CALENTAMIENTO GLOBAL

Los refugios climáticos buscan salvar vidas durante las olas de calor urbanas

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Escribe Nadia Luna / Dialogue Earth – Desde Barcelona hasta Boston, pasando por Buenos Aires y Rosario, los veranos cada vez más intensos obligan a las ciudades a crear refugios climáticos para refrescarse. ¿Qué tan exitosos han sido?

La evidencia científica sobre los impactos del calor en la salud y su relación con el cambio climático es cada vez más contundente. En Europa y América Latina, el calor ya provoca miles de muertes cada verano, muchas de ellas atribuibles al calor adicional que provoca la crisis climática. En una región tan desigual como América Latina, la falta de acceso al agua potable y la atención primaria agravan los riesgos.

El impacto del calor se siente especialmente en las grandes ciudades que, por su densidad de edificios y la falta de zonas verdes, experimentan temperaturas más altas formando “islas de calor urbanas” donde las temperaturas son más altas que en las zonas circundantes. Ante esto, cada vez más ciudades están implementando redes de refugios climáticos: espacios que brindan confort térmico a cualquier habitante que necesite resguardarse del calor. Pueden ser abiertos, como parques, reservas y plazas, o cerrados, como museos, escuelas y centros comunitarios.

“Tener este tipo de espacios es absolutamente necesario porque estamos teniendo olas de calor cada vez más intensas y frecuentes”, explica Pilar Bueno Rubial, subsecretaria de Cambio Climático de la ciudad de Rosario en Argentina.

Algunas de las redes climáticas que han surgido en todo el mundo han tenido un gran éxito, mientras que otras han tenido dificultades para atraer usuarios.

Un informe de Greenpeace que analizó los refugios de 16 ciudades españolas encontró deficiencias como horarios de apertura limitados, áreas de descanso insuficientes y el hecho de que no todos los refugios son de acceso gratuito. Otros obstáculos son la dificultad de supervisar la eficacia y la relación costo-beneficio de las iniciativas, así como la comunicación adecuada de la existencia de los refugios.

Averiguar qué funciona y qué no es una tarea cada vez más urgente para investigadores y urbanistas.

¿Qué son los refugios climáticos?

Un refugio climático es un espacio donde las personas pueden refugiarse del calor extremo.

Se han implementado redes de estos refugios en muchos lugares donde el calor amenaza la salud humana. Algunas ciudades han definido estos refugios de manera amplia, incluyendo parques, paradas de autobuses con aire acondicionado y edificios públicos existentes. Otras utilizan el término de manera más restrictiva para referirse a instalaciones diseñadas y abiertas específicamente para proporcionar a las personas refugio contra el calor.

Es probable que se necesiten más refugios de todo tipo a medida que el planeta se calienta.

Barcelona: de los centros de enfriamiento a los refugios climáticos

Barcelona fue la primera ciudad en crear una red formal de refugios climáticos en 2019. Sin embargo, Ana Terra Amorim-Maia, investigadora del Basque Centre for Climate Change, cuenta que la idea de abrir espacios para que la gente acuda en una situación de calor extremo ya existía en ciudades de países como Estados Unidos y Canadá, bajo el nombre de cooling centers (centros de enfriamiento).

“Barcelona aprendió del concepto de cooling centers, que estaban más destinados a poblaciones vulnerables, amplió el acceso a cualquiera que necesitara refugiarse del calor y los llamó refugios climáticos”, explica.

Hoy tienen 409 refugios climáticos en la ciudad, a los que se dirige a las personas si necesitan refrescarse. Entre ellos se incluyen bibliotecas, mercados, piscinas, museos y clubes deportivos.

