BOLSONARO

Católicos de Brasil: ¡Reacciones!

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En el mundo, Brasil es el país que tiene un mayor número de católicos, 172,2 millones según los números del Vaticano, seguido por México (110,9), Filipinas (83,6), Estados Unidos (72,3), Italia (58.0), Francia (48,3), Colombia (45,3), España (43,3), República Democrática del Congo(43,2), y Argentina (40,8). Son los 10 países con mayor número de católicos.
En el continente americano, en total, el catolicismo ha perdido 13 puntos porcentuales en cuanto a creyentes en todo el continente, pasando del 80% de la población en 1995 a 67% en el 2013. En Brasil, la campaña de los evangélicos apoyaron a Bolsonaro para que ganara las elecciones.
Un mastodonte de 56 metros de altura, 105 de ancho y 121 de profundidad, en un área de 100.000 metros cuadrados, se levanta el barrio de Brás, una de las zonas populares de Sao Paulo. Se dice que su inspirador, el magnate de la comunicación y fundador de la de la evangélica iglesia Universal del Reino de Dios, Edir Macedo, trajo piedra de Jerusalén para construir esta réplica del templo de Salomón, con capacidad para 10.000 fieles. Esta inauguración, bajo una amenaza de lluvia en la tarde paulista, apenas 1.000 acudieron al culto.
Los evangélicos, una masa de 42,3 millones de personas-22,2% de la población- son uno de los sectores determinantes de las elecciones brasileñas, con un poder inusual en comparación con otros países de América Latina, donde también han crecido con los años. Junto a los partidarios de las armas y los ruralistas forman en el Congreso lo que se conoce como la bancada BBB: bala, buey y Biblia.
En la elección se sumó una cuarta B, la de Jair Bolsonaro, que ha logrado aglutinar el respaldo de todos ellos. En el caso de los evangélicos, recibió el espaldarazo en TV Record, la segunda televisión del país, propiedad de Edir Macedo donde el ultraderechista aprovechó los 30 minutos que le brindó Record para tratar de humanizar su retrógrada figura. El apoyo de Macedo es de suma importancia para Bolsonaro. Creador hace 40 años de la Iglesia Universal del Reino de Dios, hoy impero religioso con más de nueve millones de seguidores en todo el mundo que frecuentan cerca de 10.000 templos. Lo dio a conocer en su página de Fecebook, cuando se le preguntó por quién votaría. De ese pequeño gesto, pasó a ofrecer al militar retirado la mayor plataforma de la que pudo disponer para justificar, paliar o argumentar sus peroratas en un país donde el 44,8% decide su voto influenciado por la televisión. La comparación con Trump vuelve a ser inevitable. Si aquel tiene Fox News, Bolsonaro cuenta con TV Record.
El respaldo de Macedo se suma al de otros líderes evangélicos, como el pastor José Wellington Becerra da Costa, presidente emérito de la Asamblea de Dios, la mayor fuerza evangélica con 22,5 millones de fieles en Brasil, cerca del 10% de la población. “De todos los candidatos, el único que habla el idioma del evangélico es Bolsonaro. No podemos dejar a la izquierda volver al poder” aseguró el pastor después de mostrar un video de Bolsonaro en la fiesta aniversario de la iglesia. En agosto de 2014, era Dilma Rousseff, en plena campaña para la reelección, aparecía en el púlpito de la iglesia de Becerra da Costa. Entonces, era ella quien se llevaba el tercio del electorado evangélico en vísperas de la elección. Dilma estaba al frente en todas las encuestas y era la favorita para vencer.
El abandono paulatino comenzó con el impeachement a Rousseff donde en las elecciones, han puesto fin a la alianza evangélica con el PT. En la última década, los principales líderes apoyaron al partido, un respaldo pragmático por el que se obtenían, por ejemplo, beneficios fiscales. Por su parte el apoyo evangélico resultaba incómodo para el partido de Lula, pues sus reclamos no terminaban de encajar con las defensas más progresistas de la formación.
“Desde setiembre se ha producido una migración considerable de la intensión del voto evangélico hacía Bolsonaro” explica Ronaldo Almeida,, profesor de Antropología de la Universidad de Campinas (Unicamp) y miembro del Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento.
“Bolsonaro representa esa sensación de orden y autoridad que cala en esa parte de la población, aún más en un contexto de retroceso económico y moral” manifestó Dilma, pero sobre todo Lula, había logrado el respaldo de los sectores más pobre, mayoría dentro de los evangélicos.
Todo eso fue difuminando con el paso del tiempo, la llegada de la crisis económica y crecimiento del antipetismo (contrarios al partido de los Trabajadores). La puntilla supuso la aparición de un candidato que defendía los valores más tradicionales.
“Bolsonaro es un candidato que tiene la agenda que nosotros defendemos, tiene una vida limpia y patriota. ¿Por qué no apoyarlo?” se pregunta retórico el pastor Silas Malafaia, de la Victoria en Cristo, una vertiente de la Asamblea de Dios. Cuando se le pregunta por las actitudes racistas, machistas y homófobas de Bolsonaro, el pastor responde que son acusaciones” de lo más ridículas”. “Fue la izquierda brasileña quien apoyó con fuerza esa basura moral, como la ideología de género y el beso gay en la novela de las seis de la tarde”.
Ya fuese la elección de Trump o el Brexit, allí detrás siempre se situaba la gran masa de los llamados perdedores de la globalización, trabajadores empobrecidos y rabiosos, con escasa formación, víctimas propiciatorias para cualquier caudillo demagogo. Poco o nada tiene que ver con el movimiento que colocó en la presidencia del quinto país más poblado del paneta a Jair “Messias” Bolsonaro, un antiguo capitán de paracaidistas amante del gobierno militar, la tortura y las ejecuciones policiales, machista y racista, además profundo ignorante sobre cualquier asunto que no conlleve la exhibición de testosterona.
“Desafiaba responder a las calamidades, La élite elige el tiro, el porrazo y la bomba” .” Quién ha titulado así un artículo en el diario Folha de Sao Paulo no es ningún furioso izquierdista, sino Reinaldo Azevedo, una de las firmas más aceradas de la derecha liberal brasileña. Para atestiguar sus conclusiones ahí está la Bolsa, descorchando champán, tras cada encuesta que confirmaba el triunfo de Bolsonaro.
Nadie gana unas elecciones sin penetrar en todas las capas sociales, es obvio, pero las cifras del instituto de opinión de Datafolha resultan inequívocas. Entre los brasileños con estudios superiores los apoyos a Bolsonaro superaron el 40%, frente al 20% entre los que no pasaron de primaria; su intención de voto entre los pobres- los que viven con una renta familiar de dos salarios mínimos al mes o menos. 1.908 reales, unos 480 euros- es también del 20%, mientras se disparaba al 50% entre las clases media y alta; le respaldaban el 42% de los hombres y el 28% de la mujeres; arrasa en el sur del país, la zona más rica, pero pierde con claridad en el nordeste subdesarrollado ante Fernando Haddad, el heredero de Lula da Silva en el liderazgo del Partido de los Trabajadores (PT).
Hasta hace unos meses, el mundo del dinero aún veía con desconfianza a Bolsonaro. No tanto porque dijese que los derechos humanos son “estiércol”, porque mandase a los indios a”comer hierba” en sus tribus o porque negase condenar el asesinato de la concejal izquierdista de Río de Janeriro Marielle Franco. La discrepancia de fondo era la concepción estatista de la economía que Bolsonaro heredó de su admirada dictadura militar (1964-1985)- En vista que esos principios no gustaban, el candidato se sacó otros: contrató como gurú económico a un ultraliberal y todos los recelos desaparecieron. No hay más que ver el goteo de pronunciamientos en su favor de grandes empresas, entregadas ya sin disimulo al macho alfa que promete limpiar Brasil de asesinos y ladrones. En esto, ha acabado con revueltas en las calles, protagonizadas por los sectores sociales acomodados, y la posterior maniobra parlamentaria que en 2016 lograron sacar del gobierno, después de 14 años, a un PT asediado por crisis económicas y escándalos.
Aquellas protestas despertaron a un movimiento derechista que aprovechó a fondo la pasión nacional por las redes sociales. De repente, los objetivos ya fueron más allá de la corrupción y el desastre económico de la presidente Dilma Rousseff. Ahora atacaban las cuotas raciales en la universidad, las ayudas públicas a “los que no quieren trabajar”, las restricciones al uso de armas y la inmoralidad de las costumbres. En ese pozo negro creció la figura de Bolsonaro, que también recibió el apoyo de las más influyentes iglesias evangélicas del país. Y así, poco a poco, la élite brasileña asumió que el verdadero peligro no es el líder ultraderechista sino el PT. Da igual que el partido de Lula nunca tocara la fiscalidad de las rentas altas, ni nacionalizase una empresa, que regase con ayudas a chorro a grandes compañías privadas, que durante sus mandatos, aunque millones salieron de la pobreza, los ricos también se hicieron más ricos. Una buena parte de los brasileños se ha convencido de que el programa oculto de PT es convertir al país en una nueva Venezuela.
Mientras tanto, los únicos bolivarianos que se escuchan, en versión extrema derecha, provienen del vicepresidente de Bolsonaro. Tan macho o más que su jefe, el general de reserva Antonio Hamilton Mourao especula abiertamente con el escenario de un autogolpe presidencial y lanza la idea de una nueva Constitución redactada por una “comisión de notables” sin representantes populares. Los entregados a la causa minimizan todo esto como si fuera cháchara electoral sin mucha importancia. Para ellos la auténtica amenaza la encarna el PT. Y hay que frenarla a toda costa, aunque sea a porrazos.
Con un país irremediablemente dividido en dos, ¿piensa Bolsonaro que puede llevar a la práctica el “Orden y Progreso” que flamea en la enseña patria?.
¡ Que ingratitud de una clase dirigente que mediante la política de Lula que puso recursos del BANDES al servicio de la clase empresarial brasileña para que expandan su actividades en Latinoamérica y África donde competían de igual a igual con las grandes multinacionales.!.
Miguel Schmalko- consejero y ex presidente de FEBAP y CACEXMI (Federación Económica Brasil, Argentina, Paraguay y Cámara de Comercio Exterior de Misiones)

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Bolsonaro quiere privatizar las Cataratas

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La lista incluye algunas de las mayores atracciones, como las Cataratas del Iguazú. El ministerio de Medio Ambiente creará también un órgano para negociar o cancelar multas ambientales.
La Tercera – En enero, a pocos días de asumir como ministro de Medio Ambiente del gobierno de Jair Bolsonaro, Ricardo Salles visitó Paraná para participar de las celebraciones por los 80 años del Parque Nacional de Iguazú. En esa oportunidad, defendió las sociedades público-privadas en la gestión de este tipo de parques y dijo que este modelo debía ser extendido por todo Brasil.
A poco más de dos meses de esa visita, Salles ya comienza a ver materializado su deseo. El miércoles, a la salida de una audiencia en el Senado, el ministro dijo que el gobierno pretende comenzar a privatizar este año la administración de sus parques nacionales, incluidos algunos de sus sitios turísticos naturales más famosos.
Citado por Reuters, Salles aseguró que el programa para concretar la privatización va a comenzar “definitivamente este año”. “Veremos cuánto podemos hacer. Se está haciendo el esfuerzo de hacer lo máximo posible sin perturbar un proceso que se basa tanto en un modelo económico como en una sustentabilidad bien ejecutada”, comentó.
Este programa prevé la privatización de la gestión de territorios demarcados como “unidades de conservación”, que son generalmente administrados por el Instituto para la Biodiversidad Chico Mendes. La agencia tiene el nombre del defensor de la selva tropical amazónica que fue asesinado por su trabajo. A principios de año, Salles se refirió a Mendes como una figura “irrelevante”.
Salles incluyó a las Cataratas del Iguazú, una de las más grandes del mundo que se extienden a lo largo de la frontera con Argentina, como uno de los muchos parques nacionales famosos de todo el país que podrían ser administrados por el sector privado. El ministro también citó como objetivos potenciales para la administración privada a la isla Fernando de Noronha, un destino exclusivo para quienes practican buceo, así como a los parques nacionales Pau Brasil, Chapada dos Veadeiros e Itatiaia.
Ya a fines de febrero, en alusión a la inminente entrega del parque nacional Pau Brasil a manos privadas, Renato Cunha, coordinador del Grupo Ambientalista de Bahía, reconocía al sitio Brasil de Fato que las comunidades locales, organizaciones sociales y movimientos populares estaban preocupados con las concesiones y temían la pérdida de transparencia y control social de la reserva con su privatización.
Las mismas reservas sobre el proyecto del gobierno manifiesta André Lima, abogado brasileño especialista en temas ambientales y coordinador del programa de deforestación de Marina Silva en la época que fue ministra de Medio Ambiente de Lula. “Uno de los riesgos es que no se respeten las reglas básicas de los parques, que no haya estudios que califiquen la capacidad de soporte del parque para actividades y que la cosa crezca más de lo que se debe, que de aquí a poco se quiera levantar casinos dentro de un parque nacional”, comentó a La Tercera.
Y es que activistas y ambientalistas han manifestado su temor a que Bolsonaro y Salles quieran suprimir las restricciones a la construcción en zonas protegidas, favoreciendo el desarrollo económico a corto plazo a costa del medio ambiente.
Durante la campaña electoral, Bolsonaro también criticó la aplicación de multas por infracciones relacionadas con el medio ambiente. Al respecto, Salles dijo que su ministerio está trabajando para crear un nuevo organismo que tendrá como objetivo autorizar, modificar o cancelar multas, así como llegar a acuerdos con quienes confiesen infracciones ambientales. Según el ministro, el actual sistema, aplicado por la agencia Ibama, no resulta en un cobro efectivo de todas las multas.
 

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Santa Fe será la sede de la próxima cumbre del Mercosur

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El canciller Jorge Faurie se reunió con el intendente José Corral y le confirmó que la ciudad de Santa Fe será la sede la 54° Cumbre de Presidentes del MERCOSUR, que a mediados de este año reunirá a los jefes de Estado que integran el bloque regional.
Durante el encuentro que mantuvieron Faurie y Corral en la capital provincial, el Canciller dijo que se trata de “una cumbre muy importante en la vida del MERCOSUR”, ya que en Santa Fe “habrá que tomar decisiones que tienen que ver con el futuro de los cuatro países que integramos el bloque, cómo vamos a vincularnos al mundo y cómo hacerlo más eficiente”.
Faurie informó que además de los jefes de Estado de los países miembros del MERCOSUR, Santa Fe recibirá a los mandatarios de los estados asociados al bloque regional.
El ministro destacó “la actitud muy proactiva” del intendente Corral y la organización de Mercociudades en 2016, y le trasmitió que la ciudad cuenta con “un gran capital humano, infraestructura disponible y espacios públicos de calidad como la Estación Belgrano, el antiguo Molino Marconetti, o como las instalaciones de los viejos silos en el puerto. Santa Fe tiene una gran oportunidad”.
“Así como la reunión del G20 sirvió para enorgullecernos de Buenos Aires como capital del país capaz de organizar semejante evento internacional, con la presencia de los líderes más importantes del mundo, Santa Fe tiene en esta Cumbre del Mercosur la posibilidad de mostrar sus mejores condiciones”, agregó.
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Bolsonaro lanzó una reforma jubilatoria que busca ahorrar más de u$s300.000 millones

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El presidente Jair Bolsonaro presentó este miércoles el proyecto de reforma del sistema de jubilaciones, considerado vital para el equilibrio financiero de Brasil, pero que enfrentará un arduo camino legislativo antes de ser aprobado.
La propuesta fue recibida con cautela por los mercados, que vaticinan negociaciones complejas y creen que sufrirá varias modificaciones por parte de un Legislativo fragmentado, donde el gobierno precisará una mayoría especial en ambas cámaras para aprobarlo.
“Conocemos las dificultades, pero contamos con la competencia, el patriotismo y el compromiso de ustedes para salvar a Brasil económicamente. No tenemos otra salida”, afirmó Bolsonaro al llevar personalmente al Congreso el proyecto junto a su ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes.
El proyecto establece una edad mínima de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres. El equipo económico de Bolsonaro proyecta un ahorro en la próxima década de 1,16 billones de reales (más de 300.000 millones de dólares).
La propuesta determina además que los brasileños que quieran jubilarse con una pensión completa deberán contribuir durante 40 años con el sistema y aumenta de 15 a 20 años el tiempo de contribución para recibir el beneficio mínimo.
Brasil es actualmente uno de los pocos países que no exige una edad mínima para el retiro laboral. El régimen actual permite jubilarse a las mujeres que cotizaron durante 30 años y a los hombres que lo hicieron durante 35, sin una edad mínima, aunque el monto del beneficio mejora para quienes prolongan su vida laboral.
El proyecto es acorde a las expectativas de los mercados, que reaccionaron sin embargo con cautela después de un momento de entusiasmo que llevó a la Bolsa de Sao Paulo a subir casi 1% y reforzó el real frente al dólar. A inicios de la tarde, el índice Ibovespa subía 0,15% después de haber operado brevemente en negativo y el dólar se negociaba en niveles similares a los de la víspera.
“Todavía no da para evaluar si (la propuesta) es positiva o no. Se trata del inicio de las discusiones”, dijo a la AFP Alex Agostini, economista de la consultora Austin Rating.
“Recordemos que una cosa es la lógica económica, otra es la lógica política. [Hay que ver] cómo el Congreso recibirá la propuesta (…). Difícilmente el gobierno logrará preservarla integralmente”, añadió.
La consultora británica Capital Economics coincidió en que se trata de un plan “ambicioso”, pero advirtió que “los antecedentes sugieren que el proceso legislativo podría tomar tiempo” y que al final, el proyecto podría salir “diluido” respecto a su formato actual.
El propio Bolsonaro, un excapitán del Ejército conocido por posiciones nacionalistas, votó contra la reforma de las jubilaciones de 2003.
“Yo me equivoqué en el pasado”, admitió el mandatario ultraderechista, de 63 años, que se ganó el apoyo de los inversores gracias a la presencia a su lado de Guedes.
El gobierno montó un amplio dispositivo de comunicación para vencer las reticencias de la población a un proyecto que endurece las reglas para el retiro laboral.
Cerca de 1.000 personas se manifestaron por la mañana contra el proyecto en el centro de Sao Paulo, convocados por los principales sindicatos del país que denuncian una tentativa de poner un “fin a la Previsión Social en Brasil”.
“Haremos asambleas en las fábricas para explicar a los trabajadores que (…) si no nos unimos para rechazar esta propuesta, tendremos que trabajar hasta morir, no podremos jubilarnos”, aseguró Walmir de Morais, miembro de la Central Única de Trabajadores (CUT), de 38 años.
Fuente iProfesional

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En economía, hay vida después de las elecciones

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La coyuntura domina todas las variables y, en parte, esto puede ser atribuido a la incertidumbre electoral, ya que la Argentina es un país que carece de políticas de estado. Sin embargo, el programa económico no debería autolimitarse por ese factor, aunque el sector privado pueda confiar o no en su continuidad. Por ejemplo, el esquema de estabilización en vigencia, basado en el control de la base monetaria, ha fijado sus parámetros hasta mediados de este año, pero se impone ampliar ese horizonte. A su vez, la forma en la que la economía pueda viajar hacia un escenario de verdadera estabilidad depende del mix de una política monetaria y cambiaria que sigue condicionada por un sector público fuera de escala, tanto por el lado del gasto como de la presión tributaria, por lo que el sendero de las variables fiscales será crucial. De igual modo, la velocidad de esta travesía está atada a la factibilidad legal de desindexar los contratos, tal como ocurrió con el plan Austral (1985) o el de Brasil cuando se introdujo el real (1994). La deuda pública exigible (privados más FMI, BID y demás organismos) estimada para 2019 es de 53,2 % del PIB, por lo que existen muchas opciones antes de pensar en un default, siempre que la economía crezca y perdure la austeridad fiscal. Respecto de las reglas de juego para la inversión, es clave el rediseño del Mercosur, pero la idea de recortar a la mitad los aranceles de importación que se barajó en la cumbre MacriBolsonaro debería adquirir un carácter más formal, para ser evaluada.
Ya se ha subrayado que, luego del crítico 2018, la más sensata aspiración para 2019 es que cumpla un rol de transición, en el que los precios relativos no vuelvan a desalinearse y se consolide la fuerte corrección de los desequilibrios, tanto del frente externo como del fiscal. Sobre bases mucho más sólidas, corresponderá al presidente que asuma a fin de este año liderar o no la “construcción de futuro” de la economía argentina pero, justamente por eso, la gestión actual tiene tareas pendientes al respecto.
Entre las cuestiones más inmediatas de la agenda está el régimen que entró en vigencia en octubre pasado, que busca contener la inflación limitando la expansión de la base monetaria y deja flotar al tipo de cambio en el amplio territorio de la “zona de no intervención”. La tasa de interés de 75 % anual (Leliq) con la que arrancó el experimento hizo que fuera muy cuestionado, pero ahora parece haber ganado más consenso. Sin embargo, en algún momento este rústico mecanismo deberá ser sustituido.¿ Es ésta una cuestión de meses o de años?
El criterio más apropiado para discutir su “vida útil” parece ser el nivel que alcance la tasa de inflación, pero existe un significativo componente inercial, por lo que perforar el piso de 2 % mensual no habrá de resultar sencillo. Aparte de mantener rigor fiscal y monetario, ¿será necesario desindexar la economía?. Dado que una parte significativa del gasto público está indexada, intentar avanzar más rápido, abatiendo la inflación con restricción monetaria complicaría el frente fiscal, ya que la recaudación tributaría iría por detrás de las erogaciones. Pero si se propusiera algún tipo de desagio, para desindexar contratos, tal como ocurrió con el Austral (1985) o con el plan real (Brasil, 1994), ¿tendría esto aval de la justicia argentina?. ¿Puede hacerse un plan sin conocer previamente el laudo de la Corte Suprema?
El árbol de opciones también vale para la cuestión cambiaria. El esquema vigente no sólo implica flotación entre el piso y el techo de la “zona de no intervención”: a) define una amplia brecha de 30 % entre ambos extremos; b) las operaciones del Banco Central, tanto en la punta compradora como la vendedora, están limitadas por monto.
Teniendo la ventaja de la simplicidad, este régimen no podría impedir fuerte volatilidad de las tasas de interés en situaciones de estrés electoral. Frente a ese riesgo, y pese a que está claro cuál ha sido el espíritu de lo acordado en setiembre/octubre pasados entre el gobierno y el FMI, no habría que desechar mecanismos transitorios, apuntando a menor amplitud de la banda entre el piso y el techo (¿20 % en lugar de 30 %?) y a una multiplicación del “poder de fuego” del Banco Central, si tuviera que intervenir en la punta vendedora. El bimonetarismo argentino, potenciado en años de comicios, podría justificar algún retoque temporal, en aras de reducir el daño sobre la actividad productiva.
¿Tendría el BCRA margen para una intervención más contundente?. Por supuesto; entre reservas de libre disponibilidad y posibles ventas de futuros hay 22 mil millones de dólares. Y la cobertura de los vencimientos de deuda pública avanza a buen ritmo. Contando los desembolsos del FMI y organismos, más el stock de depósitos en manos del Tesoro, habría unos 37 mil millones de dólares disponibles este año. Luego de amortizar deuda con organismos y pagar los intereses del año, el gobierno retendría 18 mil millones de dólares, equivalentes a 52 % de los vencimientos de deuda privada. Hasta ahora, el “roll over” de Letes y demás instrumentos permite pensar en una transición ordenada.
En la medida en que se trate de incertidumbre típica de año de comicios, las reservas del Central más los flujos esperados a favor del Tesoro serían más que suficientes. Si, en cambio, las circunstancias políticas reinstalan ejes del pasado (pesificación, cepos, default), es obvio que no existen instrumentos que compensen tamaña insensatez. Aun así, todo indica que habrá vida después de las elecciones.

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