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Trump, Xi y la sequía en EE.UU. empujan una pulseada global que redefine el mercado de granos

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La Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que la geopolítica volvió a ocupar el centro de la escena agrícola mundial. La tensión comercial entre Estados Unidos y China, la crisis hídrica sobre el trigo norteamericano y la fuerte apuesta alcista de los fondos especulativos en Chicago alteran el equilibrio del mercado y abren una ventana para Sudamérica, incluida Argentina.

La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping volvió a poner al comercio agrícola en el núcleo de la disputa estratégica entre las dos mayores potencias del mundo. Según el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las compras chinas de soja estadounidense atraviesan uno de sus niveles más bajos en casi dos décadas, mientras Brasil consolida su liderazgo exportador y Argentina recupera margen para volver a colocar mayores volúmenes de soja en el mercado asiático.

El dato político detrás del movimiento comercial es relevante: China llega a la negociación con stocks récord de soja en puertos y con una dependencia menor de Estados Unidos gracias a la cosecha histórica brasileña. Esa combinación debilita el poder de presión comercial de Washington y reconfigura el mapa global de abastecimiento.

La geopolítica define el rumbo de los granos

Con la cumbre entre Trump y Xi Jinping en el centro de la escena, el USDA dio sostén al trigo al proyectar para 2026/27 la producción estadounidense más baja desde 1973. Los fondos en Chicago acumulan a mayo la apuesta alcista más alta de la historia.

Las compras chinas de soja estadounidense, bajo serias dudas

El foco de los mercados esta semana estuvo puesto sobre la cumbre entre Trump y Xi-Jinping en China, que tuvo como uno de los capítulos más importantes en lo que respecta al agro las negociaciones por el futuro de las compras de soja de China a Estados Unidos. 

Como poder de fuego, el gigante asiático está bien abastecido de porotos registrando los stocks de soja en puertos chinos son los más altos de la historia, alcanzando 8,6 millones de toneladas, según Refinitiv, al tiempo que la cosecha récord en Brasil habilita el abastecimiento desde países proveedores sustitutos. 

En efecto, Brasil embarcó cerca de 55,93 Mt en soja desde enero a la fecha, un récord histórico para el acumulado de los primeros cinco meses del año. 

Como contracara, hasta el 7 de mayo Estados Unidos vendió a China 11,87 millones de toneladas de porotos, consolidando su nivel más bajo desde la 2006/07 y cerca de la mitad de lo exportado para la misma altura de la campaña 2024/25. 

En este escenario de menores compras chinas de soja estadounidense y un mayor interés por la producción sudamericana, la ventana también queda abierta para que Argentina vuelva a vender grandes volúmenes de la materia prima al gigante asiático. Hacia adelante quedará por seguir la evolución de las ventas hacia ese destino, que difícilmente alcancen lo visto en 2025, pero aun así podrían ser significativas. 


El trigo en Estados Unidos sufre del déficit hídrico

Las cifras reveladas en el informe WASDE del martes fueron sorpresivas para el sector. En esta edición, el USDA reveló sus primeras proyecciones de oferta y demanda para la nueva campaña 2026/27. Si bien entre los analistas ya era bien sabido que habría una reducción en la cifra de producción, y una pista para ello se encontró en el informe Outlook de febrero – que arrojó que el área sembrada de con trigo sería la más baja desde 1919-, no veían venir la cifra que finalmente arrojó el informe.

La perspectiva preliminar de producción de trigo en febrero era de 50,6 Mt, aunque con el pasar de las semanas y observando la complicada coyuntura climática de sequía que atravesaban los cultivos, el guarismo fue puesto en duda por los técnicos. De esta forma, los analistas apostaron a menos y estimaban una cosecha norteamericana 2026/27 en 47,2 millones de toneladas. Sin embargo, USDA terminó proyectando una cosecha trigo de 42,5 Mt para la 2026/27. De concretarse, esta cifra representaría un recorte productivo de 21% respecto a la 2025/26 y sería el valor más bajo desde la campaña 1972/73.