A courtyard with arched stone columns and trees

Hoy en día hay 409 refugios climáticos en Barcelona, entre los que se incluyen bibliotecas, mercados, piscinas y museos como el Real Monasterio de Santa María de Pedralbes (Imagen: José Antonio Gil Martínez / FlickrCC BY)

Un desafío que tuvieron fue llegar a barrios más vulnerables que carecían de espacios públicos. Otro reto fue la difusión. Según un relevamiento realizado por Terra Amorim-Maia en un barrio popular (La Prosperitat), en 2022 solo el 15% de las personas encuestadas los conocía, mientras que en 2023, apenas llegaban al 30%según otra encuesta realizada por el ayuntamiento.

“Así, en un año, el porcentaje de la población que conocía su existencia se había duplicado aproximadamente, pero aún había un 70% que no sabía nada de ellos”, dijo la investigadora. “Los inmigrantes, principalmente quienes provenían de países del Sur Global, tenían siete veces menos probabilidad de haber escuchado sobre la red de refugios climáticos”.

Las mujeres resultaron ser quienes más los necesitan. “Los hombres hacen recorridos más directos, de la casa al trabajo, mientras que las mujeres hacen un zigzag por la ciudad, por los roles de cuidado que les caen. Entonces van a llevar a los niños al colegio, luego pasan por la farmacia, van al mercado y así”, agrega.

Respecto a la relación costo-beneficio, indica que no hay estudios que lo cuantifiquen pero como son espacios que requieren poca adaptación, y teniendo en cuenta el servicio que brindan, no hay dudas de que “el beneficio existe”.

Boston: muchos refugios, poca concurrencia

En los últimos años, los veranos en la ciudad de Boston, en el noreste de Estados Unidos, no solo han sido más cálidos, sino también más húmedos, con cuatro o cinco olas de calor por temporada.

Asientos de colores bajo toldos rojos en un centro comunitario, junto a un camión de helados

Las zonas de juegos acuáticos gratuitas para niños (y adultos) forman parte de la red de centros de refrigeración de Boston. Sin embargo, la gente suele preferir refrescarse en sus propios hogares, según afirma una experta (Imagen: City of Boston / City of Boston Heat Plan)

Mientras Barcelona aprendió de las experiencias de América del Norte, Boston, a su vez, aprendió varias cosas de Barcelona para mejorar su propia red de cooling centers, afirma Zoe Davis, jefa de proyectos de la Oficina de Resiliencia Climática de Boston.

Una de ellas fue sumar parques a la red, ya que los cooling centers se caracterizaban por ser edificios públicos. Otros espacios que fueron agregando fueron bibliotecas públicas y juegos acuáticos de uso libre.

Pero, ¿qué se sabe de quiénes y cuántos los utilizan? “Esa es probablemente una de las preguntas más difíciles que hemos buscado responder en los últimos dos años. Tenemos un proceso de registro para llevar un control, pero es algo básico”, considera Davis.

Mientras continúan trabajando en una metodología que pueda registrar mejor la concurrencia, Davis comenta algunas observaciones. “Hemos escuchado que los ciudadanos de Boston prefieren mantenerse frescos en sus casas. Nos han llegado reportes de que hay una subutilización”, cuenta.

Ahora, se están instalando techos verdes en las paradas de autobús para reducir el impacto del calor y acercar más refugios a las personas.

Un autobús con aire acondicionado espera en el tráfico junto a una zona con árboles y vegetación

Boston ha instalado techos verdes, compuestos por un manto de suculentas, en muchas de sus paradas de autobús como forma de reducir la exposición al calor de los usuarios del transporte público (Imagen: City of Boston)

Patricia Fabian y Jonathan Lee son investigadores de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston y forman parte de B-COOL, una iniciativa conjunta con el gobierno local para monitorear la temperatura en distintos barrios.

“Está claro que debemos tener opciones para la gente que no tiene aire acondicionado en sus casas, pero es súper difícil ver el impacto que la medida tiene en la salud”, señala Fabian, y agrega que ellos han realizado estudios evaluando las características de los centros pero falta evidencia sobre su eficacia.

En tanto, Lee adelanta que están trabajando junto al gobierno de la ciudad para analizar más en detalle el presupuesto destinado a los refugios. El balance que hacen a priori es que se están gastando muchos recursos para una medida que no está teniendo el público esperado.

¿Fracaso o éxito?

En Chelsea, una ciudad separada de Boston por el río Mystic, también la experiencia con los cooling centers ha sido en gran medida fallida. El primer centro se abrió en una escuela a principios de esta década.

Cuando se inauguró, se llevó a cabo una prueba de tres días en la que solo una familia lo utilizó en un día. Luego se abrieron más refugios, pero tampoco lograron atraer a un gran número de personas.

Flor Amaya, directora de Salud Pública de la ciudad, cuenta que luego de esa experiencia decidieron abrir refugios en espacios que la gente suele frecuentar y en los que hay actividades para hacer, pero aun así no logran captar gran audiencia.

“Las personas tienden a ir a espacios con los que ya tienen un vínculo. Si eso no está, es difícil que digan ‘voy a ir allí nada más para utilizar el aire acondicionado y refrescarme’”, reflexiona Amaya.

A pesar de ello, Chelsea planea continuar con la iniciativa por el momento.

Dos ciudades en las que los refugios han funcionado bien son Nueva Orleans, en el estado de Luisiana, al sureste, y Phoenix, en el estado de Arizona, al suroeste.

En el primer caso, como es una ciudad con apagones recurrentes debido a los huracanes, la organización Together New Orleans impulsó la iniciativa Community Lighthouse (Faro Comunitario), una red de edificios equipados con paneles solares que sirven también como refugios climáticos. Ya hay 15 “faros” y quieren llegar a los 500.

Un refugio grande y moderno con hileras de camas y grupos de personas caminando

En Phoenix, una red de refugios, incluido este, ofrece camas y aire acondicionado a las personas que viven en las calles de la ciudad durante las olas de calor (Imagen: Eduardo Barraza / ZUMA Press / Alamy)

En tanto, la ciudad de Phoenix está situada en medio del desierto y tiene una red de refugios que la población usa bastante. “Hay mucha gente que vive en las calles y que no tienen adónde ir cuando hace mucho calor. Creo que en Phoenix lograron acoger a esa población vulnerable mejor que en otros lugares”, señala Lee.

Buenos Aires: la sencillez ante todo

Uno de los primeros países latinoamericanos en implementar refugios climáticos para paliar los impactos del calor fue Argentina y lo hizo en dos de sus ciudades más populosas: la Ciudad Buenos Aires, con una red de 69 refugios, y Rosario, con 87.

Patricia Himschoot, gerenta de Cambio Climático de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta que el proyecto comenzó en 2017, en una charla con gente de Barcelona y Bogotá durante un evento de la Red C40, una red global de ciudades unidas frente al cambio climático.

“No los llamábamos refugios climáticos pero hablábamos de un lugar donde la gente pueda ir cuando hace mucho calor”, recuerda.

La red de Buenos Aires tiene espacios abiertos y cerrados, como museos, parques, bibliotecas y reservas naturales. Todos están identificados con un cartel y se chequea que tengan características mínimas, como el confort térmico.

Un parque con mesas bajo árboles frondosos

La Reserva Ecológica Costanera Sur forma parte de un número cada vez mayor de refugios climáticos en Buenos Aires. Se están llevando a cabo talleres de participación ciudadana para escuchar las necesidades locales, mientras que las autoridades municipales trabajan para ampliar la red (Imagen: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires)

Actualmente trabajan en ampliar la red y han realizado talleres de participación ciudadana para escuchar sus necesidades. “También se lo ofrecimos a varias empresas pero todavía no se animan”, comenta Himschoot.

En la ciudad de Rosario, situada en la provincia de Santa Fe, la idea surgió en 2022. Primero los llamaron “centros de amortiguación” y estaban pensados para resguardar a personas en situación de calle, pero luego de conocer la experiencia de España, ampliaron el público y cambiaron la denominación a refugios climáticos.

La primera temporada (2023-2024) constó de 25 refugios, todos en edificios públicos con elementos básicos mínimos: que sea de acceso libre y cuente con agua potable, área de descanso e información sobre la crisis climática. Para la segunda temporada (2024-2025), los organizadores de los refugios añadieron casi 50 espacios verdes e incorporaron bebederos de agua potable para mascotas en algunas zonas.

“Hicimos una evaluación sobre qué había funcionado y qué no, pero vimos que hubo una concurrencia muy importante [en ambas temporadas]”, cuenta Bueno Rubial, subsecretaria de Cambio Climático de la ciudad. Ahora están trabajando para ampliar la cobertura en los barrios más vulnerables y mejorar la recolección de datos sobre su uso.

Otra ciudad argentina que está empezando a trabajar en su red de refugios es Mendoza. Investigadoras del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) están construyendo un prototipo para instalar 12 refugios climáticos en distintos puntos de la ciudad. Mientras que otras ciudades han utilizado edificios y espacios ya existentes, estos refugios serán estructuras nuevas de 2×2 metros, similares a las paradas de buses.

Están diseñados para que puedan sentarse dos adultos y dos niños, además de cuatro adultos de pie, y cuentan con una fuente de agua potable y capacidad para cargar teléfonos celulares. Los investigadores están considerando fabricarlos con materiales reciclados y esperan tener el primer prototipo listo para el próximo verano.

“La idea era sumar espacios que permanezcan abiertos sin restricción de horarios”, explica Belén Sosa, investigadora del CONICET y una de las impulsoras del proyecto, que cuenta con financiamiento de la Municipalidad de Mendoza. “Acá los picos de uso van a ser en el horario de la siesta, que es cuando las reparticiones públicas están cerradas”, agrega Silvina López, coordinadora de Ambiente del municipio.

“Creemos que la iniciativa tiene potencial para ser replicada en distintos territorios”, afirma Julieta Villa, jefa del Departamento de Gestión Climática de la ciudad de Mendoza.

Otras ciudades latinoamericanas que están implementando sus refugios para el calor son Santiago de Chile, con una red de 35 espacios que incluye edificios municipales, parques y cuarteles de bomberos; y Medellín, en Colombia, que diseñó un sistema de espacios verdes y jardines verticales que atraviesan espacios densamente poblados.

Un sendero urbano bajo un paso elevado de hormigón, bordeado de árboles y conos, donde la gente corre y monta en bicicleta al fondo

Residentes de Medellín, Colombia, disfrutando de uno de los muchos corredores verdes instalados en el corazón de la ciudad para reducir el calor urbano (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy)

La adaptación salva vidas

Para los y las expertos consultados, es fundamental que cada vez más ciudades se animen a implementar sus redes de refugios. “Es una medida que permite democratizar un derecho: el de poder habitar las ciudades, sin que eso dependa de lo que cada uno tenga en sus viviendas”, apunta Sosa.

Varias lecciones se pueden extraer de las experiencias en marcha.

“Cualquier ciudad puede hacerlo con la información y los recursos que ya están disponibles”, dice Bueno. “¿Y por qué deben hacerlo? Porque la adaptación salva vidas y eso es algo que nos tenemos que grabar en un contexto de crisis climática”.

A medida que el mundo continúa calentándose, cada vez más personas necesitarán algún tipo de refugio para cuidar su salud.

*Nadia Luna es una periodista argentina especializada en ciencia y ambiente con una perspectiva latinoamericana y de género. 

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Cráteres del Ártico: Nuevas Teorías explican sus orígenes. El calentamiento global sería clave

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Cráteres misteriosos estallaron en Siberia. Los científicos detallan una nueva teoría.

Un enigmático cráter que apareció hace ya 10 años en el Ártico ruso, despertó la curiosidad de científicos y aficionados, los cuáles pensaron y compartieron miles de teorías sobre su origen. Este agujero irregular de cientos de metros de ancho que se hundía en un abismo, rodeado de enormes trozos de tierra y hielo, surgió en las penínsulas de Yamal y Gydan, en el noroeste de Siberia. Posteriormente se encontraron más de 20 cráteres similares surgidos desde 2014, el más reciente detectado en agosto.

Durante años, los científicos se esforzaron por entender el origen de estos cráteres, considerando teorías desde impactos de meteoritos hasta la intervención de extraterrestres. Sin embargo, un equipo de investigadores, compuesto por ingenieros y científicos de la Universidad de Cambridge, presentó una nueva explicación en un estudio reciente. Según su investigación, estos cráteres se forman por una combinación del cambio climático inducido por el hombre y la geología única de la región.

El proceso comienza cuando el permafrost, una capa de suelo congelado, se derrite debido al calentamiento global. Esta descomposición permite que el agua se infiltre en capas subterráneas de “hidratos de metano”, una forma sólida de gas. A medida que el agua se acumula en bolsas salinas bajo el permafrost, la presión aumenta hasta que el suelo se fractura y se produce una explosión que libera gas metano, causando la formación del cráter.

Sin embargo, algunos científicos, como Evgeny Chuvilin del Instituto Skolkovo, cuestionan la hipótesis, argumentando que la geología de la región haría difícil que el agua del suelo superior llegara a las capas profundas donde se encuentran los hidratos de metano. Evgeny Chuvilin, es científico investigador principal del Instituto de Ciencia y Tecnología Skolkovo en Moscú, quien pasó años estudiando los cráteres de cerca, dijo que la idea del estudio es “novedoso”.

Los hallazgos son “todavía demasiado generales” y no tienen en cuenta las complejidades de la región. Chuvilin aclara que su investigación se centra en la acumulación de metano en las cavidades de los niveles superiores del permafrost, antes de que la presión se vuelva tan alta que explote. Aclarando que queda mucho por hacer para ayudar a resolver los misterios de cómo exactamente se desarrolla este proceso que genera los cráteres.

Lauren Schurmeier, geofísica de la Universidad de Hawai, comparte esta advertencia: si bien la investigación tiene sentido en teoría, todavía hay “muchas fuentes potenciales de gas para estos cráteres”.

Sin embargo, en lo que la mayoría de los científicos están de acuerdo es en que el cambio climático está jugando un rol y puede llevar a un aumento de estos cráteres explosivos en el futuro.

El calentamiento global “afecta la resistencia de la roca congelada que recubre el hielo subterráneo con cavidades saturadas de gas”, dijo Chuvilin, lo que facilita que el gas salga desde abajo. A medida que el cambio climático se acelera, agregó, puede conducir a una mayor degradación del permafrost, poderosas explosiones de gas y nuevos cráteres.

Schurmeier fue más allá. “El cambio climático es probablemente un factor determinante”, afirmó. Muchos de los cráteres aparecieron después de veranos inusualmente cálidos y deberíamos esperar que aparezcan más a medida que el Ártico se calienta, añadió.

Los cráteres no solo se ven afectados por el cambio climático, sino que también contribuyen a él. Cada explosión expulsa metano que antes estaba atrapado en las profundidades de la tierra, un gas hasta 80 veces más eficaz que el dióxido de carbono para atrapar el calor en la atmósfera a corto plazo.

Si bien el metano producido por cada cráter individual no es muy significativo en términos de su impacto en el calentamiento global, dijo Schurmeier, “son una señal aterradora de que el Ártico está cambiando”.

Los científicos seguirán investigando estos fenómenos explosivos, sobre todo porque una mejor comprensión de ellos podría ayudar a predecir dónde es probable que aparezcan a continuación. La mayoría se producen en zonas remotas, pero se teme que puedan afectar a zonas residenciales o a explotaciones de petróleo y gas de la región.

Fuente: CNN

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El cambio climático podría aumentar las enfermedades infecciosas

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El calentamiento global, podría estar relacionada a los brotes de enfermedades infecciosas, superando el riesgo para las regiones tropicales a zonas templadas.

A principios de año, ya la Organización Mundial de la Salud advertía que el dengue y el chikungunya se están propagando más allá de las zonas geográficas tropicales, avanzando a regiones templadas. Ahora, la mitad de la población mundial está en riesgo de contraer este tipo de enfermedades.

Los fenómenos climáticos extremos, como inundaciones, sequías, huracanes y tornados, están aumentando debido al calentamiento global, a su vez esto permite que los brotes de enfermedades infecciosas se vinculen directamente con estos cambios de temperatura. La investigación publicada por Nature Climate Change ya en 2022 mostró que de 375 enfermedades infecciosas estudiadas, 218 (58%) se han visto agravadas por el cambio climático

Esta situación también favorece a que los patógenos o los insectos que los transportan se trasladen a hábitats que antes eran demasiado fríos para ellos. Un ejemplo de ello, son las bacterias carnívoras o Vibrio vulnificus, que pueden causar fascitis necrotizante, lo que provoca la necesidad de amputación en ciertos casos.

Estos cambios, están ocurriendo demasiado rápido evitando que las personas y los animales se adapten y no solo hacen que nuestra salud sea más vulnerable, sino que los cambios dramáticos en el clima significan que los virus, bacterias y parásitos pueden propagarse más fácilmente y a lugares donde nunca antes habían aparecido. antes. Como, los mosquitos transmisores de la malaria que amplían sus hábitats, lo que significa que áreas que antes rara vez habían visto malaria se enfrentan ahora al desafío de controlar una enfermedad. que se propaga fácilmente

Los estudios recientes más relevantes sobre el cambio climático y su impacto

1. Las enfermedades infecciosas empeoran con el cambio climático en un 50%

Una investigación de 2022 publicada en Nature Climate Change mostró que de 375 enfermedades infecciosas estudiadas, 218 (58%) se han visto agravadas por el cambio climático.

2. Las bacterias carnívoras se desplazan hacia aguas más frías

Un planeta más cálido afecta las enfermedades infecciosas al permitir que los patógenos o los insectos que los transportan se trasladen a hábitats que antes eran demasiado fríos para ellos. Esto ocurre, por ejemplo, con las enfermedades transmitidas por mosquitos y ahora con las llamadas “bacterias carnívoras” o Vibrio vulnificus .

Este tipo de bacteria vive en aguas marinas o salobres a temperaturas superiores a 20°C y puede provocar vómitos o diarrea. Sin embargo, si infecta una herida, puede causar fascitis necrotizante, donde la bacteria come la carne alrededor de la herida, lo que en algunos casos conduce a la amputación. V vulnificus puede matar a una de cada cinco personas que infecta. Las temperaturas más cálidas del mar significan que las infecciones se han multiplicado por ocho entre 1988 y 2018 en la costa este de Estados Unidos.

3. Condiciones climáticas y el aumento de brotes de cólera

Varios países se enfrentan a una pandemia de cólera que dura décadas, y la enfermedad es endémica y al obtener las condiciones climáticas adecuadas pueden provocar brotes explosivos. El cólera es una infección diarreica aguda causada por el consumo de alimentos o agua contaminada con Vibrio cholerae.

Las condiciones adecuadas para el brote de esta enfermedad, surgen gracias a fenómenos meteorológicos como inundaciones en regiones con infraestructuras de agua, saneamiento e higiene inadecuadas. Países como Kenia están respondiendo intensificando la vigilancia y lanzando campañas de vacunación.

4. Uno de cada dos de nosotros corre ahora riesgo de contraer dengue

A principios de año, ya la Organización Mundial de la Salud advertía que el dengue y el chikungunya se están propagando más allá de las zonas geográficas tropicales, avanzando a regiones templadas. Ahora, la mitad de la población mundial está en riesgo de contraer este tipo de enfermedades. El dengue grave puede provocar vómitos persistentes, sangrado de encías y dolor abdominal intenso, con un alto riesgo de muerte.

En Bangladesh, los casos de dengue aumentan rápidamente (con más de 2.000 casos por día) que Dhaka convirtió una instalación dedicada al COVID-19 en un hospital para el dengue. Los expertos culpan de este aumento a los cambios climáticos y al calentamiento global.

De manera similar, en Nepal, se encuentran cada vez más casos. Los inviernos son cada vez más cálidos y con menos nieve, y estas temperaturas más cálidas significan que los mosquitos Aedes portadores del dengue pueden habitar estas zonas montañosas . Y esto preocupa a los expertos en salud, porque una vez que se detecta dengue en un área, significa que es probable que también se observen otras enfermedades transmitidas por mosquitos como la encefalitis japonesa y la malaria.

5. Los mosquitos transmisores de la malaria están ampliando sus hábitats

No solo los mosquitos portadores del dengue lograron expandirse a otras altitudes a medida que las regiones previamente templadas se vuelven más cálidas, el mosquito anofeles que transmite el parásito de la malaria también se está desplazando a áreas que nunca han tenido que enfrentar la enfermedad. Esto implica que áreas que antes rara vez habían visto malaria se enfrentan ahora al desafío de controlar una enfermedad que se propaga fácilmente.

En un estudio publicado en Biology Letters a principios de este año, los investigadores descubrieron que los mosquitos anofeles han aumentado su alcance en aproximadamente 6,5 m por año y se han alejado del ecuador en 4,7 km cada año durante el último siglo.

6. El calentamiento global podría tener un impacto en la evolución del SARS-CoV-2.

Las temperaturas más altas podrían favorecer la propagación del virus y la aparición de nuevas variantes. En un estudio publicado en la revista Nature Climate Change en 2023 se encontró que las temperaturas más altas podrían aumentar la transmisión del SARS-CoV-2 en un 10%. El sostiene que las temperaturas más altas podrían aumentar el riesgo de que el virus mute y se vuelva más resistente a las vacunas.

Otro estudio, publicado en la revista Science en 2022, encontró que las temperaturas más altas podrían favorecer la aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2. El estudio encontró que las temperaturas más altas podrían aumentar la tasa de mutación del virus en un 10%.

Por estas situaciones, muchas organizaciones gubernamentales, como no gubernamentales, están tomando partido en la concientización del impacto del cambio climático y lo perjudicial que sería esto para la salud de la población.

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Una mano de ceniza escribirá el pasado

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Por Rodolfo Tarraubella* – El mundo está en ebullición…

Recibo una llamada de España que me dice: “Hace 38 grados”. Otra de Miami y mencionan lo mismo. Inicialmente, no me parecía alarmante escuchar sobre las altas temperaturas que, en el hemisferio norte, se alcanzan durante el verano. Sin embargo, si lo fue cuando mencionaron que la misma estaba medida en el agua del mar y, en ambos casos, representaba un récord…

¿El mundo en ebullición? Es un decir, porque el agua, al estar en ebullición tiene un máximo que son los 100° y, a partir de allí, se evapora. El calentamiento global transforma la vida en muerte.

En su último Reporte de Riesgos, con escenario a 10 años, el Foro Económico Mundial (WEF) prevee la posibilidad de llegar al punto del colapso de la naturaleza. Incluso lo menciona como “riesgo de llegar al punto de no retorno”. En 50 años perdimos el 69% de la población de animales silvestres, se perdieron 411 millones de hectáreas de bosques en los últimos 22 años, lo que equivale al 10% de la cobertura forestal del 2001. Y a pesar de los ¿esfuerzos?, año tras año se siguen batiendo récords de concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera, liderados por el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

Si lo vemos desde la perspectiva de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que este año alcanzan el medio término, es decir que restan solo 7 años para la fecha que se impuso la humanidad para cumplirlos. Se han visto retrasos en el ODS 2 (desterrar el hambre), en el ODS 10 (reducir las desigualdades), y se aleja fuertemente de la meta el ODS 13, que es el de Acción por el Clima.

Pareciera que las películas nos van escribiendo el guion de la realidad y ahora, ninguno de los políticos que se postulan para las próximas elecciones, tiene como prioridad en su agenda el cuidado de los servicios ecosistémicos, la naturaleza, o el cambio climático, porque se impone el título “NO MIRES PARA ARRIBA” y “DE ESO NO SE HABLA”, que se proyecta en el cine de la actualidad cotidiana. Al contrario que en La Rosa Púrpura del Cairo, somos nosotros los que nos subimos a la pantalla para vivir la irrealidad.

¿Cuál es el peligro que acecha? La extinción de la especie humana, por eso, está mal decir SAVE THE PLANET (Salvemos el planeta) porque el planeta se va a salvar, solamente que nuestra especie junto a otras menos resilientes desaparecerán. Venimos años tras año asistiendo a la mayor extinción masiva de vida en la tierra, y nadie se conmueve, pero cuando vengan por vos será tarde (otro guionado de películas “Por quién doblan las campanas”).

Curiosamente, con el reciente derretimiento de hielos siberianos, emergió un gusano que se mantuvo congelado 40.000 años y revivió con la temperatura. Esto es resiliencia, 40.000 años y adelante . . . ¿Cómo será el futuro de resilientes? ¿Será el de los gusanos y las cucarachas?
Una mano de ceniza escribirá el pasado . . .

*Rodolfo Tarraubella, Presidente de Fund. EcoConciencia y CIFAL Argentina.

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Lanzar polvo desde la luna, una solución para el calentamiento global

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Esta acción presupone reducir la luz solar que llega al planeta.

El cambio climático y sus consecuencias dejaron de ser una situación futurible para convertirse en una realidad. El 2022 fue un año caluroso y uno de los más secos de la historia, con prolongadas e intensas olas de calor, pero también estuvo marcado por fuertes lluvias, como las que sumergieron a Pakistan.

Todo señala que si no se toman acciones rápidas en los próximos años las catástrofes naturales irán aumentando, por ello la necesidad de evitar que la Tierra siga calentándose.

Entre las posibles soluciones, se destaca una: lanzar polvo al espacio desde la superficie de la luna, para dar sombra y enfriar al planeta.

En concreto, lo que propone el equipo de científicos de la Universidad de Utah es arrojar una gran cantidad de polvo hacia el primer punto Lagrange, uno de los cinco sitios en los que el tirón gravitatorio del Sol y el planeta azul se anulan mutuamente, lo que permitiría que las motas no se muevan y formen una capa que bloquee la luz solar.

Esto reduciría un 1,8% la radiación que llega a la Tierra, los investigadores calculan que sería necesario lanzar 10000 millones de kilogramos de polvo al año.

Otra opción, consiste en utilizar el polvo extraído del suelo lunar, ya que estas partículas son bastante eficaces a la hora de desviar la luz procedente del Sol. Además, agiliza el proceso, señala Benjamin Bromley del equipo de investigación.

Si bien este proyecto es prometedor, aún no existe ni la tecnología necesaria para extraer semejante cantidad de polvo, como tampoco existe el sistema de lanzamiento que habría que instalar en la Luna.

Araon Tang, investigador de la Universidad Nacional de Australia, pasarían décadas antes de que ambos estuvieran listos y llegarían demasiado tarde, dado que el problema al que se enfrenta la humanidad requiere una acción inmediata. A eso se suman, la cuestión de si extraer partículas del suelo lunar es legal y el hecho de que harían falta grandes cantidades de energía para llevar hasta el primer punto Lagrange.

Muchas medidas utilizando tecnología se han propuesto, pero como señalan Tang como Alan Robock científico de la Universidad de Rutgers, la solución no “está en estrellas”, sino “delante de nosotros y es mucho más sencilla, segura y barata”: “Dejar los combustibles fósiles y hacer funcionar el mundo con energía solar y eólica”, publicó el Smithsonian Magazine.

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