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El pueblo que quiere dejar de cultivar marihuana en Paraguay

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Asunción, New York Times. A menos de 100 kilómetros de la frontera con Brasil, Abel Bernal, un campesino paraguayo de 20 años, utiliza las tres hectáreas de su terreno familiar para plantar marihuana. Cada día se levanta al amanecer y trabaja unas ocho horas en su campo.

La rica tierra colorada le ha dado en tres años cuatro cosechas de unos mil kilos cada una, cuenta Bernal (su nombre original ha sido modificado para resguardar su identidad). Y en cada ocasión vendió su producción por alrededor de 3000 dólares a compradores brasileños. Ellos son los visitantes más habituales de Kamba Rembe, un pueblo de unos cuatro mil habitantes conocido en la prensa local por las masivas incautaciones de cannabis que la policía realiza allí cada tanto, y que figura en los mapas oficiales como San José del Norte.

Bernal asegura que el 90 por ciento de los jóvenes de la comunidad se dedica a lo mismo que él.

“Los grandes narcos no existen en Kamba Rembe, esos están en otro lado”, explicó el joven campesino durante una visita a Asunción a finales de septiembre, cuando participó junto con un portavoz de su comunidad en un coloquio donde explicaron que, en realidad, lo que quiere la comunidad es dejar de cultivar marihuana.

 

“Desde que no hubo más alternativa me metí a cultivar y porque vi que algunos hicieron alguna platita. Si lo hacés bien, podés ganar en cuatro meses unos cinco millones de guaraníes (unos 900 dólares). Sacás esa platita y acá ya te crees el dueño del mundo, querés imitar a Pablo Escobar”, dice Bernal.

El kilo de marihuana en Kamba Rembe costaba unos 24.000 guaraníes (unos 5 dólares) en 2015 y ahora, según el joven campesino, cuesta casi la mitad en la misma zona. Eso a pesar de que la Secretaría Antidrogas de Paraguay (Senad) informó en julio que, desde 2013, ha erradicado un total de 6810 hectáreas de marihuana y ha decomisado 2289 toneladas de la droga picada en el país.

Hace dos años, después de uno de los cotidianos despliegues de la Senad y la Policía Nacional para quemar y cortar plantaciones de marihuana, en el pueblo de Bernal se produjo una protesta insólita: un millar de habitantes de Kamba Rembe (familias enteras, ancianos, niños, niñas y animales domésticos) salieron a recorrer los caminos polvorientos con pancartas.

No pedían la legalización del cannabis: pedían volver a cultivar mandioca o tomates en lugar de marihuana. Pero para eso necesitaban servicios públicos mínimos, inversiones del Estado en caminos, créditos agrícolas y reclamaban el fin de la represión policial.

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Un campesino de San José del Norte (el pueblo conocido como Kamba Rembe en Paraguay) recorre una plantación de marihuana arrasada por la policía en septiembre de 2015, después de una manifestación de los pobladores contra el gobierno por no promover mercados para cosechas alternativas que sean legales. CreditSanti Carneri

El gobierno dice que acudió al llamado. La Secretaría de la Vivienda construyó 160 nuevas casas y ayudó a canalizar y destroncar tierras. Entregó sistemas de riego y telas para la sombra de las huertas. También introdujo la producción de gusanos de seda y entregó más de 40.000 plantines de tomate y otras plantas, pero buena parte de la cosecha se pudrió porque los productores no pudieron transportarla hasta ningún mercado principal, explica a The New York Times Francisco Larrea, docente de uno de los dos colegios de Kamba Rembe.

“Pensamos que íbamos a comenzar un proceso con el Estado de mecanización de tierras, de mejora de la cadena de valor, pero no ocurrió”, dijo Larrea en Asunción como portavoz de la comunidad, durante el coloquio sobre las consecuencias del cultivo del cannabis en Paraguay.

“No hay ni un camino de todo tiempo, si llueve la mercancía se pierde. Solo los brasileños vienen hasta aquí con sus camionetas. Lo único rentable termina siendo plantar marihuana. Es doloroso y lamentable decirlo pero es que no hay con qué sustentarse. Los jóvenes están desmoralizados y solo les queda emigrar. Pero la gente quiere dejar de plantar porque es muy peligroso: es ilícito y podés acabar en la cárcel, una herida de por vida para vos y tu familia, por eso le decimos la hierba maldita”, añadió Larrea.

El 58,5 por ciento de las mujeres encarceladas en Paraguay, por ejemplo, están procesadas por tráfico de drogas, según el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) del país.

El narcotráfico genera una gran inestabilidad en la zona fronteriza. Enfrentamientos entre criminales rivales o con la policía son moneda frecuente en ciudades como Pedro Juan Caballero, Capitán Bado o Ciudad del Este, donde en abril una horda de hombres armados procedentes de Brasil asaltaron la cámara de seguridad de una empresa de caudales.

En el departamento paraguayo de Amambay, en la frontera con Brasil, la tasa de homicidios en 2016 ha sido de 90 por cada 100.000  habitantes, según el MNP. Una cifra similar a la de Honduras.

“Paraguay es el mayor productor de cannabis del Cono Sur, y no creo que México produzca más”, explicó en una entrevista Pien Metaal, investigadora sobre drogas y democracia para el Transnational Institute (TNI), un centro de estudios internacional de políticas progresistas con sede en Ámsterdam, que se define como la “hermana europea” del Institute for Policy Studies (IPS) con sede en Washington.

“Es un tema de desarrollo rural: no hay de qué vivir si eres un campesino con poca tierra. La presencia de la marihuana en Paraguay es una consecuencia de esta crisis agraria tan profunda”, denunció Metaal tras presentar el informe Paraguay: la tierra escondida, que analiza la producción de cannabis del país.

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Un agente de la Secretaría Nacional Antidrogas de Paraguay (SENAD) en una plantación en una zona boscosa del departamento de Alto Paraná, en la frontera con Brasil, en febrero de 2014. CreditSanti Carneri

“Brasil es un gran responsable de esta situación también. Tiene un mercado inmenso y debería solventar esa demanda en vez de recurrir a otro país al que hace sufrir las consecuencias”, opinó la investigadora.

Según Metaal, las autoridades paraguayas “deberían considerar un enfoque distinto” porque, en su opinión, “sustituir esta economía es ya casi imposible”: “Quizá podrían licenciar a los campesinos para producir ese aceite terapéutico de cannabis que el gobierno ha tenido que importar”.

El viceministro de Agricultura de Paraguay, Mario León, un ingeniero agrónomo con veintiún años de servicio en la función pública, aseguró que una de las prioridades de su administración era que el Estado volviera a estar presente en Kamba Rembe y en todas las comunidades que atraviesan una situación similar.

“Se está tratando de mejorar la infraestructura, el camino (de tierra) que lleva a la comunidad es un déficit histórico que en un periodo de cinco años es difícil hacer, pero que se ha tratado”, aseguró en una entrevista el sábado.

León defendió el trabajo del gobierno en la zona, aunque reconoció que hay muchas instituciones que aún no han podido ubicarse para dar “toda la asistencia debida”. Se trata de un proceso que requiere más tiempo, dijo, para consolidar un cambio del modelo de producción.

Mientras que en otros países sudamericanos como en Colombia y Uruguay se están probando nuevas legislaciones, el funcionario dijo que en Paraguay el debate sobre la regularización de la marihuana “es muy controversial”: “No hay una discusión muy a fondo, estamos como sociedad en otra: elecciones, primarias, cambios de gobierno…”.

Antes de terminar la entrevista, le pregunté al viceministro León si creía que Paraguay, el principal productor de cannabis de América del Sur, legalizaría algún día la marihuana.

“No creo, en el corto plazo no. Yo soy escéptico en ese sentido”, respondió.

 
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Paraguay prohibió difundir material con “ideología de género” en las escuelas

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“Respetamos la diversidad, lo que no quiere decir inculcar una ideología de género, que como todos saben es un tema polémico y que está instalado en el mundo entero, pero que como paraguayos nosotros tenemos la película bien clara: papá, mamá, hijitos. No hay otra forma más fácil de decirla”.

Quien dijo estas palabras es el ministro de Educación de Paraguay, Enrique Riera, y fue la manera en la que el funcionario nacional anticipó que trataría el material escolar que enseña a los estudiantes la diversidad sexual de las personas. 

Hoy, finalmente el Estado paraguayo decidió “prohibir la difusión y utilización de materiales impresos como digitales, referentes a la teoría y/o ideología de género, en instituciones educativas dependientes del Ministerio de Educación y Ciencias”

 

 La resolución, que difundió la cartera educativa a través de las redes sociales, contiene tres artículos resolutivos, uno de los cuales informa la prohibición de difusión y utilización anteriormente citada. El segundo artículo indica que se revisarán todos los textos para “emitir un informe con las propuestas de ajustes correspondientes” con un plazo de 60 días hábiles de cumplimiento. 

El Ministerio de Educación y Ciencia basó estas decisiones en una interpretación de la Constitución Nacional de Paraguay, que regula a través de diferentes artículos la conformación tradicional de familia, compuesta por una madre, un padre y los hijos

Diversas organizaciones de la sociedad civil, como “Somos Gay”, manifestaron su rechazo a las argumentaciones utilizadas por el Gobierno, ya que consideró que se utiliza el término “ideología de género” de manera “despectiva” y “discriminatoria”, y que además no tiene basamento científico. 

 
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Todos contra Cartes (Cartes contra todos)

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Y finalmente, sucedió.

Contra todo pronóstico, la oposición de izquierdistas y liberales suscribió una alianza para las elecciones de abril del año que viene, que en cierto modo reedita la Alianza Patriótica para el Cambio, que llevó a Fernando Lugo a la Presidencia en 2008.

Nadie se lo esperaba. Todo sucedió entre el lunes y martes de la semana pasada, dos maratónicas jornadas en que el Partido Liberal recibió dos nombres para acompañar a quien resulte electo candidato a Presidente en las internas partidarias del 17 de diciembre próximo.

Avanza País, la concertación que lidera el intendente de Asunción, el periodista Mario Ferreiro, ofreció al primo del jefe comunal, Guillermo Ferreiro, pero fue el luguista Frente Guasú, el que colocó a quien irá como candidato a Vicepresidente de la chapa opositora, otro comunicador, Leo Rubín, proveniente de la familia que controla el poderoso holding de medios Ñanduti, nacido durante la dictadura de Alfredo Stroessner.

Rubín, de inmediato se convirtió en la figura de la semana, despertando una mezcla heterogénea de aceptación y rechazo. Lo cierto es que más allá de las contradicciones, incluso en el seno de su familia, con luces, sombras y territorios inescrutables, como todo poderoso clan mediático, Leo Rubín, irrumpe en la escena política como una especie de balón de oxígeno para una oposición extenuada y sin confianza alguna en la victoria.

Ecologista, hinduista, con un discurso que rescata enseñanzas filosóficas y prácticas espirituales, y que además propone despenalizar la marihuana y democratizar el acceso a las nuevas tecnologías; atípico como ninguno, de 50 años y barba de profeta, el candidato del luguismo, le imprimió, por lo menos en estos primeros días, impulso a la posibilidad de constituir una gran alianza opositora, que sea capaz de replicar la hazaña y vuelva a tumbar al coloso adversario colorado de toda la vida.

Justamente, el 22 de abril de 2018, en que se celebran las próximas elecciones presidenciales, estarán cumpliéndose diez años de la victoria de Lugo, destituido en 2012 mediante un controvertido juicio político, que para la mayor parte de la opinión pública, incluso internacional, constituyó un golpe de Estado parlamentario.

Sapos & culebras

A diferencia de 2008, que marcó la consagración de un proyecto político trabajado durante más de tres años, la alianza nacida esta semana emerge en una coyuntura signada por la hegemónica presencia del Partido Colorado, en sus históricos papeles de oficialismo y oposición. Y con un avanzado proceso electoral que mira mucho más allá de sus internas.

La oposición, fragmentada luego del golpe de 2012, con posiciones que hasta hace pocos días parecían irreconciliables, aparecía lejos de sellar un acuerdo que se dice programático, amplio, plural, y que de hecho fue sumando al resto de las fuerzas políticas independientes y progresistas durante la semana.

Pero, más allá del entusiasmo de las primeras horas, el acuerdo político opositor tuvo también sus cuestionamientos de parte de sectores de la izquierda que vieron como truculento el menú electoral acompañando a los verdugos liberales de Lugo en 2012. El mismo Efraín Alegre, de quien se descuenta resulte candidato a Presidente, fue uno de los 39 senadores que votaron por la condena de Lugo en aquel juicio express de junio.

El novel candidato del luguismo, Rubín, fue quien mejor explicó cómo se preparó la carta: “hay que pasar la hoja”, dijo. No faltó quien sugiriera “pasar a la hoja de bebidas, para digerir mejor el plato de sapos y culebras”. La artillería colorada disparó sus memes.

Es que la sola posibilidad de otro 2008 inquieta a todos. Inquieta a la oligarquía rural, ganadera, industrial, históricamente representada por el Partido Colorado. Inquieta a empresarios rivales del presidente Horacio Cartes, cuyo grupo amenaza con adueñarse de sectores clave de la economía, en connivencia con corporaciones multinacionales. Inquieta a los liberales, siempre entre el centro y la derecha. Inquieta a la izquierda, nunca tan protagonista en toda la historia política del país. Y también inquieta a las organizaciones sociales, sindicales, campesinas, indígenas, que vieron sus reivindicaciones reprimidas a sangre y fuego, o postergadas en el mejor de los casos, como nunca en toda la transición que siguió a la dictadura.

El #Todos contra Cartes no se hizo esperar y se convirtió en un #hashtag. “Hay que frenar al cartismo y al stronismo”, resumió Leo Rubín. Nunca tan clara la consigna en un país que no para de reinventar su historia, aunque tenga que renacer de las cenizas, como en 1870.

 

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Crece el descontento social en Paraguay, camino a las elecciones

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Mientras Horacio Cartes intenta contagiar la euforia mundialista por una Copa para la que faltan 13 años, y con la #Albirroja jugándose la vida por la última plaza para #Rusia2018, las calles de Asunción y otras varias ciudades del país son escenario diario del descontento social con un gobierno que ha agrandado la brecha de desigualdad, aumentando la pobreza, el desempleo, y la exclusión a niveles históricos, y tomando deuda pública como nunca en toda la transición política que siguió a la dictadura, y que compromete nada menos que el 23,3% del PIB.

Las estadísticas del mismo gobierno sitúan el número de pobres en 2 millones, el 20% de la población.

Los indicadores sociales se derrumban en todos los frentes.

A la protesta campesina, que acampó en Asunción cerca de 40 días, esperando que el gobierno resuelva su problemática económica derivada del desarrollo de un modelo agrícola extensivo cimentado en el despojo y la asfixia de comunidades rurales enteras, le sigue ahora la huelga docente, en medio de un conflicto en el ámbito educativo que encuentra también a miles de estudiantes secundarios en todo el país movilizados por mayor presupuesto e infraestructura, no solo edilicia sino también la incorporación de nuevas tecnologías.

La inversión en educación pública es actualmente de apenas el 3,7 por ciento del PIB, cuando el promedio recomendado por la Unesco es de 7%. Este porcentaje es uno de los más bajos de América Latina, ya que Cuba invierte el 13 por ciento; Bolivia, 6,4; Argentina, 6,2; Brasil, 5,8; Chile, 4,6 y Uruguay, 4,4.

Docentes y estudiantes marchan y emplazan al gobierno. Desde el gobierno, el ministro Enrique Riera lejos de mostrarse dispuesto al diálogo, amenaza a docentes y estudiantes por igual.

“El que no trabaja, no cobra”, dijo, cortante el ministro. La respuesta, lejos de su exultancia, se ubica en la línea oficial de responder a los reclamos con mano dura.

Cartes, llegó al extremo de aplicar una legislación que no se había aplicado nunca: la famosa “Ley del Marchódromo”, que reglamenta circuitos y horarios para las manifestaciones públicas, y que para no pocos analistas es abiertamente inconstitucional.

Sancionada en 1997, en medio de la convulsión política que tenía al general Lino Oviedo y sus simpatizantes como protagonistas, el “marchódromo” se aplicó por primera vez en agosto pasado, para contener la protesta campesina que puso al gobierno contra las cuerdas, en medio de la campaña política de cara a las internas partidarias para las generales del año que viene, donde Cartes se juega el futuro de su proyecto político.

El gobierno, pudo por el momento contener la protesta campesina. El juego de alianzas políticas no alcanzó para rechazar el veto del Ejecutivo a la Ley de rehabilitación financiera, que atendía las reivindicaciones de unas 195.000 familias de pequeños agricultores, muchas de las cuales acamparon más de un mes en las plazas frente al Parlamento.

Sin embargo, la marcha campesina dejó Asunción con sensación de victoria. Cosechó apoyos como nunca en mucho tiempo, y también permitió distinguir con facilidad el oportunismo y las verdaderas intenciones de los distintos sectores políticos, sociales, y medios de comunicación.

Con las internas a un paso, y las generales de abril de 2018 a menos de un año, el oficialismo enfrenta su mayor descrédito, pero luce confiado en que la oposición, de liberales e izquierdistas, no pueda superar sus divisiones.

Cartes, sabe que llegado el momento comprará el “abrazo republicano”, con que el Partido Colorado ha sabido siempre resolver sus dilemas internos y recomponer sus filas.

En la oposición, el escenario no parece tener resolución. El luguismo, nucleado en el Frente Guasú, pudo recomponer su imagen, dañada con la campaña por la reelección que encontró a Fernando Lugo y sus partidarios aliados al cartismo. Lugo, sigue gozando de una alta aceptación entre electorado. Según los últimos sondeos, el ex presidente y hoy titular del Parlamento, tiene una intención de voto mayor al 40%. Lugo, oficializó hace unos días su movimiento político “La patria primero”, con el que busca renovar su banca en el Senado.

En Avanza País, la concertación escindida del Frente Guasú en 2012, reina la confusión. Su principal figura, el intendente de Asunción, Mario Ferreiro, no termina de decidirse por su participación o no en la contienda electoral del año que viene. El 10 de julio, anunció públicamente que renunciaba a la posibilidad de ser candidato a Presidente. Días más tarde, pareció reconsiderar esa renuncia. Y a partir de ahí, se sucedieron dichos y desdichos, hasta ahora en que dice estar evaluando la posibilidad de acompañar como vicepresidente al liberal Efraín Alegre en una eventual chapa opositora.

Pero, si lo de Ferreiro retroalimenta rumores y memes, lo de Alegre y sus posibilidades reales de llegar a la Presidencia de la República está para alquilar balcones. El liberal, no pasa del 15% en la intención de votos en todos los sondeos. Cualquiera de los candidatos colorados le lleva por los menos siete puntos de ventaja. Al mismo tiempo, las encuestas dicen que el único que les gana a todos es Fernando Lugo, pero Lugo no compite por el sillón de López.

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Paraguay: se realizó la convocatoria formal a las elecciones presidenciales de 2018

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El gobierno de Paraguay hizo este martes la convocatoria formal a las elecciones del 22 de abril de 2018, en el que más de cuatro millones de ciudadanos elegirán a los próximos presidente y vice, además de senadores, diputados, parlamentarios del Mercosur, gobernadores e integrantes de Juntas Departamentales.

El acto se celebró este martes por la mañana en el Salón Auditorio de la sede del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) con la asistencia del presidente Horacio Cartes, entre otras autoridades, publicó hoy el diario local La Nación.

También se anunció la celebración el 17 de diciembre de elecciones internas simultáneas en los partidos políticos, de las que saldrán los candidatos para las generales de 2018. Para esta primera cita electoral se vislumbra un escenario aún convulsionado, en el que los partidos de oposición ensayan variantes y posibilidades en busca de unificar fuerzas para no facilitarle el camino a un nuevo mandato al gobernante Partido Colorado, más allá de que el oficialismo enfrenta una áspera interna por la sucesión de Cartes.

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