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Comprendiendo la geoeconomía en un mundo volátil

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Por C. Clayton, M. Maggiori y Jesse Schreger / F&D FMI – A lo largo de la historia, naciones poderosas han utilizado el poder económico para doblegar a otros a su voluntad. La dinastía bancaria Medici de Florencia moldeó la política renacentista con su dominio financiero, y la Gran Bretaña imperial utilizó el dominio comercial para unir su imperio y ejercer poder en todo el mundo. Hoy en día, Estados Unidos congela el acceso a los mercados financieros o insta a sus aliados a imponer controles de exportación sobre tecnologías esenciales, y China amenaza con restricciones a tierras raras para ampliar su influencia. Estos son ejemplos de geoeconomía, o el uso de relaciones financieras y comerciales para lograr objetivos geopolíticos y económicos.

Con el reciente aumento de la competencia entre grandes potencias y el uso creciente de aranceles, sanciones y controles de exportación, comprender la geoeconomía se ha vuelto esencial para los responsables políticos que navegan en un mundo cada vez más volátil. El uso del poder geoeconómico puede aumentar la cooperación y la prosperidad, pero también puede causar fragmentación y desintegración. Es importante comprender tanto su potencial como sus inconvenientes.

El estudio académico de geoeconomía se sitúa principalmente en 1945, cuando el economista Albert Hirschman publicó National Power and the Structure of Foreign Trade. En él, examina cómo la Alemania nazi había estructurado su economía para maximizar la influencia sobre sus vecinos durante el periodo de entreguerras. Rechazó la visión ingenua de que, porque el comercio es voluntario y mutuamente beneficioso, es geopolíticamente inofensivo. Los beneficios pueden ser mutuos, argumenta Hirschman, sin ser simétricos. Y la asimetría es cómo se acumula el poder.

Desde la época de Hirschman, los economistas han dejado el estudio de las dinámicas de poder globales en gran medida a politólogos e historiadores, quienes han liderado el desarrollo de esta área de investigación. Aunque casi todos los estudiantes de economía se encuentran con el Índice Herfindahl-Hirschman, pocos saben que fue inventado para medir el poder económico de las naciones, no de las empresas. Quizá existía la sensación de que el orden mundial de posguerra hacía obsoletas esas preocupaciones.

Ahora, ante la creciente competencia entre grandes potencias, la geoeconomía se ha vuelto imposible de ignorar, y los economistas disponen de nuevas herramientas, incluyendo el análisis de redes y la macro, el comercio y la teoría de juegos moderna. Nuestra propia agenda de investigación pretende proporcionar un marco de modelización económica para la geoeconomía. El objetivo no es solo la claridad teórica sobre las fuentes y canales de poder, sino también la capacidad de llevar modelos a los datos y disciplinar los contrafactuales de política.

Poder geoeconómico

¿Cómo construyen los países el poder geoeconómico? Supongamos que el País A suministra bienes intermedios al País B. Podría amenazar con retener esos bienes si el País B no cumple con su demanda. Si los bienes intermedios son lo suficientemente importantes, y si es lo suficientemente difícil conseguirlos en otro lugar, de modo que el País B estaría mejor accediendo a la demanda del País A que enfrentándose a la realización de su amenaza, entonces el País B cumpliría.

Las amenazas de retener solo una entrada pueden funcionar; Sin embargo, las amenazas son más poderosas cuando el país imponente controla múltiples relaciones económicas. Un país que controla muchos insumos relacionados, como bienes intermedios y capital extranjero, ejerce mayor poder porque puede infligir mayores pérdidas al país objetivo. Por eso países como Estados Unidos y China suelen ser llamados hegemones. Un hegemón utiliza estas amenazas conjuntas para ejercer poder sobre empresas y gobiernos de su red y pedirles que tomen medidas costosas. Estas acciones pueden adoptar la forma de transferencias monetarias, cambios en los margen de precios y recargos sobre préstamos, pero también acciones políticas como restricciones comerciales (por ejemplo, aranceles y cuotas) o concesiones políticas.

Consideremos cómo China ha estructurado su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Pekín proporciona a las economías en desarrollo acuerdos en paquete que combinan préstamos, proyectos de infraestructuras y acceso a bienes manufacturados. Si un país prestatario incumple, corre el riesgo de perder todas estas relaciones simultáneamente. Esta agrupación aumenta el poder geoeconómico de China. A cambio, Pekín podría exigir concesiones políticas, como una alineación más estrecha en cuestiones geopolíticas clave.

A los hegemones se suma su capacidad para influir en países fuera de su red, remodelando el equilibrio mundial para consolidar más poder. Por ejemplo, cuando Estados Unidos presionó a gobiernos y empresas europeas para que dejaran de usar la tecnología 5G de Huawei, los llamados efectos de red amplificaron el impacto. Dado que el valor de una red de telecomunicaciones aumenta cuanto más se adopta, lograr que algunos países rechazaran Huawei hizo que la tecnología fuera menos atractiva para otros, incluidos países a los que Estados Unidos no podía presionar directamente.

Puntos de estrangulamiento y dependencias

Los insumos se llaman puntos de estrangulamiento, o dependencias críticas, si el hegemón controla una cuota de mercado dominante de los insumos en la economía objetivo y es difícil encontrar alternativas a los insumos del hegemón. Por ejemplo, Estados Unidos y sus aliados controlan una cuota abrumadora de los servicios financieros globales, que en muchos países supera el 80 a 90 por ciento. Los sistemas de pago, la infraestructura de liquidación y los préstamos denominados en dólares son insumos básicos en una economía funcional. La falta de alternativas viables a la infraestructura financiera estadounidense otorga al país un considerable poder geoeconómico. Recientemente, ha ejercido este poder imponiendo sanciones financieras integrales a Irán y Rusia, presionando a HSBC para que divulgue transacciones vinculadas a Huawei y cortando el acceso de los bancos rusos al sistema de mensajería SWIFT para transacciones financieras internacionales.

Sin embargo, hay un inconveniente. La relación entre el control de un sector y el poder geoeconómico no es lineal; más bien, el poder aumenta desproporcionadamente a medida que un hegemón se acerca al control total. La diferencia entre controlar el 95 por ciento y el 85 por ciento de una entrada es desproporcionadamente grande. Con un 95 por ciento, una economía objetivo tiene casi ninguna alternativa viable y debe aceptar los términos que el hegemón exija. Con un 85 por ciento, hay suficiente alternativa para dar opciones significativas al objetivo, y la influencia del hegemón se disipa rápidamente.

Los responsables políticos estadounidenses suelen sentirse tranquilos con el hecho de que el dólar sigue siendo dominante y las alternativas chinas al sistema financiero occidental siguen siendo marginales. Según métricas estándar, China representa una pequeña fracción de los servicios financieros globales. El argumento es que, incluso si China proporcionara el 10 por ciento de los servicios financieros básicos mundiales, eso palidecería en comparación con el dominio estadounidense.

Este razonamiento es correcto respecto a las cuotas de mercado pero erróneo respecto al poder. Hay una diferencia entre relevancia macroeconómica y relevancia geoeconómica. Para una economía de tamaño medio, la existencia de un proveedor alternativo con incluso un 10 por ciento de cuota de mercado es suficiente para resistir gran parte de la coerción que puede ejercer una potencia dominante. Una parte desproporcionada de las pérdidas para el suministro eléctrico estadounidense provendría de una alternativa china que pasaría del 1 por ciento al 10 por ciento, con nuevas ganancias del mercado chino provocando una dilución progresiva menor del poder para Estados Unidos.

La preparación de Rusia para las sanciones occidentales ilustra esta dinámica. Tras su invasión de Crimea en 2014, Rusia intentó reducir su dependencia de la coalición liderada por Estados Unidos, desarrollando aún más su sistema de pagos doméstico y conectándose con sistemas basados en China. En consecuencia, el poder financiero de la coalición liderada por Estados Unidos sobre Rusia se redujo considerablemente. Esta preparación ayuda a explicar el efecto algo atenuado de las amplias sanciones financieras impuestas tras 2022: Rusia ya había construido suficiente alternativa para mitigar el filo del arma.

China e India siguen el ejemplo de Rusia y construyen sistemas alternativos de pago y liquidación. Cierto es que es poco probable que sustituyan la arquitectura centrada en el dólar. Sin embargo, la cuestión no es si un sistema alternativo puede rivalizar con el dólar en todos sus usos, sino si puede ser lo suficientemente viable como para disminuir significativamente la influencia estadounidense en el margen. Los mercados emergentes no están solos. Los países de la zona euro están impulsando una moneda digital con la esperanza de obtener mayor soberanía monetaria y reducir la dependencia de la infraestructura financiera estadounidense.

Riesgos de fragmentación

Nuestro trabajo muestra que existe un equilibrio entre las ganancias del comercio y la seguridad económica. Los mismos mecanismos que son los fundamentos clásicos de las ganancias del comercio —economías de escala y especialización— también generan dependencia económica. Las alternativas internas que los países no desarrollaron son pobres sustitutos de insumos dominantes a nivel mundial, como la manufactura china o los servicios financieros y la tecnología estadounidenses. Esta falta de alternativas deja a los países expuestos a la coacción. A medida que la economía global depende cada vez más de bienes y servicios que tienen complementarietad estratégica y economías de escala, es probable que estos mecanismos aumenten su importancia. Esto se aplica a los sistemas de pago, pero también a las tecnologías de la información y la inteligencia artificial.

A medida que el poder geoeconómico ha cobrado protagonismo en las relaciones internacionales, los hegemones quieren hiperglobalizar el sistema para aumentar la dependencia de los demás de lo que controlan, mientras que los países que dependen en gran medida de los hegemones han comenzado a adoptar políticas anti-coacción para reducir su vulnerabilidad a la presión. La arquitectura financiera alternativa china es un ejemplo; otro es la Estrategia Europea de Seguridad Económica de la Comisión Europea, explícitamente destinada a contrarrestar la instrumentalización de las dependencias económicas.

Estas políticas podrían ser individualmente óptimas y, como demuestra la no linealidad de los sectores de punto de estrangulamiento, probablemente serán exitosas para los países que las implementen adecuadamente. Sin embargo, en conjunto, pueden dar lugar a una dinámica colectiva preocupante. Cuando un país reduce su dependencia del sistema global, el sistema en sí se vuelve menos atractivo para otros, porque su valor a menudo depende del número y tamaño de sus participantes. Esto cambia el cálculo para otros países a favor del desacoplamiento también, provocando nuevas salidas. El resultado es una fragmentación excesiva, un mundo donde las ganancias del comercio y la integración financiera se degradan hasta un punto que deja a todos, incluido el hegemón, en peor situación.

Esta dinámica conduce a una conclusión algo sorprendente: las potencias hegemónicas pueden aumentar su propio bienestar limitando voluntaria y creíblemente su uso de la coerción. Un hegemón que se compromete a limitar sus demandas (por ejemplo, sometiéndose a las normas de organizaciones internacionales) puede disuadir a otros países de seguir costosas políticas anti-coacción. El hegemón renuncia a parte de su flexibilidad para coaccionar, pero a cambio preserva el tamaño y la atractividad de su red económica, que es la fuente de su poder.

Visto así, el orden liberal de posguerra, compuesto por instituciones como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, puede entenderse no como el opuesto del poder hegemónico, sino como una de sus expresiones más sofisticadas. Estas instituciones sirven como dispositivos de compromiso: al prometer de forma creíble no explotar las posiciones dominantes de forma demasiado agresiva, Estados Unidos y otros hegemones mantienen a otras naciones dentro del mismo sistema económico. A medida que estas restricciones basadas en reglas se debilitan, si se percibe que los hegemones están dispuestos a ejercer su poder geoeconómico de forma impredecible o a erosionar sus compromisos institucionales, otros países responden racionalmente desarrollando sus propias políticas de seguridad económica y acelerando la desintegración de las redes de los hegemones.

Desafíos de medición

Aunque la claridad teórica es una base necesaria, debe conducir a implicaciones comprobables y a una guía empírica para la política. A medida que los responsables políticos mundiales se enfrentan a la incertidumbre geoeconómica, deben ofrecer orientación basada en hechos y datos interpretados a través del prisma de los modelos. Hay al menos dos formas prometedoras de incorporar la teoría existente a los datos. El primero utiliza avances en la modelización comercial y datos bilaterales para estimar cuánto sufriría un país objetivo al perder el acceso a insumos controlados por el hegemón, midiendo la importancia cuantitativa de las amenazas. La mayoría de las amenazas no son poderosas y la mayoría de las industrias no son estratégicas, ya sea porque el hegemón no las controla suficientemente o porque es fácil para el objetivo encontrar buenos sustitutos. La misma lógica puede aplicarse a los flujos de capital, además del comercio de bienes.

Un problema evidente con la medición es que las amenazas geoeconómicas más poderosas no se materializarán si los objetivos se cumplen. Los avances recientes en inteligencia artificial apuntan a una posible solución. Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) pueden utilizarse para analizar el texto de informes de analistas y llamadas de resultados sobre las corporaciones multinacionales que dominan el comercio y las finanzas mundiales. Este enfoque aborda parte del problema de la medición porque analistas y directivos de la empresa discuten acciones geoeconómicas que han sido amenazadas pero aún no tomadas. También puede medir amenazas con un detalle bastante granular. Las demandas del hegemón podrían abarcar varios dominios difíciles de especificar de antemano: No compres esto, no vendas aquello o me concedas políticamente.

En nuestro trabajo, demostramos que los LLMs pueden extraer señales sobre la presión geoeconómica hasta una empresa, instrumento y reacción específicos. Esto puede hacerse en tiempo casi real, aumentando el valor para los responsables políticos. Más concretamente, en este artículo aplicamos los LLMs a llamadas de resultados de las empresas e informes de analistas para ver cómo responden las empresas a aranceles, sanciones y controles de exportación. Y nuestros resultados fueron llamativos: la presión geoeconómica actúa efectivamente como una fuerza potente que afecta de forma medible las decisiones de las empresas sobre precios, inversión y cadenas de suministro. Las empresas chinas respondieron a los controles de exportación estadounidenses sobre semiconductores aumentando la investigación y el desarrollo nacional. Las empresas occidentales informaron en gran medida que cumplieron con las demandas estadounidenses de reducir las ventas a China de tecnologías específicas. Las empresas estadounidenses informan que se ven afectadas negativamente por los aranceles estadounidenses y que tienen la intención de subir los precios de venta mientras se enfrentan a precios más altos de insumos.

Un camino a través de la tormenta

A corto plazo, es poco probable que el mundo vuelva a la era de la globalización que precedió a la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. La competencia geoeconómica es una característica definitoria del momento actual y casi con toda seguridad de los años venideros. Sin embargo, la economía también ofrece un mensaje esperanzador. Mediante políticas estratégicas y óptimamente dirigidas, es posible evitar la fragmentación total.

Para los países que adoptan políticas anti-coacción, la diversificación dirigida en sectores clave controlados por los hegemones puede reducir drásticamente la vulnerabilidad de un país sin requerir un desacoplamiento total. El reto político es identificar los verdaderos puntos de estrangulamiento—sectores donde la dependencia es mayor y las alternativas más escasas—y concentrar allí los esfuerzos de diversificación, preservando al mismo tiempo los beneficios más amplios de la integración.

Para los hegemones, mantener el poder en un entorno global que teme la presión geoeconómica implicará comprometerse con un uso limitado del poder en interés de fomentar que los países más pequeños permanezcan en un sistema que beneficie a todos. La estrategia hegemónica más eficaz es aquella que mantiene compromisos creíbles con el comportamiento basado en reglas, que mantiene el sistema global atractivo para los participantes y reserva los instrumentos coercitivos para fines claros y limitados. Este enfoque aumenta la confianza en el compromiso del hegemón con la cooperación global y minimiza las respuestas defensivas que, en última instancia, disminuyen el poder del hegemón.

La competencia geoeconómica marcará las próximas décadas de relaciones internacionales. Los países que comprendan la no linealidad del poder, el valor de la diversificación dirigida y el principio de autocontrol navegarán este periodo con mayor éxito que aquellos que no lo entienden. El mundo no necesita fragmentarse completamente para dar seguridad económica a los países, y los hegemones no necesitan abandonar por completo su influencia para preservarla. Es un equilibrio difícil de alcanzar, pero la alternativa, una economía global fracturada donde todos acaban más pobres y menos seguros, hace que el esfuerzo merezca la pena.

Mientras las potencias globales enfrentan crecientes tensiones geopolíticas, las sanciones, los controles de exportación y los aranceles vuelven a ser herramientas de apalancamiento, marcando el resurgimiento de la geoeconomía, donde convergen la política económica y la seguridad nacional. En este pódcast, Josh Lipsky, de Atlantic Council, y Matteo Maggiori, de Stanford, hablan sobre la nueva cara de la geoeconomía y su aparentemente vengativo regreso. 

CHRISTOPHER CLAYTON, profesor adjunto de finanzas en la Escuela de Finanzas de Yale y colaborador en el Proyecto de Asignación Global de Capital

MATTEO MAGGIORI,  Profesor Moghadam Family de Finanzas en la Escuela de Negocios de Posgrado de Stanford y codirector del Proyecto de Asignación Global de Capital.

JESSE SCHREGER profesor asociado en la Columbia Business School y codirector del Proyecto de Asignación Global de Capital.

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BYD amplía su oferta en Argentina con un nuevo SUV

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La automotriz china BYD lanzó en Argentina la preventa del BYD SEAL U DM-i, un SUV del segmento D que llega para competir en uno de los sectores más altos del mercado local. El estreno, que llegará importado directamente desde China a mediados del 2026, amplía la oferta de la marca líder de ese país.

BYD amplía su portfolio de vehículos electrificados en Argentina con el inicio de la preventa del nuevo BYD SEAL U DM-i GS. Un SUV híbrido enchufable que fusiona tecnología de vanguardia, autonomía extendida y seguridad, en una propuesta de confort superior diseñada para los estilos de conducción más exigentes, explicaron desde la marca. 

Con el Seal U, BYD tendrá cinco ofertas disponibles en Argentina. Su cartera se completa con el Dolphin Mini como entrada de gama, el Atto II i-DM y el Yuan PRO 100% eléctrico, y el Song PRO i-DM.

Además, el nuevo vehículo que BYD traerá al país rivalizará en un segmento que no está completamente poblado. Su característica híbrida lo ubica a la par de opciones diferentes dependiendo el enfoque en el tamaño o la motorización.

De manera directa, sus competidores serán Nissan X Trail e-Power, Toyota RAV 4 Hybrid y Volvo XC40, todas de bajos volúmenes de ventas y costos elevados a raíz de su importación arancelada. Sin embargo, Seal U también podrá competir en el mercado argentino con otras opciones de menor tamaño, pero también electrificadas como Chery Tiggo 7/8 Pro Hybrid, JAC JS6, Changan CS55 Plus PHEV, Haval H6 hybrid y Jaecoo 7, entre otras.

Qué pasa con BYD en Argentina

El lanzamiento de Seal U llega en un momento clave para la marca china en Argentina. Su expansión en ventas, enmarcada en el todavía escueto mercado electrificado, la puso a encabezar el desembarco chino de varias marcas que llegaron en los últimos meses.

A poco tiempo de haber comenzado las ventas, BYD ocupó en abril el noveno puesto en el top 10 de marcas más vendidas, colocando más de 1.700 unidades mensuales. Si bien esas estadísticas no se acercan a los volúmenes de las automotrices tradicionales que dominan la lista como Toyota o Volkswagen, si completa un crecimiento exponencial para una marca que recién se instala en el país.

Ese desempeño positivo para su propio contexto también desató el primer aumento inminente de precios en la marca china. Todo ello a raíz de una demanda que superó el stock de unidades que llegaron vía el régimen de arancel 0% para vehículos electrificados, vía que le permitió a BYD ingresar poco más de 5.000 autos directos desde China.

Justamente, el agotamiento de ese programa es el siguiente desafío que la marca china enfrenta en el país. Hasta tanto la fábrica brasileña de Bahía no comience a reponer stock, los envíos llegarán desde China y podrían exceder el cupo, con la aplicación consecuente del arancel del 35%.

En el contexto global, BYD atraviesa un momento desafiante. En medio de una guerra de precios bajos en China por el exceso de oferta, la compañía intenta avanzar con los canales exportadores para poder colocar parte del producido en mercados extranjeros.

Esta estrategia responde a una vía de “escape” para la presión local, que llevó a una caída sostenida en las ventas del primer cuarto. Algo que estaba previsto por los ejecutivos líderes de BYD, que admitieron estar atravesando un proceso de “supervivencia” en términos de márgenes para poder atravesar la feroz competencia de precios.

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Hidrovía: Jan De Nul no afloja, ratifica la oferta y descarta socios chinos

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El consorcio integrado por la belga Jan De Nul y la argentina Servimagnus volvió a defender su propuesta por la concesión de la hidrovía Paraná-Paraguay. Las compañías ratificaron los “lineamientos estratégicos, tecnológicos y operativos” de su oferta para quedarse con la concesión de la Vía Navegable Troncal (VNT) y buscaron despejar las sospechas sobre una eventual participación china en el proyecto. Según remarcaron, no habrá financiamiento soberano extranjero ni intervención de empresas estatales vinculadas a Beijing.

Recordemos que la licitación de la hidrovía ingresó en su tramo decisivo y la disputa entre los gigantes del dragado mundial sumó la presencia de USA.

Directores de Jan De Nul mantuvieron reuniones con el embajador estadounidense en la Argentina, Peter Lamelas, para presentar detalles técnicos de su propuesta y responder cuestionamientos surgidos desde sectores vinculados a la competencia.

Presuntos vínculos con China

El foco de la polémica gira alrededor de presuntos vínculos de Servimagnus con capitales chinos. Incluso, desde Washington surgieron advertencias sobre una eventual influencia de Beijing en el proceso licitatorio.

Sin embargo, Jan De Nul rechazó de plano esas acusaciones y sostuvo que la operatoria prevista contempla exclusivamente dragas, tecnología e insumos propios o provenientes de proveedores occidentales, muchos de ellos estadounidenses.DEME, juega fuerte

La otra gran competidora en carrera es la belga DEME, que también busca quedarse con el control de la principal vía exportadora de la Argentina. Tras la exclusión de la brasileña DTA Engenharia, el proceso quedó reducido a una pelea mano a mano entre DEME y el consorcio Jan De Nul-Servimagnus.

A todo esto, en el sector admiten que se trata de una batalla multimillonaria donde confluyen intereses logísticos, políticos y comerciales. La hidrovía moviliza buena parte de las exportaciones agroindustriales argentinas y es considerada una infraestructura crítica para el comercio exterior.Licitación muy tensa La evaluación técnica y económica de las ofertas será determinante para decidir quién controlará durante los próximos años el dragado, señalización y mantenimiento de la principal arteria fluvial del país.

Mientras la presión internacional crece, los operadores privados aceleran el lobby y la hidrovía se consolida como otro capítulo donde la geopolítica global impacta de lleno sobre los negocios estratégicos de la Argentina.

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Geely es la marca elegida por los representantes de la comunidad china en Argentina

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La automotriz china Geely, a través de su representante oficial en Argentina, firmó un acuerdo de cooperación con la Cámara Empresarial Argentina China, que representa a distintas sectores de esa comunidad en nuestro país, con el objetivo de facilitar el acceso de sus miembros a la compra de vehículos de la marca mediante descuentos exclusivos y propuestas de financiación.

En el encuentro realizado en la sede central de Geely en Buenos Aires, participaron Juan Azamendia, Director de Autos Sustentables del Sur, representante oficial de Geely en el paísel Presidente de la entidad china Chen Bin y distintos empresarios chinos residentes en Argentina y representantes del sector corporativo.

La iniciativa busca fortalecer el vínculo entre Geely y la comunidad china local, generando condiciones preferenciales  -descuentos, campañas promocionales, volúmenes de operación y programas especiales – para la adquisición de los distintos vehículos de la marca y promoviendo acciones conjuntas de posicionamiento y expansión comercial.

Como parte de esta alianza estratégica, Geely acompañará distintas actividades y eventos organizados por la comunidad china, incluyendo acciones en el tradicional Barrio Chino de Buenos Aires, uno de los espacios culturales y comerciales más emblemáticos de la ciudad.

“La relación con China es fundamental para el proceso de expansión de Geely en Argentina, por la identidad y el compromiso de nuestra marca en todo el mundo. Buscamos desarrollar una alianza donde trabajemos en conjunto con diversas acciones que beneficien a la comunidad y sus distintos sectores económicos”, sostuvo Juan Azamendia.

“Con la Cámara estamos muy contentos con esta alianza porque fortalece nuestros objetivos para ser la plataforma al servicio de los empresarios chinos, un nuevo espacio que se enfocará en las energías renovables y las nuevas tecnologías, y que aspira a construir un “entorno innovador para la cooperación económica y comercial entre Argentina y China”, dijo Chen Bin.

Asimismo, ambas partes acordaron colaborar de manera conjunta en acciones vinculadas a la promoción y comercialización de la marca, el desarrollo de oportunidades comerciales, la generación de potenciales clientes, así como también en la participación en eventos, exposiciones y actividades promocionales orientadas a fortalecer la presencia de Geely dentro de la comunidad china y sus vínculos comerciales en Argentina.

Ambas organizaciones destacaron su compromiso de mantener una relación basada en la buena fe, la transparencia, la cooperación mutua y la confidencialidad de toda la información comercial intercambiada, con el objetivo de desarrollar oportunidades de largo plazo en el mercado argentino.

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Trump, Xi y la sequía en EE.UU. empujan una pulseada global que redefine el mercado de granos

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La Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que la geopolítica volvió a ocupar el centro de la escena agrícola mundial. La tensión comercial entre Estados Unidos y China, la crisis hídrica sobre el trigo norteamericano y la fuerte apuesta alcista de los fondos especulativos en Chicago alteran el equilibrio del mercado y abren una ventana para Sudamérica, incluida Argentina.

La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping volvió a poner al comercio agrícola en el núcleo de la disputa estratégica entre las dos mayores potencias del mundo. Según el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las compras chinas de soja estadounidense atraviesan uno de sus niveles más bajos en casi dos décadas, mientras Brasil consolida su liderazgo exportador y Argentina recupera margen para volver a colocar mayores volúmenes de soja en el mercado asiático.

El dato político detrás del movimiento comercial es relevante: China llega a la negociación con stocks récord de soja en puertos y con una dependencia menor de Estados Unidos gracias a la cosecha histórica brasileña. Esa combinación debilita el poder de presión comercial de Washington y reconfigura el mapa global de abastecimiento.

La geopolítica define el rumbo de los granos

Con la cumbre entre Trump y Xi Jinping en el centro de la escena, el USDA dio sostén al trigo al proyectar para 2026/27 la producción estadounidense más baja desde 1973. Los fondos en Chicago acumulan a mayo la apuesta alcista más alta de la historia.

Las compras chinas de soja estadounidense, bajo serias dudas

El foco de los mercados esta semana estuvo puesto sobre la cumbre entre Trump y Xi-Jinping en China, que tuvo como uno de los capítulos más importantes en lo que respecta al agro las negociaciones por el futuro de las compras de soja de China a Estados Unidos. 

Como poder de fuego, el gigante asiático está bien abastecido de porotos registrando los stocks de soja en puertos chinos son los más altos de la historia, alcanzando 8,6 millones de toneladas, según Refinitiv, al tiempo que la cosecha récord en Brasil habilita el abastecimiento desde países proveedores sustitutos. 

En efecto, Brasil embarcó cerca de 55,93 Mt en soja desde enero a la fecha, un récord histórico para el acumulado de los primeros cinco meses del año. 

Como contracara, hasta el 7 de mayo Estados Unidos vendió a China 11,87 millones de toneladas de porotos, consolidando su nivel más bajo desde la 2006/07 y cerca de la mitad de lo exportado para la misma altura de la campaña 2024/25. 

En este escenario de menores compras chinas de soja estadounidense y un mayor interés por la producción sudamericana, la ventana también queda abierta para que Argentina vuelva a vender grandes volúmenes de la materia prima al gigante asiático. Hacia adelante quedará por seguir la evolución de las ventas hacia ese destino, que difícilmente alcancen lo visto en 2025, pero aun así podrían ser significativas. 


El trigo en Estados Unidos sufre del déficit hídrico

Las cifras reveladas en el informe WASDE del martes fueron sorpresivas para el sector. En esta edición, el USDA reveló sus primeras proyecciones de oferta y demanda para la nueva campaña 2026/27. Si bien entre los analistas ya era bien sabido que habría una reducción en la cifra de producción, y una pista para ello se encontró en el informe Outlook de febrero – que arrojó que el área sembrada de con trigo sería la más baja desde 1919-, no veían venir la cifra que finalmente arrojó el informe.

La perspectiva preliminar de producción de trigo en febrero era de 50,6 Mt, aunque con el pasar de las semanas y observando la complicada coyuntura climática de sequía que atravesaban los cultivos, el guarismo fue puesto en duda por los técnicos. De esta forma, los analistas apostaron a menos y estimaban una cosecha norteamericana 2026/27 en 47,2 millones de toneladas. Sin embargo, USDA terminó proyectando una cosecha trigo de 42,5 Mt para la 2026/27. De concretarse, esta cifra representaría un recorte productivo de 21% respecto a la 2025/26 y sería el valor más bajo desde la campaña 1972/73.

El gran recorte a la cifra de producción se enmarca en la compleja coyuntura climática que afecta al trigo de invierno norteamericano. En los últimos meses el agro norteamericano siguió con cierta preocupación el desarrollo del cultivo, viendo como dos variables evolucionaban negativamente: por un lado, el trigo en condiciones buenas a excelentes decrecía semana a semana, y por el otro, como el trigo bajo sequía crecía sin parar. Si bien se esperaban lluvias que aliviaran la situación del cultivo de invierno, estas finalmente llegaron en cantidades insuficientes y en un timing que tampoco dio margen para salvar los rindes. 

En el gráfico anterior se observa cómo, para el 5 de mayo, el porcentaje de trigo bajo sequía alcanzó un 71% y es un máximo a esta altura del año, de acuerdo con datos de NASS-USDA. Asimismo, el lunes se publicó el informe de Seguimiento de Cultivos del mismo organismo oficial, en el que se reveló que el trigo en condiciones de buenas a excelentes es tan solo de 28%, y el dato fue a contramano del 32% que esperaban los analistas privados. El panorama ya se mostraba desalentador y el WASDE del martes terminó de confirmar las preocupaciones de los operadores. Una cifra revelada en este informe, que pone mayor foco en la situación actual del trigo rojo duro de invierno -la variedad más afectada por la sequía-, USDA proyectó que se levantaría el volumen más bajo desde 1957 para este cultivo invernal.

En Chicago, la reacción en precios fue abrupta: el contrato de trigo más operado subió un 7% intradiario y terminó en su nivel más alto en dos años.


Los fondos de Chicago nunca estuvieron tan comprados en un contexto de alta incertidumbre

La continuidad de la guerra en Medio Oriente deja como saldo -hasta ahora- una importante pérdida de capacidad productiva en sectores estratégicos para la economía mundial. Ante los serios daños que el conflicto armado dejó sobre el aparato productivo de hidrocarburos y la logística, se teme que el mundo converja a precios estructuralmente más altos para el petróleo y sus derivados. 

En este escenario, los commodities agrícolas no fueron la excepción y fondos especulativos de Chicago compraron masivamente contratos, anticipando una suba de los precios. Así, al jueves de esta semana, los fondos registran la posición neta comprada más grande de la historia para esta altura del año, como vemos en la siguiente imagen. 

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