Carolina Mazza

Carolina Mazza, un viaje de casi 70 años: la herencia familiar que trasciende fronteras

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Antes de los paquetes turísticos, los vuelos internacionales, Disney, Turquía, Miami, Europa, las reservas digitales y los mensajes de WhatsApp, hubo algo mucho más elemental: una persona entregándole dinero a otra porque confiaba en que iba a volver con él convertido en otra moneda. Ocurría en Santo Tomé, Corrientes, hace casi siete décadas.

El abuelo de Carolina Mazza y sus hermanos recibían dinero de vecinos que necesitaban cambiar moneda cuando el negocio todavía no tenía la estructura ni la regulación actual. Viajaban a Buenos Aires o Brasil y regresaban con la moneda que les habían encargado.

El capital inicial de aquella empresa, por lo tanto, no fue solamente financiero. Fue reputacional. “Así arranca, basado en la confianza”, cuenta hoy Carolina Mazza. Y cuando se le pregunta qué permitió construir la empresa familiar durante todos estos años, agrega inmediatamente un segundo componente: “Confianza y mucho trabajo”.

Casi 70 años después, esa pequeña historia fronteriza se transformó en una de las compañías referentes del turismo en Misiones. Y ahora acaba de cruzar nuevamente una frontera: Mazza Turismo abrió una oficina en Encarnación.

No es un movimiento menor. Después de consolidarse durante décadas en el mercado misionero, la compañía pone un pie en una economía que Carolina observa en expansión y empieza a pensarse en una escala regional. Al mismo tiempo, la cuarta generación de la familia se incorpora al negocio.

Es un nuevo capítulo para una empresa que aprendió a sobrevivir a casi todo: cambios de moneda, crisis argentinas, transformaciones tecnológicas, nuevas formas de consumir, tragedias familiares y una revolución completa en la manera de viajar.

Con el tiempo, aquella actividad familiar vinculada al cambio de monedas tomó una estructura formal. Llegaron las habilitaciones del Banco Central y la primera casa de cambio funcionó en Santo Tomé. Después, el padre de Carolina tomó una decisión que sería determinante para la historia posterior: recién casado, se mudó junto a su esposa a Posadas y abrió allí la casa de cambio.

Luego se incorporarían otros integrantes de la familia. Entre ellos estaba Chela, tía de Carolina, que no tenía demasiado entusiasmo por el negocio cambiario y empezó a mirar hacia otro lado. Eran comienzos de los años setenta y los viajes comenzaban a convertirse en una actividad con un enorme horizonte por delante. Apostó al turismo. Vista desde 2026, la decisión parece lógica. Hace más de medio siglo era una lectura empresarial de futuro.

Carolina reconoce allí un rasgo que atravesó a la familia: la capacidad de observar lo que está cambiando y animarse a modificar el negocio antes de que el cambio resulte evidente para todos.

“Una empresa que no se capacita, que no mira el futuro, obviamente no crece”, sostiene. La definición resume buena parte de la historia de Mazza. Cada generación recibió algo construido por la anterior, pero también tuvo que transformarlo. Para Carolina, respetar las raíces no significa inmovilizarse, sino conservar determinados valores mientras la empresa se adapta al mundo que viene.

Esa tensión entre legado y transformación es uno de los grandes desafíos de cualquier compañía familiar. Sobrevivir durante casi siete décadas exige mantener una identidad, pero también saber abandonar a tiempo aquello que alguna vez funcionó.

La tragedia que cambió su vida

Carolina Mazza es licenciada en Administración de Empresas. Hace casi 30 años acababa de recibirse, ya era madre de su hija mayor y comenzaba a incorporarse a la empresa.

Su padre decidió que antes de ocupar responsabilidades mayores tenía que conocer el negocio desde abajo. Pasó por caja, archivos, documentación para el Banco Central y diferentes áreas administrativas. En aquel momento probablemente no imaginaba cuánto iba a necesitar ese aprendizaje.

Entonces ocurrió el accidente aéreo de Austral en Fray Bentos. En ese vuelo del 10 de octubre de 1997 viajaban su abuelo y su tía Chela, precisamente quien estaba al frente del área de turismo. No hubo sobrevivientes. 

El golpe familiar fue enorme y, al mismo tiempo, dejó un vacío inmediato dentro de la compañía. Carolina era la integrante de la familia con formación profesional para asumir esa responsabilidad. La decisión prácticamente no admitía tiempos.

“Tenés que hacerte cargo”.

Y había un detalle que volvía todo más urgente: alrededor de 450 chicos tenían un viaje a Disney en marcha.

No había plataformas digitales capaces de ordenar automáticamente cada reserva ni teléfonos inteligentes que concentraran la información. Había carpetas. Grandes carpetas con pasajeros, vuelos, servicios, autorizaciones y cada detalle de una operación enorme.

Carolina tuvo que estudiarlo todo mientras atravesaba el duelo. Se apoyó en las personas que habían trabajado con su tía, recibió el acompañamiento de su padre y salió adelante.

Su primer gran viaje profesional fue Disney con 450 chicos. “Fue un éxito. Creo que fue mi mejor Disney”, recuerda.

La frase tiene algo de paradoja. Uno de los momentos más dolorosos de su vida terminó señalándole el camino profesional que seguiría durante las siguientes tres décadas.

Ella no había imaginado dedicarse exclusivamente al turismo. Hoy dice que no se ve haciendo otra cosa.

Desde afuera, trabajar viajando por el mundo parece un privilegio. Y lo es. Carolina disfruta profundamente de su profesión, pero conoce también la parte que no aparece en las fotografías.

Durante años tuvo que dejar a sus hijos para acompañar grupos durante diez o quince días. Disney se convirtió en uno de los productos emblemáticos de Mazza y también en una ausencia recurrente en su propia casa. Su cumpleaños coincidía con esos viajes y durante mucho tiempo prácticamente nunca pudo celebrarlo con sus hijos en la fecha correspondiente.

Ellos terminaron incorporándolo a la dinámica familiar: mamá tenía que estar trabajando en Disney y el cumpleaños se festejaba después.

Es una dimensión del mundo empresario que suele quedar escondida detrás del resultado. Construir una compañía exige capital y decisiones, pero también consume tiempo. Y el tiempo que se entrega al negocio siempre sale de algún lado.

Carolina conoce además otra característica del oficio: el empresario difícilmente termina de trabajar cuando baja la persiana.

Habla de sus empleados como “guerreros”, pero marca una diferencia inevitable. El colaborador termina su jornada y vuelve a su casa. Quien conduce la empresa se lleva buena parte de ella en la cabeza.

A las diez u once de la noche puede seguir buscando tarifas, respondiendo consultas, revisando la administración o controlando bancos. No necesariamente porque exista un problema, sino porque siempre queda algo pendiente.

“No cerrás la puerta de la empresa y decís ‘bueno’. No se separa nunca”.

Detrás del glamour de los destinos internacionales hay, en definitiva, una empresa. Con números, empleados, proveedores, impuestos, pasajeros, contingencias y responsabilidades que siguen existiendo aunque el horario comercial haya terminado.

“Nosotros no vendemos viajes, tratamos con personas”. En casi 30 años, Carolina vio cambiar por completo la industria.

Cuando comenzó, la agencia concentraba información que el cliente difícilmente podía obtener por su cuenta. Hoy cualquier persona puede comparar cientos de vuelos desde un teléfono, reservar un hotel en otro continente, alquilar un departamento, contratar traslados, comprar entradas y construir un itinerario completo sin hablar con nadie. Eso obligó a redefinir el negocio.

Carolina lo explica con una frase que funciona casi como declaración de principios: “Nosotros no solo vendemos viajes. Nosotros tratamos con personas”.

Un viaje rara vez es apenas un pasaje y una habitación. Detrás puede haber un cumpleaños, un aniversario, una luna de miel, una separación, el viaje de una familia que ahorró durante años o el sueño de unos padres que quieren llevar por primera vez a sus hijos a Disney.

Por eso sostiene, medio en broma, que quienes trabajan en turismo también terminan siendo un poco psicólogos. Hay que escuchar la historia para entender qué viaje está buscando realmente el cliente.

Esa relación explica también por qué muchos pasajeros terminaron convirtiéndose en amigos. Carolina disfruta especialmente de las salidas grupales y conserva vínculos que continúan mucho después del regreso. Hay reuniones con quienes viajaron a Turquía, encuentros con grupos de Miami, comidas de fin de semana y amistades nacidas a miles de kilómetros de Misiones.

El producto terminó, pero la relación continuó. Para ella, esa es una parte central del negocio. Puede demorarse un vuelo, fallar un transfer o no responder un hotel exactamente a las expectativas. Lo que el pasajero difícilmente perdona es sentirse abandonado.

“Que alguien vuelva de un viaje y te diga que fuiste parte de su sueño, que fuiste parte de esa ilusión y que fue el mejor viaje de su vida, es la mejor recompensa que nosotros podemos tener”.

Mazza no reniega de la tecnología. La usa. Ese mismo día necesitaba definir dónde convenía alojar a unas pasajeras que viajarían a una exposición en París y recurrió a la inteligencia artificial para analizar ubicaciones, distancias y alternativas según los aeropuertos. Es una herramienta que incorporó al trabajo cotidiano y que permite resolver consultas que antes demandaban mucho más tiempo.

Pero una cosa es usar tecnología y otra muy distinta entregarle el viaje.

Ahí Carolina marca el límite. Una plataforma puede encontrar una tarifa, comparar hoteles o armar un itinerario en segundos. Lo que no puede hacer es conocer realmente al pasajero, interpretar sus temores, anticiparse a determinadas necesidades o responder cuando algo sale mal a miles de kilómetros de casa.

Ese es el terreno en el que Mazza Turismo pretende competir. No contra la inteligencia artificial, sino con algo que la tecnología todavía no puede ofrecer: experiencia, criterio y respaldo humano.

“Vos sabés que atrás hay alguien de la agencia que está atento”, explica. Si surge una duda con un transfer, cambia un vuelo o aparece un problema en destino, hay una persona que conoce la operación y puede intervenir. “Eso es impagable”.

La transformación digital no necesariamente condena a las agencias de viajes, pero sí las obliga a justificar mejor su existencia. Emitir un pasaje dejó de ser suficiente porque el pasajero puede hacerlo solo. El valor está en saber qué conviene, conocer aquello que Google no siempre cuenta, anticipar problemas y tener capacidad de respuesta cuando el viaje deja de funcionar como estaba previsto.

Viajar también es parte del trabajo

En Mazza hay una concepción particular de la capacitación: viajar es trabajar.

No solamente porque permite conocer hoteles y destinos, sino porque proporciona una clase de información que difícilmente aparece completa en una pantalla.

Carolina lo explica con detalles concretos. Saber qué recorrido encontrará el pasajero al bajar de un avión, dónde está Migraciones, hacia qué lado debe caminar para retirar una valija, en qué piso encontrará un transfer o cuál es la conexión más sencilla puede parecer información menor hasta que uno aterriza cansado, en un aeropuerto desconocido y a miles de kilómetros de casa.

Ese conocimiento acumulado se convierte en capital de la empresa.

“Gran parte de esas capacitaciones para nosotros son los viajes. Para nosotros viajar es trabajo, porque lo replicamos después en eso que el pasajero necesita”.

Por eso, cuando arma equipos, Carolina pone primero una condición que no aparece en ningún sistema de reservas: calidad humana.

Después vienen la formación profesional, la geografía, las tarifas, la economía, los medios de pago, los sistemas específicos como Amadeus y una capacitación permanente que exige saber cada vez más sobre un mundo enorme. Pero el conocimiento técnico no compensa un mal trato.

“Un pasajero puede perdonarte cualquier cosa menos que vos no lo trates bien”, afirma.

Liderar es hacer crecer al otro

Su concepción del liderazgo sigue la misma lógica. Carolina no cree en el jefe que necesita que todas las decisiones pasen por su escritorio. Para ella, conducir significa ayudar a los demás a crecer, abrir espacios para que puedan desarrollarse y dar libertad para trabajar sin perder el control necesario de una organización.

También reivindica la cercanía. Entiende que debe existir respeto entre quien conduce y su equipo, pero no una distancia artificial. Una relación humana sólida, sostiene, puede mejorar incluso ese respeto y fortalecer el compromiso con la empresa.

Hay una experiencia personal detrás de esa mirada. Cuando tuvo que hacerse cargo del turismo después de la muerte de su tía, fueron precisamente los integrantes de aquel equipo quienes la ayudaron a entender rápidamente el negocio y sacar adelante una operación gigantesca.

Casi treinta años después, dirige intentando que el conocimiento no quede encerrado en la cabeza de una sola persona.

Paraguay: la decisión de cruzar el Paraná

La apertura de una oficina en Encarnación es la decisión empresarial más importante de esta nueva etapa de Mazza Turismo. Después de décadas de liderazgo en Misiones, la compañía cruza el Paraná y comienza a pensarse como una empresa regional.

Carolina viene observando la transformación de Paraguay desde hace tiempo y utiliza a Encarnación como la medida más cercana de ese cambio.

Recuerda una ciudad muy diferente. Años atrás, dice, desde la costa paraguaya se veía a Posadas como una gran concentración de luces mientras Encarnación conservaba una escala mucho menor. Hoy esa distancia se redujo drásticamente. “Vos mirás desde el río Encarnación y es una gran ciudad”.

Su lectura va más allá de la transformación urbana. Ve a Paraguay como un país en pleno desarrollo y entiende que allí existe un mercado suficientemente importante como para justificar la expansión.

Mazza, además, no desembarca como una marca completamente desconocida. Ya tiene clientes paraguayos y décadas de presencia en una región donde las fronteras comerciales son bastante más porosas que las administrativas. También hay consumidores de Posadas que compran servicios en Paraguay, lo que agrega otra oportunidad para la nueva oficina.

La apuesta es utilizar uno de los activos más importantes construidos durante casi siete décadas -la reputación- para competir en un mercado nuevo.

“Que tengan también la confianza de decir: una empresa tan seria como Mazza ahora está en Paraguay y yo puedo ir a comprar allá”, explica.

La frase vuelve a conectar el presente con el origen. El abuelo recibía dinero porque la gente confiaba en que regresaría con la moneda encargada. Décadas después, la empresa pretende cruzar otra frontera apoyándose en el mismo intangible.

La apuesta paraguaya también permite asomarse a la mirada que Carolina tiene sobre el clima de negocios argentino.

No romantiza la tarea empresaria en ninguno de los dos países, pero cuando habla de Argentina identifica un problema recurrente: la dificultad para proyectar. “Acá es muy difícil. No imposible, pero difícil”.

En turismo, los cambios económicos y regulatorios tienen impacto inmediato. Un nuevo impuesto o una modificación en la forma de liquidar una operación obliga a tocar sistemas, rehacer presupuestos, recalcular precios y explicar al cliente por qué una cotización realizada pocos días antes ya no puede sostenerse.

Carolina cuestiona especialmente la forma en que muchas veces se implementan las decisiones. Una norma puede anunciarse un viernes o un sábado y comenzar a regir inmediatamente, mientras las empresas todavía no tienen sistemas preparados para aplicarla.

Para una actividad que vende con anticipación y opera en monedas diferentes, esa incertidumbre se multiplica. El pasajero que pidió una cotización el viernes puede volver el lunes y encontrarse con otro precio sin que la empresa haya modificado un solo componente del viaje.

“Uno no puede proyectar”, resume.

Paraguay aparece, en ese contexto, como una oportunidad de crecimiento y también como una diversificación geográfica para una compañía acostumbrada a navegar la volatilidad argentina. No significa abandonar Misiones. Significa ensanchar el mercado.

La expansión hacia Encarnación coincide con otro movimiento decisivo: la incorporación de la cuarta generación familiar.

Pilar, hija de Carolina, tiene 30 años. Es arquitecta, pero eligió trabajar en turismo y hoy está al frente del área de Disney. También asumirá responsabilidades en la nueva sucursal paraguaya.

Su historia dentro de la empresa comenzó mucho antes de que pudiera decidir una profesión.

Cuando tenía alrededor de tres años acompañaba a su madre a las reuniones informativas sobre Disney. Carolina debía trabajar y la llevaba con ella. La niña se sentaba y escuchaba.

Una tarde, una amiga del abuelo llegó a la oficina y, jugando, le preguntó si podía venderle un viaje a China. La respuesta de Pilar quedó en la memoria familiar:

“Señora, yo de China no sé nada. Pero si quiere le vendo un viaje a Disney”. Tenía tres años.

El supuesto cliente decidió escucharla y Pilar comenzó a explicarle los programas que tantas veces había oído presentar a su madre. Hoy dirige justamente esa área y comienza a tomar mayores responsabilidades dentro de la empresa.

Para Carolina, la llegada de una nueva generación aporta algo indispensable: otra velocidad.

Cuando ella comenzó, la publicidad se hacía en los diarios. Hoy alguien puede decidir un viaje después de ver una historia de Instagram. Muchos clientes ni siquiera pisan la oficina y completan prácticamente toda la operación por WhatsApp.

Pilar creció dentro de ese lenguaje digital. Herramientas que para una generación requieren adaptación son naturales para la siguiente.

Carolina no lo vive como una amenaza a su forma de conducir, sino como un complemento. La empresa familiar empieza a preparar la sucesión incorporando conocimiento nuevo sin desprenderse de la experiencia acumulada.

El desafío es enorme. Muchas compañías familiares consiguen crear riqueza; bastante menos logran transferirla junto con la cultura empresarial que permitió generarla.

Mazza está entrando en esa etapa.

La obsesión por no perder el liderazgo

Después de tantas crisis, cambios tecnológicos y transformaciones del mercado, Carolina reconoce que hay algo que sigue empujándola. Pasión, primero. Orgullo, después.

“Sé que soy la empresa líder en el mercado y no quiero perder ese liderazgo”.

No lo plantea como una posición adquirida para siempre. Al contrario. Sabe que sostenerla obliga a moverse, abrir destinos, encontrar productos, incorporar tecnología y buscar nuevos mercados. Paraguay forma parte de esa lógica.

También aparece la responsabilidad de construir una empresa suficientemente grande para que la generación que viene encuentre oportunidades dentro de ella. Carolina tiene tres hijos y no descarta que los otros dos puedan incorporarse en algún momento.

“Me gusta donde estoy y quiero seguir ahí y quiero seguir creciendo”, afirma.

No es una mala definición de competitividad empresarial: llegar primero puede ser difícil; permanecer obliga a empezar de nuevo casi todos los días.

Cuando la conversación sale finalmente de los balances, los pasajeros y los destinos, aparece una Carolina mucho más personal.

¿Qué la hace sentir orgullosa?

La primera respuesta es su familia.

Después habla de su propia vida. No fue sencilla. Además de las pérdidas que marcaron su ingreso al turismo, tuvo que criar prácticamente sola a sus tres hijos después de que el padre muriera cuando eran pequeños. Con el tiempo reconstruyó su vida afectiva, pero recuerda aquellos años como otra etapa en la que no había demasiado margen para detenerse.

No cuenta esa historia desde la queja.

La utiliza para explicar una forma de mirar la vida. “Estamos en este mundo para eso. No podemos pasar por la vida amargados, por más que nos pasen cosas que no sean las más lindas”, dice.

Hay algo de esa filosofía en la empresa que dirige. El turismo, después de todo, comercializa uno de los bienes más particulares de la economía: experiencias que las personas esperan convertir en recuerdos.

Carolina lleva casi treinta años organizando esos momentos para otros mientras construía su propia historia entre aeropuertos, hijos, pasajeros, empleados, crisis y decisiones empresariales.

Cuando mira hacia atrás no habla primero de facturación, cantidad de pasajeros o sucursales. Dice que ama lo que hace.

Y quizá allí esté una de las claves para entender cómo una empresa consigue atravesar casi siete décadas y llegar a la cuarta generación sin convertirse simplemente en una reliquia familiar.

Los negocios necesitan números, profesionalización, tecnología, equipos y estrategia. Las empresas que quieren sobrevivir durante generaciones necesitan algo más difícil: conseguir que quienes vienen detrás todavía quieran formar parte de la historia. Ese es, probablemente, el verdadero patrimonio empresario que Carolina Mazza recibió de las generaciones anteriores y que ahora intenta entregar a la siguiente.

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Viajar en tiempos de guerra: entrevista a Carolina Mazza

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La guerra en Medio Oriente está generando efectos en la economía global que van más allá del precio del petróleo. El deterioro de la percepción de la seguridad encendió las alarmas en el turismo. 

Según las últimas estimaciones del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés), el conflicto está provocando pérdidas que alcanzan los USD 600 millones diarios en concepto de gastos de turistas internacionales. 

Ante este escenario, las agencias de viajes deben barajar alternativas para responder la demanda y se dividen estos días entre reprogramaciones y rutas alternativas. 

En una entrevista con Economis, la empresaria del sector, Carolina Mazza, gerente de Mazza Turismo, analizó que se vive una situación similar a la de la Pandemia por el Coronavirus aunque aclaró que no se habla de cancelaciones sino de reprogramaciones. “La gente no quiere dejar de viajar. Por ahí posterga, pero no suspende”. 

¿Estamos ante un nuevo escenario también para el turismo? 

Sí. Por supuesto. Medio Oriente pasó a ser muy importante con los aeropuertos que tiene, son aeropuertos de conexiones a todo el mundo, entonces sí. Por suerte las aerolíneas flexibilizan, hay opciones de reprogramar los vuelos, hay otros destinos por recorrer, el pasajero aunque no vaya a Abu Dhabi, a Dubai o a Israel, sí toma esas aerolíneas porque son conexiones al resto del mundo. 

Se vive una situación similar a la de la Pandemia

¿La gente lo va a pensar dos veces antes de viajar? 

Va a depender de que todo llegue a una solución y la gente vuelva a estar tranquila, pero si el destino queda con conflictos, eso sí va a cambiar la forma de viajar. La gente está expectante, está viendo qué pasa, y nosotros con un trabajo adicional de reprogramación de vuelos, de reprogramación de destinos. De todas maneras me parece importante destacar que la gente no quiere dejar de viajar. Sí quiere reprogramar su viaje. Acá remarco la importancia de contratar una agencia de viajes que te acompañe en todo momento, buscando alternativas. De hecho nosotros no tenemos ningún pasajero varado y vendemos un montón a todos estos destinos. 

Interesante lo que marcás de la importancia de contratar una agencia porque más allá de que mañana termine la guerra, da la sensación de que son conflictos que se van a repetir… 

Yo creo que en este contexto, lo más importante es ir seguros con una empresa que te dé tranquilidad, que sepa que alguien te va a atender el teléfono y que nosotros tenemos toda la estructura para poder solucionar algún contratiempo. 

¿Observás que la gente tiene miedo de viajar? 

No. La gente quiere viajar. Obviamente hay que buscar otra vía por donde llegar porque estos aeropuertos que hoy estén en la mira del conflicto son aeropuertos muy grandes que conectan a todo el mundo, entonces hay que buscar alternativas. 

La región, una zona estratégica de conexión y distribución de flujo aéreo, que representa el 5% de las llegadas internacionales y el 14% del tráfico de tránsito en todo el mundo, se enfrenta a una parálisis que afecta a todo el ecosistema, desde hoteles y cruceros hasta empresas de alquiler de autos.

Crisis interna y colapso externo 

Las agencias de turismo de la Argentina deben sortear además de los frentes externos, la crisis económica del país con, en muchos casos, un menor poder adquisitivo para viajar. La empresaria aseguró que si bien se siente una merma en la cantidad de clientes que contratan paquetes, a la hora de priorizar lo ven como una inversión en bienestar y salud y no como un gasto.  

De todas maneras, todavía hay muchos ajustes que hacer. Por ejemplo para los pagos en pesos de los viajes al exterior tenemos todavía el recargo del 30 por ciento

¿El turismo siente el contexto económico de la Argentina?

Quizás un poco. Antes viajaba mucha más gente pero de todas maneras los niveles de ventas están muy bien. 

De todas maneras, todavía hay muchos ajustes que hacer. Por ejemplo para los pagos en pesos de los viajes al exterior tenemos todavía el recargo del 30 por ciento. Ya se sacó para hacer el cambio de divisas y eso lo seguimos teniendo. 

Mazza consideró que ante las nuevas realidades globales, las agencias de la provincia y del país deben trabajar junto con los Estados nacional y provincial para fortalecer la actividad. 

Estaría bueno que los gobiernos tanto nacional como provincial busquen la forma de protegernos cuando ocurren estos conflictos como el que tenemos ahora en Medio Oriente, porque dependemos mucho de las compañías aéreas y cuando tenemos un problema, no todas tienen flexibilidad y el pasajero a veces no entiende, entonces ver cómo en conjunto podemos protegernos ante esta situación. Si yo sola voy a hablar con Emirates, probablemente no logre nada, pero si nos uniéramos entre todas las agencias del país y de la provincia tendríamos otros resultados”. 

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Mazza Turismo encuentra su lugar dentro de la Argentina y de Misiones

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Posicionados como una agencia de viajes al exterior y de destinos exóticos, hoy busca una salida dentro del turismo nacional y misionero. Con buena respuesta de sus pasajeros, Carolina Mazza admite que Misiones llegó para quedarse entre las propuestas.

Mazza Turismo tiene 46 años de historia dentro de la provincia y sabe, con esa historia a cuestas de la necesidad de reinventarse permanentemente. Sabe de crisis, de caer y levantarse pero el 2020 le dejó otro aprendizaje, el de una pandemia que todavía está lejos de terminar.

En una entrevista con Economis, Carolina Mazza, al frente de la empresa afirmó que se trató de un año de reprogramaciones y búsqueda de alternativas para no perder el liderazgo.

“Estábamos muy posicionados como una agencia que vendía viajes al exterior y sobre todo, con las salidas grupales y a destinos exóticos. Nos costó cuando empezamos a incursionar en la Argentina, mucho antes de la pandemia, nos costaba menos armar un viaje a Dubai que a Salta”.

¿Cómo hicieron para reinventarse ante la imposibilidad de viajar al exterior?

De a poco fuimos posicionándonos muy bien, con la pandemia tuvimos un año terrible, no vendimos todo el año un vuelo o un colectivo. Cuando se abrió el turismo interno en Misiones, empezamos a idear las mismas salidas grupales para hacerlas en la provincia y los pasajeros respondieron de manera fantástica, estamos súper agradecidos. Hay grupos al Moconá, a Iguazú, a Andresito, a Puerto Bemberg, haciendo la Ruta del Té, una reconversión muy importante.

¿Pudieron dar respuesta a los pasajeros que estaban por el mundo el año pasado cuando empezaron las restricciones?

Este fue un año de reprogramaciones, destaco la importancia de reservar viajes con una agencia. A veces la gente se larga sola, por una pequeña diferencia, pero cuando necesitás de alguien que te solucione un problema, si lo hiciste a través de una agencia de viajes, vos tenés un respaldo. Recordar a la gente eso. Nosotros pudimos traer a todos nuestros pasajeros de regreso, que no les toque la pandemia fuera de su casa. Les pedíamos que volvieran aunque perdieran dos días, le cambiábamos el ticket.

¿Qué expectativas tienen para este año?

El 2021 será un año difícil para el turismo. Se está viendo una reactivación, se empieza a mover, hay gente que se anima poco a poco a comprar. Aparte de la pandemia, cuando pensamos que nada peor nos podía pasar, el Gobierno aplica el 35% a cuenta de ganancias para el dólar destinado al ahorro o gastos en el exterior. Se torna inviable, ya no todo el mundo puede acceder, si bien nosotros damos un montón de facilidades, lo cierto es que si pagás en pesos te sale 65% más. Creo que el 2021 será la Argentina el destino líder y Misiones, pero hay gente que no deja de viajar al exterior.

Todo ese desgaste emocional que tuvimos fue realmente agotador, pero bueno este último tiempo empezó a activarse nuevamente, gracias a Dios nuestro programa estrella que es Disney nunca paró, seguimos con reuniones on line, seguimos ofreciendo porque esto siempre se vende como a más largo plazo. Seguimos ofreciendo las salidas de 2021, las de 2022, las del 2023, para que los papás vayan pagando con tiempo. Eso nunca paramos y la respuesta de la gente muy buena. 

Como todos nos reinventamos, cuando no se podía viajar en Argentina, hemos sacado productos dentro de la provincia y también nos ha ido fantástico, hemos llevado más de 3 o 4 grupos de más de 30 pasajeros al Moconá, estamos sacando Iguazú, ahora para enero, Iberá lo hacemos a partir de enero porque obviamente estaba cerrada la frontera interprovincial. A los distintos Lodges, a Yacutinga Lodge en Comandante Andresito ya está nuestro segundo grupo allá, con muchísimo éxito. Así como fue un año muy difícil, creo que también veo con mucha esperanza al 2021, creo que la gente está con muchísimas ganas de salir y cuando esté la vacuna, creo que va a ser muy importante para el turismo.

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