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Las economías regionales marcaron un récord exportador: superaron los US$ 4.000 millones en cinco meses

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Las economías regionales argentinas alcanzaron durante los primeros cinco meses de 2026 el mejor desempeño exportador de las últimas dos décadas, consolidando un proceso de recuperación que combina mayores volúmenes comercializados, mejores precios internacionales y una creciente diversificación de mercados. Entre enero y mayo, las exportaciones de los 37 complejos productivos regionales totalizaron 4.032 millones de dólares, el valor más alto registrado para ese período desde que existen estadísticas comparables, en 2004.

Los datos oficiales difundidos por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, elaborados sobre información del INDEC y procesados por la Subsecretaría de Economías Regionales y Pequeños y Medianos Productores, muestran además que el sector exportó 3.124.835 toneladas, el mayor volumen para un acumulado enero-mayo desde 2013.

El desempeño refleja una mejora simultánea tanto en cantidades como en precios. En comparación con el mismo período de 2025, las ventas externas crecieron 13,3% en valor y 8,5% en volumen, mientras que el precio promedio de exportación se ubicó en 1.290,2 dólares por tonelada, un incremento interanual del 4,4%.

La combinación de estos tres factores permite observar una consolidación del perfil exportador de las producciones regionales, un segmento que durante los últimos años ganó protagonismo dentro de la estrategia de generación de divisas por fuera de los tradicionales complejos cerealero y oleaginoso.

Entre las actividades con mejor desempeño sobresalen Acuicultura y Pesca, Apicultura, Aromáticas, Especias y Otros, y Hortalizas Pesadas, que registraron el mejor resultado para un período enero-mayo desde 2004. En términos interanuales, las exportaciones de estos complejos crecieron 22,9%, 86,8%, 6,6% y 14,4%, respectivamente, confirmando la expansión de sectores con creciente inserción en mercados internacionales.

Desde la perspectiva del aporte absoluto al incremento de las exportaciones, el crecimiento estuvo impulsado principalmente por los complejos de Acuicultura y Pesca, Legumbres, Apicultura, Cítricos Agrios, Ovinos, Hortalizas Pesadas, Algodón y Tabaco, que en conjunto generaron 517,7 millones de dólares adicionales respecto del mismo período del año anterior.

Más allá de los números, el resultado refleja una transformación gradual de la matriz exportadora de las economías regionales. La mayor demanda proveniente de Brasil, China y Estados Unidos, los tres principales destinos de estas producciones, permitió sostener el crecimiento de sectores intensivos en valor agregado y con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas distribuidas en las distintas provincias argentinas.

Para el Gobierno nacional, estos indicadores muestran una estructura exportadora que gana robustez y competitividad a partir de una mayor diversificación productiva y geográfica. El crecimiento simultáneo de múltiples complejos regionales evidencia además que la expansión no se concentra en un único sector, sino que alcanza a actividades vinculadas con alimentos, fibras, productos pesqueros y especialidades agroindustriales.

El récord alcanzado durante el acumulado enero-mayo de 2026 representa, además, una señal positiva para las economías del interior, cuya capacidad de generar divisas adquiere una relevancia creciente en un contexto donde la ampliación de las exportaciones constituye uno de los principales objetivos de la política económica. La mejora en cantidades exportadas, acompañada por precios internacionales favorables y una demanda sostenida de los principales socios comerciales, fortalece las perspectivas para que las producciones regionales continúen ampliando su participación en el comercio exterior argentino durante el resto del año.

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La carne argentina exportó USD 425 millones en mayo y volvió a crecer de la mano de mejores precios

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Las exportaciones argentinas de carne bovina cerraron mayo con una señal clara: el negocio externo volvió a ganar volumen, pero sobre todo facturación. Según el informe mensual del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC, los embarques de carne bovina refrigerada y congelada alcanzaron las 58,6 mil toneladas peso producto, por un valor de USD 425,1 millones.

El salto mensual fue fuerte. Frente a abril, los volúmenes exportados crecieron 23,3%, mientras que el ingreso de divisas avanzó 28,6%. La mejora también se observa en la comparación interanual: contra mayo de 2025, las toneladas exportadas subieron 7,5%, pero el valor obtenido aumentó 42,3%. La diferencia entre ambos porcentajes marca el dato económico más relevante del mes: la recuperación de precios internacionales.

