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Carne bovina: las exportaciones marcaron un récord mientras la menor faena redefine el mercado interno

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El sector bovino argentino atraviesa un escenario de fuerte reconfiguración. La menor disponibilidad de hacienda está reduciendo la producción de carne y el consumo interno, pero al mismo tiempo mejora el posicionamiento exportador gracias a precios internacionales más altos y una mayor demanda de mercados estratégicos como Estados Unidos y la Unión Europea.

Así lo refleja un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza el desempeño del complejo cárnico durante el primer cuatrimestre de 2026 y muestra un cambio de ciclo: la oferta doméstica continúa ajustándose mientras el comercio exterior registra los mejores resultados de las últimas décadas.

El valor de las exportaciones del complejo bovino alcanza US$ 1.654 M (+36% interanual), nuevo récord histórico. La faena registra un mínimo de diez años, aunque el peso promedio de los animales faenados se mantiene firme.

La presente nota analiza la coyuntura del sector bovino argentino durante el período enero-abril de 2026, con foco en la faena y producción de carne, el comercio exterior, la dinámica de los precios internacionales y el consumo interno. Se observa una contracción en la oferta doméstica sumada a un contexto internacional favorable para el sector exportador.

Faena y producción

El año pasado había cerrado con una faena de 13,6 millones de cabezas, lo que representó una contracción del 2,5% respecto de 2024 y del 1,6% frente al promedio de los cinco años previos. De este modo, la faena decreció por segundo año consecutivo luego de haber tocado un máximo relativo de 14,5 millones de cabezas en 2023, pico que había estado en gran medida impulsado por la severa sequía de ese año y su impacto negativo sobre las pasturas.

En el primer cuatrimestre de 2026 la tendencia contractiva se profundizó: con 3.935.598 de cabezas faenadas, la serie se ubicó en su registro mínimo en diez años para un primer cuatrimestre. La disponibilidad hídrica y los buenos precios del kilogramo vivo incentivaron a los productores a extender el período de engorde, aumentando el peso de los animales previo al envío a faena. 

En términos mensuales, la faena de febrero de 2026, con 925.235 cabezas, fue la más baja desde abril de 2017, y el dato de abril de 2026 (960.871 cabezas) se ubicó como el más bajo para dicho mes en los últimos nueve años. 

Por el lado de la producción de carne, en el primer cuatrimestre de 2026, la misma se ubicó en 926.583 toneladas equivalente res con hueso, el menor registro en nueve años. No obstante, el dato más destacado es que el peso promedio por animal faenado ascendió a 235,4 kg en gancho, el valor más elevado en los registros para un primer cuatrimestre, con datos disponibles desde 1990. Este indicador supera en 9 kg al promedio de los últimos 10 años para el mismo período (226,4 kg) reflejando una decisión productiva orientada a maximizar el rendimiento por animal en un contexto de precios favorables y oferta restringida.

Exportaciones: primer cuatrimestre récord en valor

De acuerdo con datos de INDEC, el valor exportado por Argentina en productos del complejo Carne y Cueros Bovinos durante el primer cuatrimestre de 2026 ascendió a US$ 1.653,7 millones, un 36% por encima del mismo período del año previo y un 39% por encima del promedio de los últimos cinco años para el mismo lapso, consolidándose como el máximo histórico para un primer cuatrimestre, con datos desde 2002. 

Esto se vio apuntalado en buena medida por el aumento de los precios de exportación: durante abril de 2026, el precio promedio de exportación informado por SAGyP alcanzó los USD 5.490 por tonelada (eq. res con hueso), un máximo desde mayo de 2014.

Excluyendo el secreto estadístico, la distribución por destino muestra que el 39,1% del valor exportado tuvo como destino China, el 19,0% a Estados Unidos, el 12,9% a Israel, el 7,8% a Alemania, el 5,6% a Países Bajos y el 15,6% restante se distribuyó entre otros 35 destinos.

En términos de volumen, las exportaciones de carnes bovinas alcanzaron en el primer cuatrimestre 257.345 toneladas res equivalentes, un 10% superior al mismo período de 2025 y se un 2% por debajo del promedio de los últimos cinco años.

Se destaca un incremento en los despachos de carne a la Unión Europea, particularmente de carne fresca deshuesada. En el primer cuatrimestre, el volumen despachado ascendió a 15.580 toneladas (peso producto), siendo este el mayor volumen exportado al bloque de este producto desde el año 2009, para un primer cuatrimestre. Desde luego, Estados Unidos también viene jugando un rol muy relevante, pero en este caso se destacan fundamentalmente las compras de carne deshuesada congelada, que suman 28.539 t, siendo el máximo registro histórico para un primer cuatrimestre. El volumen de carnes despachado a China, si bien continúa liderando el podio, se presenta como el menor en los últimos seis años para un primer cuatrimestre, totalizando 128.698 t (p.p.). Cabe recordar, sin embargo, que Argentina cuenta con una cuota de 511.000 toneladas de carnes para enviar al gigante asiático durante el año en curso.

Detrás de los incrementos de exportaciones a la Unión Europea y a Estados Unidos, se encuentran el Acuerdo Mercosur – Unión Europea y la Proclama Presidencial presentada este año por EE. UU.

