Christian Humada

Kicillof cerró su gira en Misiones con fuertes críticas a Milei y un llamado a reconstruir el peronismo

Compartí esta noticia !

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, cerró este miércoles su paso por Misiones con un acto político en la sede del Partido Justicialista, acompañado por el presidente partidario Christian Humada y ante cerca de cuatro mil personas, según la estimación de los organizadores.

El encuentro fue el punto final de una gira que tuvo previamente un marcado perfil institucional y productivo. Kicillof visitó la Biofábrica de Misiones, donde conoció desarrollos biotecnológicos provinciales, y mantuvo una reunión con el gobernador Hugo Passalacqua. El recorrido permitió al bonaerense articular dos planos: mostrar gestión y cooperación entre provincias y, horas después, elevar el tono político frente al Gobierno nacional.

En el PJ, Kicillof construyó buena parte de su discurso alrededor de una crítica frontal al presidente Javier Milei, aunque introdujo una definición menos habitual en el debate interno opositor: reconoció explícitamente que la experiencia nacional anterior encabezada por el peronismo terminó generando frustración.

“En Argentina venimos de una etapa donde los gobiernos, primero el de Macri, un desastre absoluto, luego un gobierno peronista que también nos dejó en la frustración, y vino Milei a decir que él traía las soluciones y las respuestas para los problemas que teníamos en la Argentina”, sostuvo.

La frase marcó uno de los ejes políticos de su intervención. Kicillof buscó diferenciar la construcción de una nueva alternativa tanto del macrismo como de los errores del último gobierno peronista, mientras profundiza una agenda territorial que en las últimas semanas lo llevó por distintas provincias.

El gobernador bonaerense apuntó especialmente contra una de las principales promesas con las que Milei llegó a la Presidencia: terminar con la denominada “casta”.

“Dijo que iba a combatir contra la casta. Pasa un día, pasa otro día y yo no conozco un gobierno más lleno de casta que el de Javier Milei”, afirmó.

También cuestionó el destino del ajuste fiscal y económico. Según Kicillof, la motosierra que el Presidente había prometido aplicar sobre los sectores privilegiados terminó afectando principalmente a trabajadores, jubilados, sectores medios, empresarios nacionales, comerciantes, industriales y productores.

“Hoy vemos que el ajuste y la desgracia recayeron sobre los pobres, los humildes, sobre los trabajadores, sobre los sectores medios, sobre los empresarios nacionales, sobre los productores de toda la Argentina”, enumeró.

El gobernador incluyó entre los sectores afectados a la universidad pública y al sistema científico y tecnológico nacional, dos áreas que vienen ocupando un lugar central en su confrontación política con la Casa Rosada.

Kicillof sostuvo además que varias de las principales promesas disruptivas del libertario no se concretaron y cuestionó la presencia dentro del Gobierno de dirigentes y funcionarios que anteriormente integraron la administración de Mauricio Macri.

A partir de esa lectura lanzó una de las frases más fuertes de la noche: calificó al gobierno libertario como “la estafa electoral más grande de la historia argentina”.

“Llegó a través de unas elecciones, pero también podemos decir que estamos ante la estafa electoral más grande de la historia argentina”, aseguró.

A diferencia de un discurso puramente nacional, Kicillof buscó aterrizar sus críticas sobre la estructura económica misionera. Mencionó específicamente la forestoindustria, la yerba mate, el té y el turismo, cuatro actividades centrales para la generación de ingresos y empleo provincial.

“Misiones es una provincia que tiene enormes riquezas y gente de laburo, comprometida”, señaló antes de referirse a la situación de la actividad forestal.

Para el gobernador bonaerense, la crisis del sector está relacionada con la caída del mercado interno y el freno de la construcción. “La actividad forestal cae y tiene crisis por decisión de Milei, que destruyó el mercado interno y paró la construcción”, afirmó.

También dedicó un tramo particular a la yerba mate, una de las economías regionales que más sintió el cambio regulatorio iniciado por el Gobierno nacional.

Kicillof vinculó la crisis yerbatera con la pérdida de las facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate, la debilidad del consumo interno y el esquema cambiario. “La yerba mate está en una de las crisis más profundas”, sostuvo.

En rigor, el INYM no fue cerrado: continúa funcionando, aunque el DNU 70/2023 eliminó facultades centrales como la fijación de precios de la materia prima y posteriormente se profundizó la desregulación de la actividad. La precisión resulta relevante porque el cuestionamiento político de Kicillof apunta fundamentalmente al vaciamiento de las herramientas regulatorias que históricamente tuvo el organismo.

