar que normalizó las “expulsiones” y “traslados forzosos” de estudiantes. La medida siguió a una recomendación de la fiscalía estatal que apuntaba que en las escuelas públicas la expulsión debe ser el último recurso.
“Esto no es para todo el mundo, eso es seguro”, señaló Mauro Oliveira, subsecretario del Ministerio de Educación en Brasilia. Solo un pequeño número de estudiantes han sido rechazados en sus escuelas desde la incorporación de la policía, apuntó agregando que el fin justifica los medios.
El gobierno explicó que actúa en escuelas violentas y de bajo rendimiento o en centros en zonas de riesgo, donde hay narcotráfico o grupos paramilitares.
“No estamos hablando sobre escuelas normales”, manifestó Oliveira, que citó casos de alumnos y profesores que no podían ir a la escuela porque sufrían acoso o estaban amenazados. ”¿Esto no es exclusión también?”.
Según el jefe de la policía en la escuela estatal número 7 de Ceilandia, Edney Freire, la labor de los agentes, llamados “monitores”, incluye asegurar que se pelea.
“Si por ejemplo hay algún tipo de fricción entre estudiantes, el monitor va a hablar con ellos y llama a los padres para solucionar el problema”, agregó.
Esto no siempre ocurre de forma calmada. En un video publicado este mes por el cibersitio de noticias G1 se muestra a agentes interviniendo en una pelea en el gimnasio de un colegio. En las imágenes puede verse a un policía golpeando a un estudiante en el piso.
En Ceilandia, un atestado vecindario de clase trabajadora en las afueras de Brasilia, la violencia contra los maestros no era el problema. Pero en las inmediaciones había narcotraficantes y podía verse a vagabundos consumiendo alcohol y drogas.
Cuando se supo que el centro entraría en el programa con la policía, muchos padres trataron de inscribir a sus hijos. Algunos llegaron dos días antes de la apertura del colegio y acamparon en el exterior para asegurarse una plaza.
Los alumnos deben formar en fila en el patio a diario, con los talones juntos, los brazos extendidos a lo largo del cuerpo y la cabeza mirando hacia adelante, a la bandera de Brasil de la escuela.
“Debemos preparar nuestro futuro a partir de hoy”, dijo Freire, el jefe policial, a los estudiantes mientras formaban un día reciente.
Durante su discurso, los agentes caminaban entre las filas comprobando la postura de los jóvenes y anotando los nombres de quienes incumplían alguna norma.
La directora del colegio, Adriana De Barros, dijo que la disciplina mejoró en apenas dos meses. Los delitos cometidos por menores también bajaron, agregó.
Adriana da Silva, madre Vitor, un estudiante de 17 años, dijo que era “impresionante” que, siendo abril, no hubiese recibido ni un solo llamado del centro para abordar la conducta del adolescente.
“Solía meterse en problemas. Ahora quiere convertirse en militar”, reconoció da Silva.
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Jeantet informó desde Río de Janeiro y Peres desde Brasilia.
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Los primeros cien días de Bolsonaro

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BRASILIA, New York Times. — “No nací para ser presidente”, dijo Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, durante un discurso reciente en su residencia oficial. “Nací para ser soldado”.

El tono usado por Bolsonaro, capitán retirado del Ejército, fue sutil. Pero el mensaje enfatizó la turbulencia que ha caracterizado sus primeros meses como mandatario.

En poco más de cien días en el cargo ha tenido que usar gran parte de su capital político, pero ha logrado pocos resultados en temas esenciales. Los brasileños están perdiendo la paciencia.

Bolsonaro, un político populista de derecha, llegó a la presidencia con la gran misión de lograr un cambio exigido por los electores hartos de la corrupción política, la violencia y los persistentes efectos de una profunda recesión.

 

En cambio, su mandato se ha visto afectado por batallas culturales, disputas entre las facciones que lo apoyan (las fuerzas militares, los evangélicos y los antiglobalistas) y el desorden, además de la salida de dos ministros. Su partido es investigado en relación con un posible esquema ilegal de financiamiento de campañas electorales, y uno de sus hijos, el senador Flávio Bolsonaro, también está siendo investigado por corrupción.

Los proyectos de ley que podrían ayudar a las finanzas del país y reformar el sistema penal de justicia languidecen en el Congreso, una institución en la que el presidente no ha podido construir alianzas, y la economía sigue debilitándose.

Su actitud impulsiva y combativa —que le fue útil durante la campaña— ha causado consternación ahora que es presidente. Durante el carnaval causó revuelo cuando publicó un video sexualmente explícito en Twitter. Después hizo un llamado a las fuerzas armadas para conmemorar el golpe de Estado de 1964 que dio inicio a un régimen militar que duró 21 años.

Todo esto ha provocado que tenga el índice de popularidad más bajo de cualquier mandatario en su primer periodo desde que se restauró la democracia a mediados de la década de 1980, según una encuesta de Datafolha: el 30 por ciento de los ciudadanos dice que su presidencia es mala o terrible.

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CreditSilvia Izquierdo/Associated Press 
“Las crisis no están siendo generadas por la oposición”, dijo un legislador sobre el nuevo gobierno. “Ellos están creando sus propias crisis”. 

Kim Kataguiri, un legislador federal liberal cuyo influyente Movimiento Brasil Libre respaldó con entusiasmo la candidatura de Bolsonaro, dijo que su desempeño ha sido una gran decepción.

“Ya estamos en un periodo de estancamiento”, comentó. “Los mercados pronostican que Brasil no podrá cumplir con sus obligaciones, controlar su deuda pública ni recibir inversiones”.

El portavoz de Bolsonaro no respondió a las solicitudes de una entrevista para este reportaje, y el vicepresidente Hamilton Mourão canceló una entrevista para hablar sobre los primeros 100 días de gobierno.

Muchas personas en Brasil —enemigos y simpatizantes por igual— creen que Bolsonaro ha sido su peor enemigo.

“Las crisis no están siendo generadas por la oposición”, dijo Marcelo Freixo, legislador federal de izquierda, sobre el actual gobierno. “Ellos están creando sus propias crisis”.

Uno de los ejemplos es el intento de Bolsonaro de abordar uno de los desafíos más grandes de su presidencia: reformar el sistema de pensiones del país que, según los economistas, es una bomba de tiempo que la novena economía más grande del mundo debe atender para prevenir una crisis.

Paulo Guedes, el ministro de Finanzas de Bolsonaro, hace poco les dijo a los legisladores que Brasil gasta diez veces más en pensiones que en educación, una situación que equivale a “enviar un avión para que atraviese el océano sin combustible”.

A Bolsonaro se le atribuyó la propuesta de un proyecto de ley que recortaría de manera importante los generosos beneficios, los cuales permiten que algunos brasileños se retiren antes de cumplir los 50 años. Sin embargo, también se ha distanciado de las prácticas del pasado con las que los presidentes repartían ministerios, puestos bien pagados en el gobierno y financiamiento a partidos de todo el espectro político para establecer coaliciones y aprobar proyectos de ley en el Congreso.

Sin una nueva estrategia, Bolsonaro ha tenido problemas para mantener a raya a los 58 legisladores de su propio partido, lo que ha puesto en tela de juicio su capacidad de lograr que se aprueben medidas poco populares en la legislatura multipartidista e ingobernable de Brasil, que tiene 594 representantes.

Las audiencias en torno a los cambios en las pensiones se han convertido en riñas de gritos, lo cual ha frustrado a los impulsores dentro y fuera del gobierno, y también ha provocado que sus aliados hablen de Bolsonaro en un tono francamente desdeñoso.

Rodrigo Maia, el presidente de la Cámara de Diputados, en un principio había acordado liderar la reforma a las pensiones. Desde entonces se ha lavado las manos para no hacer lo que dicta el gobierno, y ha comparado su posición con la de una mujer golpeada que no soportará más abusos.

Mientras pasa el tiempo, los pronósticos para la aprobación del proyecto de ley se debilitan más.

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Una protesta en São Paulo contra el proyecto de ley que busca frenar las generosas prestaciones de las pensiones de retiro en Brasil. CreditFernando Bizerra Jr/EPA, vía Shutterstock

“Mi perspectiva sobre el futuro es que no aprobaremos la reforma a las pensiones, entraremos en una recesión y el gobierno terminará desangrándose”, dijo Kataguiri, el legislador liberal, en una entrevista.

Los altos funcionarios del gobierno han dicho en entrevistas que la tormentosa relación con el Congreso es una señal de que Brasil pasa por una transformación necesaria, aunque caótica, bajo el mando de Bolsonaro.

Carlos Alberto dos Santos Cruz, un general retirado que funge como secretario de Gobierno de Bolsonaro, dijo que el Congreso debe adaptarse a una nueva realidad.

“Brasil no operaba bajo un principio democrático clave”, dijo Santos Cruz en una entrevista. “Durante mucho tiempo, vivimos sin poderes independientes, porque la rama ejecutiva compraba a la rama legislativa”.

Eduardo Bolsonaro, legislador federal y uno de los hijos del presidente, dijo que su padre estaba cumpliendo con su promesa de cambiar el sistema político que ha fomentado la corrupción y el nepotismo a lo largo de las décadas.

“Estamos desligándonos de un paradigma que siempre creó un Estado poco eficaz y que a veces fomentaba la corrupción”, comentó.

El atolladero en el Congreso no ha evitado que Bolsonaro cumpla con otras promesas de campaña, argumentó su hijo, y citó la cercanía con Estados Unidos, las subastas de entidades propiedad del Estado y las reformas para reducir la regulación excesiva como sus primeros éxitos.

Bolsonaro también ha hecho que los civiles puedan comprar armas con más facilidad y que las industrias tengan mayor acceso a zonas protegidas de la selva amazónica.

Sergio Moro, exjuez federal que ahora es ministro de Justicia, dijo en una entrevista que el gobierno ha dado pasos audaces para combatir la epidemia de violencia del país, una de las principales promesas de campaña de Bolsonaro.

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Una muestra de la tala ilegal de árboles en el estado de Roraima, en la cuenca amazónica de Brasil, como se ve en una foto divulgada por el Instituto Brasileño de Recursos Naturales y Medioambientales Renovables.CreditFelipe Werneck/Ibama, vía Associated Press

Moro presentó ante el Congreso una propuesta de reforma para el código penal, que incluye medidas anticorrupción más estrictas. Además, el Estado ha comenzado a transferir a narcotraficantes de alto nivel de prisiones con baja seguridad a centros donde ya no pueden dirigir sus negocios tras las rejas.

Sin embargo, esas medidas se han visto eclipsadas por los conflictos internos, la intriga y las declaraciones controvertidas por parte de los principales miembros de un gobierno que suele generar sus propias crisis.

Quizá nadie ha hecho más para alimentar el tumulto que Olavo de Carvalho, un escritor brasileño conservador que propone análisis políticos y teorías conspirativas con los videos que sube y los tuits que publica desde su casa en Virginia. Bolsonaro dijo que Carvalho inició “la revolución” que lo llevó a la presidencia mientras se sentaba a su lado en una cena reciente en Washington.

No obstante, el gran respeto que Bolsonaro siente por Carvalho no es compartido universalmente en el gobierno, en gran medida debido a las polémicas opiniones de Carvalho.

Carvalho ha afirmado que las bebidas de Pepsi están endulzadas con las células de fetos abortados; que legalizar el matrimonio igualitario lleva a legalizar la pedofilia; y que los desastres naturales catastróficos como el huracán Katrina y el terremoto de 2011 en Haití, quizá son castigos divinos por practicar tradiciones religiosas africanas.

Dos de los ministros que se unieron al gobierno como sugerencia de Carvalho han generado controversias similares, que dentro del gobierno se consideran contraproducentes.

Poco después de tomar el cargo como ministro de Educación, Ricardo Vélez, un académico colombiano ultraconservador, dijo en una entrevista con una publicación semanal que los brasileños que viajan al extranjero se comportan como “caníbales” que roban cosas de los hoteles y los chalecos salvavidas de los aviones.

Poco después, lo atacaron por enviar una carta a las escuelas exigiendo que se lea a los estudiantes una consigna política de Bolsonaro después de cantar el himno nacional. Luego de muchas controversias fue removido del cargo la semana pasada.

Otro discípulo de Carvalho, el ministro de Relaciones Exteriores Ernesto Araújo, también fue criticado por decir que el nazismo era un movimiento de izquierda, una afirmación que Bolsonaro repitió cuando hace poco visitó el museo del Holocausto en Israel. El sitio web del museo dice que el Partido Nazi era una rama de los “grupos radicales de derecha” (Bolsonaro dijo la semana pasada que el Holocausto “puede perdonarse, pero no olvidarse”, lo cual provocó aún más controversia).

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Bolsonaro y el Ministro de Relaciones Exteriores Ernesto Araújo, en Paraguay, en marzo. Araújo ha afirmado que el nazismo era un movimiento de izquierda, un error que Bolsonaro también ha repetido. CreditUeslei Marcelino/Reuters

Carvalho se ha dirigido a varios de los ocho generales retirados del gabinete de Bolsonaro, entre ellos el vicepresidente Hamilton Mourão, y los ha calificado como enemigos dentro del Estado.

Mientras tanto, los generales han buscado alejarse del conflicto y son vistos como una fuerza moderada y estabilizadora dentro de un equipo caótico.

Augusto Heleno Ribeiro, un exgeneral que supervisa las políticas de seguridad en el Gabinete, dice que se merecen esa reputación.

“Nuestro estilo es ser conciliadores, no incendiarios”, dijo en una entrevista. “Eso es porque sabemos muy bien los peligros del extremismo”.

 
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Bolsonaro prepara decreto para “facilitar vida” de cazadores y coleccionistas

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El presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, anunció este jueves que tiene preparado un decreto para “facilitar la vida” de cazadores, tiradores y coleccionistas de armas, que probablemente firmará la próxima semana.
El mandatario, que acaba de cumplir 100 días en el poder, dijo en su ya tradicional directo de los jueves en su cuenta personal de Facebook que el texto del decreto “está listo” y que “dará de qué hablar” cuando sea publicado.
Bolsonaro, capitán de la reserva del Ejército y líder de la extrema derecha en Brasil, es un ferviente defensor de la posesión de armas y en enero pasado ya firmó un decreto a través del cual facilitó su compra para civiles, cumpliendo así una de sus promesas de campaña.
El jefe de Estado comentó que, para la elaboración del nuevo texto, escucharon a personal del Ejército y de la Policía Federal, entre otros, y, aunque hubo cierto “choque de conflictos”, finalmente se decidió por llevar adelante la medida, la cual no detalló.
“Vamos a invitar a parlamentarios” para “mostrarles” y “firmar ese decreto que va a facilitar, y mucho, la vida, de esos coleccionistas, tiradores y cazadores”, afirmó.
Según el diario O Globo, después de ese primer decreto, el Ministerio de Defensa elaboró un documento en el que advirtió al colectivo de coleccionistas, cazadores y tiradores que su acervo armamentístico solo podía usarse para esas actividades y que continuaba prohibido como herramienta de defensa personal.
Por otro lado, Bolsonaro indicó que “otros decretos” relacionados con las armas “vendrán” más adelante y que también tiene pensado presentar un “proyecto de ley” sobre el tema, aunque no especificó nada.
“Pretendemos presentar un proyecto de ley, escuchando al diputado (Rogério Mendonça, más conocido como) Peninha”, dijo, haciendo referencia al parlamentario autor de algunos proyectos para revocar el Estatuto del Desarme, que entró en vigor en Brasil en 2003 y permitió una reducción tanto del número de armas compradas como de los homicidios.
Bolsonaro defiende que un mayor acceso a las armas por parte de la población civil garantiza “el derecho de legítima defensa”, una posición que ha sido duramente criticada por organizaciones de derechos humanos que advierten que, cuantas más armas circulen, mayores serán los índices de violencia.
Brasil ha registrado en los últimos años una media de 60.000 muertes violentas al año, convirtiéndolo en uno de los países del mundo más azotados por este problema.
Fuente: EFE

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Gonzalo Sarasqueta sobre las campañas: “Estamos ante un fenómeno de mayorías cotidianas”

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Año de elecciones, últimos meses de Gobierno del autoproclamado “mejor equipo de los últimos 50 años”, mucha tela para cortar y nadie mejor para analizar  los contextos comunicacionales que Gonzalo Sarasqueta. Como el rompecabezas de una Argentina fragmentada, Sarasqueta abordó sin temor, los millennials, la grieta, la oposición, el discurso de Cambiemos, las redes, el posible Bolsonaro argentino y hasta nos dio algunos tips ¡Atentos candidatos!
 
Gonzalo es profesor coordinador del Posgrado Comunicación Política de la Universidad Católica Argentina. Está en Misiones como disertante del Primer Encuentro Binacional de Comunicación Política que se desarrollará en Posadas y Encarnación este jueves y viernes, respectivamente.

-Un tip para el candidato o candidata de esta época…
 
-Fácil: Es tiempo más de escucha que de habla. Si el político no entiende que el ego del ciudadano es otro, que quiere participar….entonces va a fracasar. Esta es una época, de lógica conversacional. Si no entendemos eso, escuchar… escuchar en serio; comprometerse con lo que plantea el vecino; en este contexto, el segundo paso es la interacción, que el vecino escriba tu historia política.
 
-En este contexto de inmediatez, de redes, de posverdad, ¿cómo se elabora un discurso?
 
-Tenemos un contexto marcado por la temporalidad fugaz; contexto marcado por la economía de la atención, cada vez prestamos menos atención; es un contexto con mucha competencia de mensajes. En este escenario, el mensaje debe ser simple, breve, contundente y a la vez creativo.  Son las cuatro características a la hora de construir un mensaje. Esto implica un esfuerzo importante. Es el desafío de decir mucho con poco. Nosotros trabajamos la estructura en un minuto (TEP) Título- Explicación- Propuesta.
Nos toca una época de brevedad.
 
-Millennials ¿Cómo comunicar un mensaje político a esa generación?
 
-Roberto Lavagna con medias. Esa foto anda bien para millennials porque es una foto espontánea. Los millennials valoran la espontaneidad. No piden tanto papeles. Tienen otro ego. Quieren participar, no quieren escucharte a vos. Está educado en el ida y vuelta. Si les vas a dar discursos, lo vas a perder a los 20 segundos. Tenés que hacerlos sentir parte. No se puede entender a la política con la figura del militante sino con la del activista; que es más laxo, menos comprometido, pero puede hacer un posteo, poner un like. Definitivamente hay que darle otro papel, uno con protagonismo.
 
-Las redes sociales, ¿realmente mueven una elección?
 
-Las campañas tienen tres arenas: mediática, territorial y de redes. Tenes que ganar las tres. La redes generan climas y los climas ganan o pierden elecciones.
 
La entrevista giró en torno al análisis de los discursos, cómo pensarlos en tiempos donde la verdad no pareciera ser tan importante; cómo interpretar el cambio postural del presidente Macri y cómo proponer una oposición en tiempos de grieta.
 
-¿Cómo comunicar en tiempos de Posverdad?
 
-Con las redes sociales, la diferencia entre ‘ciberdemocracia’ y ‘teledemocracia’, es el carácter de lo inmediato. Sin embargo la ‘teledemocracia’ continúa marcando la preponderancia de la imagen. Ahora existe más un idea de reciclaje constante que acelera los tiempos de la comunicación.
Ejemplo de que estamos frente a una agenda ‘líquida’; en vez de tener una portada de un diario, con un tema por día, hoy tenés cinco portadas por día. Es decir cinco temas importantes para debatir por día. Los tiempos se aceleran y tenemos mas temas para digerir.
 
Al ruido informativo de medios tradicionales, hay que agregarle el contenido de todos los individuos. Tenes ‘prosumidores’, productores y consumidores. Eso genera saturación.
 
El debate público ¿dónde se expresa? ¿En los Mass Media o en la redes?
 
-Estamos en una transición. Donde conviven elementos de la TV, radio, prensa y entran ingredientes de las herramientas 2.0.
Podemos ver el kirchnerismo en la imagen de Cristina en una atril en la plaza de Mayo; o a Cambiemos con el timbreo, su caballito de batalla comunicacional, que tiene la lógica inversa. El pueblo no tiene que ir al espacio público, sino el político va al espacio privado y el líder es horizontal que toma mate en la casa del ciudadano. Eso no es sin querer, Cambiemos tuvo olfato. Entre esos dos estilos conecta mejor con la ciberdemocracia, este donde se pierde la frontera con el representante y el representado.
 
La grieta ¿paga o no paga? ¿Hay posibilidad de una tercera vía?
 
-Una campaña es una batalla narrativa. Tenés un relato del oficialismo (Cambiemos) que tiene narrativa activa y adelante, un contrarrelato, el de los opositores que es más reactivo, crítico; y muchos microrelatos. Lo particular de este escenario es que hay contrarrelatos. El Gobierno actúa como oposición en lo comunicacional. La batalla comunicacional del Gobierno es contra la corrupción de un gobierno que terminó hace cuatro años. El clivaje, el eje del gobierno es transparencia vs. corrupción que me parece algo para parar las antenas, es muy curioso. Y el kirchnerismo, parado en la vereda de enfrente critica al Gobierno. Tiene argumentos para el contrarrelato. Ahora, ¿cómo responde la ciudadanía y si hay posibilidad de síntesis, es todo un tema.
Una tercera alternativa tiene que aprender que no se puede polarizar con dos al mismo tiempo. Porque el ciudadano, el que no lee los diarios todos los días, tiene un esquema de análisis más sencillo, que es el binario. Es Boca contra River. Ese es el esquema de interpretación. Esa tercera oferta, tendría que buscar la forma de polarizar contra el partido de la grieta. Terminemos con el negocio del partido de la grieta porque están llevando el país a la ruina. Mientras intentes triangular, va a ser difícil.
 