El gran recorte a la cifra de producción se enmarca en la compleja coyuntura climática que afecta al trigo de invierno norteamericano. En los últimos meses el agro norteamericano siguió con cierta preocupación el desarrollo del cultivo, viendo como dos variables evolucionaban negativamente: por un lado, el trigo en condiciones buenas a excelentes decrecía semana a semana, y por el otro, como el trigo bajo sequía crecía sin parar. Si bien se esperaban lluvias que aliviaran la situación del cultivo de invierno, estas finalmente llegaron en cantidades insuficientes y en un timing que tampoco dio margen para salvar los rindes. 

En el gráfico anterior se observa cómo, para el 5 de mayo, el porcentaje de trigo bajo sequía alcanzó un 71% y es un máximo a esta altura del año, de acuerdo con datos de NASS-USDA. Asimismo, el lunes se publicó el informe de Seguimiento de Cultivos del mismo organismo oficial, en el que se reveló que el trigo en condiciones de buenas a excelentes es tan solo de 28%, y el dato fue a contramano del 32% que esperaban los analistas privados. El panorama ya se mostraba desalentador y el WASDE del martes terminó de confirmar las preocupaciones de los operadores. Una cifra revelada en este informe, que pone mayor foco en la situación actual del trigo rojo duro de invierno -la variedad más afectada por la sequía-, USDA proyectó que se levantaría el volumen más bajo desde 1957 para este cultivo invernal.

En Chicago, la reacción en precios fue abrupta: el contrato de trigo más operado subió un 7% intradiario y terminó en su nivel más alto en dos años.


Los fondos de Chicago nunca estuvieron tan comprados en un contexto de alta incertidumbre

La continuidad de la guerra en Medio Oriente deja como saldo -hasta ahora- una importante pérdida de capacidad productiva en sectores estratégicos para la economía mundial. Ante los serios daños que el conflicto armado dejó sobre el aparato productivo de hidrocarburos y la logística, se teme que el mundo converja a precios estructuralmente más altos para el petróleo y sus derivados. 

En este escenario, los commodities agrícolas no fueron la excepción y fondos especulativos de Chicago compraron masivamente contratos, anticipando una suba de los precios. Así, al jueves de esta semana, los fondos registran la posición neta comprada más grande de la historia para esta altura del año, como vemos en la siguiente imagen. 

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Xi Jinping pide a EE.UU. ser “socios y no rivales”

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Los presidentes de China, Xi Jinping, y Estados Unidos, Donald Trump, concluyeron este jueves en el Gran Palacio del Pueblo la primera de sus reuniones en Pekín, que duró en torno a dos horas y cuarto y tuvo formato ampliado, con las delegaciones de ambos países presentes.

Después de este primer contacto, en el que además de los saludos protocolarios tradicionales estuvo sobre la mesa la cuestión de Taiwán.

En este primer encuentro, Xi pidió a Estados Unidos «ser socios y no rivales» porque los intereses de sus países «superan sus diferencias», mientras que el mandatario estadounidense confió que ambos gigantes tendrán un «futuro fantástico juntos», alabó a su anfitrión como «un gran líder» y vaticinó que esta será la mayor cumbre de la historia.

Donald Trump llega al Gran Palacio del Pueblo de Pekín para su reunión con Xi Jinping
Los presidentes de China, Xi Jinping (i), y de EE.UU., Donald Trump (d), caminando durante la ceremonia de bienvenida en Pekín (China). EFE/EPA/ Maxim Shemetov

La cuestión de Taiwán

Además, el gobernante chino sacó a colación Taiwán, para China la principal «línea roja» en su relación con EE.UU. y sobre la que advirtió a Trump del riesgo de «una mala gestión», la cual dijo que podría llevar al «choque e incluso el conflicto», a la vez que defendió que «»no hay ganadores en una guerra comercial», una frase que Pekín ha reiterado desde que comenzó este nuevo enfrentamiento.

Por su parte, gl Gobierno taiwanés aseguró que las amenazas militares de China constituyen la «única fuente de inestabilidad» en el estrecho de Taiwán y el Indopacífico, en respuesta a los comentarios sobre la cuestión taiwanesa de Xi Jinping.

