cambio climático

Con más inversión y control, Misiones busca evitar incendios en parques y áreas naturales

Compartí esta noticia !

Frente al aumento sostenido de las temperaturas, la escasez de lluvias y un escenario climático cada vez más adverso, el Gobierno de Misiones intensificó una estrategia integral para prevenir y combatir incendios forestales en todo el territorio provincial. Con monitoreo permanente, inversión en equipamiento estratégico, fortalecimiento del marco normativo y campañas de concientización, la Provincia busca proteger la selva misionera, las áreas naturales y una de sus principales bases económicas: el turismo.

Un sistema fortalecido tras los incendios postpandemia

La política provincial de manejo del fuego se apoya en una agenda permanente coordinada por el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, con intervención articulada de múltiples organismos del Estado. El ministro Martín Recamán explicó que el punto de inflexión se produjo luego de los incendios registrados en el período posterior a la pandemia, cuando el fuego avanzó por primera vez de manera significativa sobre áreas naturales protegidas.

“El quiebre que tuvimos en esa etapa fue que el fuego ingresó dentro de los parques. Antes no se quemaban los parques, sino principalmente zonas forestales o productivas, y ese cambio nos obligó a modificar la forma de gestionar el fuego y a incorporar cuidados que antes no eran necesarios”, señaló el funcionario.

A partir de esa experiencia, la Provincia avanzó en el fortalecimiento del sistema de prevención y respuesta. Actualmente, los 22 parques provinciales cuentan con guardaparques capacitados y equipados específicamente para el manejo del fuego, una situación que no existía años atrás. “Hubo que capacitar, entregar equipamiento y construir una gestión permanente, diaria, que ya forma parte de la agenda del Gobierno provincial”, remarcó Recamán.

La inversión se tradujo también en infraestructura clave para la respuesta rápida: equipos de ataque inicial, drones, aviones hidrantes, helicópteros, torres de vigilancia, reservorios de agua y tanques australianos, que permiten abastecer tanto a brigadas terrestres como a medios aéreos. En ese punto, el ministro destacó una mejora operativa central: “Antes el helicóptero debía volver a Posadas para recargar combustible. Hoy puede hacerlo en el mismo lugar del operativo o a pocos metros, lo que reduce significativamente los tiempos de respuesta”.

Prevención, monitoreo y articulación interinstitucional

En un contexto de cambio climático, el Gobierno provincial insiste en que la principal causa de los incendios sigue siendo la acción humana. “El clima cambió y las reglas del juego cambiaron, pero muchas personas siguen usando el fuego como se hacía antes. Hoy es necesario extremar los cuidados y saber cuándo utilizar el fuego, porque cualquier quema, por más mínima que sea, puede convertirse en un incendio de gran magnitud”, advirtió Recamán.

En ese marco, el Índice de Peligrosidad de Incendios se consolidó como una herramienta central de política pública. Según explicó el ministro, su carácter social y preventivo permite anticipar riesgos y modificar conductas. “Actualmente el índice se conoce, se publica y se consulta. Eso no ocurría años atrás y refleja un cambio cultural que resulta clave para la prevención”, afirmó, al tiempo que destacó campañas como “No Me Quemés” para reforzar la concientización ciudadana.

El monitoreo técnico se complementa con el trabajo del Observatorio de Ordenamiento Territorial, dependiente de la Subsecretaría del área. Su titular, Lucas Russo, explicó que se realiza un seguimiento permanente de focos de calor mediante imágenes satelitales, lo que permite analizar la evolución de los incendios, identificar causantes y focalizar acciones preventivas.

“Más allá del uso del fuego como herramienta productiva, que aún existe en la provincia, nos encontramos con incendios provocados por descuidos, como colillas de cigarrillos arrojadas al costado de las rutas”, precisó Russo. Además, destacó que el análisis territorial diferenciado permite anticiparse a los riesgos: la zona sur presenta características distintas a las del centro y norte provincial, donde predominan la cobertura forestal y los pastizales.

La respuesta ante los focos ígneos se apoya también en una fuerte articulación interinstitucional, con la participación de la Policía de Misiones, Bomberos Voluntarios, municipios, Vialidad Provincial, Energía de Misiones y otros organismos. “La coordinación es fundamental para garantizar una respuesta rápida, eficiente y organizada ante cada foco”, subrayó Recamán.

