CARNE PORCINA

La carne vacuna encuentra un nuevo equilibrio: caen los aumentos de precios mientras cambian los hábitos de consumo

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La dinámica del mercado de carnes en Argentina comienza a mostrar señales de un cambio estructural. Luego de varios años marcados por fuertes ajustes de precios y una inflación que condicionaba el comportamiento del consumo, la carne vacuna atraviesa una etapa de mayor estabilidad. Al mismo tiempo, el crecimiento sostenido del consumo de carne porcina y el sostenimiento de la demanda de pollo configuran un mercado más competitivo, en el que el consumidor adquiere un papel cada vez más determinante en la formación de precios.

Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio el precio promedio de los cortes vacunos prácticamente no registró variaciones. Con un valor medio de $18.617 por kilogramo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando el tercer mes consecutivo con subas inferiores al ritmo de la inflación.

Los últimos datos disponibles sobre la evolución de los precios de la carne al consumidor parecen marcar un nuevo escenario para la carne vacuna en el mercado interno.

De acuerdo con el Relevamiento de Precios Minoristas que realiza el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante junio los precios de los distintos cortes de carne vacuna prácticamente no registraron variaciones. Con un valor promedio de $18.617 por kilo, el incremento mensual fue de apenas 0,3%, completando así el tercer mes consecutivo con aumentos inferiores a la inflación.

En paralelo, al observar la evolución del consumo doméstico también se advierte una cierta desaceleración. En mayo, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en 47,4 kilos por habitante al año, lo que representa una caída del 6,4% respecto del mismo mes del año anterior.

Sin embargo, al analizar este indicador es importante recordar que se trata de un consumo aparente o indirecto. Es decir, no surge de una medición directa de las cantidades efectivamente consumidas, sino que se estima a partir de la producción total de carne obtenida en un determinado período, descontando el volumen exportado durante ese mismo lapso.

En consecuencia, el indicador refleja la disponibilidad de carne para el mercado interno y no el consumo efectivo. Implícitamente, supone que toda la carne destinada al mercado doméstico durante un mes es consumida en ese mismo período, sin contemplar variaciones de existencias o almacenamiento entre meses.

Por ello, la forma más adecuada de analizar este tipo de indicadores es mediante medias móviles, que permiten identificar cambios de tendencia y reducen el efecto de fluctuaciones mensuales que muchas veces responden a cuestiones de oferta antes que a modificaciones reales en el nivel de consumo. No obstante, los indicadores de consumo siempre deben analizarse de manera integral.

Bajo este criterio, al observar la evolución del consumo de carnes en los últimos años se aprecia una tendencia descendente en el consumo per cápita de carne vacuna, mientras que las carnes aviar y porcina muestran trayectorias crecientes o, en el caso del pollo, relativamente estables. Esta evolución responde, en parte a una cuestión de oferta, pero también a una relación de precios relativos cada vez más favorable para estas dos proteínas. En efecto, con el equivalente al precio de un kilo de carne vacuna es posible adquirir aproximadamente dos kilos de carne porcina y casi cuatro kilos de carne aviar, lo que incrementa significativamente su competitividad frente a la carne vacuna.

Mientras que en 2021 el consumo promedio de carne vacuna alcanzaba los 49,2 kilos por habitante por año, actualmente se ubica en 47,4 kilos, es decir, cerca de dos kilos menos por persona.

En paralelo, el consumo de carne aviar se mantuvo prácticamente estable, pasando de 46,2 kilos per cápita en 2021 a 46,7 kilos según los datos disponibles a mayo de este año. En tanto, el consumo de carne porcina incrementó su participación de manera sostenida, pasando de 15 a 19,6 kilos por habitante al año durante el mismo período.

En consecuencia, el consumo agregado de las tres principales carnes en Argentina se expandió desde un promedio de 110 kilos por habitante por año en 2021 hasta cerca de 114 kilos en la actualidad. De este modo, el país continúa ubicándose entre los mayores consumidores de carne del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos y por encima de otros importantes productores y consumidores como Brasil y Australia.

Por lo tanto, desde una perspectiva agregada, la oferta total de carnes disponible para el mercado interno continúa siendo elevada en relación con el tamaño de la demanda doméstica.

Este aspecto ayuda a explicar la aparente disociación que hoy existe entre la menor disponibilidad de carne vacuna y la inusual estabilidad de sus precios.

En este sentido, al analizar la evolución de los precios minoristas relevados por el IPCVA durante el último año y medio, se observa un cambio en el patrón de ajuste respecto del registrado en años anteriores, cuando la elevada inflación explicaba gran parte de los movimientos de precios.

Actualmente, en un contexto de mayor estabilidad macroeconómica y con una oferta de carnes alternativas más abundante y competitiva, el consumidor local parece mostrar una menor disposición a convalidar incrementos bruscos en el precio de la carne vacuna, tal como ocurría en períodos de mayor inflación.

De hecho, luego del fuerte ajuste registrado en marzo, cuando los precios aumentaron más de 10%, el mercado ingresó en una etapa de mayor estabilidad. Es probable que esta situación se prolongue durante buena parte del segundo semestre, favorecida por una mayor disponibilidad estacional de hacienda terminada y, particularmente este año, por una estrategia generalizada de retención de animales para agregar kilos antes de la faena.

Por otra parte, la mayor oferta de proteínas disponible para el consumidor ya no proviene únicamente de las carnes sustitutas —principalmente pollo y cerdo—, sino también de una porción aún reducida, aunque en crecimiento, de carne vacuna importada que comienza a integrarse a la oferta total del mercado interno, con más de 11.500 toneladas ingresadas en los primeros cinco meses del año.

Este último componente constituye otro de los cambios estructurales que gradualmente comienzan a observarse en el mercado argentino y que acercan su funcionamiento al de otros grandes países productores y exportadores de carne vacuna. En esos mercados, una mayor apertura comercial y una demanda doméstica más diversificada favorecen una integración más eficiente entre el consumo interno y las exportaciones, permitiendo maximizar la generación de valor a lo largo de toda la cadena.

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Carne vacuna en retroceso: el consumo cayó al nivel más bajo en dos décadas

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La cadena bovina comenzó 2026 con una señal de alerta estructural: menor producción, exportaciones sostenidas y un mercado interno cada vez más ajustado. El consumo per cápita perforó un piso histórico y volvió a niveles de 2005, en un contexto de oferta limitada y precios en alza.

El consumo de carne vacuna en Argentina descendió en enero de 2026 a 47,9 kilos per cápita/año, el registro más bajo de los últimos veinte años, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA). El indicador confirma una tendencia contractiva que combina restricciones de oferta, presión exportadora y deterioro del poder adquisitivo.

Menos producción, mismo ritmo exportador

La producción de carne vacuna alcanzó en enero 239 mil toneladas res con hueso, lo que representó una caída interanual del 10% (-26,6 mil toneladas), producto de un muy bajo nivel de faena.

En paralelo, las exportaciones se mantuvieron firmes. Los envíos al exterior rondaron las 57 mil toneladas res con hueso, prácticamente en línea con enero de 2025 (+1%), apenas 560 toneladas por encima del año anterior. La ecuación es clara: menor producción y exportaciones sostenidas implican menos carne disponible para el mercado interno.

El consumo aparente en el país retrocedió 13% interanual, ubicándose en 182,1 mil toneladas, es decir, 27,1 mil toneladas menos que en enero del año pasado.

El promedio móvil de los últimos doce meses consolidó la caída: 47,9 kilos por habitante al año, 0,5% por debajo del promedio registrado a enero de 2025.

Faena en mínimos históricos

El nivel de actividad frigorífica refleja el ajuste de oferta. La faena total de enero se ubicó en 1,014 millones de cabezas, con una baja del 16,1% respecto a diciembre (corrigiendo por días laborables) y una contracción interanual del 11,8% (-136.240 cabezas).

Desde CICCRA subrayan que la faena de enero de 2026 ocupó el puesto 36 entre los últimos 47 eneros, una señal contundente del ciclo contractivo.

El trasfondo es productivo y climático. La fuerte sequía entre 2021/22 y 2023/24, seguida por inundaciones en 2024 y 2025, provocó venta anticipada de hacienda, reducción de existencias y deterioro del índice de preñez. El resultado fue una menor zafra de terneros y una tendencia decreciente de la faena durante los últimos dos años, con veinte caídas interanuales consecutivas.

Precios que superan la inflación

La menor oferta coincidió con un escenario de aumentos por encima del índice general de precios. En enero, cuatro de los cinco cortes relevados por el INDEC superaron la inflación mensual (2,8%):

  • Asado: +5,6%
  • Cuadril: +3,3%
  • Nalga: +3,3%
  • Carne picada común: +3,1%
  • Paleta: +2,6%

El desfasaje entre precios y poder adquisitivo agrega presión sobre la demanda doméstica, que ya muestra signos de sustitución hacia proteínas alternativas.

El dato estructural: cambio en la matriz de consumo

Paradójicamente, el año 2025 había mostrado una recuperación en el consumo total de carnes. Según la Dirección Nacional de Producción Ganadera, el consumo per cápita total pasó de 112,16 kg en 2024 a 116,4 kg en 2025, un crecimiento interanual del 3,85%.

Sin embargo, el dinamismo no fue exclusivo de la carne vacuna:

  • Carne bovina: de 48,49 kg a 49,92 kg (+2,94%)
  • Carne porcina: de 17,42 kg a 18,89 kg (+8,44%)
  • Carne aviar: de 46,25 kg a 47,68 kg (+3,07%)

El crecimiento del cerdo y el pollo refleja una tendencia de mediano plazo: mayor diversificación proteica y pérdida gradual de centralidad de la carne bovina en la dieta argentina.


Un mercado tensionado

El inicio de 2026 encuentra a la cadena cárnica en una encrucijada: menor stock, faena contenida, exportaciones firmes y consumo doméstico debilitado. En un contexto internacional donde la oferta global es ajustada y los precios externos resultan atractivos, el desafío estratégico para el sector será equilibrar rentabilidad exportadora y abastecimiento interno, sin profundizar la pérdida histórica de consumo en el mercado local.

La cifra de 47,9 kilos no es solo un dato estadístico: es un síntoma de cambio estructural en la ganadería argentina y en el patrón de consumo de los hogares.

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Aumentó el consumo per cápita de carnes en Argentina y el mayor impulso vino del cerdo y el pollo

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El consumo per cápita de carnes en Argentina registró un crecimiento durante 2025, impulsado principalmente por un fuerte aumento en la ingesta de carne porcina y aviar, que se consolidan como las grandes dinamizadoras del consumo total y reflejan un cambio estructural en los hábitos alimentarios de la población.

Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación, elaborados por la Dirección Nacional de Producción Ganadera, el consumo total de carnes creció un 3,85% interanual, al pasar de 112,16 kilos per cápita en 2024 a 116,4 kilos en 2025, el nivel más alto de toda la serie 2020-2025.

Si bien el consumo aumentó en las tres principales categorías, el desempeño más destacado correspondió a la carne porcina y la carne aviar, que explican la mayor parte del crecimiento total.

En detalle, el consumo de carne porcina registró el mayor salto relativo, al pasar de 17,42 kilos por habitante en 2024 a 18,89 kilos en 2025, lo que representa un incremento del 8,44% interanual. En términos absolutos, el consumo de cerdo aumentó 1,47 kilos por persona, consolidando una tendencia de crecimiento sostenido en los últimos años.

Por su parte, la carne aviar también mostró una evolución positiva, con un aumento de 46,25 a 47,68 kilos per cápita, equivalente a una suba del 3,07%, lo que implica un incremento de 1,42 kilos por habitante en un solo año.

En el caso de la carne bovina, el consumo pasó de 48,49 a 49,92 kilos per cápita, con una suba del 2,94%, mostrando una recuperación moderada en comparación con las otras proteínas animales.

En conjunto, los datos confirman una mayor diversificación de la ingesta de proteínas animales, con el cerdo y el pollo ganando protagonismo como alternativas más accesibles y competitivas, y consolidándose como los principales motores del crecimiento del consumo total de carnes en Argentina.

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Oficializan la creación de un programa de compensación para productores de porcinos

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El Ministerio de Economía formalizó la creación de un programa de compensaciones destinado para los productores de porcinos por la suba de precios que impactó en los últimos meses en la soja, y que se trasladó a sus productos derivados, a través de la resolución 115/2023 publicada hoy en el Boletín Oficial.

Con una inversión de $ 1.200 millones, el Programa de Fortalecimiento Productivo Argentino destinado al sector porcino busca asistir a los productores de cerdos en la mitigación del incremento de los costos de alimentación de su sector productivo, mediante la asignación de un beneficio económico basado en la relación entre el consumo de soja para alimentación y el volumen de producción.

El beneficio había sido anunciado a mediados de enero por el ministro de Economía, Sergio Massa, junto con otros programas de compensaciones destinados a los productores de huevos y avícolas, este último oficializado la semana pasada.

El beneficio será financiado con los propios recursos incrementales de las retenciones de las dos ediciones del denominado “dólar soja”, a través del Fondo Incremento Exportador, creado tanto para asistir a personas en situación de vulnerabilidad como para estimular la producción y el desarrollo de las economías regionales y de pequeños y medianos productores.

La resolución destacó que en los últimos meses “se registró un incremento del precio de la soja y sus derivados, entre los que se encuentra el alimento balanceado, en el mercado local, que afectó el equilibrio económico financiero de los productores, en tanto tales insumos productivos son esenciales en la dieta de los porcinos”.

Se calcula que la incidencia de la alimentación en el costo de producción del cerdo oscila entre el 60% y el 70% por cabeza.

Para calcular el monto del beneficio de los productores solicitantes del nuevo programa, se tomará el promedio mensual de carne porcina faenada, desde el 1 de octubre de 2021 hasta el 30 de setiembre de 2022, a través de los registros del Sistema Integrado de Gestión de Sanidad Animal (Sigica) y el Sistema Integral de Faena (SIF) del Senasa.

Además, se tomará el promedio mensual de cabezas de lechones, cachorros y cachorras enviadas por el beneficiario a terceros con destino a invernada, que se expresará en kilogramos tomando como factor de conversión 30 kg por cabeza.

En función de ello se estimará la cantidad de soja o derivados que fue necesaria para cubrir la alimentación requerida de esa producción, tomando un factor de conversión formulado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTI) en el cual se multiplica el promedio mensual de producción con el Coeficiente Soja Insumo (SI) establecido en 1 kilo por cabeza faenada.

Una vez establecida la base de toneladas de soja o derivados computables, se determinará el beneficio a razón de $ 30.000 por tonelada.

Para solicitar la asistencia, los productores deberán estar inscriptos en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (Renspa) del Senasa en las actividades Porcinos Criador Comercial, Porcinos Invernada o Porcinos Agricultura Familiar, y tener declarada su actividad como productor de porcinos ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

Del mismo modo, deberán haber remitido porcinos a faena entre el 28 de noviembre y el 30 de diciembre pasados.

Cumplidos esos requisitos, los productores deberán ingresar al sitio web de la AFIP (www.afip.gob.ar) con clave fiscal, y luego al servicio “Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca – Autogestión SAGyP”.

Allí se les solicitará una casilla de e-mail e ingresar una Clave Bancaria Uniforme (CBU) donde se recibirá el beneficio en un único pago.

Una vez enviada su solicitud, la AFIP y el Senasa realizarán las comprobaciones de los datos y, posteriormente, la Secretaría de Agricultura aprobará la nómina de beneficiarios con sus compensaciones correspondientes.

Los productores tendrán 15 días hábiles, a contar desde hoy, para realizar sus presentaciones.

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Domínguez aseguró que el Gobierno trabaja en una ley específica para potenciar la producción porcina

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En el marco del Día Nacional de la Porcicultura, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Domínguez, mantuvo un encuentro con representantes de la cadena de valor en el edificio de la cartera agropecuaria. Allí, expresó la necesidad de “potenciar el desarrollo del sector con una estrategia de largo plazo que converja en una ley”

En ese sentido, Julián Domínguez destacó que es “de suma importancia seguir trabajando en conjunto para incrementar la productividad de nuestro sector porcino”. “Estamos trabajando en el desarrollo de un plan estratégico para toda la cadena de producción, de construir los cimientos del sector en un proyecto de ley que se debata en el Congreso y genere una visión estratégica”, completó.

Tras el encuentro, el titular de la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP), Adolfo Franke, detalló: “Nos volveremos a reunir en los próximos días para avanzar desde una mesa de trabajo en las soluciones que precisa nuestro sector”.

En tanto, el presidente de la Unión de la Industria Cárnica Argentina (UNICA), Gustavo Valsangiácomo, remarcó que “toda la cadena de valor aspira a producir más cerdos en la Argentina”.

Participaron, además, de la reunión Elizabeth Da Silva, Cámara de Pequeños y Medianos Productores de Porcinos de Argentina (CAPeMPPor); Gustavo Lazzari, Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Afines (CAICHA); José Dodds, Federación Porcina Argentina, y Ornella Giacosa, Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA).

Estuvieron también el Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Matías Lestani; el titular de la Unidad Gabinete de Asesores, Jorge Ruiz; y el subsecretario de Ganadería y Producción Animal, José María Romero.

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