La portavoz del Ejecutivo taiwanés, Michelle Lee, afirmó en una rueda de prensa posterior a la reunión del gabinete que las amenazas militares de Pekín son el principal factor de inseguridad regional y defendió que el fortalecimiento de las capacidades de defensa y de disuasión conjunta constituyen elementos clave para preservar la estabilidad, según la agencia de noticias CNA.

Gran parte de su gabinete gubernamental acompañó al presidente estadounidense, incluidos el secretario de Estado, Marco Rubio, y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, en tanto en la delegación china figuraban, entre otros, Cai Qi, miembro del todopoderoso Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista de China (PCCh, gobernante); el ministro de Exteriores, Wang Yi; y el titular de Comercio, Wang Wentao.

Presencia de directivos de empresas de EE.UU.

Una de las sorpresas de la mañana fue la presencia en la sala de la reunión bilateral de los directivos de empresas estadounidenses que se han sumado a la comitiva de Trump, entre ellos los consejeros delegados de Nvidia, Jensen Huang; Apple, Tim Cook; y Tesla, Elon Musk, algo inusual en este tipo de cumbres.

Antes de reunirse, Xi recibió a Trump con honores en el Palacio del Pueblo, corazón político de China situado a un costado de la plaza de Tiananmén, y tras estrecharse las manos en un saludo prolongado pero contenido, pasaron juntos revista a las tropas.

Con la grandilocuencia que acostumbra, Trump dijo que esta será probablemente la mayor cumbre de la historia y destacó la importancia de venir acompañado de los principales líderes empresariales de su país.

Oriente Medio, Ucrania y Corea del Norte

Xi y Trump abordaron también asuntos internacionales y regionales como Oriente Medio, la guerra en Ucrania y la península coreana.

La situación en Oriente Medio había cobrado especial relevancia en los días previos a la cumbre, después de que Washington presionara públicamente a Pekín para desempeñar un papel más activo en una posible desescalada con Irán, uno de los principales socios energéticos de China.

Donald Trump llega al Gran Palacio del Pueblo de Pekín para su reunión con Xi Jinping
Fotografía del 13 de mayo de 2026 del presidente estadounidense, Donald Trump, bajando del Air Force One tras su llegada a Pekín (China). EFE/EPA/ Xinhua / Yue Yuewei

La guerra y la situación en torno al estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global, en especial para Asia, han añadido presión internacional sobre la urgencia de resolver el conflicto.

Trump y Xi Jinping coincidieron en que Irán «nunca deberá tener armas nucleares» y en la necesidad de reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico de hidrocarburos sin cobrar por derechos de paso, según un comunicado tras la primera reunión de la cumbre de Pekín difundido por la Casa Blanca.

Ucrania también ha sido un punto de fricción entre China y Estados Unidos desde el inicio de la guerra, mientras Washington acusa a Pekín de respaldar indirectamente a Rusia mediante apoyo económico y tecnológico, algo que el Gobierno chino rechaza.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, asisten a una reunión bilateral en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, China, el 14 de mayo de 2026. EFE/EPA/Maxim Shemetov / POOL

La situación en la península coreana sigue siendo además un asunto habitual en los contactos entre Pekín y Washington, dado el papel de China como principal aliado político y socioeconómico de Corea del Norte.

Los dos líderes acordaron además, según Xinhua, apoyarse mutuamente en la organización de la reunión informal de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista para los días 18 y 19 de noviembre en la ciudad china de Shenzhen, y de la cumbre del G20, que se celebrará el 14 y 15 de diciembre en Miami (EE.UU.).

Una delegación con ejecutivos de alto nivel

Antes de la llegada de Trump a Pekín, las delegaciones encabezadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, concluyeron este miércoles en Seúl unas negociaciones económicas y comerciales que la agencia estatal china Xinhua calificó de «constructivas».

El presidente chino Xi Jinping y el presidente estadounidense Donald Trump
El presidente chino Xi Jinping y el presidente estadounidense Donald Trump. EFE/EPA/Maxim Shemetov / POOL

Trump dijo desde el Air Force One que pedirá a Xi «abrir» China a las empresas estadounidenses.

Donald Trump invita a Xi a visitar la Casa Blanca

Además, el presidente estadounidense invitó a su homólogo chino y a su esposa a visitar la Casa Blanca el próximo 24 de septiembre, durante el banquete de Estado celebrado en Pekín con motivo de su visita oficial a China.

La invitación, formulada por Trump durante su discurso ante Xi, fija por primera vez una fecha concreta para una futura visita del mandatario chino a Washington.

Xi asegura que el «gran» plan Chino es compatible con hacer EEUU grande de nuevo

Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, aseguró en la apertura del banquete de honor a su homólogo estadounidense, que las aspiraciones del «gran rejuvenecimiento» chino son compatibles con las de «hacer Estados Unidos grande de nuevo», como se conoce al movimiento «Make America Great Again».

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La guerra contra Irán es “ilegítima”, dice el canciller chino a su homólogo iraní en Pekín

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(EFE).- El canciller chino, Wang Yi, dijo este miércoles en Pekín a su colega iraní, Abás Araqchí, que la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán es “ilegítima”, durante la primera visita del ministro persa a China desde el comienzo del conflicto el pasado febrero.

El diplomático chino indicó que la declaración de un alto el fuego es “necesaria e inevitable”, informó la agencia iraní Tasnim en su cuenta en la red social Telegram.

Wang aseguró que la región se encuentra en un “punto de inflexión decisivo”, durante el encuentro, que se produce una semana antes de que el presidente estadounidense, Donald Trump, visite China.

Pekín ha condenado repetidamente los ataques contra Irán y pedido un alto el fuego en Oriente Medio y la libre navegación por el estrecho de Ormuz, por donde transitan aproximadamente el 45 % de sus importaciones de petróleo y gas.

El Gobierno chino ya avisó recientemente, por medio de su embajador ante la ONU, Fu Cong, de que la situación en torno al estrecho de Ormuz marcaría la agenda de la visita de Trump si la vía sigue bloqueada por Estados Unidos e Irán.

Wang reiteró además que China apoya a Irán en la defensa de su “soberanía y seguridad” y valoró el compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares, al tiempo que defendió el derecho de Teherán al uso pacífico de la energía nuclear.

“Estamos dispuestos a continuar nuestros esfuerzos para reducir las tensiones”, explicó el jefe de la diplomacia china, quien subrayó la importancia de “las reuniones directas entre ambas partes”.

Irán espera que Ormuz se reabra “lo antes posible”.

Por su parte, Araqchí valoró la “firme postura” de China, “especialmente en su condena a Estados Unidos e Israel”, según Tasnim.

Según informó posteriormente la cadena estatal CCTV, Araqchí aseguró durante la reunión que la reapertura del estrecho de Ormuz podría resolverse “lo antes posible” y defendió que las crisis políticas “no pueden solucionarse por medios militares”.

El ministro iraní también informó a Wang sobre las negociaciones entre Irán y Estados Unidos mediadas por Pakistán, de acuerdo con un comunicado difundido por la Cancillería iraní en Telegram.

El diplomático iraní aseveró que Pekín es “un amigo sincero” de Teherán y declaró que “en las circunstancias actuales, la cooperación entre ambos países será más sólida que nunca”.

La visita se produce después de que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, asegurase el martes que “terminó” la ofensiva lanzada el 28 de febrero contra Irán y que se abrió una nueva fase con una operación “defensiva” destinada a facilitar la navegación por Ormuz.

La guerra ha encarecido ya de forma directa los costes energéticos y logísticos en China y obligó a las autoridades a intervenir temporalmente para limitar las subidas internas de los combustibles.

El encuentro de este miércoles se enmarca además en una relación bilateral reforzada en los últimos años.

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Lo que China hizo con el viento mientras el mundo miraba otra cosa

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En 2025 ocurrió algo sin precedentes en la historia de la energía. Casi nadie lo cubrió. Y sin embargo, cambia quién va a dominar la economía del siglo que viene.

Empecemos por el número.

542,7 GW

Nueva capacidad eléctrica que China añadió a su red en un solo año: 2025.

Para entender qué significa esa cifra hay que compararla con algo. La capacidad eléctrica total instalada de Estados Unidos — toda la que fue construida en más de un siglo de historia industrial, desde las primeras centrales de carbón hasta los parques solares más modernos — es de aproximadamente 1.200 GW. China añadió casi la mitad de eso en doce meses.

Pero el número que realmente detiene es este: en 2025, China instaló más capacidad eólica en un año que la que Estados Unidos acumuló en toda su historia.

No es un error de tipeo. No es una exageración. Es un dato verificado por Wood Mackenzie, la Administración Nacional de Energía de China y múltiples organismos internacionales de seguimiento energético.

Ahora la pregunta que importa: ¿cómo llegó China a esto?

La respuesta corta es: con una velocidad que nadie en Occidente tomó en serio hasta que ya era tarde.

En diciembre de 2020, el presidente Xi Jinping anunció que China alcanzaría 1.200 GW de capacidad instalada eólica y solar para 2030. Era una meta ambiciosa. Los analistas occidentales la miraron con escepticismo. Los chinos la cumplieron en julio de 2024 — seis años antes de lo previsto. Al cierre de 2025, la capacidad combinada ya superaba los 1.840 GW, y por primera vez en la historia del país, las energías eólica y solar superaron al carbón y al gas en la mezcla eléctrica nacional.

La energía solar y eólica representó en 2025 el 22% de la generación eléctrica total de China, según la Administración Nacional de Energía. El doble que en 2020. En el primer semestre de 2025, la generación solar creció un 43% interanual. La eólica, un 16%. Y el uso de combustibles fósiles para generación eléctrica cayó un 2% en ese mismo período. No fue un trimestre. Fue el inicio de una tendencia que los modelos energéticos globales todavía están ajustando.

La pregunta más difícil no es cómo lo hizo. Es por qué el resto del mundo no lo vio venir.

La explicación más honesta es que Occidente miraba el pasado. Seguía evaluando a China por lo que había sido — una economía que copiaba, que subsidiaba, que competía por precio. El relato de que China solo manufacturaba barato y sin innovar era cómodo y conveniente. También estaba desactualizado.

Porque lo que pasó en energía eólica no fue solo una cuestión de volumen. Fue un salto cualitativo que el mundo no terminó de procesar.

Ocho de los diez mayores fabricantes mundiales de turbinas eólicas son chinos, según datos de Wood Mackenzie. Las empresas como Goldwind, Envision y Windey no compiten solo por precio: están desarrollando turbinas de más de 10 megavatios — las más grandes del mundo — que reducen drásticamente el costo por proyecto. En 2025, los fabricantes chinos capturaron el 95% de la nueva capacidad eólica instalada en Oriente Medio y África. Goldwind firmó un contrato de 3,1 GW en Arabia Saudita — uno de los mayores de la historia del sector — para abastecer dos parques en el desierto.

El argumento de que China compra cuota de mercado con subsidios ya no alcanza para explicar esto. Un país que diseña, fabrica e instala las turbinas más grandes del mundo no está replicando: está liderando.

Y está exportando ese liderazgo.

Aquí es donde el tema deja de ser energético y se vuelve geopolítico.

Durante décadas, el poder global se midió en barriles de petróleo. Los países que controlaban el petróleo controlaban las economías que dependían de él. Las guerras del siglo XX y del XXI tienen, en su raíz, esa lógica.

La transición energética cambia las reglas. Si el mundo se mueve hacia la electricidad renovable, el poder ya no estará en quien tenga el pozo. Estará en quien fabrique los paneles, las turbinas, las baterías y las redes que transportan esa energía. Y en esa carrera, China ya tomó una ventaja que se mide en décadas, no en años.

Los pedidos internacionales de turbinas chinas crecieron un 66% interanual en 2025 y triplicaron los niveles de 2023, según Wood Mackenzie. África y Oriente Medio son los mercados de mayor expansión. Pero también Europa empieza a mirar hacia las turbinas chinas — no por ideología sino por precio: en un contexto donde la rentabilidad de los proyectos eólicos está bajo presión, las turbinas más baratas del mundo tienen un atractivo difícil de ignorar.