En los primeros cinco meses de 2026, Argentina exportó 271,4 mil toneladas peso producto de carne bovina refrigerada y congelada, por USD 1.833,7 millones. En relación con igual período de 2025, el volumen creció 8%, mientras que la facturación se expandió 44,7%.

El precio promedio de exportación llegó en mayo a USD 7.251 por tonelada. Fue 4,3% superior al de abril y 32,4% más alto que el registro de mayo del año pasado, cuando se ubicaba en torno a USD 5.477 por tonelada. El informe recuerda que, tras el pico de USD 6.300 por tonelada de abril de 2022, los valores habían iniciado una pendiente descendente hasta tocar un piso cercano a USD 3.740 a mediados de 2024. Desde 2025 comenzó una recuperación sostenida que encontró en mayo de 2026 un nuevo máximo reciente, en torno a USD 7.250 por tonelada.

China sigue siendo el corazón del negocio exportador. En mayo absorbió 60,1% de los volúmenes exportados y en el acumulado de enero a mayo concentró 60,5% del total. En el mes se enviaron a ese destino 14,7 mil toneladas de carne con hueso y huesos bovinos producto de la despostada, por USD 43,4 millones, y 20,5 mil toneladas de carne bovina deshuesada, por USD 124,2 millones.

El precio de la carne sin hueso enviada a China también mostró una señal positiva: se ubicó alrededor de USD 6.060 por tonelada, por encima del máximo anterior de USD 5.900 registrado en mayo de 2022. Sin embargo, el informe advierte que, en los primeros cinco meses del año, los embarques argentinos de carne congelada deshuesada a China cayeron 7% interanual, mientras Brasil aumentó 23,6% y Australia 30,7% sus envíos al mismo mercado. Es decir: Argentina mejora precios, pero enfrenta competidores que ganan espacio en volumen.

La carne refrigerada tuvo un desempeño destacado. En mayo se exportaron 11,4 mil toneladas por USD 156,1 millones. El precio promedio de la carne refrigerada sin hueso fue cercano a USD 13.740 por tonelada. Los volúmenes crecieron 69,7% frente a abril y 14,8% contra mayo de 2025. En el acumulado del año, esta partida llegó a 46,3 mil toneladas y USD 612,8 millones, con un aumento interanual de 5,5% en volumen y 37,9% en facturación.

Los principales destinos para la carne refrigerada fueron Europa, con 5,4 mil toneladas y USD 82,4 millones; Israel, con 2,7 mil toneladas y USD 33,6 millones; y Chile, con 1,5 mil toneladas y USD 15,2 millones. Europa volvió a ganar peso por la ventana correspondiente al tercer trimestre de la cuota 481, mientras el contingente Hilton mostraba un nivel de ejecución cercano al 99% al cierre de mayo.

La carne congelada sin hueso fue la principal partida por volumen y valor. En mayo sumó 32,2 mil toneladas por USD 223,4 millones, con un precio promedio de USD 6.937 por tonelada. Los envíos crecieron 14% mensual y 4,6% interanual. Entre enero y mayo, esta categoría acumuló 154,5 mil toneladas y USD 1.026,9 millones, con subas de 9,7% en volumen y 46,3% en divisas.

En ese segmento, China encabezó los destinos con 20,5 mil toneladas y USD 124,2 millones. Estados Unidos quedó segundo, con 8,9 mil toneladas y USD 69 millones, seguido por Israel, con 1,4 mil toneladas y USD 17 millones.

La carne congelada con hueso y los huesos producto de la despostada totalizaron en mayo 15 mil toneladas por USD 45 millones. El precio unitario rondó los USD 3.000 por tonelada. Esta partida tuvo como destino casi exclusivo a China. En los primeros cinco meses del año acumuló 70,3 mil toneladas, 6% más que en igual período de 2025, y USD 191,4 millones, con una suba de 59,4% en valor.

