BOSQUES

Argentina ya supera las 380.000 hectáreas bajo certificación forestal con estándares PEFC

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La gestión forestal sostenible continúa ganando terreno en Argentina. Actualmente, el país supera las 380.000 hectáreas certificadas bajo el sistema PEFC, un crecimiento que refleja el compromiso creciente de empresas y productores forestales con estándares internacionales que promueven la producción responsable, la conservación de los recursos naturales y la mejora continua de las prácticas de manejo.

En total, 380.692,51 hectáreas cuentan hoy con certificación PEFC de Gestión Forestal Sostenible, distribuidas en cinco provincias estratégicas para el desarrollo forestoindustrial: Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe. La superficie certificada se encuentra respaldada por 10 certificados activos, cinco correspondientes a empresas individuales y cinco a esquemas grupales que integran pequeños y medianos productores forestales, ampliando el acceso a la certificación y fortaleciendo las economías regionales.

Más allá de la superficie alcanzada, uno de los aspectos más relevantes es el modelo de gestión que impulsa la certificación. Del total certificado, el 57% corresponde a áreas gestionadas con fines productivos, mientras que el 47% se administra activamente con objetivos de conservación de sus atributos ambientales y sociales, integrando biodiversidad, protección de ecosistemas y producción en un mismo esquema de manejo sostenible.

En la práctica, esto significa que nueve de los diez certificados vigentes combinan plantaciones forestales destinadas a la producción con áreas específicamente gestionadas para la conservación, mientras que otro certificado corresponde a bosques nativos manejados bajo criterios de producción y conservación sostenible.

“La certificación forestal es mucho más que un reconocimiento técnico. Representa una herramienta concreta para demostrar, con auditorías independientes y estándares internacionalmente reconocidos, que la producción forestal puede desarrollarse de manera responsable, equilibrando competitividad, cuidado ambiental y compromiso con las personas”, destaca Florencia Chavat, responsable de PEFC Argentina.

El estándar PEFC contempla requisitos que abarcan la protección y mejora de la biodiversidad, la conservación de áreas de alto valor ecológico, la prohibición de conversiones forestales, el respeto por los derechos de las comunidades y de los pueblos indígenas, el cumplimiento de la legislación vigente, la promoción de condiciones laborales adecuadas, la igualdad de trato, la mejora continua y la implementación de prácticas positivas para el clima, entre muchos otros aspectos.

Este enfoque integral permite que la certificación trascienda el ámbito forestal y genere valor para toda la cadena de suministro. La madera, el papel, el cartón, los pallets y otros productos forestales provenientes de bosques certificados ofrecen a las industrias una garantía de trazabilidad y abastecimiento responsable, cada vez más valorada por los mercados nacionales e internacionales.

El crecimiento de la superficie certificada también refleja una tendencia global: consumidores, empresas e inversores demandan cada vez mayor transparencia sobre el origen de los productos que utilizan y comercializan. En ese contexto, la certificación PEFC se consolida como una herramienta estratégica para acompañar el desarrollo sostenible del sector forestal argentino, fortaleciendo su competitividad y abriendo nuevas oportunidades comerciales en los mercados más exigentes.

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Los científicos no dan crédito: descubren que un bosque africano se regenera sin plantar un solo árbol

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Cuando se piensa en África, la imagen dominante suele asociarse con paisajes áridos, suelos degradados y una vegetación cada vez más escasa. Sin embargo, en distintas regiones del continente -y particularmente en el centro de Tanzania- comienza a consolidarse una experiencia que desafía esa percepción: los bosques están regresando sin necesidad de plantar nuevos árboles.

Durante décadas, la respuesta frente a la desertificación fue casi siempre la misma: campañas masivas de forestación, grandes presupuestos y millones de plantines. Pero los resultados, en muchos casos, fueron limitados. En ese contexto, una técnica más simple y eficaz empezó a ganar terreno: en lugar de plantar, regenerar lo que ya existe bajo la superficie.

En zonas secas de Tanzania, el proceso no parte desde cero. Bajo la tierra sobreviven raíces y tocones de árboles nativos que fueron talados hace décadas. De ellos brotan nuevos tallos que, si son correctamente manejados, pueden volver a convertirse en árboles. Esta técnica se conoce como Farmer Managed Natural Regeneration (FMNR), o en su versión local, Kisiki Hai, que en suajili significa “tocón vivo”.

El método consiste en identificar esos tocones activos, seleccionar uno o dos brotes fuertes y eliminar el resto para concentrar la energía de la planta. A partir de allí, el crecimiento se acelera, aprovechando un sistema radicular ya desarrollado que permite una mayor resistencia a las condiciones climáticas adversas.

El origen de este enfoque se remonta a los años 80, cuando el agrónomo australiano Tony Rinaudo trabajaba en Níger y observó que más del 80% de los árboles plantados no sobrevivían en ambientes áridos. La clave fue cambiar la mirada: lo que parecían arbustos eran, en realidad, árboles intentando rebrotar desde raíces vivas. Ese hallazgo permitió replantear la estrategia y dio lugar a un modelo mucho más eficiente.

En Tanzania, los datos de la FAO muestran que gran parte de los bosques no son producto de plantaciones, sino de regeneración natural. Incluso en territorios degradados, el suelo conserva una biomasa subterránea significativa. El problema no es la desaparición total de los árboles, sino la pérdida de volumen y la falta de manejo sostenido.

Los resultados son concretos. En regiones como Dodoma, los agricultores que aplican FMNR logran recuperar sombra en pocos años, mejorar la retención de agua, reducir la erosión y enfriar el suelo. Todo esto se traduce en una mejora directa de la productividad agrícola, un factor clave para comunidades que no pueden esperar una década a que una plántula sobreviva.

En este esquema, el rol del agricultor es central. No se trata de una intervención puntual, sino de una práctica continua que implica podar, proteger y observar el terreno en cada temporada. Por eso, el modelo se adapta mejor a sistemas productivos locales que a proyectos externos basados en infraestructura.

Organizaciones como la LEAD Foundation impulsan la formación de “agricultores campeones” que replican el conocimiento dentro de sus comunidades. La lógica es clara: no se distribuyen árboles, se transmite saber. Y es precisamente esa diferencia la que explica por qué, en algunas regiones de África, el bosque no se planta: simplemente vuelve.

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Bosques que generan futuro: el aporte forestal a las economías sostenibles

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Cada 21 de marzo el mundo celebra el Día Internacional de los Bosques, una iniciativa impulsada por las Naciones Unidas para destacar la importancia de todos los tipos de bosques para el planeta y para las sociedades.  En este marco, AFoA se suma al mensaje global que impulsa la FAO y resalta el aporte de los bosques al desarrollo sostenible, el empleo y la bioeconomía.

Hace 80 años, hablar de bosques en Argentina era hablar de naturaleza. Hoy es también hablar de economía, empleo y desarrollo. Este año, la campaña global promovida por la FAO pone el foco en un aspecto cada vez más relevante: la relación entre los bosques y las economías. Además de su valor ambiental, los bosques generan empleo, ingresos y oportunidades de desarrollo para millones de personas en todo el mundo.

En este contexto, la Asociación Forestal Argentina (AFoA), que en 2026 celebra 80 años de trayectoria, destaca la importancia de fortalecer una visión que integre producción, sostenibilidad y desarrollo económico.

“Hace ocho décadas, hablar de bosques en Argentina era principalmente hablar de naturaleza. Hoy también es hablar de empleo, innovación, bioeconomía y oportunidades para el desarrollo regional”, señalan desde la entidad.

Los bosques aportan materias primas renovables para múltiples industrias —desde la construcción y el diseño hasta la energía y los biomateriales— y al mismo tiempo cumplen funciones ambientales clave, como la captura de carbono, la protección del suelo y la conservación de la biodiversidad.

Bosques que generan desarrollo

A nivel global, millones de personas dependen directa o indirectamente de los bosques para su sustento. La producción forestal sostenible permite generar materiales renovables, alimentos, energía y soluciones que contribuyen a reducir la huella ambiental de numerosas actividades económicas.

En Argentina, la cadena foresto-industrial tiene además un fuerte impacto territorial, impulsando empleo y actividad productiva en distintas regiones del país y agregando valor a la materia prima proveniente de bosques cultivados.

Para AFoA, el desafío hacia adelante es consolidar un modelo de desarrollo donde los bosques y las plantaciones forestales gestionados de manera sostenible sean parte central de la transición hacia economías más bajas en carbono y basadas en recursos renovables.

“El mundo avanza hacia modelos productivos más sostenibles y los bosques tienen un rol estratégico en ese proceso. Son parte de la solución frente a desafíos globales como el cambio climático, la demanda de materiales renovables y el desarrollo de nuevas bioindustrias”, destacan desde la asociación.

Una oportunidad para el futuro

En el marco de esta fecha, la FAO también difundió un video que resume el mensaje central de la campaña global: los bosques no solo conservan la naturaleza, también impulsan economías y generan bienestar para las comunidades.

A 80 años de su creación, AFoA reafirma su compromiso con el desarrollo forestal sostenible y con la promoción de políticas que permitan valorizar el aporte de los bosques a la economía, el ambiente y la sociedad. “Los bosques nativos y las plantaciones forestales bien gestionados generan oportunidades, impulsan economías regionales y contribuyen a construir un futuro más sostenible”.

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Cuidar nuestros bosques

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Un compromiso compartido. Los bosques son esenciales para la vida en la Tierra, pero a medida que aumenta la presión, ¿cuál es su situación? Exploremos los últimos datos mundiales y veamos cuál es la situación de los bosques en 2025.

Los países marcan el camino

Durante cerca de 80 años, en las Evaluaciones de los recursos forestales mundiales (FRA) de la FAO se ha proporcionado la instantánea más precisa y actualizada de los bosques del mundo. Las FRA son únicas, puesto que se basan en datos recopilados y comunicados por países de todo el mundo.

Este enfoque colaborativo, combinado con un proceso consolidado de recopilación, análisis y validación de datos, asegura que se comparta el conocimiento más adecuado y reciente y que este se aplique.

La Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025 proporciona un análisis detallado de la extensión y los cambios de los bosques, sus características, la biomasa y el carbono que contienen, las políticas y la legislación al respecto, su designación y gestión, la propiedad y los derechos de gestión que se aplican a ellos, las perturbaciones que sufren y los productos forestales no madereros que proporcionan, entre otras cosas. Echemos un vistazo a los principales datos sobre los bosques.

Nuestros bosques cambian

Cambio neto anual de área de bosque, por país 1990-2025

Gracias a la ralentización de la deforestación y a las ganancias en el área de bosque, la pérdida neta de bosques cayó de 10,7 millones de ha por año (1990-2000) a 4,12 millones de ha (2015-2025). Veamos cómo se refleja esto en el mundo.

Recursos forestales mundiales 2025 by CristianMilciades

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La grieta verde: presupuesto mínimo para los montes en Argentina, liderazgo global en Brasil

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El contraste no puede ser más marcado. Y es también un reflejo de las políticas que se imponen en ambos países. En Argentina, el Presupuesto 2026 le asigna al Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos apenas 15.843 millones de pesos. Además, el Programa Nacional de Protección de los Bosques Nativos recibiría $1.624 millones, un monto muy por debajo de lo necesario para garantizar el control, la restauración y el uso sustentable de estos ecosistemas. 

El diseñado por Javier Milei es el presupuesto más bajo de la historia, aún en una historia que nunca le asignó el valor que debería tener la conservación de bosques. 

Argentina cuenta con más de 53 millones de hectáreas de bosques nativos. Con el presupuesto asignado, se destinarían apenas $298 por hectárea al año, es decir, $24 por mes para cuidar cada hectárea de monte.  

El proyecto de presupuesto 2026 presentado por el Poder Ejecutivo asigna apenas el 3,5% de lo que correspondería por ley, lo que representa el menor porcentaje desde su sanción. Según el artículo 31 de la Ley, el Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos debería recibir al menos el 0,3% del presupuesto nacional. Para 2026, esto equivaldría a $444.207 millones.

Del otro lado de la frontera, Brasil sorprende al mundo. “Brasil liderará con el ejemplo”, dijo Lula Da Silva al anunciar un aporte de mil millones de dólares al Fondo de Bosques Tropicales para Siempre

Durante la Sesión de Apertura de la Reunión sobre el Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés), Lula reveló que Brasil invertirá US$ 1 mil millones en la iniciativa. El Fondo, que propone un modelo innovador de financiamiento para la conservación de los bosques tropicales, será oficialmente lanzado durante la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la COP30, prevista para noviembre en Belém (PA).

“Brasil liderará con el ejemplo y se convertirá en el primer país que se comprometa a invertir mil millones de dólares en el fondo. Por eso, invito a todos los socios presentes a ofrecer contribuciones igualmente ambiciosas para que el TFFF pueda entrar en operación en la COP30 en noviembre, en la Amazonía sudamericana”, declaró Lula durante la reunión realizada en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos.

La iniciativa brasileña busca fortalecer la conservación de los bosques en pie, demostrando que su protección vale más que la tala

La iniciativa de Brasil llega en medio de la polémica “Ley de la Devastación”, impulsada por el agronegocio y considerada el mayor retroceso ambiental en 40 años. Lula sancionó la ley con 63 vetos para proteger licencias ambientales y territorios sensibles, aunque ONG y ambientalistas advierten que aún persisten riesgos.

En total, más de 70 países en desarrollo con bosques tropicales podrán recibir los recursos. “Más que proteger un bioma específico, el TFFF es un mecanismo para preservar la vida misma en la Tierra. Los bosques tropicales prestan servicios ecosistémicos esenciales para la regulación del clima”, explicó el presidente.

Lula subrayó que los dividendos generados por el TFFF, que será complementario a los mecanismos de pago por reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, serán repartidos anualmente entre los inversores y los países que mantengan sus bosques en pie. “Todos los años, el monitoreo satelital permitirá identificar si los países están respetando la meta de mantener la deforestación por debajo del 0,5%”, afirmó.

Según el presidente, la meta es que cada país pueda recibir hasta 4 dólares por hectárea conservada (24 pesos en el presupuesto de Argentina). “Parece modesto, pero estamos hablando de 1.100 millones de hectáreas de bosques tropicales distribuidos en 73 países en desarrollo”, destacó.

Para adherirse al TFFF, los países deberán contar con sistemas de gestión financiera transparentes y aceptar destinar el 20% de los recursos específicamente a pueblos indígenas y comunidades tradicionales. “Dirigir parte de esos recursos a los pueblos indígenas y comunidades locales puede garantizar medios adecuados a quienes siempre cuidaron de nuestros bosques y selvas”, dijo Lula.

“El TFFF articulará conservación, uso sostenible de los recursos ecosistémicos y justicia social en favor de un nuevo modelo de desarrollo”, completó.

Brasil lidera los esfuerzos para la creación del TFFF desde la COP28, realizada en Dubái en 2023. Hasta el momento, otros cinco países con bosques tropicales integran la iniciativa: Colombia, Ghana, República Democrática del Congo, Indonesia y Malasia. Además, cinco países potencialmente inversores también participan en el proceso de fundación del mecanismo: Alemania, Emiratos Árabes Unidos, Francia, Noruega y Reino Unido.

Se espera que las naciones inversoras aporten un capital inicial que podrá alcanzar hasta 25 mil millones de dólares. Con esta inyección, será posible impulsar otros 100 mil millones de dólares (capital sénior) del sector privado a lo largo de los próximos años. Los gobiernos, al aceptar el papel de capital júnior, consienten en asumir un riesgo un poco mayor que el sector privado, atrayendo a estos inversores.

Las proyecciones de los responsables por la elaboración del TFFF señalan también que el mecanismo debe viabilizar 4 mil millones de dólares anuales para la conservación ambiental, lo que representa casi el triple del volumen aplicado globalmente en la protección de bosques tropicales mediante recursos concesionales.

Los países con bosques tropicales que se adhieran al TFFF deberán presentar al consejo del fondo informes anuales que comprueben la conservación de los bosques, con monitoreo satelital. Brasil ya realiza este seguimiento por medio del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) y podrá servir de ejemplo para las demás naciones, según el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático (MMA).

Los países beneficiarios tendrán autonomía para definir el destino final de los recursos. En Brasil, el MMA proyecta que la inversión podrá fortalecer medidas como el Programa Bolsa Verde, la Política Nacional de Pago por Servicios Ambientales y acciones de incentivos a la bioeconomía. En cuanto a las inversiones realizadas por el fondo para remunerar a los países, está vetada la aplicación en proyectos que involucren combustibles fósiles. La prioridad es optar por acciones y títulos de gobiernos, compañías de países emergentes y productos considerados verdes.

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