Y ahí está la paradoja que ningún gobierno occidental terminó de resolver: necesitan la tecnología china para cumplir sus propias metas climáticas, pero no quieren depender de ella por razones geopolíticas. El resultado son aranceles que encarecen la energía limpia, regulaciones que frenan la transición y debates que mezclan seguridad nacional con cambio climático sin resolver ninguno de los dos.

Hay un detalle técnico que los analistas mencionan como la próxima frontera y que vale la pena nombrar.

China genera tanta energía renovable que ya tiene un problema nuevo: no puede usarla toda. El viento sopla y el sol brilla en momentos en que la demanda no alcanza para absorber la generación. La solución que el país está implementando — a escala, como todo lo demás — es el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo: usar el exceso de electricidad para bombear agua hacia embalses elevados y soltarla cuando haga falta. China tiene más proyectos de este tipo en construcción que todos los demás países del mundo juntos.

En paralelo, su capacidad de almacenamiento en baterías creció un 75% en 2025 respecto al año anterior.

No está resolviendo el problema del exceso de energía. Está construyendo la infraestructura para dominar también el almacenamiento, la siguiente gran industria de la transición energética.

En 1973, el embargo petrolero árabe dejó a Occidente sin combustible en cuestión de semanas y mostró, con una claridad que todavía duele, cuánto poder tiene quien controla la energía que otros necesitan.

Cincuenta años después, el mundo está en medio de otra transición energética. Y el país que está construyendo la infraestructura de esa transición más rápido, más barato y a mayor escala que cualquier otro no es Estados Unidos. No es Europa. No es ninguna de las democracias que lideran los discursos climáticos en las cumbres internacionales.

Es China.

Y lo hizo mientras el mundo miraba otra cosa.

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China eliminó los aranceles para casi toda África y desafía el mercado de Trump

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La política de China que otorga a las mayores economías de África acceso a su mercado sin aranceles durante los próximos dos años entró en vigor el viernes, en una maniobra que posiciona al gigante asiático como la antítesis del proteccionismo impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 

Con esta medida, 53 de los 54 países del continente pueden optar ahora a un “trato libre de aranceles” para sus mercancías, quedando excluida únicamente la nación de Eswatini debido a que mantiene lazos diplomáticos formales con Taiwán. 

Según la Comisión de Aranceles Aduaneros del Consejo de Estado en China, el acuerdo busca promover el “desarrollo común de China y África”, facilitando el ingreso de productos que antes enfrentaban gravámenes de entre el 8% y el 30%.

El impacto de la nueva normativa se sintió de inmediato en las aduanas; la agencia oficial Xinhua informó que un cargamento de 24 toneladas de manzanas de Sudáfrica fue el primero en beneficiarse de la exención al ingresar por Shenzhen. 

El Ministerio de Comercio chino indicó que la apertura beneficiará especialmente a productos como el cacao de Costa de Marfil y Ghana, el café de Kenia y los cítricos sudafricanos. Ante este escenario, el ministro de Comercio de Sudáfrica, Parks Tau, manifestó que su país “espera trabajar con China de una manera amistosa, pragmática y flexible”, buscando mercados alternativos ante los aranceles de hasta el 40% que la administración Trump impuso a diversas naciones africanas hace un año.

A pesar del anuncio, persiste un marcado desequilibrio comercial, ya que el intercambio alcanzó el récord de 348.000 millones de dólares en 2025, pero con un déficit creciente para África: las exportaciones chinas crecieron un 25%, mientras que las importaciones desde el continente solo subieron un 5%.

En este contexto, el experto Thierry Pairault señaló que “(el presidente) Xi Jinping está posicionando a China como la antítesis del proteccionismo occidental”, aunque advirtió que la política “solo se aplica dónde (a China) casi no le cuesta nada”, dado que gran parte de las materias primas africanas ya estaban exentas de impuestos.

Mientras la población de África se encamina a representar un cuarto de la humanidad para 2050, Beijing consolida su lugar como mayor socio comercial frente a un Washington que recurre a “alternativas muy poderosas” tras los fallos judiciales contra sus gravámenes globales.

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