El informe también incorpora el universo de menudencias y preparaciones bovinas. En mayo, esas exportaciones sumaron 8,8 mil toneladas por USD 23,5 millones. El precio medio se ubicó por encima de USD 2.670 por tonelada, con picos de USD 4.223 para lenguas bovinas. Entre enero y mayo, las ventas externas de menudencias y preparaciones llegaron a 43,5 mil toneladas por USD 111,7 millones.

Entre los datos destacados del mes aparece la recuperación de los embarques Kosher a Israel, tras el reinicio de la zafra a mediados de abril. En mayo se despacharon 2,7 mil toneladas de carne enfriada a USD 12.272 por tonelada y 1,4 mil toneladas de carne congelada a USD 11.974 por tonelada. Con 4,1 mil toneladas totales, Israel fue el cuarto destino más relevante del mes, detrás de China, Estados Unidos y Europa.

Estados Unidos se consolidó como segundo mercado en relevancia. En mayo recibió 9,9 mil toneladas entre carne enfriada y congelada, impulsado por la ampliación del contingente libre de aranceles. El precio promedio de los productos enfriados superó los USD 16.060 por tonelada y el de los congelados rondó los USD 7.800. Al 15 de junio, Argentina ya había completado el 60,2% de la cuota anual de 20 mil toneladas y el 98% de la cuota del segundo trimestre en el marco del Acuerdo Recíproco.

El dato menos favorable aparece en Chile. Las cargas de carne enfriada sin hueso retrocedieron con fuerza. En abril se habían despachado 1,3 mil toneladas, 26,8% menos que en marzo de 2026 y 29,1% por debajo de marzo de 2025. Aunque en mayo el volumen hacia Chile fue de 1,5 mil toneladas, el mercado muestra una dinámica más débil que la de otros destinos premium.

El balance de los últimos doce meses confirma la escala del negocio: entre junio de 2025 y mayo de 2026, Argentina exportó 733,9 mil toneladas peso producto de carne bovina refrigerada y congelada, por un valor cercano a USD 4.453 millones.

La foto de mayo combina tres elementos: más toneladas, mejores precios y alta dependencia de China. La mejora en la facturación le da oxígeno a la cadena frigorífica y refuerza el aporte de divisas del complejo cárnico. Pero también deja una advertencia: el crecimiento de Brasil y Australia en el mercado chino obliga a mirar no solo el precio, sino la capacidad argentina de sostener volumen, competitividad y acceso comercial en los destinos de mayor valor.

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Corrientes remata el frigorífico Muralla China: el proyecto que prometía exportar a termina en subasta por USD 5 millones

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El frigorífico La Muralla China, uno de los proyectos industriales más ambiciosos que recibió Corrientes en los últimos años, será rematado por orden judicial el próximo 8 de julio. La planta, ubicada en Riachuelo y desarrollada con capitales chinos para abastecer al mercado asiático, saldrá a subasta con una base superior a los 5 millones de dólares, tras una ejecución hipotecaria y una serie de reclamos laborales que aún permanecen abiertos.

La decisión marca el cierre definitivo de una experiencia que nació en 2019 con expectativas de convertirse en una plataforma exportadora de carne bovina hacia China, pero que nunca logró obtener la habilitación sanitaria necesaria para acceder al principal mercado que justificaba la inversión.

La subasta fue ordenada por el Juzgado Civil y Comercial N°11 de Corrientes, en el marco de una causa de ejecución hipotecaria iniciada por acreedores privados. El inmueble comprende cerca de 37 hectáreas ubicadas sobre la avenida San Héctor Valdivielso Sáez, en el municipio de Riachuelo.

La base fijada para el remate asciende a USD 5.018.071,23. En caso de no registrarse ofertas durante la primera hora, el valor se reducirá un 25%, hasta los USD 3,76 millones.

Además de la ejecución hipotecaria, sobre el frigorífico pesan otros ocho embargos vinculados a demandas laborales promovidas por ex trabajadores que reclaman salarios e indemnizaciones adeudadas.

Un proyecto pensado para exportar que nunca consiguió la habilitación

La historia de Muralla China resume buena parte de las dificultades que enfrentan las inversiones industriales orientadas a la exportación cuando dependen de autorizaciones estratégicas.

La planta fue inaugurada el 29 de octubre de 2019 por inversores chinos encabezados por Yi Zhuang. El plan de negocios estaba diseñado alrededor de un objetivo central: exportar carne vacuna al gigante asiático.