-En este escenario comunicacional y social particular, tenemos el candidato oficial: Macri ¿La oposición tiene tiempo de presentar un candidato presidenciable?
 
Depende del candidato. Los tres que veo, Cristina, Massa y Lavagna. Cristina y Massa, cuando hablan suben en imagen negativa. Cristina suma desde el silencio. Eso al Gobierno le pone nervioso, si no habla le sacan las escuchas. Lo que sea para tenerla en el escenario. Massa tiene un problema de credibilidad. Estuvo demasiado volátil,  no tiene un plan coherente. El tercer candidato, Lavagna, está jugando con el factor suspenso, generar expectativas y aparecer sobre el final.
Hay tiempo, en esa aceleración de la información. Estamos ante un fenómeno de mayorías cotidianas. No alcanza que tengas el carnet del radicalismo. Tenemos que formar mayoría todas las semanas y mantenerlas. Este 40 por ciento que quedó fuera (de la polarización Macrismo-Kirchnerismo) es el más volátil.
La oposición tiene tiempo, más si Cristina no se presenta. Puede magnetizar el voto peronista.
 
-¿Cuál sería un buen slogan para este candidato tercera posición?
 
Contra la grieta y a favor de la Argentina. Es necesario, sin caer en nacionalismo torpe. Es momento, de poner en un nivel superior a la Argentina. Las desigualdades son más profundas. Los índices macroeconomicos son negativos, hay más deuda, más inflación. Hay que conseguir consensos mínimos. Argentina tiene que construir esa autopista. La democracia no es solo conflicto, es también consenso.
 
-Analicemos el discurso de Macri. Este año hubo un cambio, está más enojado, ya no sólo confrontado con el kirchnerismo sino con los “70 años de populismo”…
 
-Activación, Refuerzo, Conversión: el esquema de una estrategia de campaña. En este caso, la situación económica es tan dura, que Cambiemos sólo puede aprovechar el refuerzo, que es cuidar su tercio. Es lo que se asocia al anti-peronismo en Argentina. Tuvo que ir a buscar una fractura más histórica, la de peronismo- antiperonismo. Ya no son los 12 años, sino los 70 años en que se robaron todo. Lo cual tiene un aroma medio épico mesiánico porque viene a arreglar un problema de siete décadas. Con lo cual no sólo necesita cuatro años, sino más tiempo. Ellos dicen que esa tragedia de 70 años se llama populismo.
(Ese discurso) Es la última herramienta que tiene.
 
-Pasando a un fenómeno reciente en la región ¿Puede gestarse un “Bolsonaro” en Argentina?
-(Jair) Bolsonaro (Presidente de Brasil), como muchos creen, no es un ‘outsider’ de la política. Conoce muy bien las escaleras del poder. Muchos años fue diputado. Más allá de eso, en Argentina, veo difícil la aparición de un personaje así. Argentina tiene una población muy politizada. Tiene que haber una gran crisis de representación para erosionar las identidades del 60 por ciento, que a veces son conscientes y otras no, de su identidad política. Tiene que haber una crisis muy fuerte. No puedo hacer ‘futurología’, pero no veo lugar para alguien como Bolsonaro que hace apología de sentido común. El argentino tiene un filtro.

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Jair Bolsonaro alentó a las fuerzas armadas a reivindicar el golpe militar

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BRASILIA, New York Times. Por  — El presidente Jair Bolsonaro exhortó esta semana a las fuerzas armadas a “conmemorar” el 55 aniversario de un golpe que instauró una dictadura militar brutal en Brasil, lo cual generó un acalorado debate sobre el legado de esa era de represión.

Bolsonaro, un capitán retirado del ejército que compitió por la presidencia con una plataforma de ultraderecha, ha sido desde hace tiempo un apologista del gobierno militar de Brasil, y ha calificado al golpe que derrocó a un presidente de izquierda el 31 de marzo de 1964 como una victoria contra el comunismo.

Hasta hace poco, su opinión era poco convencional. El régimen militar que siguió al golpe apeló a la censura y el aparato de seguridad represivo para mantener el control durante veintiún años, en los que torturó y asesinó a cientos de sospechosos de ser disidentes. Tres de los presidentes de Brasil desde que el país regresó a la democracia a mitad de la década de los ochenta se han opuesto a los militares, y ellos mismos fueron exiliados, encarcelados o torturados por eso.

 

No obstante, la presidencia ha dado a Bolsonaro una poderosa plataforma para impulsar una versión revisionista de esa era en la cultura dominante.

Algunos miembros de su gobierno dijeron que la postura del presidente era una ruptura refrescante para una perspectiva dogmática sobre el pasado. “Veo esto como un debate saludable”, dijo Ernesto Araújo, el ministro de Relaciones Exteriores de Bolsonaro, en una entrevista el 29 de marzo. “Es saludable para una sociedad que discuta su pasado y su futuro de una manera franca”.

Sin embargo, para muchos otros brasileños, esto reabrió un capítulo doloroso y sin resolver en la historia del país. Políticos, activistas de derechos humanos e historiadores pronunciaron duras críticas. La Procuraduría General emitió un reproche extraño, y mordaz, por escrito.

“El golpe de 1964, sin ninguna posibilidad de duda o revisionismo de la historia, fue una ruptura violenta y antidemocrática del orden constitucional”, dijo el comunicado del procurador general.

El anuncio de Bolsonaro y el momento que eligió para hacerlo ha tensado aún más su ya tirante relación con el Congreso, y varios legisladores se manifestaron en su contra esta semana.

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Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, abraza al vicepresidente y general retirado, Hamilton Mourão, que ha sido desde hace tiempo un admirador orgulloso de la antigua dictadura militar del país.CreditSergio Lima/Agence France-Presse — Getty Images

Otros legisladores se mostraron confundidos de que un presidente cuyo índice de popularidad se ha desplomado en sus primeros tres meses —y que todavía tiene que cumplir con promesas claves de campaña, como disminuir la inseguridad y echar a andar la economía— gaste su capital político en esto en vez de impulsar iniciativas de ley para reformar el código penal y el sistema de pensiones.

Brasil ha hecho mucho menos que sus países vecinos, incluidos Argentina y Chile, para investigar los abusos cometidos por los militares durante la dictadura.

Aunque una Comisión Nacional de la Verdad reportó que alrededor de 8000 indígenas y por lo menos 434 disidentes políticos fueron asesinados durante la dictadura militar, nadie ha sido llamado a rendir cuentas. Una ley de amnistía aprobada en 1979, mientras el país todavía era gobernado por los militares, ha protegido a los abusadores de rendir cuentas judicialmente hasta la actualidad. El Supremo Tribunal Federal defendió la ley en abril de 2010.

La postura de que el golpe fue necesario es compartido por muchos miembros de las fuerzas armadas, quienes a lo largo de los años han celebrado el aniversario con ceremonias silenciosas.

Hace cuatro años, cuando era un legislador conocido más por su discurso ofensivo que por su capacidad para lograr la aprobación de iniciativas, Bolsonaro destacó el cincuenta aniversario del golpe al instalar un gran letrero amarillo frente al Ministerio de Defensa que decía: “Gracias a ti Brasil no es Cuba”. También detonó fuegos artificiales y dijo que los brasileños deben “su libertad y democracia” a los militares.

Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del presidente que es legislador federal, dijo en una entrevista este semana que la izquierda ha intentado desde hace tiempo “reescribir la historia para presentar a terroristas como víctimas o personas que han luchado por la democracia”.

Esa visión ha ganado tracción en la era Bolsonaro. Araújo, ministro de Relaciones Exteriores de Bolsonaro, dijo en el congreso esta semana que él no consideraba que la intervención militar de 1964 fuera un “movimiento necesario para evitar que Brasil se convirtiera en una dictadura”.

Augusto Heleno Ribeiro Pereira, un general retirado que forma parte del gabinete de Bolsonaro como el funcionario de seguridad de más alto rango, dijo que el presidente considera ampliamente que el “registro histórico debe ser corregido” para desmentir lo que él calificó como “la versión no verdadera de la izquierda”.

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Emilio Garrastazu Medici, a la izquierda, después de ser proclamado nuevo presidente de Brasil por orden militar en 1969. Los brasileños no tendrían la oportunidad de elegir directamente a su presidente hasta 1989. CreditAssociated Press

Sérgio Moro, el ministro de Justicia de Bolsonaro, llamó en 2017 a la “dictadura militar” como un “gran error”. Sin embargo, esta semana, el exjuez federal se rehusó a decir si los términos “golpe” y “dictadura” eran históricamente precisos.

Aunque los líderes militares gobernaron de una forma “autoritaria”, dijo, “lo que realmente importa es que hemos recuperado la democracia”.líderes militares sénior parecían ansiosos por restarle importancia a la controversia, y el Ministerio de Defensa no dijo cómo las unidades militares de todo el país conmemorarían la fecha.

Fernando Azevedo e Silva, el ministro de Defensa, dijo que “conmemoración” tal vez no era la palabra adecuada, pero argumentó que marcar el evento de manera oficial era importante porque “más jóvenes necesitan conocer qué ocurrió en esa fecha, en esa era”.

Con escasa o nula rendición de cuentas para los que cometieron abusos a los derechos humanos en Brasil, algunas víctimas buscaron justicia en el extranjero.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos falló en noviembre de 2010 sobre la detención, tortura y desaparición de setenta personas vinculadas al movimiento rural guerrilla de Araguaia entre 1972 y 1975 y reprochó a Brasil por fracasar en el procesamiento de violaciones brutales a los derechos humanos.

Hace un año, la corte, que es parte de la Organización de Estados Americanos, OEA, culpó a Brasil por su fracaso para procesar a los agentes de inteligencia que torturaron y asesinaron al periodista Vladimir Herzog en 1975, y después escenificaron un ahorcamiento y declararon que Herzog se había suicidado.

Los familiares de Herzog pudieron corregir el registro oficial en Brasil —una victoria poco común después de años de lucha en las cortes—. En 2013, un juez ordenó que le fuera emitido a la familia un certificado de defunción oficial que reflejara que Herzog murió debido al abuso sufrido mientras era interrogado.

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Además de llamar a las fuerzas armadas a conmemorar el aniversario del golpe militar el 31 de marzo, Bolsonaro también anunció que su gobierno ha comenzado a auditar un fondo creado para compensar a las víctimas de la dictadura. CreditAndre Penner/Associated Press

En ambos fallos, la Corte Interamericana reconoció los crímenes cometidos por la dictadura brasileña como crímenes contra la humanidad.

Eduardo Reina, un periodista brasileño, pasó años investigando las acusaciones de que funcionarios en Brasil secuestraron bebés de supuestos disidentes durante la dictadura. Reina presenta diecinueve de esos casos en Endless Imprisonment, un libro que será publicado la próxima semana.

Brasil tiene una tradición de no confrontar el pasado —particularmente sus aspectos más sombríos—, dijo el periodista.

“Existe esta cultura, esta consciencia colectiva de que no era una dictadura rígida, que era una dictadura ligera, que los niños no fueron secuestrados, solo los criminales fueron capturados y torturados”, dijo Reina. “Eso simplemente no es verdad”.

El debate reciente ha causado molestia entre las víctimas de la dictadura.

Ivan Valente, un legislador federal de izquierda que fue detenido y torturado por el gobierno militar en 1968, calificó la decisión de Bolsonaro como “un gran retroceso para Brasil”.

Revisar la historia sería más difícil si Brasil hubiera seguido el ejemplo de Argentina, Chile y Uruguay, que llevaron a juicio a los peores abusadores de las dictaduras.

“Los generales allí fueron llevados a prisión, los torturadores fueron detenidos y sentenciados”, dijo Valente en una entrevista. “Aquí en Brasil, los torturadores fueron ascendidos”.

Iracema de Carvalho Araújo tenía 11 años cuando la policía de Recife la detuvo junto a su madre, una activista política. Ellas fueron torturadas en la misma habitación, dijo; sufrió choques eléctricos mientras su madre gritaba cerca de ahí.

Posteriormente, un comandante se dio cuenta de que ella era solo una niña y ordenó a la policía que la llevara al centro de la ciudad y la dejara ahí. Su madre fue asesinada.

“Exijo respeto por todo lo que hemos atravesado”, dijo en respuesta a la decisión de Bolsonaro de celebrar el comienzo del gobierno militar. “Hemos logrado tanto desde ese entonces, no podemos regresar a esos días”.

 
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