Con respecto al primero, se estableció que a partir del primero de mayo la alícuota de la cuota Hilton bajó de 20% a 0%. Además, se creará una nueva cuota de 99.000 toneladas de carne bovina para el Mercosur, con un arancel preferencial del 7,5%, la cual está dividida en dos cuotas de carne congelada y enfriada de 54.450 y 44.550 toneladas, respectivamente, y de la cual todavía resta definirse la distribución entre los países miembros. Todo esto permite pensar que haya un repunte las exportaciones al bloque europeo se mantengan en niveles elevados en el transcurso de 2026. 

En relación con el acuerdo con EE. UU., cabe recordar se adicionaron 80.000 toneladas libres de aranceles para recortes de carnes magras, las cuales ingresan en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas durante el año 2026. Este volumen se suma al acuerdo preexistente de 20.000 toneladas anuales que cuentan con un arancel preferencial. De este modo, durante el corriente año el volumen total con preferencias arancelarias asciende desde 20.000 hasta 100.000 toneladas.

Dinámica del consumo interno

En el primer cuatrimestre de 2026, el consumo aparente se ubicó en 681.209 toneladas equivalente res con hueso, un 11,7% por debajo del año previo y un 7,8% por debajo del promedio de los últimos cinco años para el mismo período. La caída responde a dos factores que operan de manera simultánea. Por un lado, el incremento real de los precios minoristas que tuvo lugar en el transcurso del último año. En segundo lugar, el menor consumo es también consecuencia a una menor oferta de carne, resultado directo de los mínimos productivos mencionados anteriormente en el informe.

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Cooperación comercial en una era de geopolítica

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Por A. Mattoo, M. Ruta y R. W. Staiger / F&D FMI – Durante décadas, la economía global se basó en la premisa de que el comercio internacional era beneficioso a pesar de las diferencias geopolíticas. Las reglas del sistema multilateral de comercio, establecidas con el Acuerdo General sobre Aranceles Arancelarios y Comercio (GATT) en 1947 e integradas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, fueron diseñadas para un mundo donde los gobiernos rara vez utilizaban el comercio para lograr objetivos geopolíticos. Ese mundo está ahora amenazado.

Estados Unidos y China, cuya creciente integración comercial ha moldeado las últimas tres décadas de globalización, ahora suelen referirse mutuamente como rivales geopolíticos. Cada vez utilizan más la política comercial para avanzar en objetivos estratégicos: limitar las transferencias de tecnología, restringir las exportaciones de productos críticos, perseguir objetivos de seguridad nacional. Muchos observadores temen que el regreso de la geopolítica fragmente la economía global, desmoronando décadas de integración.

Sin embargo, este resultado pesimista no es inevitable. Nuestra investigación muestra que incluso los rivales estratégicos pueden beneficiarse de la cooperación comercial. El problema es que el regreso de la geopolítica está en desacuerdo con el marco institucional existente, que fue diseñado para una época diferente. Si el sistema comercial quiere sobrevivir, debe adaptarse a un mundo donde los países utilicen la política comercial para avanzar en objetivos geopolíticos.

El problema de la energía

Los modelos económicos estándar asumen que los gobiernos se esfuerzan por mejorar el bienestar de sus ciudadanos. En este contexto, un país sube los aranceles para incrementar sus ingresos reales a expensas de sus socios comerciales, mejorando sus términos de intercambio—el precio de sus exportaciones en relación con las importaciones. Dado que todos los países enfrentan los mismos incentivos, la política arancelaria descoordinada los atrapa en una situación de protección ineficiente y bajo bienestar. Existen acuerdos comerciales para escapar de esta trampa mediante reducciones arancelarias coordinadas.

La rivalidad geopolítica cambia el cálculo, planteando dudas sobre la sostenibilidad de la cooperación comercial. Basándonos en la tradición realista en las relaciones internacionales, suponemos que los gobiernos rivales se preocupan no solo por su bienestar absoluto, sino también por su poder relativo—cómo se comparan con sus adversarios. Las decisiones políticas están moldeadas tanto por la ganancia económica como por la ventaja estratégica.

Imaginemos a un gobierno que busca dominar la industria de los semiconductores. Diseñará políticas comerciales no solo para expandir su sector nacional de chips, sino también para reducir el de su rival. Un arancel resulta atractivo porque perjudica a los competidores extranjeros, transformando la política comercial de una herramienta de gestión económica en un instrumento de competencia estratégica. La manipulación de los términos de intercambio ya no es la única razón para usar la política comercial en un mundo donde los países tienen objetivos geopolíticos.

El académico de relaciones internacionales John Mearsheimer capturó esta lógica en su libro clásico La tragedia de la política de grandes potencias. Escribe que los estados motivados por preocupaciones relativas de poder probablemente renuncien a grandes ganancias en su propio poder si tales ganancias otorgan a los estados rivales aún más poder. Esta lógica tiene implicaciones significativas para la política comercial: un país podría rechazar un acuerdo comercial altamente beneficioso si fortalecería a su adversario, o podría implementar una medida comercial perjudicial porque sería aún más perjudicial para su adversario.

Cooperación en medio de la rivalidad

¿Significa esto que la cooperación comercial está condenada? No necesariamente. Incluso en un modelo en el que los gobiernos se preocupan por su poder geopolítico relativo, los resultados de la cooperación comercial son más esperanzadores de lo que muchos “realistas” esperarían.

Es cierto que la aparición de la rivalidad geopolítica impulsa los aranceles en un entorno no cooperativo. Si dañar a tu rival forma parte de tu objetivo, las medidas proteccionistas se vuelven más atractivas, aunque reduzcan los ingresos. Esto da lugar a un equilibrio no cooperativo (o equilibrio de Nash, en teoría de juegos), que presenta aranceles más altos y menos comercio que en un mundo sin rivalidad, porque ambos gobiernos utilizan la política comercial para perjudicar al otro país.

No obstante, la rivalidad geopolítica no cambia el hecho de que la eficiencia económica sigue siendo importante. Mientras se preocupen al menos en parte por el bienestar de sus ciudadanos, los gobiernos que partan de una posición de no cooperación podrían adoptar políticas que beneficien a ambos países. A menos que la rivalidad se volva tan extrema que los gobiernos solo se preocupen por dominar a su adversario, seguirían negociando entre sí para aumentar la eficiencia económica y, por tanto, la de sus ciudadanos Asistencia social. El interés propio ilustrado—la misma fuerza que impulsó la liberalización comercial de posguerra—sigue siendo una base viable para la cooperación, incluso entre adversarios estratégicos.

El problema de adaptación

Sin embargo, incluso si la cooperación sigue siendo posible, la transición de un equilibrio a otro plantea serias dificultades. Fueron necesarias décadas de negociaciones bajo las normas del GATT/OMC para pasar del mundo de aranceles altos que surgió durante la Segunda Guerra Mundial a una nueva era de aranceles bajos. Sus dos pilares clave, reciprocidad y no discriminación, sirvieron bien al sistema comercial al ayudar a los gobiernos a pasar de un equilibrio no cooperativo a uno cooperativo.

¿Cuáles son las consecuencias para el sistema comercial del estallido de la rivalidad geopolítica actual? Los gobiernos que se preocupan por el poder relativo amenazan con imponer aranceles más altos para perjudicar a sus rivales. El antiguo acuerdo ya no refleja la nueva realidad. Se necesita un nuevo equilibrio cooperativo. La cuestión es cómo puede el gobierno llegar allí.

Dos caminos son posibles. La primera es lo que llamamos “guerra y redención”. Los países permiten que el antiguo acuerdo colapse, desencadenando una guerra comercial que eleva los aranceles. Finalmente, los gobiernos negocian un nuevo acuerdo mediante reducciones tradicionales de aranceles recíprocos. Este camino es económicamente costoso y probablemente requeriría largas negociaciones, pero encaja dentro del marco existente de las normas multilaterales de comercio.

El segundo camino es más eficiente pero requiere innovación institucional. Los países negocian una transición inmediata, evitando la disrupción económica. Pero este ajuste implica avanzar a lo largo de la frontera de posibles resultados eficientes (véase el cuadro). Para sostener la cooperación, el país para el que el choque geopolítico es menos severo debe hacer concesiones que reduzcan su bienestar respecto al statu quo. Esto no es ni recíproco ni mutuamente ventajoso en el sentido tradicional, y el principio fundamental de reciprocidad de la OMC no puede acomodarlo.

El desafío se profundiza en el mundo multilateral. Junto con la reciprocidad, el principio de no discriminación podría no facilitar el ajuste, ya que exige que cualquier beneficio comercial otorgado a un miembro se extienda a todos. Pero cuando dos rivales necesitan transferir beneficios económicos entre sí, se excluyen terceros países y afrontan consecuencias.

El acuerdo de Fase Uno de 2020 entre Estados Unidos y China ilustra el problema. El acuerdo, destinado a aliviar las tensiones comerciales, incluía compromisos chinos de comprar cantidades específicas de productos estadounidenses. Investigaciones del Banco Mundial en el momento del acuerdo predijeron que, aunque ambos países habrían ganado en relación con la continua escalada, los exportadores de Europa, América Latina y otros lugares se habrían visto perjudicados si China hubiera redirigido las importaciones de esas regiones a Estados Unidos. El hecho de que el acuerdo se haya alcanzado fuera de las normas multilaterales de comercio señala un problema más profundo: el sistema actual no puede acomodar los ajustes que exige la rivalidad geopolítica.

Una exención geopolítica

Si el sistema multilateral de comercio quiere seguir siendo relevante, debe crear espacio para el ajuste geopolítico mientras protege a terceros países. En nuestra investigación, proponemos una exención geopolítica a los principios fundamentales de reciprocidad y no discriminación que permitiría a los rivales estratégicos realizar ajustes arancelarios discriminatorios bajo condiciones estrictas.

Existe un precedente para tal exención. El sistema comercial ya admite ciertas formas de discriminación—por ejemplo, permitir a los miembros formar acuerdos comerciales preferenciales, como a través de zonas de libre comercio. Estos acuerdos avanzan el objetivo de liberalizar el comercio siempre que cumplan condiciones estrictas: cubren “sustancialmente todo el comercio” entre miembros y no establecen barreras contra los no miembros. Una exención geopolítica tendría un propósito diferente: acomodar la rivalidad entre competidores estratégicos minimizando el daño al sistema multilateral más amplio.

La exención exigiría que cualquier ajuste discriminatorio entre rivales mantenga los precios mundiales entre los rivales y los terceros países sin cambios, limitando así la desviación comercial. Implementar tal regla sería técnicamente complejo. Pero la alternativa es peor: el ajuste geopolítico ocurre fuera del marco multilateral, socavando las normas comerciales existentes e imponiendo costes a países neutrales, o no ocurre en absoluto, dejando al mundo atrapado en conflictos comerciales destructivos.

Preservación de la cooperación

Sostenemos que el retorno de la geopolítica no elimina el argumento económico a favor de la cooperación. Incluso los países que mantienen rivalidades estratégicas pueden beneficiarse de acuerdos negociados. La lógica fundamental que sostuvo décadas de apertura comercial sigue intacta. Pero se necesitan nuevos mecanismos si los rivales geopolíticos quieren ajustar sus relaciones comerciales sin involucrarse en guerras comerciales disruptivas ni imponer costes indebidos a terceros países.

El sistema comercial se ha adaptado antes cuando las circunstancias cambiaron, añadiendo nuevos acuerdos a medida que la economía global evolucionaba durante múltiples rondas de negociaciones. El reto actual es emprender una adaptación similar a las realidades geopolíticas, preservando las funciones centrales del sistema mientras actualizan sus reglas para un mundo cambiado. La exención geopolítica que proponemos proporcionaría tal mecanismo, estableciendo salvaguardas que mantengan la integridad del sistema multilateral reconociendo la realidad de la competencia estratégica.

AADITYA MATTOO, director del Grupo de Investigación para el Desarrollo del Banco Mundial

MICHELE RUTA, jefe de división en el Departamento de Estrategia, Política y Revisión del FMI

ROBERT W. STAIGER, economista jefe de la Organización Mundial del Comercio

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Comprendiendo la geoeconomía en un mundo volátil

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Por C. Clayton, M. Maggiori y Jesse Schreger / F&D FMI – A lo largo de la historia, naciones poderosas han utilizado el poder económico para doblegar a otros a su voluntad. La dinastía bancaria Medici de Florencia moldeó la política renacentista con su dominio financiero, y la Gran Bretaña imperial utilizó el dominio comercial para unir su imperio y ejercer poder en todo el mundo. Hoy en día, Estados Unidos congela el acceso a los mercados financieros o insta a sus aliados a imponer controles de exportación sobre tecnologías esenciales, y China amenaza con restricciones a tierras raras para ampliar su influencia. Estos son ejemplos de geoeconomía, o el uso de relaciones financieras y comerciales para lograr objetivos geopolíticos y económicos.

Con el reciente aumento de la competencia entre grandes potencias y el uso creciente de aranceles, sanciones y controles de exportación, comprender la geoeconomía se ha vuelto esencial para los responsables políticos que navegan en un mundo cada vez más volátil. El uso del poder geoeconómico puede aumentar la cooperación y la prosperidad, pero también puede causar fragmentación y desintegración. Es importante comprender tanto su potencial como sus inconvenientes.

El estudio académico de geoeconomía se sitúa principalmente en 1945, cuando el economista Albert Hirschman publicó National Power and the Structure of Foreign Trade. En él, examina cómo la Alemania nazi había estructurado su economía para maximizar la influencia sobre sus vecinos durante el periodo de entreguerras. Rechazó la visión ingenua de que, porque el comercio es voluntario y mutuamente beneficioso, es geopolíticamente inofensivo. Los beneficios pueden ser mutuos, argumenta Hirschman, sin ser simétricos. Y la asimetría es cómo se acumula el poder.

Desde la época de Hirschman, los economistas han dejado el estudio de las dinámicas de poder globales en gran medida a politólogos e historiadores, quienes han liderado el desarrollo de esta área de investigación. Aunque casi todos los estudiantes de economía se encuentran con el Índice Herfindahl-Hirschman, pocos saben que fue inventado para medir el poder económico de las naciones, no de las empresas. Quizá existía la sensación de que el orden mundial de posguerra hacía obsoletas esas preocupaciones.

Ahora, ante la creciente competencia entre grandes potencias, la geoeconomía se ha vuelto imposible de ignorar, y los economistas disponen de nuevas herramientas, incluyendo el análisis de redes y la macro, el comercio y la teoría de juegos moderna. Nuestra propia agenda de investigación pretende proporcionar un marco de modelización económica para la geoeconomía. El objetivo no es solo la claridad teórica sobre las fuentes y canales de poder, sino también la capacidad de llevar modelos a los datos y disciplinar los contrafactuales de política.

Poder geoeconómico

¿Cómo construyen los países el poder geoeconómico? Supongamos que el País A suministra bienes intermedios al País B. Podría amenazar con retener esos bienes si el País B no cumple con su demanda. Si los bienes intermedios son lo suficientemente importantes, y si es lo suficientemente difícil conseguirlos en otro lugar, de modo que el País B estaría mejor accediendo a la demanda del País A que enfrentándose a la realización de su amenaza, entonces el País B cumpliría.

Las amenazas de retener solo una entrada pueden funcionar; Sin embargo, las amenazas son más poderosas cuando el país imponente controla múltiples relaciones económicas. Un país que controla muchos insumos relacionados, como bienes intermedios y capital extranjero, ejerce mayor poder porque puede infligir mayores pérdidas al país objetivo. Por eso países como Estados Unidos y China suelen ser llamados hegemones. Un hegemón utiliza estas amenazas conjuntas para ejercer poder sobre empresas y gobiernos de su red y pedirles que tomen medidas costosas. Estas acciones pueden adoptar la forma de transferencias monetarias, cambios en los margen de precios y recargos sobre préstamos, pero también acciones políticas como restricciones comerciales (por ejemplo, aranceles y cuotas) o concesiones políticas.

Consideremos cómo China ha estructurado su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Pekín proporciona a las economías en desarrollo acuerdos en paquete que combinan préstamos, proyectos de infraestructuras y acceso a bienes manufacturados. Si un país prestatario incumple, corre el riesgo de perder todas estas relaciones simultáneamente. Esta agrupación aumenta el poder geoeconómico de China. A cambio, Pekín podría exigir concesiones políticas, como una alineación más estrecha en cuestiones geopolíticas clave.

A los hegemones se suma su capacidad para influir en países fuera de su red, remodelando el equilibrio mundial para consolidar más poder. Por ejemplo, cuando Estados Unidos presionó a gobiernos y empresas europeas para que dejaran de usar la tecnología 5G de Huawei, los llamados efectos de red amplificaron el impacto. Dado que el valor de una red de telecomunicaciones aumenta cuanto más se adopta, lograr que algunos países rechazaran Huawei hizo que la tecnología fuera menos atractiva para otros, incluidos países a los que Estados Unidos no podía presionar directamente.

Puntos de estrangulamiento y dependencias

Los insumos se llaman puntos de estrangulamiento, o dependencias críticas, si el hegemón controla una cuota de mercado dominante de los insumos en la economía objetivo y es difícil encontrar alternativas a los insumos del hegemón. Por ejemplo, Estados Unidos y sus aliados controlan una cuota abrumadora de los servicios financieros globales, que en muchos países supera el 80 a 90 por ciento. Los sistemas de pago, la infraestructura de liquidación y los préstamos denominados en dólares son insumos básicos en una economía funcional. La falta de alternativas viables a la infraestructura financiera estadounidense otorga al país un considerable poder geoeconómico. Recientemente, ha ejercido este poder imponiendo sanciones financieras integrales a Irán y Rusia, presionando a HSBC para que divulgue transacciones vinculadas a Huawei y cortando el acceso de los bancos rusos al sistema de mensajería SWIFT para transacciones financieras internacionales.

Sin embargo, hay un inconveniente. La relación entre el control de un sector y el poder geoeconómico no es lineal; más bien, el poder aumenta desproporcionadamente a medida que un hegemón se acerca al control total. La diferencia entre controlar el 95 por ciento y el 85 por ciento de una entrada es desproporcionadamente grande. Con un 95 por ciento, una economía objetivo tiene casi ninguna alternativa viable y debe aceptar los términos que el hegemón exija. Con un 85 por ciento, hay suficiente alternativa para dar opciones significativas al objetivo, y la influencia del hegemón se disipa rápidamente.

Los responsables políticos estadounidenses suelen sentirse tranquilos con el hecho de que el dólar sigue siendo dominante y las alternativas chinas al sistema financiero occidental siguen siendo marginales. Según métricas estándar, China representa una pequeña fracción de los servicios financieros globales. El argumento es que, incluso si China proporcionara el 10 por ciento de los servicios financieros básicos mundiales, eso palidecería en comparación con el dominio estadounidense.

Este razonamiento es correcto respecto a las cuotas de mercado pero erróneo respecto al poder. Hay una diferencia entre relevancia macroeconómica y relevancia geoeconómica. Para una economía de tamaño medio, la existencia de un proveedor alternativo con incluso un 10 por ciento de cuota de mercado es suficiente para resistir gran parte de la coerción que puede ejercer una potencia dominante. Una parte desproporcionada de las pérdidas para el suministro eléctrico estadounidense provendría de una alternativa china que pasaría del 1 por ciento al 10 por ciento, con nuevas ganancias del mercado chino provocando una dilución progresiva menor del poder para Estados Unidos.

La preparación de Rusia para las sanciones occidentales ilustra esta dinámica. Tras su invasión de Crimea en 2014, Rusia intentó reducir su dependencia de la coalición liderada por Estados Unidos, desarrollando aún más su sistema de pagos doméstico y conectándose con sistemas basados en China. En consecuencia, el poder financiero de la coalición liderada por Estados Unidos sobre Rusia se redujo considerablemente. Esta preparación ayuda a explicar el efecto algo atenuado de las amplias sanciones financieras impuestas tras 2022: Rusia ya había construido suficiente alternativa para mitigar el filo del arma.

China e India siguen el ejemplo de Rusia y construyen sistemas alternativos de pago y liquidación. Cierto es que es poco probable que sustituyan la arquitectura centrada en el dólar. Sin embargo, la cuestión no es si un sistema alternativo puede rivalizar con el dólar en todos sus usos, sino si puede ser lo suficientemente viable como para disminuir significativamente la influencia estadounidense en el margen. Los mercados emergentes no están solos. Los países de la zona euro están impulsando una moneda digital con la esperanza de obtener mayor soberanía monetaria y reducir la dependencia de la infraestructura financiera estadounidense.

Riesgos de fragmentación

Nuestro trabajo muestra que existe un equilibrio entre las ganancias del comercio y la seguridad económica. Los mismos mecanismos que son los fundamentos clásicos de las ganancias del comercio —economías de escala y especialización— también generan dependencia económica. Las alternativas internas que los países no desarrollaron son pobres sustitutos de insumos dominantes a nivel mundial, como la manufactura china o los servicios financieros y la tecnología estadounidenses. Esta falta de alternativas deja a los países expuestos a la coacción. A medida que la economía global depende cada vez más de bienes y servicios que tienen complementarietad estratégica y economías de escala, es probable que estos mecanismos aumenten su importancia. Esto se aplica a los sistemas de pago, pero también a las tecnologías de la información y la inteligencia artificial.

A medida que el poder geoeconómico ha cobrado protagonismo en las relaciones internacionales, los hegemones quieren hiperglobalizar el sistema para aumentar la dependencia de los demás de lo que controlan, mientras que los países que dependen en gran medida de los hegemones han comenzado a adoptar políticas anti-coacción para reducir su vulnerabilidad a la presión. La arquitectura financiera alternativa china es un ejemplo; otro es la Estrategia Europea de Seguridad Económica de la Comisión Europea, explícitamente destinada a contrarrestar la instrumentalización de las dependencias económicas.

Estas políticas podrían ser individualmente óptimas y, como demuestra la no linealidad de los sectores de punto de estrangulamiento, probablemente serán exitosas para los países que las implementen adecuadamente. Sin embargo, en conjunto, pueden dar lugar a una dinámica colectiva preocupante. Cuando un país reduce su dependencia del sistema global, el sistema en sí se vuelve menos atractivo para otros, porque su valor a menudo depende del número y tamaño de sus participantes. Esto cambia el cálculo para otros países a favor del desacoplamiento también, provocando nuevas salidas. El resultado es una fragmentación excesiva, un mundo donde las ganancias del comercio y la integración financiera se degradan hasta un punto que deja a todos, incluido el hegemón, en peor situación.

Esta dinámica conduce a una conclusión algo sorprendente: las potencias hegemónicas pueden aumentar su propio bienestar limitando voluntaria y creíblemente su uso de la coerción. Un hegemón que se compromete a limitar sus demandas (por ejemplo, sometiéndose a las normas de organizaciones internacionales) puede disuadir a otros países de seguir costosas políticas anti-coacción. El hegemón renuncia a parte de su flexibilidad para coaccionar, pero a cambio preserva el tamaño y la atractividad de su red económica, que es la fuente de su poder.

Visto así, el orden liberal de posguerra, compuesto por instituciones como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, puede entenderse no como el opuesto del poder hegemónico, sino como una de sus expresiones más sofisticadas. Estas instituciones sirven como dispositivos de compromiso: al prometer de forma creíble no explotar las posiciones dominantes de forma demasiado agresiva, Estados Unidos y otros hegemones mantienen a otras naciones dentro del mismo sistema económico. A medida que estas restricciones basadas en reglas se debilitan, si se percibe que los hegemones están dispuestos a ejercer su poder geoeconómico de forma impredecible o a erosionar sus compromisos institucionales, otros países responden racionalmente desarrollando sus propias políticas de seguridad económica y acelerando la desintegración de las redes de los hegemones.

Desafíos de medición

Aunque la claridad teórica es una base necesaria, debe conducir a implicaciones comprobables y a una guía empírica para la política. A medida que los responsables políticos mundiales se enfrentan a la incertidumbre geoeconómica, deben ofrecer orientación basada en hechos y datos interpretados a través del prisma de los modelos. Hay al menos dos formas prometedoras de incorporar la teoría existente a los datos. El primero utiliza avances en la modelización comercial y datos bilaterales para estimar cuánto sufriría un país objetivo al perder el acceso a insumos controlados por el hegemón, midiendo la importancia cuantitativa de las amenazas. La mayoría de las amenazas no son poderosas y la mayoría de las industrias no son estratégicas, ya sea porque el hegemón no las controla suficientemente o porque es fácil para el objetivo encontrar buenos sustitutos. La misma lógica puede aplicarse a los flujos de capital, además del comercio de bienes.

Un problema evidente con la medición es que las amenazas geoeconómicas más poderosas no se materializarán si los objetivos se cumplen. Los avances recientes en inteligencia artificial apuntan a una posible solución. Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) pueden utilizarse para analizar el texto de informes de analistas y llamadas de resultados sobre las corporaciones multinacionales que dominan el comercio y las finanzas mundiales. Este enfoque aborda parte del problema de la medición porque analistas y directivos de la empresa discuten acciones geoeconómicas que han sido amenazadas pero aún no tomadas. También puede medir amenazas con un detalle bastante granular. Las demandas del hegemón podrían abarcar varios dominios difíciles de especificar de antemano: No compres esto, no vendas aquello o me concedas políticamente.

En nuestro trabajo, demostramos que los LLMs pueden extraer señales sobre la presión geoeconómica hasta una empresa, instrumento y reacción específicos. Esto puede hacerse en tiempo casi real, aumentando el valor para los responsables políticos. Más concretamente, en este artículo aplicamos los LLMs a llamadas de resultados de las empresas e informes de analistas para ver cómo responden las empresas a aranceles, sanciones y controles de exportación. Y nuestros resultados fueron llamativos: la presión geoeconómica actúa efectivamente como una fuerza potente que afecta de forma medible las decisiones de las empresas sobre precios, inversión y cadenas de suministro. Las empresas chinas respondieron a los controles de exportación estadounidenses sobre semiconductores aumentando la investigación y el desarrollo nacional. Las empresas occidentales informaron en gran medida que cumplieron con las demandas estadounidenses de reducir las ventas a China de tecnologías específicas. Las empresas estadounidenses informan que se ven afectadas negativamente por los aranceles estadounidenses y que tienen la intención de subir los precios de venta mientras se enfrentan a precios más altos de insumos.

Un camino a través de la tormenta

A corto plazo, es poco probable que el mundo vuelva a la era de la globalización que precedió a la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. La competencia geoeconómica es una característica definitoria del momento actual y casi con toda seguridad de los años venideros. Sin embargo, la economía también ofrece un mensaje esperanzador. Mediante políticas estratégicas y óptimamente dirigidas, es posible evitar la fragmentación total.

Para los países que adoptan políticas anti-coacción, la diversificación dirigida en sectores clave controlados por los hegemones puede reducir drásticamente la vulnerabilidad de un país sin requerir un desacoplamiento total. El reto político es identificar los verdaderos puntos de estrangulamiento—sectores donde la dependencia es mayor y las alternativas más escasas—y concentrar allí los esfuerzos de diversificación, preservando al mismo tiempo los beneficios más amplios de la integración.

Para los hegemones, mantener el poder en un entorno global que teme la presión geoeconómica implicará comprometerse con un uso limitado del poder en interés de fomentar que los países más pequeños permanezcan en un sistema que beneficie a todos. La estrategia hegemónica más eficaz es aquella que mantiene compromisos creíbles con el comportamiento basado en reglas, que mantiene el sistema global atractivo para los participantes y reserva los instrumentos coercitivos para fines claros y limitados. Este enfoque aumenta la confianza en el compromiso del hegemón con la cooperación global y minimiza las respuestas defensivas que, en última instancia, disminuyen el poder del hegemón.

La competencia geoeconómica marcará las próximas décadas de relaciones internacionales. Los países que comprendan la no linealidad del poder, el valor de la diversificación dirigida y el principio de autocontrol navegarán este periodo con mayor éxito que aquellos que no lo entienden. El mundo no necesita fragmentarse completamente para dar seguridad económica a los países, y los hegemones no necesitan abandonar por completo su influencia para preservarla. Es un equilibrio difícil de alcanzar, pero la alternativa, una economía global fracturada donde todos acaban más pobres y menos seguros, hace que el esfuerzo merezca la pena.

Mientras las potencias globales enfrentan crecientes tensiones geopolíticas, las sanciones, los controles de exportación y los aranceles vuelven a ser herramientas de apalancamiento, marcando el resurgimiento de la geoeconomía, donde convergen la política económica y la seguridad nacional. En este pódcast, Josh Lipsky, de Atlantic Council, y Matteo Maggiori, de Stanford, hablan sobre la nueva cara de la geoeconomía y su aparentemente vengativo regreso. 

CHRISTOPHER CLAYTON, profesor adjunto de finanzas en la Escuela de Finanzas de Yale y colaborador en el Proyecto de Asignación Global de Capital

MATTEO MAGGIORI,  Profesor Moghadam Family de Finanzas en la Escuela de Negocios de Posgrado de Stanford y codirector del Proyecto de Asignación Global de Capital.

JESSE SCHREGER profesor asociado en la Columbia Business School y codirector del Proyecto de Asignación Global de Capital.

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BYD amplía su oferta en Argentina con un nuevo SUV

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La automotriz china BYD lanzó en Argentina la preventa del BYD SEAL U DM-i, un SUV del segmento D que llega para competir en uno de los sectores más altos del mercado local. El estreno, que llegará importado directamente desde China a mediados del 2026, amplía la oferta de la marca líder de ese país.

BYD amplía su portfolio de vehículos electrificados en Argentina con el inicio de la preventa del nuevo BYD SEAL U DM-i GS. Un SUV híbrido enchufable que fusiona tecnología de vanguardia, autonomía extendida y seguridad, en una propuesta de confort superior diseñada para los estilos de conducción más exigentes, explicaron desde la marca. 

Con el Seal U, BYD tendrá cinco ofertas disponibles en Argentina. Su cartera se completa con el Dolphin Mini como entrada de gama, el Atto II i-DM y el Yuan PRO 100% eléctrico, y el Song PRO i-DM.

Además, el nuevo vehículo que BYD traerá al país rivalizará en un segmento que no está completamente poblado. Su característica híbrida lo ubica a la par de opciones diferentes dependiendo el enfoque en el tamaño o la motorización.

De manera directa, sus competidores serán Nissan X Trail e-Power, Toyota RAV 4 Hybrid y Volvo XC40, todas de bajos volúmenes de ventas y costos elevados a raíz de su importación arancelada. Sin embargo, Seal U también podrá competir en el mercado argentino con otras opciones de menor tamaño, pero también electrificadas como Chery Tiggo 7/8 Pro Hybrid, JAC JS6, Changan CS55 Plus PHEV, Haval H6 hybrid y Jaecoo 7, entre otras.

Qué pasa con BYD en Argentina

El lanzamiento de Seal U llega en un momento clave para la marca china en Argentina. Su expansión en ventas, enmarcada en el todavía escueto mercado electrificado, la puso a encabezar el desembarco chino de varias marcas que llegaron en los últimos meses.

A poco tiempo de haber comenzado las ventas, BYD ocupó en abril el noveno puesto en el top 10 de marcas más vendidas, colocando más de 1.700 unidades mensuales. Si bien esas estadísticas no se acercan a los volúmenes de las automotrices tradicionales que dominan la lista como Toyota o Volkswagen, si completa un crecimiento exponencial para una marca que recién se instala en el país.

Ese desempeño positivo para su propio contexto también desató el primer aumento inminente de precios en la marca china. Todo ello a raíz de una demanda que superó el stock de unidades que llegaron vía el régimen de arancel 0% para vehículos electrificados, vía que le permitió a BYD ingresar poco más de 5.000 autos directos desde China.

Justamente, el agotamiento de ese programa es el siguiente desafío que la marca china enfrenta en el país. Hasta tanto la fábrica brasileña de Bahía no comience a reponer stock, los envíos llegarán desde China y podrían exceder el cupo, con la aplicación consecuente del arancel del 35%.

En el contexto global, BYD atraviesa un momento desafiante. En medio de una guerra de precios bajos en China por el exceso de oferta, la compañía intenta avanzar con los canales exportadores para poder colocar parte del producido en mercados extranjeros.

Esta estrategia responde a una vía de “escape” para la presión local, que llevó a una caída sostenida en las ventas del primer cuarto. Algo que estaba previsto por los ejecutivos líderes de BYD, que admitieron estar atravesando un proceso de “supervivencia” en términos de márgenes para poder atravesar la feroz competencia de precios.

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Hidrovía: Jan De Nul no afloja, ratifica la oferta y descarta socios chinos

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El consorcio integrado por la belga Jan De Nul y la argentina Servimagnus volvió a defender su propuesta por la concesión de la hidrovía Paraná-Paraguay. Las compañías ratificaron los “lineamientos estratégicos, tecnológicos y operativos” de su oferta para quedarse con la concesión de la Vía Navegable Troncal (VNT) y buscaron despejar las sospechas sobre una eventual participación china en el proyecto. Según remarcaron, no habrá financiamiento soberano extranjero ni intervención de empresas estatales vinculadas a Beijing.

Recordemos que la licitación de la hidrovía ingresó en su tramo decisivo y la disputa entre los gigantes del dragado mundial sumó la presencia de USA.

Directores de Jan De Nul mantuvieron reuniones con el embajador estadounidense en la Argentina, Peter Lamelas, para presentar detalles técnicos de su propuesta y responder cuestionamientos surgidos desde sectores vinculados a la competencia.

Presuntos vínculos con China

El foco de la polémica gira alrededor de presuntos vínculos de Servimagnus con capitales chinos. Incluso, desde Washington surgieron advertencias sobre una eventual influencia de Beijing en el proceso licitatorio.

Sin embargo, Jan De Nul rechazó de plano esas acusaciones y sostuvo que la operatoria prevista contempla exclusivamente dragas, tecnología e insumos propios o provenientes de proveedores occidentales, muchos de ellos estadounidenses.DEME, juega fuerte

La otra gran competidora en carrera es la belga DEME, que también busca quedarse con el control de la principal vía exportadora de la Argentina. Tras la exclusión de la brasileña DTA Engenharia, el proceso quedó reducido a una pelea mano a mano entre DEME y el consorcio Jan De Nul-Servimagnus.

A todo esto, en el sector admiten que se trata de una batalla multimillonaria donde confluyen intereses logísticos, políticos y comerciales. La hidrovía moviliza buena parte de las exportaciones agroindustriales argentinas y es considerada una infraestructura crítica para el comercio exterior.Licitación muy tensa La evaluación técnica y económica de las ofertas será determinante para decidir quién controlará durante los próximos años el dragado, señalización y mantenimiento de la principal arteria fluvial del país.

Mientras la presión internacional crece, los operadores privados aceleran el lobby y la hidrovía se consolida como otro capítulo donde la geopolítica global impacta de lleno sobre los negocios estratégicos de la Argentina.

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