Sin embargo, la habilitación federal para acceder a China nunca llegó.

Durante casi cuatro años la empresa realizó gestiones ante los organismos sanitarios nacionales para obtener la autorización. Mientras tanto, la planta operó con mercados limitados, fundamentalmente Hong Kong y Brasil, destinos que resultaban insuficientes para sostener una estructura industrial de gran escala.

Fuentes vinculadas al frigorífico sostienen que el negocio se volvió inviable porque la operación estaba diseñada para una integración exportadora mucho más amplia.

“Con los anteriores dueños se exportaba a más de veinte mercados, entre ellos Estados Unidos, Rusia, Chile, Unión Europea y países africanos. La lógica del negocio frigorífico es complementar destinos para colocar cada corte en el mercado más conveniente. Sin esa diversificación, la ecuación económica deja de cerrar”, explicaron personas que participaron de la operación de la planta.

Costos crecientes y pérdidas permanentes

La situación se agravó durante 2023.

Según relató en aquel momento el propio Yi Zhuang a los trabajadores, el frigorífico acumulaba pérdidas mensuales que se habían vuelto imposibles de sostener.

La faena rondaba las 4.000 cabezas mensuales, un volumen insuficiente para cubrir los costos de una instalación concebida para exportar.

Entre los principales problemas aparecían los gastos energéticos y de mantenimiento. Una de las últimas facturas eléctricas había pasado de 11 a 20 millones de pesos en apenas unos meses.

“La planta tiene calderas y equipamiento de gran porte que deben funcionar independientemente del volumen de producción. No es comparable con un matadero tradicional”, explicaban entonces fuentes cercanas a la empresa.

La imposibilidad de acceder al mercado chino terminó profundizando el desequilibrio financiero. Los mercados habilitados ofrecían oportunidades limitadas: Hong Kong absorbía principalmente menudencias y Brasil demandaba cortes específicos, sin capacidad para sostener el funcionamiento integral del establecimiento.

El cierre que dejó cien trabajadores sin empleo

La crisis llegó a su punto final en agosto de 2023.

El presidente de la compañía reunió a todo el personal y anunció el cierre de las operaciones. Días después comenzaron a enviarse los telegramas de despido.

Más de cien personas perdieron su fuente laboral, entre trabajadores permanentes y contratados temporarios.

La empresa afrontó indemnizaciones estimadas en alrededor de 14 millones de pesos, aunque posteriormente surgieron reclamos judiciales por diferencias salariales y compensaciones pendientes, que derivaron en los embargos que hoy continúan vigentes.

Una inversión que quedó a mitad de camino

La caída de Muralla China dejó una señal de alerta sobre las dificultades para consolidar proyectos exportadores de gran escala en el sector frigorífico.

La planta había sido concebida para aprovechar el crecimiento de la demanda china de carne vacuna, uno de los principales motores de la industria cárnica argentina durante la última década. Sin embargo, la falta de habilitación sanitaria, los cambios de contexto económico, la pandemia y el aumento de costos terminaron erosionando la viabilidad del emprendimiento.

Ahora, casi tres años después del cierre, el complejo industrial volverá al mercado, esta vez no como una apuesta de expansión exportadora sino como un activo judicializado que busca un nuevo dueño.

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Carne bovina: las exportaciones marcaron un récord mientras la menor faena redefine el mercado interno

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El sector bovino argentino atraviesa un escenario de fuerte reconfiguración. La menor disponibilidad de hacienda está reduciendo la producción de carne y el consumo interno, pero al mismo tiempo mejora el posicionamiento exportador gracias a precios internacionales más altos y una mayor demanda de mercados estratégicos como Estados Unidos y la Unión Europea.

Así lo refleja un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza el desempeño del complejo cárnico durante el primer cuatrimestre de 2026 y muestra un cambio de ciclo: la oferta doméstica continúa ajustándose mientras el comercio exterior registra los mejores resultados de las últimas décadas.

El valor de las exportaciones del complejo bovino alcanza US$ 1.654 M (+36% interanual), nuevo récord histórico. La faena registra un mínimo de diez años, aunque el peso promedio de los animales faenados se mantiene firme.

La presente nota analiza la coyuntura del sector bovino argentino durante el período enero-abril de 2026, con foco en la faena y producción de carne, el comercio exterior, la dinámica de los precios internacionales y el consumo interno. Se observa una contracción en la oferta doméstica sumada a un contexto internacional favorable para el sector exportador.

Faena y producción

El año pasado había cerrado con una faena de 13,6 millones de cabezas, lo que representó una contracción del 2,5% respecto de 2024 y del 1,6% frente al promedio de los cinco años previos. De este modo, la faena decreció por segundo año consecutivo luego de haber tocado un máximo relativo de 14,5 millones de cabezas en 2023, pico que había estado en gran medida impulsado por la severa sequía de ese año y su impacto negativo sobre las pasturas.

En el primer cuatrimestre de 2026 la tendencia contractiva se profundizó: con 3.935.598 de cabezas faenadas, la serie se ubicó en su registro mínimo en diez años para un primer cuatrimestre. La disponibilidad hídrica y los buenos precios del kilogramo vivo incentivaron a los productores a extender el período de engorde, aumentando el peso de los animales previo al envío a faena. 

En términos mensuales, la faena de febrero de 2026, con 925.235 cabezas, fue la más baja desde abril de 2017, y el dato de abril de 2026 (960.871 cabezas) se ubicó como el más bajo para dicho mes en los últimos nueve años. 

Por el lado de la producción de carne, en el primer cuatrimestre de 2026, la misma se ubicó en 926.583 toneladas equivalente res con hueso, el menor registro en nueve años. No obstante, el dato más destacado es que el peso promedio por animal faenado ascendió a 235,4 kg en gancho, el valor más elevado en los registros para un primer cuatrimestre, con datos disponibles desde 1990. Este indicador supera en 9 kg al promedio de los últimos 10 años para el mismo período (226,4 kg) reflejando una decisión productiva orientada a maximizar el rendimiento por animal en un contexto de precios favorables y oferta restringida.

Exportaciones: primer cuatrimestre récord en valor

De acuerdo con datos de INDEC, el valor exportado por Argentina en productos del complejo Carne y Cueros Bovinos durante el primer cuatrimestre de 2026 ascendió a US$ 1.653,7 millones, un 36% por encima del mismo período del año previo y un 39% por encima del promedio de los últimos cinco años para el mismo lapso, consolidándose como el máximo histórico para un primer cuatrimestre, con datos desde 2002. 

Esto se vio apuntalado en buena medida por el aumento de los precios de exportación: durante abril de 2026, el precio promedio de exportación informado por SAGyP alcanzó los USD 5.490 por tonelada (eq. res con hueso), un máximo desde mayo de 2014.

Excluyendo el secreto estadístico, la distribución por destino muestra que el 39,1% del valor exportado tuvo como destino China, el 19,0% a Estados Unidos, el 12,9% a Israel, el 7,8% a Alemania, el 5,6% a Países Bajos y el 15,6% restante se distribuyó entre otros 35 destinos.

En términos de volumen, las exportaciones de carnes bovinas alcanzaron en el primer cuatrimestre 257.345 toneladas res equivalentes, un 10% superior al mismo período de 2025 y se un 2% por debajo del promedio de los últimos cinco años.

Se destaca un incremento en los despachos de carne a la Unión Europea, particularmente de carne fresca deshuesada. En el primer cuatrimestre, el volumen despachado ascendió a 15.580 toneladas (peso producto), siendo este el mayor volumen exportado al bloque de este producto desde el año 2009, para un primer cuatrimestre. Desde luego, Estados Unidos también viene jugando un rol muy relevante, pero en este caso se destacan fundamentalmente las compras de carne deshuesada congelada, que suman 28.539 t, siendo el máximo registro histórico para un primer cuatrimestre. El volumen de carnes despachado a China, si bien continúa liderando el podio, se presenta como el menor en los últimos seis años para un primer cuatrimestre, totalizando 128.698 t (p.p.). Cabe recordar, sin embargo, que Argentina cuenta con una cuota de 511.000 toneladas de carnes para enviar al gigante asiático durante el año en curso.

Detrás de los incrementos de exportaciones a la Unión Europea y a Estados Unidos, se encuentran el Acuerdo Mercosur – Unión Europea y la Proclama Presidencial presentada este año por EE. UU.

Con respecto al primero, se estableció que a partir del primero de mayo la alícuota de la cuota Hilton bajó de 20% a 0%. Además, se creará una nueva cuota de 99.000 toneladas de carne bovina para el Mercosur, con un arancel preferencial del 7,5%, la cual está dividida en dos cuotas de carne congelada y enfriada de 54.450 y 44.550 toneladas, respectivamente, y de la cual todavía resta definirse la distribución entre los países miembros. Todo esto permite pensar que haya un repunte las exportaciones al bloque europeo se mantengan en niveles elevados en el transcurso de 2026. 

En relación con el acuerdo con EE. UU., cabe recordar se adicionaron 80.000 toneladas libres de aranceles para recortes de carnes magras, las cuales ingresan en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas durante el año 2026. Este volumen se suma al acuerdo preexistente de 20.000 toneladas anuales que cuentan con un arancel preferencial. De este modo, durante el corriente año el volumen total con preferencias arancelarias asciende desde 20.000 hasta 100.000 toneladas.

Dinámica del consumo interno

En el primer cuatrimestre de 2026, el consumo aparente se ubicó en 681.209 toneladas equivalente res con hueso, un 11,7% por debajo del año previo y un 7,8% por debajo del promedio de los últimos cinco años para el mismo período. La caída responde a dos factores que operan de manera simultánea. Por un lado, el incremento real de los precios minoristas que tuvo lugar en el transcurso del último año. En segundo lugar, el menor consumo es también consecuencia a una menor oferta de carne, resultado directo de los mínimos productivos mencionados anteriormente en el informe.

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Cooperación comercial en una era de geopolítica

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Por A. Mattoo, M. Ruta y R. W. Staiger / F&D FMI – Durante décadas, la economía global se basó en la premisa de que el comercio internacional era beneficioso a pesar de las diferencias geopolíticas. Las reglas del sistema multilateral de comercio, establecidas con el Acuerdo General sobre Aranceles Arancelarios y Comercio (GATT) en 1947 e integradas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, fueron diseñadas para un mundo donde los gobiernos rara vez utilizaban el comercio para lograr objetivos geopolíticos. Ese mundo está ahora amenazado.

Estados Unidos y China, cuya creciente integración comercial ha moldeado las últimas tres décadas de globalización, ahora suelen referirse mutuamente como rivales geopolíticos. Cada vez utilizan más la política comercial para avanzar en objetivos estratégicos: limitar las transferencias de tecnología, restringir las exportaciones de productos críticos, perseguir objetivos de seguridad nacional. Muchos observadores temen que el regreso de la geopolítica fragmente la economía global, desmoronando décadas de integración.

Sin embargo, este resultado pesimista no es inevitable. Nuestra investigación muestra que incluso los rivales estratégicos pueden beneficiarse de la cooperación comercial. El problema es que el regreso de la geopolítica está en desacuerdo con el marco institucional existente, que fue diseñado para una época diferente. Si el sistema comercial quiere sobrevivir, debe adaptarse a un mundo donde los países utilicen la política comercial para avanzar en objetivos geopolíticos.

El problema de la energía

Los modelos económicos estándar asumen que los gobiernos se esfuerzan por mejorar el bienestar de sus ciudadanos. En este contexto, un país sube los aranceles para incrementar sus ingresos reales a expensas de sus socios comerciales, mejorando sus términos de intercambio—el precio de sus exportaciones en relación con las importaciones. Dado que todos los países enfrentan los mismos incentivos, la política arancelaria descoordinada los atrapa en una situación de protección ineficiente y bajo bienestar. Existen acuerdos comerciales para escapar de esta trampa mediante reducciones arancelarias coordinadas.

La rivalidad geopolítica cambia el cálculo, planteando dudas sobre la sostenibilidad de la cooperación comercial. Basándonos en la tradición realista en las relaciones internacionales, suponemos que los gobiernos rivales se preocupan no solo por su bienestar absoluto, sino también por su poder relativo—cómo se comparan con sus adversarios. Las decisiones políticas están moldeadas tanto por la ganancia económica como por la ventaja estratégica.

Imaginemos a un gobierno que busca dominar la industria de los semiconductores. Diseñará políticas comerciales no solo para expandir su sector nacional de chips, sino también para reducir el de su rival. Un arancel resulta atractivo porque perjudica a los competidores extranjeros, transformando la política comercial de una herramienta de gestión económica en un instrumento de competencia estratégica. La manipulación de los términos de intercambio ya no es la única razón para usar la política comercial en un mundo donde los países tienen objetivos geopolíticos.

El académico de relaciones internacionales John Mearsheimer capturó esta lógica en su libro clásico La tragedia de la política de grandes potencias. Escribe que los estados motivados por preocupaciones relativas de poder probablemente renuncien a grandes ganancias en su propio poder si tales ganancias otorgan a los estados rivales aún más poder. Esta lógica tiene implicaciones significativas para la política comercial: un país podría rechazar un acuerdo comercial altamente beneficioso si fortalecería a su adversario, o podría implementar una medida comercial perjudicial porque sería aún más perjudicial para su adversario.

Cooperación en medio de la rivalidad

¿Significa esto que la cooperación comercial está condenada? No necesariamente. Incluso en un modelo en el que los gobiernos se preocupan por su poder geopolítico relativo, los resultados de la cooperación comercial son más esperanzadores de lo que muchos “realistas” esperarían.

Es cierto que la aparición de la rivalidad geopolítica impulsa los aranceles en un entorno no cooperativo. Si dañar a tu rival forma parte de tu objetivo, las medidas proteccionistas se vuelven más atractivas, aunque reduzcan los ingresos. Esto da lugar a un equilibrio no cooperativo (o equilibrio de Nash, en teoría de juegos), que presenta aranceles más altos y menos comercio que en un mundo sin rivalidad, porque ambos gobiernos utilizan la política comercial para perjudicar al otro país.

No obstante, la rivalidad geopolítica no cambia el hecho de que la eficiencia económica sigue siendo importante. Mientras se preocupen al menos en parte por el bienestar de sus ciudadanos, los gobiernos que partan de una posición de no cooperación podrían adoptar políticas que beneficien a ambos países. A menos que la rivalidad se volva tan extrema que los gobiernos solo se preocupen por dominar a su adversario, seguirían negociando entre sí para aumentar la eficiencia económica y, por tanto, la de sus ciudadanos Asistencia social. El interés propio ilustrado—la misma fuerza que impulsó la liberalización comercial de posguerra—sigue siendo una base viable para la cooperación, incluso entre adversarios estratégicos.

El problema de adaptación

Sin embargo, incluso si la cooperación sigue siendo posible, la transición de un equilibrio a otro plantea serias dificultades. Fueron necesarias décadas de negociaciones bajo las normas del GATT/OMC para pasar del mundo de aranceles altos que surgió durante la Segunda Guerra Mundial a una nueva era de aranceles bajos. Sus dos pilares clave, reciprocidad y no discriminación, sirvieron bien al sistema comercial al ayudar a los gobiernos a pasar de un equilibrio no cooperativo a uno cooperativo.

¿Cuáles son las consecuencias para el sistema comercial del estallido de la rivalidad geopolítica actual? Los gobiernos que se preocupan por el poder relativo amenazan con imponer aranceles más altos para perjudicar a sus rivales. El antiguo acuerdo ya no refleja la nueva realidad. Se necesita un nuevo equilibrio cooperativo. La cuestión es cómo puede el gobierno llegar allí.

Dos caminos son posibles. La primera es lo que llamamos “guerra y redención”. Los países permiten que el antiguo acuerdo colapse, desencadenando una guerra comercial que eleva los aranceles. Finalmente, los gobiernos negocian un nuevo acuerdo mediante reducciones tradicionales de aranceles recíprocos. Este camino es económicamente costoso y probablemente requeriría largas negociaciones, pero encaja dentro del marco existente de las normas multilaterales de comercio.

El segundo camino es más eficiente pero requiere innovación institucional. Los países negocian una transición inmediata, evitando la disrupción económica. Pero este ajuste implica avanzar a lo largo de la frontera de posibles resultados eficientes (véase el cuadro). Para sostener la cooperación, el país para el que el choque geopolítico es menos severo debe hacer concesiones que reduzcan su bienestar respecto al statu quo. Esto no es ni recíproco ni mutuamente ventajoso en el sentido tradicional, y el principio fundamental de reciprocidad de la OMC no puede acomodarlo.

El desafío se profundiza en el mundo multilateral. Junto con la reciprocidad, el principio de no discriminación podría no facilitar el ajuste, ya que exige que cualquier beneficio comercial otorgado a un miembro se extienda a todos. Pero cuando dos rivales necesitan transferir beneficios económicos entre sí, se excluyen terceros países y afrontan consecuencias.

El acuerdo de Fase Uno de 2020 entre Estados Unidos y China ilustra el problema. El acuerdo, destinado a aliviar las tensiones comerciales, incluía compromisos chinos de comprar cantidades específicas de productos estadounidenses. Investigaciones del Banco Mundial en el momento del acuerdo predijeron que, aunque ambos países habrían ganado en relación con la continua escalada, los exportadores de Europa, América Latina y otros lugares se habrían visto perjudicados si China hubiera redirigido las importaciones de esas regiones a Estados Unidos. El hecho de que el acuerdo se haya alcanzado fuera de las normas multilaterales de comercio señala un problema más profundo: el sistema actual no puede acomodar los ajustes que exige la rivalidad geopolítica.

Una exención geopolítica

Si el sistema multilateral de comercio quiere seguir siendo relevante, debe crear espacio para el ajuste geopolítico mientras protege a terceros países. En nuestra investigación, proponemos una exención geopolítica a los principios fundamentales de reciprocidad y no discriminación que permitiría a los rivales estratégicos realizar ajustes arancelarios discriminatorios bajo condiciones estrictas.

Existe un precedente para tal exención. El sistema comercial ya admite ciertas formas de discriminación—por ejemplo, permitir a los miembros formar acuerdos comerciales preferenciales, como a través de zonas de libre comercio. Estos acuerdos avanzan el objetivo de liberalizar el comercio siempre que cumplan condiciones estrictas: cubren “sustancialmente todo el comercio” entre miembros y no establecen barreras contra los no miembros. Una exención geopolítica tendría un propósito diferente: acomodar la rivalidad entre competidores estratégicos minimizando el daño al sistema multilateral más amplio.

La exención exigiría que cualquier ajuste discriminatorio entre rivales mantenga los precios mundiales entre los rivales y los terceros países sin cambios, limitando así la desviación comercial. Implementar tal regla sería técnicamente complejo. Pero la alternativa es peor: el ajuste geopolítico ocurre fuera del marco multilateral, socavando las normas comerciales existentes e imponiendo costes a países neutrales, o no ocurre en absoluto, dejando al mundo atrapado en conflictos comerciales destructivos.

Preservación de la cooperación

Sostenemos que el retorno de la geopolítica no elimina el argumento económico a favor de la cooperación. Incluso los países que mantienen rivalidades estratégicas pueden beneficiarse de acuerdos negociados. La lógica fundamental que sostuvo décadas de apertura comercial sigue intacta. Pero se necesitan nuevos mecanismos si los rivales geopolíticos quieren ajustar sus relaciones comerciales sin involucrarse en guerras comerciales disruptivas ni imponer costes indebidos a terceros países.

El sistema comercial se ha adaptado antes cuando las circunstancias cambiaron, añadiendo nuevos acuerdos a medida que la economía global evolucionaba durante múltiples rondas de negociaciones. El reto actual es emprender una adaptación similar a las realidades geopolíticas, preservando las funciones centrales del sistema mientras actualizan sus reglas para un mundo cambiado. La exención geopolítica que proponemos proporcionaría tal mecanismo, estableciendo salvaguardas que mantengan la integridad del sistema multilateral reconociendo la realidad de la competencia estratégica.

AADITYA MATTOO, director del Grupo de Investigación para el Desarrollo del Banco Mundial

MICHELE RUTA, jefe de división en el Departamento de Estrategia, Política y Revisión del FMI

ROBERT W. STAIGER, economista jefe de la Organización Mundial del Comercio

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