CAMBIO CLIMATICO

El colapso no se resuelve: se atraviesa, se asume, se transforma

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El cambio climático no es un problema ambiental. Ni siquiera es un problema. Es la consecuencia directa de un modo de vida que ya no puede sostenerse. Sin embargo, todo el aparato institucional —educación, política, medios, economía— insiste en tratarlo como si fuera una anomalía técnica, una ecuación mal resuelta que necesita ajustes. Como si bastara con electrificar la flota de autos y firmar acuerdos que nadie cumple.

Flavia Broffoni lo dice con claridad: “El colapso de nuestra civilización es inevitable. Y yo sé que decir esto genera rechazo, pero el punto es ganar tiempo para aprender a colapsar mejor”. Ese rechazo no es azaroso. Es estructural. Forma parte de la cultura fósil que nos enseñó a pensar el mundo como algo externo, a resolver problemas sin revisar quiénes los están produciendo ni desde dónde los estamos mirando.

El problema es cómo pensamos los problemas

La educación moderna nos entrenó para diagnosticar, modelar y resolver. Aprendemos a separar sujeto y objeto, naturaleza y cultura, conocimiento y experiencia. El resultado: vemos el cambio climático como algo “afuera”, algo que “le pasa” al planeta, y que si actuamos rápido, con innovación suficiente, podríamos “solucionar”.

Pero el cambio climático no se resuelve. No hay solución técnica a una crisis civilizatoria. Porque no se trata de reducir emisiones en abstracto, sino de reconfigurar el modo en que habitamos el mundo. Y eso no se aprende con contenidos curriculares ni simuladores. Se aprende reaprendiendo a estar en la Tierra.

Autores como Gregory Bateson, Edgar Morin o Paulo Freire ya advertían que el error no está solo en lo que sabemos, sino en cómo fuimos formados para conocer. Cuando tratamos al clima como un ítem de agenda o un KPI ambiental, seguimos operando desde la misma lógica instrumental que generó la crisis. Hacemos de cuenta que “tomar conciencia” es suficiente, pero sin tocar lo que comemos, lo que consumimos, lo que soñamos, lo que deseamos.

Flavia Broffoni lo enuncia sin rodeos: “La economía capitalista está completamente disociada de las posibilidades geofísicas de la Tierra. El crecimiento infinito no resiste ninguna racionalidad termodinámica”. La escuela, como prolongación cultural de esa economía, tampoco enseña a vivir dentro de límites. Enseña a competir, a producir, a crecer. Incluso cuando habla de sustentabilidad.

Tipping points y punto ciego educativo

Mientras tanto, el sistema terrestre se acerca —o ya cruzó— varios umbrales de no retorno: deshielo del Ártico, colapso del Amazonas, liberación de metano en el permafrost, debilitamiento de las corrientes oceánicas. Ninguno de estos fenómenos funciona como una “catástrofe” cinematográfica. Son procesos acumulativos, lentos, pero irreversibles. No se notan hasta que es tarde. Y no se revierten por decreto.

La gravedad no radica solo en el impacto físico. El verdadero riesgo es que nuestra cultura no tiene herramientas simbólicas para reconocer el umbral. Los llamamos “problemas climáticos”, cuando en realidad son límites biofísicos a un modelo de vida que ya no encaja en el planeta.

La educación, al no integrar cuerpo, territorio, deseo y afectividad, deja al sujeto sin capacidad de procesar esa transición. Sabemos sobre el clima, pero no nos sabemos parte del clima. Por eso seguimos scrolleando informes del IPCC sin cambiar nada en la práctica.

De la anestesia institucional a la acción regenerativa

Las instituciones no están hechas para prevenir colapsos. Están diseñadas para estabilizar el orden vigente. Por eso las cumbres climáticas no producen resultados. Porque no buscan interrumpir el modelo, sino adaptarlo sin tocar sus bases. Broffoni lo sintetiza bien: “la política no logró acompañar el diagnóstico empírico. Lo que hacen es sostener la ilusión de que alguien se está ocupando del problema”.

Ante esa inercia, Flavia propone desobediencia civil no violenta, asambleas ciudadanas, y sobre todo, asumir el colapso como condición de posibilidad para otro tipo de política. No se trata de caer en el nihilismo, sino de dejar de fingir que todo puede seguir igual con un poco más de eficiencia energética y educación ambiental.

El verdadero cambio no empieza en una ley ni en un programa de gobierno. Empieza cuando dejamos de pensar en “soluciones” y empezamos a transformar la relación que tenemos con lo vivo, con el otro, con el tiempo, con nosotros mismos.

Educación para el colapso: otra pedagogía

¿Qué tipo de educación podría estar a la altura del momento histórico que habitamos?

Una que no enseñe solo “sobre” el cambio climático, sino que enseñe desde dentro de él. Una que no divida teoría y práctica, ni mente y territorio. Una que ayude a leer el mundo como un sistema vivo, no como un conjunto de variables.

Una educación que no se limite a informar, sino que habilite procesos de reconfiguración interior. Porque la crisis climática no se reduce, se integra. Y eso requiere formar sujetos capaces de resistir el cinismo, de sostener el duelo, de imaginar sin garantías, de vivir con menos sin perder lo esencial.

No necesitamos más “conciencia ambiental” como contenido. Necesitamos una subjetividad ecológica: una forma de estar en el mundo que no se base en el control, sino en el cuidado. Que no acumule respuestas, sino que cultive relaciones.

La salida no está en una nueva tecnología, ni en una reforma curricular. Está en abandonar la lógica de resolver lo irresoluble, y en empezar a habitar el colapso como una posibilidad de transformación colectiva.

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Misiones se suma a la Alianza Verde Argentina y fortalece su rol en la agenda climática rumbo a la COP30

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La provincia participó junto a otras 15 jurisdicciones argentinas en la Mesa Ministerial de Alto Rango celebrada en Córdoba. Se aprobó el Reglamento Interno de la Alianza Verde Argentina y se avanzó en una estrategia federal para la acción climática de cara a la cumbre internacional COP30 en Brasil.

Argentina construye una voz regional en materia climática

Misiones formalizó su adhesión a la Agenda Climática Común en el marco de la Conferencia Climática Internacional “Compromiso Latinoamericano”, un evento estratégico realizado esta semana en Córdoba. En representación de 16 provincias, autoridades ambientales participaron de la Mesa de Alto Rango Ministerial, donde se aprobó el Reglamento Interno de la Alianza Verde Argentina (AVA) y se delinearon propuestas conjuntas para llegar con una posición fortalecida a la COP30, la cumbre climática de Naciones Unidas que se celebrará en noviembre de 2025 en Belém, Brasil.

Con esta participación, Misiones reafirma su liderazgo en políticas de sustentabilidad, bioeconomía y protección de la selva paranaense, aportando su experiencia a la estrategia nacional subnacional de lucha contra el cambio climático.

La AVA es un bloque de provincias argentinas que busca coordinar acciones climáticas a nivel federal. La firma de su Reglamento Interno representa un avance institucional clave: establece su estructura de funcionamiento, criterios de incorporación de nuevos miembros y principios operativos para articular políticas públicas ambientales con enfoque en justicia climática, corresponsabilidad y cooperación internacional.

Participaron en esta instancia autoridades de Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones, San Juan, Santa Cruz, Santa Fe, Tierra del Fuego y CABA, junto a representantes de ONU Hábitat, ICLEI y la Agencia de Cooperación Internacional de Colombia.

Rumbo a la COP30: una oportunidad geopolítica y climática

El encuentro en Córdoba sirvió como plataforma de debate para alinear agendas provinciales con miras a la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30). Se enfatizó la necesidad de consolidar una posición común subnacional en temas clave como financiamiento climático, transición energética justa, adaptación y resiliencia en territorios vulnerables.

Desde la organización destacaron que la región tiene la oportunidad de liderar iniciativas transformadoras si logra consensuar propuestas concretas y robustas. Para ello, se insistió en reforzar las capacidades técnicas provinciales, mejorar el acceso a cooperación internacional y generar marcos legales integradores.

Además de los paneles institucionales, la conferencia incluyó actividades abiertas al público como una bioferia, y una feria energética y de movilidad eléctrica, con participación de empresas, ONGs y gobiernos locales. El evento, impulsado por la Provincia de Córdoba, promueve una metodología de trabajo basada en el diálogo multiactoral y la producción colectiva de conocimiento.

El avance en la consolidación de la AVA y la adhesión activa de Misiones marcan una nueva etapa en la construcción de una diplomacia climática federal. Con desafíos compartidos y potencial ambiental único, las provincias argentinas buscan posicionarse como interlocutores claves frente a los compromisos globales del Acuerdo de París. De cara a la COP30, el fortalecimiento de redes territoriales será fundamental para incidir en decisiones que afectan directamente el desarrollo sostenible del país.

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Laudato si’, mi’ Signore 

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El cuidado de la casa común, es la manda eclesiástica más relevante de los últimos tiempos, tanto es así que la misma ha sido acogida por acuerdos internacionales en el marco de la Organización de las  Naciones Unidas, la misma fue emitida en el 2015 previa a la resolución que establece como aspiración  global el cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (17 objetivos) y establece la hoja de  ruta para que los estados lo puedan cumplir mediante el instrumento denominado “Agenda 2030”. 

En esta carta el Papa Francisco manifiesta claramente la necesidad y el urgente desafío de proteger  nuestra casa común (el planeta tierra) mediante la unidad de toda la comunidad internacional en la  búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. 

El Sumo Pontífice hace en primer lugar, una descripción sobre la crisis ecológica actual basado en las  investigaciones científicas, relacionándola con la razón judeo-cristiana para llegar luego a las raíces de la  situación existente, finalmente propone una ecología que incorpore al ser humano y sus relaciones con  la realidad que lo rodea, proponiendo líneas de diálogo y de acción que involucren tanto al ciudadano  común como a los líderes de la política internacional, inspirados en la espiritualidad cristiana. 

En segundo lugar, hace un diagnóstico agudo sobre las diferentes problemáticas ambientales presentes agrupándolas en las siguientes temáticas: la Contaminación y el cambio climático (Objetivo 13 de los ODS); la cuestión del agua (Objetivo 6 de los ODS); la pérdida de biodiversidad (Objetivo 14 y 15 de los  ODS); el deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social (Objetivo 2 y 11 del ODS); la  inequidad planetaria (Objetivos 10 y 12 de los ODS); la debilidad de las reacciones (Objetivos 16 y 17 de los ODS) y la diversidad de opiniones. 

En este marco y a los fines de fundamentar la posición de la Iglesia Católica sobre el tema, inicia un  análisis doctrinario sobre el evangelio de la creación, la fe, la sabiduría de los relatos Bíblicos, el misterio  de la creación, la comunión universal y la mirada de Jesús, adentrándose en una descripción  pormenorizada de la relación entre la creación y su creador, la naturaleza y su vínculo con Dios.  

Asegura que la crisis ecológica tiene por origen a la actividad humana, identificando las siguientes  causales: el poder de la tecnología, el hombre se ha beneficiado con los avances tecnológicos en todas la  áreas del desarrollo humano y con ello le ha concedido el poder del conocimiento y el poderío  económico que implica, transformándolo en un ser egocéntrico e insensible con escasa percepción 

sobre los desafíos que se presentan y cómo resolverlos; la globalización del paradigma tecnológico, la  intervención humana en la naturaleza tiene carácter netamente extractivista supone la falsedad de la  disponibilidad infinita de los bienes del planeta y eso lo pone en una encrucijada difícil de sortear, la  economía valora el desarrollo tecnológico en función del rédito que le otorga, sin prestar atención en las  consecuencias negativas para el ser humano, nos hemos transformado en una sociedad  superdesarrollada, derrochadora y consumista que contrasta de modo inaceptable con situaciones de  miseria deshumanizada, por lo que es indispensable mirar la realidad de otra manera, recoger los 

avances positivos y sostenibles y a la vez recuperar los valores y los fines de la vida; el antropocentrismo  moderno, ha colocado a la razón técnica sobre la realidad, este hombre ya no siente a la naturaleza ni la  ve como refugio, sino como objeto, siéndole indiferente lo que con ella suceda. De este modo, se  debilita el valor que tiene el mundo en sí mismo si el hombre no redescubre su verdadero lugar, termina  contradiciendo su propia realidad, no solo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla  respetando la intención originaria de que es un bien, según el cual le ha sido dada, incluso el hombre es  para sí mismo un don de Dios, con lo cual debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido  dotado. Esta crítica se hace extensiva a las relaciones entre las personas, si la crisis ecológica es una  eclosión o manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la actualidad, no podemos  sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar las relaciones básicas del ser humano. 

Finalmente hace una propuesta superadora a la comunidad internacional en general, sumando lo  humano a lo social denominándose ecología integral, señalando distintos aspectos que la conforman: 

a.- ecología ambiental, económica y social 

En la naturaleza todo está conectado, así como todos los componentes del planeta (físicos, químicos y  biológicos) se relacionan también lo hacen las especies vivas y el hombre no está ajeno a este vÍnculo,  somos parte del medio ambiente, estamos incluidos e interpenetrados por lo que todo lo que hagamos  impacta en el medio y las soluciones a las crisis deben ser analizadas en forma integral que consideren  las interrelaciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis  separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental dice Francisco,  por lo que las soluciones requieren esta mirada integradora para combatir la pobreza, devolver la  dignidad a los excluidos y a la vez para cuidar a la naturaleza, todo en forma simultánea. 

A su vez el crecimiento económico tiende a producir automatismos y a homogeneizar en post de la  reducción de costos y simplificación de procedimientos, por lo que hay que repensar en una ecología  económica que obligue a analizar la realidad de manera más amplia, por lo que la protección del medio  ambiente deberá considerarse en los procesos de desarrollo y no de forma aislada. 

Por otro lado también es inseparable que junto con el análisis de los problemas ambientales se sume al derivado del contexto humano, familiar, laboral, urbano y la sinergia entre estos y el hombre consigo  mismo. También las instituciones no están ajenas a este continuo cambio dado que son el reflejo de las  relaciones que genera el hombre, en este sentido la ecología social es necesariamente institucional y  alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia,  pasando por la comunidad local, la nación y la internacional. 

b.- ecología cultural 

Sostiene que hay que considerar junto con el patrimonio natural el patrimonio histórico, artístico y  cultural como identidad de un pueblo, con lo cual hay que incorporarlos en la protección integral, para  lograr conservar la identidad original de un pueblo. En este sentido hay que incorporar en el cuidado del  ambiente la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas (tradiciones y prácticas), 

entendiendo que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico y dinámico en el tiempo,  y requiere el continuo protagonismo de los actores sociales.  

c.- ecología de la vida cotidiana 

“Para un auténtico desarrollo hay que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de  vida humana y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas. Los  escenarios que nos rodean influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y actuar”, dice Francisco. En la vida cotidiana, en el lugar de trabajo, en el barrio, usamos el ambiente para expresar la identidad,  cuando el ambiente se encuentra contaminado, desordenado, caótico nos lleva a una relación hostil con  el ambiente. Dada la relación entre el espacio y la conducta humana, el diseño de edificios, barrios,  espacios públicos y ciudades requieren del aporte de disciplinas que permitan entender el simbolismo y  el comportamiento de las personas. Hay que velar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos  urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia dentro de la ciudad que nos une y contiene. Es  importante integrar a las ciudades para que todos los habitantes tengan una visión de conjunto, en este  sentido el ordenamiento territorial, la planificación en el crecimiento de las áreas rurales como urbanas,  el diseño de las viviendas y las vías de comunicación, en especial el transporte juegan un papel  preponderante.  

d.- el principio del bien común 

La ecología integral es inseparable de la noción del bien común, como rol central y unificador,  presupone el respeto de la persona humana con derechos básicos e inalienables. También proclama el  bienestar social y el desarrollo de diversos grupos intermedios como la familia, de interés o afectados,  requiere de la paz social, la estabilidad y la seguridad de un cierto orden. Hoy en día con tantas  inequidades y con cada vez más personas excluidas del sistema, el bien común se convierte en un  llamado a la solidaridad y en una opción urgente por los más pobres. 

e.- justicia entre las generaciones 

No puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional, de modo tal que la  noción de bien común incorpora a la generaciones futuras, debemos considerar cómo dejaremos el  planeta a las generaciones que vendrán, esto redirecciona las políticas públicas que se deben tomar en  consecuencia, inyectando otra lógica y otra perspectiva de la problemática actual. El don gratuito que  recibimos por la gracia del creador no puede ser considerado desde la perspectiva netamente utilitarista  de eficiencia y productividad para el beneficio individual y temporal, debemos incorporar la variable de  justicia, dado que lo que heredamos también les pertenece a las generaciones venideras. ¿Qué ambiente? qué mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? y con qué valores? El ritmo del  consumo, del desperdicio y la alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta,  de manera que el estilo de vida actual es insostenible y terminará en catástrofe como de hecho ya está  ocurriendo en varias regiones. Tenemos el compromiso de actuar ahora mismo, sobre todo si pensamos  en la responsabilidad que nos atribuyen los que deberán soportar consecuencias aún peores.

Finalmente pone a disposición líneas de orientación y acción, en función de las propuestas de trabajo y a  la luz de la evolución de la política internacional, poniendo énfasis en los siguientes instrumentos: 

1.- Diálogo sobre el medio ambiente  

2.- Diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales 

3.- Diálogo y transparencia en los procesos decisorios  

4.- Política y economía en diálogo para la plenitud humana 

5.- las religiones en el diálogo con las ciencias 

“Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace  falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por  todos”, dice el papa Francisco, para lo cual se necesita el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y  formas de vida, propone apostar por otro estilo de vida, educación para la alianza entre la humanidad y  el ambiente, la conversión ecológica, el gozo y paz, amor civil y político, signos sacramentales y descanso  celebrativo, la trinidad y la relación entre las criaturas.” 

En conclusión pareciera que todo se resume paradójicamente en un volver, volver a los principios, a los  valores, a la esencia del hombre, a creer en el ser superior que nos espera y observa, sin antes claro,  doblar las rodillas …. 

2 Crónicas 7:14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi  rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados,  y sanaré su tierra. 

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Agricultores necesitan ya soluciones científicas para crisis climática

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Escribe Busani Bafana / IPS Noticias – El cambio climático está superando a la ciencia y los agricultores están pagando el precio. Las innovaciones en la investigación agrícola deben llegar a los agricultores antes de que sea demasiado tarde.

Las asociaciones, las colaboraciones y la dosis adecuada de voluntad política son el combustible para poner las innovaciones en manos de los agricultores, afirma Simeon Ehui, director general del Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) y director regional par África continental del Consorcio de Centros Internacionales de Investigación Agrícola (CGIAR, en inglés).

Ehui está en Nairobi participando en la primera Semana de la Ciencia para el desarrollo agrícola, que se celebra con representantes de gobiernos y de especialistas en agrociencia desde el lunes 7 y hasta el sábado 12.

El IITA ha aportado soluciones a los bajos rendimientos de las cosechas, la mala calidad y la dieta poco saludable para impulsar la seguridad alimentaria, la nutrición y los medios de vida de los pequeños agricultores que mantienen al mundo alimentado.

«Hemos desarrollado una serie de tecnologías; desafortunadamente, muchas de estas tecnologías no siempre llegan a los agricultores, los usuarios finales», dijo Ehui diálogo con IPS. Añadió que con voluntad política, la innovación puede desplegarse más rápida y ampliamente.

A su juicio, los responsables políticos comprenden la importancia de la ciencia, pero se enfrentan a necesidades contrapuestas y a veces tienen que tomar decisiones que no siempre van en interés de los agricultores. «Tenemos que seguir presionándolos para convencerlos de la importancia de la ciencia», adujo.

Ehui dijo que el IITA ha abordado la inseguridad alimentaria, la pobreza y la degradación ambiental a través de investigaciones de vanguardia sobre cultivos clave como el maíz, el banano, el frijol, la soja, la yuca y el ñame.

Con el aumento del hambre en el mundo a pesar de los avances científicos, la pregunta es: ¿por qué las innovaciones no llegan a los agricultores con la suficiente rapidez?

«Aunque abundan los avances científicos, la verdadera brecha radica en la entrega de estas innovaciones a los agricultores a gran escala», señaló Ehui, citando que muchos países todavía se enfrentan a sistemas de extensión débiles, cadenas de valor fragmentadas y una participación limitada del sector privado.

El IITA ha salvado esta brecha a través de iniciativas como el programa Tecnologías para la Transformación Agrícola de África (Taat), en colaboración con el Banco Africano de Desarrollo.

El Taat ha ayudado a trasladar tecnologías probadas a través de cadenas de valor prioritarias, desde la investigación hasta los agricultores, a través de los centros del CGIAR, los gobiernos, los actores del sector privado y las instituciones financieras.

«No se trata solo de desplegar tecnologías, sino de construir sistemas para racionalizar los procesos de lanzamiento, alinearse con las políticas y ampliar el acceso a los insumos y los mercados, especialmente para las mujeres y los jóvenes», dijo Ehui.

El especialista bromeó diciendo que tenía tres mensajes para los responsables políticos: «Necesitáis ciencia para desarrollar vuestra productividad agrícola. Necesitáis inversiones en infraestructura rural, y también necesitáis asociaciones. Sin asociaciones, no se puede hacer nada».

Las semillas son esenciales para la seguridad alimentaria. En la imagen, algunas variedades de semillas pertenecientes al banco de genes del Instituto Internacional de Agricultura Tropical. Imagen: Busani Bafana / IPS

Avances revolucionarios

El IITA ha creado cultivos más nutritivos y resistentes al clima, que han ayudado a combatir el hambre y a mejorar los medios de vida de los pequeños agricultores en África.

Desarrolló y lanzó variedades de maíz resistentes al estrés, a la sequía y a la Striga, y más nutritivas. Entre 2007 y 2024 se han lanzado más de 170 variedades de maíz en colaboración con el IITA y socios nacionales en Benín, Ghana, Malí y Nigeria.

Como resultado de la innovación en investigación, se han producido más de 480 000 toneladas métricas de semillas certificadas, que han sido plantadas en unos 18 millones de hectáreas por 45 millones de hogares. Más de 500 millones de personas se han beneficiado de la mejora del cultivo del maíz.

Los programas de mejora genética del banano han desarrollado híbridos con mayor resistencia a las enfermedades fúngicas, como la fusarium y la sigatoka negra, que pueden acabar con los cultivos de banano.

Ehui dijo que el IITA también ha desarrollado variedades de ñame y yuca de maduración temprana y resistentes a enfermedades, junto con herramientas digitales, que ayudan a los agricultores a optimizar las prácticas agronómicas y el uso de fertilizantes.

«También hemos desarrollado un sistema de semillas económicamente sostenible para cultivos de raíces y tubérculos, impulsado por innovadoras técnicas de multiplicación rápida», explicó.

Señaló  que el enfoque de multiplicación rápida de tallos ha permitido la ampliación rápida y eficiente de variedades mejoradas a los productores y a la industria de procesamiento.

«La ciencia es progresión; ahora es crucial que los agricultores se beneficien», dijo Ehui.

A su juicio, «los centros del IITA y del CGIAR tienen que trabajar con los gobiernos para garantizar que se adopten las tecnologías y modernizar el sector agrícola».

«Este es el reto al que nos enfrentamos, porque tener productos de investigación en nuestros laboratorios no sirve de nada si los usuarios finales nunca los adoptan. La revolución agrícola no está en el laboratorio, sino fuera (en el mundo real). El laboratorio es necesario, pero no es el punto final», concluyó.

Busani Bafana es un corresponsal galardonado con múltiples premios con sede en Bulawayo, Zimbabue, con más de 10 años de experiencia, especializado en periodismo ambiental y de negocios y reportajes en línea
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¿Qué esperar de la cumbre de biodiversidad de este año?

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Escribe Catherine Early / Dialogue Earth – Dos años después del acuerdo mundial sobre la naturaleza, la atención se centra ahora en impulsar la acción

La “COP de los pueblos”, la “COP de la aplicación”, la “COP de la paz con la naturaleza”: la próxima cumbre de las Naciones Unidas sobre biodiversidad, la COP16, ya se ha ganado varias etiquetas. Pero independientemente de estos nombres, cuando gobiernos, expertos en conservación y empresas se reúnan en Colombia este mes, tendrán una agenda repleta para convertir la retórica sobre la protección y restauración de la naturaleza en acciones concretas.

La “COP de los pueblos”, la “COP de la aplicación”, la “COP de la paz con la naturaleza”: la próxima cumbre de las Naciones Unidas sobre biodiversidad, la COP16, ya se ha ganado varias etiquetas. Pero independientemente de estos nombres, cuando gobiernos, expertos en conservación y empresas se reúnan en Colombia este mes, tendrán una agenda repleta para convertir la retórica sobre la protección y restauración de la naturaleza en acciones concretas.

¿Qué es la COP16?

La COP16 es la 16ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de las Naciones Unidas, un tratado creado en 1992 para impulsar una acción mundial común en favor de la conservación de la biodiversidad, el uso sostenible de sus componentes y el reparto equitativo de los beneficios derivados de los recursos genéticos. En la actualidad, el CDB cuenta con 193 países miembros, y solo cuatro Estados miembros de la ONU aún no son parte: Andorra, Sudán del Sur, Estados Unidos y el Vaticano.

¿Dónde y cuándo tendrá lugar la COP16?

La ciudad colombiana de Cali acogerá la COP16 después de que el anfitrión original, Turquía, se retirara tras un devastador terremoto en febrero de 2023. Las negociaciones comenzarán el 21 de octubre y finalizarán el 1 de noviembre.

¿Cuáles son los objetivos de la COP16?

La COP16 se centrará en la aplicación del pacto mundial sobre la naturaleza acordado en la última cumbre de diciembre de 2022. Los cuatro objetivos a largo plazo y las 23 metas específicas del Marco Global para la Biodiversidad (GBF, por sus siglas en inglés) de Kunming-Montreal tienen como misión general detener e invertir la pérdida de biodiversidad para 2030.

Entre los principales objetivos figuran la conservación del 30% de la superficie terrestre y del 30% de los océanos del planeta para 2030, el aumento significativo de la financiación para la protección y restauración de la naturaleza, la reducción del impacto de las especies invasoras, la disminución de la contaminación por pesticidas y plásticos, la gestión sostenible de la agricultura y la priorización de la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales.

Cuando comience la COP16, se espera que los países hayan presentado las actualizaciones de sus Estrategias y Planes de Acción Nacionales sobre Biodiversidad (EPANB) para alinearlas con los objetivos del GBF. Si no pueden completarlos a tiempo, pueden presentar objetivos nacionales. A finales de septiembre, 24 países habían presentado sus EPANB al CDB, mientras que 72 solo habían presentado objetivos.

En la reunión se identificarán los obstáculos y oportunidades relacionados con las EPANB, y se debatirá cómo supervisar, informar y revisar los avances, incluido el uso de indicadores específicos.

También se espera que la COP concluya las negociaciones sobre el reparto de los beneficios derivados del uso de la Información de Secuencia Digital (DSI, por sus siglas en inglés) sobre recursos genéticos vegetales y animales, incluida la creación de un nuevo fondo mundial que ayude a cubrir el déficit de financiación de las iniciativas de protección y restauración de la naturaleza.

Los negociadores de este tema se reunieron en agosto para acordar un proyecto de acuerdo. Aún quedan muchos elementos por decidir, entre ellos quién contribuirá al fondo, cómo se gestionará y quién recibirá la financiación.

Otros temas son la creación de un órgano permanente en el marco del CDB para mejorar la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales; un plan de acción mundial para integrar las políticas sobre naturaleza y salud; orientaciones voluntarias sobre la gestión de especies exóticas invasoras, una de las principales causas de pérdida de biodiversidad; y una actualización de la Estrategia Mundial para la Conservación de las Especies Vegetales.

¿Quiénes son las personas clave en la COP16?

Susana Muhamad, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia desde 2022, dirigirá las negociaciones como presidenta de la COP. Exsecretaria de Ambiente de Bogotá, la capital de Colombia, ha ganado reconocimiento por su dedicación a las causas ecológicas y su firme defensa del proceso de paz del país, y ha dirigido programas de asistencia técnica sobre cambio climático y conservación.

La COP16 será la primera gran negociación de Astrid Schomaker en su nuevo cargo de Secretaria Ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU. La ex diplomática alemana de la Comisión Europea asumió el cargo a principios de este año.

¿Qué países tendrán un papel clave en las conversaciones?

Colombia, el país con mayor biodiversidad del mundo por kilómetro cuadrado, ha organizado el evento bajo el lema “Paz con la naturaleza”, lo que refleja su deseo de iniciar un movimiento de masas para cambiar la relación de la humanidad con la naturaleza de explotadora a cooperativa. Sin embargo, Colombia también encabezó por segundo año consecutivo un ranking mundial sobre asesinatos de defensores del medioambiente, con 79 asesinatos solo en 2023.

Junto con Alemania, Colombia ha puesto en marcha el acelerador de las EPANB, que proporciona acceso a apoyo financiero y técnico a los países que están desarrollando sus planes nacionales de biodiversidad. Costa Rica, Francia y el Reino Unido promueven la Coalición de Alta Ambición para las Personas y la Naturaleza.

Representantes del Reino Unido y Malawi copresiden las conversaciones sobre reparto de beneficios y DSI. El Reino Unido, Ecuador, Gabón y Maldivas piden a los gobiernos que respalden el plan “Visión política: Un plan de 10 puntos para financiar la biodiversidad” con el fin de apoyar su protección, conservación, restauración y uso sostenible. Mientras tanto, un grupo de países en desarrollo liderados por Nigeria ha formado una Alianza Ministerial para la Financiación de la Naturaleza.

La financiación, ¿un punto polémico?

Los países acordaron en el marco de Kunming-Montreal que se necesitaban al menos 200.000 millones de dólares anuales para financiar la protección y restauración de la biodiversidad. Esta cantidad procederá de diversas fuentes, como fondos públicos para proyectos nacionales y donaciones internacionales, contribuciones del sector privado y mecanismos de financiación innovadores como pagos por servicios ecosistémicos, bonos verdes, compensaciones y créditos por biodiversidad y mecanismos de reparto de beneficios.

Desde la COP15, el CDB ha creado el Fondo Marco Mundial para la Biodiversidad. Este fondo ya está operando y se han tomado medidas para garantizar un desembolso rápido y flexible de los fondos. Sin embargo, hasta la fecha solo siete países han aportado, por un total de 243.86 millones de dólares, según el Fondo para el Medioambiente Mundial de la ONU.

Esta cifra es muy inferior al mínimo de 20.000 millones de dólares anuales que los países desarrollados se comprometieron a proporcionar a las naciones más pobres para 2025, y que aumentará hasta al menos 30.000 millones de dólares anuales para 2030.

Los activistas sostienen que los avances en la promesa de 20.000 millones de dólares son fundamentales para fomentar la confianza entre las naciones más ricas y las más pobres en la COP16. Gran parte de la biodiversidad que queda en el mundo se encuentra en países en vías de desarrollo, lo que significa que tendrán una parte desproporcionada de la responsabilidad y los costos de salvarla. En junio, un grupo de organizaciones lanzó una campaña mundial para alcanzar el objetivo de 20.000 millones de dólares para 2025.

De cara a la COP16, el CDB ha estado hablando con los gobiernos para que aumenten las contribuciones al fondo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente organizará una jornada sobre finanzas en la COP16 para empujar a los ministros de finanzas, directores ejecutivos y otros líderes de la biodiversidad y las finanzas a debatir y colaborar en este tema.

Se espera que China lance la primera convocatoria de propuestas para su fondo de biodiversidad de 1.500 millones de yuanes (233 millones de dólares) destinado a apoyar proyectos en países en desarrollo. El fondo se anunció originalmente en octubre de 2021.

El fondo DSI, cuya creación está prevista para la COP16, también podría desempeñar un papel importante a la hora de abordar el déficit de financiación. Las estimaciones facilitadas al CDB antes de las negociaciones de agosto sugerían que el fondo podría generar entre 1.000 y 10.000 millones de dólares al año.

Los países también se comprometieron a reformar las subvenciones que perjudican a la naturaleza. Sin embargo, estas aumentaron un 55% hasta los 1,7 billones de dólares entre 2022 y 2023, impulsadas en gran medida por la duplicación de las ayudas al consumo de combustibles fósiles, según el último informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente sobre la financiación de la naturaleza. Schomaker ha admitido que la cuestión de las subvenciones es “muy, muy delicada”.

¿Quiénes asistirán a la COP16?

La secretaría del CDB espera más de 14.000 asistentes a la COP16, incluidos delegados de países signatarios del CDB y de otros que no lo son (como EE.UU. y el Vaticano), al menos 12 jefes de Estado, entre ellos los de Brasil, México, Honduras y Guinea-Bissau, y 100 ministros y representantes de las carteras de medioambiente, finanzas y agricultura.

También estarán presentes representantes de pueblos indígenas y comunidades locales, gobiernos subnacionales, sociedad civil, grupos de mujeres, jóvenes, empresas y el mundo académico.

¿Cómo se medirá el éxito de la COP16?

Según Muhamad, que intervino en una conferencia de prensa en septiembre, la presidencia colombiana aspira a obtener tres resultados principales en la COP16. En primer lugar, quieren que todos los sectores de la sociedad se comprometan con la COP; en segundo lugar, quieren que los gobiernos y las sociedades consideren que la protección y la restauración de la naturaleza son igual de importantes que la descarbonización; y, por último, esperan llegar a un acuerdo sobre el fondo DSI.

Organizaciones como WWF apuntan a que se finalicen las EPANB, que se acuerde un marco de seguimiento sólido, una mayor confianza en los compromisos financieros, medidas concretas para hacer frente a las causas de la pérdida de biodiversidad, una mejor integración con la política climática mundial y un acuerdo sobre el fondo DSI.

Las empresas alineadas con la coalición Business for Nature han pedido a los gobiernos que adopten y refuercen políticas y normativas sobre la naturaleza, incluidas prohibiciones estrictas de la conversión del uso comercial o industrial del suelo o de la extracción de recursos en las zonas más protegidas, y obligaciones de restauración a nivel de proyecto cuando los impactos sean inevitables.

Catherine Early periodista independiente y ex subdirectora de la revista The Environmentalist

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