Calzados

La indumentaria y el calzado desaceleraron frente a la inflación en 2025

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El precio de la ropa sigue en el centro de la discusión económica argentina, pero detrás de la pregunta aparentemente simple, si vestirse en el país es caro o no, se despliega un entramado mucho más complejo que combina inflación, apertura comercial, caída del poder adquisitivo, importaciones récord y una industria que atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. 

La tensión no es sólo discursiva, ya que los números muestran una paradoja difícil de ignorar. Mientras los precios de la indumentaria y el calzado crecieron muy por debajo de la inflación general, la producción se desplomó, el empleo retrocedió a mínimos históricos y cientos de establecimientos cerraron sus puertas.

El debate se intensificó cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que nunca compró ropa en Argentina porque le parecía “un robo” y sostuvo que los consumidores llegaron a pagar entre dos y diez veces más que en el exterior. En esa misma línea, cuestionó el esquema de protección histórica del sector y defendió la apertura comercial como herramienta para disciplinar precios. “Si pagás cinco dólares una remera en vez de 50, ahora tenés 45 dólares para gastar en otra cosa”, indicó, al sugerir que el ahorro en indumentaria podría volcarse a otros consumos, como gastronomía o esparcimiento.

Sin embargo, cuando se observan los datos oficiales, la dinámica reciente no parece confirmar que la ropa haya sido uno de los motores de la inflación. Según cifras del Indec citadas por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), durante 2025 los precios de indumentaria y calzado aumentaron 15,3%, frente a una inflación promedio de 31,5%; es decir, el rubro fue el de menor incremento del año. 

Si la comparación se amplía desde noviembre de 2023 -inicio de la actual gestión- la inflación acumulada alcanza el 259,4%, mientras que indumentaria y calzado avanzaron 149,4%. En términos relativos, el sector se abarató 30,6% frente al promedio general y hoy se ubica en su nivel relativo más bajo desde 2016. Desde la industria sostienen que esa moderación no es resultado exclusivo de la apertura, sino de un mercado deprimido y extremadamente sensible al precio.

En esa línea, un informe de la Fundación ProTejer remarca que, en perspectiva histórica, la indumentaria no encabezó la inflación y que incluso en precios mayoristas el crecimiento del segmento textil quedó por debajo del promedio de manufacturas. El documento también advierte que la relación entre mayor importación y menores precios no es automática, hubo años con fuerte ingreso de productos del exterior en los que la ropa subió por encima del índice general y períodos de menor apertura en los que aumentó por debajo.

Aun así, la discusión sobre precios no puede aislarse del contexto macroeconómico. La pérdida de poder adquisitivo y la caída del empleo formal contrajeron el consumo, lo que obligó a las empresas a ajustar márgenes para sostener ventas. En ese escenario, la estabilidad relativa de valores no logró reactivar la demanda. Entre enero y noviembre de 2025, las ventas reales en supermercados de prendas, calzado y textiles de hogar crecieron 23,7% interanual, pero en shoppings el consumo de ropa y marroquinería se mantuvo estable y cayó 2,4% respecto de 2023, con un fuerte desplazamiento hacia productos importados.

El reverso de los precios contenidos aparece con crudeza en la producción. En noviembre de 2025, la actividad textil cayó 36,7% interanual y 47,6% frente a noviembre de 2023. Si la comparación se realiza contra el promedio 2016–2023 (sin pandemia), la producción fue 40% menor en textiles y 18,1% inferior en confecciones y calzado. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 29,2%, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera: siete de cada diez máquinas permanecieron paradas.

Las consecuencias laborales son igualmente contundentes. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados en textiles, confecciones, cuero y calzado, una contracción del 15,1% que marca el piso de la serie iniciada en 2009. En paralelo, cerraron 558 establecimientos textiles. A ello se suma una elevada informalidad, que en confecciones ronda el 72%, lo que amplifica la fragilidad social del sector.

En el caso del calzado, la situación no es menos delicada. El presidente de la Cámara de la Industria del Calzado, Horacio Moschetto, advirtió sobre una caída del consumo y la producción superior al 30% en los últimos dos años, el cierre de más de 100 fábricas y la pérdida de alrededor de 10.000 empleos. Además, señaló un aumento del 100% en las importaciones y del 400% en compras por plataformas y clientes digitales, junto con un crecimiento del contrabando y la venta de productos falsificados en redes sociales.

El fenómeno importador, de hecho, es uno de los ejes centrales de la reconfiguración del mercado. En 2025, las importaciones de indumentaria y calzado totalizaron 1.506 millones de dólares. Las compras externas de prendas alcanzaron 681 millones de dólares -máximo histórico a precios constantes- y las de calzado y partes sumaron USD 825 millones, apenas por debajo del récord de 2017 (USD 857 millones). Datos de la consultora Analytica señalan que las importaciones crecieron 97,3% interanual en indumentaria, 121,2% en otros textiles y 25,2% en calzado y partes.

Si se amplía la mirada al conjunto del complejo textil, entre enero y diciembre de 2025 se importaron 391.676 toneladas de productos textiles e indumentaria por USD 1.702 millones, lo que implica un aumento de 71% en cantidades y 52% en valores. El hecho de que las cantidades hayan crecido más que los montos indica una caída de los precios unitarios, es decir, un ingreso masivo de mercadería más barata.

El canal courier aceleró esta tendencia. Las importaciones vía envíos puerta a puerta crecieron 274,2% interanual en 2025, impulsadas por plataformas como Shein y Temu. En prendas, las importaciones aumentaron 164% en toneladas, mientras que en confecciones el salto fue de 205%, ambos récords históricos. Para la industria local, estas plataformas operan con estructuras de costos sustancialmente distintas: no pagan alquileres locales, no financian ventas en cuotas y enfrentan cargas impositivas y regulatorias diferentes en origen.

En este punto, otro aspecto clave es la composición del precio final. De acuerdo con estimaciones de ProTejer, menos del 10% del valor de una prenda vendida en centros comerciales corresponde al costo industrial directo. Cerca del 50% son impuestos; alrededor del 30% se explica por alquileres y costos financieros; un 12% corresponde a logística, marketing y márgenes comerciales, y apenas el 8% queda en manos de la industria. Desde esa óptica, el precio final surge de una cadena de costos que excede al fabricante y que incluye una presión fiscal significativa.

La tensión entre el argumento oficial, que pone el foco en la protección y en los márgenes empresariales, y la mirada sectorial, que destaca la carga impositiva y la estructura de costos, configura un conflicto que va más allá de la coyuntura. En el fondo, se discute qué peso debe tener la industria nacional en un mercado crecientemente integrado al comercio global y cómo equilibrar precios accesibles para el consumidor, desde una prenda básica hasta el calzado femenino, con sostenibilidad productiva y empleo.

Experiencias, servicios y un nuevo patrón de consumo

Más allá de la disputa entre funcionarios y empresarios, el trasfondo revela un cambio más amplio en la forma en que los argentinos asignan su ingreso. La fuerte suba de servicios esenciales -tarifas, transporte, alquileres, salud y alimentos- absorbe una porción creciente del presupuesto familiar, lo que deja menos margen para bienes semidurables como la indumentaria. En ese contexto, la ropa pasa a ser un gasto postergable, reemplazable o directamente sustituido por opciones importadas de menor precio.

Al mismo tiempo, se consolida un desplazamiento hacia consumos con mayor carga experiencial. Estudios internacionales como “The Live Effect” de AEG Global Partnerships muestran que el 72% de la Generación Z asistió a al menos un evento de música en vivo en los últimos tres años, y que para muchos jóvenes la emoción asociada a comprar una entrada es comparable a planificar un viaje. El Trend LAB de Youniversal señala que recitales y festivales son la experiencia en vivo más significativa para el 44% de ese segmento, con fuerte presencia en países como Argentina. En ese marco, también gana terreno la lógica del regalo de experiencias -entradas a espectáculos, cenas, escapadas o actividades recreativas- por sobre los obsequios materiales tradicionales.

En contextos de ingresos restringidos, el consumidor prioriza aquello que percibe como generador de valor emocional inmediato. Comer afuera, realizar una escapada breve o asistir a un espectáculo pueden resultar más atractivos que incorporar una prenda adicional al guardarropa. La lógica ya no es acumular bienes, sino maximizar experiencias. Incluso el propio ministro Caputo aludió a esa reasignación potencial del gasto al señalar que el ahorro en ropa podría destinarse a otros sectores.

Este cambio cultural no elimina la necesidad de vestirse, pero sí redefine la elasticidad del gasto en indumentaria. Cuando el ingreso real cae y la oferta importada se expande con precios competitivos, la producción local queda atrapada entre un consumo selectivo y una competencia global intensa.

En definitiva, la situación actual del sector textil y de calzado combina variables macroeconómicas, fiscales y culturales. Los precios crecieron por debajo de la inflación y hoy se encuentran en mínimos relativos, pero la industria opera con niveles históricos de capacidad ociosa y empleo en retroceso. Las importaciones baten récords y el mercado se reconfigura con rapidez.

La pregunta que queda abierta es si este proceso es esencialmente coyuntural, producto de una economía en transición y de un consumo afectado por la pérdida de poder adquisitivo, o si marca un cambio estructural en el patrón productivo y en los hábitos de los consumidores argentinos. De la respuesta dependerá no solo el futuro de miles de empresas y trabajadores, sino también el perfil industrial que el país decida sostener en los próximos años.

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Exclusivo: Beira Río instalará una fábrica de calzados en Misiones

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El embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, se reunió con los ejecutivos de Beira Rio, la mayor productora de calzado de Brasil, Beira Río, que confirmó sus planes de instalar una fábrica en la Argentina, con el objetivo de abastecer el mercado local, sustituir importaciones y exportar. ¿Dónde? El lugar elegido es Misiones. 

“Tuvimos una reunión muy productiva. Pronto los directivos de Beira Rio vendrán a la Argentina para reunirse con autoridades argentinas y de Misiones para avanzar con los detalles del proyecto”, confirmó a Economis el diplomático tras mantener un encuentro con directivos de la empresa, que produce 120 millones de pares de calzado en 11 unidades productivas en el Estado de Rio Grande do Sul y además exporta a 90 países.

“Durante la reunión se avanzó en los planes para instalar una fábrica de la empresa en nuestro país, a fin de abastecer el mercado argentino, sustituir importaciones y exportar desde Argentina”, se informó oficialmente.

Hasta ahora el único indicio de que Misiones iba a ser la elegida, se dio durante la visita de Alberto Fernández a Dass, en Eldorado, donde por teleconferencia los directivos de Beira Rio confirmaron que abrirían una planta en la Argentina, sin mayores precisiones.

Beira Río ya comenzó la producción de 200.000 pares de calzado en la Argentina a través de socios locales y con insumos nacionales, a la vez que existen planes para producir hasta 2 millones de pares por año.

Scioli continúa con su objetivo de “profundizar la integración entre Argentina y Brasil, a través de la generación de puestos de trabajo que impliquen agregado de valor, como es el caso de la industria de manufactura de calzados, y que a la vez mejoren la competitividad de las empresas”, concluyó la información.

En Misiones hay mucha expectativa por la instalación de la fábrica que se sumaría a la reactivación de la también brasileña Dass, que volvió a producir para marcas de primera línea deportiva en Eldorado. El objetivo del Gobierno es que Beira Rio se instale en la zona oriental misionera, entre San Vicente y San Pedro -que ya cedió un terreno para la instalación de la fábrica-, para generar empleo y facilitar la logística, ya que se habilitó el puente en Paso Rosales. 

Ahora sólo resta esperar la confirmación del lugar. Pero será Misiones la elegida. 

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Humms: calzados e indumentaria para el clima misionero

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La prestigiosa marca de calzados e indumentaria para niños y adultos, Humms, desembarcó en la ciudad de Posadas con coloridos productos. De la mano de comerciantes del rubro, la franquicia abrió su propio local en el centro posadeño con interesantes productos.

Sandra Zaviski, una de las propietarias del local, adelantó que el local trabaja con productos novedosos, pero muy acordes a la región. “Nos animamos a traer la franquicia porque ya conocíamos el producto que, de alguna manera, apunta a nuestro clima, hay carteras, mochilas, remeritas, en fin, un popurrí de todo lo que es para niños, mujer y hombre”, señaló.

Sobre la franquicia, Sandra señaló que se trata de una empresa en expansión y que este es el cuarto local que abre en el mes. “Es una marca que constantemente se renueva, busca diseños y demás”, resaltó.

Para el arribo de Humms a Posadas, Sandra y sus socios armaron una sociedad con la marca, además de recibir el apoyo del Fondo de Crédito e Inversión de Misiones. “Nosotros ya estamos en el rubro con otros locales, por eso conocíamos la marca y pudimos tramitar la franquicia en lo que termina siendo, prácticamente, una sociedad”, aclara.

Sobre los productos, Sandra asegura que funcionarán en la región, sobre todo por el contexto climático predominante en la provincia. “Son productos para verano y nosotros tenemos mucho verano, son cómodos, fáciles de limpiar, se le pasa un trapito y se limpian, además de que se secan rápido”, observó.

“Es algo que nosotros, en río, en las piletas y en demás, resulta muy práctico para usar y para el invierno también hay productos de goma, como ser botitas, que lo limpias fácil, te dura mucho en el tiempo y que tiene mucha comodidad en el pie”, agregó.

Sandra advirtió que el trabajar hace cinco años con la marca les posibilitó traer la franquicia a la provincia. “La franquicia estudia al proveedor, hubieron varios interesados desde  Misiones, pero ellos hacen un análisis de la forma de trabajo de la empresa”, indicó.

La marca exigió ciertos estándares para la apertura del local, como ser el estilo y diseño del mobiliario, colores y distribución de los productos en el espacio. “La mano de obra fue local, el mobiliario lo compramos acá y, eventualmente, tuvimos que reemplazar alguna madera que pedían por otra, pero está todo hecho en Misiones”, aseguró.

En esa misma línea, también tuvieron que incorporar a jóvenes locales por indicaciones del Ministerio de Trabajo de la Nación, en el marco de un programa que fomenta el entrenamiento y formación profesional para jóvenes.

Por ello contrataron a tres chicas con un perfil específico que consideraron conveniente para el perfil del local. Ellas se encargan de la venta y atención a los clientes, bajo la supervisión de Sandra que las acompaña en esta primera experiencia laboral.

“Nuestra premisa es brindar siempre una buena atención, que el cliente encuentre lo que busca, que es lo que necesita”, apuntó Sandra.

“Creo que es algo distinto en Posadas, no hay ningún negocio con esta onda, que es muy joven, muy fresca, con productos innovadores, así que creo que es algo que se viene y que va a funcionar”, finalizó.

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