En el mismo diagnóstico incorporó al té y al turismo interno, sectores particularmente sensibles para Misiones por su peso en las exportaciones, el empleo y la actividad económica provincial.

Kicillof comparó además el discurso económico libertario con experiencias anteriores de gobiernos liberales y cuestionó la promesa de que el ajuste inicial desembocaría rápidamente en una recuperación.

Recordó las metáforas de la “luz al final del túnel”, el “segundo semestre” y los “brotes verdes” utilizadas durante otras etapas de la política argentina y las vinculó con las promesas actuales de crecimiento posterior al sacrificio.

“Empezó diciendo que hay que sufrir, que hay que hacer un sacrificio, que hay que transitar un tiempo difícil, pero que después vendrá el paraíso, que hay que atravesar el desierto”, señaló.

Y contrapuso: “La realidad es que el gobierno de Milei sólo nos trajo un desierto en términos de trabajo, salario y producción”.

La elección de esos tres conceptos -trabajo, salario y producción- no fue casual. Son precisamente los ejes con los que Kicillof intenta estructurar su discurso económico frente al modelo libertario y ampliar su llegada más allá del electorado tradicional del peronismo hacia pequeños y medianos empresarios, productores, comerciantes, trabajadores y sectores universitarios.

La visita a Misiones tuvo además una particularidad política. Kicillof llegó después de recorrer Chaco y Corrientes y mencionó también sus recientes pasos por Córdoba, Tierra del Fuego y La Pampa, en una secuencia de viajes que empieza a adquirir dimensión nacional.

En Misiones procuró separar la agenda institucional de la partidaria. Primero recorrió la Biofábrica y conoció la experiencia provincial en biotecnología, innovación y producción vegetal. Allí tomó contacto con el desarrollo del Phytolab, tecnología misionera que será instalada en Miramar para la producción de plantas de kiwi, una experiencia concreta de cooperación entre Misiones y Buenos Aires.

Posteriormente mantuvo un encuentro institucional con Passalacqua y finalmente desembarcó en el PJ para cerrar la jornada con el acto partidario.

Esa secuencia permitió mostrar una doble faceta: gobernador que busca acuerdos de gestión con otras provincias y dirigente opositor que comienza a recorrer el país con un discurso nacional.

“¿Qué le trajo Milei a Misiones?”

En el tramo más confrontativo de su discurso, Kicillof recordó la visita presidencial a Misiones y contrastó el estilo de Milei con el que, según sostuvo, debería tener un jefe de Estado frente a las provincias.

“¿Qué le trajo a Misiones Milei en tres años? Nada de nada”, lanzó.

Cuestionó además los viajes internacionales del Presidente y su permanente interlocución con inversores y mercados. “Ser presidente es darle respuesta al pueblo”, afirmó, antes de expresar su “repudio” a la reciente visita presidencial.

Más allá de la dureza retórica, el mensaje buscó instalar una disputa concreta: quién puede representar políticamente a los sectores productivos que sienten el impacto de la caída del consumo y de la actividad económica.

El acto en Misiones también dejó una señal hacia el interior del peronismo. Kicillof evita por ahora formalizar una candidatura presidencial, pero sus recorridas provinciales, las reuniones con gobernadores, dirigentes políticos y sectores productivos y la construcción de un discurso sobre los problemas de las economías regionales comienzan a darle volumen nacional a su figura.

En ese esquema, Misiones tiene una significación particular. No solamente por tratarse de una provincia gobernada por una fuerza política provincial, sino porque concentra varios de los sectores que permiten al bonaerense discutir el programa económico nacional desde la producción: yerba mate, té, madera, turismo, comercio fronterizo, economía del conocimiento y biotecnología.

El mensaje que dejó en Posadas tuvo, por eso, dos destinatarios. Uno fue Milei. El otro fue el propio peronismo.

Al reconocer la “frustración” provocada por la última experiencia nacional del PJ, Kicillof admitió implícitamente que la oposición no puede limitarse a esperar el desgaste del Gobierno libertario. Su apuesta pasa por reconstruir una propuesta capaz de convocar nuevamente a trabajadores y sectores populares, pero también incorporar a productores, empresarios nacionales, comerciantes, estudiantes, científicos y sectores medios.

Compartí esta noticia !

“La gente no se equivocó”: el peronismo federal aterrizó en Misiones con autocrítica, internas y la mira puesta en 2027

Compartí esta noticia !

“La gente no se equivocó en 2023. Los equivocados fuimos nosotros”.

La frase, pronunciada por Juan Manuel Olmos durante el encuentro del peronismo federal en Posadas, condensa probablemente el dato político más relevante de la jornada. No fue una defensa de la derrota ni una explicación retrospectiva sobre por qué Javier Milei llegó a la Casa Rosada. Fue algo más incómodo: una admisión de responsabilidad.

El peronismo que desembarcó en Misiones decidió no hablarle a la sociedad desde el lugar de quien espera que el gobierno de Milei fracase para recuperar el poder. El planteo fue otro: si quieren volver a gobernar en 2027, primero tienen que entender por qué perdieron en 2023.

Y ahí aparece la autocrítica.

Olmos, presidente del PJ porteño, fue directo. Admitió que las peleas internas, las diferencias al momento de gobernar y la incapacidad para resolver esas discusiones contribuyeron a que el oficialismo de entonces perdiera la posibilidad de continuar. “Si nosotros pensamos que la gente se equivocó, los equivocados somos nosotros”, insistió.

Para el dirigente, el peronismo cometió un error político elemental: confundió la representación de su propia estructura con la representación de la sociedad. El resultado fue un espacio que conservaba militancia, dirigentes y aparato, pero que había perdido capacidad para explicar hacia dónde quería llevar al país.

Ese diagnóstico tiene una consecuencia inmediata: no alcanza con esperar el desgaste de Milei.

Guillermo Michel, diputado nacional y uno de los dirigentes que busca darle forma a una construcción peronista federal, lo puso en otros términos. “El peronismo todavía es visto como oposición, no como alternativa”. Y mientras permanezca en ese lugar, puede acumular críticas pero no necesariamente votos.

La salida que propone es bastante menos épica y mucho más difícil: volver a hablar con la gente.

No con los propios. No con las estructuras. No con las internas. Con la gente.

Michel planteó que los problemas que atraviesan a las familias son bastante más concretos que las discusiones partidarias: tarifas, combustible, empleo, caída del consumo, importaciones y pérdida del poder adquisitivo. El desafío consiste en demostrar que el peronismo tiene respuestas para esos problemas y no solamente argumentos para cuestionar al Gobierno nacional.

La diferencia entre oposición y alternativa empieza exactamente ahí.

Porque decir que Milei está equivocado puede ser políticamente sencillo. Explicar qué haría el peronismo en su lugar es bastante más complejo.

Olmos planteó, en ese sentido, una secuencia que puede convertirse en la hoja de ruta del espacio: primero discutir un programa, después construir propuestas concretas y finalmente definir quién está en mejores condiciones de representarlas. Incluso defendió la utilización de una primaria abierta como mecanismo para seleccionar candidaturas y otorgar legitimidad.

La idea es casi una impugnación a la vieja política de acuerdos cerrados. El dirigente reconoció que las PASO muchas veces no fueron utilizadas porque las estructuras partidarias prefirieron resolver candidaturas mediante acuerdos internos. El problema, según su lectura, es que esa metodología puede garantizar unidad entre dirigentes, pero no necesariamente legitimidad frente a la sociedad.

En otras palabras: primero el programa, después el candidato.

Y recién después, el voto.

Misiones, en el radar

La elección de Posadas para esta escala del peronismo federal tampoco es un detalle menor.

La delegación estuvo integrada por Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel, Juan Manuel Olmos, Federico Achával y Emir Félix, y mantuvo reuniones tanto con el gobernador Hugo Passalacqua como con la nueva conducción del PJ Misiones, encabezada por Christian Humada.

No hubo anuncio de una alianza electoral. Tampoco podía esperarse eso en esta etapa.

Pero hubo algo políticamente más interesante: reconocimiento mutuo y apertura de canales.

Para el peronismo nacional, Misiones tiene una particularidad que la diferencia del resto del mapa: un oficialismo provincial con identidad propia, una estructura política consolidada y una histórica capacidad para negociar con Buenos Aires sin quedar subordinado completamente a los grandes espacios nacionales.

Para el PJ misionero, en tanto, la visita sirve para reposicionarse dentro de la conversación nacional y mostrar que su reorganización no ocurre aislada de lo que sucede en el resto del país.

Christian Humada lo dejó claro: el objetivo es recuperar territorio, completar la estructura partidaria y preparar al PJ para 2027. Según explicó, ya hay más de 50 consejos municipales conformados y el partido trabaja para completar los restantes.

Pero además dejó una puerta abierta que será observada con atención en la política provincial: “el peronismo misionero mantiene su vocación frentista” y no descarta construir una alianza electoral amplia.

Ahí aparece una de las preguntas que inevitablemente sobrevoló la jornada: ¿puede haber un acercamiento entre el PJ y el gobierno de Passalacqua?

La respuesta oficial fue prudente. No hubo conversaciones formales, aunque Humada admitió que eventualmente habrá que sentarse a hablar con todos los actores.

La política misionera, como suele suceder, parece transitar por carriles propios.

De la rosca al problema concreto

Tolosa Paz buscó correr la discusión del terreno estrictamente electoral y puso el acento en la reconstrucción partidaria. Su diagnóstico fue que el PJ perdió participación interna, afiliados y capacidad de debate.

La apuesta consiste en volver a abrir el partido, incorporar militantes, formar cuadros y recuperar una estructura que no aparezca únicamente cuando hay elecciones.

También defendió la construcción de una agenda federal y destacó iniciativas que involucran directamente a Misiones.

Entre ellas aparece el proyecto para reducir el IVA sobre la mandioca y sus derivados, impulsado por el diputado misionero Oscar Herrera Ahuad. Los legisladores del espacio anticiparon su acompañamiento, convirtiendo una demanda productiva provincial en un ejemplo concreto de la agenda que pretenden llevar al Congreso.

El gesto tiene una lectura política evidente: para que el federalismo no quede reducido a una consigna, tiene que traducirse en proyectos que impacten sobre la economía real de las provincias.

Y en Misiones, la agenda económica tiene una palabra inevitable: energía.

Humada planteó que el costo energético constituye uno de los principales obstáculos para la producción y la radicación industrial, especialmente porque la provincia no está conectada a la red nacional de gas.

La discusión sobre tarifas, energía y competitividad puede convertirse así en uno de los puntos donde una eventual agenda federal encuentre terreno común.

Achával y el problema de fondo: trabajar y seguir siendo pobre

Federico Achával llevó la discusión hacia otro terreno: el trabajo.

El intendente de Pilar planteó una contradicción que atraviesa buena parte de la discusión económica actual. Si una persona trabaja 15, 16 o 18 horas y aun así no consigue llegar a fin de mes, el problema deja de ser únicamente cuánto gana: se rompe la idea misma del trabajo como mecanismo de movilidad social.

Para el dirigente, esa ruptura también afecta la transmisión de valores hacia las nuevas generaciones.

La reconstrucción peronista, sostuvo, debería volver a colocar en el centro el trabajo y la educación, pero no como consignas históricas sino como instrumentos concretos para reconstruir movilidad social.

Es allí donde el peronismo intenta encontrar una nueva narrativa: no regresar al pasado, sino explicar qué quiere hacer con el futuro.

El dirigente del Centro de Empleados de Comercio, Benigno Gómez, aportó desde el sindicalismo una lectura todavía más cruda del cambio social. Señaló que la situación económica ya no puede analizarse solamente desde indicadores macroeconómicos y advirtió sobre el impacto del endeudamiento de las familias, la pérdida de capacidad de consumo y las dificultades para afrontar gastos cotidianos.

Ese cambio en la percepción social también explica por qué la nueva estrategia peronista busca recuperar la militancia territorial. Michel lo resumió al señalar que para ganar elecciones no alcanza con la discusión partidaria: hay que volver a caminar las calles y escuchar a los vecinos. La prioridad, sostuvo, debe ser hablar de los problemas de la gente.

La verdadera autocrítica

El dato político de la visita a Posadas no es que dirigentes peronistas hayan criticado a Milei. Eso era previsible.

Tampoco es que hayan comenzado a preparar 2027. Eso también era inevitable.

Lo que cambia el tono es otra cosa.

Por primera vez con una claridad poco habitual, parte del peronismo empieza a decir que el problema de 2023 no estuvo exclusivamente en el adversario, en los medios, en la economía o en el votante. Estuvo también dentro del propio peronismo.

La sociedad no estaba obligada a votar al peronismo.

Y mucho menos a hacerlo para evitar que ganara Milei.

Ese reconocimiento puede ser políticamente más potente que cualquier encuesta.

Porque si la derrota fue responsabilidad de otros, no hay nada que corregir. Pero si los errores fueron propios, entonces hay trabajo por delante.

Y ese trabajo empieza por dejar de hablarle al peronismo para empezar a hablarle nuevamente a la sociedad.

Michel lo sintetizó con otra definición: el espacio debe salir de la “rosca partidaria” y volver a caminar las calles. Olmos agregó la otra parte de la ecuación: discutir un programa, construir soluciones y elegir al candidato mediante un mecanismo que tenga legitimidad.

Es una apuesta ambiciosa.

También es una apuesta obligada.

Porque el peronismo puede aprovechar el desgaste de Milei y aun así perder 2027 si la sociedad no lo considera una alternativa confiable.

En Posadas, entonces, no solamente se discutió la reconstrucción de un partido.

Se discutió algo bastante más incómodo: cómo hacer para que quienes votaron contra el peronismo en 2023 vuelvan a considerar que el peronismo puede gobernar.

Y para eso, el primer paso parece ser admitir que aquellos votantes no se equivocaron.

Los que tienen que cambiar son ellos.

Compartí esta noticia !

El PJ Misiones cierra su interna y valida el triunfo de Humada tras rechazar impugnaciones

Compartí esta noticia !

La interna del Partido Justicialista en Misiones quedó formalmente cerrada con una decisión que busca ordenar el escenario partidario: la Junta Electoral validó los comicios del 19 de abril, rechazó las impugnaciones y oficializó el triunfo de Christian Ariel Humada mediante la Resolución N.º 21/26. Con una participación del 13,1% del padrón —7.209 votantes sobre 55.091 afiliados—, el sector “La Julio Humada” se impuso con el 54,7% de los votos frente al 41,9% de “Amplitud Justicialista – Fuerza Patria”. La definición despeja el frente institucional, pero abre un interrogante político: ¿alcanza la legitimidad formal para recomponer la cohesión interna?

Un cierre institucional con respaldo normativo

La resolución de la Junta Electoral no solo valida los resultados, sino que también clausura el conflicto técnico que había quedado abierto tras la elección. El organismo se apoyó en la Resolución N.º 20/26 para desestimar los cuestionamientos sobre mesas de votación y sostuvo que no existen objeciones pendientes sobre el procedimiento.

El argumento central fue la ausencia de protestas formales durante la jornada electoral y el escrutinio provisorio por parte de los fiscales acreditados. Según el criterio del órgano partidario, las observaciones deben realizarse en el momento en que ocurren los hechos para tener validez. Bajo esa lógica, se rechazaron los pedidos de nulidad de mesas y de apertura de urnas por falta de pruebas concretas o por tratarse de situaciones no verificadas.

El dato no es menor: la Junta remarcó que las autoridades de mesa fueron designadas de manera consensuada entre las listas, lo que —según su interpretación— garantiza condiciones de equidad. Tampoco se detectaron inconsistencias en actas ni indicios de adulteración. El resultado final consolidó 6.965 votos positivos (96,6%), con 236 en blanco (3,3%) y apenas 8 nulos (0,1%).

Participación baja y victoria clara: la doble lectura

El triunfo de Humada es nítido en términos numéricos, pero se apoya en un nivel de participación limitado. Ese dato introduce una tensión clásica en los procesos internos: legitimidad formal frente a representatividad efectiva.

El proceso, además, marca el regreso de elecciones partidarias tras 27 años, un dato que el propio Humada utilizó como eje discursivo para plantear una “nueva etapa”. En su mensaje posterior a la oficialización, convocó a la unidad y a la participación amplia de todos los sectores, insistiendo en que “nadie sobra”.

El desafío es político más que reglamentario: la validación institucional ordena el tablero, pero no necesariamente resuelve las diferencias internas que quedaron expuestas en la competencia.

Orden interno y señales hacia afuera

La decisión de la Junta Electoral fortalece al sector ganador al otorgarle control formal del partido sin instancias pendientes de revisión. También condiciona a la lista opositora, que queda sin margen institucional para cuestionar el resultado.

En términos de correlación de fuerzas, el cierre del proceso interno permite al PJ misionero reconfigurar su estructura sin litigios abiertos, un activo relevante en un contexto donde los partidos buscan ordenar su estrategia frente a escenarios electorales más amplios.

Al mismo tiempo, la baja participación puede limitar la capacidad de expansión política inmediata. El dato sugiere un partido que logró resolver su interna, pero que aún debe reconstruir volumen político y territorial.

Unidad declarada, construcción pendiente

Con la validación de los comicios, el PJ de Misiones entra en una nueva fase: la institucionalización de su conducción tras décadas sin elecciones internas. El discurso de unidad aparece como eje, pero su efectividad dependerá de la integración real de los sectores que compitieron.

En las próximas semanas, la atención se desplazará hacia cómo se traduce esa convocatoria en estructura, presencia territorial y capacidad de articulación política. La resolución cerró el capítulo electoral, pero no define por sí sola el alcance de la nueva etapa.

La política partidaria, en este punto, vuelve a su lógica habitual: lo formal ordena, pero lo sustantivo todavía está en construcción.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin