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El riesgo país cerró en 404 puntos y posterga la ruptura del piso de la era Milei

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El riesgo país volvió a concentrar la atención de los mercados financieros al cerrar este lunes en 404 puntos básicos, apenas por encima del mínimo alcanzado durante la gestión de Javier Milei. Aunque el Gobierno esperaba que el indicador perforara el umbral de los 400 puntos tras completarse el pago de US$4.500 millones en vencimientos de deuda, la reacción de los inversores fue más cautelosa y el índice elaborado por J.P. Morgan terminó prácticamente sin cambios respecto de los niveles registrados al cierre de la semana pasada.

La jornada estuvo marcada por la acreditación del tramo final de los pagos correspondientes a bonos Bonar, luego de que el viernes se hubieran cancelado aproximadamente US$2.500 millones en intereses de los títulos Globales. En total, el Tesoro desembolsó cerca de US$4.500 millones entre intereses y amortizaciones, una operación que el mercado observaba como una prueba para medir la capacidad del Gobierno de sostener la mejora en la percepción del riesgo soberano.

El viernes pasado, el indicador había descendido hasta los 402 puntos básicos, el nivel más bajo desde el inicio de la administración Milei y el menor registro desde 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri. Parte de esa mejora respondió a la decisión de algunos inversores de reinvertir los dólares cobrados en nuevos títulos argentinos, comportamiento que también se vio favorecido por la participación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y del Banco Central, que mantienen posiciones relevantes en esos bonos y suelen reinvertir automáticamente los vencimientos.

Sin embargo, una vez completado el proceso de pagos, el mercado mostró una actitud más prudente. El riesgo país abrió en 405 puntos y cerró apenas un punto por debajo, reflejando que la esperada compresión adicional de spreads aún no se materializa. La evolución del indicador confirma que los inversores continúan ponderando tanto la mejora en el perfil financiero del país como los riesgos asociados al contexto internacional y a la evolución de las principales variables macroeconómicas.

La presentación del programa financiero 2026-2027 realizada por el Ministerio de Economía aportó un elemento de respaldo a la estrategia oficial. El Palacio de Hacienda ratificó que la emisión de deuda en los mercados internacionales constituye una herramienta disponible, pero no una necesidad inmediata. El ministro Luis Caputo insistió en que volver al mercado voluntario será “una alternativa más” y no un objetivo en sí mismo, buscando transmitir que el financiamiento del Tesoro continuará apoyándose principalmente en organismos multilaterales, colocaciones en el mercado doméstico y otras fuentes de fondeo.

Esa estrategia apunta a reducir la dependencia del crédito externo y garantizar los compromisos financieros hasta el final del mandato presidencial sin presionar sobre las condiciones de mercado. Para los analistas, una eventual baja sostenida del riesgo país por debajo de los 400 puntos ampliaría el margen de maniobra del Gobierno para acceder a financiamiento en mejores condiciones, aunque el Ejecutivo insiste en que no existe urgencia por emitir deuda internacional.

Mientras tanto, los activos argentinos reflejaron un escenario de mayor selectividad. Los bonos soberanos en dólares operaron con bajas de hasta 0,7%, encabezadas por el Bonar 2041, el Global 2041 y el Bonar 2035, en una rueda de escaso volumen posterior al fin de semana largo y atravesada por la volatilidad internacional derivada de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, especialmente en torno al estrecho de Ormuz.

La renta variable también operó en terreno negativo. El índice S&P Merval retrocedió 0,8% hasta los 3.255.172 puntos, mientras que medido en dólares perdió alrededor de 1%. Entre las mayores caídas se destacaron Banco Macro, BBVA, Grupo Financiero Galicia y Loma Negra. En Wall Street, los ADR argentinos replicaron esa tendencia, con pérdidas de hasta 4% lideradas por el sector financiero, aunque las compañías energéticas lograron sostener un desempeño positivo, impulsadas por la recuperación del precio internacional del petróleo, con YPF encabezando las subas.

El mercado también comenzó a reposicionar expectativas de cara al segundo semestre. Además del impacto del programa financiero oficial, los inversores siguen de cerca la publicación de los próximos datos de inflación de Argentina y Estados Unidos, indicadores considerados determinantes para definir la trayectoria de las tasas de interés, el tipo de cambio y la valuación de los activos emergentes.

Aunque el riesgo país permanece en niveles históricamente bajos para los estándares argentinos recientes, la barrera de los 400 puntos continúa funcionando como un umbral simbólico. Su eventual ruptura dependerá no solo de la consolidación del programa fiscal y financiero del Gobierno, sino también de la capacidad de mantener el proceso de desinflación, sostener el ingreso de divisas y atravesar un contexto internacional que vuelve a mostrar mayores niveles de incertidumbre.

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Caputo presentó el Programa Financiero 2026-2027

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El Gobierno nacional presentó este lunes el Programa Financiero 2026-2027, una hoja de ruta con la que busca consolidar el proceso de estabilización macroeconómica, sostener la reducción del riesgo país y garantizar el cumplimiento de los compromisos de deuda sin depender, al menos en el corto plazo, de emisiones en los mercados internacionales.

La presentación estuvo encabezada por el ministro de Economía, Luis Caputo, junto al viceministro José Luis Daza y el secretario de Finanzas, Federico Furiase, quienes expusieron una estrategia basada en tres pilares: mantener el superávit fiscal, preservar una trayectoria descendente de la relación deuda/PBI y maximizar la flexibilidad financiera mediante fuentes de financiamiento de menor costo.

El dato central del programa es que para 2026 el Gobierno proyecta necesidades financieras por US$ 19.200 millones frente a fuentes estimadas por US$ 22.900 millones, lo que generaría un excedente de financiamiento de aproximadamente US$ 3.700 millones. Ese colchón sería utilizado para afrontar parte de los vencimientos de 2027, reduciendo las necesidades de financiamiento del próximo año.

Según explicó Furiase, el objetivo consiste en que las nuevas fuentes de financiamiento se utilicen exclusivamente para refinanciar vencimientos de capital, mientras que los intereses continúen siendo afrontados con el superávit primario. Esa lógica, sostuvo, permite mantener una trayectoria de deuda sostenible sin incrementar el endeudamiento neto del Estado.

Uno de los conceptos más repetidos durante la presentación fue el de “opcionalidad”. Tanto Caputo como Daza remarcaron que el programa fue diseñado con distintas alternativas de financiamiento disponibles para minimizar costos y evitar decisiones forzadas en función de la volatilidad internacional. Daza sostuvo que la flexibilidad constituye un activo económico en escenarios de incertidumbre y que la estrategia financiera fue concebida para preservar esa capacidad de maniobra.

Menos deuda y objetivo de grado de inversión

El equipo económico insistió en que la estrategia no apunta únicamente a refinanciar vencimientos sino también a continuar reduciendo el peso de la deuda pública sobre la economía.

Furiase aseguró que la deuda pública con privados y organismos internacionales —incluyendo los pasivos remunerados del Banco Central— pasó de representar cerca del 99% del Producto Bruto en diciembre de 2023 a 39,7% en la actualidad. Bajo supuestos considerados conservadores, la proyección oficial prevé que ese indicador continúe descendiendo hasta ubicarse cerca de 37,3% del PBI en los próximos cinco años.

En esa línea, Daza planteó que el objetivo estratégico del Gobierno es alcanzar antes de 2031 las métricas compatibles con el grado de inversión, condición que Argentina nunca logró mantener de manera sostenida. Aclaró, sin embargo, que ello dependerá también de las evaluaciones de las calificadoras internacionales y no constituye una promesa oficial.

Otro de los ejes centrales consiste en privilegiar préstamos garantizados por organismos multilaterales antes que emisiones tradicionales de deuda en los mercados internacionales.

Dentro del programa se prevén alrededor de US$ 4.000 millones mediante líneas con garantía de organismos internacionales. Entre ellas figura un préstamo respaldado por el Banco Mundial por aproximadamente US$ 2.000 millones, otro esquema con garantía del BID por US$ 1.200 millones y una línea adicional cercana a US$ 1.000 millones aún en desarrollo. Según el Ministerio de Economía, estos instrumentos ofrecen plazos más extensos y costos financieros considerablemente inferiores a los que implicaría una emisión soberana tradicional.

El esquema también contempla desembolsos del Fondo Monetario Internacional por US$ 1.900 millones, de los cuales US$ 1.000 millones serán destinados a continuar el proceso de recapitalización del Banco Central mediante la recompra de Letras Intransferibles.

Superávit, reservas y riesgo país

Durante la exposición, Caputo sostuvo que el programa financiero sólo resulta posible gracias al equilibrio fiscal alcanzado desde el inicio de la gestión y a la recomposición de reservas del Banco Central.

El ministro afirmó que el Tesoro ya adquirió al Banco Central cerca de US$ 6.700 millones durante el año y remarcó que la estrategia busca continuar saneando el balance de la autoridad monetaria, reducir la deuda intra sector público y fortalecer la estabilidad macroeconómica.

Furiase agregó que el riesgo país cayó desde niveles cercanos a los 2.700 puntos básicos al inicio de la administración hasta aproximadamente 414 puntos, indicador que considera determinante para reducir el costo del crédito para empresas y familias y favorecer las inversiones privadas.

Caputo evitó anticipar cómo reaccionarán los mercados tras la presentación del programa, aunque sostuvo que el Gobierno continuará brindando previsibilidad mediante disciplina fiscal y monetaria para seguir reduciendo el riesgo soberano. También confirmó que el próximo pago de bonos en dólares será afrontado con recursos ya disponibles en la cuenta del Tesoro y con ingresos adicionales provenientes de garantías, asegurando que existirán reservas suficientes para cumplir con los vencimientos.

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Jornada financiera: los bonos argentinos extendieron las subas, el riesgo país cayó a 421 puntos y el dólar volvió a superar los $1.500

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La plaza financiera argentina volvió a mostrar señales mixtas en una jornada marcada por la fortaleza de la deuda soberana, un nuevo avance del dólar y un escenario internacional menos favorable para los activos de riesgo. Mientras los bonos en dólares prolongaron su recuperación y el riesgo país descendió hasta los 421 puntos básicos —muy cerca de su mínimo de 2026—, las acciones locales retrocedieron en línea con Wall Street, que interrumpió la racha alcista de las últimas ruedas.

El movimiento más relevante para el Gobierno volvió a producirse en el mercado de renta fija. Los bonos Globales y Bonares avanzaron en promedio 0,3%, impulsando una nueva baja del índice elaborado por JP Morgan, que retrocedió tres unidades hasta los 421 puntos básicos. La compresión del riesgo soberano consolida una tendencia iniciada tras las recientes mejoras en la calificación crediticia de Argentina por parte de las agencias internacionales.

Desde Puente destacaron que la decisión de Standard & Poor’s de elevar la nota soberana a B-, en línea con la mejora previamente otorgada por Fitch, representa un cambio cualitativo para el mercado argentino. La nueva calificación no solo reduce el costo financiero implícito de la deuda, sino que además habilita el ingreso de fondos internacionales que, por reglamento, solo pueden invertir en países con ese nivel mínimo de calificación otorgado por al menos dos agencias.

Para el mercado, este cambio amplía las posibilidades de que Argentina recupere gradualmente el acceso al financiamiento voluntario internacional, un objetivo central de la estrategia económica del Gobierno una vez consolidado el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria.

El S&P Merval acompañó el mal clima externo

A diferencia de la deuda, la renta variable operó bajo presión. El índice S&P Merval perdió 1,5% y cerró en 3.121.855 puntos, luego de haber acumulado una mejora cercana al 4% en pesos durante el primer semestre.

La corrección respondió principalmente al comportamiento de Wall Street. El Nasdaq cedió 0,7%, mientras que el Dow Jones retrocedió marginalmente. Los inversores permanecieron atentos a las declaraciones de autoridades de la Reserva Federal en el foro organizado por el Banco Central Europeo, buscando señales sobre la evolución futura de las tasas de interés estadounidenses.

Entre los ADR argentinos negociados en Nueva York predominó el rojo, aunque algunas compañías lograron destacarse. Globant registró una fuerte recuperación diaria cercana al 9%, mientras Mercado Libre avanzó alrededor del 2,6%. Banco Supervielle también mostró un desempeño positivo, en contraste con el tono general del mercado.

El dólar volvió a subir y se consolida por encima de los $1.500

En el frente cambiario, la presión compradora volvió a sentirse por tercera jornada consecutiva.

El dólar mayorista avanzó siete pesos hasta los $1.489, ubicándose nuevamente muy cerca del máximo nominal alcanzado en octubre del año pasado. Durante la rueda llegó incluso a tocar los $1.493 antes de moderar parcialmente la suba sobre el cierre de las operaciones.

El volumen negociado volvió a ser elevado, con operaciones superiores a los USD 823 millones en el mercado contado, una señal de que la demanda privada continúa firme en el inicio del segundo semestre.

En paralelo, el dólar minorista del Banco Nación subió diez pesos y cerró en $1.510 para la venta, mientras que el dólar blue alcanzó los $1.525. Los dólares financieros también continuaron escalando, con el contado con liquidación acercándose a los $1.577, su valor más alto desde octubre.

Los operadores observaron además un importante movimiento en el mercado de futuros, donde se negociaron contratos por aproximadamente USD 1.700 millones. La baja registrada en las posiciones más cortas fue interpretada como una señal de intervención oficial mediante ventas de contratos para moderar las expectativas de devaluación.

La autoridad monetaria volvió a participar de manera acotada en el mercado oficial. Compró apenas USD 25 millones, equivalente a cerca del 3% del volumen operado, por debajo del objetivo del 5% que el propio Gobierno había planteado como referencia para acumular reservas sin alterar el funcionamiento del mercado.

No obstante, las reservas internacionales crecieron con fuerza hasta los USD 47.056 millones, un incremento diario superior a USD 2.180 millones explicado principalmente por la recomposición de encajes bancarios habitual al comienzo de cada mes, más que por compras genuinas de divisas.

Menor riesgo financiero, pero mayor tensión cambiaria

La jornada dejó en evidencia el contraste que hoy domina a los mercados argentinos. Por un lado, la mejora del perfil crediticio del país sigue favoreciendo a los bonos soberanos y permite que el riesgo país se mantenga en niveles que no se observaban desde hace varios años.

Por otro, el mercado cambiario comienza a reflejar un escenario diferente al del primer semestre. La menor liquidación estacional del agro, el aumento de la demanda privada de divisas y las intervenciones oficiales en futuros y títulos atados al dólar muestran que el Gobierno enfrenta un desafío creciente para administrar la transición hacia la segunda mitad del año sin que la aceleración del tipo de cambio termine trasladándose a los precios.

En ese equilibrio entre estabilidad financiera y presión cambiaria estará puesta buena parte de la atención de los inversores durante las próximas semanas.

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El dólar frenó su escalada y el riesgo país cayó a mínimos de la era Milei

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La estabilidad financiera volvió a ocupar el centro de la escena este jueves. Mientras el dólar oficial registró su primera baja de la semana y el riesgo país se acercó al nivel más bajo desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, los mercados interpretaron las señales como una consolidación del proceso de normalización macroeconómica impulsado por el Gobierno.

La divisa estadounidense retrocedió tanto en el segmento minorista como en el mayorista. En el Banco Nación, el dólar para la venta cerró en 1.455 pesos, cinco pesos por debajo de la jornada anterior, mientras que en el mercado mayorista la cotización descendió hasta los 1.436,50 pesos. Se trata del primer retroceso semanal luego de varias ruedas de presión alcista que habían puesto a prueba el nuevo esquema de bandas cambiarias implementado por el Gobierno.

Aun con la baja, el tipo de cambio oficial continúa lejos del techo de la banda de flotación, ubicado actualmente en 1.767,17 pesos. La distancia superior al 23% refleja que el mercado continúa operando con margen dentro del esquema diseñado por el Ministerio de Economía y el Banco Central.

El dato más relevante de la jornada fue la confirmación de que el Banco Central logró cumplir en apenas poco más de cinco meses la meta anual de acumulación de reservas prevista para este año. El cumplimiento anticipado de ese objetivo constituye una señal observada con atención tanto por los inversores como por los organismos internacionales, especialmente en un contexto donde la consolidación de reservas sigue siendo uno de los principales indicadores de fortaleza financiera del país.

La actividad cambiaria mostró además un importante nivel de operaciones. El volumen negociado en el segmento de contado superó los 597 millones de dólares y el total operado durante la jornada alcanzó aproximadamente los 1.229 millones de dólares, reflejando una elevada liquidez del mercado.

Los mercados comienzan a descontar estabilidad cambiaria

Las expectativas también se reflejaron en el mercado de futuros, donde predominó una tendencia bajista en los contratos correspondientes a 2026 y 2027. La lectura implícita es que los operadores anticipan una menor presión cambiaria para los próximos meses.

Las proyecciones privadas ubican al dólar mayorista en torno a los 1.454 pesos para fines de junio y cerca de los 1.632 pesos para diciembre, cifras que sugieren un sendero de depreciación más moderado respecto de los escenarios que se manejaban meses atrás.

Mientras tanto, los dólares financieros mostraron movimientos acotados. El contado con liquidación operó en torno a los 1.513 pesos y el dólar MEP cerca de los 1.457 pesos. La brecha cambiaria entre el CCL y el dólar oficial mayorista se redujo al 5,2%, uno de los niveles más bajos de los últimos años y un dato que fortalece la narrativa oficial sobre la convergencia de los distintos mercados cambiarios.

El riesgo país perfora los 500 puntos y apunta a nuevos mínimos

La mejora de las expectativas también se trasladó al mercado de deuda. El riesgo país, medido por el JP Morgan, cayó hasta los 486 puntos básicos, una reducción del 1,2% respecto de la rueda anterior y apenas cinco puntos por encima del mínimo registrado durante la administración Milei.

El indicador acumula seis jornadas consecutivas por debajo de los 500 puntos, una barrera simbólica para los mercados porque refleja una disminución significativa en la percepción del riesgo argentino frente a los inversores internacionales.

La baja estuvo impulsada por una nueva recuperación de los bonos soberanos. Tanto los títulos bajo legislación local como los emitidos bajo ley extranjera registraron subas que alcanzaron hasta el 1%, consolidando una tendencia positiva que comenzó luego del acuerdo financiero y las señales de ordenamiento fiscal exhibidas por el Gobierno.

Aunque Argentina continúa lejos de los niveles de riesgo que exhiben economías emergentes con acceso pleno al financiamiento internacional, la trayectoria descendente del indicador fortalece las expectativas de una eventual reapertura gradual del crédito externo en el mediano plazo.

Las acciones acompañan el optimismo

La Bolsa también reflejó el mejor humor de los inversores. En Wall Street, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas encabezadas por IRSA, que avanzó 3,5%, seguida por Cresud con una mejora del 1,7%.

La tendencia se replicó en el mercado local, donde IRSA lideró las ganancias con una suba de 3,8%, seguida por Ternium con 2,6% y Transener con 2,1%.

Detrás de estos movimientos aparece una lectura común de los operadores: la combinación de equilibrio fiscal, acumulación de reservas, menor incertidumbre cambiaria y descenso del riesgo país comienza a generar un entorno financiero más previsible.

Qué implica para Misiones y las economías regionales

Para provincias exportadoras como Misiones, la estabilización cambiaria representa un escenario de doble lectura. Por un lado, reduce la incertidumbre macroeconómica y mejora las condiciones para planificar inversiones. Por otro, obliga a sectores exportadores como la yerba mate, la forestoindustria, el té y el tabaco a ganar competitividad vía productividad y eficiencia, en un contexto donde el tipo de cambio deja de funcionar como principal mecanismo de compensación.

La caída del riesgo país también tiene impacto indirecto sobre las economías regionales. Una mejora en el acceso al financiamiento soberano suele traducirse, con rezago, en mejores condiciones para el crédito privado, infraestructura y proyectos productivos de largo plazo.

Por ahora, el mercado parece respaldar la estrategia económica del Gobierno. La incógnita continúa siendo si estas mejoras financieras podrán sostenerse en el tiempo y traducirse en una recuperación más amplia de la actividad económica, el empleo y el consumo. Ese será el verdadero examen para una administración que logró estabilizar variables clave, pero que aún enfrenta el desafío de consolidar el crecimiento.

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Las acciones argentinas extienden las bajas mientras la guerra y la Fed dominan la agenda global

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La incertidumbre geopolítica volvió a imponerse sobre el entusiasmo tecnológico en los mercados internacionales y arrastró a los activos argentinos a una nueva jornada de corrección. El S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 0,9% y acumuló su segunda rueda consecutiva en terreno negativo, en un contexto donde las dudas sobre la evolución del conflicto en Medio Oriente comenzaron a neutralizar el optimismo que había generado el boom de la inteligencia artificial en Wall Street.

La corrección local se produjo después de varias semanas en las que Argentina había mostrado una performance relativamente sólida frente al deterioro global. Sin embargo, el regreso de la aversión al riesgo golpeó principalmente a las acciones argentinas que cotizan en Nueva York. Globant encabezó las pérdidas con una caída cercana al 7%, reflejando la sensibilidad del sector tecnológico ante cualquier cambio de humor de los inversores internacionales.

En contraste, las compañías vinculadas a la energía volvieron a mostrar resiliencia. YPF, Pampa Energía y Vista Energy lograron sostener ganancias impulsadas por un nuevo avance del petróleo, que continúa reaccionando a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y a las amenazas sobre la estabilidad de los flujos energéticos globales.

La dinámica no es casual. A medida que aumentan las dudas sobre una resolución definitiva entre Estados Unidos e Irán y persisten los focos de conflicto en la región, el mercado incorpora una prima de riesgo sobre los precios de la energía. El Brent volvió a ubicarse en niveles elevados, consolidando un escenario favorable para las petroleras, pero generando al mismo tiempo mayores presiones inflacionarias sobre las economías desarrolladas.

Para Argentina, el efecto es dual. Por un lado, las empresas energéticas se benefician de un contexto de precios más altos. Por otro, un petróleo caro puede retrasar el proceso de baja de tasas en Estados Unidos y fortalecer al dólar a nivel global, dos variables que suelen afectar a los mercados emergentes.

En ese marco, Wall Street operó con bajas moderadas de entre 0,2% y 0,4%, luego de haber alcanzado máximos históricos en la jornada previa. Los inversores se encuentran atrapados entre dos narrativas contrapuestas: el extraordinario impulso que la inteligencia artificial está generando sobre las ganancias corporativas y la incertidumbre derivada de la geopolítica internacional.

Los balances recientes de gigantes tecnológicos como Dell y Hewlett Packard reforzaron la percepción de que la revolución de la inteligencia artificial está generando una nueva ola de crecimiento empresarial. Sin embargo, el mercado comenzó a preguntarse cuánto tiempo podrá sostenerse ese impulso si el escenario internacional continúa deteriorándose.

A la tensión geopolítica se suma otro factor que empieza a preocupar a los operadores: la política monetaria estadounidense. Los últimos indicadores laborales mostraron una economía más robusta de lo esperado y volvieron a poner en duda la velocidad con la que la Reserva Federal podría avanzar hacia nuevos recortes de tasas.

Actualmente, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantiene en torno al 4,45%, un nivel que sigue siendo elevado para los estándares históricos recientes. Al mismo tiempo, los contratos de futuros comienzan a reflejar una probabilidad creciente de que la Fed mantenga una postura restrictiva durante más tiempo del previsto.

Para los activos argentinos, este escenario representa un desafío adicional. Si bien el riesgo país permanece estable en torno a los 488 puntos básicos y los bonos soberanos operan con variaciones acotadas, el mercado sigue monitoreando tres variables clave: la acumulación de reservas por parte del Banco Central, la estabilidad cambiaria y la evolución de la inflación.

Los analistas destacan que, pese a la volatilidad externa, Argentina continúa exhibiendo una fortaleza relativa superior a la observada en otros episodios de tensión internacional. La combinación de superávit fiscal, mejora en las cuentas energéticas y una reducción gradual del riesgo soberano ha permitido amortiguar parte de los shocks externos.

No obstante, la dependencia de los flujos financieros globales sigue siendo un factor determinante. En un mercado donde la tecnología sostiene gran parte de las ganancias bursátiles y la geopolítica amenaza con alterar las expectativas, cualquier movimiento de la Reserva Federal o una escalada en Medio Oriente puede modificar rápidamente el apetito por riesgo.

Por ahora, los inversores parecen haber optado por una estrategia de cautela. La inteligencia artificial continúa impulsando las valuaciones de las grandes tecnológicas, pero la guerra, el petróleo y las tasas vuelven a recordar que los mercados globales siguen transitando un delicado equilibrio entre crecimiento e incertidumbre.

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