Cuidado del capital ambiental

Misiones aplica un marco normativo riguroso para el uso del fuego, alineado con la Ley Nacional de Manejo del Fuego N.º 26.815, la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos N.º 26.331 y la normativa provincial, que incluye el Plan Provincial de Manejo del Fuego y la Ley de Bosques de Misiones. Estas disposiciones prohíben cualquier tipo de quema cuando el índice de peligrosidad es alto o extremo, obligan a denunciar de inmediato cualquier foco y prevén sanciones que van desde multas y suspensión de autorizaciones hasta acciones penales en los casos más graves.

El cuidado ambiental aparece, además, como una cuestión económica e institucional de primer orden. “Misiones vive del turismo, de ese verde, de los parques y de los paseos que la gente viene a disfrutar, y eso es lo que también debemos cuidar entre todos de los incendios”, enfatizó Russo.

En esa línea, Recamán cerró con un mensaje que sintetiza la estrategia provincial: “Una acción individual puede generar un daño colectivo. El cuidado del ambiente es una tarea de todos. En Misiones hay un Estado que alerta, informa y establece medidas para proteger la selva misionera, su flora, su fauna y la vida de los misioneros y misioneras, pero esas acciones necesitan del compromiso de toda la sociedad”.

Compartí esta noticia !

Si la IA no genera beneficios reales, perderemos el permiso para usar la energía que consume

Compartí esta noticia !

Con el inicio de 2026, la industria tecnológica arranca un ciclo crítico en el que la inteligencia artificial ya no solo se mide por innovación, sino por resultados concretos

Satya Nadella, CEO de Microsoft, advirtió que la IA podría perder el “permiso social” para operar si no genera beneficios tangibles, ya que la IA ha sido una herramienta principalmente técnica, útil para preguntas o demostraciones, pero no ha generado cambios reales en medicina, educación o productividad aún, o al menos en comparación a toda la inversión global que ha apostado por esta tecnologiaEste es un tema que cobra relevancia en un contexto donde los centros de datos consumen tanta energía como ciudades completas y se estima que cada modelo avanzado requiere recursos comparables al consumo energético equivalente al de una casa promedio. La discusión se centra tanto en la eficiencia económica como en la sostenibilidad ambiental, un equilibrio cada vez más cuestionado.

Burbuja de expectativas

Durante años, la IA ha recibido inversiones masivas con la promesa de transformar sectores clave, pero la realidad muestra que los resultados aún no cumplen las expectativas. Según Mohamed Kande, presidente global de PwC, más del 50% de las empresas que han adoptado IA no obtienen beneficios medibles, lo que evidencia que la confianza en la tecnología no siempre se traduce en productividad o valor económico directo

A esto se suma la advertencia de Bill Gates a los inversores: no todas las compañías que desarrollan IA lograrán justificar sus valoraciones actuales, lo que genera presión para que las empresas demuestren resultados concretos para los inversores. Esta combinación de expectativas infladas y avances limitados empieza a cuestionar la legitimidad del gasto masivo en infraestructura y desarrollo, evidenciando que, pese a los años de progreso tecnológico, la IA sigue enfrentando desafíos de eficacia económica y retorno de inversión.

El coste oculto: impacto energético y consumo de agua

El debate sobre la IA no se limita al rendimiento económico. El consumo de recursos energéticos y el impacto ambiental son factores críticos. Organismos internacionales han destacado la necesidad de implementar tecnologías alineadas con energías renovables y prácticas de eficiencia que reduzcan el consumo. Estudios recientes subrayan que los data centers emplean grandes cantidades de agua y electricidad, incrementando la preocupación sobre el impacto ambiental y la huella de carbono asociada a la IA. Estos son algunos de los datos del impacto en recursos de la Inteligencia Artificial en los últimos años:

  • Los centros de datos consumieron aproximadamente 415 TWh de electricidad en 2024, equivalente al 1,5 % del consumo eléctrico mundial, y se proyecta que esta cifra se duplicará (y más) hacia 2030.
  • En Estados Unidos, los data centers utilizaron cerca de 64 mil millones de litros de agua en 2023 para enfriar hardware, un consumo que podría cuadruplicarse en los próximos años sin eficiencia adicional.
  • La expansión de la IA y el entrenamiento de modelos avanzados como GPT‑5 contribuyen a una huella de carbono significativa, que no parece estarse reduciendo pronto.

Planes estratégicos y futuro de la IA

Frente a los desafíos actuales, Microsoft y otras compañías están impulsando una IA que combine eficiencia, utilidad social y menor consumo de recursos. Satya Nadella advierte que la tecnología no puede limitarse a tareas técnicas o responder preguntas: debe generar beneficios reales en sectores clave como salud, educación y productividad

En este contexto, la UNESCO y otras instituciones destacan la importancia de integrar energías limpias en la infraestructura tecnológica, promoviendo el uso de energía solar en centros de datos y estrategias que reduzcan el impacto ambiental. Este enfoque apunta a un equilibrio entre retorno económico, sostenibilidad y legitimidad social, estableciendo un horizonte en el que la innovación tecnológica esté alineada con la responsabilidad ambiental y la utilidad tangible para la sociedad.

Fuente: papernest.es

Compartí esta noticia !

Más allá del litio: el aire líquido emerge como alternativa clave para almacenar energías renovables

Compartí esta noticia !

La carrera global por sustituir los combustibles fósiles aceleró una transformación estructural de los sistemas eléctricos: por primera vez, la electricidad renovable superó al carbón como fuente de generación. Sin embargo, ese avance expuso un problema central para la estabilidad de las redes: cómo almacenar energía cuando no hay sol ni viento. En ese contexto, una tecnología ignorada durante casi cinco décadas vuelve al centro del debate energético. El almacenamiento de energía mediante aire líquido tendrá en 2026 su primera planta comercial a escala mundial, en el noroeste de Inglaterra, con el objetivo de aportar una solución limpia, de gran escala y potencialmente más económica que las alternativas actuales.

El proyecto, desarrollado por la empresa Highview Power, marca un hito en la transición energética y plantea un nuevo escenario para los sistemas eléctricos que avanzan hacia una matriz basada en renovables, pero necesitan respaldo firme para garantizar suministro continuo y estabilidad operativa.

La función principal de una batería de flujo de vanadio es proporcionar almacenamiento de energía a gran escala.

El desafío estructural de la transición energética y la necesidad de almacenamiento

La expansión de las energías renovables es clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar los impactos del cambio climático. Sin embargo, a diferencia de las centrales térmicas a carbón o gas —que pueden encenderse y apagarse según la demanda—, las fuentes renovables son intermitentes. En determinados momentos generan menos electricidad de la necesaria y, en otros, producen excedentes que pueden dañar la red.

Según explicó Shaylin Cetegen, ingeniera química del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) especializada en sistemas de almacenamiento, a medida que creció la participación de renovables se volvió imprescindible desarrollar capacidad de almacenamiento a escala de red. Durante décadas, la principal solución fue la hidroelectricidad de bombeo, que utiliza excedentes eléctricos para elevar agua a una represa y luego generar electricidad al liberarla. En 2021, el mundo contaba con 160 gigavatios de esta capacidad.

En los últimos años, la demanda de almacenamiento impulsó una fuerte expansión de las baterías a gran escala. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el almacenamiento con baterías pasó de 1 GW en 2013 a más de 85 GW en 2023, con más de 40 GW incorporados solo en ese año. Aun así, estas soluciones presentan límites de costo, duración y reemplazo.

En este escenario reaparece el almacenamiento mediante aire líquido, una tecnología cuya idea básica existe desde 1977, pero que recién en este siglo comenzó a recibir atención sostenida, impulsada por la urgencia de la transición energética.

El almacenamiento de energía a gran escala con baterías de litio es una forma de almacenar el exceso de energías renovables

Cómo funciona el aire líquido y por qué vuelve a ganar protagonismo

El sistema de almacenamiento con aire líquido se basa en un proceso de tres etapas. Primero, se toma aire del ambiente y se limpia. Luego, se comprime repetidamente hasta alcanzar presiones muy altas. Finalmente, se enfría hasta licuarse mediante un intercambiador de calor multicanal, que permite transferencias térmicas controladas.

“La energía que obtenemos de la red alimenta este proceso de carga”, explicó Cetegen. El aire licuado se almacena en grandes tanques y, cuando la red necesita energía adicional, se libera, se evapora y vuelve a su estado gaseoso. Esa expansión impulsa turbinas que generan electricidad, tras lo cual el aire se libera nuevamente a la atmósfera, sin combustión ni emisiones.

Uno de los aspectos clave del sistema es la recuperación térmica. La compresión del aire genera calor, que puede reutilizarse para mejorar la eficiencia del proceso. Sin estos ciclos, la eficiencia ronda el 50%, pero al incorporarlos puede superar el 60% y acercarse al 70%, según Cetegen.

El principal desafío, señalan los especialistas, es desplegar suficiente capacidad de almacenamiento mediante aire líquido para que tenga un impacto significativo en la transición ecológica. Aun así, sus promotores confían en que el crecimiento de las renovables inclinará la balanza económica a su favor.

La primera planta comercial y el debate sobre la viabilidad económica

La instalación que se construye cerca de Carrington, en las afueras de Manchester, será la primera planta comercial de almacenamiento de energía mediante aire líquido en el mundo. El proyecto sigue la experiencia de una planta piloto en Pilsbury y podrá almacenar 300 megavatios-hora de electricidad, suficientes para cubrir un corte breve de suministro para hasta 480.000 hogares.

Según explicó Richard Butland, director ejecutivo de Highview Power, la planta entrará en funcionamiento en dos fases. En agosto de 2026 comenzará a operar la turbina, que no generará electricidad pero ayudará a estabilizar la red eléctrica. Actualmente, esa función suele cubrirse mediante la activación de centrales de gas, una solución que —según Butland— “supone un coste enorme para el sistema”. El objetivo es ofrecer una alternativa que evite ese recurso.

El sistema completo de almacenamiento comenzaría a operar en 2027, y la empresa prevé obtener ingresos mediante la venta de electricidad a la red en momentos de alta demanda. No obstante, la viabilidad económica sigue siendo un punto crítico.

En un estudio publicado en marzo, Cetegen y su equipo analizaron la rentabilidad del almacenamiento con aire líquido en 18 regiones de Estados Unidos, bajo ocho escenarios de descarbonización y a lo largo de 40 años. En el escenario más ambicioso, la tecnología resultó viable únicamente en Florida y Texas. En el resto de los casos, no se observó viabilidad económica, en gran parte porque en los primeros años no había suficientes renovables para generar volatilidad de precios que justificara el uso intensivo del sistema.

Lejos de interpretar estos resultados como negativos, Cetegen subrayó que el análisis fue deliberadamente conservador y que otras tecnologías, como la hidroelectricidad de bombeo y las baterías, mostraron una viabilidad aún menor en los mismos escenarios.

Un dato central es el costo nivelado de almacenamiento, que estima el costo por unidad de energía almacenada durante la vida útil del proyecto. En el caso del aire líquido, puede ser de US$45 por megavatio-hora, frente a US$120 de la hidroelectricidad por bombeo y US$175 de las baterías de iones de litio. “Si bien ninguno de estos métodos es económicamente viable hoy sin apoyo político, el almacenamiento mediante aire líquido se destaca como una opción particularmente rentable para el almacenamiento a gran escala”, afirmó Cetegen.

El aire líquido es calentado hasta temperatura ambiente y al evaporarse impulsa una turbina para producir electricidad, sin necesidad de combustión

Un rol estratégico en las redes eléctricas del futuro

Para Butland, el futuro de las redes eléctricas no dependerá de una sola tecnología, sino de una combinación de soluciones. La hidroelectricidad de bombeo es eficiente y duradera, pero depende de la disponibilidad de agua y ubicación. Las baterías pueden instalarse casi en cualquier lugar, pero requieren reemplazo cada 10 años. El aire líquido, en cambio, permite almacenar energía durante más tiempo, con pérdidas mínimas.

“A medida que un país inicia la transición hacia la energía verde, su red eléctrica necesita ser remodelada para adaptarse”, sostuvo Butland. “Estamos reconstruyendo todas las redes a nivel mundial, basándonos en la nueva generación”. En ese proceso, el almacenamiento de energía mediante aire líquido podría convertirse en una pieza clave de la nueva arquitectura energética global.

Fuente BBC Mundo

Compartí esta noticia !

Estados Unidos se retira de 66 organismos internacionales por orden de Trump

Compartí esta noticia !

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un memorándum presidencial que ordena la retirada del país de 66 organizaciones internacionales, entre ellas 31 entidades vinculadas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al considerar que “ya no favorecen los intereses estadounidenses”. La decisión, anunciada por la Casa Blanca este miércoles 31, marca un giro significativo en la política exterior y multilateral de Washington, con implicancias políticas, económicas e институ­cionales a escala global.

Un repliegue del multilateralismo: alcance y fundamentos de la medida

Según informó la Casa Blanca a través de la red social X, el memorándum presidencial dispone el abandono formal de 66 organismos internacionales, de los cuales casi la mitad forman parte del sistema de Naciones Unidas. Entre las organizaciones más relevantes alcanzadas por la decisión se encuentran la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático y la Alianza de Civilizaciones.

En un comunicado oficial, la Casa Blanca sostuvo que estas entidades promueven “causas radicales sobre el cambio climático, gobernanza global y programas ideológicos que chocan con la fortaleza económica y la soberanía de Estados Unidos”. El texto remarca que, desde la perspectiva de la actual administración, la participación en estos foros dejó de alinearse con los intereses estratégicos, económicos y políticos del país.

La mayor parte de los organismos abandonados son comisiones y paneles asesores enfocados en temáticas como cambio climático, migración, derechos laborales y otros asuntos que la Administración Trump considera asociados a agendas de diversidad e igualdad que, según su diagnóstico, se imponen “en perjuicio del mérito”.

Organismos alcanzados y redefinición de prioridades estratégicas

Además de estructuras del sistema de la ONU, el retiro estadounidense alcanza a espacios de cooperación y coordinación internacional en materia de seguridad y gobernanza. Entre ellos figuran el Foro Global Central contra el Terrorismo, el Partenariado para la Cooperación Atlántica y el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral.

Desde la Casa Blanca no se detallaron plazos operativos ni mecanismos específicos de salida, pero el memorándum presidencial establece la directriz política para concretar el retiro de manera progresiva. La medida se inscribe en una visión que prioriza la soberanía nacional y la autonomía de decisión frente a los compromisos multilaterales, un eje que ya había caracterizado la política exterior de Trump en etapas anteriores.

Impacto político e institucional a nivel global

La decisión de abandonar 66 organizaciones internacionales introduce un nuevo factor de tensión en el escenario internacional y plantea interrogantes sobre el rol futuro de Estados Unidos en los ámbitos de coordinación global. En particular, el retiro de organismos vinculados al cambio climático y a la gobernanza internacional puede alterar equilibrios en foros donde Washington históricamente tuvo un peso determinante.

En términos institucionales, la salida de Estados Unidos implica una reducción de aportes financieros, capacidad técnica y liderazgo político en múltiples instancias multilaterales. A la vez, abre espacio para que otros actores internacionales refuercen su influencia en esos organismos.

Desde el plano económico, la redefinición del vínculo con estructuras globales de cooperación podría tener efectos indirectos en áreas como comercio, financiamiento climático y estándares internacionales, en un contexto de reconfiguración de alianzas y prioridades geopolíticas.

Compartí esta noticia !

Agricultores pueden ahora medir y beneficiarse del comercio de carbono de árboles frutales

Compartí esta noticia !

Escribe Wilson Odhiambo / Inter Press Service – Los agricultores ahora pueden conocer y beneficiarse de su contribución al cambio climático gracias a una fórmula que se puede utilizar para calcular la cantidad de carbono almacenado en los árboles frutales, como muestra una iniciativa desarrollada en Kenia.

En un proyecto denominado «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental», la Universidad de Agricultura y Tecnología Jomo Kenyatta (Jkuat), en colaboración con el Instituto Internacional de Agroforestería (Icraf, en inglés), desarrolló una fórmula matemática que permite a los agricultores calcular y determinar la cantidad de carbono que almacenan sus árboles frutales.

La fórmula implica el uso de ecuaciones alométricas, mediante las cuales el agricultor introduce el diámetro del árbol para obtener su biomasa, que luego se utiliza para determinar la cantidad de carbono que contiene.

El objetivo de este proyecto es animar a los agricultores a plantar más árboles frutales para promover la mitigación del cambio climático.

La fórmula se centra principalmente en los árboles de aguacate y mango, que son los tipos de árboles frutales más comunes cultivados por los agricultores que practican la agrosilvicultura en Kenia.

Tradicionalmente, había que talar los árboles para determinar la cantidad de carbono que contenían. Ahora, los agricultores pueden evaluar la cantidad de carbono almacenada en un árbol simplemente tomando medidas y haciendo un pequeño cálculo, en lugar de talarlo.

Con este conocimiento, los agricultores pueden mantenerse informados sobre su contribución al cambio climático mientras mantienen su medio de vida, lo que también les ayudará a negociar adecuadamente los créditos de carbono en el mercado de comercio de carbono, en rápido crecimiento.

Tierras agrícolas necesarias para el control del cambio climático

Según Shem Kuyah, el investigador responsable de la fórmula, la captura de carbono se realiza principalmente en los bosques, pero el aumento de la población humana ha dado lugar a actividades humanas que causan continuamente la destrucción y la disminución de los bosques.

Como resultado, se hizo urgente la necesidad de encontrar otras alternativas para la absorción de carbono, y las tierras agrícolas se consideraron una alternativa de conservación a través de la agrosilvicultura.

Kuyah es profesor en la Jkuat, en el departamento de agrosilvicultura.

«Uno de los principales objetivos del proyecto es formar y concienciar a los agricultores sobre la importancia de plantar árboles para el control del clima», afirmó Kuyah a IPS.

Anteriormente, la contribución al secuestro de carbono y a la mitigación del cambio climático se asociaba principalmente a los bosques.

«Sin embargo, con el aumento de la población humana, las reservas forestales comenzaron a disminuir, a pesar de la necesidad de más árboles para combatir el cambio climático. Por lo tanto, se consideró que las tierras agrícolas podían proporcionar espacio para plantar más árboles mediante la agrosilvicultura», explicó Kuyah.

Los agricultores dependen de sus tierras y cultivos para obtener ingresos, por lo que el proyecto tenía que promover la agrosilvicultura teniendo en cuenta los árboles más beneficiosos desde el punto de vista económico.

«Descubrimos que los agricultores preferían plantar árboles frutales y que los mangos y los aguacates eran las especies arbóreas más comunes», afirmó.

Beneficiarse del comercio de carbono igual a plantar más árboles frutales

Dada la importancia de los árboles frutales para el sustento de los agricultores, este proyecto no solo les dio una razón para cultivar árboles frutales para controlar el cambio climático, sino que también les proporcionó un incentivo financiero adicional: aprovechar el comercio de créditos de carbono.

Los créditos de carbono son certificados negociables en los que un crédito de carbono representa una tonelada métrica de CO₂ (u otro gas de efecto invernadero equivalente) reducida o eliminada de la atmósfera.

Permiten a las empresas y gobiernos altamente contaminantes compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero financiando proyectos que reducen o eliminan la contaminación, como iniciativas de reforestación o de energía renovable.

Más allá de su impacto climático, estos proyectos suelen aportar beneficios adicionales, como el empoderamiento de las comunidades, la protección de la biodiversidad o la mejora de la salud pública.

«Tenemos dos fórmulas que se utilizan para determinar la cantidad de carbono en los árboles. La fórmula general, que se puede aplicar a cualquier tipo de árbol, y la fórmula específica para cada especie, desarrollada para satisfacer las necesidades de los agricultores, determinan la cantidad de carbono en los árboles frutales», dijo Kuyah.

Esta última, precisó, «es más precisa en la cuantificación del carbono, ya que solo permite un error marginal (alrededor de 5 %) en comparación con la fórmula general (hasta un 40 % de error)».

Dado que los agricultores pueden determinar la cantidad de carbono sin talar sus árboles, la fórmula les anima a plantar más árboles frutales, lo que beneficia su sustento a través del comercio de créditos de carbono y contribuye a la mitigación del cambio climático.

Acuerdos de la COP30

El hecho de que las plantas sean la principal fuente de sustento de los agricultores convierte este proyecto en un activo importante para la mitigación del cambio climático, especialmente ahora, en un momento en el que las naciones parecen discrepar sobre las medidas de control del clima.

Han pasado diez años desde el Acuerdo de París de 2015, cuyo objetivo era limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados, con 2 grados como máximo absoluto, lograr emisiones netas de carbono cero a mediados de siglo y proporcionar apoyo económico a los países vulnerables al cambio climático.

Sin embargo, la financiación de esta iniciativa sigue siendo un reto.

Muchos países no han cumplido sus objetivos y, según la Organización Meteorológica Mundial, las emisiones de carbono alcanzarán un máximo histórico en 2024.

Los líderes mundiales aún no han llegado a un acuerdo amistoso sobre el camino a seguir en cuanto a las medidas y han puesto un énfasis considerable en encontrar formas de financiar la mitigación.

En la 30 Conferencia de las Partes (COP3) sobre cambio climático, celebrada en la ciudad brasileña de Belém en noviembre, se anunció la plena puesta en marcha del Mecanismo de Créditos del Acuerdo de París (PACM, en inglés), que regula los mercados de carbono.

Además, la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono, lanzada en septiembre por los copresidentes de Singapur, el Reino Unido y Kenia, recibió el respaldo de 11 países y el apoyo de otros más durante las deliberaciones en Belém.

Los objetivos declarados de la coalición son armonizar, integrar y estandarizar dichos mercados para movilizar una mayor financiación para una acción climática más rápida y proporcionar un conjunto coherente de principios y salvaguardias requeridos por las empresas.

¿Cómo se beneficiarán los agricultores de árboles frutales?

El proyecto de Jkuat no solo aborda las medidas contra el cambio climático, sino que también fomenta la participación pública y la educación mediante la formación de los agricultores.

Desde que Kenia se unió al comercio de créditos de carbono en 2023, varios agricultores y propietarios de tierras se han quejado de haber sido estafados o de no haber recibido una compensación adecuada por su contribución a la reducción de carbono.

En un documental reciente, Carbon Contract, realizado por un medio de comunicación local de Kenia, los habitantes del noreste del país se quejaban de que solo recibían 20 % de la venta total de carbono de sus tierras, como parte de un acuerdo que preveía que un proyecto de compensación de carbono utilizara sus tierras durante un máximo de 30 años.

Los participantes se quejaban de la falta de transparencia del proyecto.

Sin embargo, el proyecto de «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental» tiene entre sus objetivos formar a las organizaciones cooperativas de ahorro y crédito de los agricultores y a los agentes de extensión sobre cómo utilizar la fórmula para calcular la cantidad de carbono de sus árboles.

Esa formación les da una ventaja a la hora de negociar los créditos de carbono.

La formación también incluye la comprensión de qué es el comercio de carbono y cómo funciona.

«Nuestra fórmula puede ayudar a los agricultores a negociar los créditos de carbono desde un punto de vista consciente», explicó Kuyah.

Destacó que «con una simple cinta métrica y una calculadora, los agricultores pueden determinar el valor de carbono de sus árboles, de modo que cuando se les acerquen programas relacionados con el comercio de créditos de carbono, sabrán exactamente cuánto deben recibir».

«También intentamos que nuestra fórmula fuera lo más fácil de entender posible para los agricultores, pidiéndoles solo que midieran el diámetro del árbol y lo utilizaran para calcular la cantidad de carbono con una calculadora», detalló.

«Estamos desarrollando una aplicación/interfaz que generará automáticamente la cantidad de carbono después de que el agricultor introduzca la especie y el diámetro del árbol. Actualmente, les hemos proporcionado una plataforma Excel que realiza los cálculos», amplió Kuyah.

El programa de formación para agricultores llevado a cabo por la Jkuat y el Icraf puede ser, por lo tanto, una de las muchas soluciones al cambio climático que se buscaron en Belém, durante la cumbre climática, la COP30, desarrollada entre el 10 y el 22 de noviembre.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin